Eran las diez de la mañana del lunes, dos semanas después de lo ocurrido en el Paintball. Mimi Tachikawa se encontraba sentada en la escalera de la tarima, costumbre que había adoptado en las pasadas dos semanas de ensayo obsesivo, parecía que Sora canalizaba su ira en trabajo, su vista se perdía unos metros más abajo donde cierto rubio entraba por las puertas del auditorio acompañado de un chico de cabello negro y ojos verdes. Yamato Ishida aun no había notado la vista de la chica sobre él y ella lo observaba como sin notar que lo hacia, pero aquellas miradas turnadas y constantes habían sido siempre la mejor parte de sus días. Volteó al sentir una mano en su hombro, se volvió y observó como Yolei y Kari seguían el curso de su campo visual hasta localizar que observaba a Matt.
-Observándolo de nuevo ¿Eh? – dijo Yolei mientras se sentaba al lado de su amiga.
Mimi cerró los ojos con pesadez sin decir nada ¿tendrían que repetir aquella rutina tres veces al día todos los días? Al menos los ensayos se acababan pronto, y aquella obra era lo único que seguía reteniendo a la joven Tachikawa en Odaiba, o de eso quería convencerse ella.
-¿Qué harás ahora Mimi ¿seguirás observándolo cada día sin acercártele? – preguntó Kari sin rodeos.
-Sí – respondió simplemente Mimi.
-¿aun planeas irte?
-Sí.
-¿IRTE? – exclamó Yolei – tú no vas a irte a ningún lado.
-Sí, voy a irme – dijo Mimi sin inmutarse- Otra situación rutinaria en el set de la obra.
-Pero Mimi, no puedes renunciar a él porque Sora tiene un bendito capricho – dijo Yolei.
-Mimi, no puedes darle la espalda al amor por siempre… ya volvió antes ¿Qué te hace pensar que no volverá de nuevo? – dijo Kari.
-Si esto es verdadero, como estoy segura de que lo es, tu partida no solucionara nada… sólo harás sufrir a Yamato y sufrirás tu también – dijo Yolei.
-Sora es tu amiga y no quiere verte sufrir estoy segura de que si le hablas entenderá – dijo Yolei.
-Además ¿Qué vas a ganar con huir ¡tu eres Mimi Tachikawa la Srta. Perfección!¡tu no eres de las que huyen! Es por eso que eres tan admirada – dijo Yolei.
-Mimi no te dejes vencer solo porque esto es más difícil de lo que creías, no pudiste olvidarlo antes ni estando en América ¿Qué te hace pensar que podrás ahora? – dijo Kari - ¿Qué solucionas con irte?
-No necesito más regaños. Con los que me dan a cada rato me bastan. Además Valery se queja por todas las personas que conozco juntas – dijo Mimi callando a Yolei con un gesto de la mano. Sin notar que había alguien frente a ellas.
-¿Dónde esta ella? – preguntó una voz unos escalones más abajo. Mimi lo observó, arqueando las cejas, pues no entendía porque a aquel muchacho había de importarle.

En el campamento… regresa esta tarde, nos vamos a América en menos de una semana - cuando Mimi se dirigía a preguntar por qué preguntaba por la localización de su amiga sus ojos se juntaron con los del rubio Yamato Ishida que había aparecido tras su mejor amigo.

-Vaya… - dijo Dayu girando los ojos "Eso explica porque no contestas tu celular". Habían estado viéndose a cada escapada que la chica se daba del fulano retiro espiritual, pero cuando se encontraba allá difícilmente contestaba su celular "Tengo que hacer todas las tareas que no hago en mi ausencia" le había dicho la chica dos días antes, cuando se vieron por ultima vez.

-Hola, Mimi – dijo Yamato, sus miradas se unieron en una sola, aquel lazo inquebrantable e inmutable permaneció allí por unos segundos que ellos hubieran querido alargar.
-Hola… - dijo Mimi con un hilo de voz.

Mimi sintió un nudo enorme en su garganta, quería correr a abrazarlo, quería decirle que lo amaba y que no quería que el la dejara partir. Que la abrazara con fuerza y nunca la dejara ir. Quería estar con el, era todo lo que realmente deseaba. Poder dejar de pensar en todo lo que los separaba y tan solo ver a sus ojos por la eternidad… quería olvidarse de todo y que solo el viviera en su mente cada día, aunque así era, pero quería que el fuera su único pensamiento que borrara todos los demás, especialmente la voz de su conciencia que le gritaba "No puedes, no debes" cada segundo que continuaba respirando… ¿Qué no hubiera dado por volver el tiempo atrás?¿Por vivir en su mirada cada segundo de su vida?…
Yamato no pudo evitar sonreír al unir su mirada con la de la chica, cada vez que miraba aquellos ojos sinceros y soñadores, aquella sonrisa cálida y dulce, cada vez que oía aquella voz impregnada de dulzura… cada vez su amor crecía más y cada vez la seguridad que tenia de que moriría sin ella era más latente. Quería acercarse a ella y rozar sus labios rosas, quería envolverla en un abrazo del que nunca pudiera escapar, quería decirle todo lo que sentía, cuanto la amaba y que sería capaz de dar su vida por ella pues su vida no era suya, su vida, sus sueños, su todo tenían solo una dueña: Mimi Tachikawa. La chica que ahora lo observaba, con sus hermosos ojos algo hinchados, disimulado por el maquillaje, y con su sonrisa triste…

Faltaban días para la obra, que se presentaría el jueves. Era increíble pensar que tanto tiempo, o mejor dicho tantas cosas, habían pasado en ese tiempo, tantas vidas habían cambiado, tantas cosas habían sido recordadas y vividas, tanto en tan poco tiempo. Dicen que las cosas que modifican tu vida de modo radical ocurren en un periodo corto de tiempo… semanas bastaron para ponerles la vida de cabeza a estos chicos.

