31. Epílogo: El día que terminó nuestra historia
Harry notó de nuevo sus pies en el suelo, pero lo vio todo tan borroso que se tambaleó y tropezó. Se incorporó después de sentir como poco a poco abandonaba ese mundo de sueños que dejaba en el pasado. Aquello se había terminado.
-Profesor…- murmuró a la larga figura sentada y de espaldas a él, inclinada en su mesa. Eso porque estaba en el despacho de Dumbledore, justo en el lugar en que se marchó había vuelto. Distinguía al director, pero sus ojos no enfocaban, no conseguía verlo bien.
-Profesor Dumbledore, creo que tenemos compañía.- comentó una voz tranquilamente señalando a Harry. Era de mujer, a Harry le sonaba de forma familiar…
-¡Harry!. ¡Has vuelto! –se volvió, se acercó rápidamente y levantó a Harry, dándose cuenta de su problema. - Siéntate aquí. ¿Te encuentras bien?. ¿Cómo estás?
-Sí, estoy bien. Vo-voy viendo mejor…- Harry cerró los ojos porque tenerlos abiertos lo mareaba. Sus ropas estaban llenas de tierra, algo mojadas entre el agua de nieve y su propio sudor. La mochila con sus cosas descansaba algo más allá.
-¿Qué te ha ocurrido? Empezaba a preocuparme, cuéntame, ¿qué estaba pasando cuando has vuelto?
Harry vaciló.
-Sólo recuerdo mucha luz, pero eso es del viaje… no consigo acordarme del todo.
-Puede que hayas perdido algo de memoria. Abre los ojos.
Él lo hizo y se encontró, como desde hacía mucho que no ocurría, con los ojos azules y cristalinos de Dumbledore. Pero viendo por encima de él, adivinó de quién era la voz. La encontró tan extraña, aunque sabía que era Roxanne MacBoon, aquella no parecía serlo. Era de la misma corta altura, los mismos ojos grises y sus mismas muecas, con un codo sobre la mesa, apoyando sobre la mano su barbilla, que tenía algo de pelusilla. Lo que más destacaba era su pelo, que antes era tan negro y ahora era de un castaño rojizo muy fuerte, lacio también. Lo llevaba corto y suelto. Su rostro maduro tenía los mismos gestos, su humor parecía ser el mismo. Observaba a Harry de forma vaga pero interesada.
-Déjame que te felicite por haberlo hecho tan bien, Harry. Sabía que no tendrías problemas.- Dumbledore le sonreía sin intentar disimular su orgullo.
-Pues los he tenido y no han sido pocos.-replicó Harry. Puso el gesto preocupado.-El caso es que creo, profesor, creo que ellos estuvieron a punto de perder la vida… y debió pasar algo muy grande. Pero si he vuelto es que tuvieron que sobrevivir…
Dumbledore de súbito se dio la vuelta hacia los retratos de los antiguos directores, que no habían perdido detalle y se habían puesto a murmurar agitadamente.
-¿Ha oído eso, Dumbledore?- dijo uno de ellos, como justificación.
-Lo he oído. Y ya no hay esencia. Silencio, por favor.- pidió el director pacientemente.- Que cada uno se ponga en contacto con quien pueda de la Orden. Dad mensaje de que yo me reuniré con ellos en cuanto me sea posible. Phineas, por favor, avisa a Remus Lupin rápido.
Casi todos los cuadros se quedaron vacíos y tras repetir la orden a Phineas Nigellus, Dumbledore volvió a su mesa, en cada cual lado estaban Roxanne y Harry.
-Roxanne, querida, siento no poder seguir atendiéndote.
-No tiene la menor importancia, profesor. Me hago a la idea… ¿qué van a hacer?
-¿Qué está ocurriendo?- preguntó Harry en voz más alta.
-Recuerda, Harry, fuiste a la época de tus padres para unirlos, pero no fuiste solo.
-Eso lo sé.- respondió impaciente.
-Ahora has vuelto y él también debería haberlo hecho.
-Yo puedo quedarme con él mientras usted esté fuera.- ofreció Roxanne, interrumpiendo.- Nos quedaremos en esta habitación.
De repente se oyó un chisporroteo y una voz ahumada que llamaba:
-Profesor Dumbledore, ¿está ahí?
-Ah, sí, Remus, estoy aquí.- el director se dirigió a la chimenea y la figura pálida y delgada de Lupin se definió en las llamas.
-Lo más rápido que he podido.- se justificó.
