Hola gente!

se que tarde mucho en subir el nuevo cap y les pido perdon. Pero tuve que dar un par de materias y entre eso, las fiestas, y el que me fuera de vacas, me tuvieron bastante alejada del nuevo cap. pero ahora ya estoy adelantando el cuarto asi que no tardare mucho en subir algo nuevo. :) espero que lo disfruten!

FELIIIZ AÑO NUEVO ! :D

xoxo

ju


Capitulo 3

La gran estructura blanca de tres pisos se situada sobre una pequeña ladera, rodeada de amplios jardines pulcramente cuidados. La fachada de la mansión dictaba de la época georgiana y el terreno se encontraba dividido por pequeñas lagunas y un arroyo. A la derecha se extendía un pequeño bosque de pinos y todo el terreno se encontraba rodeado por un muro. Plantaciones de distintos tipos de flores y un suave aroma a tilo aportaban al lugar un aire cautivador y relajante.

Habían improvisado hileras de sillas para los invitados con una carpa que los cubria del sol; en las esquinas habían colocado grandes floreros. Ya todos se encontraban dentro, por lo que dos hombres a los que Bella había saludado con una encantadora sonrisa, comenzaron a retirar todo.

Ella me observaba, esperando mi reacción.

-¿Estas bien?

-¿Por qué no lo estaría?- respondió.

-Es tu madre.

-Lo se- suspiro-. Es una larga historia, Edward.

-Tengo tiempo.

Tomo mi mano y acarició mi muñeca con su pulgar. Distraído por su toque, no note que ella me sonreía.

-¿Qué?- inquirí.

-Es lindo que quieras escucharme y lo aprecio, en serio- deslizo su otra mano por mi pecho y mi cuello, hasta enredarla en mi pelo-. Pero ahora, no quiero hablar.

Entonces, me besó.

Sus cálidos y suaves labios se estamparon contra los míos besándome con necesidad; la misma que se desataba en mi interior. Le devolví el beso y enrosque mis brazos alrededor de su cintura, elevándola del suelo. Sonreí contra su boca, complacido.

Muy pronto para mi gusto, la necesidad de respirar logro que nos separáramos, pero mantuve mi agarre en su cintura. Ella mantuvo la mirada en nuestros pies, pero finalmente la enfoco en mis ojos. Antes de que pudiera detenerla, ella se separo de mí y se alejó hacia la casa. Aun encantado por el beso, decidí no discutir el que se haya ido sin decir nada.

Unas horas mas tarde, ambos regresábamos en mi auto hacia mi departamento.

Durante la reunión se había mantenido cordial con todos y su actitud había sido dulce, aceptando los pésames. No se había quebrado ni una sola vez y estaba intrigado por ello. Me había presentado ante todos como un amigo, y aunque no quería ser solo eso, lo deje pasar por el momento. Sin embargo, en las pocas ocasiones en las que habíamos estado solos, ella se había mostrado distante y fría, sin la menor intención de entablar una conversación.

Y ese silencio y la autoimpuesta distancia se habían mantenido en el viaje de regreso. No intente hacer nada, porque creí que necesitaba su espacio. Podia sentir su mirada en mi cada tanto y algún que otro suspiro pero, pese a que estaba ansioso por decir algo, me mantuve en silencio. Veinte minutos más tarde- luego de convencerla de que se quedara un rato- ambos ingresábamos a mi departamento.

-¿Quieres algo de tomar? ¿Zumo, café?

-Zumo, por favor- se sentó en el sillón dejando caer su bolso a un lado de la mesita de café.

Regrese con el zumo y un café unos minutos después. Ella lo tomo agradeciéndomelo, mientras me sentaba a su lado intentando no invadir su espacio personal. Quería que se sintiera cómoda, relajada, sin presiones.

-¿Quieres hablar de ello?

-¿De que?- me miró.

-Sobre lo sucedido hoy. Sobre tu madre, sobre lo que quieras.

Se reclino suavemente sobre el respaldo del sofá.

-No me importaría posponer la conversación sobre mi madre- se mordió el labio, rehuyendo mi mirada.

Y entonces, la determinación de darle su espacio se fue rápido y con prisa dejando detrás a la necesidad.

La tome rápidamente por la cintura, colocándola en mi regazo. Ella me miro con los ojos abiertos pero rápidamente sentí como se relajaba entre mis brazos. No la bese, pese a que me moría por hacerlo. Bella se mantuvo allí, mirándome fijamente, mientras deslizaba sus manos por mi torso y mi cuello hasta dejarlas en mi cabello. Finalmente, sonrió encantadoramente y acerco su boca a la mía.

