Los sentimientos de Inuyasha

La puerta del infierno adquiría un color cada vez más intenso. En el bosque se había hecho un silencio sepulcral. Nunca nadie, ni siquiera Naraku en sus retorcidos planes para lograr reunir todos los fragmentos de la esfera, había llegado tan lejos. Jamás se había establecido una comunicación tan directa con los muertos. Todos miraban expectantes, esperando a que pasara algo. Inuyasha comenzó a impacientarse. Se giró y abrió la boca para decirle a Naraku que todo era una estafa, que los había vuelto a engañar. Sin embargo, un potente voz le interrumpió:

-¿Quién osa profanar las fronteras entre la vida y la muerte?

Inuyasha iba a replicar de una manera no muy amable, pero Naraku se lo impidió.

-Este medio demonio quiere saber si tendríais la bondad de permitirle dirigir unas últimas palabras a su amada muerta.

Una silueta envuelta en sombras apareció en un extremo de la puerta.

-Medio demonio -dijo dirigiéndose a Inuyasha- ¿Es cierto eso?

-Sí. ¿Puede hacerlo posible?

-Por supuesto, soy el espíritu que controla las llegadas de las almas y, por tanto, el paso al infierno.

-¿Me dejaras hablar con Kikyô?

-Eso rompería todas las leyes

-¿No hay ninguna manera de compensarte?

-Darme esa perla para que nadie más pueda volver a abrir esta puerta. Es muy peligroso lo que habéis hecho. En exceso, puede ocasionar un desequilibrio entre los dos mundos que lo destruiría todo.

-Si te la doy¿llamarás a Kikyô?

-Haré una excepción. Primero dame la perla.

-No creas que voy a confiar en ti tan pronto. Primero trae a Kikyô, después negociaremos.

Pasaron unos minutos y finalmente se empezaron a distinguir unas formas que poco a poco se volvieron más claras hasta ser totalmente visibles. Una era la silueta oscura. La otra era Kikyô. Inuyasha ya corría a su encuentro cuando la voz del espíritu le detuvo.

-Alto, no puedes tocarla. Es solo un alma, su cuerpo la abandonó en el viaje al infierno. Puedes hablar con ella, pero no os demoréis mucho, como ya os he dicho estas puertas producen un desequilibrio y no deben ser usadas.

El espíritu se retiró, y Naraku sintió la mano de Kagome tirando de él. Era un momento solo de Kikyô e Inuyasha.

-¿Por qué me has llamado, Inuyasha?

-Yo..solo quería verte una vez más. He estado pensando, y no creo que nuestra historia deba acabar así.

-No tiene porque terminar así. Podemos vivir juntos por toda la eternidad si tu me acompañas en el viaje de vuelta al lugar donde las almas descansan por siempre.

Inuyasha se atragantó al comprender el significado de esas palabras. ¿Estaría dispuesto a dejarlo todo por Kikyô? Además, si se iba ahora, Naraku nunca pagaría el daño que había hecho.

-¿Estás pensando en tu venganza por lo que sucedió hace cincuenta años, verdad?

-Sí, no puedo dejar que ese maldito se salga con la suya y reúna los fragmentos de la esfera. Conseguiría un gran poder, podría llegar a gobernar Japón.

-Inuyasha, ni siquiera has mencionado a Kagome, a pesar de que en los últimos tiempos parece estar muy unida a Naraku.

Inuyasha no se había percatado de aquel hecho. Era verdad, no había pensado en Kagome en todo ese rato. Cada vez que miraba a Kikyô se olvidaba de ella. Cada vez que miraba a Kikyô... La verdad golpeó a Inuyasha como una maza. Por eso sentía a veces ese súbito amor hacia Kagome, que iba y venía. Por eso se olvidaba de ella en momentos como ese. Todo por eso. Todo porque en realidad no estaba enamorado de Kagome. Solo le recordaba a Kikyô. Pero la chica no era su antiguo amor, su personalidad era muy diferente, por lo que solo a veces, en los momentos en que le parecía ver en ella alguna similitud con Kikyô, sentía algo que confundía con amor. Ahora que se había dado cuenta, debía aclarar las cosas con Kagome.

-¿Te has dado cuenta de tus sentimientos?

-A Kagome se le destrozará el corazón.

-No te preocupes por ella, a encontrado a alguien que poco a poco ocupará el vacío que dejarás en su corazón.

Inuyasha se giró y vio a dos personas a lo lejos. Parecían muy tranquilas juntas.

-De todas formas, aunque por increíble que parezca Kagome logre rehacer su vida con Naraku, él puede seguir arruinando vidas, y si me voy contigo le dejaré el camino libre.

-¿Eso crees? Naraku está cambiando gracias a la influencia de Kagome, aunque nadie se haya dado aún cuenta. Además...

De repente oyeron unos ruidos a lo lejos, Kôga y varios demonios estaban atacando a Naraku.

-Esto es lo que intentaba decirte, Inuyasha. Aunque nosotros no estemos, el espíritu de la lucha contra Naraku seguirá vivo en cada uno de los corazones de esos demonios, de esa gente a la que ha causado algún mal. Eso sobrevivirá a nosotros.

Inuyasha ya estaba totalmente convencido, tan solo faltaba...Miró hacia donde estaba Kagome. Sus miradas se cruzaron, y ambos se dijeron todo en ese gesto. La chica le dirigió otra mirada de despedida. No había rastro de rencor o tristeza en sus ojos, solo de comprensión y buenos deseos.

Inuyasha traspasó lentamente la puerta hacia el infierno sabiendo que no dejaba ningún asunto pendiente. Su cuerpo quedó atrás, en el suelo, mientras la puerta se cerraba para siempre. Tan solo una lágrima corría por el rostro de Kagome, última testigo del amor de la chica hacia el medio demonio.

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Y ahora, después de haber dado este giro a la historia, que digo...No sé.

Agradecimientos a:

Gabita¡Hola! Gracias por seguir mi fic desde el principio, ya te has convertido en una habitual.