¡De vuelta y vuelta, reaparezco de la nada con otro capítulo bajo el brazo! Ojalá que lo disfrutéis, porque Harry hace exhibición de su buen control. ¡Bien por él!
23. Donde todo comienza
Cuando Harry llegó, al principio pensó que no llevaba puestas las gafas; hasta que poco a poco su alrededor se fue volviendo nítido. Todo estaba oscuro, sentía como si acabara de despertar y tuviera que enfocar somnoliento y cansado las imágenes. Miró su reloj, había dejado de funcionar.
Era de noche, de eso no le cabía duda, así que decidió hacer lo primero que Dumbledore le había recomendado: dejar lo antes posible la nota en el despacho de Filch y después resguardarse de los espacios públicos. Sacó la capa invisible y se la puso por encima.
Harry sentía dentro de sí una emoción muy fuerte. No era como la otra vez, en ésta estaba listo y preparado y no veía el momento de ver por primera vez a James, a Lily, a todos después de tanto tiempo preparándose para ello. Todo esto lo pensaba mientras caminaba al despacho de Filch a un ritmo dinámico. Lo encontró cerrado, pero lo abrió con facilidad. ¿Quién iba a querer entrar allí, donde nadie deseaba estar nunca, y más a esas horas? El rincón del fichero que Harry conocía reservado exclusivamente para Fred y George lo ocupaban dos, uno correspondiente a Peter Pettigrew y a Remus Lupin, y otro que peligraba con explotar de James Potter y Sirius Black. Dejó la nota sobre la mesa en "asuntos pendientes" y sacó su propio mapa de merodeador. Los chicos no estaban de caza, sino en la habitación de Gryffindor, en sus camas. Quizá fuera muy tarde, incluso para ellos. Harry lo pensó y bostezó a continuación. Se sentía agotado. También sería bueno para él dormir.
El día siguiente sería probablemente el de Todos los Santos y no habría clase. Un buen momento, sin duda, para una primera prueba.
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-¡Mirad la nieve!. ¡Venga, arriba, que está nevando!- grita Dianne Leonowens mientras se apoya en la ventana y así coge impulso en sus saltos. Una de las chicas que duermen en su alrededor se levanta de la cama y comprueba con emoción que están cayendo gruesos copos. Se aparta el pelo de la cara: es Emily Ross.
-¡La primera nevada del curso!- dice ilusionada.
-Si recuerdas, también lo es del año. Desde el año pasado no vemos nevar en Hogwarts.- comenta Dianne Leonowens romántica, con el codo en el alfeizar interior y la cara apoyada en tal brazo. Se le ha puesto la nariz colorada porque la ventana está abierta.
Dianne Leonowens tiene el pelo castaño, rizado y los ojos claros de color verde, su estatura es la normal en una chica de su edad y complexión, de aspecto delicado. Es una niña.
A su derecha, mirando por la ventana y con el vello de punta, está Emily Ross. Ella es excepcional: muy alta y fuerte también, su cuerpo grande, los ojos almendra y una melena de todas las formas posibles: liso en el nacimiento, se le ondula en la larga caída y en las puntas aparecen algunos bucles y rizos esporádicos. Depende de los días, pero normalmente es muy fosco y enmarañado.
De las sábanas y descorriendo el dosel colorado emerge una cara cansada.
-Didy, te voy a hacer trocitos como cierres la ventana en tres, dos, uno…- Dianne no reacciona, espera un enfrentamiento que encontrará divertido, pero Emily coge el relevo y la cierra. La cara cansada de Roxanne MacBoon vuelve a hundirse en el colchón. Ella es una chica de pelo lacio y muy negro, de cara delgada con unos ojos grises y nariz pequeña, y también es bastante baja, quizá es en consecuencia que siempre está llena de energía.
-Vamos a bajar a la nieve.- propone Dianne animada, se acerca al baúl a los pies de su cama y posada encima de él, coge su ropa.
-Ni te muevas.- Lilianne Evans se está poniendo una bata azul claro.- Primero a desayunar y luego bajamos, os voy a tirar tantas bolas que veréis blanco una semana.- repone con una sonrisa clara y desafiante.
Lily es una joya: tiene un rubí que le desciende en forma de hilo por la espalda y un par de esmeraldas plantadas en su cara. Mide lo mismo que Dianne y tiene la piel blanca, con lo que sus alhajas destacan aún más todavía.
Nadie discute su decisión, especialmente porque si bien mirado, a todas les han sonado las tripas al oír la palabra "desayunar".
