Capítulo 8.

Genzo no podía evitarlo, era casi imposible. Hacía tiempo que no visitaba la tumba de su pequeña hija, quizás en parte por su trabajo como vicepresidente de la Federación Japonesa de Sóccer, quizás en parte por el dolor... La tumba estaba limpia y tenía flores frescas, parecía que alguien la limpiaba y arreglaba todos los días.

"Aremy Azucena Wakabayashi", era lo que decía la lápida. "Hija amada", y debajo las fechas de nacimiento y de muerte de la pequeña, con tan solo cinco años de diferencia entre una y otra. Solo cinco años. La pequeña había sucumbido presa de la enfermedad con la que nació...

- Hola, pequeña.- murmuró Genzo.- Perdona que haya tardado en venir a verte, eso no significa que no te quiera o que me haya olvidado de ti. Ni un solo momento he dejado de pensar en ti, Aremy...

El cuidador del cementerio se apareció y saludó a Genzo. Él le devolvió el saludo, agradeciéndole por cuidar tan bien de la tumba de su hija.

- No soy yo quien la mantiene tan arreglada.- replicó el hombre.- Todos los días viene una mujer de cabello largo a poner azucenas frescas. No sé como las consigue, en este lugar no se dan por naturaleza.

Genzo se sorprendió. ¿Una mujer de cabello largo?

- Parece sorprendido.- comentó el cuidador.- A veces la mujer viene en compañía de una adolescente muy parecida a ella, pero casi siempre viene la mujer sola. Creí que lo sabía, siempre viene alrededor del medio día.

Genzo miró su reloj. Faltaba media hora para las doce, así que decidió esperar... Diez minutos antes de las doce, la mujer apareció con un ramo de azucenas rosas y las dejó sobre la tumba, después de quitar las hojas secas y algunas hierbas de la tumba.

- No sabía que vinieras aquí todos los días.- le dijo Genzo a su esposa.- Nunca me lo dijiste.

- No supe en qué momento se me hizo una costumbre.- Lily respingó.- No sé, creo que no te lo dije porque no quería que te sintieras mal por no poder acudir seguido por el trabajo...

- Tú también tienes trabajo y sin embargo no dejas de venir.- replicó Genzo.

Después de retirarse de las pasarelas, tras la muerte de Aremy, Lily se dedicaba a dar clases en un jardín de niños.

- Sí, pero siempre vengo a esta hora, es el receso de los niños y por eso es más fácil.- explicó Lily.- Contigo no es tan fácil, no puedes pedirle al mundo que se detenga por un momento.

- Al menos estuve con ella mientras estuvo con nosotros.- murmuró Genzo.

- Y estoy segura que eso ella lo agradece más, Gen.- Lily abrazó a su esposo.

El viento mecía suavemente las copas de los árboles. Lily agradeció más que nunca el poder a tener a Genzo con ella; sino hubiera sido por él, ella, Jazmín, Daisuke y la propia Aremy se habrían venido abajo con la enfermedad de ella y la familia se habría derrumbado con la muerte de la niña...

- ¿Sabes por qué vengo a esta hora?.- comentó Lily, después de un rato.- Fue una promesa que le hice a Aremy antes de que ella muriera. Si recuerdas, ella falleció al medio día. Le prometí que nunca dejaría de pensar en ella a esta hora del día, le prometí que nunca la dejaría sola...

Genzo suspiró. Perder a un hijo nunca era fácil, pero podría sobreponerse un poco al dolor... Él esperaba que Eriko y Taro consiguieran hacerlo...

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Genzo no se había dado cuenta de que Lily estaba frente a él, de manera que ella tuvo la idea momentánea de irse lejos, muy lejos. Sin embargo, no lo hizo. Ella suspiró y se acercó a él con resignación.

- Buenas tardes.- saludó Lily, neutralmente.

