Capítulo 12.

Ichiro Misaki volaría a Tokio en unos cuantos días. Quería estar presente en la exhibición de su nuera y al mismo tiempo, visitaría las tumbas de sus nietos. Llegaría el mismo día de la presentación de Eriko, pero por la mañana. Ichiro no podía ir antes debido a que la nieta de su segunda esposa Marianne tendría un recital de piano.

- Pero confío llegar a tiempo, Taro.- dijo Ichiro, por el teléfono.- Tengo ganas de ver a Eriko. ¿Cómo está ella?

- Más hermosa que nunca.- respondió Taro.- Creo que mientras más tiempo pasa, más hermosa se pone. ¿Soy demasiado cursi?

- No. Estás enamorado.- rió Ichiro.- Cosa que me da gusto, ya que has sabido mantener tu amor a pesar de los años y de lo sucedido en tu matrimonio.

Ichiro también había sido un gran apoyo para Taro, como era de esperarse. Este último aun recordaba la tarde en la que Eriko sería dada de alta en el hospital; su padre había insistido en acompañarlo...

Misaki estaba nervioso. Él estaba esperando a Eriko en la oficina del director del hospital. Ya no traía entre las manos la maleta con ropa que había llevado al principio; todo lo que se encontraba dentro era nuevo: el hombre había puesto ropa interior nueva, un par de zapatillas nuevas (Eriko únicamente usó pantuflas durante su estancia en el hospital), un par de medias de seda, un cepillo de plata con su espejo y, quizás lo que más llamaba la atención, un hermoso vestido floreado, de color lila pálido. Taro no había resistido comprarlo cuando pasó frente al escaparate y lo vio. Era vibrante y lleno de vida, algo que muy seguramente Eriko quería usar después de la ropa de luto que había tenido dentro del hospital. Misaki no creía que el espero fuera problema, pero por si acaso él no incluyó ningún adorno para el pelo ni ningún cinturón, para no violar la regla del hospital; además, el vestido no necesitaba de ningún accesorio y él ansiaba verla con su cabello suelto... Un enfermero se había llevado la maleta y el director les había pedido a Taro y a Ichiro que esperaran en su oficina unos momentos.

- Estoy nervioso.- confesó Taro.- No sé que esperar...

- Dicen por ahí que muchas veces es mejor esperar lo peor para que lo bueno sea una agradable sorpresa.- comentó Ichiro.- Pero creo que en este caso, puedes esperarte lo mejor...

Eriko había hecho un progreso sorprendente. Únicamente bastaba que ella y Taro se reconocieran mutuamente cuánto se necesitaban el uno al otro y cuánto se amaban para que ambos pudieran salir del hoyo en el que se encontraban. Cierto que el amor todo lo puede y la esperanza es lo último que se pierde, pero Taro estaba algo temeroso y por eso agradecía que Ichiro hubiese querido ir con él.

- Su psiquiatra me dice que ya no tiene caso que ella siga aquí.- dijo Taro.- Cree que el ambiente deprimente del lugar puede arruinar los escasos logros que ella ha tenido.

- Yo opino lo mismo.- asintió Ichiro.- Además, creo que lo que les hace falta a ustedes es estar juntos y analizar lo sucedido, para que puedan aceptarlo y continuar con sus vidas.

- Gracias, papá.- sonrió Taro.

- No es nada.- Ichiro se encogió de hombros.- Eso tuve que hacer cuando me separé de tu madre. Tuve que aceptar que lo nuestro había terminado y que ahora solo me quedaba lo más importante en este mundo...

- ¿Tu trabajo?.- aventuró Taro.

- Tú.- sonrió Ichiro.- Supe que sin importar lo que pasara, tú seguirías conmigo y que entonces debería aceptar el divorcio y seguir adelante para poder sacarte a ti adelante. Una vez aceptando las cosas, lo demás fue de lo más fácil.

Taro sabía que su padre tenía razón. Al menos, él y Eriko ya habían aceptado la muerte de Eiki y Enory, lo que era una gran ventaja...

- Eriko quiere mudarse de Francia.- comentó Taro, después de un rato.- Dice que si se queda aquí, no podrá recobrar la cordura. Cada vez que pase por el sitio en donde todo ocurrió, ella perderá una parte de su alma.

- Eso es lógico.- asintió Ichiro.

- Por una parte no sé, el psiquiatra dice que no es bueno tomar decisiones drásticas en los primeros meses del duelo.- suspiró Taro.- Dice que muchas veces esas acciones son tomadas por el dolor y que una vez que éste pasa, se da uno cuenta del error que cometió, o que bien puede aumentar la desesperación cuando se encuentre uno en un sitio nuevo.

- En parte tiene razón.- comentó Ichiro.- Pero creo que Eriko y tú han pasado ya la peor parte del duelo, y creo que la decisión que ella quiere tomar está basada en sus sentimientos reales. Yo, sinceramente, no podría volver jamás al sitio en donde mi hijo murió, en el caso de que lo hubiera, lo que afortunadamente no es así. Mucha gente lo tolera, muchos no. Eriko no es una cobarde por querer irse, y tú tampoco lo eres. Simplemente, son seres humanos queriendo mitigar su dolor. Si ella quiere irse y tú estás de acuerdo, pues adelante, opino que deberían hacerlo. Prueben un nuevo sitio, intenten rehacer sus vidas en otro lado. Después de todo, si no se sienten a gusto, siempre tendrán la oportunidad de regresar.