Cuando todos salían de los camerinos con las ropas de época colocadas, era primera vez que se las colocaban y Yamato se había quejado de sobremanera al ver su traje, un estruendo frente a ellos les hizo saber a todos los presentes que Sora había entrado. A cada ensayo, 3 veces al día y diario (uno a las 8 antes de las clases, uno a la hora del almuerzo y uno después de clases, aunque como solo faltaban tres días de ensayo estaban libres para estar listos a tiempo), la joven Sora había tomado la costumbre de entrar estruendosamente dando comandos desde que ponía su primer pie en el auditorio, llegaba antes que todo, se iba de ultima, revisaba minuciosamente cada trabajo que se hacia, hablaba con los proveedores y patrocinadores del proyecto; en resumen: trabajaba más que la directora de la preparatoria. Sora siempre había sido perfeccionista y trabajadora, pero aquello era el colmo… al paso que iba en el edificio se rumoraba que le quitaría a Mimi el puesto de Miss Perfect, y aquello parecía impulsarla a esforzarse más.

-Dayu si tengo que repetirte una sola vez más que revises el alumbramiento del acto cinco antes de que enloquezca, creo que te matare – dijo la joven revisando con una carpeta, como había estado de mal humor Dayu se había dado a la tarea de hacer pequeños "errores" para hacerla reír, pero aquello había acarreado que la chica le gritara como mínimo 5 veces al día, pero aquello no parecía desanimar a Dayu

-Taichi haz el favor de subir al salón de Izzy y pedirle que me ayude con el sonido, al parecer Ro esta teniendo problemas – Sora se alejó con paso decidido hacia Tai que asentía.

-Que carácter se gasta tu ex… - comentó Dayu
-Es tu culpa, déjala en paz. No esta pareciendo tus bromas y creo que te matara si continuas – dijo Yamato reprimiendo una risa.
-Vale, eso me saco por tratar de alegrar a la gente – dijo Dayu, se tapo la cara con la mano haciendo un esfuerzo sobre humano por no reírse.
-¡búrlate del traje y te guindo del asta de la bandera! – amenazó Yamato.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA… ¡YAMA TIENE MAYAS! – gritó Dayu sosteniéndose del hombro de su amigo para no caerse. Yamato estaba vestido con un traje de príncipe, con mayas y un ciño con una espada, un sombrero pomposo y con plumas que tenia que soplar para alejar de su cara, el traje era blanco como la nieve y tenia toques plateados.
-Deja de reírte o te juro que…
-¿Qué?¿me pegaras con tu espada de utilería? – para ese entonces Yamato ya estaba rojo (mitad ira mitad vergüenza) y Dayu en el suelo arrastrándose.
-Dayu…
-JAJAJAJAJAJAJA… ¡AY¡MI ESTOMAGO¡MI ESTOMAGO¡AY, AY! YAMA TE VES RIDICULO…
-¡YA LO SÉ!
-Ay, ay… ¡el príncipe de las mayas!
-Cierra la boca antes de que te meta la espada en la boca y te ahogue con ella – dijo Yamato de un modo tan amenazante que Dayu se levando y se alejo del lugar hacia el tablero de luces, aun riendo por lo bajo.

Yamato, aun rojo, se dio la vuelta y clavando la vista en Mimi quien se veía preciosa, su cabello caía en caireles, su vestido era rosa (una especia de corsé en la parte superior que le daba un cuerpo hermoso, y la falda del vestido caía elegantemente) subió los escalones, extendió su mano a ella.
-Creo que tenemos que subir – le dijo.
-Sí… - dijo Mimi tomando su mano, sintió un escalofrió al tocarla al igual que el joven, era como si un solo contacto los llenara de electricidad.
-Por cierto… te ves hermosa – dijo a su oído, Mimi se sonrojo sin mirarlo.
-Bien, nosotras vamos a vestuario – dijo Yolei levantándose y observando a Kari.
Ambas partieron. Las habían dejado participar allí como voluntarias, Kari había prometido ayudar a Sora como un favor para su hermano, y Yolei pensaba que cualquier cosa que la sacara de clases valía la pena. Además era parte del plan de Takeru que ellas minaran la mente de Mimi de dudas sobre su partida y aunque las jóvenes pensaban que fracasaban… no era del todo así, habían conseguido inducirse dentro de lamente de la joven Tachikawa.

Matt y Mimi se pararon frente a frente, tiraron el libreto que traían al suelo, ya lo conocían de memoria, y menos mal pues ya el tiempo apremiaba. Sus ojos se juntaron como cada vez que el ensayo empezaba, eran obligados a mirarse a los ojos y a hacerse promesas de amor y aguardo, promesas que solo los hacían recordar las propias ¿sería su historia tan desventurada como la de los eternos amantes del sauce ¿Sería "Sauce de promesas" una parodia sobre su propio amor imposible?¿Destinados a un final desventurado en el que les toco callar a su corazón y seguir a su deber?… Que cruel era el destino al mostrarles su dura realidad incluso en aquel momento…

Matt y Mimi tomaron un débil respiro, entrando en personaje mientras una voz que sonaba lejana pero que no lo era comenzaba a narrar la historia, su historia:

Sauce de Promesas

Primer Acto

Siete Días bajo el Sauce

"En tiempos pretéritos que no merece el agobio aludir, en un lugar distante cuya significación es nula en propósito, fue escrita por las manos astutas e ilusorias del destino una leyenda… una leyenda de amor y aguardo, una leyenda que depondría marcas para siempre en la vida de sus personajes, una leyenda de promesas…

Los ojos de Matt y Mimi volvieron a unirse, pero siendo ahora Leonard y Catherine, los enamorados del sauce. La voz siguió narrando.

Erase una vez un reino distante, no era un reino desemejante a los remanentes, ni tenía nada que se despuntara de lo habitual, exceptuado acaso el comercio del trigo, su sublime atractivo. Sus lugareños eran afables y sus monarcas benévolos. El Rey, quien estaba ya anciano, era venerado y respetado por todos, y la Reina era siempre reconocida por su bondad. Ellos tenían solo un hijo, un valiente y gallardo joven llamado Leonard, quien sería el destinado a tomad el trono del reino en escaso tiempo, tan pronto como se le encontrase una esposa, aunque este no se encontrase del todo radiante con la decisión de sus padres, en el fondo estaba consiente de que era su deber como Príncipe que era.

