4. Respuestas.
"Maldito seas, Xellos".
Lina no cesó ni una vez en sus maldiciones, las cuales no se molestaban en subyugar la cólera que las alimentaba; pero con quien estaba realmente furiosa era consigo misma: había caído en la trampa como una niña se acerca a un caramelo. La preocupación por Gourry había borrado de su mente todo lo demás.
Xellos lo sabía: había tejido los hilos de su intriga con aterradora precisión.
─ Eres un siervo de Xellos. ¿Verdad? ─ inquirió Lina, guardando su inservible espada corta y disponiendo sus manos. Gourry, en cambio, desenvainó su espada: la Espada de Luz ya había caído en el olvido, pero el arma mágica Blast Sword, la espada explosiva, resultaba ser una excelente sustituta, e igual de mortífera.
─ Mi señor Xellos, general del Ama de las Bestias, ha conjurado mi presencia, en efecto ─ respondió el mazoku,con una sonrisa retorcida y cierto desdén que Lina no pasó por alto. Sin embargo, no tenía tiempo para preocuparse por tales naderías: los gigantes aguardaban sin actuar, lo que le aseguraba que el sacerdote realmente tenía poder sobre el Bosque.
Lina se obligó a emitir una risa sarcástica para ocultar su miedo.
─ Y, si no me equivoco, tu objetivo es…
─… aniquilarte.
El demonio soltó una carcajada, pero Lina no mudó el gesto: ya había acabado con tres de esos gigantes anteriormente, y con un hechizo que, si bien no alcanzaba la categoría de exterminador, era sumamente poderoso.
El problema era el demonio.
No era la primera vez que la hechicera se enfrentaba a uno de su categoría, pero no había resultado precisamente fácil: recordó a Kanzeil, el mazoku de Saillune, con un estremecimiento. "Aunque ése era todavía más poderoso", recordó, empero, para conferirse valor.
─ ¿Qué es todo esto, Lina? ─ preguntó Gourry, sin dejar de observar a los gigantes que los rodeaban ─. ¿Qué hacemos?
─ ¡"Todo esto" es algo que no habría sucedido si no le hubieras hecho caso a Xellos! ─ susurró Lina, furibunda ─. Y respecto a lo que vamos a hacer… ¿A ti qué te parece?. Nos tienen rodeados.
Dejando de hablar, la hechicera hilvanó en su mente las palabras de un conjuro, consciente de que en unos pocos instantes tendría que usarlo.
No se equivocaba.
El mazoku alzó la mano en un breve gesto, y, de inmediato, las bestias se pusieron en marcha. Con un movimiento veloz y espectacular, Gourry dio media vuelta y, en el momento en el que el titán más cercano bajaba su maza para aplastar a su presa, se encaramó de un salto sobre el arma, corrió, deslizándose sobre ella, y lanzó una estocada que atravesó el rostro de la mole de un lado a otro. Los demás gigantes detuvieron su andadura, sorprendidos ante la rápida reacción del guerrero. Lina aprovechó la confusión. Juntando las palmas de sus manos, murmuró con rapidez las palabras del caos necesarias y exclamó:
─ ¡Flare Arrow!
El poder se canalizó en forma de un cúmulo de flechas de fuego, filtrándose a través del cuero blando que cubría las manos de la hechicera y fusionándose al estrellarse contra los objetivos, erigiendo así una feroz vorágine de fuego; aumentó su potencia hasta que la llamarada se retorció, envolviéndolos a todos con un manto ígneo. Al menos cuatro gigantes, los menos avispados, se vieron transformados de improviso en rugientes antorchas vivientes, mientras que otro pequeño grupo tuvo la suerte de escapar a su atroz destino; con la malhadada desdicha de que, en su apresuramiento, sus componentes perdieron el equilibrio y cayeron al suelo.
Lina miró a Gourry, y éste le devolvió el gesto. Sin que necesitaran comunicarse con palabras, el espadachín comprendió la muda petición; de inmediato, se apresuró a correr hacia los caídos y poner fin a su vida antes de que lograran incorporarse.
Aun sumida en la concentración del siguiente sortilegio, Lina escuchó la malévola risa del mazoku.
─ Xellos no se equivocaba… ¡Sois realmente diestros! ─ Exclamó. Alzó una mano, y de ella brotó una bola de energía oscura que incrementó paulatinamente su tamaño ─. Será mejor que intervenga, o todo será demasiado fácil…
Abriendo los ojos de par en par, Lina se dio cuenta de que el proyectil demoníaco iba destinado a Gourry. El guerrero se hallaba plenamente concentrado en el combate físico contra los gigantes, por lo que no se percató de ello; jadeaba con esfuerzo y su rostro resplandecía por el sudor.
─ ¡Gourry! ─ Gritó la hechicera, olvidándose del hechizo destructor que se disponía a ejecutar y corriendo hasta colocarse frente al espadachín. La maga negra invocó una barrera protectora justo cuando el demonio lanzaba su ataque. La esfera azabache se estrelló en la superficie incorpórea de la defensa, sin causar daño alguno.
Pero los segundos que tardó en defenderse le bastaron a los titanes para recuperarse y emprenderla a golpes.
Gourry, atónito ante lo que acababa de suceder, advirtió demasiado tarde que el puño de una de las bestias descendía, con asombrosa rapidez en un humanoide de semejante tamaño. Al darse cuenta, saltó hacia un lado y evitó que lo aplastara de milagro… pero no fue suficiente: el golpe le dio de lleno en el brazo diestro, partiéndoselo con un estremecedor crujido. Gourry gritó de dolor mientras soltaba la espada, derrumbándose sobre el suelo de rodillas.
─ ¡Gourry! ─ exclamó de nuevo la maga, mirando tras de sí visiblemente angustiada. El guerrero, con una palidez mortal, se sujetaba el brazo roto con fuerza, y parecía a punto de desmayarse. El gigante alzó su maza, dispuesto a rematarlo; otros tres titanes se apresuraban, prestos a irrumpir en escena para perpetrar su propia matanza. Lina se vio obligada a desactivar la barrera mágica y dio media vuelta, cerrando los ojos y obligándose a centrarse en su magia.