-Está bien, Remus.- le dijo, pidiéndole en un gesto noticias.
-Son las primeras fuentes, no es todo fiable aún, pero todo muestra que sigue estando ausente. ¿Debo creer que él está con usted?
-Sí. Y Voldemort no está con los suyos.
-Pero, ¿entonces…?. ¿Qué desea que haga? Dígame lo que sea que yo lo haré.
-Sed prudentes en extremo. Avisa a Kindsley y a Alastor, enseguida estaré con vosotros, éste no es un medio seguro.
Harry se levantó firme mientras Lupin recibía unas últimas instrucciones.
-Yo quiero ir.- le dijo cuando Dumbledore se volvió a ellos. No sonaba a petición, sino a una exposición de lo que Harry pensaba hacer, segura y decidida.
-No puedo permitir que vengas.
-Me corresponde ir. Ya entiendo lo que está pasando.
-No puedo dejarte venir, Harry. Nadie sabe que has vuelto excepto los que estamos en esta sala y ahora el profesor Lupin. Hace muy poco que has vuelto de un peligroso viaje y de igual manera, no estás descansado y preparado.
Harry lo comprendía, y aunque quisiera rechistar hasta que naciera un nuevo día, sabía que tenía las de perder, la decisión de Dumbledore era firme y muy seria.
-Haga que todos lo paguen. Todos y cada uno de ellos.
Dumbledore, mirándolo después de tanto tiempo a sus ojos verdes, hizo un silencio profundo.
-Si tenemos éxito esta noche, nunca más tendremos que volver a reunir a la Orden del Fénix. O eso es lo que quieren creer los ingenuos, ¿comprendes?
Harry lo entendió, sintiéndose avergonzado. Porque fuera como fuera y pasara lo que pasara, también sería el principio de otra etapa. Sin añadir nada más, Dumbledore salió del despacho.
-Tienes ganas de guerra, ¿eh, Harry?- éste la miró. ¿Cómo podía hacerle esa pregunta cuando la situación era tan tensa?- Aunque es más que probable que tú le hayas puesto fin a ésta de una vez.- lanzó una de sus sonrisas.- Estás destinado a permanecer en la memoria.
Entonces se levantó ágilmente y sonrió mientras se acercaba a él.
-Qué alegría conocerte… cielos, si casi ni te hacía falta poción multijugos…- los agarró por los brazos y lo escudriñó de arriba abajo, prácticamente olvidando su comentario anterior.- Ah, esos bonitos ojos te fallan, pero tu madre estaría orgullosa de ellos.
-Mi madre…- repitió él, devolviéndole extrañado la mirada por cómo hablaba y lo miraba.
-Debo haberme estropeado bastante con el tiempo, ¿no?- bromeó ella sin embargo en serio, soltándolo.- Vaya, yo nunca fui nada del otro mundo, pero a los diecisiete nadie parece viejo…
Harry se fijó mejor en ella al tenerla tan cerca: no podía evitar compararla con Lupin porque mientras eran de la misma edad, Lupin peinaba hacía años sus canas y su cara cansada de tantas cosas. MacBoon, en cambio, tenía mucho vigor.
-No necesito que se quede conmigo.- le dijo a Roxanne.- No necesito que me vigile como a un niño pequeño.
-Precisamente me quedo contigo porque no lo eres. Por norma general no soy capaz de aguantar a los niños, y contigo no me pasará eso. Ya me quedo porque se lo he dicho a Dumbledore, eso ya no tiene remedio. Tampoco tengo nada mejor que hacer, tranquilo. Venga, dime lo que quieras.
-¿Cómo que lo que quiera?
-¡Claro! No todos los días me tendrás delante de ti, por desgracia no. Y sé, vamos, sería lo normal, que aprovechando eso me dijeras algo. ¿O prefieres que me haga un soliloquio?- Harry hizo una pausa.- No me lo voy a hacer, lo advierto.
-No tengo nada que decir. Si se ha quedado para eso, se ha quedado para nada.
-No te veo de muy buen humor. Espabílate, Harry.- le dio un golpecito en el brazo. Después se volvió a sentar cruzando las piernas, y Harry se quedó de pie.- Lo mismo crees que te hago especial o una cosa así al decirlo, pero no todos han hecho lo que tú, por no decir que como mucho eres el segundo o el tercero que lo hace. Yo no estoy aquí sólo para decirte unas palabras bonitas. También tenía ganas de conocerte por fin.
-¿Porque soy "el niño que vivió" o "el Elegido"?- preguntó Harry con pereza, suponiendo que así sería.