Se visten y arman en gorros, guantes y bufandas y salen de la torre de Gryffindor.
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Harry caminaba despacio por el pasillo. Veía en el mapa del merodeador que su capa corría el riesgo de salir volando por la velocidad a que alguien se le acercaba.
-¡Emily, vuelve aquí! No escaparás a tu justo castigo.
-¡Verás como sí!
-¡Lo has hecho a mala leche!
La tal Emily para en un rincón y se efectúa un hechizo de camuflaje poco logrado. Harry pensó que a él le salía perfecto. Dianne, la perseguidora, se acerca despacio, pasa de largo, coge un poco de nieve de la ventana y grita mientras se la lanza a Emily:
-¿Quieres un poco?- Emily recupera su completa visibilidad, la nieve le ha caído en el pie. Mientras se la sacude, Lily Evans y Roxie aparecen tras ella.
Harry se sintió muy sorprendido cuando por fin pudo ver a su madre. Hacía un mes la había visto con dos años menos y era en ese momento cuando conocía a sus amigas, a las que no tardó en identificar. Lily era un poco más alta, más desarrollo físico y sus facciones denotaban las de una joven especialmente pletórica.
-Estáis muy locas.- sentencia.
-Merci.- agradece Dianne con una inclinación.- ¿Creéis que habrá chocolate calentito para desayunar? Cuando nieva lo hacen a veces.
Roxanne siente un escalofrío.
-Chocolate¡qué rico! Diría que lo huelo desde aquí.- huele el aire y se adelanta, están a escasos metros del comedor. Se asoma a la puerta y comunica ilusionada.- ¡Hay!
Dianne no se puede resistir y entra corriendo a coger asiento. La última en entrar es Lily y cuando parece coger la puerta, ésta se desplaza hasta llegar a su mano. Pareciera que alguien se lo ha hecho, pero ella no se da cuenta y entra detrás de Emily. Lo que no sabe es que en realidad lo ha hecho detrás de su hijo Harry.
Harry intentó localizar a su padre entre la gran multitud y los vapores del chocolate. Necesitaba arrancarle algunos pelos para poder echárselos a la poción de Snape. No obstante, sería mejor quitarles algunos a todos, por las circunstancias que pudieran darse. Uno nunca sabía, y menos en una situación tan extraordinaria como aquella. El Gran Comedor estaba a rebosar de gente, afortunadamente para Harry, sentada, hundiendo sus bizcochos en las tazas. Las chicas se habían sentado cerca del extremo de la mesa más alejado de la mesa alta, donde por cierto estaban las únicas personas que Harry conocía a priori de estar allí, aunque no todos los profesores eran familiares para él.
James Potter se situaba en la mitad de la mesa y se acercó a él. Los merodeadores tenían cara de más mayores y Harry adivinó que también eran bastante altos, por su medida sentados. Se dio cuenta de que la longitud de James era no poco superior a la suya y sin más miramientos, se aproximó a su cabeza y le tiró del pelo rápidamente. A ojo había conseguido cinco o seis.
-¡Auuu!. ¿Qué ha sido eso?- James se lleva la mano a la cabeza y se vuelve. Tiene a Harry a menos de un palmo, éste aguanta la respiración. James mira a la mesa de Ravenclaw a través de el muchacho.- ¡Esas niñas me ponen malo!- se pone al derecho y Harry aprovecha para acercarse a la cabeza de Remus, a su lado.- ¿No las habéis visto?
-No sé qué ¡ahhhh!- Remus imita a James.
-¿Lo ves? Ya nos han encontrado. Esta tarde a la guerra.
Sirius, enfrente y por tanto a salvo de Harry, se ríe.
-Esta tarde ya hay castigo: transplantar y abonar todas las plantas de Sprout… va a ser horrible. Sobre todo sabiendo que el abono es de los centauros del bosque prohibido. Firenze me dijo el otro día que anda con diarrea, imagina.
-Y sobre todo hacerlo con las manitas, a pelo.-comenta Peter, al lado de Sirius. Éste hace una mueca desagradable y se las mira con aprensión. Remus alarga las suyas hacia la gran fuente de chocolate del centro de la mesa.
-Venga, Lunático, ya deja de comer chocolate.
-Una gota más sólo.- responde ávido.
-¡No! Vamos a quemar todo lo que te has metido en el estómago en el patio.
-Sirius, ya sabes que me da mucha energía para cuando sale cierta cosa blanca en el cielo…- le susurra Remus muy serio.
