¡¡HOLA A TODOS¡Ojalá que el capítulo os compense la vergüenza de tiempo que he tardado! Voy a esconderme en un agujero mientras lo leéis…

30. Seré

-Evans, tenemos que irnos. Nos llaman a los Premios Anuales y Prefectos. Venga, rápido.

-Está bien…- respondió Lily de mala gana y salió de la sala común con Potter y Lupin dejando el libro que leía. Aquellos viajes con ellos eran siempre muy incómodos.

-¿Alguno sabe qué quiere McGonagall?

-Sé que es importante, creo que nos hablará Dumbledore.- contestó Lupin.

-¿Qué pasará?- inquirió ella. Nadie dijo nada más.

-Bien, estamos todos.- inició el director en la sala de reuniones, presidida por él y los jefes de las casas, no solían estar todos en las conferencias y eso tenía en suspenso a la audiencia.- Alumnos, lo que ahora voy a revelaros es de máxima confidencialidad. Se ha desatado el estado de alerta en este colegio. Os pido silencio.- el murmullo creciente cesó al instante.- Se está introduciendo en el castillo información sobre los mortífagos; aparece presentado como algo atractivo el unirse a él, especialmente a los alumnos de sexto y séptimo, que son los que más pronto podría unirse a sus filas. Voldemort intenta atrapar vuestras mentes; pero debéis ser más fuertes que sus pretensiones. Bien, vuestro cometido será registrar esa información y a quien la propague. Tened presente que lo que él os ofrece es gloria y la meta de vuestra vida, pero nunca os lo dará porque Voldemort sólo está buscando su propio objetivo y nadie está dentro de él. Discreción. No creo que alguien de este colegio sea un enlace, pero los mortífagos son peligrosos.- un silencio.- Máxima discreción. Podéis salir.

Todos estaban impactados. Nada de la guerra del exterior había entrado nunca así en Hogwarts, eso los tenía especialmente espantados.

-Esto es lo que se trae Sirius desde ayer. Hay que decírselo.

-Es verdad.-afirmó Remus. Miraron donde Evans, por si soltaba alguna perorata sobre el silencio que debían a Dumbledore, pese a que ni siquiera Lupin estaba en contra de quebrantarlo; pero ella estaba ausente.

-¡Evans!. ¿Tú estás bien?

-Yo estoy perfectamente. Ahora mismo me voy a investigar.- Avanzó el paso adelantándolos y se fue.

-Lo que está es rara.- comentó James, aunque no de momento, tenía que saber lo que le ocurría. Era algo, y ella le preocupaba. Al fin y al cabo, los merodeadores le habían perdido el diario y ni siquiera sabían por dónde podían haberlo dejado. Como tampoco les quitaba el sueño, no lo buscaron mucho. James se ponía a buscarlo cuando recordaba lo agriado que Evans tenía el carácter desde entonces por los alrededores, pero ni mucho menos era una gran búsqueda.

Lupin y él no podían ver a Sirius en ese momento. Ahora debían trabajar como prefecto y premio anual respectivamente.

Lily iba con decisión, sin prisa porque tenía una hora libre, por el pasillo. Unos pasos más fuertes que los suyos la detuvieron, estaba segura de quien eran y no venían solos.

-¡Dissaparate!

Con esto pudo hacerse invisible para evitar que Roxie pudiera verla. Era probable que ella pudiera sentirla, pero no parecía concentrada en lo que ocurriera a su alrededor.

-¡MacBoon, espera! Ya vale, sólo quiero explicarme. No voy a ir detrás de ti por todos los pasillos. Y tú me quieres oír además.

-Pues¿por qué te rehuyo?- replicó cruzando los brazos.

-No quieres que me explique. Pero te tengo que explicar que Evelyn no tiene nada contra ti.

-¡Eso es muy gracioso!

-Y verdad también. Fue culpa mía, por eso quiero contártelo y que tú lo oigas. Soy el culpable de que quisiera hacerte daño porque me sinceré con ella respecto a ti.