En el reino lleno de duques, duquesas, condes, condesas y otros personajes de la realeza, se hallaban los duques Joseph y Elizabeth, grandes amigos de los reyes, por tener muchas milicias en común, tenían una hija, una doncella que llevaba por nombre Catherine, era tan hermosa que su belleza era solo sobrepasada por su rebeldía, objeto de preocupación para sus padres.

Aquellos días habrían de ser de sublime importancia para todas las personas de aquel reino, pues era tiempo de los bailes y banquetes anuales que eran siempre organizados, tanto por los reyes, como por los duques, condes y otros personajes de la realeza. Entre todas aquellas ceremonias se distinguía un baile en especial, este no era otro que "El Baile Anual de Mascaras Real" organizado por los reyes al aproximarse la muerte del mes Octubre. Aun faltaba una semana para aquel baile, pero la proximidad del mismo traía consigo la exasperación de los habitantes del pueblo pues, después de todo, cualquiera que era alguien concurriría a aquel evento. A pesad de que este baile era especialmente esperado por todos año tras año, este sería un acontecimiento especial.

Los reyes anunciarían el compromiso del Príncipe Leonard y, a pesad de que todos hablaban de ello, se había mantenido muy en secreto quien sería la afortunada doncella que el gallardo Príncipe habría de llevar al altar.

El acto continúo su narración, pero Mimi y Yamato dejaron de prestar atención mientras el narrador hablaba, se separaron pues su primer acto era separados. Mimi fue al lado izquierdo de la tarima mientras Yamato al derecho.

Aquella noche el príncipe Leonard, se encontraba cenando con sus padres, un silencio sepulcral e inusitado rodeaba la mesa. El tiempo se le estaba agotando, exactamente a la séptima noche a partir de esta estaría conociendo a la a la doncella que habría de llevad al altar. Aquella idea le había hecho perder el control en mas de una ocasión, aun así sus padres insistían en que debía casarse para tomar la corona… "No es mi deseo tomad la corona, es el vuestro el que lo haga" pensó el príncipe observando a sus padres. Era de su sabed que su deber como heredero real no podía ser obviado y aun así eso no le impedía discutir al cruel destino.

En un lugar no tan lejos de allí en el castillo Wenerblack los duques y su hija Catherine se encontraban en similar situación. Las cenas calladas era generalmente normales en el castillo, pero aquel no era un silencio normal, Catherine sabia que se traían algo entre manos y a ella le gustaría sabed que era. Su padre la miro por unos segundos antes bajad la mirada una vez mas, por quinta vez en los últimos diez minutos, aquella actitud comenzaba a molestadla.

El telón fue debelado, una doncella sentada en una mesa discutía amargamente con sus padres por su cruel destino ¡vendida en matrimonio! Mimi lloraba, pataleaba, gritaba y discutía en vano pues sabía que todo aquello era en vano. Salio corriendo y bajo por las escaleras al mismo tiempo que un enfurecido Yamato hacia lo mismo haciendo que sus ojos se juntaran al llegar al sauce que separaba sus castillos.

¿Quién sois vos? ¿Por qué invadís mi propiedad? – preguntó con sorna Leonard.

¡Caballero bellaco e irrespetuoso! Permitidme informadle que esta propiedad pertenece a mis padres, no agobiéis mi paciencia en este día que el sol ha dejado de brillar para mí y dad la vuelta… alejaos, no deseo veros, tan solo deseo llorar mi cruel y tormentoso futuro – dijo Catherine, observando a aquel hombre frente a ella como si dijese un blasfemia.

Retiraos vos doncella, esta propiedad no es vuestra. No es mi deseo el discutirle o importunadle pero os suplico que me dejéis en paz, yo sufro de penas dolorosas al igual – dijo Yamato. Observándola de arriba abajo – sois muy hermosa…- se le escapo decir acercándose.

¡alabaos!¿acaso sois un ladrón?¿venís a secuestradme? Oh, dios… - exclamo indignada – yo misma lo pondré en la horca si se atreve a colocadme vuestra mano encima, vasallo del demonio – dijo altaneramente.

No es propio para una dama de sociedad ir por la vida gritándole a caballeros, amenazándolos de muerte o hablad con tal altanería ¿acaso sois la sirvienta de un castillo?¿sois una cortejan?¡porque carecéis de los modales de una dama! – dijo Matt, intentando no reírse de la muchacha altanera que tenia frente a él.

¡CORTESANA? – gritó ella indignada.

No es propio para una dama el alzar la voz – dijo el joven.

Y no es propio de un caballero ofended mi honor – dijo ella cacheteándolo.

¿acaba de golpearme?¿Qué es acaso usted una fiera de la noche?¿es una hechicera tal vez? – dijo colocándose la mano en la mejilla.

¡dejadme en paz! si sois un caballero, dejadme en paz! no deseo pelead ahora, pero con gusto le devolveré el favor de llamarme fiera y hechicera algún día! ¡lo juro por dios! – pataleó con fuerza el suelo.

Yamato la observó dulcemente sin poder evitar sonreír, no podía contradecirla. La hermosa chica se había sentado en el pasto, sin importarle ensuciar su hermoso y aparatoso vestido rosa, con la vista clavada en el suelo maldecía silenciosamente su destino. Fue como si se viera reflejado a si mimo en aquella chica. Negó lentamente y saco un pañuelo colocándolo frente a los ojos de la joven.

-Secad vuestras lágrimas.

-¿ahora si sois un caballero, bellaco irrespetuoso?

-En mi defensa vos tampoco sois una dama.

-Cerrad la boca o volveré a cachetearos y más fuerte – amenazó.

-Sois una doncella muy rara.

-Y vos un caballero poco ortodoxo.

-Creo que estamos a mano.

-¿Por qué me ayudáis?

-Sería el peor de los villanos si no hiciera nada por detener las dolorosas lágrimas de los ojos castaños mas hermosos que en mi vida he visto.

La primera escena siguió avanzando mientras, Mimi y Matt unían sus voces, sus manos, sus miradas, su alma, ellos eran aquellos amantes sin futuro. Ellos eran Leonard y Catherine, Mimi lo sabía. Yamato… Yamato intentaba probar que todo amor grande merece su oportunidad y tiene futuro.