─ ¡Vu Vraimer! ─ gritó, depositando la energía de su mano sobre el terreno pedregoso. De inmediato, las rocas se alzaron en varios montículos que detuvieron el violento golpe del gigante, aislando a los dos combatientes de la bestia rugiente. Las rocas se moldearon hasta adquirir la forma de tres imponentes gólems, que aguardaron pacientemente a que su invocador diera una orden.
Eso hizo Lina. Alzando un dedo, chilló:
─ ¡Adelante, cargaos a esas malditas bestias!
Los gólems, recibido el mandato, desplegaron todo su potencial arrasador. El que protegía a Gourry cogió la maza del gigante que se disponía a matarlo, arrebatándosela con esfuerzo y haciéndola trizas. Luego, tomó entre sus brazos de roca el cuerpo de su rival, sosteniéndolo en un letal abrazo cuya fuerza iba destinada a estrujarlo hasta la muerte. El monstruo se defendía con uñas y dientes, literalmente.
Los demás gólems reaccionaron de igual manera, imitando a su semejante. Quedaban en pie seis gigantes, y era evidente que las invocaciones estaban en desventaja, pero les distraerían el tiempo suficiente.
Lina se acercó a Gourry y se arrodilló junto a él.
─ ¿Estás bien? ─ Preguntó la joven con voz grave. Gourry asintió a duras penas y se las ingenió para esbozar una sonrisa temblorosa y contraída de dolor.
─ Descuida, tus amigos se las están arreglando bien ─ bromeó el espadachín, señalando a los colosos con un breve gesto de la cabeza ─. Encárgate de ése ─ los ojos encolerizados de Gourry se clavaron en el mazoku, que observaba la escena con entusiasmo.
Lina lo imitó, y después se dirigió de nuevo a su compañero.
─ Vete de aquí mientras puedas ─ le advirtió ─. Ya sé que estás débil, pero debes hacerlo.
Gourry estrechó los ojos, sin comprender, pero seguidamente observó a la maga de hito en hito, olvidándose momentáneamente del dolor al advertir lo que se proponía hacer.
─ De acuerdo ─ dijo ─. Ten cuidado.
Con una última mirada a los gigantes, que se habían olvidado de ellos a la vista de unos adversarios de su tamaño, Gourry se incorporó, cogió la espada con la mano izquierda y se apresuró a alejarse, apretando los dientes en un esfuerzo sobrehumano por aguantar el sufrimiento que atenazaba su brazo.
Lina vio cómo se marchaba, y después, sabiendo que no podía perder más tiempo, corrió hasta el mazoku y se detuvo a unos metros de él. La criatura no se inmutó.
─ Ray Wing ─ murmuró la hechicera. Con desesperante lentitud, se alzó sobre el suelo y flotó hasta situarse a la altura de su adversario.
─ Se acabó ─ dijo ella, uniendo sus manos nuevamente ─. ¡Ya me has hartado!
─ Oh, estoy impaciente por ver tu siguiente movimiento ─ se burló el ser.
─ Y lo verás ─ Lina cerró los ojos y comenzó con la formulación de las destructivas palabras ─: Más negro que la oscuridad, más rojo que la sangre que fluye…
Sin temor, el mazoku abrió mucho los ojos, admirado y divertido.
─… enterrado en la corriente del tiempo. En vuestro sagrado nombre, me acojo a la oscuridad. Por el poder que vos y yo poseemos…
Escuchó la risa maquiavélica del espíritu maligno.
─ ¡Extraordinario! Pocas veces una humana demuestra tanto poder ─ comentó.
Lina le ignoró, sumida completamente en la realización de su sortilegio.
─… que todos los estúpidos que se interponen en nuestro camino sean destruidos para siempre ─ finalizó. La rugiente bola rojinegra, semejante a un palpitante coágulo de sangre, temblaba entre sus manos ansiosa por destruir. Lina abrió los ojos y voceó ─: ¡¡Drag Slave!!
La explosión sumió el ancho perímetro del lugar en el que se encontraba en un estallido de luz, llamas y muerte. El efecto se prolongó durante diez largos segundos. Lina, protegida por la barrera natural que proporcionaba el sortilegio, se vio obligada a taparse los ojos para aislarlos del impacto luminoso, mientras sus ropajes y su ondulado cabello se mecían con indomable violencia.
Hasta que todo cesó.
Del arroyo, los árboles malditos y la naturaleza cercana sólo quedaba una masa cenicienta e informe. No había ni rastro de los gigantes, ni tampoco de los gólems: los titanes habían sido masacrados por completo.
Al igual que el mazoku.
¿O tal vez no?
No había ni rastro del enemigo más peligroso. Lo lógico sería pensar que, al igual que todo lo demás, se había desintegrado.
Qué equivocada estaba…
─ Debo felicitarte, Lina Inverse: jamás me había divertido tanto luchar contra un mortal ─ se alzó en el aire una voz demoníaca ─. Pero ya me he entretenido bastante… puede que nos volvamos a ver en el futuro.
Otra risa maléfica sacudió el espacio ─ ¿por qué todos los villanos sentían la imperiosa necesidad de reírse? ─, pero nadie apareció. Poco a poco, el sonido fue difuminándose hasta desvanecerse por completo.
Chasqueando los dedos con fastidio, Lina levitó sobre el Bosque; de algún modo, sabía que tampoco ahora intentaría aniquilarla. Durante su vuelo, distinguió por fin una cabellera rubia enmarañada. La hechicera descendió hasta posarse junto a Gourry, cuya cara estaba ya igual de blanquecina que la superficie de una calavera; el guerrero se mantenía al refugio de un nogal, jadeando con gestos lánguidos y sin dejar de mirarse el brazo, torcido en una posición antinatural.
La maga negra pudo ver un brillo de alivio en sus ojos cuando ésta se aproximó a él, rauda.
─ ¿Qué ha pasado con el mazoku?. ¿Y los gigantes…? ─ inquirió, con la voz entrecortada. Lina se arrodilló junto a él, observando su brazo con gesto crítico.