-Lo sé, pero para eso quedan dos semanas, aprovechado.
Harry extrajo unos tubos alargados de laboratorio y metió los pelos de James en uno marrón y los de Lupin en otro blanco. No podría hacer nada hasta echarlos en la poción de la Sala de los Menesteres.
-¿Cuántas tallas estaremos cogiendo con esta delicia?
-Me estás deprimiendo, Emily.- responde Lily escanciándose otro poco en la taza.
-Ohhhh…- murmura Dianne desde hace un rato mientras come, con los ojos en blanco. Añade suavemente:-¡Qué bueno!
-Ésta acabará llegando al éxtasis. O pierde el conocimiento, como poco.
-Sí, porque esa cara no la pone ni Charles Weaver cuando está con la novia.-todas comienzan a reírse fuertemente, y la aludida casi se atraganta por el comentario.
Harry se alejó entonces, aprovechando la salida del comedor de unos alumnos de Slytherin.
Nunca había podido evitar ver en sus padres figuras idealizadas, cuando según había oído tantas y tantas veces habían sido personas excelentes. La de James había caído en picado en la experiencia del pensadero el año anterior. Y Lily se había vuelto real, humana, susceptible al error y le sabía raro. Esa chica daría un día la vida por él y sin embargo… Y encima se la tenía que ligar, tenía narices.
Volvió a la Sala de los Menesteres. Mientras estuvieran jugando en la nieve no tendría nada que hacer. Cuando los chicos estuvieran solos cumpliendo el castigo por la tarde probaría la poción. Debía ir muy poco a poco. No podía ir a saco con Lily directamente, eso era casi suicida, nunca mejor dicho (ya que provocaría su no nacimiento). Primero tenía que probar con los merodeadores. Se incorporó de la cama donde se había tumbado a pensar todo esto y decidió preparar algunas pociones nuevas y practicar hechizos de emergencia. La prueba de fuego se acercaba.
-¡Ésta te la debía!- chilla Emily tras lanzarle nieve a Di.
-Pero¡serás…!. ¡Eso ha sido a traición!- se ríe ella mientras corre y se retira la nieve del hombro. Se oculta tras un arbusto recubierto de nieve. Roxanne se ha quedado dentro del castillo, así que no está con ellas. Un muchacho les agita la mano desde la distancia. Dianne lo ve y lo llama entusiasmada:
-¡David!. ¡Corre, ven a la trinchera!. ¡Me tienen acorralada!- le hace un gesto con la mano para que vaya.
-¡Qué vergüenza!- les grita a las otras en broma. Ellas están fabricando bolas con forma de obús mediante magia. David se acerca a Dianne:- ¿No está Roxy contigo?
Un chico atractivo, David. Con el pelo negro, melenita corta y los ojos castaños, claros. Tiene una sonrisa blanca y sincera.
-Está dentro. Ha quedado con su madre en una chimenea justo hoy.
-Vaya.- agarra un poco de nieve y comienza a darle forma.- Bueno, aquí estoy yo para equilibrar la balanza. ¡Conozco vuestro efecto, chicas!. ¡No vais a conseguir darme!
Se hace un pequeño silencio y de repente Lily aparece por un lado del matorral y Emily por otro. David le tira a Lily su bola y ella se queda sorprendida, estática.
-¡Depulso!- grita Dianne con su varita. Comienza a reír a mandíbula suelta.- ¡Emily, tendrías que ver tu cara!. ¿Estás bien?
-Estaré mejor cuando…- visto y no visto, saca nieve escondida detrás de su espalda con la mano izquierda y la ha lanzado fuertemente.
-¡Bruja!- llena de felicidad y energía, se incorpora poniendo un pie en el suelo y coge nieve, Emily corre; Dianne la persigue. De rebote le ha dado a Lily, que también se une a la persecución. Mientras tanto, David hace rular una gran cantidad de nieve para hacer un gran muñeco.
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Harry salió de la sala de los Menesteres con las pociones multijugos encima. ¿Dónde estarían los merodeadores? Decidió dar una vuelta sin consultar el mapa y así prestar más atención al conocido y añejo alrededor.
Encontró varias personas y grupos de amigos charlando animadamente que le hicieron recordar la soledad que con bastante seguridad experimentaría con el inevitable paso de los días. Estaría solo siempre mientras estuviera allí, sin contacto con nadie que supiera que él era Harry Potter.