Roxie arrugó el ceño sin comprender del todo. No soportaba que la gente se justificara de todo lo que hacían a otros, pero sentía la necesidad de escuchar esa vez. Lily prestaba atención alejada de ellos.

-Lo hice porque quería estar contigo y ella debía saberlo; nunca hubiera salido con ella de no ser por tus negativas, y eso también debes saberlo tú.

-¿Por qué?- Roxie lo sabía, pero quería escucharlo. Sintió que sería grato saberlo con certeza.

-Porque gracias a esto quiero a Evelyn Hill¿entiendes? Yo… yo me siento aún cerca de ti, pero la quiero a ella. Llegará el momento en que por fin esté lejos de todo lo que…- no quiso terminar.

Roxanne se le acercó repentinamente, le cogió la cara con su mano. Le dio un beso que él no vio venir. Lo único que ella sintió que hacía por algo más que por simple fórmula fue cerrar los ojos lentamente, el resto fue un sinsentido que de seguro era repetido por Hill de mejor manera que ella. Pero era sin embargo especial mirado desde algún punto de vista bajo el que ella no había visto nunca. Parecía que él se había quedado estático, pero Roxanne no tenía prisa, al fin y al cabo no habría un segundo. "Quien ama ensancha su alma". Lo demás no importaba.

-No hay quien te entienda.

Y cada uno se separó del otro en dirección contraria, pero ahora guardaban algo nuevo, un recuerdo.

Lily avanzó invisible hasta la torre de Gryffindor, seguidamente tenía Pociones. Nunca hubiera imaginado la sinceridad de Towner, y aun mucho menos el arrojo de Roxie, pero no podría contarlo.

Cuando acabaron las clases de la tarde Sirius bajó hasta las mazmorras, hasta la zona considerada como los barrios bajos de Hogwarts, más oscuros y donde se manchaban los trapos sucios. Por eso Lily buscaba desenvolverse, sospechaba de un alumno que ya tenía fama de hacer contrabando con artículos de Zonko a los inferiores de tercero. Un tal Ludovic Bagman. A éste lo detuvo de su camino¡Sirius!. ¿Acaso estaría en el asunto? No oyó lo que decían¿a quién seguir? Fue tras Sirius y después de muchas vueltas él pareció encontrar lo que buscaba.

-Reg, te buscan.- llamó un chico a otro en una reunión alejada de donde Sirius estaba.

-¿Quién…? Eh, Sirius, cuánto tiempo sin hablar. Te va bien en Gryffindor¿no?

-Sí.- respondió él secamente y atrajo a su hermano Regulus aparte.- Te voy a decir una sola cosa y por eso quiero que me la escuches bien.

-Todo oídos. Para una vez que mi hermano mayor me habla…

-Calla. Andas metido hasta el cuello en el asunto de los mortífagos que están en Hogwarts.

-¿Tan bien lo sabes?- inquirió Regulus con falsa y divertida sorpresa.

-Lo que pasa es que sé que eres tan imbécil como para eso.

-¿Cómo te has enterado?

-También lo han intentado en Gryffindor.- Regulus lanzó una risa irónica.- Todos los barriles tienen sus manzanas podridas. Quiero saber si te vas a unir a ellos.

-¿Por qué lo crees? Además no tengo por qué responderte.

-Cierto, pero eres mi hermano después de todo lo que a ambos nos pesa; y lo creo porque tú sí que te creíste todas aquellas tonterías que siempre nos contaban nuestros padres.

-No nos quieres, Sirius.- comentó Regulus despacio, observándolo.- Nunca supiste aprovechar los privilegios que da un apellido como el nuestro.

-Créeme que alguna vez he pensado en dárselo al primer desgraciado que me encuentre, pero lo pienso¿de verdad alguien se lo merece?

-¿Y a quién se lo darías?. ¿A los Potter?

Sirius se enojó mucho, evitó coger la varita como fue su primera reacción. Agarró a Regulus de su túnica y lo miró fija y penetrantemente. Los ojos de los hermanos eran del mismo color y se reflejaban el uno en el otro.