─ Los gigantes están muertos. En cuanto a ese engendro… ─ la hechicera colocó sus dedos sobre el robusto brazo del guerrero, poniendo sumo cuidado en no hacerle daño, y recurrió a sus escasos conocimientos de magia blanca ─ se ha marchado.
─ ¿Qué…? ─ el espadachín se detuvo y soltó un gemido de dolor cuando las manos de la joven se posaron sobre su brazo, pero luego suspiró al advertir cómo el alivio de los poderes curativos acudía a sus huesos. Con gesto grave, se apresuró a continuar ─¿Por qué se ha ido?. ¿Has dejado de interesarle de repente?
Lina torció la boca, irónica. Abandonó el hechizo de restablecimiento, se incorporó y miró a su alrededor. Luego, cogió un tocón de madera que descansaba al pie del árbol, arrancó unas cuantas enredaderas ─ por suerte, el Bosque de Yanavar estaba plagado de ellas, así que tal vez no notara la diferencia ─ y se apresuró a enlazar la tablilla en torno a la extremidad de Gourry.
─ ¿Es que no te has dado cuenta? ─ preguntó la hechicera, severa ─. Todo esto no era más que una maniobra de distracción: Xellos no quería que le molestáramos con nuestra presencia.
─ ¿Por qué, qué es lo que quiere? ─ inquirió Gourry. El dolor había disminuido considerablemente, y sus mejillas habían recuperado en parte el color.
Lina se encogió de hombros ante la pregunta, cuya respuesta ella misma desconocía en parte.
─ Quería estar a solas con Kerkaat y Laidanne, eso seguro, pero no sé por qué ─ aventuró ─. Por eso tenemos que darnos prisa… ¿Qué tal?. ¿Mejor?. Mi magia blanca no es suficiente para curarte por completo, pero confío en que tu estado haya mejorado en algo.
Con una sonrisa de agradecimiento, Gourry se incorporó lentamente y abrió y cerró repetidas veces los dedos de su mano derecha, con firmeza. Recogió la espada con la otra mano.
─ Estoy bien, no te preocupes. Además… ─ el espadachín giró con destreza el arma, dibujando círculos y asestando varias estocadas al aire ─ sólo necesito un brazo.
· · ·
Cuando Laidanne recuperó el conocimiento, le pareció estar flotando en una nada onírica: su cerebro volaba a kilómetros de distancia, y sus ojos estaban empañados por una oscuridad agradable, protectora… Decidió que no quería abandonar ese dulce letargo: sabía que, si lo hacía, la agonía caería sobre ella.
─ Veo que estáis despierta.
La voz le llegó lejana, resonando en las sempiternas paredes en sombras. La conocía de algo, estaba segura, pero no le interesaba descubrir a quién pertenecía. Se escuchó a sí misma proferir un gemido de fastidio; tan sólo deseaba que el desconocido, o conocido, la dejase en paz.
El tacto de una mano, la suave tela del guante que la envolvía, se apoyó sobre su frente. El roce fue real, demasiado real; se dio cuenta de que estaba abandonando con deliberada rapidez la bendita somnolencia; una magia, oscura y poderosa, la arrastraba a la cruel realidad de su existencia.
Laidanne abrió los ojos.
De pronto, todo le resultó dolorosamente cierto: el cansancio que asolaba sus doloridos músculos, el palpitante dolor de cabeza, la humedad persistente de su hogar en los Bosques de Yanavar… y la silueta, esa silueta oscura que se inclinaba sobre ella, adornando sus propias tinieblas con dos puntos de brillante color violáceo.
Los recuerdos agolparon el cerebro de la elfa con cruel intensidad. Instintivamente, sus manos apartaron la mano endemoniada de su frente, se incorporó y reculó unos pasos con esfuerzo, sin apartar sus ojos desorbitados del mazoku. Como una estatua de hielo, la criatura permanecía inalterable; sólo su mirada la seguía a medida que ella se alejaba, penetrando, como una espada afilada de incrustaciones amatistas, en sus aterrados ojos verdes.
─ Lamento haberos asustado ─ se disculpó Xellos. Ahora que la luz comenzaba a regresar al cerebro de la joven, Laidanne pudo distinguir del todo al demonio, y su sonrisa falsamente amable ─, pero me temo que no podía permitirme que descansarais por más tiempo.
─ ¿Dónde está Kerkaat? ─ La muchacha se sorprendió a sí misma formulando la duda que invadía su corazón. Hubiera buscado al asesino ella misma, pero no podía apartar sus ojos de los del mazoku.
Acentuando su sonrisa con fascinadora ambigüedad, Xellos se incorporó, empleando su báculo como apoyo, y comenzó a elevarse en el suelo. Laidanne cerró los ojos, dispuesta a defenderse si era preciso… aunque era remotamente consciente de que su embotada mente no le permitiría realizar ningún hechizo.
Xellos adelantó un brazo, y de sus manos comenzó a surgir un halo de energía oscura que se fue amplificando con celeridad. Durante un horrible instante, la elfa estuvo segura de que el sacerdote iba a atacarla, pero entonces el poder oscuro se comprimió hasta adoptar una forma humana.
La forma de Kerkaat.
El humano permanecía dormido; o desmayado; o muerto. Laidanne no alcanzaba a distinguirlo. Sólo era consciente de su presencia, que flotaba junto a Xellos con la piel membranosa de los párpados cubriendo sus ojos negros, y los brazos y la cabeza colgando exánimes, laxos, en el aire.
─ Kerkaat… Kerkaat… ─ más que pronunciar su nombre, los labios de Laidanne se movieron formando las palabras. Comenzó a temblar violentamente ─. ¿Le has…?
─ ¿… matado?. No ─ se adelantó Xellos, sus pupilas ocultas y su sonrisa tranquila fijos en la elfa ─. Pero lamento deciros que no tardaré en hacerlo.
Laidanne deseó más que nunca desmayarse, para volver a abrir los ojos y descubrir que todo era una atroz pesadilla. Pero sabía que tal cosa no sucedería.