- Taro sonrió, mucho más tranquilo. Su padre tenía razón, quizás era la hora de irse.

- Gracias, papá.- dijo él.

- No tienes nada qué agradecer.- sonrió Ichiro.- Lamento no poder hacer nada más...

- Con eso es más que suficiente, créeme...

Ambos hombres se miraron y sonrieron. En esos momentos, la puerta se abrió y Eriko entró por ella. Y se veía completamente diferente, rejuvenecida... Se había puesto el vestido y su cabello negro brillaba otra vez. Taro la abrazó y la besó y la cargó un rato con él. Después Taro la soltó y Eriko fue a abrazar a su suegro. Misaki, una vez más, agradeció la presencia de su padre...

Misaki suspiró, volviendo a la realidad. Les había ido bien a él y a Eriko en Japón, después de todo, y Taro estaba ansioso por mostrarle a su padre cuánto habían avanzado desde entonces y lo bien que le estaba yendo a Taro en la pintura. Unos toquidos suaves a la puerta de su despacho sacaron a Misaki de sus pensamientos.

- Adelante.- dijo Taro.

- Profesor Misaki.- era Noriko.- Perdón que lo moleste a esta hora...

- No te preocupes, Noriko.- sonrió Taro.- ¿Qué ocurre, tienes alguna duda?

- No, nada de eso.- Noriko movió la cabeza de un lado a otro.- Es solo que... Bueno, me enteré de lo que le pasó a sus hijos y quería darle mi más sentido pésame, profesor...

- Gracias, Noriko.- Misaki estaba conmovido.- Eres muy dulce.

- Me causa un poco de tristeza.- confesó Noriko.- Es decir, a mí me encanta el fútbol y por supuesto que soy aficionada de la Selección Japonesa, desde que era una niña. Lo vi a usted jugar en la selección, era un jugador increíble.

- Gracias.

- Y bueno, no solo usted, también admiraba mucho al capitán, Tsubasa Ozhora, y al portero, Genzo Wakabayashi, ustedes tres eran mis favoritos.- continuó Noriko.- Sé que sonará tonto, pero me puse muy triste cuando me enteré que la hijita de Wakabayashi había fallecido... No sé por qué no me enteré de lo ocurrido con sus hijos cuando pasó, pero ahora que me entero... Bueno, me siento muy mal...

- No es necesario que te pongas así.- Taro apretó los hombros de la chica con suavidad.- Estamos bien, aunque te agradezco el gesto.

La chica derramó un par de lágrimas, y le dijo a Taro que le dedicaría a sus hijos su próxima pintura. Misaki se lo agradeció y la muchacha dijo que se retiraría para dejar al profesor trabajar. Taro suspiró. Aun después de tanto tiempo, le seguía sorprendiendo la cantidad de personas que le confesaban que se habían puesto muy tristes por él, pero después de un tiempo se dio cuenta de que lo que Wakabayashi decía al respecto era cierto: la gente se identifica más con un "famoso" en desgracia, porque así se veía más humano y las personas se sentían iguales a él. Taro había replicado entonces que todos los seres humanos son iguales, famosos o no famosos, pero lo que Noriko había dicho comprobaba que Genzo había tenido razón.

La hora de la salida llegó más pronto de lo que Misaki esperaba. Él dejo su nuevo cuadro a medio pintar en el caballete (el anterior le había encantado al rector, quien le pidió uno nuevo para su cabaña) y guardó sus pinceles y pinturas. Ese día, Eriko se había quedado a trabajar en casa, en compañía de Simone, por lo que Misaki se dirigió directamente hacia allá. En el camino, él recibió una llamada de Genzo a través del "manos libres" del celular.

- ¿Cómo te sientes?.- saludó Genzo.

- La vida continua.- respondió Taro.- Eso ya lo sabes.

- Sí, lo sé.- suspiró Genzo.- Bueno, en realidad no quiero quitarte el tiempo, solo... Eh, Lily desea invitarlos a cenar esta noche.

- ¿Esta noche?.- Taro se sorprendió.- ¿Y eso?

- Bueno, Lily dice que no hemos tenido suficiente tiempo para estar juntos, cosa que no debería ser dado el parentesco que tenemos.- suspiró Genzo.- ¿Qué dices?

- Le preguntaré a Eriko, pero no creo que tenga inconvenientes.- respondió Taro.- Dile a Li-chan que le agradecemos la invitación.

- Claro. Y cuídate, Misaki, por favor.- Genzo se despidió.

Vaya que eso había sido raro. Genzo rara vez daba consejos así de directo, es más, rara vez se escuchaba preocupado pero en esa ocasión, la voz del portero tenía un ligero tinte de angustia y Taro se preguntó si algo malo habría ocurrido... En fin, sea como fuere, Misaki llegó a su departamento pero no vio a Eriko al entrar.