-Ellos no tienen lugar en esta discusión, así que déjalos fuera.

-Claro, sé que como familia no están tan mal.- aseguró Regulus sonriendo sinceramente.- Las influencias de ambas son evidentes. A nuestros padres siempre les ha interesado el poder…

-¿Y por eso quieres su reconocimiento? Ya te tienen por el hijo perfecto sin que te haga falta perder el pellejo.

-Pero eso es sólo porque el primero era tremendamente defectuoso.- se burló Regulus.- Aunque es como si nunca hubieras sido hijo siquiera. Te borraron del tapiz el primer día y ahora me corresponde a mí tu mayorazgo.

-Tío, concéntrate,- le espetó Sirius.- eso sí que me da igual y no voy a estar aquí a ver si te saco algo mucho tiempo más.

-También tú podrías perder la vida estando contra Quién-tú-sabes. Los dos podríamos acabar muertos en ambos bandos.

-Pero tú defiendes lo equivocado.

-Tu respuesta: haré lo que vea justo.

-Eso es lo que me preocupa.

Regulus se rió.

-Ten algo más de fe en mí. Aún no las tengo todas conmigo en esto.- se dio la vuelta para irse.- No tardes mucho en morir, le alegrarás mucho la vida que le queda a nuestra madre.

-A mí me la alegraría que se muriera ella.- respondió Sirius con una amplia sonrisa y los dos hermanos se sonrieron.

-Se cree que no la hemos visto espiar. Pettigrew, síguela y si intenta contar algo, detenla.

Lily subió rápida las escaleras que desde las mazmorras llevaban al vestíbulo. Después de lo que había escuchado, no sabía si denunciar a Regulus Black ante Dumbledore. No le importaba ese chico más que cualquier otro, pero era el único hermano de Sirius y al menos a Black lo apreciaba como compañero y mejor amigo de Potter.

Cuando había alcanzado el fin de las escaleras, Dianne atravesó el recibidor ligera con la mano sobre la boca. Al agarrarse al pasamanos cambió la mano sobre la boca y fugazmente Lily pudo verla: sus ojos verdes llenos de estupefacción, labios abiertos incapaces de expresar la mezcla entre el imprevisto y una alegría extraña también asustada. Y en eso surgió Lupin detrás de ella, se detuvo en la puerta por la que Dianne había aparecido, apoyado en el dintel y viéndola escapar de él. Sonreía risueño y condescendiente, cuando dejó de oír sus zapatos veloces dio la vuelta y Lily lo perdió de vista.

Qué locura¿cuánto había avanzado el tiempo y dónde la había dejado a ella?. ¿Dónde estaría Emily, pues con ella iba Dianne?. ¿Y Potter? Claro que era la hora de la cena y por eso no había nadie en los alrededores, todos estarían en el gran Comedor; ella no pensaba ir todavía porque no tenía ni gota de hambre.

Lily se sentía extraña y perdida, era mejor tomar el viento fresco aún invernal. Salió a los terrenos y se alejó. ¡Allí, allí parecía haberse materializado desde su mente!. ¡Con sus tapitas negras, estaba allí! Se acercó y recogió su diario del suelo, tenía que ser mentira tanta suerte. Quiso meterlo en el bolsillo de la túnica, pero para ello tuvo que sacar la bola dorada de James, que por su grosor impedía la entrada del cuaderno.

Pero en el juego de manos la bolita resbaló y rodó por las ondulaciones del patio algo lejos, activándose. Aquellas notas tan agudas como los gritos de miedo se clavaron en su espíritu tranquilo. Lily miró en torno a sí, aquella espantosa melodía no podía venir de ella.

Harry no notaba la gravedad bajo sus pies, una agitada carrera por llegar hasta Lily. No podía ser cierto, no podía haber pasado¿cómo lo había dejado tan fácil al enemigo? En el mapa del merodeador Tom Sorvolo Ryddle, así nombrado, aparecía cerrando la distancia. Harry sabía que si Ryddle estaba tan cerca de ella es que estaba decidido a matarla.