─ Veréis… da la casualidad de que le necesito para mis planes ─ continuó Xellos, ajeno al sufrimiento de la muchacha ─, pero me temo que no me sirve de nada con vida.
Con entrecortados sollozos, aturdida, Laidanne negó fervientemente con la cabeza. No había nada que deseara más que abalanzarse sobre esa criatura abismal, arrebatarle la vida y liberar a Kerkaat, pero el terror que Xellos le producía la mantenía paralizada e impotente.
─ Vaya. ¿No tenéis nada que decir? ─ Xellos entreabrió los ojos y situó la bola rojiza de su báculo sobre la cabeza del asesino ─. Bueno, entonces será más sencillo de lo que creía…
El bastón se iluminó, y los ojos de Kerkaat se abrieron. Pero no estaba consciente: se trataba de una reacción involuntaria causada por el dolor; su cuerpo se sacudió espasmódicamente, sus labios se desencajaron en un ahogado grito de agonía. Laidanne consiguió incorporarse, utilizando su consternación como fuerza motora.
─ ¡¡Basta!! ─ chilló.
Xellos se detuvo, torciendo el gesto en una mueca de cruel satisfacción.
─ ¿Ocurre algo?
─ No… no vas a matarle ─ consiguió articular la elfa. Sentía cómo, gradualmente, su terror se transformaba en odio, un odio como jamás había experimentado ─. Yo te lo impediré…
Xellos se sacudió con una suave carcajada, mirando a Laidanne con aire divertido.
─ ¿Podéis detenerme?. ¡Caramba, no pensé que fuerais tan poderosa! ─ Exclamó el mazoku, rascándose la cabeza con una voz cantarina. Era la viva imagen de la candidez ─. Está bien, os dejaré intentarlo.
Perpleja, confusa y dominada por el pánico, el temblor de Laidanne se acentuó. Miró a su alrededor, buscando algún atisbo, por muy leve que fuera, de esperanza. Transcurrieron varios segundos antes de que se decidiera a hacer algo, y Xellos suspiró con ciertos visos de resignación.
─ Si no vais a hacer nada, por favor, os rogaría que me dejarais hacer mi trabajo ─ dijo Xellos, exasperado. Su bastón volvió a brillar y Kerkaat gritó de nuevo… esta vez, fue un alarido ensordecedor. Laidanne retrocedió y tropezó hasta caer, sollozando, con las lágrimas resbalando por sus mejillas. Apretó los puños; la cólera que anidaba en su interior continuaba creciendo, golpeando las paredes de su alma, deseosa de salir. Laidanne jamás había albergado una furia semejante: era como un monstruo que ansiaba ser liberado, que anhelaba destruir, masacrar…
─ No… ─ La druida hacía increíbles esfuerzos por dominar tales emociones. Su voz sonó cortante como el filo de un cuchillo. Sacudió la cabeza y, cerrando con fuerza los ojos e intentando evitar escuchar los gritos agónicos del hombre al que amaba, se concentró en la magia más poderosa que era capaz de canalizar.
─ Apelo a la fuente de los Espíritus que viajan por los siglos de los siglos ─ murmuró… o más bien, lo intentó: sus palabras se tradujeron en un terrible grito de sufrimiento ─, apelo a la Eterna Llama Azul, apelo al poder que duerme en mi alma: acude desde el Infinito y haz justicia…
Sus últimas palabras resonaron en la cueva con un alarido sobrenatural, escalofriante, que hubiera paralizado de terror a cualquier mortal. Pero Xellos no se inmutó; observó el ataque de la elfa con los malévolos ojos lavanda fijos en ella, sin cesar en la tortura del humano.
─ ¡¡Ra Tilt!! ─ rugió la muchacha.
La energía envolvió al demonio con un halo de cegadora luz beatífica. El terreno quedó sumido en las profundidades del poder espiritual, purificando todo aquello que tocaba. El efecto se prolongó en lo que a Laidanne le parecieron minutos, pero la elfa, con el gesto solemne de a quien ya no le quedan lágrimas, no se movió, permitiendo que sus ropas danzaran con fiereza ante el poderío desatado y su largo cabello rojizo le azotara el rostro con la eficacia de un látigo.
Pero los gritos de Kerkaat no cesaron.
─ ¡Bueno, no ha estado mal! ─ exclamó la voz alegre de Xellos; unos aplausos resonaron en el lugar ─. No hay duda de que domináis el terreno espiritual con maestría.
La luz se disolvió. El demonio continuaba plantado en el mismo sitio, con Kerkaat a su lado. El asesino seguía retorciéndose, crispándose por el sufrimiento.
El terror y el miedo regresaron a Laidanne con mayor intensidad. Había empleado su magia más poderosa, y ni eso había servido. Estaba sola. El mazoku era demasiado poderoso para ella. Estaba sola. A aquellas alturas, Lina y Gourry ya estarían muertos, asesinados por la cruel emboscada del Bosque que ahora era aliado del sacerdote.
"Estoy sola… estoy sola…"
Xellos situó el báculo sobre Kerkaat. Los desgarradores alaridos del humano aumentaron hasta tal punto que la muchacha tuvo que taparse los oídos con gesto febril. Los ojos del asesino lloraron sangre, al igual que las comisuras de sus labios. Unos cortes sanguinolentos comenzaron a aparecer por todo su cuerpo.
─ Basta… ─ musitó Laidanne, los ojos enloquecidos desorbitados por la angustia. Se derrumbó en el suelo, con la mirada perdida y sin dejar de apretar los oídos ─. Basta, basta…
─ Acabaré enseguida, os lo prometo ─ escuchó decir a Xellos, con esa voz sorprendentemente educada. El mazoku suspiró ─. ¿Sabéis?. En el fondo es una lástima… me parece que maese Kerkaat seguía enamorado de vos. Tal vez las cosas habrían resultado diferentes, si no le necesitara…
Aquello era más de lo que Laidanne podía soportar.
─ ¡¡BASTA!!