Dos horas más tarde el ensayo finalizaba al fin. El resto del día seria para trabajar en vestuario y para pulir las escenas problemáticas, donde Sora comprobó con alivio que no había ninguna que involucrara besos entre los protagonistas, de hecho ellos habían estado impecables en cada escena.

Mimi salía del camerino de vestuario, despidiéndose de Yolei. Yamato la vio alejarse y tirando su ropa a Dayu en la cara y murmurando que la entregara a Kari, salio a perseguirla.

¡Mimi! – llamó, la chica se dio la vuelta, sus ojos se juntaron de nuevo.

¿sí? – respondió ella.

¿huirás de mí el tiempo que te queda en Japón? – preguntó.

Si eso es lo que he de hacer para parar esto, eso haré – dijo Mimi.

¿crees que con huir de mí harás que deje de amarte?

Yamato…

¿crees que con huir de aquí dejare de soñarte, de pensarte, de verte cada segundo en mi mente?

Detente…

¿crees que con irte harás que deje de pensarte ¿Qué te olvide?

Basta… - dijo Mimi dándose la vuelta, tenía los ojos rojos, comenzó a correr, Yamato la persiguió y la detuvo tomándola del brazo.

¿crees que si te vas mágicamente todo acabara?¿crees que tu partida me hará amar a Sora?¿crees que te condenare a la prisión de mi olvido?

Mimi se dejó caer en el suelo, Yamato cerró los ojos mientras oía los débiles sollozos de Mimi. Tomo aire y preguntó:

¿Me amas? – preguntó serenamente.

Mimi no respondió, Yamato soltó su brazo lentamente la chica se cubrió el rostro. Yamato se arrodillo frente a ella, y la observó con dulzura.

¿Me amas? – repitió Yamato.

Mimi sollozo más fuerte, frotándose con fuerza los ojos. En un acto que despedía dulzura y amor, Yamato tomo sus manos, y su barbilla alzando la vista cabizbaja de la chica, la obligo a mirarle a los ojos. Mimi se sintió desfallecer, esos ojos azules de nuevo no… no tenia fuerza, no más…

¿Me amas? – repitió Yamato por tercera vez.

¿si te digo que no, me creerás? – preguntó ella con un susurro en su voz.

¿vas a mentirme?

No miento – dijo con voz segura – no te amo ¿o es que no me crees?

Por un momento el corazón de Yamato se estremeció, como si todas sus dudas e inseguridades volvieran. Observando los ojos de ella, respiro hondo, no podía rendirse ahora.

No – dijo mirándola a los ojos – porque aunque te pares ahora mismo y me grites a los cuatro vientos que no me amas, que me odias y que sólo quieres que me aleje… aunque tus palabras me pidan lejanía – acaricio su mejilla con dulzura – tu mirada me pide amor, y me profesa amor.

Mimi sintió un nudo en la garganta, y cerrando sus ojos dos gruesas lágrimas más se derramaron por sus mejillas sonrosadas.

¿Me amas? – repitió él.

Sí… - dijo ella sollozando con más fuerza. Yamato no pudo evitar sentir alivio – yo también te amo.

Mimi estuvo a punto de acercarse y besarlo, pero usando mas fuerza de voluntad de la que creía poseer se seco las lágrimas y se levanto del suelo. Dándole la espalda.

¿Crees que con irte dejaras de amarme?

No.

¿entonces por qué te vas?

Mimi continuó llorando en silencio mientras se debatía entre contestar o no.

Si te respondo… si te respondo ¿prometes no hablar después de que lo haga?

Depende de lo que digas.

Promételo – dijo ella volteándose y clavando su vista en sus ojos.

Bien, lo prometo.

Mimi respiro hondo y se acerco a él con paso decidido, coloco sus dedos sobre los labios de Yamato, los observo un momento y con un dejo de nostalgia clavó su vista en el rubio.

No sé exactamente cuando me enamore de ti, pudo ser la primera vez que te vi, pudo ser la primera vez que te hable, la primera vez que te oí tocar la armónica. Quizás te ame después de que estuviste con Sora, porque como ella dice soy una niña consentida que quiere lo que no puede tener. Quizás te ame mientras estaba en América, demasiado lejos para acercarme a ti, o aquella tarde en el salón de música cuando me consolaste. Quizás te ame cuando tus labios tocaron por primera vez los míos. Quizás fue desde que me hundí por primera vez en tu mirada… quizás no te ame hasta esta semana, quizás no te ame hasta que tu me amaste a mi. Quizá vine a amarte cuando Sora nos puso en este proyecto. Quizás siempre te he amado, quizá te ame antes de conocerte… antes de saber quien eras o que existías, tal vez inconscientemente siempre te busque, no lo sé y quizás siempre sea un misterio.

Se detuvo a tomar aire.

Pero hay algo que si sé, sin importar cuando empecé a amarte, ahora te amo como jamás ame o amare a alguien más. Eres la razón por la que sigo respirando, Yamato Ishida. Te adoro con devoción absoluta y aun si nunca te vuelvo a ver siempre serás el amor de mi vida, porque tu eres el único dueño que tiene mi corazón, te lo entrego y no lo quiero de vuelta nunca mas, no lo necesito pues ya esta con su verdadero dueño. Toma mi corazón y quédate con él, pues todo lo que soy te ama y te amara mientras quede un respiro dentro de mi cuerpo.

Yamato sonrió.

Pero esto es imposible. Sora es la persona más dulce, amable, calida y benévola que conozco. Si hay alguien que no se merece esto es ella, por tanto yo no puedo ser quien le cause este dolor. Te amo, pero esto nunca será nada más – Yamato aguantó la respiración – por mucho que te ame, no puedo lastimar a alguien inocente por mi propio deseo egoísta y tardío de tenerte conmigo – Yamato iba a protestar, pero Mimi hizo mas presión en los dedos que estaban sobre sus labios – lo prometiste. Yamato esto es imposible, pero no me arrepiento de amarte, porque has llenado mi corazón de sentimientos que desconocía y siempre te estaré agradecida por ello – respiro hondo – me voy a ir porque mientras yo este aquí siempre estará mi sombra sobre tu vida, te impedirá ser feliz ese corazón tan noble a quien amo.