-Lilianne,- susurró una voz saliendo de las sombras.- muchacha, gracias por haber encontrado algo mío.

-¿Algo tuyo?. ¿Quién eres?- inquirió ella observando al muchacho joven, se sentía especialmente amenazada sin saber por qué.

-El diario. Muchas gracias.- Ryddle se acercó y se lo quitó de las manos.- Lo ingenuos que pueden llegar a ser los niños…

-¡Pero… tú!. ¡Te ayudé con unos paquetes en Hogsmeade, en Navidad!

-Sí, y gracias a ello recibiste mi diario y comiste mis bombones. Ahora vas a ser mía, por fin. Muchacha, déjalo todo y únete a mí.

Estaba usando de sus artes, Lily podía sentirlo pero no podía oponer resistencia, como si la parte de ella encargada de resistir se hubiera ido o hubiera muerto. Ryddle mantenía el diario en la mano, cerca del pecho. Era cosa del diario…

-No cumplirás ese destino que termina conmigo.- respondió alejándose nuevamente, Lily como imantada imitaba sus movimientos moviéndose hacia él.

-¡MAMÁ!

A Harry aquello le salió del alma. Alcanzó a Ryddle, cerca de un muro con una extraña abertura por la que Voldemort pensaba escapar con ella. La chica se volvió hacia Harry, pero pese al nombre recibido no dijo nada, no podía moverse más.

-¡Harry! Sabía que tendrías que llegar más pronto que tarde.

-Hoy vas a morir.- le dijo Harry decidido y lleno de odio.

-La matarás también a ella.- respondió mirando a Lily.- Por segunda vez alguien entregó sus más profundos deseos a un diario que tengo yo en mi poder.

-Es un diario corriente, ya me aseguré de que lo era.

-No, es mi diario.- replicó muy convencido.- Siempre ha tenido un vínculo especial conmigo porque lo encanté para eso cuando tenía dieciséis años. Y ahora tu madre sangre sucia es mía. Es el turno de que vea morir a su único hijo sin haberlo concebido aún. ¿No es paradójico?

-Hoy vas a morir, sólo deseo que mueras.- aseguró Harry concentrado.

-¡Avada Kedavra!

-¡Expecto Patronum!- una película blanca gigantesca se dirigió hacia Ryddle y detuvo el hechizo. Harry sabía que funcionaría, nada puede detener una maldición imperdonable pero las varitas eran hermanas y los efectos siempre serían imprevistos. Y él había querido que ése fuera el efecto.

La película rodeó a Lily, y como liberada de una gran presión se mareó. No entendía nada, pero sacó su varita y pronunció el mismo hechizo sin que sin embargo pasara nada. Harry hizo que agarrara su propia varita.

-¡Un pensamiento alegre!- le gritó Harry con mucho esfuerzo.- ¡Algo feliz!

-¡Expecto Patronum!

Aunadas las fuerzas, conseguían retenerlo. Pero no podían hacer nada más, el que flojeara sería el que recibiría todo el hechizo. La concentración de Lily, incapaz de aguantar todo aquel esfuerzo se deshacía, ella no podía tanto como aquel chico que lo soportaba tan firme. Ella sentía que no podía y su pensamiento alegre intimidado decaía. Cayó al suelo aun sosteniendo la varita.

-Qué poder…- susurró Peter viéndolo todo desde una distancia más que prudente. El poder de aquel brujo era sin duda el de uno de los más superiores de los seres. Oyó los pasos de alguien que corría y decidió que no era bueno que alguien lo vinculara con lo que estaba pasando allí, rápidamente desapareció de la escena.

-¡LILY!

Notó como alguien se colocaba a su lado y la tocaba viendo su estado.

-¡James, ayúdame!. ¡Desea que se vaya!

-¿Quién eres tú?- le gritó James desde el suelo. Harry, jadeando por el continuo esfuerzo, replicó recriminatorio:

-¿Quieres salvarte y salvarla?. ¡Ayúdame!

