Capítulo 6.

No había sido demasiado tarde... Los médicos del hospital habían conseguido salvarle la vida a Eriko, para alivio de todos, quizás incluso de ella misma. Eriko tendría que permanecer en el hospital pro varios días, pero Taro ya estaba haciendo planes... Después de asegurarse de que su esposa viviría, él se fue a hacer algunas llamadas telefónicas...

- ¿Estás seguro de lo que haces?.- preguntó Lily, dubitativa.- ¿No crees que eso afectaría aun más a Eriko?

- Sí, estoy seguro.- respondió Taro, con seguridad.- Será lo mejor. No puedo yo solo con esto, necesito ayuda de expertos... Mira lo que saqué por creer que yo solo podría con todo esto, casi hago que Eriko muera...

- No fue culpa tuya.- lo contradijo Lily.- No podías prevenirlo. Y en todo caso, la culpa fue mía por confiarme... Debí haber llamado antes a los médicos...

- No fue culpa de ninguno de los dos.- replicó Genzo en esos momentos.- Misaki, tú tienes encima de ti un peso enorme por tratar de sacar adelante tu matrimonio, tu carrera y tratar de no volverte loco por la muerte de tus hijos. Era obvio que no ibas a poder con todo, y yo sé que intentaste ayudar a Eriko con todas tus fuerzas, pero esto los sobrepasó a ambos. Y Lily, conozco a mi hermana. Sé que no hubieras podido ayudarla, ella no te lo habría permitido... No es culpa de nadie, así que dejen de amargarse la existencia por eso. Yo estoy de acuerdo en que busques ayuda profesional para Eriko, será lo mejor para ambos.

Taro sonrió levemente. Como siempre, ahí estaba Genzo para darle ánimos. La verdad era que Misaki lo admiraba, siempre había sido decidido y fuerte de carácter, con un gran temple y nervios de hierro. Genzo nunca había dejado solos a ninguno de sus amigos, y quedaba claro que en ese momento tampoco dejaría solos ni a su amigo ni a su hermana.

- Gracias, Wakabayashi.- sonrió Taro.- No sé como agradecerte...

- Ni me digas nada.- lo interrumpió Genzo.- Tú me ayudaste cuando murió Aremy. Ahora es momento de devolverte el favor... Además, quiera que no, sigues siendo mi cuñado...

La enfermera apareció en esos momentos para decirles que ya podían pasar a ver a Eriko. Lily y Genzo dijeron que pasarían después, para darle a Taro la oportunidad de entrar primero. Misaki entró a la habitación y encontró a su esposa recostada sobre la cama, con los ojos cerrados y respirando pacíficamente. Llevaba ambas muñecas vendadas, de manera que el suero lo tenía puesto en una vena del pliegue del codo.

- Le hemos puesto un calmante.- explicó la enfermera.- Para que pueda descansar...

- Gracias.- musitó Taro.

La enfermera salió para dejarlos solos y entonces Taro se sentó a un lado de la cama; comenzó a acariciar el cabello negro de Eriko, el cual momentáneamente había perdido su brillo, y suspiró...

Sí, las cosas se habían salido de control... Taro tendría que pedir ayuda para rescatar a su esposa del abismo en el que había caído...

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Había pasado el tiempo. Taro era apenas un adolescente cuando conoció a Natalie en Francia, un día que acompañaba a su padre a pintar un paisaje con la Torre Eiffel como fondo. La chica era linda, eso que ni qué, pero estaba loca, eso que ni qué, aunque eso no impidió a Taro enamorarse de ella, aunque con el paso del tiempo el amor se fue al caño debido a los celos excesivos y la tremenda desconfianza de Natalie. Para ella, todas las mujeres del planeta estaban enamoradas de Taro Misaki... (Que no está tan equivocada, hay que decirlo). Después de un tiempo, Misaki regresó a Japón después de cortar con Natalie y entonces perdió todo contacto con ella. Taro se distrajo tanto con el fútbol, su nueva relación con su madre y media hermana, la selección nacional y los mundiales, que no se dio cuenta de que con el tiempo Natalie hizo realidad su deseo de ser súper modelo, por lo que él no sabía que ella también estaría presente en la pasarela de Múnich... Claro, en la televisión lo habían anunciado, pero Taro se había embobado tanto con Eriko que no se dio cuenta de nada más...

- No, ya en serio.- Taro se secó el agua de los labios con la mano.- ¿Qué haces aquí?

- Ya te dije, vine a verte.- replicó Natalie.- ¿Por qué no me crees?