-A mí esas paparruchas me dan igual. Eres el hijo de Lily. Y desde que eras un bebé pequeñito yo no te había vuelto a ver.
-No me apetece hablar de mis padres ahora.- contestó él, cansado.
-Es comprensible, no pensaba añadir nada más. Hace poco que los has visto con vida, sin tener miedo de nada.- excusó Roxanne con un movimiento de mano.
-¡No, ellos nunca tuvieron miedo!- replicó Harry poniéndose tenso.
-Lo tuvieron.- se empeñó ella tranquila y lentamente.- Tenían miedo por el otro, por ti, por el futuro. Si no lo hubieran tenido, habrían estado locos o habrían sido unos insensatos.
-No hable así de mis padres.- le advirtió el muchacho muy serio, mirándola con fijeza. Roxanne sonrió.
-¡Con lo que eran para mí! Y su hijo cree que los estoy haciendo de menos, hay que ver, Harry… Tu madre siempre pudo ver en mí algo que los demás no podían, no me refiero a mi problema,- puntualizó- sino a algo más en el fondo, que ni siquiera yo sé dónde puede estar. Ella lo encontró y por eso siempre fue la más importante para mí.
-¿Dónde están Dianne Leonowens y Emily Ross ahora?- inquirió Harry, porque tal y como había dicho, lo último que quería era hablar de James o de Lily.
-Exactamente no lo sé.- respondió Roxanne con un gesto.- Leonowens emigró a los Estados Unidos con su familia cuando nos graduamos. David Adams se marchó también allí algo después. Y Emily, ella hace tiempo que está retirada de la vida pública porque los mortífagos la buscan. Sí, es cierto,- repitió porque Harry parecía escéptico.- tiene buena madera de espía, en ocasiones nos llegan cosillas que oye por ahí pero hace años que nadie la ve; es probable que se haya cambiado el rostro o el nombre, quién sabe.
-Y usted no forma parte de la Orden, ¿no?
-No, yo sólo estorbo, por eso no me he ido con el profesor Dumbledore. No conviene que se me vincule tanto a la Orden, y los aurores no tardarán en notar la actividad.
-Pero entonces está huyendo, ¿cierto?- replicó Harry desafiante.
-No se puede huir de algo que no te reclama.- le replicó ella entornando los ojos, pero sin sentir molestia por la constante actitud de Harry.- Es arriesgado y muy precario. ¿De qué sirve todo lo que está haciendo la Orden si yo voy dando motivos al Ministerio? Atenta contra la lógica mírese por donde se mire. Bah, de todas formas… el Libro de los Arcanos ha hecho parte del trabajo por mí.
-¿De qué le ha servido al final?
-El Libro, el Libro ya no está conmigo, ha vuelto a donde debía estar. En efecto, me ha servido: en él hay páginas que yo he podido comprender. No me ayudaban frente al Ministerio, pero me ha puesto en claro algunas cosas sobre mí misma. Y gracias a ello puede que de una vez les haga entender que los quintapeds prefieren seguir ajenos a todo el mundo mágico en Drear, como ha sido desde el comienzo de los tiempos. Nunca lo he acabado de comprender, pero bueno, al pobre Fudge no le queda mucho en el cargo de todas formas… Espero continuar contando con Towner para el proceso al menos.
-¿Con Towner?- saltó Harry, más atento.
-Tampoco él desea que habiendo en medio una guerra se repare en cosillas como la mía, no merecen tanta atención. Ojalá el Primer Ministro pensara un poco, un poco sólo, e hiciera igual, aunque Towner lo intenta convencer. Con mirar para otro lado hasta que todo se suavice tiene de sobra. Bastante que me ha hecho en tiempo de paz; que tenga ese parecer es lo mejor que puede pasársele por el serrín que tiene entre los hombros.- explicó mirando a un punto fijo con rencor, como si él estuviera allí.
Harry descubrió que al menos eso había cambiado, que como le había pedido Lupin lo había modificado. Roxanne ya no sufría tanta presión del Ministerio y aunque seguía detestando a Towner, parecía existir algo de consenso entre ellos.
-Hay una cosa que quiero preguntar: en una carta que le escribió a Remus Lupin, le dio recuerdos de "la señora Lupin".- recordó Harry.
