Nueva actualización.

Se abre la puerta

Kagome, ante tales revelaciones, se separó rápidamente de Kôga, como movida por un resorte.

-¿Cómo has podido hacerme esto?

-Yo no te he hecho nada, solo es un truco de Naraku para volverte en contra mía y que le ayudes a recuperar los fragmentos de la esfera restantes. No te dejes engañar.

-¿Cómo se que debo creerte? Nadie vio morir a Inuyasha. Suponían que estaba muerto, pero no era una certeza. No puedo fiarme de nadie.

-Espera, Kagome-dijo Inuyasha, que hasta el momento no había intervenido,-yo puedo demostrarte que soy el medio demonio con el que has pasado todo este tiempo en la era feudal.

Inuyasha se retiero su túnica de las ratas de fuego y como quiera que se llame la camisa blanca que lleva debajo (si alguien sabe como se llama eso le agradecería que me lo dijera) dejando al descubierto su espalda.

-¿Ves? No tengo ninguna cicatriz como las de Naraku y sus creacciones.

Antes de que Inuyasha se acabara de volver a colocar la camisa y la túnica, Kagome le había abrazado y lloraba de emoción.

-No has muerto...

-Tranquila, estoy aquí-dijo Inuyasha sintiendo un súbito amor por ella, como le pasaba muchas veces. Todo volvería a ser igual.

Inuyasha no era consciente de el grave error que estaba cometiendo al pensar eso, ya que Kagome se separo del medio demonio para mirar a Naraku sin rastro de odio en sus ojos.

"No me traicionó. Quizás todo ha sido un malentendido. Tengo que aclarar todo esto".

Se volvió hacia Kôga. Todavía no podía asimilar completamente lo que estaba pasando.

-¿Cómo has podido hacerme esto¿Cómo? Tú no eres así.

Kôga, al sentirse totalmente descubierto, salvó la distancia que les separaba y agarró a Kagome con los dos brazos:

-¿No comprendes que lo hice para salvarte? Esos dos te han lavado el cerebro, no eres tú la que me has preguntado esto ahora, es el producto de sus artimañas.

Kagome se separó un poco de él y Kôga cayó de rodillas:

-Te han engañado, merecen morir, todos lo merecen. Mataré a cualquiera que te moleste. Tú eres una reina, no son dignos ni siquiera de mirarte a los ojos

Kagome pudo apreciar un brillo de locura en los ojos. El deseo por tenerla, por hacerla su mujer, el odio y la rabia reprimidos al verla con Inuyasha y con Naraku, habían transformado ese primer amor en una obsesión, una obsesión que poco a poco se había apoderado de todo su ser sin que se diera cuenta, una obsesión que le había llevado a cometer barabaridades, una obsesión que le nublaba la mente y la razón. Kagome le miró con lástima pero también con miedo al saber que se había convertido en un demonio peligroso. Naraku le golpeó inmediatamente para evitar una pelea. El cuerpo de Kôga cayó inconsciente al suelo de la gruta. Kagome ya se dirigía preocupada a ayudarle cuando Naraku la detuvo:

-Tranquila, está vivo. No te acerques , podría despertarse y hacerte daño.

-¿Te estás preocupando por mí?

-Por supuesto que no- interrumpió Inuyasha.- Solo quiere encontrar los fragmentos de la esfera que faltan.

-Tú tampoco te preocupabas por ella precisamente al venir aquí. Recuerda por qué accediste a colaborar conmigo.

-¡No metas a Kikyô en esto!

-¿Qué pinta ella en aquí?-preguntó Kagome.

-Tu queridísimo medio demonio ha accedido a ayudarme para que, a cambio, abra una puerta que comunique con el infierno para poder hablar con su estimadísima Kikyô. ¡Ah, se me olvidaba! También quería vengar su segunda muerte. En ningún momento de nuestra conversación el recuerdo de tu existencia sirvió para convencerle.

-Esa es una interpretación muy subjetiva, Naraku. Yo quiero a Kagome

La sacerdotisa lo miró sorprendida ante tal declaración.

-¿Ah, sí?-dijo Naraku, que no estaba dispuesto a perder esa batalla.-Entonces, como Kagome es la mujer de tu vida y estás perdidamente enamorada de ella, no necesitas comunicarte con antiguos amores del pasado.

Naraku apretó peligrosamente la diminuta perla negra, que no aguantaría mucho más.

-¡Detente! La perla era parte del trato, tú deber es abrir esa puerta.

-¡Inuyasha!- dijo Kagome al sentir como nuevamente Kikyô la desplazaba fuera del corazón del medio demonio.

-Lo siento, Kagome, pero quiero esa perla. Abre la puerta, Naraku.

-Tendremos que salir fuera, esta cueva es demasiado estrecha.

-Vamos entonces.

Salieron, y Naraku se situó en el medio de un claro del bosque. Tiró la perla hacia arriba y murmuró unas palabras ininteligibles. Luego retrocedió unos pasos. La perla emitió un potente destello dorado que deslumbró las retinas de los allí presentes; cuando su visión se aclaró, pudieron ver un círculo rojo frente a ellos que se movía como una espiral. La puerta al infierno se había abierto.

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Una aldeana y la anciana Kaede volvían tranquilamente al pueblo. Charlaban sobre temas triviales, sin importancia, para hacer más ameno el camino de regreso. De repente, Kaede dejó de hablar y poso su mirada en el pozo.

-¿Pasa algo, venerable sacerdotisa?

-Nada, me ha parecido ver una luz morada salir del pozo. A mi edad la vista juega malas pasadas.

Retomaron su camino y llegaron a la aldea. Allí se enteraron de que un grupo de demonios lobo a los que se habían unido Hakkaku y Ginta se dirigía a la cueva del bosque para encontrar a Kôga.

-Ojalá se lo lleven y Kagome se quede aquí, aumentando sus poderes espirituales y protegiéndose del peligro.

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Bueno, se acabó otro capítulo. Se que ha sido corto pero era esto o no actualizar, y preferí esto.

Agradecimiento a:

Yukiro-Nayla:¡Me alegro de que hayas empezado a leer mi fic! Respecto a lo de Inuyasha y Kagome, gracias por recordármelo, a lo largo de la historia quedará respondida tu pregunta (es k a veces me concentro mucho en el tema que estoy tratando y me olvido de explicar alguna cosa).