- Porque, sin exagerar, creo que han pasado cuando menos unos siete años desde la última vez que te vi.- suspiró Taro.- No esperas que te crea que después de todo ese tiempo te paras en la concentración de mi equipo de fútbol solo porque de repente se metieron las ganas de verme.

- Bueno, ya, vine a Alemania a la pasarela que habrá pasado mañana a favor de los niños pobres de África y pues me enteré de que estabas en Hamburgo y aquí estoy.- replicó Natalie.

- ¿También eres modelo?.- Taro se sorprendió.

- Claro. ¿En qué mundo vives, Taro Misaki?.- Natalie suspiró.- ¿Es tan malo que haya querido verte después de tanto tiempo?

- No es que sea malo, es que es extraño.- Taro echó a andar.- Es todo.

- Me da gusto verte.- comentó Natalie.- Has crecido. Te pusiste muy guapo...

- Gracias.- Misaki se sintió cohibido.- Tú estás... Hermosa...

- Te lo agradezco.- Natalie sonrió de manera cautivadora.

Misaki no entendía nada. De verdad que tenía al menos unos siete años de no tener contacto con Natalie y ahora ella lo trataba como si tan solo llevaran siete minutos de no verse. ¿Qué querría ella?

- Bueno, me dio gusto verte.- Taro echó a andar de nuevo.- Cuídate.

- ¿Así nada más?.- protestó Natalie.- Te he extrañado muchísimo, Taro. No he dejado de pensar en ti. Quiero volver a saber de ti, volver a tener contacto contigo.

- Supongo que no habrá problema, creo.- admitió Taro.- Quizás podamos vernos terminado el entrenamiento.

- Claro.- Natalie se acercó a él y le acarició el rostro.- Creciste, pero sigues pareciendo un niño...

La chica se había acercado demasiado a él, pero entonces alguien carraspeó con fuerza. Temiendo que se tratara del entrenador, Misaki se hizo para atrás, pero fue peor darse cuenta de que quien se encontraba ahí no era otra que Eriko.

- Buenas tardes, mademoiselle.- Taro casi empuja a Natalie hacia atrás.- No la había visto.

- De eso me di cuenta.- replicó Eriko, con frialdad.- Estando tan ocupado, dudo mucho que se haya dado cuenta de otra cosa.

- Gusto en verte, Eriko.- Natalie coqueteó con uno de sus rizos.- No sabía que conocías a Tarito.

- Lo conocí ayer, es amigo de mi hermano.- Eriko le lanzó a Natalie una mirada asesina.- Bueno, perdonen la interrupción. Venía a ver si quería ir a comer con mi hermano y conmigo, pero veo que está ocupado, monsieur Misaki, así que no interrumpo.

- Ey, ¿por qué la agresividad?.- rió Natalie.- Somos amigas y compañeras, ¿no? Podemos ir todos juntos.

En ese momento, al ver la mirada y la sonrisa de burla de Natalie, Eriko supo que hasta el momento, no sabía lo que era tener una verdadera amiga.

- Además.- continuó Natalie.- Alana está aquí, dispuesta a conquistar a tu hermano. Podríamos ir a comer los cinco juntos. Claro, tú te quedaras sin pareja ya que Alana estará acaparando a tu hermano y pues yo tengo mucho de qué platica con Tarito.

Iba Eriko a responder, pero entonces Taro intervino. No le agradaba la manera en cómo Natalie se refería a él como si se tratara de algo que le perteneciera. Era momento de poner un alto antes de que las cosas se fueran más lejos.

- Perdón, pero recordé que tengo algo pendiente.- interrumpió Misaki, en ese instante.- Anoche, después de acompañar a la señorita Del Valle a su hotel, quedé con ella de almorzar el día de hoy, así que discúlpenme si me zafo de su amable invitación, pero no le puedo quedar mal a Lily... Con su permiso, señoritas.

Misaki se esfumó antes de que ninguna de las dos modelos pudiera decir algo. Al salir del campamento tendría que ir a buscar inmediatamente a Lily Del Valle. No sabía cómo iba a reaccionar ella cuando Misaki le contara que le había usado de medio de escape, pero la muchacha aparentaba ser simpática y comprensiva (menos con Genzo, por alguna razón) y Taro pensaba que Lily no se molestaría.

- ¿Quién es Lily Del Valle?.- preguntó Natalie, molesta por la nueva "rival".