-¿Eso? Es un chiste que teníamos entre nosotros antes de separarnos. Bueno, hubo un tiempo en que Lupin y Dianne… algo después de James y Lily. Y, créeme, pensaban que iba para largo, así que de ahí salió que Leonowens fuera "la señora Lupin". Una tontería sin importancia. Ella nunca supo que Lupin era un hombre-lobo, y creo que le habría impactado demasiado saberlo. Yo lo sé –comenzó ante el amago de interrumpir de Harry- desde hace muchos años. Lupin y yo tenemos mucho más en común que con la mayoría del resto de gente que nos rodea, por eso él siempre ha estado conmigo en el caso de Drear. Hagrid también, pero porque él conoce a los quintapeds casi tan bien como yo, aunque nunca los ha visto, lo que sin duda es una gran intuición y un don que me viene muy bien.- explicó sonriente.- Yo te quiero preguntar algo, si me lo respondes: ¿no recuerdas nada?
-Si no fuera porque estoy aquí, hasta dudaría de haber juntado a mis padres; aunque por lo menos eso tengo la sensación de haberlo hecho.
-¿Nada más?
-¿Qué más quiere que le diga?. ¿Que hice grandes cosas?. ¿Que quizá haya cambiado alguna?. ¡No lo sé y por si también pregunta, lo mismo no quiero saberlo!
Roxanne no dijo nada, como siempre se quedó tranquila. Y aquella no era la reacción que Harry esperaba.
-Es una pena que no hayas heredado algo de savoir-faire de James o de Lily. A mí porque no me importa, pero deberías controlar ese genio. Te cansas muy rápido.
-¡No me canso! Estaría mejor que bien que el mundo dejara de esperar cosas de mí.
-Yo no espero nada de ti, Harry, porque lo que quieras hacer lo conseguirás. Y eso puede variar en tantas incontables ocasiones, como estoy viendo, que no es seguro confiar nada. Estás destinado a permanecer en la memoria y a hacer muchas más grandes cosas, seguro, pero sólo será si tienes bien forjados tus principios y tus ideas.
-No sé qué me quiere decir.- contestó él con desgana.
-Que te busques una máxima. Lo decían los griegos, "Gnothi seauton"; luego se copiaron los latinos, "Nosce te Ipsum": conócete a ti mismo; y eran demasiados listos como para equivocarse. Tras eso lo tendrás todo a tu alcance.
-Ya me conozco bastante bien, gracias.
-No creo.- le inclinó hacia delante.- Y la prueba está en que afirmas conocerte, ¿no lo crees? Es complicado pero decirlo tan seguro es síntoma de no saberlo bien. El único conocimiento que de verdad sirve no está en los libros, sino dentro de uno mismo; por eso te lo digo, que en balde yo no digo nada. Tienes que aprovechar el hecho de haber conocido a James y a Lily, tus padres, por quienes eres lo que eres y estás vivo. Los tienes que tener siempre en la mente, ahora más nítidos que nunca.
Harry no decía nada, pensaba en lo que Roxanne le contaba. Era tan cierto, pero a la vez tan idealista, que no estaba seguro.
-No te diré que somos lo que elegimos, como dicen muchos que no tienen ni idea, pero sí que llegaremos a tener según lo que hagamos hoy por ello. Para nosotros el futuro es una oportunidad, Harry, y sólo hay un único camino: morir en él por dar un paso más. Ni tú ni yo moriremos tranquilamente en una cama rodeados de seres queridos.- repentinamente, cambió su tono suave de mujer sabia que le gustaba darse y preguntó:- Bueno, lo que te estaba diciendo. No olvides buscarte una máxima, o al menos inténtalo. Ahora tengo que bajar a buscar al profesor Snape, ¿verdad que no hay quien lo aguante?
-Pero-pero –comenzó Harry todavía saliendo de sus hondos pensamientos. Roxanne se levantó y abrió la puerta.- ¿no había dicho que se quedaría conmigo hasta que volviera Dumbledore?
-¿Y tú no decías que no me necesitabas para vigilarte? Como salgas de este despacho, entonces sí que me vas a conocer de verdad. Venga, Harry,- le dijo más amablemente. Entonces conjuró una pequeña cama algo destartalada.- túmbate en ese catre y descansa, que bien te lo mereces.
Extrañado pero satisfecho con la conversación, Harry hizo caso a Roxanne. ¿Cómo diablos se buscaba uno una máxima?. ¿De dónde salen las máximas? Algo que sin duda, ella había olvidado mencionar. Pensando en diversas frases que abarcaran la complejidad de su mundo, Harry se fue quedando poco a poco dormido.
