Disclaimer: los personajes le pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es mia.

Summary: Para los demás, ellos eran el profesor y su alumna. Sin embargo, solo eran Edward y Bella, dos jóvenes que se conocieron por esas casualidades de la vida. Algunos, lo llaman destino.

Hola gente! Lamento mucho, mucho la tardanza, pero tuve algunos exámenes la semana pasada y el lunes volvi de unas mini vacas y no tuve mucho tiempo de hacer nada. Justo ahora, debería estar estudiando. Pero bueno, uno quiere estudiar, pero no se puede dar todos los gustos.

Espero que les guste el capitulo. Tratare de actualizar pronto.


Capitulo 2:

Estaba molesto. Oh, sí. Muy molesto.

Y había sido muy idiota de mi parte pensar que mi madre no lo notaría. Y si a eso le sumaba que se había unido a mi hermana para interrogarme, estaba listo para pegarme un tiro en las pelotas.

-Cariño, ¿Qué sucede?

-No sucede nada.

-No lo parece- interrumpió Alice.

Gruñí.

-Repito: no suceda nada.

Sin embargo, por supuesto que algo sucedía.

Bella me había evitado toda de la semana, como si yo fuera un jodido virus.

Había decidido no insistir y darle su tiempo… Pero bueno, ni siquiera yo me creía capaz de cumplir eso. Sin embargo, ella no había respondido mis mensajes y me mando a la mierda del buzón de voz cada una de las jodidas treinta y nueve veces que la llame.

¿El jarrón de la mesita de la esquina siempre había sido tan feo? Estoy seguro de que muchos me agradecerían que descargara mi cabreo en él.

Soy una persona feliz, no un ser violento.

¿Tanto le contestaba contestar mis jodidos mensajes?

Soy una persona feliz, no un ser violento.

¿Contestar mis llamadas resultaba agotador?

Soy una persona feliz, no un ser violento.

¿Por qué ella se mostraba cordial con todos menos conmigo?

Soy una persona feliz, no…

¡Al diablo! Esta mierda no funcionaba.

Resistí el impulso de estropear el jarrón de mi madre y le sonríe a mi hermana, como si todo en mi vida fuera pura y completa felicidad.

Suspire, mientras las imágenes de Bella durante la semana, incluyendo sus conjuntos de ropa –seh, mi hermana estaría orgullosa- se reproducían en mi mente.

Bueno, sabía reconocer cuando no era bien recibido. Pero yo era un cabezota y ella me encantaba.

-Bueno...-comenzó mi madre- ¿Qué quieren para almorzar?


Y claro, cuando creía que mi día no podía empeorar –había pisado excremento de perro y alguien había rayado la pintura de mi precioso volvo-, mi hermana decidió que hacer una pequeña reunión era la perfecta solución para que yo dejara mi malhumor en el fondo de mi armario, por lo menos. Claro, yo sabía que no funcionaría –a menos que cierta castaña también asistiera- pero ¿Qué ganaba con llevarle la contraria a mi hermana? Nada, claro está.


Ingrese en Esme's, siendo automáticamente recibido por el aroma a café recién hecho y brownies.

Cuando era pequeño, solía pasarme horas allí comiendo tartas y bebiendo chocolate caliente, mientas la campanilla de la entrada sonaba sin parar. Mis hermanos solían acompañarme a veces, pero no podían mantenerse tranquilos por mucho tiempo y terminaban yéndose.

Me acerque al área que constituía la cocina inspirando profundamente, llenando mis pulmones del rico aroma.

Mmm, si…tarta de frutillas; rica, muy rica tarta de frutillas. Edward quiere, quiere mucho.


Dos porciones y media de tarde después, estaba satisfecho. Mi madre me observaba divertida, mientras yo terminaba mi chocolate caliente.

-¿Qué?

-Nada, tesoro

Enarque una ceja.

-¿Estás bien?

-Estoy seguro de que ya hemos tenido esta conversación.

-Eso no significa que hayas sido sincero conmigo.

Suspire. Jodido instinto maternal.

-Estoy bien mama.

¿Cuántas veces se podía mentir antes de que la nariz te creciera como a pinocho o alguna bobada semejante te sucediera?

-Si tú lo dices, cariño- apretó tiernamente su mano con la mía y se alejó hacia el mostrador.

Di el último sorbo a mi bebida, observando el lugar a mí alrededor. Siempre me había resultado relajante pasar allí mi tiempo.

Y entonces, mientras las descargas eléctricas que me recorrían cada vez que estaba cerca y una sensación exquisitamente placentera me inundaba, supe que Bella se acercaba. Me gire, encontrándola junto al mostrador al tiempo que Jessica tomaba su pedido.

Camine hacia ella, observando como tecleaba algo en su teléfono. Note como se tensaba mientras me acercaba más y más, al tiempo que ella se giraba lentamente en mi dirección.

-Hola- murmuro cuando estuve lo suficientemente cerca.

-Hola- sonreía. Ella no lo hiso.

