Disclaimer: los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es mia.

Summary: Para los demás, ellos eran el profesor y su alumna. Sin embargo, solo eran Edward y Bella, dos jóvenes que se conocieron por esas casualidades de la vida. Algunos, lo llaman destino.

Hola gente! se que es tarde, pero llegue hace un rato y me puse a corregirlo, porque pese a que estaba encaminado, tenia que sacarle las faltas de ortografía y esas cosas. Si se me pifio alguna, perdon. Como justificacion, dire que estoy medio dormida y que la premier de Amanecer parte 1 me tiene como loca.

Espero que les guste y lo disfruten. dentro de poco vuelvo a actualizar.

xoxo

ju


Capitulo 1:

Edward pov

Continúe comiendo mi hamburguesa, escuchando la suave música de fondo. El pequeño bar no se encontraba muy lleno –para mi alivio-, pero el murmullo provocado por las personas podía llegar a ser un poco molesto. Sin embargo, acostumbrado, lograba aislarme con sencillez. Usualmente, solía ir a ese bar para relajarme luego de trabajo, o escapar de la hiperactividad de mi hermana cuando quería ir de compras. Sin embargo, aquel día, solo había ido porque me apetecía estar allí. Bajo aquella tenue luz, sentado en la barra, el cantinero me ofreció otro trago, pero decline la oferta.

Oí como la puerta se abría suavemente y una suave y cautivante risa inundaba el lugar.

-si, papa- rio- lo hare. Hasta luego.

Me gire un poco y observe como ella guardaba su celular, mientras caminaba hacia la barra, para finalmente sentarse a dos asientos de distancia. Era verdaderamente hermosa. Desde su piel pálida, de apariencia cremosa, hasta cada uno de los dedos de sus manos, con las uñas pintadas de negro.

El camarero se acercó a ella, y le sonrió.

-¿Qué se te ofrece, nena? – pregunto con voz melosa.

-Que dejaras de llamarme nena seria excelente. Pero, un soda y un sándwich me bastan por ahora.

Sonreí. Tenía carácter. El camarero se fue refunfuñando, mientras ella suspiraba.

-¿Estás bien?

-Si, solo soy alérgica a los idiotas. Dime, por favor, que no eres uno. Y si lo eres, disimúlalo.

-Mi hermana dice que lo soy, pero no estoy seguro.

-Con eso me basta- sonrió y yo también lo hice.

-Entonces… Me llamo Edward.

-Bueno Edward, es un placer.

Espere, pero ella no continuo. Que raro. Usualmente, cuando alguien decía su nombre, la otra persona también se presentaba.

-¿No vas a decirme tu nombre?

-¿Quieres saberlo?

-Si.

-Soy Bella- me sonrió.

El camarero llego con su pedido. Volvió a sonreírle, pero ella no pareció darse cuenta. En cambio, me sonreía. Yo correspondí el gesto, para luego sentarme en el banco contiguo al suyo, llevando el resto de mi hamburguesa conmigo. A Bella no pareció importarle.

Una hora más tarde, ambos ingresábamos a un cubículo del baño. Ella se apoyó contra una de las paredes y me sonrió. Yo la mire, deleitándome con su belleza, enfocándome en sus preciosos y expresivos ojos marrones. Entonces, tome su mano y juguetee con sus dedos.

-¿vas a besarme o no?

-¿quieres que lo haga?- pregunte.

-si.

Sonreí. Y ella ensancho más su sonrisa.

Me acerque hasta que nuestros pechos casi se tocaban. Bella era un poco más baja, por lo que debía alzar un poco su rostro para verme a la cara. Entonces, incline mi cabeza, mientras ambos cerrábamos los ojos, hasta que nuestros labios se tocaron. Sentir los suyos, cálidos y suaves, presionándose contra los míos, no podía compararse con alguna experiencia previa. Las sensaciones que despertaba en mi eran totalmente nuevas. Ella entreabrió sus labios y yo introduje mi lengua en su boca, comenzando una batalla con la suya, mientras la recorría, deleitándome con su sabor. ¡Dios, podría pasarme mi vida entera besándola y no me cansaría! Sin embargo, necesitaba respirar. O eso pensaba, hasta que ella gimió suavemente y decidí que respirar estaba sobrevalorado. Finalmente, nos separamos sonriendo, mientras la sostenía por la cintura y ella colocaba una de sus manos sobre mi pecho.

Entonces, escuchamos como dos jóvenes entraban al baño riéndose. No les di importancia, y me dispuse a besarla de nuevo. Sin embargo, su celular comenzó a sonar. Ella rebusco en su bolsillo, lo tomo y atendió.

-Hola- suspiro-. Sí, estoy bien. En un rato llego.