La elfa gritó, prolongó su exigencia hasta que se le irritaron las cuerdas vocales. Fuera de sí, la muchacha se incorporó, dejando fluir toda la magia que albergaba su interior.
Y entonces, la cólera monstruosa que anidaba en las intrínsecas profundidades de su alma se liberó por fin.
La oscuridad la envolvió. El suelo descendió a sus pies, o quizás era ella la que se elevaba.
"Yo te ayudaré"
La voz sobrenatural resonó en sus oídos, surgía de ella. De repente, dejó de prestar atención a todo lo que sucedía a su alrededor: su espíritu flotaba en un mar de caos, entrando en contacto con aquella presencia a la que no conocía, pero que, al mismo tiempo, presentía que había estado acompañándola desde los albores de su existencia.
"Yo te ayudaré", repitió la voz.
"¿Quién eres?", las palabras de Laidanne resonaron en los atemporales muros de su propia mente.
"Alguien que te ayudará a destruir todo aquello que odias".
La sorpresa sacudió a Laidanne, y la esperanza recorrió su cuerpo como la sangre fluye por las venas.
"¿Eres mi poder?", inquirió la elfa.
"Soy tu poder", respondió la voz.
Sonriendo, casi riendo de felicidad, Laidanne cerró los ojos y susurró:
"Libérate, pues".
· · ·
Xellos observó, con una sonrisa de triunfo, cómo la energía negra surgía del cuerpo de la druida, cómo entraba en contacto con el ente que descansaba en su interior, y cómo, tras varios segundos, la potencia demoníaca se liberaba. Con un grito de furia, Laidanne abrió los ojos, unos ojos rojos como el fuego consumidor.
─ Por fin ─ musitó el mazoku, cesando en la tortura de Kerkaat.
Esperó pacientemente a que la maligna fuerza aumentara su potencial.
· · ·
Cuando Lina observó la explosión de llamas negras devastar lo que quedaba de la cueva, se vio obligada a detenerse, con un grito ahogado. Permaneció flotando en el aire, sorprendida y asolada por un temor reverencial.
─ ¡Lina! ─ Gourry se sacudió a su espalda ─. ¡No te detengas a tanta altura!
─ ¡De acuerdo, de acuerdo! ─ Le cortó la hechicera, irritada y plantando un codazo en el rostro del espadachín. La maga reanudó su viaje por los aires, mordiéndose los labios al tiempo que el corazón le latía con violencia.
"Esa energía… sólo la he sentido en dos ocasiones", pensó, temerosa. "¿Será…?"
Hechicera y guerrero arribaron por fin a la caverna. Situándose en el suelo, Gourry aferró fuertemente su espada, y Lina abrió y cerró los dedos repetidas veces, percibiendo la calidez de la magia que se concentraba en ellos. La pareja intercambió una recíproca mirada y asintió. Decididos, penetraron en el mar rúbeo y azabache con suma dificultad.
Lo que vieron cuando alcanzaron el interior les arrebató el aliento.
El poder oscuro asolaba el refugio, derritiendo las enredaderas y destruyendo con letal capacidad. Y en el centro de la violenta corriente, en el núcleo de la temible tormenta…
─ Laidanne… ─ musitó Gourry, mirando a la elfa de hito en hito.
─ ¡Lina, Gourry, me alegra que estéis aquí! ─ saludó una voz risueña. La hechicera se giró con rapidez y vio a Xellos, sentado sobre los restos de un barril con los brazos cruzados y agitando tranquilamente la mano en señal de saludo. A su lado, un magullado y atormentado Kerkaat permanecía desparramado sobre el suelo, inconsciente.
"¿O muerto?", se preguntó la hechicera, con cierta inquietud.
Decidió no darle más vueltas. Ahora, lo único que le interesaba era Xellos.
─ Condenado demonio… ─ fue el amigablesaludo de la maga negra ─. Nos has engañado.
Xellos situó un dedo sobre sus labios y, visiblemente desconcertado, apartó la vista para meditar.
─ Engañado… ─ musitó para sí. Luego, con una amplia e inocente sonrisa, volvió a mirar a Lina ─. Me parece que no.
─ ¡No me vengas con esas! ─ gritó Lina, situando sus manos en posición. Xellos entreabrió los ojos con irritante calma.
─ Vamos, vamos ─ la disuadió el mazoku ─. ¿Vas a luchar contra mí?
Lina titubeó. Jamás se había enfrentado en serio a Xellos, y por todos los dioses que sería capaz de hacerlo. Pero en tales circunstancias, estaba segura de que el escurridizo demonio tenía ventaja.
Bajó las manos en contra de sus deseos de asesinar al sacerdote y clavó su mirada ceñuda en Laidanne. Alzó las cejas con visible preocupación: la onda expansiva de la magia tenebrosa, que crecía sin detención, azotaba su pelo, su atavío y todo a su alrededor. En pocos segundos, la totalidad del lugar quedaría calcinado y destruido.
─ Xellos… no me puedo creer que hayas sido capaz de hacer esto ─ escuchó decir a Gourry. Lina suspiró con frustración, preguntándose cómo era posible que al espadachín le sorprendiera la actitud de un alto mazoku como él ─. Devuélvenos a Kerkaat.
Lina parpadeó y, de nuevo, fijó su vista en el asesino.
─ Está vivo, os lo aseguro ─ dijo Xellos con una sonrisa, adivinando los pensamientos de Lina. El hombre se alzó repentinamente en el aire ─, y ya no le necesito.
El cuerpo del humano levitó hasta la pareja y comenzó a caer con rapidez. Gourry se apresuró a cogerlo, soltando la espada y utilizando su brazo ileso. Arrodillándose en el suelo, situó dos de sus dedos en el cuello del asesino, buscando sus constantes vitales. Con un suspiro de alivio, Gourry miró a Lina y asintió.
La hechicera volvió a depositar sus ojos en Xellos.
─ Ahora, devuélvenos a Laidanne.
─ Lo siento… pero me temo que eso no va a ser posible ─ dijo Xellos, una respuesta que Lina ya conocía de antemano ─. De hecho, estáis de suerte: vais a ser testigos, de primera mano, de un gran acontecimiento… aunque no sea la primera vez.
