Capítulo 3.

Genzo no sabía como ayudar a su hermana y a su mejor amigo. El primero ya había pasado por el hecho doloroso de perder un hijo, pero al menos a Genzo le quedaban dos hijos más, pero Taro había perdido a sus dos herederos... No era fácil superar algo así...

- ¿Crees que sobrevivan a esto?.- la esposa de Genzo se acercó a él y se sentó a su lado.

- Quizás sí.- respondió él, a la evasiva.- Perder a un hijo puede separar a una pareja, o unirla más...

- Eso no nos separó a nosotros.- comentó ella, tranquilamente.- ¿Por qué con Taro y Eriko habría de ser diferente?

- Sí, pero la diferencia entre nosotros y ellos es el carácter de Eriko.- respondió Genzo.- Ella es demasiado orgullosa y retraída cuando algo la lastima...

- ¿Y tú no eres así?.- preguntó la mujer, suavemente.

- Sí, lo soy.- reconoció Genzo.- Pero es diferente. Yo soy la cabeza de la familia y como tal era mi deber el no permitir que nos fragmentáramos, pero en el caso de Eriko...

- Ella es tan débil como cualquiera.- suspiró la esposa de Genzo.- Pero no lo quiere admitir...

- Exactamente.- Genzo también suspiró.

No era la gran cosa, pero si al menos Eriko dejara ayudarse... Taro estaba volviéndose loco tratando de ayudarla y de no dejarse caer él mismo, y Genzo se preguntó cuánto tiempo resistiría...

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Había sido curiosa la manera en cómo Genzo había conocido a su futura esposa. Todo había comenzado con una estúpida propuesta hecha a la ligera y aceptada muy en serio. Touya, el hermano mayor de Genzo, se encontraba en Estados Unidos de viaje con su hermano y su hijito visitando a una tía lejana cuando recibió la noticia de que tendría que viajar de urgencia a Londres a completar un contrato importante para su negocio. Sin embargo, Touya no podría irse con su pequeño hijo de dos años y medio, así que Genzo se ofreció a llevarlo a Francia con su madre, Hotaru, la cual se encontraba ahí visitando a su propia madre. Más tardó el portero en hacer la propuesta que su hermano en aceptarla, y cuando menos se dio cuenta, Genzo se encontraba a bordo de un avión con destino a París en compañía de su inquieto sobrino. Obvio era que el muchacho nunca había cuidado a un niño, ni de ésa ni de ninguna edad, así que Genzo se las vi negras la primera parte del viaje. El avión hizo una breve escala en la ciudad de México, y ahí abordó una joven a la que Genzo no le prestó atención de momento y que ocupó el asiento vacío junto al portero. Cuando el avión volvió a despegar, Kyo se puso de lo más inquieto e histérico y no paraba de llorar. En algún momento, Genzo lo cargó y entonces el niño hizo el intento de irse con la mujer de al lado.

- Estate quieto, Kyo.- pidió Genzo.- Tranquilo, por favor.

Pero el niño no hacía ningún caso; la azafata llegó a preguntar si necesitaba ayuda, pero Kyo apenas la veía y se soltaba a llorar. Era obvio que él quería irse con la muchacha que estaba sentada a un lado, aunque Genzo no entendía el por qué.

- Kyo, por favor.- insistió Genzo, por milésima vez.- Estate quieto, ella no es tu mamá...

- Quizás lo que quiere es que una mujer lo cargue.- sugirió la joven desconocida.- No por nada, pero los hombres no suelen ser tan buenos con los niños pequeños.

Genzo volteó a ver a la desconocida y entonces supo el por qué Kyo se quería ir con ella (ah, acá voy de nuevo...). La muchacha era preciosa y tenía los ojos negros más bellos que él había visto en el mundo... No, esos ojos no eran negros, eran más bien de un color café oscuro, como del color del chocolate.