Genzo levantó la mirada y dejó por un momento de jugar con su gorra para después ponerse de pie. La joven llevaba una falda de algodón de corte irregular y una blusa ajustada al cuerpo de escote pronunciado en V y manga larga, combinando todo con unas botas hasta la rodilla. (Bueno, soy mujer, tengo que describir las modas XD). Genzo la miró detenidamente de arriba abajo, con cierta admiración, cosa que a Lily le molestó.

- Deje de mirarme.- ordenó ella.

- Lo siento.- se disculpó Genzo.- Es solo que... Olvídelo.

- ¿En qué lo puedo ayudar?.- Lily se sentó en uno de los sillones.

- Mi hermana me pidió que viniera por usted.- explicó Genzo.- Ella prefiere decirle todo en persona, solo me pidió que le dijera que prepare sus cosas para irse inmediatamente a Múnich.

- ¿Y por qué?.- Lily enarcó las cejas.

- Ya se lo dije, Eriko prefiere decírselo en persona, señorita.- replicó Genzo.- Solo me pidió que viniera por usted.

Lily escrutó a Genzo por varios segundos. Por un momento temió que él no estuviera diciendo la verdad, pero después suspiró.

- ¿Por qué su hermana no vino ella misma?.- quiso saber Lily.

- Porque está ocupada en otros asuntos.- respondió Genzo.- Mire, si tiene tantas dudas, llame por teléfono, le presto el mío.

Ni tarda ni perezosa, Lily agarró el aparato e hizo la llamada correspondiente. Eriko le respondió pidiéndole que se hiciera su equipaje y se marchara con su hermano y que le explicaría todo después, tal y como lo había dicho Genzo. Lily volvió a suspirar y le devolvió su teléfono a Genzo.

- De acuerdo.- musitó ella.- Espéreme un segundo, por favor.

- ¿Tardará mucho?.- Genzo puso cara de cachorro abandonado.- No quisiera quedarme solo aquí...

- Venga conmigo entonces.- Lily puso los ojos en blanco.- Pero si intenta pasarse de listo, lo golpearé.

- ¿Por qué tiene tan mala impresión de mí?.- quiso saber Genzo.

- Porque sé que usted no es precisamente alguien inocente.- replicó Lily.

Genzo prefirió no insistir y subió con Lily a la habitación de ésta. El lugar era bastante lujoso, con una sala bastante bien amueblada desde la cual podía verse parte de la habitación, que también se veía lujosa. Wakabayashi se sentó en el sofá a esperar, y vio que en la mesita de noche había varias fotografías metidas en un sobre y una revista. Sin poder resistir la curiosidad, Genzo tomó ambas cosas y comenzó a ver las fotos. En todas aparecía una Lily que se veía bellísima con el maquillaje especial, y la luz realmente le daba un gran efecto a su rostro y a sus ojos negros. En la revista, se anunciaba que la ganadora del concurso para participar en la pasarela de Dior no era otra que la modelo mexicana Lily Del Valle, de 25 años de edad. Eso explicaba la presencia de la chica en Alemania, aunque ya Eriko lo había mencionado la noche en que conocieron a la joven extranjera.

- Vaya, así que tiene 25 años.- murmuró Genzo.- No está mal para un viejo de 27 años como yo...

El muchacho volvió a mirar las fotografías. Cielos, que se veía hermosa. Genzo no resistía la tentación de quedarse con una foto y se la guardó sutilmente en la bolsa de su chaqueta...

- ¿Ya está listo?.- preguntó Lily, apareciendo de repente con una maleta pequeña y un bolso de viaje. Se había puesto además un abrigo largo.

- Si usted está lista, yo estoy listo.- respondió Genzo, muy serio.- Permítame ayudarle.

- Gracias, yo puedo sola.- Lily abrió al puerta de la habitación y salió.- No se retrase.

Genzo suspiró. Le hubiera gustado saber el por qué Lily era tan arisca con él.