─ ¿Qué acontecimiento? ─ Preguntó Lina; por decir algo, pues ya se había contestado a sí misma en cuando vislumbró la exterminadora explosión de llamas.
Xellos acentuó su perpetua sonrisa.
─ El renacimiento de mi señor ─ dijo ─: Ojo de Rubí, también conocido como Shabranigudú.
El silencio dejó caer su peso sobre el viciado espacio de la cueva, absoluto, si no se tenía en cuenta el ensordecedor rugido del caótico poder que emanaba Laidanne… empero, ya no era Laidanne. Lo que Xellos acababa de decir era algo que Lina había temido en lo más profundo de su ser, aunque evitara por todos los medios reflexionar sobre ello, desde que contemplara la malévola energía surgir del lugar. Ahora, no obstante, la realidad se cernió sobre ella como una gran avalancha que la aplastara sin remisión.
Shabranigudú… sólo en dos ocasiones se había enfrentado al gran Señor del Mal, aquél que gobernaba el plano demoníaco en su propio mundo, aquél a quien Ceiphid, el Dragón Rojo, había seccionado en siete partes, desperdigándolas y encerrándolas en siete desafortunados mortales. ¿Podía ser posible que, casualmente, hubiera vuelto a topar con otra de sus esencias?. ¿Es que estaba destinada a enfrentarse a tales horrores hasta el fin de sus días?
Y Laidanne… ¿cómo era posible que esa dulce y genuina elfa, a la par de decidida y valerosa, tuviera en su interior a uno de esos engendros?
─ Te seré sincero, Lina ─ habló de nuevo Xellos. Su voz apacible no dejaba traslucir sus emociones, las cuales, sin duda, serían de puro regocijo ─, no contaba contigo en mi plan. Realmente, parece que nuestros pasos siempre acaban por juntarnos de nuevo.
─ Desgraciadamente ─ puntualizó Lina, con rabia contenida ─. Y ahora que has cumplido con tus propósitos. ¿Qué piensas hacer?
Xellos entreabrió sus ojos amatistas y torció la boca hasta transformarla en una enigmática mueca.
─ Marcharme, supongo ─ dijo ─. Mis órdenes no incluyen detenerte… desde luego, mi ama sabe que estás aquí, pero te considera poco más que una simple molestia. En fin, en el fondo siento curiosidad por ver cómo te desenvuelves ante Ojo de Rubí.
─ Ya le he vencido en dos ocasiones. ¿No se te ha ocurrido pensar que puedo volver a hacerlo?
─ Bueno, querida Lina ─ replicó el demonio, incorporándose ─. Ya sabes lo que dicen: a la tercera va la vencida.
El mazoku soltó una risita. Acto seguido, desapareció.
El odio de Lina se esfumó con Xellos y su vacío fue llenado por el miedo con la rapidez con la que se colma el contenido de un odre de agua. La fuerza oscura y poderosa giraba en torno a ella, la hacía tambalearse sin posibilidad alguna de defensa. A sus pies, Gourry mantenía la cabeza gacha; su cabello era un mar de oro que bailaba al violento compás del caos.
─ Gourry, tenemos que salir de aquí ─ consiguió gritar la hechicera. Por toda respuesta, el guerrero alzó con esfuerzo al inconsciente asesino y lo colocó sobre su espalda; a continuación, tomó la espada con su único brazo manejable, y la pareja inició la ardua tarea de llegar hasta la entrada del refugio condenado.
No pudieron ni dar tres pasos; mas lo que les detuvo no fue la fuerza de la tormenta, sino el miedo.
─ Lina Inverse…
Las palabras surgían de Laidanne… pero no era ella quien las pronunciaba: la hechicera reconoció la voz cruel, sobrenatural y oscura del dios demonio, similar al último suspiro de un agonizante; un sonido que prometía muerte y espantosa tortura. Con dificultad, la maga negra clavó sus ojos castaños en la elfa.
El cuerpo de Laidanne le devolvía la mirada, pero no con sus claros ojos verdes, sino con dos pupilas rojas y ensangrentadas que la atravesaban de lado a lado como una afilada lanza. La expresión de su rostro era retorcida, contraída por la felicidad del despertar.
─ Me alegra volver a verte hechicera…a ti, que en dos ocasiones has provocado mi caída ─ prosiguió la voz. Soltó una carcajada, probablemente al observar los ojos desorbitados de la aludida ─. Sí, estaba ansioso por volver a verte, humana. La venganza es un estimulante dulce, apetitoso…
─ ¡Lina, vámonos! ─ apremió Gourry, mirando horrorizado a aquél ser que había sido Laidanne.
Lina no se movió; no podría, aunque quisiera. Hacía lo posible por dominar el indomable temblor que oprimía su cuerpo, por no apartar la mirada del fuego del dios demonio. Le tenía miedo; sería una necia al no admitirlo, pero tampoco iba a darle la satisfacción de demostrar su temor.
Logrando, sin saber cómo, esbozar una sonrisa de seguridad, Lina se inclinó levemente ante la deidad maligna.
─ No sabes cuánto me halaga que pensarais en mí ─ comentó la hechicera, sardónica ─. Me temo que yo no puedo decir lo mismo.
Shabranigudú soltó una escalofriante risa que recorrió la sangre de la hechicera como un mar de hielo, paralizándola por completo.
─ Siempre has sido muy divertida, maga ─ dijo ─.Está bien, creo que seré magnánimo: te proporcionaré un par de segundos para escapar.
El miedo volvió a esfumarse para ser sustituido otra vez por la ira. Ojo de Rubí se estaba burlando de ella, quería jugar con su presa, y eso era algo que Lina no admitía de ningún modo: antes muerta a permitir que la manipularan ─ con la excepción del abyecto Xellos, que siempre se las ingeniaba para conseguirlo ─. Por eso, en lugar de escapar, apretó los dientes y, colérica, exclamó:
─ Te voy a matar. Caerás ante mi poder una vez más, y entonces seré yo quien ría.