Yo me incline y comencé a besar su cuello. Ella llevo su mano a mi pelo, masajeándolo. Juro que ronronee. Ya ni recordaba porque detestaba que las chicas tocaran mi cabello; cuando Bella lo hiso, lo último que hubiera querido era que las apartara de allí.

-está bien, Derek? – Me tense.- Nos vemos después- cortó la llamada.

Me aleje y ella lo notó. Entonces, enfocó su mirada en mí, estudiándome.

-¿Qué sucede?

-Nada.

-Vamos, Edward. ¿Qué sucede?

-¿Quién es Derek?

-¿Por qué quieres saberlo?

-¿Podrías solo responder?

-Es mi hermano- se acercó y me beso. No me dejo profundizarlo y salió del cubículo, conmigo siguiéndola. Vagamente repare en una joven frente al espejo, pero no le di importancia.

Ya fuera del bar, ella se detuvo, y me miro.

-Bueno, Edward ¿vas a pedirme mi número, o no?

Reí. Ella era tan directa.

-si- sonreí.

-bueno, dime el tuyo.

Se lo dije, mientras ella lo marcaba en su celular. Entonces, sentí como mi celular vibraba.

-Listo. Ya tengo el tuyo, y tú tienes el mismo, porque acabo de llamarte.

Volvió a guardar su celular.

-Nos vemos, Edward.

Sonreí. Mi nombre en sus labios sonaba exquisito.

-¿Tienes cómo ir a casa? ¿Quieres que te lleve?

-Sí, mi auto esta justo allí- señalo a una serie de vehículos estacionados a unos metros con un movimiento de cabeza.

-Adiós.

Ella comenzó a alejarse, pero no podía dejarla irse así. Trote hasta ella y la tome por un brazo, girándola, para luego besarla. Ella sonrió durante el beso.

-nos vemos luego.

-nos vemos, entonces.

¿Cuánto tiempo se debe esperar para llamar a alguien que conociste en un bar? ¿Hay algún tipo de regla? ¿Un manual? Bueno, si alguien tuviera alguna edición, no me importaría que me lo prestara. Sin embargo, a falta de una pista, solo me quedaba esperar. Después de todo, las dos de la tarde me parecía una horario prudente para llamar a alguien un domingo.

Sin embargo, no contaba con que Alice, mi hermana, tuviera una de sus locuras momentáneas y decidiera que no podía vivir un minuto más sin comprar alguna cosa, sin importar lo inservible que resultara, antes que de yo fuera lo suficientemente inteligente como para esconderme debajo de la cama- aunque me hubiera encontrado, de todas formas-. Por lo tanto, tanto Jasper- mejor amigo y novio del torbellino con el que compartía mis genes- como yo, nos vimos involucrados en una expedición de compras. Por suerte, habíamos sido lo suficiente perspicaces como para ponernos zapatillas.

Exhaustos y cargados con bolsas, ambos regresamos a la casa de mis padres, mientras Alice se encontraba con Rosalía. Para ese entonces, ya eran las siete de la tarde y mi madre se encontraba haciendo la cena. Nos ofrecimos a ayudarla, pero ella declino nuestra oferta alegando que no quería que su comida terminara quemada. Pff, solo nos había pasado un par de veces. Ella ya debería dejado.

Dos horas más tarde, ya en mi departamento, decidí llamar a Bella, pero ella no contestó. Desanimado, comencé a preparar mi cena.

Mi celular vibro unos minutos después.

¿Qué sucede, genio?

B-

Sonreí.

Solo quería saber cómo estabas.

E-

Tome una soda del refrigerador. Mientras el líquido me refrescaba, sentí mi trasero volver a vibrar.

Estoy bien. ¿Cómo estás tú?

B-

Sin dudarlo, conteste:

Mejor, ahora.

E, imitando su actitud directa, agregue:

¿Crees que podríamos vernos mañana?

E-

Mi sonrisa se ensancho en cuanto leí su respuesta:

Estoy libre después de las tres.

B-

Camine por los pasillos de la universidad con familiaridad, dirigiéndome hacia el que sería mi salón. La clase entera se calló en cuento entre, pero pronto, los murmullos no tardaron en recomenzar.

Escribí mi nombre en el pizarrón para luego girarme, encarando a los jóvenes a quienes les enseñaría. Y entonces, sucedió. Ella levanto la vista de su libro y me miro, al tiempo que me enfocaba en ella, sentada en la penúltima fila, dos bancos alejada de la ventana. El sol se filtraba entre las cortinas, creando un aura de paz a su alrededor. Casi…mágico.

¡Dios! Estaba comenzando a hablar con esas frases bobas que usaba Alice y mi hermano Emmett repetía, luego de ver las telenovelas y esas chorradas con Alice y Rosalie, su novia. Puaj.

-¡mierda!- murmure.

Ella negó con la cabeza, mientras apartaba la mirada, cerrando su libro y guardándolo en mi bolso.