-Se supone que no debemos hacer esto.

-Eso me has dicho.

-Es la verdad- su ceño se frunció levemente.

-Bueno, pero lo estamos haciendo así que podemos dejar ese tema atrás.

Por la expresión de su rostro, ella no estaba de acuerdo.

-¿Por qué me besaste hoy?- inquirí.

Ella esquivo mi mirada otra vez, rehusándose a hablarme. Afirme mi agarre en su cintura, deslizando una mano por su espalda.

-Por favor, Bella. Hablame.

Suspiro, apoyando su cabeza contra mi hombro.

-Solo quería hacerlo- frunció levemente el ceño-. ¿Estas contento ahora?

Sonreí complacido y la bese. Bella no respondió al principio, pero luego me devolvió el beso tirando suavemente de mi cabello. Gemí; se sentía exquisitamente bien.

-Debería irme.

-No, quédate un rato- acaricie su mejilla.

Dudo, pero finalmente asintió.

-Entiendes que esto no cambia nada ¿verdad?

Se alejó, apoyándose contra la pared. Esta vez fue mi ceño el que se frunció; estaba comenzando a frustrarme su indecisión.

-¿A que te refieres?

-A nosotros, por supuesto.

-¿Por qué tenemos que volver a hablar de eso? Estamos bien, no hay nada que decir.

Me miro como si lo que hubiera dicho fuera ridículo.

-No, tu quieres creer que no hay nada de que hablar- intente rebatirlo, pero ella se adelante-. Creo que podríamos ser amigos pero nada más. Y perdóname por aburrirte, pero tu carrera esta en juego. Y si quieres que se vaya al traste es tu problema, pero no seré la causante de ello.

-No será la causante de nada. Podemos ser cuidadosos.

-las mentiras siempre se descubren, de una forma u otra. ¿Para que arriesgarnos si podemos evitarlo?

Suspire frustrado. Era terca como una jodida mula.

-Esta bien- mentí-. Pero podemos ser amigos ¿no es así?

-Supongo-. Me miraba dudosa, como si hubiera esperado que no me rindiera tan fácilmente. Y no lo estaba siendo, pero dejaría que ella pensara que si.

-Genial, amiga- sonreí.

Durante la semana, ambos nos mantuvimos distanciados durante las clases y solo nos comunicamos por celular. Debo decir que, en realidad, mi discreción dejaba mucho que desear: me pasaba todo el tiempo que podía observándola y continuamente la buscaba en los pasillos. Ella, desde luego, era mucho más sensata y me evitaba.

EL jueves me reuniría con mi madre, Alice y Emmet para nuestro almuerzo semanal. Algunas veces –la mayoría- mi padre se nos unía, pero en aquella ocasión debía asistir a una reunión con los socios de la compañía. No estaba precisamente de animo, pero no pensaba dejar a mi madre plantada solo porque Bella se había reído de algo que Jacob hijo de puta Black le dijo. No, por supuesto que no. Y no, no estoy celoso.

Aquella cálida y húmeda tarde las calles neoyorkinas parecían todavía más sobrecargadas de personas. Ninguno tuvo reparos en no empujarme, y puede que en otro momento lo haya soportado mejor, pero no aquel día.

Aquella vez mi madre decidió que nos reuniríamos en el bar del hotel Hudson y ella ya se encontraba allí cuando llegue, cinco minutos antes de la hora pautada. El traje melocotón que llevaba acentuaba el tono y la suavidad de su piel, que aun conservaba pese a su edad; y los pendientes y el collar de perlas completaban un conjunto delicado, simple y sofisticado. Me sonrió al divisarme a la distancia, agitando levemente su mano para atraer mi atención. Al llegar hasta donde se encontraba, la bese en la mejilla para luego sentarme enfrentado a ella. Charlamos de todo y nada esperando a mis dos hermanos que ya llevaban cinco minutos retrasados. Ser puntuales nunca había sido su fuerte, y pese a que ambos debían ser puntuales para llevar a cabo sus trabajos –Alice era diseñadora de modas y Emmett ayudaba a papa a tiempo parcial con la compañía-, nunca habían logrado dominar el arte de la puntualidad.

Diez minutos más tarde, ambos ingresaban al amplio salón riéndose. Mi madre sonrió con cariño mientras yo respondía un mensaje en mi celular.

Lo siento, no podremos vernos hoy.