- La modelo latina que ganó el concurso de Dior y que participará con nosotras en la pasarela.- respondió Eriko.- La conocimos ayer... Perdona, debo regresar con mi hermano.

Claro, a Eriko le molestaba que Taro fuera a buscar a Lily, pero lo que más le preocupaba en esos momentos era que Alana encontrara a Genzo. Eriko no podía permitir que alguien de la calaña de Alana se le acercara a su hermano. La chica regresó hacia el lugar en donde había dejado a su hermano, y para su desgracia y disgusto se dio cuenta de que Everard ya había localizado a Genzo... Alana movía coquetamente su cabello rubio al tiempo que le sonreía a Genzo de una manera muy insinuante... Claro, Wakabayashi como hombre que era, no podía dejar de perturbarse ante el coqueteo a una mujer como Alana y respondía a sus preguntas con aire de alguien que se cree la octava maravilla del mundo, cosa que molestó aun más a Eriko. Su hermano nunca cambiaría...

- Hola, Alana.- Eriko llegó a cortar a la muchacha.- No esperaba verte a aquí.

- Ya te dije que quería que me presentaras a tu hermano.- sonrió Alana.- Pero como no me hiciste caso... Bueno, si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña.

- No sabía que tenías una amiga tan bella.- comentó Genzo, sonriente.

- Yo siempre tengo amigas bellas, por algo somos modelos.- replicó Eriko.- Y por cierto que eso se los dices a todas. ¿Ya cámbiale, no? No creo que a Alana le guste saber que ella es la mujer número 500 a la que le dices eso.

Genzo se sorprendió ante la mentira que había soltado su hermana y Alana enrojeció del coraje. Eriko sonreía con cierta amargura en el rostro.

- Eriko, tú sabes que eso no es verd… .- comenzó a decir Wakabayashi, confundido.

- Ah, y por cierto, no te creas eso de que Alana nunca había sentido con nadie lo que sintió al conocerte.- continuó Eriko, interrumpiéndolo.- Ése es el cuento que ella usa con todos los hombres con quienes ella se quiere acostar.

- Bueno, ya basta, querida, que a este paso me vas a delatar con tu apuesto hermano.- Alana tenía ganas de colgarla.- Y tan a gusto que estábamos platicando...

- Sí, eso veo, pero es mejor que los dos sepan de una vez a qué se enfrentan.- replicó Eriko.

- Hablas como una amargada.- Alana rió con sorna.- Bueno, eso es lo que eres.

Genzo frunció el entrecejo y apretó la boca en una mueca. Alana podía ser hermosa y coquetearle, pero no iba a permitirle que le hablara así a su hermana.

- Creo que por hoy fue suficiente.- dijo Genzo, muy serio.- El entrenamiento va a reiniciar. Espérame en la casa, Eriko, iré al rato.

- Prefiero quedarme, si no te molesta.- replicó ella, retando a Alana con la mirada.- Hay algunas cosas que quiero evitar que ocurran...

- Como gustes.- Genzo suspiró con fastidio.- Gusto en conocerla, señorita Everard.

- El gusto fue todo mío.- contestó Alana, sonriendo levemente.- ¿Nos volveremos a ver?

- Quizás.- Genzo respondió a la evasiva.

Por supuesto, Alana no iba a marcharse, por lo que Eriko también se quedó. Además, ella estaba molesta, y no quería reconocer que era más que nada por culpa de Taro Misaki... Natalie apareció poco después, comentando algo así como que no iba a dejar que una latina le quitara al amor de su vida y que no iba a dejar que Misaki se fuera con Lily. Alana, por su parte, comentaba que Genzo le gustaba para hombre de alcoba, no de una sino de varias noches, y que no dejaría que él se le escapara, aunque hubiera gente a quien no le gustara. Eriko se preguntó por qué rayos llegó a pensar en algún momento que ésas dos eran sus amigas...

Al final del entrenamiento, y sin darle la oportunidad a Natalie, Taro se esfumó sin despedirse de nadie. Eriko bajó de las gradas en donde estaba sentada para ir a buscar a su hermano y llevárselo antes de que Alana tuviera oportunidad. Genzo estaba un tanto desconcertado por la actitud de Misaki.

- Jugaste bien.- fue todo lo que Eriko dijo cuando llegó con su hermano.

- Gracias.- contestó Genzo.- Me preguntó a donde habrá ido Misaki con tanta prisa...

- Según me dijo, invitó a Lily Del Valle a comer.- gruñó Eriko.

- ¿Qué?.- Genzo dejó caer la toalla con la que se limpiaba el sudor al suelo.- ¿Qué dijiste?