000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
Despertó al notar actividad a su alrededor. No entraba mucha luz por las altas ventanas del despacho. De repente lo sabía todo: desde el momento en que había llegado al pasado hasta la última mirada que echó a sus padres. Incluso que había sido una chica.
-Perdona si te he despertado, Harry.- se disculpó Dumbledore mientras cerraba la puerta de su armario.- ¿Estás mejor?
-¿Qué ha pasado?. ¿Qué han hecho?- le preguntó sin rodeos colocándose las gafas.
-Debiste de hacerlo mejor de lo que crees,- le sonrió el director.- serás el primero al que confirme que Voldemort no ha regresado, no está.
-¿Entonces?. ¿Qué ocurrirá con sus mortífagos?
-Me temo que no todo ha terminado, sólo podemos seguir. Muchos pensaron que sin Voldemort no habría guerra, pero nos olvidamos de sus aliados. Ellos no van a entregarse, como es lógico. Ya se temían que su amo no iba a regresar, se reorganizarán de alguna forma y continuarán ahí fuera.
-¿Cómo podían saberlo?
-Del mismo modo que tú, mantendrían contacto con él en el pasado de alguna forma y dejar de recibir noticias suyas ha debido ser un duro golpe.
-Ahora están desorientados, profesor, ¡se les podría atrapar y todo terminaría!- gritó Harry eufórico. Esa simple idea era estupenda.
-No es tan sencillo. Los mortífagos en este momento se han dispersado, disuelto, sin dejar ningún rastro. ¿Se te ocurre la razón?
-No querrán ser encontrados, los aurores deben estar buscándolos por todas partes.- respondió Harry con evidencia, encontrando la pregunta estúpida.
-Exacto, pero no lo están.- replicó él con atención.- Esta noche pasada hemos ido y no quedaba ninguno de ellos. El Ministerio está desconcertado porque de súbito les ha perdido la pista. No tienen ni idea de lo que está ocurriendo, pero es obvio lo que se les parece que pasa.
Calló porque quería que Harry lo pensara. El razonamiento del Ministerio, que sólo quería que hubiera paz o aparentar que la había, no dejaba muchas dudas:
-Que han desaparecido y no van a volver.
-En este momento –continuó Dumbledore afirmativamente.- centenares de magos y brujas estarán recibiendo un especial de El Profeta cuyo titular diga que no hallan a Voldemort ni vivo ni muerto.
-¡Pero están en un error!. ¡Sólo se están reorganizando!
-Tampoco hay pruebas concluyentes que indiquen eso.- justificó él meneando la cabeza.- No se puede, sin embargo, eliminar todas las alternativas, eso es descabellado.
-¡Tendremos que hacer algo, profesor!. ¡Algún modo de comunicar a todos la verdad!
Dumbledore sonrió.
-Eres un hombre impetuoso. Una vez más, el mundo elegirá lo que prefiere creer, apoyándose en que no podemos demostrar nada. Necesito saber qué ha ocurrido y lo que has hecho, Harry.
-Lo he recordado todo en sueños, señor, todo, no sé cómo.
Dumbledore le explicó que una vez dormido había podido reorganizar todo aquello en su mente, y alabó a Roxanne MacBoon por la sugerencia, seguro de que ella lo había supuesto así. Después Harry relató a Dumbledore su misión, dándole ideas generales.
-Es cierto, yo lo hice: yo encerré a Voldemort en su diario, en el de Tom Ryddle. Pero mis padres y yo queríamos destruirlo, ¿por qué no lo conseguimos?- preguntó más para sí mismo que para el director.
-Puedo suponer lo que pasó. ¿Él dijo que sobreviviría a vuestro ataque, que no todo acabaría entonces?
-Sí… es verdad.- recayó Harry.- ¿Era una maldición, un conjuro? Por eso sobrevivió esa vez.- hizo un pequeño silencio en el que reflexionó.- Pero no le sirvió, es extraño, y sin embargo él mismo estaba firmando su sentencia al pronunciar aquello: metiéndose en un diario que en este año estaba destruido.
-El deseo de inmortalidad de Tom, desarrollado a lo largo de su vida, era muy superior a todos los deseos que experimentan los hombres. El deseo de ser eterno sólo se cumplirá en las mentes de los que vivimos hoy, pero no lo será para siempre. ¿Lo entiendes, Harry? Toda una vida sacrificada a un objetivo tan poco digno, convertido en humo y sombra.
-Profesor Dumbledore, el diario de Ryddle es el libro que nunca queda escrito… en el que se halla la respuesta y fin a mi cuita, según la profecía, ¿se acuerda?- le dijo Harry.
