Capítulo 11.

Había sido un día como cualquier otro. La alarma sonó a la hora de siempre, Eriko se levantó primero a darse una ducha y Taro la siguió después, mientras ella se encargaba de ir a despertar a los niños. Eiki era un muchacho serio de cabello negro y ojos color miel, muy parecido a su padre pero con el carácter serio y un tanto distante de su madre, al que le encantaba el sóccer y deseaba convertirse en un gran jugador como su padre. Ese día, el muchacho tenía tan solo catorce años, pero ya se comportaba como alguien de dieciocho. Enory, por el contrario, tenía tan solo doce años y los aparentaba; era una muchacha muy dulce, con el carácter sencillo y alegre de su padre y la belleza pura de su madre, con cabello castaño y ojos negros; su sueño era ser pintora y continuar así con la estirpe de pintores de la familia Misaki por una generación más. Claro, otro de sus sueños secretos era ser modelo, igual que su mamá, aunque Enory era demasiado tímida como para poder sobrevivir en algo así. Sin embargo, solo el tiempo lo diría...

Cuando Taro bajó al comedor, Eiki y Enory se encontraban ya desayunando, aunque ambos tenían expresiones serias. Misaki se preguntó si acaso Eriko les había hecho alguna llamada de atención, cosa que no tendría lógica ya que los muchachos no habían hecho nada incorrecto últimamente. Sin embargo, Eriko le comentó a Taro en voz baja que le había costado mucho trabajo hacer que los niños se levantaran de sus camas.

- ¿Por qué esas caras largas?.- quiso saber Taro, al tiempo que la ama de llaves y niñera le servía el desayuno.

Pero ambos hicieron gestos vanos con cabeza y manos. Durante el desayuno, ninguno de los dos niños Misaki dijo nada, aunque se notaba que había algo que los inquietaba. Eriko también lo notó, y en su peculiar lenguaje de miradas le hizo preguntas a Taro, pero éste no sabía que responderle. Él estaba tan sorprendido como ella.

- ¿Pasa algo?.- Taro volvió a insistir, más preocupado que antes.- ¿Por qué están tan callados?

- Eiki tiene un presentimiento.- musitó Enory, al fin, clavando la vista en su plato de comida.

- ¿Qué clase de presentimiento?.- preguntó Eriko.

- Uno muy tonto.- respondió el mismo Eiki, queriendo restarle importancia al asunto.- No te preocupes, mamá, no es nada importante...

- Debe ser importante si los tiene a los dos así.- contradijo Taro.- ¿Qué pasa?

- No es importante de verdad.- insistió Eiki.

- Él dice que siente que algo muy malo va a pasarnos el día de hoy.- murmuró Enory.- Por eso no queríamos levantarnos...

- No es nada importante.- Eiki ya estaba fastidiándose.- Mejor nos damos prisa o llegaremos tarde a la escuela...

- Masha va a llevarlos hoy.- dijo entonces Eriko, refiriéndose a la niñera.

- ¿No vas a llevarnos, mami?.- Enory puso cara de espanto.

- Tengo un compromiso en media hora que no puedo suspender, querida.- Eriko le sonrió a su hija.- Solo será por hoy...

A Enory no le cayó en gracia enterarse que ese día no sería su mamá quien los llevara a ella y a su hermano a la prestigiosa escuela en donde estudiaban. Sin embargo, de momento no dijo nada. Los dos niños se prepararon para partir y su madre los despidió en la entrada de la casa.

- Mamá, ¿de verdad no puedes llevarnos tú?.- insistió Enory.- Por favor...

- No, querida, de verdad que no puedo.- negó Eriko.- Será solo por hoy. Vamos, no va a pasar nada malo, cuando regreses de la escuela te ayudaré con el discurso que darás la próxima semana, ¿de acuerdo?

- Sí, mamá.- Enory le dio un abrazo muy fuerte a su madre, presintiendo que sería el último que le daría...

La niña también abrazó a su padre. Incluso Eiki, que había heredado más bien el carácter frío de los Wakabayashi, abrazó a sus dos padres antes de abordar la camioneta manejada por Masha. Taro y Eriko se miraron el uno al otro, sorprendidos por la actitud de sus hijos.

- ¿Crees que deberíamos hacerles caso?.- inquirió Taro.- Andan de lo más raros...