En ese momento, Jessica regreso con su pedido. Bella lo tomo apresuradamente y volvió a girarse hacia mí.

-Entonces, nos vemos.

Pero claro, ella estaba muy equivocada si pensaba que esta vez la dejaría machar sin más.

Camine a su lado, notando las miradas que me lanzaba cada tanto, mientras ambos atravesábamos las calles atestadas de personas

Ella se detuvo abruptamente, encarándome.

-¿Qué quieres?

-Quiero hablar contigo.

-Pues yo no quiero.

-¿Supone un esfuerzo tan grande escucharme?

-No quiero escuchar lo que tienes que decir.

Suspire. Desde luego, su actitud resultaba excelente para conversar con ella.

-Mira Bella, solo será un momento.

Entonces, mi celular creyó que ese era el momento perfecto para vibrar en mi bolsillo delantero.

-No tenemos de que hablar.

-¿No tenemos o no quieres que tengamos?

A medida que pronunciaba las palabras, sentía como la poca paciencia que había acumulado durante el día se iba por caño. Solo quería hablar con ella. Tal vez, incluso tener la oportunidad de volver a oír su risa.

A este punto, me conformaría con que solo me saludara en los pasillos.

Esta vez, fue ella quien suspiro.

-No quiero que te veas perjudicado- enfoco sus ojos en los míos- ¿Puedes entender eso?

-Si -me acerque a ella hasta que nuestros pechos casi se tocaban-, pero no estoy dispuesto a dejar lo que tenemos por eso.

- ¿De qué hablas? Es tu vida, Edward- aparto la mirada-. No quiero ser la causante de…

-No sucederá- la corte, tomando su mano. Ella miro nuestras manos unidas por unos segundos, sin decir nada-. Ven conmigo a mi departamento. Allí podremos charlas más tranquilas.

Ella me observo atentamente, para finalmente asentir.


Recostado contra el umbral de la puerta, observé como ella pasaba sus dedos por los marcos de las fotos. Mi madre las había colocado allí cuando se encargó de la decoración de mi departamento, un año antes.

Carraspee; ella se volteó y se acercó a mí, tomando la bebida que le tendía.

-Gracias.

Le sonreí.

-Entonces…-suspiro. Se alejó unos pasos, sacudiendo la cabeza.

-No lo pienses tanto. No deberíamos darle tanta importancia.

Enfoco su penetrante mirada en mí y yo retrocedí un paso.

Nah, por supuesto que no estaba asustado. Pero no quería perder mis pelotas y el brillo asesino en sus ojos comenzaba a inquietarme.

-Lo que quiero decir…

-¿Qué es lo que quieres?- me cortó, desafiante.

Sopese mis siguientes palabras.

Sabía que mantener una relación con Bella suponía un riego para ambos. Sin embargo, no es como si eso hubiera logrado amedrentarme. Si ambos lográbamos ser discretos, esto podía salir bien.

-Quiero conocerte.

-Yo no.

-No te creo.

-Cree lo que quieras.

Arg. No estábamos llegando a nada.

-Está bien.

Ella me observo como si no pudiera creer que hubiera cedido tan fácilmente.

-Podríamos...-comencé-. Podríamos ser amigos.

-¿Qué?

-Ya sabes- agite mi mano derecha despreocupadamente-. Camaradas, compañeros…

Ella rio.

-¿Camaradas?- continuo soltando pequeñas risitas- ¿Quién dice camaradas hoy en día?

-Solo quería resaltar un…

-Lo sé.

Nos mantuvimos en silencio porque lo que pudieron haber sido minutos u horas. Quería que ella fuera quien diera el siguiente paso.

-Lo pensaré.

Sonreí, acariciando sus brazos suavemente. Ella no sonrió, pero estaba seguro de que las comisuras de su boca se elevaron suavemente.


Mi celular vibro sobre la mesa.

Estaba seguro de que había sonado unas seis veces en la ultima hora. Al parecer, mi hermana no captaba el mensaje de no molestar.

Por mi parte, estaba listo para arrojarlo por la ventana.

Suspire, contestando la llamada.

-¿Qué necesitas, hermana querida?

-Me alegra que puedas tomarte un poco de tiempo para atender el teléfono.

Me sorprendió que se conformara con solo decirme aquello. Usualmente, soltaría uno de esos discursitos típicamente suyos.

-Estaba ocupado, Alice.

Mentira ciento uno del día. Que alguien me dé un premio, por favor.

-Sí, claro. Seguro.

Resople.

-¿Qué quieres?

-Necesito ayuda con la organización de la fiesta.

-no…

-Te espero en mi casa en media hora- me corto-. No llegues tarde.

Entonces, colgó.

Gruñí.


Treinta y siete minutos después, Alice abría la puerta de su departamento para mí.

-Llegas tarde.

-Hola para ti también.

-¿Crees que tengo tiempo de saludarte? Faltan tres horas para la fiesta y todavía tengo muchas cosas por hacer.

-No tiendo porque haces tanto escándalo.

-Por supuesto, no esperaba menos de ti.

Gruñí.