No estaba siendo una estúpida cegada por el orgullo, pese a la pomposidad de su sentencia: no tenía alternativa. Si no acababa con él ahora mismo, la destrucción se extendería por el mundo hasta su desaparición. Los dedos de Lina se concentraron hasta encauzar el ardor de la magia, que fue creciendo con rapidez; era consciente de que su siguiente ataque no produciría efecto alguno, pero al menos, se dijo, serviría para ganar tiempo.
─ ¡Bola de fuego! ─ gritó. El proyectil salió disparado hasta estrellarse en el cuerpo etéreo de Ojo de Rubí, el cual soltó una leve risita divertida. El humo del sortilegio comenzó a esfumarse con rapidez, y Lina se preguntó, con un acceso de pánico, si no sería suficiente.
Pero entonces escuchó cómo, a su lado, Gourry recogía la espada y corría hacia el Señor del Mal. Durante unos breves instantes, la maga se planteó seriamente correr hasta él y detenerle por su estupidez, pero entonces el guerrero le dirigió una escueta y significativa mirada. "Yo le distraeré, no pierdas más tiempo", parecía decir.
Lina inició sus acciones de inmediato, asintiendo al silencioso apremio. "¡Ahora o nunca!", se dijo. La hechicera juntó sus manos y, sin pérdida de tiempo, se concentró en invocar el único hechizo que podía hacerle algo de daño:
─ Señor de las Pesadillas... Concédele a mis manos la ira de los cuatro mundos: genera una espada de oscuridad de vacío congelado...
Una convulsión de intenso dolor azotó el cuerpo de Lina, borrando todo pensamiento de su mente. Con un grito agónico, cayó al suelo; escuchó cómo Gourry, con un desgarrador bramido de sufrimiento, volaba hasta estrellarse en la pared, para posteriormente retorcerse por el horrible padecimiento, al igual que ella. Cuando la niebla del dolor se retiró de sus ojos, la hechicera alzó la cabeza con esfuerzo, clavando sus ojos en Laidanne… en Ojo de Rubí.
─ Te dije que te daría dos segundos ─ dijo la presencia ─, pero los has desaprovechado en tus patéticos trucos de magia. ¿Has olvidado acaso quién soy?
Otra risa atronadora. De repente, Lina fue consciente del ente oscuro que surgía del cuerpo de Laidanne, una masa negra que, poco a poco, fue tomando forma hasta adquirir el aspecto demoníaco del Señor Oscuro: un monstruo diabólico de afilados colmillos, el cual iluminaba su cuerpo anímico con las llamas de aquellos rubíes que le servían de ojos.
Los sentidos de la hechicera se nublaban por momentos, y un insistente dolor de cabeza se abría paso en su cerebro. Se dio cuenta de que los músculos no respondían a su voluntad: el ataque de Shabranigudú le había arrebatado las fuerzas por completo, ya bastante menguadas tras haber utilizado el Drag Slave en el Bosque. El pánico se apoderó de ella; Lina siempre se había enorgullecido de ser fuerte, de tener siempre un as en la manga, pero en aquel momento se sentía totalmente impotente. Poco a poco, incluso su pertinaz entendimiento comenzaba a darse cuenta de que no podría hacer nada por evitar el caos de Shabragigudú: el mundo se sumiría en la oscuridad de la guerra, como hiciera mil años atrás. ¿Cómo había podido llegar a esto?
─ Esta vez no voy a correr ningún riesgo, mortal ─ escuchó decir a la deidad maligna ─. Muere como el insecto que eres.
"A la tercera va la vencida", había dicho Xellos. Incluso en unos momentos tan críticos, la maga logró emitir una débil y amarga risa sarcástica, un gesto que le provocó un ataque de tos; un hillillo de sangre resbaló por la comisura de sus labios. Xellos… no sabía cómo, pero el condenado mazoku siempre tenía razón.
Escuchó el rugido de satisfacción de Ojo de Rubí, el poder que canalizaba con rapidez y que iba destinado a ella. Intentó moverse, sin éxito, sorprendida ante la facilidad con la que había caído ante su enemigo. Se negaba a morir así, sin defenderse. Ni hablar: como mínimo, caería luchando. Se incorporó entre descontrolados temblores al tiempo que apretaba los puños en un reflejo de su legendaria obstinación. Los abismos de su espíritu tomaron prestado el poder de la fuente del caos, y se dispuso a pronunciar las palabras que, muy probablemente, también devastarían el mundo. Pero no se le ocurría nada más aparte de su Giga Slave.
Al mismo tiempo, un suave roce en su cabello la hizo mirar a un lado, hacia Gourry. El guerrero, tan maltrecho como ella, también había intentado incorporarse, empleando sus últimas energías en sostener la espada que le servía de apoyo. Aun así, incluso con un brazo inutilizado, fue capaz de acariciar la mejilla de Lina con el nudillo de su dedo índice, en un gesto que aunaba su paternal aire protector con una inusitada mirada que la hechicera no alcanzó a dilucidar. Sonrió débilmente, un estoicismo reflejado en sus ojos que demostraba que sabía lo que se disponía a hacer, un gesto tranquilizador que le aseguraba que todo acabaría muy rápido.
La hechicera le devolvió la sonrisa, y se concentró lo justo y necesario para recitar el gran conjuro, al tiempo que, envuelta en la calidez de su mirada, esperaba su muy posible muerte.
Pero ésta no se produjo.
Lo que escuchó, con creciente asombro, fue el grito de sorpresa de Shabranigudú.
─ Vaya, vaya… un habitante del mundo astral que osa oponerse a mí. Esto sí que no me lo esperaba.
Los ojos de Gourry dejaron de mirarla para clavar su expresión desorbitada en algo que Lina no alcanzaba a ver. Con un esfuerzo sobrehumano, la maga negra volvió a girar la cabeza hasta tener a la vista, de nuevo, al dios demonio.
Y lo que vio la dejó sin aliento.