- Que invitó a comer a Lily, o al menos eso fue lo que dijo hace rato.- replicó Eriko.- Yo estoy tan sorprendida como tú.

- ¿Le gusta?.- fue la pregunta obligada de Genzo, apretando los puños.- ¿Misaki está interesado en ella?

- No lo sé.- Eriko suspiró.- Pero por lo visto, tú sí. Te has puesto celoso.

- ¿Yo?.- Genzo soltó una carcajada poco convincente.- Por favor, apenas la conozco.

- Sí, y ayer no le quitabas la mirada de encima.- contradijo Eriko.- Pero bueno, así son las cosas. Ahí está Alana, por si te interesa seguir coqueteándole.

- No.- Genzo hizo una mueca de disgusto.- No tengo deseos de hablar con nadie. Vámonos ya.

- Como quieras.

Eriko conocía lo suficiente a su hermano como para saber que él trataba de negarse a sí mismo que estaba celoso. ¿Pero de qué otra manera se justificaría el que Genzo haya cambiado de humor tan de repente? Aunque bueno, lo comprendía, a Eriko tampoco le había agradado el saber que Taro se había ido a buscar a Lily... Sea como fuere, Genzo y Eriko se escaparon del campamento, ante la mirada de desdén de Alana, que juró por lo bajo no darse por vencida. El resto de la tarde, Genzo estuvo de lo más extraño, y en algún momento comentó que quizás tendría que hablarle Misaki para avisarle de no sé que cosa que le había dicho el entrenador. Eriko sonrió con sorna.

- Mejor reconoce que te mueres por saber qué está haciendo Misaki con Lily.- dijo ella.- Qué más da.

- Claro que no me interesa saber.- replicó Genzo, con un tono que demostraba todo lo contrario.- No importa que yo la haya visto primero...

- Ay, por favor, ya detente, que te escuchas patético.- protestó Eriko.

- ¿Patético, yo?.- se burló Genzo.- Deberías de ver tu cara ahora, parece que estás comiendo un kilo de limones. A ti tampoco te agrada el que él esté con ella, ¿no?

- Cállate, tú que sabes.- gruñó Eriko.

Sí, a ella le molestaba que Taro estuviera con Lily. Sí, a ella le molestaba que Natalie se hubiera acercado a Taro. Sí, Eriko estaba celosa por culpa de Taro Misaki, pero si Genzo no quería reconocer que él estaba celoso por Lily Del Valle, ella no lo reconocería tampoco.

Y sin embargo, ni Lily ni Taro estaban haciendo nada malo. Claro estaba que la mexicana se sorprendió mucho de ver al muchacho de ojos claros tocando a la puerta de su habitación, pero en cuanto él le contó todo, ella lo comprendió al instante.

- Se lo que es querer zafarse de un compromiso y querer utilizar a uno de tus amigos para salir de él.- rió Lily.- No te preocupes, no somos amigos pero con gusto te ayudaré.

- Muchas gracias.- sonrió Misaki.- Y bueno, es cierto que no somos amigos, pero podemos llegar a hacerlo.

Taro invitó a Lily a comer camarones a la parrilla en la terraza del restaurante del hotel. Ambos comenzaron a platicar sobre sus vidas y conforme se fueron conociendo se fueron agradando cada vez más. Misaki nunca había encontrado en su vida a ninguna chica con la que se pudiera conversar tan a gusto como si se tratara de una hermana, y él se dio cuenta de que Lily se sentía igual con él. Al finalizar la comida, ambos se quedaron un buen rato platicando sobre más cosas, y su amistad terminó por afianzarse.

- ¿Puedo hacer una pregunta?.- cuestionó Lily, como quien no quiere la cosa.

- La que quieras.- aceptó Taro.

- ¿Te gusta Eriko, verdad?

- Eh.- Taro se puso colorado.- Es la mujer más bella que he visto en toda mi vida... Es todo lo que te puedo decir.

- Ya veo.- Lily se echó a reír a carcajadas.

- ¿Qué ocurre?.- Taro estaba un poco confundido.

- Que con eso lo dijiste todo.- contestó Lily, con una sonrisa.

Bueno, sí, a Taro le gustaba Eriko, eso era cierto, tan cierto como que quizás Lily sentía una especie de atracción por Genzo, ya que de otra manera Misaki no se explicaría su comportamiento arisco para con el portero, pero eso sería algo que Taro le preguntaría después a su nueva amiga.