- Son sólo presentimientos de adolescente, en esta etapa todo son sensaciones de muerte.- contestó Eriko.

Eriko iba a arrepentirse después de haberlo tomado todo tan a la ligereza. Poco antes d partir, Enory miró por última vez a su madre... Ella nunca olvidaría esa mirada de tristeza y resignación...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La ceremonia había sido más bien triste. Un año no era suficiente para cerrar las heridas, pero al menos el dolor ya era más llevadero. Después de la misa, los Misaki, acompañados por familiares y amigos, se marcharon al cementerio a visitar las tumbas de los dos niños Misaki. Eriko aun se seguía preguntando quien habría mantenido en tan buen estado las tumbas de Eiki y Enory cuando ella estuvo en el hospital, y quien las limpiaba y visitaba cada vez que ella no podía ir al cementerio. Genzo sabía la respuesta, pero prefería no decir nada. Quizás si Eriko se hubiese enterado de que era Lily la que lo hacía, se habría sentido con la necesidad de agradecerle a su cuñada de una manera exagerada y eso hubiese incomodado a Lily.

Era un día claro y los cerezos estaban otra vez en flor. Taro estaba vestido de negro, pero Eriko iba completamente de blanco. En Japón, el blanco era más considerado un color de luto. Sobre las tumbas de ambos niños se encontraban las coronas de flores y Eriko colocó sobre ellas las fotografías de sus hijos. Taro y Eriko se tomaron de las manos, mientras sus amigos más cercanos se quedaban varios metros atrás, en señal de apoyo. Tsubasa y Sanae Ozhora estaban ahí en compañía de sus tres hijos, Hayate, Daibu y Akiko, los cuales habían volado desde España para estar con sus amigos. Genzo y Lily también estaban ahí, junto con sus hijos Jazmín y Daisuke.

- Extraño a Eiki, y también a Enory.- comentó Jazmín, la adolescente de cabello negro que el cuidador del cementerio veía de vez en cuando en compañía de Lily.

- También yo los extraño.- confesó Daisuke.- La verdad, no esperé que fuéramos a perder a tanta gente en tan poco tiempo... Apenas y acababa de irse Aremy cuando ellos se fueron también...

- Lo sé.- suspiró Jazmín.- ¿Crees que haya una vida más allá de la muerte?

- Sería lindo pensar que así sería.- Daisuke miró el cielo.- Y más reconfortante. Me gustaría creer que Aremy es feliz, viviendo en una enorme casa de muñecas. ¿Recuerdas que ése era su sueño? Quería una casa de muñecas de tamaño real.

- Sí, lo sé.- respondió Jazmín, pensativa.- Y se lo cumpliste...

Poco antes de morir, cuando Aremy cumplió sus cinco años, Daisuke le regaló una casa de muñecas tamaño familiar, la cual le había construido en sus ratos libres, ayudado por su padre el cual básicamente puso todo el dinero necesario para cumplir es sueño tan loco. Después de que Aremy murió, la casa permaneció en el jardín de la mansión de los Wakabayashi, como monumento permanente en honor a la niña.

- ¿En qué clase de mundo crees que vivan Eiki y Enory?.- preguntó Daisuke, después de un rato.

- Creo que Eiki viviría en un campo de fútbol o algo similar.- respondió Jazmín.- Y Enory viviría en un mundo de pintura, quizás.

- Sería lindo pensar que las personas, después de morir, se van a un sitio creado por ellos mismos, un sitio que tenga sus cosas preferidas.- murmuró Daisuke.

Quizás sería así, quizás no, pero la esperanza es siempre lo que mantiene vivos los corazones. El viento comenzó a soplar y a mover las nubes por el claro cielo azul. Taro levantó la mirada y decidió que algún día pintaría ese hermoso paisaje... Era una clara señal de que sus niños se encontraban en un lugar mejor...

Después de un buen rato, Taro y Eriko se miraron a los ojos y supieron que estaban listos para marcharse. Se dieron la vuelta, sin soltarse de las manos y se dirigieron a sus amigos incondicionales.

- Gracias por estar con nosotros, durante todo este tiempo.- dijo Taro, con una sonrisa.- Ha sido muy importante para nosotros el apoyo que nos han dado. Se los agradecemos de corazón, ya que sabemos que sin ustedes no habríamos conseguido salir adelante.