-…Claro que no. Ahora sólo tengo que hablarlo con él. La decisión está tomada.
-Nada puede salir mal.
-Espero obtener el efecto deseado. Agh, si lo hiciera en vano…
-Yo te apoyo. Los chicos son tan incompetentes…
-Y en su caso, la chica. Qué desperdicio…- chista en tono negativo. Ambas prorrumpen en carcajadas que hasta suenan crueles.
Harry les perdió la voz cuando salieron al patio nevado. "Mierda, la nieve", pensó. Aún con la capa invisible iría dejando huellas. No las podía seguir. Pero él ya sabía que de Evelyn Hill y Holly Blair no se podía esperar nada bueno. Ellas, evidentemente, seguían estando allí.
Tras una larga batalla, los merodeadores volvieron al castillo para ducharse y fueron después a comer. Por la tarde había un castigo y debían llegar antes de la hora para demostrar buena disposición, lo sabían bien.
Harry estuvo ojo avizor desde que, aburrido, los vio entrar en el castillo con el mapa. Lily y sus amigas lo hicieron una hora más tarde, pero él ya no se preocupaba por ellas.
James, Sirius, Remus y Peter salieron del colegio en dirección a los invernaderos, con Harry siguiéndolos muy de cerca. Entraron en un almacén donde se encontraban diversos tiestos de muchos tamaños, aperos de jardinería y…
-¡Abono de centauro!. ¡Decidme si hay algo más fragante que el abono!- sonreía Sirius alegremente tratando de suavizar la desagradable sensación.
-Muy cierto, señor Black.- afirmó la profesora Sprout, que entró en ese momento.- Por una vez, es de agradecer que os metierais en líos; yo sola con todas las mandrágoras habría tardado siglos.- se frotaba las manos realmente agradecida.- Allí tenéis estiércol suficiente para todas, las orejeras las encontraréis en ese estante y en cuanto a las macetas, son de este tamaño.- agitó su varita y apareció sobre un taburete bajo una maceta de 25 centímetros de diámetro.- Tened cuidado con ellas, las tengo gran estima.
Tras otras indicaciones del estilo, la profesora se marchó satisfecha deseándoles suerte. Harry también recogió ese deseo para él.
-"Yo sola habría tardado siglos".- repitió James.- Si no llega a ser por nosotros, ni se hubiera molestado en abonarlas.
-Además, las mandrágoras son peligrosas. Su chillido puede provocar la muerte…- aseguró Colagusano cogiendo las orejeras y dándole unas a cada uno.
-De suerte que éstas no son tan grandes para eso… aunque con la caca de Firenze quién sabe, tiene buen aspecto.- dijo Sirius arqueando las cejas sobre los sacos.- Poneos las orejeras, cuanto antes empecemos, más pronto terminaremos.
Todos se las pusieron. Harry, que conocía a la maravilla su efectividad, se apresuró a hechizar a James:
-¡Epoximise!- la pierna de su padre se quedó pegada al suelo instantáneamente.
Los otros chicos no recayeron en sus avisos y salieron de la habitación. Harry se frotó las manos, nervioso y antes de que James se preguntara cómo su pie no se movía, su hijo le echó una maldición que lo dejó inconsciente e inmóvil. Sintió cierta emoción por haberlo logrado en el momento adecuado, pero no perdió la atención. Sacó la poción multijugos de la ampolla marrón, correspondiente a James y se la bebió. Reprimiendo el dolor que notaba en la cara y las rodillas, se quitó la capa y se la puso a James. Sólo debía esperar un poco a que concluyeran los efectos de la poción. Descubrió que con sus gafas no veía del todo bien y se las cambió por las de James. Se tocó la cara: no notar la cicatriz y comprobar que su nariz era ahora más larga eran buena señal.
-Cornamenta, tío¿dónde te quedas?- le preguntó Remus, apareciendo por la puerta, interesado. Al verlo, Harry se asustó porque parecía que había visto algo entrañó en él. Lupin se volvió hacia fuera y gritó.- ¡Sirius, me debes los dos galeones! James¿qué te pasa? No te me desmayes por el abono, que pierdo la apuesta.
Harry se relajó y sonrió. "Casi me da un ataque en vez de un desmayo", pensó.
-Estaba atándome los cordones. Conmigo no se hacen apuestas, Lunático.- comenzó Harry procurando transformar su tembleque en una advertencia guasona.-Vamos, ayúdame con los sacos. ¡Locomotor abono!