B-

Con un creciente malhumor, respondí el mensaje tecleando de forma brusca las teclas. Pese a que intente disimularlo, estoy bastante seguro de que mi madre notó mi cambio de ánimo. En ese momento, mis hermanos llegaron a la mesa, nos saludaron y se sentaron. La conversación fluyo con naturalidad, como era usual, y antes de que siquiera lo notara, me vi a mi mismo saludando a mis hermanos y acompañando a mi madre hasta su coche.

-¿Ya estas listo para hablar de ello? – inquirió mientras ambos nos desplazábamos por la acera.

-¿A que te refieres?

-Se que hay una chica, hijo. Y si quieres hablar de ello, aquí estoy para ti-. Tomo mi mano. Sonreí; definitivamente Alice heredo su escasa – inexistente- sutileza de mi progenitora.

Dude, dividido entre la necesidad que hablar con alguien y la desconfianza de saber que no todo el mundo lo vería como algo…correcto. Sin embargo, era mi madre y estaba seguro de que, desde su sabiduría amplificada a través de los años, podría intentar verlo con perspectiva.

-No se por donde empezar.

-Empezar por el principio siempre ayuda. ¿Por qué no me dices su nombre?

-Bella- sonreí vacilante. Mi madre tomo mi mano y la apretó levemente, enfundándome valor.

-¿Dónde la conociste?- le sonrió a un niño regordete que se había chocado contra su pierna, mientras jugaba con quien parecía su hermano.

-En un bar- no me explaye, porque no estaba seguro de que decir. Podría haber continuado contándole todo, pero preferí esperar a que ella hiciera las preguntas que nos conducirían a la irrefutable verdad: ella era mi alumna y yo su profesor.

Mi madre señalo una cartera de un escaparate y menciono a Alice y un regalo, pero no le preste la debida atención. Mi concentración se centraba pura y exclusivamente en la inminente conversación que tanto me hubiera gustado evitar, pero que al mismo tiempo necesitaba con urgencia. Una urgencia que no había notado hasta el momento en el que la idea de contarlo todo había pasado por mi mente.

Mi madre apretó el agarre de su mano en mi brazo y continuamos caminando.

-¿Has vuelto a verla?

-Si- pero menos de lo quisiera–. Solo unas cuantas veces.

-Eso esta muy bien. ¿Es tu novia?

-No. Es complicado.

¿Por qué?

¿Por qué? Porque debería concentrarme en querer corregir sus exámenes y no en lo tentadores que se veían sus labios y lo mucho que deseaba basarla. Todo seria mucho más fácil si por un tiempo pudiera dejar de pensar en ella, pero cuanto mas lo intentaba con más fuerza invadía mi mente.

Suspire. Era ahora o nunca.

-Porque no se vería bien que ella estuviera conmigo.

-¿Por…-

-Ella esta en mi clase, mama.

Mi madre no dijo nada por unos cuentos minutos mientras continuábamos caminando. En algún punto note su mirada en mi, inquisidora. No estaba muy seguro de lo que estaría pensando y en realidad, prefería no saberlo.

- ¿En verdad la conociste en un bar?

-Si. Sucedió antes de saber que seria mi alumna.

Ella se detuvo tirando suavemente de mi brazo e hizo que la mirara.

-Es la chica del otro día ¿no es así?

-¿Cuál? – Mi madre me sonrió.

-La que saludaste en Esme's y te fuiste con ella- debería haber imaginado que la siempre atenta Esme notaria eso. Un error de mi parte.

-Si, es ella- sin poder evitarlo, sonreí. Y, por Dios, esperaba que no lo haya hecho como aquella mañana, cuando pensé en ella me mientras me lavaba los dientes y pude observarme ante el espejo. Aquel aspecto de tonto enamorada –¡que absurdo!-, que siempre había critica tan fervientemente, no podía verse reflejado en mi de ninguna manera. Sin embargo, debido a la expresión de mi madre, estaba segura de que había quedado como un idiota.

-Es muy hermosa- asentí sin vacilar mientras su expresión se tornaba cautelosa-. ¿Estarán juntos?

-me gustaría, pero ella no esta muy conforme con eso-. Desde luego, esa no hubiera sido la palabra que me hubiera gustado elegir para describir su posición frente a mantener una relación, pero no se me ocurrió nada mejor.

-¿Por qué?- la cautela aun teñía cada uno de sus rasgos: desde los marcados pómulos, hasta sus profundos ojos verdes.

-Ella no cree que nos convenga. Especialmente a mí, debido a mi trabajo.

-Muy sensato de su parte- ¿De que lado se supone que estas, mamá?- ¿Pero que quieres tu, hijo?