¿Cuántas veces he gruñido esta semana?

Claramente, podría empezar a competir contra un jodido hombre lobo.

Entonces, Alice empezó a imitarme de esa forma que utilizan los hermanos pequeños para molestarse. Y claro, siendo el pendejo que era, se lo devolví.

Vagamente, registre como Jasper se acercaba para enroscar su brazo alrededor de la cintura de mi hermana intentando calmarla. Pronto, ambos dejamos de fruncir el ceño.

-¿Vas a ayudar?- inquirió.

-Un "por favor", no estaría mal Alice.

-Humh- clavo sus fieros ojos en mi- ¿vas a hacerlo o no?

Me gustaría decir que acepte porque no tenía nada más que hacer. Sin embargo, lo había hecho en cuento Alice dio un paso hacia mí con sus brazos en garras, mirándome desafiante. La conocía y sabía que se vengaría. Entonces, no sería muy inteligente de mi parte enfadarla más.

-Sí.

-Debo llamar para cancelar mi sesión de pilates- nos miró-. Pueden comenzar a decorar.

Sin más, se dirigió a la cocina.

Resople.


Por supuesto, el concepto de pequeño no tenía el mismo significado para Alice Cullen que para el resto de las personas. La fiesta, lejos de ser discreta, parecía el mayor acontecimiento del año. Las personas entraban y salían constantemente, por lo que a ese punto, colocar una puerta giratoria hubiera resultado excelente.

Esquive a unas cuantas personas hasta llegar a la barra. Tome una cerveza, bebiéndola despacio.

Era sorprendente como Alice podía conocer a tantas personas y no olvidar un jodido nombre. Sin embargo, no es como si resultara tan extraño. Desde pequeña, a Alice le había gustado organizar reuniones con sus ositos y esas mierdas. Sin contar, por supuesto, con lo mucho que adoraba ser el centro de atención, deleitando a cada uno de los presentes con alguna anécdota y su encantadora personalidad.

Di otro trago a mi cerveza.

-Hola.

Una chica bajita con su cabello rubio atado en una coleta se situó a mi lado, depositando un vaso con vaya-a-saber-qué junto a mi cerveza.

-Hola-respondí.

-¿Eres amigo de Alice?

-Soy su hermano.

-¡Oh! – exclamo, riendo. Al parecer, había bebido bastante.

Tomo mi brazo bruscamente, clavando sus uñas con fuerza contra mi camisa.

-¿Por qué no vamos a un lugar más privado?

-No lo creo.

Me aleje, mezclándome con aquellos que bailaban en el centro de la sala. Tome mi celular, enviándole un mensaje a Alice. No creía que lo leyera hasta que la fiesta terminara, pero no perdia nada con intentarlo.

Me voy a casa. Buena fiesta.

E-

Como esperaba, mi celular vibro a las ocho de la mañana. Estaba completamente seguro de que era Alice, dispuesta a reprocharme el que no me hubiera quedado. Sin embargo, nunca el hecho de equivocarme me había resultado tan placentero.

¿Quieres acompañarme a una estúpida cosa?

B-

Sonreí.

¿Ya somos amigos, entonces?

E-

No paso mucho tiempo, antes de que mi celular volviera a vibrar.

Dejémoslo en un quizá. ¿vendrás?

B-

Por ahora, podía conformarme con eso.

Por supuesto.

E-

Pasare por ti en una hora.

B-

Diez minutos pasadas las nueve, el timbre sonó una vez.

Di todo de mí para no correr hacia la puerta, caminando lentamente, paso a paso.

Ella me recibió con una tímida sonrisa, para luego escanear mi cuerpo con su mirada, frunciendo levemente el ceño.

-¿Qué?

-Creo que deberías ponerte algo de color negro- señalo mi camiseta blanca.

-¿Por qué?

-Solo hazlo.

Tome el sweater negro que colgaba del perchero junto a la puerta. Me lo coloque rápidamente, girándome hacia Bella.

-¿Paso la prueba?

-Si –sonrió-. Gracias.


-¿No crees que hubiera sido conveniente decirme que vendríamos a un sepelio?

- ¿Qué relevancia hubiera tenido?

En ese momento, las personas comenzaron a dispersarse ingresando a la casa familiar, donde se ofrecerían bocadillos.

-Lo siento- me miro-. Debería habértelo dicho.

-Está bien. No te preocupes- le sonreí.

Ella correspondió el gesto, tomando mi mano y guiándome al interior de la vivienda.

La detuve por el codo, girándola hacia mí.

-¿Por qué no querías venir sola?

-No conozco a muchas personas.

-¿Por qué querías que viniera?

-Eres mi amigo. Pensé que los amigos hacían este tipo de cosas.

-¿Lo soy?- sonreí. Mucho.

-Sí, eso creo.

La abrase, deleitándome con lo cálido que se sentía su cuerpo contra el mío. Me separe un poco, mirándola a los ojos.

-Por cierto- dude-, ¿Quién murió?

Sin vacilar, contesto:

-Mi madre.