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De alguna manera o de otra, Eriko se había salido con la suya. La chica había conseguido hacer que Natalie y Alana se regresaran solas a Múnich en el auto de la primera, ya que Elieth había decidido volver con Schneider y la hermana de éste. Así pues, Eriko y Taro viajarían con Lily y Genzo, en cuanto éstos llegaran. Por cierto que Misaki notó que su amigo tenía cara de frustración cuando se apareció, mientras que Lily traía cara de enojo.

- ¿Qué pasó?.- le preguntó Taro a Lily, mientras Genzo ayudaba a Eriko a acomodar su equipaje en la cajuela del auto.

- Tu amigo no sabe cuando no son bien recibidos sus coqueteos, ¿cierto?.- gruñó Lily.

- Bueno, creo que no está acostumbrado a que le digan que no.- explicó Taro.- ¿Te ha dicho algo?

- Solo indirectas, pero no me interesa.- Lily desvió la mirada, lo que le indicó a Taro que ella estaba mintiendo.

- Como digas...

Y por su lado, Genzo y Eriko intercambiaban impresiones. Ninguno de los dos se veía muy contento.

- Vi a Schneider.- comentó Eriko.

- ¿En serio?.- Genzo no parecía muy sorprendido.- ¿Y qué te dijo?

- Nada, realmente, él estaba más interesado en Elieth.- respondió Eriko.

- ¿Elieth?

- Una de mis compañeras.

- Ah. ¿Te dijo qué estaba haciendo aquí?.- cuestionó Genzo.

- Creo que venía a buscarte.- contestó Eriko.- O al menos eso dijo.

- ¿A mí, o a ti?.- Genzo estaba escéptico.

- No creo que Karl siga interesado en mí.- Eriko estaba muy seria.- Y si es así, no me importa, realmente.

Genzo miró disimuladamente a Lily y a Misaki, quienes seguían charlando y lanzándoles miradas furtivas a los otros dos. Wakabayashi estuvo a punto de reírse, ya que los cuatro parecían adolescentes de secundaria en vez de personas adultas. Sea como fuere, los cuatro abordaron el automóvil. Lily y Taro parecían haberse puesto de acuerdo de antemano, ya que los dos ocuparon los asientos de atrás, de manera que a Eriko no le quedó más remedio que ir en el asiento del copiloto. El viaje a Múnich transcurrió sin novedad, excepto porque Genzo no dejaba de mirar a la parte de atrás por el retrovisor y Eriko hacía lo mismo por el espejo lateral. Los otros dos estaban concientes de ellos y se reían por lo bajo. Una vez en Múnich, Genzo llevó a las mujeres a su hotel y se conformó con un simple "gracias" por parte de Lily. Eriko, por su parte, se dirigió a Taro con una sonrisa.

- Espero verte mañana.- dijo ella.- Le dejé a Genzo dos pases, uno para cada uno.

- Gracias, ahí estaré.- Taro sonrió.

Genzo prefirió ignorar el hecho y se dedicó a ayudar a Eriko a llevar su equipaje, ya que no quería que Taro lo hiciera. Éste no tuvo más remedio que quedarse a esperar recargado contra el automóvil de Genzo. Vaya que al portero nipón le estaba yendo bien, el cochecito era nuevo y uno de los mejores y más caros de toda Europa.

- Bonito coche.- comentó Natalie, detrás de Taro..

- No es mío.- Misaki respingó.- Llegaste pronto.

- Schneider conduce como poseído.- gurñó Natalie.- Pero eso me agrada, me dio la oportunidad de llegar primero y esperarte. Sabría que vendrías, Eriko no puede estar lejos de ti, lástima que yo te vi primero.

- No soy objeto de aparador.- suspiró Misaki.

- No, no lo eres.- Natalie se le acercó sutilmente y le acarició el rostro.- ¿Sabes? Tengo muchas ganas de que me beses...

- ¿Qué?.- Misaki intentó zafarse.- ¿Estás loca? Mira, Natalie, en algún momento te quise, y mucho, ¡pero de eso han pasado siete años!