Trate de actuar con normalidad, presentándome y comenzando a dar la clase. Sin embargo, todo el tiempo mi atención se dirigía hacia ella, observando cada uno de sus movimientos, por mínimo que fuera.

La clase termino casi una hora después, cuando el irritante timbre dio comienzo al recreo. Los alumnos se abalanzaron hacia la puerta como si al otro lado estuviera la razón de su existencia o algo por el estilo. Ella, en cambio, se tomó su tiempo. Lentamente, levantó su mirada, encontrándose con la mía. Y casi tan rápidamente como los demás se habían ido, la apartó y se dirigió a la puerta. Sin embargo, no estaba en mis planes dejarla marchar. La tome del brazo, al tiempo que pasaba por delante mío, ignorándome.

-Tenemos que hablar.

-No.

Suspire.

-Si, y lo sabes- susurre, y ella me observo.

-Está bien.

Sonreí. Ella tomo un anotador del escritorio –que ya estaba ahí cuando llegue- y una lapicera. Cuando hubo terminado, me lo tendió. Me dedico una fugaz sonrisa y salió del salón.

Solo entonces, observe el papel. Sigo estando libre después de las tres. Llámame se leía.

Quince minutos pasadas las tres de la tarde, luego de salir del trabajo y con el teléfono pegado a la oreja, esperaba que Bella me atendiera. Al tercer tono oí su dulce voz.

-Hola.

-Hola.

-¿Cómo estás?

-He estado mejor.

-¿Qué sucede?- la preocupación notándose en el tono de mi voz. Ella suspiró.

-creo que puedes hacerte una idea de lo que sucede, Edward.

Esta vez, fui yo el que suspire.

-No nos precipitemos, Bella. Podemos solucionarlo.

Ella se mantuvo callada.

-Aun quiero verte hoy- continúe-. Eso no ha cambiado.

Silencio.

-¿Dónde?- inquirió unos minutos después.

-Ven a mi apartamento, a la hora que prefieras.

Otra vez, ella tardo en contestar.

-Bueno. ¿Está bien a las cinco?

-Es perfecto.

Entonces, le pase mi dirección.

Rápidamente abrí la puerta de mi departamento, encarándola. Ella me observo, expectante, mientras yo razona que ella estaba allí, que en realidad había venido.

Para ser sincero, la idea de que Bella no se presentaría había estado rondando mi cabeza desde que había cortado la llamada. Por eso, cuando la tuve frente a mí, toda la preocupación pareció abandonar mi cuerpo como un suspiro. Sonreí encantado. El que ella estuviera en el lugar al que consideraba mi refugio, me provocada una felicidad que duras penas conseguía controlar. Algo raro, teniendo en cuenta que usualmente no me gustaba que personas a las que no conocía bien, invadieran mi espacio personal.

Pensé que tomarla en brazos y besarla, era una excelente idea. Sin embargo, no estaba muy seguro de que fuera muy bien recibido teniendo en cuenta los últimos acontecimientos.

Ella enarcó una ceja.

-Me dejaras pasar o solo me miraras.

-Si, por supuesto –me aparte y ella paso por mi lado, rozando levemente mi brazo, mientras dejaba caer despreocupadamente su bolso junto a la pequeña mesita junto a la puerta. Sin embargo, vagamente registre eso. Las pequeñas descargas que recorrieron mi cuerpo en cuanto mi piel hiso contacto con la suya, habían dejado a su paso una sensación cálida, satisfactoria, y automáticamente, el deseo volver a tomarla en brazos me inundo, con más fuerza. Sin embargo, en cuanto mis ojos se enfocaron en los suyos, solo pude concentrarme en el hecho de que no parecía muy feliz, y que hubiera dado lo que fuera para volver a verla sonreír.

-Bella… -comencé, dudando.

-No, Edward. Espera un segundo- ella levanto la mano, deteniéndome. Unos minutos después- aunque también podrían haber sido segundos- , ella se acercó a mí y suspiro-. No sería correcto…-

-Espera- La corte-. ¿A dónde quieres llegar? No es necesario…

- Mira, no me interesa- esta vez, ella me interrumpió-. No voy a arruinar tu carrera por algo que no durará.

-No…

-Dejémoslo así. Ambos sigamos como si nada hubiera ocurrido.

Y yo no insistiría, por el momento.

Ella se acercó y por un momento pensé que me besaría, que me dejaría probar sus labios otra vez. Sin embargo, deposito un suave beso en mi mejilla, y automáticamente las mismas descargas eléctricas me invadieran. Entonces, ella se giró, vacilante, y se encaminó hacia la puerta.


¿y?¿que tal?

Bueno... no se olviden de dejar un comentario. yo se que se estan muriendo de ganas de apretar el cosito amarillo y dejar un comentario ¿a que si, no?

ju

You light my world like nobody else. ~