Capítulo 4.
Encerrada en su habitación, Eriko contemplaba cómo la luz del sol iba haciendo formas caprichosas con las sombras en el techo. Las horas pasaban lentas e interminables, y a ella no le importaba...
Si tan solo ella no hubiera insistido en ir a trabajar ese día... Si tan solo ella hubiera escuchado la súplica de Enory, si tan solo hubiera hecho caso del presentimiento de Eiki... Si tan solo Eriko hubiese hecho caso de las señales, sus dos pequeños hijos aun seguirían con vida... El instinto de una madre pone a salvo a sus hijos siempre...
El único que entraba a verla era Taro, cosa que Eriko agradecía en el alma. Ella no estaba en condiciones de ver a nadie más que no fuera él, ni siquiera a Genzo, Eriko no tendría el valor de enfrentarse a su hermano y decirle que había fallado como madre... Él, que supo apoyar a su familia tras la muerte de Aremy, Genzo no comprendería el fallo de Eriko...
Por supuesto, esto no era cierto, pero Eriko estaba tan dolida que no pensaba más que en su fracaso...
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Mientras esperaba a que Genzo regresara con el dichoso queso, Taro comenzó a preparar la pasta, mientras Eriko le contaba sobre su motivo de visita en Alemania.
- Habrá una pasarela de caridad para los niños de África.- decía la chica.- El dinero de la venta de los boletos y de los vestidos que se vendan se utilizará para llevarles alimento, medicinas y ropa.
- Es una labor noble.- sonrió Taro.
- ¿Te sorprende?.- cuestionó Eriko.- Pusiste cara de sorpresa.
- No, bueno sí, un poco, es solo que eres tan... No, olvídalo.- Misaki agachó la mirada y se puso colorado.
- ¿Tan qué?.- a Eriko no le agradó el comentario.
- No se moleste, mademoiselle.- pidió Taro.- Es solo que normalmente, belleza no va de la mano con nobleza, pero usted es la excepción que confirma la regla.
Eriko se sintió tremendamente avergonzada. Le habían dicho mil veces que era hermosa, que era bellísima como ninguna, pero la forma en como Taro le dijo le llegó a lo más profundo de su corazón. ¡Ja! Qué buen chiste, una modelo no tiene corazón. ¿O no había sido eso lo que Misaki había dado a entender?
Taro seguía amasando la masa sin mirar a la joven. Él no sabía por qué, pero se ponía muy nervioso delante de ella, él, quien nunca se había sentido cohibido ni ante la mujer más fatal. Era increíble...
- ¿Y tú?.- preguntó Eriko, después de un rato.- ¿Qué haces en Alemania?
- Bueno, vengo a jugar con la selección, igual que tu hermano.- respondió Taro.
- Ah, es cierto.- Eriko soltó una risilla nerviosa.- ¡Qué pregunta más tonta!
- Por algo eres hermana de Genzo.- murmuró Misaki.
- ¿Qué dijiste?
- Nada...
- ¡Te oí!
- Jajajaja, ya perdóneme...
Eriko vio la harina cerca de ella y entonces tuvo una idea loca. Agarró un poco y se la embarró a Taro en la camisa. Él la miró con perplejidad por varios segundos.
- ¿No me digas que te molesta tener la ropa sucia?.- rió Eriko.- ¡Ups! Perdón.
Pero para sorpresa de ella, en vez de que él se riera o algo similar, Misaki se quitó la camisa, mostrando unos increíbles pectorales que hicieron que a Eriko se le subieran los colores al rostro.
- Tan fácil como eso.- dijo Taro, tomando un poco de harina también y embarrándosela en el pelo a Eriko.
- ¡No, mi cabello!.- protestó Eriko.
- Ah, claro, una súper modelo no puede tener el cabello sucio.- Taro rió a carcajadas.
- Te vas a arrepentir.- gruñó Eriko, agarrando la bolsa con la harina.