Y pese a que estaba en contra de lo sensato, la quería a ella. Y pese a no querer reconocerlo, también la necesitaba. El saberlo me produjo una sensación extraña en el estomago y en el centro del pecho, pero decidí ignorarlo por el momento.

Sonreí mucho, consiente de que no aceptaría un no por respuesta. Yo le gustaba, estaba seguro. Solo tenia que convencerla de que podíamos intentarlo y nos iria bien; no seria fácil, pero podia lograrlo.

Sin embargo, mi plan de empezar a intentarlo en lunes se vino rápidamente en picada.

Ella no se presento en la clase ni contesto los mensajes que le envié mientras el resto de los alumnos realizaba una actividad. Estaba preocupado; ella podría estar enferma y yo no podía hacer nada porque debía dictar aquella jodida clase. Con una renovada esperanza decidí que la visitaría en su casa esa tarde, para luego, desanimado, desecharla al instante, recordando que nunca había estado allí. Distraído e inquieto, olvide dar otra actividad antes de que la hora terminara y solo fui capaz de saludar sin entusiasmo a mis alumnos.

Durante el resto del día, ella no respondió ninguna de mis llamadas. Sin mucha esperanza, intente con los mensajes obteniendo el mismo resultado.

La mañana del día siguiente, el clima parecía acompañar mi estado de ánimo. Observe los nubarrones grises mientras atravesaba el espacioso campus de la universidad; salude a algunos colegas y alumnos hasta que finalmente pude llegar al salón.

Otra vez su lugar estaba vacío, por lo que desanimado, comencé con la clase. Y en ello estaba cuando, unos quince minutos después, ella ingreso tan hermosa como siempre, dirigiéndose directamente hacia mi escritorio. Deposito sobre mi maletín una hoja donde denegado resaltaba en rojo escarlata. No sonrió ni me miro, pero escuche como murmura suavemente un escueto perdón. Rápidamente se ubico en su asiento y le sonrió a un compañera que supuse la había saludado.

No me detuve a leer el papel –ya lo haría mas tarde- y trate de no mirarla muy fijamente mientras me disponía a continuar.

Mas tarde, ya en mi departamento, estruje el papel que ella me había dado mientras marcaba con rapidez su numero. Escuchaba el tono pensado en que decirle: estaba debatiéndome entre reprocharle que no lo hubiera consultado conmigo y agradecer el gento de intentarlo para que pudiéramos llevar esto con más normalidad. No lo había decidido aun, cuando ella contesto con su suave voz; sonaba resignada, como si hubiera estado esperando que llamara.

-¿Qué se supone que significaba esto?- agite el arrugado papel, como si ella pudiera verme.

-¿Qué cosa?

-Sabes de que hablo, así que no juegues conmigo.

-No estoy jugando Edward. No pienses que lo hago, porque no es verdad.

-¿Por qué lo hiciste?

-Pensé que seria lo mejor.

-Deberías…

-Habértelo dicho, lo se.

-Si…- suspire. Me hubiera gustado que ella estuviera junto a mí. Quería verla y no discutir; y estaba seguro de que solucionaríamos todo más rápido en persona-. Pediste el traslado a la clase del Profesor Thompson. ¿Por qué?

-Bueno…- pude intuir la sonrisa en su voz- ya sabes, es guapo.

Gruñí a lo que ella soltó una suave carcajada.

-Era una broma.

-Mejor así. Es muy viejo para ti.

-De todas formas, es casado.

-Eso no le hubiera importado a muchas mujeres.

- Yo no soy muchas mujeres…-Nunca lo dudaría, pense-. De todas formas, nunca seria infiel ni provocaría una infidelidad y… uh, cambiemos de tema.

Fruncí el ceño, sintiendo la incomodidad en su voz. Sin embargo, esta mas centrado en el hecho de que ambos compartíamos algo más: yo nunca había sido infiel y nunca lo seria; tampoco haría que otro se convirtiera en cornudo. Así de simple.

¿Mencione que ella es muy dulce?

-Bueno, de todas formas la solicitud fue denegada- sonreí.

-Asi es.

-Estamos bien, entonces.

No hablo por lo que pareció un interminable minuto, para finalmente soltar una suave y corta risita.

-Curiosamente, sabia que dirías y como reaccionarias.

-Entonces, ¿Por qué no me hablaste acerca de la petición para el cambio de clase?

-Me gusta tomar riesgos.

Inspirado por sus propias palabras, dije:

-Entonces, arriésgate conmigo.


¿les gusto? ¿esta horrible?

haganmelo saber dejando un comentario.

xoxo, se cuidan.

ju