Gracias a Dios, Harry no habló demasiado porque todos debían llevar orejeras puestas y se concentró al máximo en los movimientos de James, y por lo pronto, nadie llamó su atención sobre que fueran raros o impropios de él. Decididamente, como Harry pensó, no podía haber habido mejor castigo para aquella prueba.
-No ha sido tan aburrido¿verdad?- comentó Sirius cuando tres horas más tarde colocaban las mandrágoras en su sitio primitivo.- Pero Firenze debe comer más verdura.
-Qué pesado con el centauro, Canuto. ¡Déjalo tranquilo o cásate con él!- exclamó Remus.- Y ahora sería mejor ir a ponernos en remojo.
-Jo, si yo ya me he duchado hoy.- rezongó Peter. Todos se rieron tomándolo en broma. Harry acentuó la carcajada al pensar que quizá no lo fuera. Sirius se fijó en él. Los cuatro comenzaron a caminar hasta el castillo.
-Mirad cómo se ríe James. Claro, como a Evans no le va el "eau de cuadgupedó", elaborado en exclusiva por Fi…
-Como lo digas, te abro la cabeza.- advirtió Remus. Se colocó enfrente de Sirius, haciéndolos parar, abrió las palmas como si leyera un libro y añadió solemne:- Sirius Black¿quieres a tu amado centauro para amarlo y respetarlo y no volver a nombrarlo en mi presencia por los siglos de los siglos, amén?
Él se puso de lado, con las manos a la altura del pecho, cogió las manos de Colagusano y respondió con seguridad mientras asentía:
-Sí, quiero.
-Pues hala, por el poder que me he conferido ahora mismo y con James Potter como testigo,- Harry, al borde de la carcajada ruidosa, no pudo evitar dar un respingo. Era difícil olvidar en lugar de quién estaba con todo aquello. Y… ¡James seguía en los invernaderos!. ¡Debía volver por él!- te aseguro que si lo vuelves a nombrar, mi alter-egopeludo a mi lado va a parecer una caricia.
-Menuda comparación, Remus.- le replicó Peter.
Harry sabía que no podía decir sin más que debía volver a los invernaderos, porque no tenía sentido que James fuera, ésa era una de las reglas principales del juego. Pero también sabía que no debía tardar, los efectos de la poción restaban a poco tiempo. Esperó a que entraran en la sala común (guardando en su memoria la contraseña "gusanitos"), todos fueron a la ducha y él se marchó entonces, sin que nadie reparara en ello.
Cuando Harry llegó a los invernaderos, había tardado tanto que ya era él mismo casi por completo. En el almacén, tras devolver las gafas a su respectivo dueño, apartó la capa a James y se la colocó él. Con ella puesta, cogió aire para la parte más complicada del proceso de la sustitución: se concentró en todo lo que había vivido esa tarde desde que Remus apareció en el marco de la puerta buscándolo, eliminó los pensamientos y añadió una razón para estar allí. Con mucha calma y apretando los ojos para concentrarse más, se acercó la varita a la sien y extrajo un fino y largo hilo plateado, que arrancó mientras recobraba la respiración con esfuerzo. Rápidamente, agitó el hilo que colgaba de la punta de la varita y éste se enderezó. Harry tanteó en la sien izquierda de James buscando un punto exacto por el que, una vez lo hubo encontrado, comenzó a introducirle el recuerdo que él tenía de aquella tarde, para que James lo tuviera por suyo.
Después pronunció un contra-maleficio, James recuperó la movilidad como si nada hubiera pasado y se marchó tras recoger su chaqueta.
-¿Dónde estabas ahora? Ah, la chaqueta.- dice Sirius cuando lo ve llegar a la sala común.
-¿Sabéis dónde está Evans? No la he visto en todo el día. No voy a poder dormir si no la veo.- asegura sentándose de golpe en el sofá al lado de su amigo. Con tanta naturalidad parece que tiene costumbre de decir eso.
Casualmente, ella entra en la sala en ese momento precedida de Emily y con sus otras amigas detrás; parecen tener ligeramente húmeda la ropa. James se revuelve el pelo en señal de saludo.- ¡Evans! Estoy seguro de que te mueres porque sea yo quien te seque.
-No, antes prefiero la pulmonía triple, pero gracias de todas maneras.- agradece ella con no menos costumbre y sube por la escalera de las chicas dejando huellas en la alfombra.
-Ay del día en que yo averigüe cómo subir a ese dormitorio…- comenta el chico colocando los brazos a lo largo del respaldo, comodísimo, observando las huellas, como si llevaran al País de las Maravillas. Sirius le dedica a continuación una de sus mejores collejas de vuelta a la realidad.