Lo observo con una mirada tan calida que habría derretido un iceberg, Yamato vio algo mas en sus ojos que lo asusto: resignación…

Si yo me voy, te daré una nueva oportunidad de ser feliz. Y te amo tanto que sólo deseo que seas feliz. Quiero asegurarme de que vivas una vida plena con alguien que te ame y te merezca del modo en que yo no te merezco. Te prometo que serás feliz y algún día recordaras este día sintiendo lastima por mi… pero eso esta bien. Es más te pido que me olvides, yo te recordare, tu puedes olvidarme – Yamato negó con la cabeza – sí, Yamato, olvídate de la Mimi que te ama y comienza a buscar por alguien que te haga feliz del modo en que yo nunca podré hacerlo.

¡no quiero a nadie más! – dijo Yamato quitando la mano de la chica de sus labios – yo solo te quiero a ti, yo solo te amo a ti, no puedo amar a nadie mas. Jamás te olvidare porque mi corazón es tuyo, no amara a nadie más. No puedes irte, yo jamás seré feliz sin ti menos pensando que tu eres miserable en América, no te vayas, permíteme amarte del modo que te mereces, yo soy quien no merece tu amor, pero ahora que lo tengo intentare ser digno de el.

Prometiste no hablar.

¡no me callare mientras te veo salir de mi vida!

Si lo harás…

Mimi…

Si me amas, callate.

Yamato apretó los puños con fuerza, pero se calló.

Mimi se acerco lentamente a el y tomándolo por sorpresa lo besó en los labios.

Siempre te amare, sin importar que pase. Juro no olvidarte. Júrame tú ser feliz – dijo alejándose de él - ¡TE AMO YAMATO ISHIDA! – gritó a todo pulmón – pero esta será la ultima vez que me oigas decirlo, aunque silenciosamente lo sienta toda la vida.

Mimi…

Adiós Yamato – dijo ella alejándose.

Yamato se quedó parado sin saber que hacer, sintió sus ojos hacerse agua. Haciendo un esfuerzo retuvo sus lágrimas y comenzó a correr, tenía que alcanzarla…

Era la una de la tarde del lunes. El sol estaba oculto tras enormes nubarrones que vaticinaban una gran tormenta, aquel había sido un día muy extraño, aquellas nubes que no terminaban de estallar los torrenciales vientos que trastornaban la ciudad. Todo, era un día fuera de lo común en mas de un sentido. Una chica de cabellos negros agarrados en una cola de caballo y con gorra negra, y ojos verdes bajaba de un convertible plateado, iba vestida con unos jeans negros y un top del color de sus ojos, con una chaqueta de cuero encima. La chica respiró hondo, era hora del siguiente intento, entró al auditorio de la secundaria Odaiba quitándose sus lentes de sol. Lo primero que vislumbró fue el bullicio y ajetreo del lugar, y los gritos de cierta pelirroja encaramada en la tarima. Respiró hondo colocándose los lentes de nuevo, mejor que no la reconociera mientras encontraba a Mimi.

Hola, Val… - dijo una voz a su oído. La chica se dio la vuelta y le sonrió.

Hola Dayu – dijo Valery.

¿Tan temprano regresas del retiro?

Dios, lo único que quiero es que acabe… si vuelven a obligarme a sentarme alrededor de una fogata y "dejar a hablar a mi niño interno" estoy segura de que yo y mi niño interno mataremos alguien… - dijo Valery, negando con la cabeza. Dayu rió.

¿tan malo ha sido? – preguntó el chico.

¿bromeas? En ves de Retiro espiritual deberían llamarlo retiro cerebral… - Valery negó con la cabeza mientras Dayu reía – en fin ¿Dónde esta Mimi?

Acabas de perder el encontrarte con ella, hace milésimas de segundo acaba de salir… y allí va Yamato tras ella – dijo Dayu con su vista en la puerta.

Yamato corría hacia la puerta del auditorio y se perdía después de cerrarla tras él.

Uhm… él es muy insistente ¿no?

Gracias a dios…

Pues sí. En fin, vamos tras ellos.

Bien – dijo Dayu tomando la ropa que le había lanzado Yamato y lanzándosela a Kari - ¿Por qué tan misteriosa? Casi no te reconozco con los lentes, la gorra y lo demás.

Bueno… tal vez esto te sorprenda, pero escaparse de allí no es fácil y Mike no quería ayudar, dice que ya he faltado lo suficiente a mis obligaciones, en fin, al final ayudo – dijo Valery.

Salieron del auditorio y comenzaron a caminar por los pasillos.

Pues estas aquí y eso es lo que importa – dijo Dayu – oye, pero Mimi me dijo que llegaría en la tarde.

Ya te dije, no aguantaba más y ya había terminado mis tareas, no me quedaría a los cantos de medio día – dijo Valery girando los ojos. Dayu la observó con curiosidad.

¿Qué cantan?

No te diré eso…

Vamos ¡hazme feliz! Cántame algo.

Me escape de allá para no tener que cantarlos – dijo Valery.

Oh, vamos dime un pedacito…

No…

¡Valery!

¡no!

Entonces tendrás que darme algo a cambio.

Lo que sea menos el canto – dijo Valery girando los ojos.

Bien entonces quiero que me des…

¿Me amas? – se escuchó la voz de Yamato no muy lejos de allí.

Valery y Dayu intercambiaron una mirada mientras se detenían.

¿Me amas? – repitió Yamato.

¿Crees que le responda? – preguntó Dayu a Valery.

Sé que responderá si lo hace… el rollo es que lo haga – dijo Valery – conociendo lo terca que es quizás no lo haga…

Yama no la dejara ir sin una respuesta – dijo Dayu

Toca ver quien es más terco… - dijo Valery. No escucharon lo siguiente que dijeron, lo próximo que oyeron fue:

No te amo ¿o es que no me crees? – decía la voz segura de Mimi.