Shabranigudú mantenía en sus monstruosas manos la compresión de energía oscura que se disponía a ejecutar, pero se había detenido para posar sus ojos rojos, resplandecientes de curiosidad, en algo situado frente a él: una forma plateada y brillante que emitía un suave y amenazador rugido…
─ ¡Feäntor! ─ exclamó la hechicera en un quedo susurro, al tiempo que desvanecía por completo la magia de su ataque final. El lobo escuchó la voz que invocaba su nombre, giró la cabeza y fijó en ella sus inteligentes ojos ambarinos.
"Vete. Yo me encargaré de él".
Las palabras resonaron en su cabeza; o más que escucharlas, las sintió. Igual que también sintió que las había pronunciado el lobo.
─ ¿Qué…? ─ Logró articular Lina. Alzó una mano con esfuerzo, maldiciendo su estado.
El lobo seguía mirándola.
"Vete".
─ ¡No! ─ Gritó Lina, sintiéndose estúpida por replicarle a un animal. Juntó sus manos en un temerario intento de formular de nuevo el hechizo, pero esta vez la corriente mágica resultó ser completamente nula, como si alguien hubiera cerrado el grifo del cual manaba su flujo de poder, y no acudió a ella ─. No puedo…
"Ahora no eres de ninguna ayuda. Estás débil, y tu deber es regresar con más poder del que ahora albergas."
Lina no replicó. Sencillamente, se había quedado sin palabras. Escuchó gemir a Gourry a su lado; probablemente, el espadachín intentaba incorporarse para poder hacer algo, cualquier cosa que se hallara al alcance de sus manos... o, más bien, de su mano.
─ Ya me he cansado de estos jueguecitos ─ rugió Ojo de Rubí, con un atisbo de cólera ─.¡Desapareced junto a vuestro patético mundo!
Sin perder más tiempo, el dios demonio lanzó su letal hechizo infernal.
No se podía catalogar de destrucción, porque tal título sería insuficiente para describir el poder de la energía manifestada en aquellos momentos. Lo que quedaba de las paredes naturales de la caverna, sencillamente, se desintegró, envuelto por un hálito negro. De pronto, Lina tuvo la certeza de que todo Yanavar estaba siendo arrasado.
Pero el lobo continuó en el mismo sitio, altivo, haciendo gala de un imperturbable orgullo. Sus ojos amarillos rodearon el cuerpo de Lina con una acogedora calidez que mitigó en algo su dolor. De repente, comenzó a elevarse en el aire, y supo que estaba siendo sometida a un hechizo. Sus dedos, febriles y temblorosos, se alzaron nuevamente en una muda pregunta, un interrogante que no fue respondido.
"Vive, y regresa cuando estés preparada".
El mundo estalló, o eso le pareció a Lina. Su cuerpo se alejó de la escena a toda velocidad, y lo último que presenció de ella fue a Feäntor encarándose con el Señor Oscuro, enseñándole sus colmillos con incuestionable coraje. Pudo ver, desde las alturas, el Bosque de Yanavar, envuelto en las llamas oscuras del caos, agonizando ante su cercana expiración. Escuchó la risa estentórea de Shabranigudú.
La indomable hechicera hizo amago de mover sus manos, intentando recordar la fórmula de cualquiera de sus hechizos. Pero era como si las palabras de sus conjuros, grabadas a fuego en su memoria, se hubieran esfumado.
Lina dejó caer los brazos y cerró los párpados, aislándose de la hecatombe por puro instinto, desapareciendo entre los mares de oscuridad que la acunaban como una madre, dulces y protectores.
Y, después, ya no fue consciente de nada más.
Continuará...
Aclaraciones del autor:
¡Bienhallados una vez más! Tras estos acontecimientos concluye el cuarto capítulo de mi fic y, con ellos, se sucede el punto de inflexión del relato. La verdad es que mi intención era que lo que ocurría en este capítulo y en el anterior acaeciera en uno sólo, pero al final las cosas se alargaron más de lo previsto (mi vena escritora insaciable, ya se sabe… xD).
Tampoco tengo mucho que aclarar en este episodio… tan sólo que cabe la posibilidad de que haya cometido algún que otro error. Mis conocimientos acerca de las siete partes de Ojo de Rubí y la jerarquía demoníaca son limitados, pues mal que me pese, ni siquiera me he leído las novelas. En cualquier caso, espero que al menos haya quedado verosímil. Algunos podéis pensar que lo de la resurrección de una porción del dios demonio está ya muy visto, y la verdad es que durante un tiempo me planteé que fuese algo diferente. Pero como no se me ocurría nada mejor, se ha quedado así xD. Espero que al leerlo no hayáis pensado "vaya, otra vez el Shabranigudú éste, qué poco original…", es un pensamiento desagradable que me ha rondado por la cabeza más de una vez xD. En fin, la cuestión es que lo importante son los sucesos generados a raíz de éstos, más personales y ligados a las relaciones entre los distintos personajes de la saga.
Por cierto, Nadesiko, es curioso que el colgante elfo te haya recordado al hechizo de visión, jamás lo había pensado xD. Pero la verdad es que la idea de la esmeralda que une dos mentes se me ocurrió bastante antes de saber de los portentosos poderes del amuleto de Ameria. Hum… siempre que se me ocurre algo que considero original descubro que ya ha sido usado (y en la misma serie… ¬¬ xD).
Auron. ¡Al final me has dejado un review! Gracias :) Con respecto a lo que dijiste sobre Gourry... por desgracia muchos tienen ese concepto de él. Pero Gourry no es en absoluto estúpido o corto de miras; simplemente, es despreocupado y demasiado bonachón. Su intuición innata es algo que se menciona mucho en las novelas, pero en la serie pierde casi toda esa inteligencia que pudiera haber tenido (sobretodo en Try). En el fanfic he querido esbozar a Gourry tal y como es según el autor, con toda su carisma.
Y esto es todo. A partir del siguiente capítulo el fanfic dará un giro bastante radical en numerosos aspectos. Espero que os gusten los cambios (no siempre son bienvenidos) y que sigáis disfrutando con lo que escribo.
¡Saludos!
Neyade Tinúviel
Druida Gris, Zahorí y Aprendiz de Mago