Ella comenzó a arrojársela a Taro, al tiempo que éste trataba de esquivarla con sus manos. La chica, nada tonta ni babosa, embarraba la harina en el pecho musculoso de Misaki y aprovechaba para darle una que otra caricia... Misaki aceptó el juego y él rozaba con sus manos la cintura desnuda de Eriko... Los dos estaban tan entretenidos con el juego que ninguno se dio cuenta de que habían llegado a la sala, y entonces Taro tropezó con el sofá, cayendo hacia atrás pero jalando a Eriko con él. Los dos cayeron después al suelo y entonces él cayó sobre ella. Eriko entonces supo que el juego había llegado muy lejos, cuando sintió el aliento cálido de Taro sobre su rostro...
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Genzo no sabía como retener a la chica que estaba frente a él. Ella parecía estar feliz de verlo, pero parecía estar más deseosa de irse que de quedarse a platicar con Genzo. Bueno, él la comprendía, después de todo él no era nada más que un hombre al que ayudó en el avión, nada más.
- Perdone, fue atrevido de mi parte.- se disculpó Genzo, después de soltar a la joven.- Es solo que no pensé que volvería a verla...
- Ni yo tampoco.- reconoció la muchacha, con una gran sonrisa.- El mundo es un pañuelo.
- Prefiero creer más en el destino.- dijo Genzo, un tanto apresuradamente.
- ¿No cree que es demasiado el decir eso?.- ella se dio la vuelta y empezó a andar.
- No, espere, por favor.- insistió Genzo, yendo tras ella.- De verdad que he estado esperando volverla a ver. Dígame por favor su nombre por lo menos...
- ¿Solo mi nombre?.- ella lo miró con una sonrisa extraña.- No tiene mucho caso el preguntar un nombre si no pregunta como localizar a la dueña.
- Quizás tenga razón.- Genzo se sintió cohibido, nunca había recibido una respuesta como aquella.- Entonces, si me dijera dónde puedo localizarla...
- Lo siento, mi madre me enseñó que no debo hablar con extraños ni mucho menos darles mi dirección.- replicó la joven.
Genzo se dio cuenta de que la chica se estaba burlando de él y se sintió como un niño inexperto, a pesar de que era más bien del tipo mujeriego. Esa muchacha estaba manejándolo a su antojo y modelándolo como masa fresca. Bueno, barro fresco... Rato después, la chica echó a reír a carcajadas.
- Debería de ver su cara, realmente se ve como perrito regañado.- se burló la joven.
- Se está burlando de mí.- reclamó Genzo.
- Quizás.- reconoció ella.- O quizás solo pretendo alejarlo a mi manera.
La chica volvió a caminar y salió rápidamente del supermercado sin comprar nada. Genzo le lanzó al cajero un billete de 50 euros para pagar el queso y sin esperar el cambio salió detrás de la chica. Vaya que ella caminaba rápido, le llevaba ya mucha ventaja al portero cuando él salió a la calle, pero Genzo no se iba a dejar vencer tan fácilmente... Comenzó a seguir a la chica, primero con intenciones de alcanzarla y después por observarla en su ámbito natural. La joven se movía con elegancia, con gracia, hablaba con educación y preguntaba cosas a los peatones con amabilidad y siempre agradecía con una sonrisa. Genzo estaba observándola fascinado cuando de repente ella tomó un callejón y él la perdió. El portero estaba confundido, la joven no podía desaparecer en el aire...
- Ya deje de seguirme o tendré que ir a la policía.- reclamó una voz a sus espaldas.
- ¡Ah!.- Genzo se dio la vuelta y vio ahí a la chica, mirándolo muy enojada.- No estoy siguiéndolo, es solo que...
- Sí me está siguiendo.- lo cortó ella, sus ojos relampaguearon.- Deje de acosarme, se lo advierto. Soy una mujer, pero sé defenderme.
- Por favor, no te molestes.- Genzo pensó que sería preferible tutearla.- De verdad, quiero conocerte...
- Qué más quisiera, pero estoy buscando a alguien, me urge localizarla.- replicó ella.- Lo lamento.