- Perdón, quizás soy demasiado entrometida.- se disculpó la muchacha.- Es solo que creo que está cansado y el pequeño también.

- La verdad, un poco.- suspiró Genzo.- Pero no quiero molestarla.

- No sería molestia.- la joven sonrió dulcemente.- Me gustan los niños, y usted podría descansar un rato. Además, no pienso bajarme del avión y robarme al niño, para eso al menos necesitaría un paracaídas.

Genzo rió levemente. Kyo no dejaba de retorcerse entre sus brazos, y cuando menos se dio cuenta, el niño ya estaba muy feliz en el regazo de la joven. Ella le sonrió y le habló con una voz suave, y Kyo se tranquilizó al instante. Genzo suspiró, un tanto aliviado por poder descansar un rato, y sin darse cuenta se quedó dormido. Unas dos horas después, cuando ya iban volando sobre el Atlántico, el portero despertó y vio a la joven cantándole canciones infantiles en un idioma desconocido. Español, supuso Genzo.

- No tengo cortesía, ni vergüenza, ni decencia.- se disculpó Genzo.- Lo lamento mucho, he abusado de su gentileza.

- No se preocupe.- sonrió la mujer.- No fue ninguna molestia, tiene usted un hijo muy tierno.

- ¿Hijo?.- Genzo soltó la carcajada.- No, no. Kyo no es mi hijo, es mi sobrino...

- Eso explicaría por qué se parece tanto a usted.- suspiró la muchacha.- En fin, es un niño muy dulce, no fue nada de molestia el cuidarlo. Además, estaba durmiendo tan pacíficamente que no quise despertarlo...

- De verdad, se lo agradezco.- sonrió Genzo.

Ya, ¿desde cuando era tan cortés y decente? Genzo era del tipo de hombre que se lanza a matar con cualquier mujer hermosa con la que se topa, y la que estaba a su lado cuidando a Kyo era realmente bellísima, de facciones muy finas, piel clara y cabello castaño oscuro y largo. Sutilmente, Genzo miró las piernas torneadas y desnudas de la joven y después miró su escote, del cual se notaban dos "poderosas" razones para llamar la atención del portero...

- Kyo, es hora de que dejes a la señorita en paz.- dijo Genzo, extendiendo sus brazos.

- No.- Kyo movió la cabeza de un lado a otro.

- Kyo, no me desobedezcas. Ella no es tu madre y no hay que molestar más a la señorita.- insistió Genzo.

Pero Kyo le dio la espalda a su tío y se recargó aun más contra la joven. Ella soltó una risilla.

- Por mí no hay problema.- dijo ella.- Por favor, no se preocupe.

- No quiero molestarla.- Genzo estaba avergonzado.- Y este niño es un malcriado.

- De verdad, no se moleste.- insistió ella.- Por mí no hay problema.

De cualquier manera, Kyo se hizo el dormido para que Genzo dejara de molestarlo y al poco rato se quedó dormido de verdad, de manera que al portero no le quedó más remedio que resignarse, aunque no le molestó en lo absoluto, ya que así pudo entablar conversación con la joven y enterarse de que ella iba a Europa a participar en un evento importante que ella no quiso decir. Los dos charlaron de todo un poco, hasta que el avión aterrizó en París y entonces Genzo tuvo que bajarse. Kyo hizo el berrinche de su vida, pues la joven iría de paso hasta Alemania, de manera que el niño tendría que separarse de su provisional niñera, cosa que a él no le gustó.

- ¿No me podría pasar su teléfono?.- preguntó Genzo, agarrando la oportunidad al vuelo.- Por si acaso debo viajar otra vez.

- ¿No dijo que era su sobrino?.- replicó la joven.- Quizás sea mejor que él viaje con su madre a partir de ahora.

Era momento de descender, así que Genzo no insistió. Sin embargo, estando en tierra se dio cuenta tardíamente de que en todo el tiempo que estuvo charlando con ella, a él no se le ocurrió preguntarle por lo menos su nombre...