¿Que ella qué? – soltó Dayu

¡SH! Silencio, nos oirán – dijo Valery empujándolo contra la pared y tapándole la boca – está mintiendo, lo sé.

¡Mmm mmm mmm m! – soltó Dayu en una lengua desconocida para la raza humana.

¿Qué? – soltó Valery intentando no reírse.

¡Más te vale! – dijo Dayu apartando su mano, pero aun quedando muy juntos.

Ah… créeme – dijo Valery.

No – se escuchó decir a Yamato – porque aunque te pares ahora mismo y me grites a los cuatro vientos que no me amas, que me odias y que sólo quieres que me aleje… aunque tus palabras me pidan lejanía tu mirada me pide amor, y me profesa amor.

¡DIOS QUE LINDO! – soltó Valery suspirando - ¡excelente respuesta, Ishida!

¿ese es Yamato? Comenzare a preocuparme seriamente por raptos alienígenas… quizás yo sea el siguiente – dijo Dayu, Valery rió.

Pues si te devuelven así que te lleven – dijo ella.

Jajaja, que graciosita.

¡sshhh! Vamos a oír.

¿Me amas? – repitió Yamato, Valery y Dayu estaban inmóviles.

Sí… - finalmente Mimi, sollozando con más fuerza.

Yo también te amo – dijo Yamato.

¡SÍ ¡eso es, terquedad aparte! – dijo Dayu, él y Valery estaban tan contentos que podrían haberse puesto a bailar.

¡ya era hora!

¿crees que la convenza?

No lo sé… ojala que sí…

Oye… ¿te habían dicho que te ves linda con lentes? – preguntó Dayu de repente.

Valery volvió su vista hacia él y lo observó con incredulidad aunque con las mejillas sonrosadas.

¿Bromeas, verdad? Me veo horrible…

Bueno tal vez no sean los lentes… tal vez sólo sea que eres muy hermosa… - dijo Dayu, sintiendo calor en las mejillas.

¿ah?¿Dayu estás enfermo? – dijo Valery colocando su mano sobre la frente del chico – es eso, o ciego… hermosa yo, claro…

Claro que eres hermosa…dios soy peor que Yamato – dijo Dayu

¿de que hablas? – le preguntó Valery confundida.

Es sólo que…

¿sí?…

Yo…

Dayu se fue acercando listo para besarla y ella no hizo ademán de retroceder, Dayu la tomó de la barbilla y la acercó a él, sus labios apenas se habían rozado cuando… se escuchó un portazo y ambos se volvieron, a unos tres metros de ellos estaba parada Sora con unos trajes en los brazos. Abrió la boca, seguramente para quejarse de algo, cuando escuchó la voz de Yamato, los tres se quedaron paralizados sin ser capaces de romper el silencio.

Bien, lo prometo – escucharon decir a Yamato, lo que atrajo su atención de vuelta a la escena de sus amigos.

No sé exactamente cuando me enamore de ti, pudo ser la primera vez que te vi, pudo ser la primera vez que te hable, la primera vez que te oí tocar la armónica… - el discurso de Mimi continuo andando.

Valery se había separado de Dayu segundos más tarde, con las manos en el rostro y con aire preocupado, incrédula de que su amiga estuviera diciendo esas palabras. Dayu tenía la vista clavada al suelo sin poder moverse. Sora mantenía un rostro inexpresivo y una mirada vacía.

Yamato, olvídate de la Mimi que te ama y comienza a buscar por alguien que te haga feliz del modo en que yo nunca podré hacerlo – escucharon decir a Mimi.

No, Meems, no… - continuaba repitiendo en susurros Valery, apretando los puños con mucha fuerza.

Yama no la dejes ir… - decía Dayu.

No quiero a nadie más! – se escuchó decir a Yamato - yo solo te quiero a ti, yo solo te amo a ti, no puedo amar a nadie mas.

Sora ahogo un sollozo, apretando los puños y dejando caer la ropa en el suelo. Valery y Dayu la miraron, mas ninguno se acerco.

A ella… - susurró Sora en un murmullo apagado. Se dejó caer de rodillas en el suelo junto a la ropa.

Prometiste no hablar – se escuchó reclamar a Mimi.

¡no me callare mientras te veo salir de mi vida! – dijo un muy exasperado Yamato.

Así es, no te calles… no la dejes… no lo hagas… - repetía Valery.

Ella no va a irse… realmente no va a irse… ¿o si? – preguntó Dayu.

Valery apretó aun más los puños y le dio la espalda mientras sus ojos se hacían agua.

Se irá…- dijo Valery.

No… ella no puede hacer eso – dijo Dayu

Valery no fue capaz de contestar, un enorme nudo se había formado en su garganta.

¡TE AMO YAMATO ISHIDA! – se escuchó de repente – pero esta será la ultima vez que me oigas decirlo, aunque silenciosamente lo sienta toda la vida.

¡NO! – soltaron Dayu y Valery.

Sora se levantó del suelo y salio corriendo, los dos la observaron y luego se miraron entre ellos.

¿crees que se sienta culpable? – preguntó Valery.

Debería… - dijo más por un impulso involuntario Dayu

Pues sí…

¿deberíamos ir por ella? – preguntó Dayu

¿bromeas? Con mi mejor amiga al borde de una crisis de nervios no me voy a ir a perseguir a la imbécil esa… - dijo Valery.

Bien… llama a Tai – dijo Dayu

Valery le tiró su celular.

Hazlo tú, yo voy por mi amiga.

Pero Val…

Fue demasiado tarde la chica ya se había perdido por el corredor.

Dios que impulsivas son las mujeres… - murmuró Dayu mientras iba a llamar a Taichi.

¿si? – respondió alguien al otro lado.

Sora acaba de perderse por el corredor del auditorio con sendo ataque, oyó discutir a Yama y Meems – dijo Dayu

Yo hablo con ella – dijo Tai colgando el teléfono.