- Yo he vivido en esta ciudad por años.- insistió Genzo.- Sé por donde ir, dígame a quien quiere ver y la llevaré con ella.
Ella suspiró. Supuso que no le quedaría de otra...
- Qué más da... Busco a la modelo Eriko Wakabayashi.- suspiró ella.
Ja. No podía ser cierto. Y luego ella decía que no se trataba del destino...
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Elieth Shanks suspiró. Eriko ya se había tardado demasiado visitando a su hermano, Jean iba a hacerla trizas cuando se enterara de que se había fugado.
- Suya es la culpa.- replicó Andrea.- Bien que sabía que no debía irse.
- Bah, ¿a quién le importa?.- replicó Alana.- De cualquier manera será mejor para ella, ya que haría el ridículo en la pasarela.
- Por favor, Eriko nunca ha hecho el ridículo.- replicó Elieth.- Una cosa es que la odies porque siempre te opaca y otra muy diferente que sea ridícula.
- Sí, claro.- gruñó Alana.- ¿Opacarme, ésa, a mí? Nunca.
- Ya, deberías de tratarla mejor si quieres que te presente a su hermano.- comentó Andrea.
- No la necesito.- replicó Alana.- Genzo caerá rendido ante mis encantos.
- Por favor.- se burló Andrea.- ¿Cómo vas a hacer eso si estás aquí y él allá?
- Eso se puede arreglar fácilmente.- Alana se puso de pie.- Me iré a Hamburgo.
- ¿Estás loca?.- Andrea la miró con incredulidad.
- Al menos yo hago lo que deseo, no me la paso escondiendo lo que siento como una cobarde.- replicó Alana.
Andrea se calló abruptamente. Era bien conocido por todas que a ella también le gustaba Genzo, pero que era tan cobarde que no era capaz de admitirlo abiertamente. Alana tomó sus cosas, ante la sorpresa de las demás, aunque pronto fue superada cuando Elieth tomó también sus cosas.
- ¿Qué haces?.- preguntó Andrea.
- Voy contigo.- contestó Elieth.- Ya me aburrí de esperar.
- Como quieras.- Alana se encogió de hombros.
Mientras Alana buscaba un taxi, Elieth se encargó de dejar una excusa plausible en una nota para Jean Lacoste, su representante. Ella aventó la hojita de papel por debajo de la puerta de habitación de Jean y echó a correr, pero no se dio cuenta de que alguien había dado la vuelta en la esquina del corredor.
- ¡Ops! Lo siento.- murmuró Elieth, cayendo al suelo.
- No, yo lo siento.- replicó una voz masculina.- ¿Te has lastimado?
- No, estoy bien, de veras… .- gruñó Elieth.- Eso me pasa por correr como idiota sin fijarme por donde voy…
Ella levantó la mirada. Y se encontró con los ojos azules más increíbles que ella hubiese visto jamás…
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Eriko cerró los ojos. Su corazón se aceleró a mil por hora… Taro se acercó a ella y le rozó muy apenas la mejilla derecha… Y después, él se incorporó abruptamente.
- Lo siento, mademoiselle.- dijo Taro, muy serio.- Mire como la he puesto.
- Ah.- Eriko se puso de pie, respirando agitadamente.- Está bien, no te preocupes…
Ambos se recompusieron la ropa. Taro de repente se desapareció, pero Eriko, más preocupada por lavar su cabello, no se fijó mucho en eso. Ella usó el lavabo de la cocina para enjuagarse el pelo, y después se dirigió hacia la que sería su habitación por esas dos noches para ir por una toalla, pero al hacerlo pasó por el baño y vio a Misaki inclinado sobre el lavabo enjuagándose el pecho y la espalda. El agua escurría por el cuerpo musculoso del muchacho y Eriko se quedó con la boca abierta… Su corazón volvió a latir rápidamente y un extraño rubor le recorrió el cuerpo… Taro no se había dado cuenta de nada, siguió lavándose el cuerpo sin ver la mirada de la joven, hasta que entonces ella reaccionó y siguió su camino.