Él agarró de las manos a Lily, que seguía sosteniendo su varita, y poniéndose en pie los dos apuntaron hacia Ryddle renovados de energía. Éste apreció el cambio, los tres ya eran poderosos para él, pero no podía romper la conexión, estaba por encima de él.

-Aquí y en este momento nosotros… nosotros acabamos contigo.

El deseo que los tres tenían que acabar con todo aquello se transformó sin ellos planearlo en un poder que se mezclaba con el más supremo de los poderes que se guardaban entre sí. Harry a ambos, ambos el uno por el otro. Los tres se sentían uno en un modo extraño mientras sostenían la varita de Harry.

Voldemort, que no había pensado en la posibilidad de que los Potter se reunieran en el mismo espacio pues Harry lo tenía prohibido, lanzó una maldición:

-¡Nunca podrás matarme, no podrás conmigo hoy!. ¡Una parte de mí prevalecerá!

Esforzando más que en ningún otro momento el deseo de destruirlo, Harry observó a sus padres a su lado: valientes, con el corazón bombeante y los ojos llenos de desafío hacia el mundo.

Notó el momento de la despedida, miró a Voldemort. Algo más allá el diario se abrió y pudo ver cómo él se convertía en un líquido negro que absorbían las páginas. En la cubierta posterior se grabaron unas letras, TSR, y apareció una fecha que situaba el diario muchos años atrás en el tiempo.

Harry no tuvo tiempo para sorprenderse de nada, para advertir a Lily o a James, o para tener el fugaz sentimiento de nunca más los volvería a ver con vida; porque fue succionado más velozmente que un parpadeo en un torbellino bien parecido a como había llegado hasta allí. Tras un breve espacio de tiempo que él sintió como el paso de años y años, dio de bruces donde todo había comenzado.

Se encontró solo en el despacho de Dumbledore, seguro de estar veinte años adelante.

-Lily… Evans, por favor, Evans, levanta. Dime que te encuentras bien.- rogó suplicante, con el aliento reducido por el temor.

-¿Qué ha pasado?

-No lo sé. Tengo la sensación de que acaba de ocurrir algo muy grande.

-Yo también. Tan grande que… -parecía no querer decirlo.- siento como si… pudiéramos haber muerto, creo.

-Y si hubiéramos muerto...no sé si lo entiendes... porque nunca me has hecho caso, pero si vine aquí fue porque yo sin ti no sé hacer nada, y contigo tampoco. Yo no aguantaría que te pasara algo. Tú me das la vida.

-Te aprovechas de que ahora mismo soy capaz de creer cualquier cosa.- le respondió ella con la voz tomada.- Lo sé, no creas que no lo sé.

James no añadió nada más, no sabía qué podía añadir. Lily Evans lo estaba abrazando. Era más que un simple abrazo, era una promesa, era una alianza.

Hay cosas que no se pueden compartir sin terminar unidos, y vencer al mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos encerrándolo en un pequeño diario con la ayuda de un hijo venido del futuro, que algo tan extraordinario tiene que ser una de esas cosas.

Días más tarde, el perro negro en que se convertía Sirius Black enterraba un cuaderno negro a los pies de un árbol por el sentimiento de que encerraba algo muy malo. Horas más tarde y avisado como prueba de buena voluntad por Peter Pettigrew, Regulus Black lo recogía y se lo entregaba a los mortífagos.

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Es muy rápido, hay muchas cosas que han surgido de golpe… pero lo ideé así. Quería que fuera más o menos así.

Cabe aclarar que el fic intentaba en un lejano principio explicar cómo es que había un Voldemort medio muerto en Albania y un Ryddle poseyendo a Ginny en Hogwarts. Lo que pasa es que luego derivó en demasiadas cosas, jejejeje.

Por eso el Voldemort del tiempo de Harry acaba encerrado en el diario con la forma de Ryddle con 16 años, y por ser encantado por aquellos años, es un recuerdo guardado durante 50 años.

Bien, así las cosas, esto es el desenlace, si bien no el capítulo final. Aún queda un corto epílogo en el que se contarán los cabos sueltos. Os espero :D

RL-P

2 de Noviembre