Un problema menos… falta el grande…

Mimi corría con todas sus fuerzas deseando alejarse de allí lo más rápido posible, ya había dicho todo lo que su garganta le permitía decir, y no quería escuchar la respuesta del rubio, no quería enfrentarlo… no creía poder hacerlo, no sentía que podía hacerlo… en verdad no podía… lo amaba demasiado para volver a pedirle que respetara su decisión. Lo amaba demasiado para ver en sus ojos las suplicas para que se quedara, lo amaba demasiado para ver como su corazón se rompía de nuevo y como sus ojos perdían el brillo… eso por no mencionar que el de ella estaba hecho añicos…

No podía, no podía hacerlo de nuevo… ¿Qué no daría ella por no sentir aquello?¿Qué no daría por ser capaz de borrar aquello que tan feliz pudo hacerla en otras circunstancias?¿Qué no daría porque Sora no estuviera en medio?¿Qué no daría por ser ellos los únicos en el tiempo y espacio?¿Qué no daría por tenerlo con ella? Pero eso no podía ser… tenía que olvidarlo, aunque eso sonara imposible de hacerse…

Mimi… ¡detente! – gritó Yamato.

Déjame en paz, Ishida… - dijo Mimi sin detenerse y bajando las escaleras del edificio.

¡No voy a dejarte en paz! ¿sabes por qué?

Porque eres un terco, obstinado – dijo Mimi sin detenerse.

¡no! Porque te amo más que a nada y prefiero morirme a dejar que te vayas – dijo Yamato.

Yama no seas dramático…

¡no es dramatismo!

¿a no? ¿entonces qué es?

Yamato la tomo del brazo y la miró a los ojos con total seriedad.

Amor…

Yamato…

No puedes hacerme esto, sencillamente no puedes. No puedes enamorarme como un imbécil y después irte así como así… ¡NO ME IMPORTAN LOS DEMAS! Sé que es egoísta, pero eso tampoco me importa ¡NO ME IMPORTA NADA! Nada más que una sola cosa ¿y sabes que cosa es? ¡TÚ! – dijo Yamato con frustración.

Detente… - dijo Mimi intentando alejarse.

¡no! Escúchame y escúchame bien – dijo Yamato tomándola por ambos brazos y obligándola a mirarle - ¡TE AMO! Y así te vayas al otro lado del mundo y te cambies el nombre y nunca me vuelvas a hablar te amare lo mismo, no ganas nada con irte mas que destruirme a mi y destruirte a ti en el proceso.

Sólo déjame ir…

¡no! Todo menos dejarte ir…

Yama, Sora…

¡al diablo con Sora! no voy a dejarte ir así pierda todo lo demás que tengo! Lo único que me importa eres tú, si tengo que elegir no hay comparación ¡eres tú, tú y sólo tú!

¡cállate!

¡no! Tú ya hablaste y no acepto tus palabras, así que ahora te toca escucharme a mí – dijo Yamato.

No quiero… suéltame… no quiero oírte – dijo Mimi comenzando a llorar de nuevo.

No… haré hasta lo imposible por tenerte conmigo, tú no puedes irte, sencillamente no puedes – dijo Yamato.

Encontraras a alguien más…

¡ese es el punto!¡yo no quiero a alguien más!

Eso dices ahora porque estas cegado por éste amor prohibido… - murmuró Mimi.

Eso digo ahora porque es la única y absoluta verdad que tengo, Tachikawa – dijo Yamato.

Eso no es verdad…

¡deja de ser tan terca! Mimi, para mi olvidarte es algo que esta más lejos que nada… lo que siento no puedo borrarlo… cuando es amor real, amor de verdad… se sabe… y yo lo sé – dijo Yamato.

Yamato esto no puede ser…

¿Por qué?¿por Sora? Se le pasara en unos días…

No, yo sé que no… no sé le pasara.

¿y si se le pasa?¿Por qué no esperas y ves como reacciona?

Y vi como reacciono… ¿o no recuerdas lo que pasó en el Paintball? No puedo con otro encontronazo así – dijo Mimi.

No dejaré que se te acerque… ¡lo juro! Yo la detendré – dijo Yamato.

Yama ese no es el punto…

¿Qué quieres que haga?¡sólo dímelo! – se acercó más a ella – no te vayas…

Yama no hagas esto…

No lo hagas tú…

Mimi dio un pasó atrás alejándose de él.

Es mejor que mantengamos la distancia.

Yamato la miró a los ojos fijamente sin hablar.

No me mires de ese modo… Matt no es lo que yo quiero…

Pero igual lo haces – dijo Yamato.

Siento mucho esto… volverás a enamorarte.

No, no lo haré pero eso a ti no te importa – dijo Yamato.

Claro que me importa… - dijo Mimi.

Yamato giró los ojos sin responder.

Vas a olvidarme – le aseguró Mimi.

No… mi memoria no es un disco que puedes borrar… y mi corazón tampoco – dijo Matt.

El tiempo todo lo cura – dijo Mimi.

El amor no tiene cura – dijo Matt.

Prometo mantenerme lo más lejos posible para que se te haga mas fácil olvidarme – dijo Mimi.

Sabes, eso no se aplica conmigo – dijo Yamato – no dejaré de pensar en ti porque no estés, todo lo contrario. Dicen que el amor se incrementa cuando se extraña… y tú no te has ido y ya te extraño…

Mimi bajó la mirada esquivando los ojos zafiro de Yamato. Se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras.

A pesar de todo… no me arrepiento de amarte – dijo Yamato.

Mimi detuvo su descenso y apretó los puños con toda la fuerza que poseía en aquel momento, reprimiendo a más no poder el impulso de voltear, correr hasta él, besarlo y no soltarlo nunca más…

Yo tampoco me arrepiento… - le dijo Mimi.

No te vayas – le pidió Yamato.

No, no me pidas eso…

No te vayas…

Yama no… detente – dijo Mimi mientras sentía como su corazón volvía a romperse en pedazos.