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Lord Voldemort desapareció en el momento planeado de su guarida y apareció en medio de la nada, como esperaba. Por fin había obtenido lo que deseaba desde que entregara a uno de sus aliados aquel cochambroso libro, sin duda había merecido la pena desprenderse de él. El matrimonio Potter estaría muerto en menos de dos días y donde mueren dos, mueren tres, Harry Potter no llegaría a existir.
Pero muy a su pesar, no podrían ser dos días: Hogwarts estaba férreamente protegido del Voldemort que ya sembraba el terror, como si Albus Dumbledore supiera del peligro que corrían dos de sus alumnos.
Trazaría un plan infalible por el cual se haría con al menos uno de los Potter, la mujer, Lily, posiblemente. Después sería extremadamente sencillo atraer al otro, que se dejaría llevar por sus sentimientos. ¿Sentimientos?. ¡Bah! Ellos serían la perdición de los jóvenes Potter. Ellos, que los hacían humanos defectuosos de fábrica.
Sabiendo a la perfección lo que hacía, Voldemort se trasladó solitario hasta el que era actualmente su escondite y que en aquel entonces no utilizaba. Rápidamente, comenzó a idear su plan, lo que lo llenaba de una satisfacción sádica y malvada.
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¡Voilá! Justo cuando mañana me voy de vacaciones de Semana Santa, he terminado a tiempo otro capítulo. Me ha encantado hacerlo, así que espero que sea de vuestro agrado.
Otra cosilla: tengo otra historietilla original, cuyo título es La leyenda del olivo, es muy cortita, romántica y poética. No tardaréis más de tres minutos en leerlo, en serio. ¡Por favor, que alguien se pase! La encontraréis en mi bio, en la dirección de fictionpress.
¡Que lo paséis de muerte estas vacaciones y alguien sale de procesión, que lo disfrute!
LIBRO DE VISITAS-------------------------------- REVIEWS
PaoVi: ¡Hola! Siempre me gusta leer un nuevo review, te agradezco muchísimo el tuyo, en pocas palabras, dices mucho. Sigue por aquí, BSS!
Helen Black Potter: ¡Hola! Me alegra que te gustara lo de los diarios, intenté que me salieran como tales. Para mí fue también muy divertido incluir a todos los merodeadores en el de James, porque son unos violadores profesionales de la intimidad y qué menos que en el diario de su amigo :D Muchos BSS!
Sisma-Anon: ¡Hola, webmister ;)! Sé que parece que a tu página ni la miro, pero tengo algunos artículos que quizá te interesen para ponerlos allí. Hacerlo sin decirte nada no me pareció bien, así que si quieres yo te los mando y pasan tu revisión¿ok? Sobre el cap anterior, agradezco tu pequeño "análisis" sobre James y Lily. Yo, verdaderamente, también creo que Lily fue importante para la maduración de James y odio los clichés: Lily siempre es demasiado sensata y le da una palizas verbales a James que lo flipas; y él sale como el imbécil que de repente cambia y lo da todo por su amor. Nunca aparecen con la edad que tienen realmente, un par de adolescentes descerebrados, porque con nuestros menos y más, todos estamos así. Y sí, me gusta mucho la Historia en general, no sólo la romana. Ése comentario de la categoría del fic me ha gustado, sí señor ;D Muchos BSS!
Mircalla Karnstein: ¡Hola! Qué contenta estoy porque te parecieran naturales los diarios, de verdad y que te rieras¡cómo menos! Me encanta que me lea gente como tú (¿eso ha sonado a pelotilleo? No lo es¿eh? ;), me sube la moral. Y qué bueno que te sientas realizada, nos realizamos unos a otros ;9. Muchos BSS!
Finn Fisshu88: ¡Mi nena! Madre mía, qué triste lo de los exámenes, sí que debe ser agobiante… yo me imagino estudiar así como lo he hecho estas semanas anteriores y me da un yuyu, aunque digo yo que Junio será peor, porque como además me quede una, aunque si es religión, estropearé las vacaciones a toda mi familia, agh, no podría soportarlo. Pero eso que tú dijiste, ánimo y sigamos caminando. Te deseo las mejores vacaciones. Si puedes escribir algo de nuestro fic, hazlo, porque hacerlo juntas para mí que no acabaremos nunca… BSS!
RL-P
4 de Abril de 2006