- Taro no suele ser así de serio y formal.- comentó Eriko.- Y yo no suelo ser tan cariñosa, pero tenemos que decirles que fue el amor que nos tienen el que nos ayudó a salir del embrollo. Ahora sabemos que todo va a salir bien a partir de ahora.

- No tienen que agradecer nada, para eso estamos la familia.- sonrió Lily.

- Y los amigos también.- añadió Sanae.

- En las buenas y en las malas.- dijo Tsubasa.

- Y bueno, a mí no me quedaba más remedio.- suspiró Genzo.- Eriko es mi hermana, y Misaki es mi cuñado, me agrade o no...

Todos sonrieron, Genzo siempre decía eso cada vez que los Misaki hacían alusión a la ayuda que él les brindaba. Taro y Eriko echaron a andar entonces y los demás los siguieron en una curiosa comitiva. Sin embargo, los Wakabayashi se separaron antes, diciendo que querían visitar a Aremy en familia.

Antes de marcharse, Taro volvió a mirar el cielo, el cual ya estaba adquiriendo tonos dorados y rojos conforme el ocaso se acercaba. Y los cerezos seguían en flor...

Esa misma noche, en la mansión Wakabayashi, Jazmín practicaba sus pasos de baile en su habitación y Daisuke estaba otra vez metido en su computadora. Genzo leía el periódico mientras su esposa se ponía el camisón de dormir y se quitaba del rostro el escaso maquillaje que se había aplicado al comienzo de día. Genzo notó que ella estaba muy callada, cosa que no era normal ya que todas las noches Lily no dejaba de hablar sobre los progresos que hacían sus niños.

- ¿Sigues teniendo ese presentimiento?.- preguntó Genzo, sin poder contenerse.

- Cada vez es más fuerte.- respondió Lily, cepillándose el cabello.

- Misaki me comentó que Eiki tuvo un presentimiento el día en que murió.- comentó Genzo, cerrando el periódico.

- ¿Y eso que significa?.- Lily se volteó a mirar a su esposo.

- Que tú siempre tienes esas sensaciones cuando algo va a suceder en nuestras familias, y que quizás debería tomarlos más en serio, aunque soy hombre que no suele creer en esa clase de cosas.- respondió Genzo.- ¿Qué es lo que pasa?

- No lo sé.- Lily volvió a mirarse en el espejo.- Solo siento que algo terrible va a pasar... Bueno, quizás se deba al día que es hoy, es todo. Ni siquiera sé por quién es esto, si es por ti, por mí, por nuestros hijos o por Taro y Eriko...

- Ojalá no sea por ellos.- murmuró Genzo.- Ya han sufrido bastante, y apenas están consiguiendo seguir adelante con sus vidas... Bueno, tampoco quisiera que fuera por alguno de nosotros...

- Desgraciadamente, esas cosas no pueden decidirse.- suspiró Lily.

Ya, que por presentimientos ya habían sido suficientes por un día. Lily se acercó y besó a su esposo y se acurrucó junto a él. Genzo le besó el cabello y aspiró su suave aroma, poco antes de quedarse dormido. Después de todo, había sido un día muy intenso...

En casa de los Misaki, que en realidad era más bien un pequeño departamento ubicado en una de las zonas residenciales de Tokio, Eriko miraba los bocetos por quien sabe cuanta ocasión. Media hora antes había recibo el correo electrónico que le había enviado Elieth Schneider dándole su confirmación para asistir a la exhibición de la siguiente semana. Taro miraba a su esposa trabajar, al tiempo que tomaba un vaso de leche y comía galletas.

- No dejes morusas en la mesa, es una costumbre por la que siempre regañé a Eiki.- reconvino Eriko.

- Tranquila, para eso traje el plato.- rió Taro.- ¿Aun no te decides por los modelos que vas a usar?

- Es más complicado de lo que parece.- suspiró Eriko.

- Deberías darte un descanso.- sugirió Taro.- Hoy no es un día como todos.

- Sabes que me siento mejor mientras más pronto regrese al trabajo.- sonrió Eriko.- Por eso prefiero mejor concentrarme en esto de una vez y no pasármela llorando.