¡no te vayas! – dijo Yamato con mas fuerza.
Yama eso es lo único que no puedes pedirme… - dijo Mimi.
Eso es lo único que quiero… - dijo Yamato.
Yama no…
Quédate conmigo, por favor…
No hagas esto, ya no puedo más…
Bien, tal vez así te convenza de quedarte.
No puedo quedarme.
Sí puedes… sólo tienes que pensar en ti por una vez en tu vida – dijo Yamato.
No puedo…
Entonces piensa en mí… piensa en cuanto me destruirá que te vayas y me dejes aquí, sin ti – dijo Yamato.
Tu estarás bien – dijo Mimi, tratando de convencerse a si misma.
No, no lo estaré. Tengo menos probabilidades de salir adelante que Sora – dijo Matt.
Eso no es verdad…
Sí lo es… si quieres tomar esta decisión basada en una razón altruista, entonces sálvame de la oscuridad en la que me sumiría si tú te vas de mi lado – dijo Yamato.

No trates de manipularme Yamato…

Si yo te lo pido es manipulación pero estas dispuesta a renunciar a todo por Sora… esto es sencillamente increíble – dijo Matt incrédulo.

Ella no tiene la culpa…

¿y yo sí?¿es mi culpa quererte de este modo?¿Es mi culpa adorarte hasta el borde del tormento y de la locura?¿es mi culpa que mi corazón solo lata por ti?¿Qué cada respirar es por ti y para ti?¿Qué cada pensamiento mío sea tuyo? No Mimi, esa no es mi culpa… nos amamos, y te guste o no, eso no es culpa de nadie – dijo Yamato.

Fuimos cobardes… fuimos cobardes en aceptar esto a tiempo – dijo Mimi.

¿y qué?¿tendré que pagar toda mi vida por hacer lo que un niño hace mejor? Vivir en negación – dijo Matt.

No podemos Matt… está mal – dijo Mimi.

Si amarte esta mal, entonces no quiero hacer lo correcto – dijo Matt – no voy a rendirme.

Déjalo Matt…

Es lo único en el universo que no dejaría porque tu me lo pidieras – dijo Matt.

No vale la pena…

¿el amor de mi vida no vale la pena?

No soy el amor de tu vida…

Sí, lo eres, yo lo sé – dijo Matt sonriéndole con dulzura.

Me lo estas haciendo mas difícil…

Que bueno, quizás así te convenza.

No me convencerás – dijo Mimi intentando sonar convincente.

Pues te llevaras una maleta muy pesada a América porque yo iré adentro – dijo Matt.

Yama…

No te vayas…

Mimi le sonrió y lo abrazó con mucha fuerza.

Tal vez algún día… pero no será ahora – dijo Mimi.

Yamato cerró los ojos con pesadez.

No voy a rendirme…

Lo sé… pero deberías.

No lo haré.

Te amo, Yamato – dijo Mimi.

Yo también te amo…

Mimi lo soltó y terminó de bajar las escaleras dejando a Yamato inmóvil en medio de las mismas.

Valery, que había oído parte de la conversación, pasó corriendo junto a Yamato y alcanzó a su amiga.

¿Cómo estas Yama? – le preguntó Dayu llegando tras él.

Como si la vida se me va en cada respiro… - dijo Yamato.

Una vez que esto se solucione, escribe un libro porque estas igualito a Will – dijo Dayu

¿Will?

Sí, Shakespeare, William Shakespeare – dijo Dayu. Yamato rió con las pocas fuerzas que le quedaban.

Vamos Dayu… acompáñame al ensayo de la banda, tengo que ensayar la canción – dijo Yamato.

Bueno, al menos la depresión no te da por rendirte – dijo Dayu. Comenzaron a descender la escalera.

No, sólo me da más fuerzas… - dijo Yamato.

Valery alcanzó a Mimi, y la abrazó la chica lloro amargamente en su hombro… aquello era tan difícil…

Jueves en la mañana, día de la presentación de la obra.

¿Cómo te sientes? – preguntó Valery a su amiga que se levantaba de la cama.

Igual… - murmuró Mimi.

Hoy es la obra…

Así es…

Meems… ¿estas segura de esto? – se atrevió a preguntar Valery, por décima vez.

No… pero igual lo haré.

Valery se mordió el labio inferior sin decir nada.

Mimi se levantó y recorrió su cuarto prácticamente vacío y lleno de cajas. Tres días… sólo tres días más para partir a América…

Mimi tomó un baño largo y tendido, se cambió y ella y Valery partieron con destino a la preparatoria. En el estacionamiento las intercepto Dayu, Mimi le sonrió y siguió caminando.

Tiene una mirada fría y melancólica… - dijo Dayu

Lo sé… ya no sé que hacer por ella – dijo Valery triste y bajando la mirada.

Tranquila… Yama la convencerá – dijo Dayu tomándola de la barbilla y subiendo su rostro.

Eso espero – dijo Valery cuando sus ojos se unieron.

Dayu le sonrió y la tomo por la cintura con una sonrisa picara, la apego a su cuerpo.

¿y como amaneció la estadounidense más bella del planeta? – le preguntó.

No sé, cuando llame a la Miss América te diré – dijo Valery en broma.

No, ella no me interesa… de hecho sólo me interesa una persona.

¿Quién?

Mi perfecta e increíble novia – dijo Dayu acercándose más a ella.

¿y esa quien es? – preguntó Valery con una sonrisa.

Tú – dijo Dayu uniendo sus labios con los de ella, Valery lo abrazó por el cuello.

Dios ya es suficiente…- dijo alguien a su izquierda – me tienen enfermo ustedes dos…

No seas envidioso Yama, que el verde no es tu color – dijo Dayu separándose de Valery, pero tomándole la mano.

Vamos Ishida, la próxima pareja será la tuya – dijo Valery.

¿Tú crees? – dijo Matt inseguro.

Después de escuchar esa canción…estoy segura – dijo Valery. Matt sonrió.

Eso espero…

Yama ya entra que vas a llegar tarde al ensayo – dijo Dayu

Hey si lo que quieres es que te deje solo… sólo tienes que decirlo – dijo Yamato con una sonrisa picara y entrando.

¿Dónde estábamos? – pregunto Dayu acercándose de nuevo.

Por entrar – dijo Valery riendo y halándolo hacia adentro.

Era un día ajetreado. A las dos horas el festival tuvo su comienzo, y mientras esté estaba andando los chicos se cambiaban y repasaban sus líneas una y otra vez. Finalmente la hora había llegado… era hora de empezar…