-Lo es. Ese libro no podía ser escrito, tu madre escribía en él pero las palabras se desvanecían como sucedió aquí con la señorita Weasley hace cuatro años.
-¿Cómo lo sabe?
-Yo también registraba los paquetes de mis alumnos.- le confió guiñándole un ojo.- Antes de que se desatara la amenaza de los mortífagos en la escuela yo tenía ligeras ideas de lo que estaba pasando. Entre tú y yo, Harry, ése regalo de Navidad fue muy bueno para Lily, la bola dorada. De hecho, creo…
Dumbledore se levantó y abriendo el armario donde por fin había vuelto el pensadero, rebuscó en una de esas cajas que Harry había visto cuando lo comenzó todo con aquella curiosidad que siempre le había sido característica. Guardándola como un tesoro en sus manos, volvió a su asiento, reservando la sorpresa. Abrió su mano.
-Sin dudas y más que nunca, debes tenerla tú.-algo arañada por el tiempo y las manos que la habrían tenido, esa pequeña snitch musical y sin alas, estaba en su mano. Cariñosamente, Dumbledore la colocó en la de Harry.- Ahora, lo mejor será que bajes a desayunar algo. El señor Weasley y la señorita Granger se alegrarán mucho de volver a verte.
-Muchas gracias, señor.- hizo ademán de levantarse, pero olvidó un pequeño detalle.- Profesor, ¿qué día es hoy?
-------------------------------------------------------------------------------------------
-¡HARRY!- chilló Hermione echándole los brazos al cuello y haciéndolo retroceder de la fuerza. Estaba casi temblando de la emoción. Ron estaba tan anonadado que no sabía qué hacer. Cuando la chica se apartó un poco se decidió y lo abrazó estrechamente.
-¡Es como si no os viera desde hace años…!
-Todos estarán tan contentos de verte. Algunos no han dejado de preguntar por ti.
-Es Voldemort.- saltó Harry impaciente y convencido.- Se acabó. Quiero decir, no todo, pero él… se acabó.
La idea no se cuadró rápidamente en la mente de los dos muchachos. Era demasiado buena, demasiado soñadora.
-¿Estás seguro?- inquirió Ron, y Hermione lo golpeó en el brazo.
-Harry, para siempre.- añadió ella mirando a su amigo como si él fuera el milagro. -¡Este será un día histórico!. ¡Un día grande!
-Yo ya lo voy a recordar aunque no sea importante.- contestó Harry, sonriendo.
Juntos, como lo habían estado tantos años, el mismo pensamiento cruzó sus mentes: no importaba contra quién hubiera que luchar. Siempre habría que hacerlo, y era mejor saber que tenían algo por lo que dar la vida, viviendo por ello. Que ninguno encontraría la paz hasta que estuviera realizado y esa sola razón los uniría más allá de pequeños horizontes del tiempo.
Entonces, Harry supo que había encontrado su máxima expresión porque supo cómo hallaría lo que quería encontrar, en ese camino, y lo que quería para todos los suyos del pasado, del presente y del futuro incierto que le precedía. Ahora era un hombre.
FIN
000000000000000000000000000000000000000000000000000000
¿No puede ser?. ¿FIN?. ¡¡EL FIN!!
Ahora me siento extrañamente eufórica, a esta gran historia le estoy dando fin. ¡¡Y me ha llevado tanto!! Me siento satisfecha y no puedo por menos de decir que sin vosotros, los que estáis, sin olvidar a los que estuvieron y a los que vendrán cuando esta historia se pierda en las grandes páginas de fanfiction; son a quienes les debo más. Gracias por esa paciencia infinita, por esos reviews que me animaron en momentos peores y por esa sensación indefinible.
Han sido muchos capítulos y ya que será la última vez que ponga algo aquí, sólo pido a quienes nunca se han dado a conocer, que por favor lo hagan. Que me pongan un nombre y una letra que no llevan ningún tiempo, me darán mucho contento a cambio de poquito.
Bien. Bien. ¡¡No quiero darle fin, no del todo!! Me da pena… He querido tanto y tanto a este fic, que siento como si fuera el niño que se hace grande y se va de casa…
¿Qué me quedaría diciendo de prolongar esto? Discursos nostálgicos y profundos que convergen en una sola frase: recodaré toda mi vida esta historia como una pequeña hazaña, con todo el amor de un autor por sus escritos, porque no hay nada como escribir.
Un saludo a todos.
RL-P
5 de Enero