- Lo sé.- Misaki sonrió.

Bueno, él debería hacer lo mismo. Al día siguiente les enseñaría a sus alumnos la técnica del claro-oscuro y quizás por la tarde le hablaría a Tsubasa. El teléfono sonó y Taro contestó; se trataba de Ichiro, quien llamaba desde Francia para saber como se encontraba su hijo ese día. Misaki entabló una larga conversación con su padre; Eriko lo miraba disimuladamente de vez en cuando, dando gracias porque sin él, su vida no sería la misma...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La boda en general fue magnífica. Eriko se veía hermosísima vestida de blanco, y Taro se veía muy guapo con su traje de novio, y obvio era que Genzo fue el padrino y Lily la dama de honor, cosa que causó cierta inconformidad con Sanae y Tsubasa, quienes sentían tener más derecho que los otros dos; sin embargo, Eriko y Taro habían pensado mucho en eso y decidieron que nadie mejor que Lily y Genzo para ocupar los puestos de honor, él por ser hermano de la novia y amigo del novio, y ella por ser la mejor amiga de ambos. Al final, ambas familias habían terminado por resignarse y acudieron a la boda, aunque la señora Yamaoka, madre de Taro, no dejaba de llorar, no se sabía si de felicidad o de tristeza... Durante la recepción, Genzo quiso acercarse más a Lily, pero fuera de bailar con ella toda la noche, él no pudo dar un paso más allá...

Eriko y Taro se fueron de luna de miel a la Riviera Francesa. Misaki no tenía suficiente dinero, Eriko sí, pero Taro no la hubiese dejado pagar, de manera que Genzo les regaló el viaje, para sacarlos a ambos de problemas. Y mientras Eriko y Taro se la pasaban de lo lindo y disfrutaban de las delicias de su matrimonio, Lily se quedó en Alemania, trabajando para Dior, siempre acosada por Genzo, pero sin dejarse presionar en lo más mínimo. El portero nipón no entendía el por qué ella no le permitía acercarse, si después de lo ocurrido con Alana, Lily parecía demostrar más cariño por Genzo, pero aun así ella se resistía a sus asedios. Una noche, él la invitó a cenar a su departamento, y ella aceptó siempre y cuando solo fuera una cita como amigos. La cena fue tranquila, lasaña que Genzo había aprendido a preparar gracias a Taro, acompañada de un poco de vino. Lily comentaba en broma que de seguro él lo hacía para poder seducirla sin problemas.

- El alcohol suele derribar mis defensas.- comentó la mexicana, y sin embargo, le dio otro sorbo a su copa de vino.

- No pienso obligarte a que hagas nada que tú no quieras.- replicó Genzo.

- ¿Eso qué significa?

- Bien que lo sabes, aunque intentes negarlo.- murmuró el portero.

Otra vez terreno peligroso. Lily se levantó y se fue hacia la sala y salió a la terraza, a contemplar el cielo nocturno. Genzo la siguió, no dispuesto a darse por vencido.

- ¿Por qué me pones tantas trabas para quererte?.- preguntó Genzo.- ¿Por qué no me dejas estar a tu lado?

- Porque no sabes a lo que te metes, soy una persona conflictiva y difícil de soportar.- suspiró Lily.

- Eso no es cierto.- contradijo Genzo.- ¿Quieres que te diga qué es lo que yo veo cuando te miro? Veo a una mujer que lucha por lo que quiere, y que me mira con la inocencia de una niña...

Lily se puso nerviosa y desvió la mirada hacia un lado. Genzo se dio cuenta de que había logrado derrumbar una defensa importante y se acercó a ella, abrazándola con suavidad. Lily no se resistió al abrazo, pero no lo miró a los ojos. Ella estaba frágil y él lo sabía, si daba un paso en falso, ella huiría y volvería a levantar sus defensas, más fuertes que la primera vez... Genzo miró esos labios rojos y deseó tocarlos con los suyos, como había deseado desde la primera vez que la vio... Lily cerró los ojos y entonces Genzo la besó, primero con mucha suavidad, ya que ella temblaba al principio...

Y sin embargo, el beso fue transformándose hasta convertirse en un torrente de sentimientos que Lily no podía detener. Genzo había llegado a su corazón y ya no se saldría de él...