"¿Qué fue eso?", se preguntó Eriko, a sí misma, mientras se secaba el pelo y se cambiaba de blusa.
"Te gusta", respondió su otro yo.
"Claro que no", replicó Eriko inmediatamente. "Apenas lo conocí hoy".
"¿Y eso qué? El amor a primera vista existe…"
"¡No digas idioteces!".
"Si quieres hacerte la tonta, es tu problema…".
Misaki estaba secándose el pecho con una toalla cuando el reflejo de Eriko apareció en el espejo, detrás de él. Instintivamente, Taro se cubrió el pecho con la toalla.
- ¿Se le ofrece algo, mademoiselle?.- preguntó él, algo turbado.
- Solo vine a traerte esta camiseta de mi hermano.- respondió Eriko, tendiéndole la camiseta a Misaki sin mirarlo a los ojos.- No creo que puedas ponerte la camisa que traías, quedó muy sucia…
- Ah, muchas gracias…
Eriko sentía que si miraba a Misaki a los ojos, segurito se le lanzaría encima… Cosa que no sería tan mala idea de no ser porque Genzo podría llegar en cualquier momento y encontrarlos amándose en el suelo del baño… Taro ya se había puesto la camisa y entonces Eriko echó a reír. Definitivamente, él no tenía la corpulencia de Genzo, ni la estatura, por lo que la camisa le quedaba a Misaki muy floja; éste miró desconcertado a la joven por instantes, pero entonces se echó a reír con ella…
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Genzo no podía creer su buena suerte. ¡La chica del avión estaba buscando a su hermana! Ah, por primera vez, Genzo daba gracias por ser hermano de Eriko. Sin embargo, la joven se negaba a decirle su nombre, a pesar de las insistencias de él…
- Por favor, que no te voy a hacer nada.- dijo Genzo.- Solo dime tu nombre…
- ¿Para qué quieres saberlo?.- replicó ella.- Muy probablemente, nunca más vuelvas a verme…
- Yo no lo creo así.- replicó Genzo.- Pensé que no volvería a verte después de lo del avión, y ahora…
- Bueno, eso fue solo una coincidencia.- la chica se puso a mirar las estrellas mientras caminaba.
Genzo la miraba de reojo. Ella era muy bella, de eso no cabía duda, su cabello era más largo de lo que Genzo notó en un principio, casi le llegaba a la cadera, pero eso a él no le desagradaba, todo lo contrario, además que la sonrisa de la chica era increíble…
- ¿Tengo monos en la cara o qué?.- gruñó ella.
- ¿Qué dices?.- Genzo se desconcertó.
- Deja de mirarme.- reclamó ella.- No soy una pintura en exhibición ni un animal en peligro de extinción.
- ¿Te molesta que un hombre te mire?.- reclamó Genzo.
- Me molestas que tú me mires.- respondió ella, dejándolo mudo.
Vaya que esa chica no era cualquier cosa… Al fin, después de una caminata que le pareció muy corta, Genzo y la joven llegaron al departamento de aquel. Él no encontraba sus llaves y ella comenzaba a desesperarse.
- Estás jugando conmigo, ¿cierto?.- gruñó la joven.- No sabes en dónde está Eriko Wakabayashi.
- Claro que lo sé.- gruñó Genzo.- Solo dame la oportunidad de… Ah…
Él había encontrado al fin sus llaves y había abierto la puerta, encontrándose a Eriko riéndose a carcajadas con Taro. Ninguno estaba haciendo nada inapropiado, pero Genzo inmediatamente notó que Taro llevaba puesta una de sus camisetas y que Eriko llevaba el pelo mojado, cosa que no le causó buena espina…
La joven extranjera miró la reacción de Genzo y más o menos entendió el tipo de relación que podía tener él con Eriko Wakabayashi… Lo más seguro, era que fueran amantes, o al menos así lo pensó ella…