Genzo venía pensando en todo esto mientras se dirigía a su departamento para ir a buscar a su hermana. De primer momento, el portero pensó que la joven había sido una compañía agradable y una ayuda inapreciable durante el largo viaje, pero conforme pasaban los días, Genzo pensaba más y más en esa joven y se recriminaba por haber sido tan estúpido y no haberle preguntado por lo menos su nombre... Al menos, Ishizaki había tenido razón por una vez en la vida al decir que Genzo parecía haberse enamorado...

Claro, en cuanto llegó a su casa, al portero se le olvidó todo. Al abrir la puerta, él encontró a su hermana y a su amigo sentados en el sillón, escuchando música de Eros Ramazzoti en el tocadiscos de Genzo. Eriko y Taro reían alegremente, y se notaba a luces que no se veían como dos personas que acababan de conocerse, sino como dos antiguos amantes. Tan entusiasmados estaban el uno con el otro que no se dieron cuenta de cuando Genzo entró. Éste carraspeó, molesto.

- Hola, hermanito.- saludó Eriko, estirándose en el sofá.- Llegas tarde.

- Wakabayashi, ya llegaste.- Taro se puso más rígido que una tabla.

- Tienes cara de niño regañado.- gruñó Genzo.- ¿Te estabas portando mal?

- Por supuesto que no.- Taro se puso más rojo que la gorra de su amigo.- Solo estaba... Eh... Este...

- Vamos, Genzito, no seas tan enojón.- Eriko acarició muy sugestivamente el brazo de Misaki.- Tu amigo solo estaba haciéndome pasar una de las tardes más increíbles que he tenido en toda mi vida.

Misaki casi se derrite en pleno sofá, pero le preocupaba más la reacción que había causado la caricia de Eriko en la parte inferior de su cuerpo. A Wakabayashi no le pasaba desapercibido nada de esto y frunció más el entrecejo. Eriko fingió no darse cuenta de nada y le sonrió muy seductoramente a Taro.

- Eri, ¿no tienes hambre?.- preguntó Genzo, cortando la magia.

- La verdad, no.- negó la mujer.- Tu amigo me llevó a comer una deliciosa rebanada de pastel con un capuchino helado. Eso romperá mi dieta, claro está...

- Ya le dije que no necesita ninguna dieta.- comentó Taro en esos momentos.- Usted es hermosa por naturaleza, estoy seguro, no necesita cuidarse de nada.

- De verdad que eres muy galante.- Eriko soltó una risilla nerviosa.

- Eriko, a la cocina.- cortó Genzo, enojado.- Ahora.

- Ya, ya.- gruñó la chica.- ¡Qué mal genio!

Genzo se llevó a su hermana con él a la cocina, al tiempo que Taro comenzaba a sentirse nervioso. Obvio era que a su amigo no le había agradado el encontrarlo tan cerca de su hermana, pero de verdad que no habían estado haciendo nada malo... Claro, Misaki tuvo que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no lanzársele encima a Eriko, pero al final de cuentas no había hecho nada... Mientras tanto, en la cocina, Genzo conectó la cafetera y miró a Eriko con enojo.

-¿Qué pretendes?.- gruñó él.

-No sé de qué me hablas.- Eriko se acomodó el cabello en el reflejo del vidrio de la alacena.

-Bien que lo sabes.- replicó Genzo.- Le estabas coqueteando a Misaki.

-¿Y qué si así fuera?.- ella lo confrontó.- Es atractivo.

-Es uno de mis mejores amigos.

-¿Y eso qué?

-No puedes salir con él

-¿Por qué no?

-Porque hay un código entre hermanos que prohíbe salir con los amigos.

-Eso te lo acabas de inventar.

-¿Y qué si así fuera? No quiero que vuelvas a salir con él.