- Para el amor verdadero no existe el tiempo.- replicó Natalie.- No sabes cuanto te he extrañado...

Eriko y Genzo bajaron y se dirigieron al auto para que ella pudiera decirle adiós a Misaki. Sin embargo, cuando ellos llegaron, él estaba besándose con Natalie Delacourt. Eriko se puso pálida de golpe...

- Perdón, Natalie.- Taro se separó de ella.- No puedo, esto va muy rápido. Eres atractiva, me gustas, pero creo que nos estamos precipitando...

- Pero no te supo tan mal el beso, ¿eh?.- sonrió ella, pícaramente.- Bueno, eso me da esperanzas. Nos veremos mañana, Tarito.

Natalie le lanzó un beso y se marchó; ella sonrió malignamente al ver a Eriko y a Genzo.

- Buenas noches.- saludó ella.- Nos veremos mañana.

Eriko estaba tan atontada que no pudo decir nada. Misaki la vio y por un momento el alma se le fue a los pies... Taro y Eriko se miraron por varios segundos, y de pronto, la muchacha se dio la vuelta y echó a andar. Genzo suspiró, supo que lo mejor era dejarla sola... Taro decidió fingir demencia...

- ¿Qué?.- musitó Taro, poniéndose rojo ante la mirada inquisitoria de Genzo.

- Nada.- gruñó Genzo.- Vámonos.

Ah, de que Genzo quería matar a su amigo, era seguro...

Mientras tanto, Lily era presentada a las demás modelos por Jean Lacoste. Alana no dejaba de mirarla con odio, Andrea la miraba con desdén, a Natalie le daba lo mismo, Elieth le sonreía con amabilidad y Eriko no aparecía por ningún lado.

- Háganla sentirse a gusto.- dijo Jean a las chicas.- Va a trabajar con nosotros por un buen tiempo.

- Bienvenida.- le dijo Elieth.- Espero que te guste Europa.

- Es la primera vez que vengo.- confesó Lily.- Y me está encantando.

- Vaya, una pueblerina.- se burló Alana.- Lo que nos faltaba.

- Bueno, si necesitas algo, solo avísanos.- Elieth ignoró el comentario.

- Gracias.- Lily sonrió.

La mexicana se dispuso a prepararse para el día siguiente, probándose los modelos que luciría en la pasarela. Alana se acercó a ella con cara de pocos amigos.

- ¿Qué te traes con Genzo?.- preguntó Alana.

- ¿Con quién?.- Lily no le puso atención.

- Con Genzo Wakabayashi, el hermano de Eriko, no te hagas la tonta.- Alana estaba enojada.- Sé que estuviste con él.

- No por mi gusto.- Lily comenzaba a aburrirse.- Simplemente me ayudó y ya. No me gusta ni me interesa.

- ¿Esperas que te crea?.- replicó Alana.

- Pues si no lo haces, es tu problema.- Lily replicó.

La muchacha de verdad que estaba fastidiada. Genzo Wakabayashi era como todos los hombres, mujeriegos e incapaces de resistir el deseo de conquistar a cuanto palo de escoba con falda se le apareciera en frente. Genzo se había tomado su ayuda desinteresada en el avión como un coqueteo y eso no había sido así, ya que Lily únicamente lo hizo por el pobre Kyo, más que nada. Sin embargo, Lily estaba ya acostumbrada a ese tipo de hombres y sabía como deshacerse de ellos. Ella pensaba que no habría ningún hombre que pudiera quererla de verdad, ya demasiados le habían dicho que nunca nadie, jamás, podría amarla por su manera de ser...

Y sin embargo, en otro lugar, tirado boca arriba en una cama mientras Misaki fingía dormir, Genzo pensaba en Lily y se preguntaba el por qué no podía dejar de pensar en ella. No la conocía, apenas y había intercambiado algunas palabras con ella y sin embargo, no podía resistir el deseo de tenerla a su lado y quedarse con ella para siempre...