Eriko sonrió con malicia. Parecía un reto difícil de aceptar. Eso había pasado entre ella y su hermano desde que ambos tuvieron edad suficiente como para fijarse en personas del sexo opuesto. Genzo retaba a Eriko al salir con las amigas de ella, y ella hacía lo mismo al salir con los amigos de él. Sin embargo, Misaki era otro cantar... No era como Wakashimazu, Misaki era uno de los amigos más entrañables de Genzo y él no permitiría que Eriko anduviera lanzando sus retos, además de que el portero conocía lo suficiente a su amigo como para saber que aunque Taro era un alma de Dios, de vez en cuando le salía lo "macho oriental" y le daba por conquistarse a la chica que le gustaba y Eriko no sería una de ellas...

(Macho oriental... Cortesía de Hayabusa XD).

Eriko y Genzo estaban a punto de enfrascarse en un duelo de poderes cuando Taro tocó a la puerta de la cocina y después entró.

- Perdón, no quiero interrumpir, pero debo irme.- dijo Misaki.- Nos veremos mañana, Wakabayashi.

- Espera, no te vayas.- dijo Eriko inmediatamente.- ¿No quieres quedarte a cenar?

- Creí que no tenías hambre.- gruñó Genzo.

- Pues ya me dio.- replicó Eriko.

- Gracias, pero no quiero interrumpir.- se disculpó Taro.- Ni molestar. Mejor me retiro. Mademoiselle Eriko, fue todo un placer.

- Lo mismo digo, monsieur Misaki.- sonrió ella.

Genzo miró los ojos que su hermana le lanzó a Taro y los que éste le lanzó a ella, y se dio cuenta de que sería imposible interferir... El arquero suspiró. Esos dos iban a causarle demasiados problemas...

- Quédate a cenar, Misaki, por favor.- pidió Genzo.- Es lo mínimo que puedo hacer, después de cuidar tan bien de mi hermana.

- ¿Estás seguro?.- Taro arqueó las cejas.

- Bien seguro.- asintió Genzo.- Quédate, por favor.

- De acuerdo, pero con una condición.- dijo Taro.- Yo cocino. La última vez me indigestó tu espagueti.

- Es que siempre lo prepara con carne echada a perder.- rió Eriko.

- Par de simpáticos.- gruñó Genzo.

- ¿Qué desea cenar, Mademoiselle Eriko?.- preguntó Taro, galante.

- No sé, todo depende de lo que sepa preparar, monsieur.- respondió la chica.

- ¿Le apetece una lasaña?

- Me encantaría.

- No tengo queso.- replicó Genzo.

Los otros dos lo miraron con cara de "¿y qué no piensas comprar?". Genzo suspiró y movió la cabeza de un lado a otro.

- Voy a la tienda.- dijo el portero.- Pórtense bien, o al menos no rompan mis trofeos...

Qué remedio. Genzo tomó su abrigo y salió a la calle. Era una noche clara y la tienda no se encontraba muy lejos, de manera que Genzo decidió irse caminando. En el supermercado había poca gente y Genzo se dirigió directo a la zona de lácteos. Estaba tan distraído pensando en el hecho de que su hermana estuviera a solas con el saco de hormonas de Misaki que no se dio cuenta de que alguien iba a tomar el mismo paquete de queso que él, hasta que sus manos chocaron con las de esa persona.

- Lo siento.- se disculpó Genzo.- ¡Ah!

No, no podía ser cierto. ¡Frente a él estaba la chica del avión! Ella también parecía sorprendida por la casualidad.

- Lo siento.- se disculpó la muchacha.- Tome el queso, yo compraré otro.

La chica se dio la vuelta, y antes de que Genzo supiera lo que estaba haciendo, ya la había tomado por el brazo.

- Espere.- pidió él.- Dígame al menos cuál es su nombre...

La joven volteó a mirarlo y sonrió. Al parecer, a ella también le había agradado el volver a encontrarse a Genzo.