- Mi amor, ya llegué.- saludó Taro.- ¿En dónde estás?

Pero él no obtuvo respuesta. Misaki se dirigió entonces a su habitación, esperando encontrar a su esposa ahí. Y efectivamente, ahí se encontraba, mirando una carpeta de dibujo que ella tenía años de no ver. Eriko se encontraba de espaldas, con la cabeza y los hombros caídos en una actitud que le demostraba a Taro que ella se encontraba llorando.

- ¿Eriko?.- murmuró él.- ¿Qué pasa?

- Vine a buscar unos bocetos para la exhibición.- musitó Eriko, sin mirar a su esposo.- Y me encontré con esta carpeta. Aquí había metido todos los vestidos de adolescente que había diseñado para Enory...

Taro se sentó en la cama, frente a su esposa, y la tomó de la mano. Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

- A veces, algunas noches, cuando los extraño demasiado, me pregunto qué hubiera pasado si le hubiera caso al presentimiento de Eiki.- murmuró Eriko.- Él sabía que algo iba a pasar y no le hice caso...

- No hubieras podido hacer nada.- le dijo Taro, mirándola.- No hubieras podido evitar el accidente...

- Pero Enory me pidió que los llevara a la escuela.- insistió Eriko.- Ella sabía que su madre podría protegerla, y no lo hice. Ella me lo pidió, los dos me lo pidieron, y no les hice caso...

- Insisto, no hubieras podido evitarlo, corazón.- Misaki la abrazó.- Era ya el destino...

- Sí, quizás.- pero Eriko no se escuchaba muy convencida.

No importaba cuánto tiempo pasara, Eriko se seguiría preguntando si hubiera podido hacer algo.

- No soy buena madre.- suspiró Eriko.- No supe proteger a mis hijos, ni siquiera puedo hacerles yo misma una corona en su honor.

- No digas eso.- la contradijo Taro.- Estoy seguro que Eiki y Enory están felices de que tú hayas sido su madre... Recuerda que se dice que cada bebé escoge a sus padres antes de nacer, y ellos nos escogieron a nosotros. Y creo que no los defraudamos, les dimos una vida feliz.

- Eso quisiera creer.- sonrió Eriko, con tristeza.- Pero a veces me gustaría que mis propios niños me lo dijeran...

Claro, eso sería fabuloso, pero imposible, a menos que hubiera una vida en el más allá y una forma de comunicarse entre un mundo y el otro...

- Tu hermano nos invitó a cenar a su casa.- dijo Taro, después de un rato.- Más bien, la de la idea fue Lily.

- ¿Alguna cosa en especial para celebrar?.- se sorprendió Eriko.

- No, creo que es solo porque no hemos pasado suficiente tiempo con ellos.- replicó Taro.

- Bueno, eso es cierto.- respondió Eriko.- Me gustará ir, eso evitará que piense cosas que no debo...

Así pues, los Misaki se fueron a la mansión de los Wakabayashi. Hacía mucho tiempo que Genzo y Lily vivían en Tokio, desde que él recibió la oferta para trabajar en la vicepresidencia de la Federación Japonesa de Fútbol. Para sus hijos Daisuke y Jazmín no había habido ningún problema el cambiarse de Alemania a Japón, sus vidas podían adaptarse a cualquier sitio, tal y como hacían los Wakabayashi y los Del Valle, y Aremy había nacido en Alemania y llevada a Japón cuando era una bebé, de manera que no recordaba su país natal cuando la familia se mudó. Sin embargo, a diferencia de Eriko y Taro, Genzo y Lily no cambiaron su residencia después de la muerte de Aremy, ya que los dos querían estar cerca de su niña.

La cena fue de lo más tranquila y agradable, aunque Lily y Genzo traían caras de preocupación. Jazmín y Daisuke los acompañaron, aunque ambos se retiraron después del postre para continuar con sus tareas. Mientras las dos parejas tomaban café, Taro aprovechó para acercarse a su cuñado.

- ¿Pasa algo, Wakabayashi?.- preguntó Misaki, sin más rodeos.- Lily y tú han estado de lo más raros.

- Quizás es solo la presión.- Genzo trató de restarle importancia al asunto.

- ¿Estás seguro? Lily se veía muy nerviosa.- insistió Taro.

Genzo le dio un sorbo a su taza de café y sonrió con cierta amargura.

- Lily me pidió que no te lo dijera, pero desde hace tiempo está cargando con una mala sensación.- confesó Genzo.- Tiene el presentimiento de que algo malo va a ocurrir.

- Uhm. ¿Y relacionado con qué?.- quiso saber Taro.

- Ella misma no lo sabe, solo dice que es un presentimiento, nada más.- suspiró Genzo.

- Lily suele ser muy receptiva con esas cosas.- comentó Taro.- Como con lo de Aremy, o cuando Daisuke se fracturó el brazo.

- Lo sé.- gruñó Genzo.- Ella me dice que quizás no es nada grave, pero conociéndola...

- Lo sé.

Misaki estaba pensativo. Lily platicaba con Eriko y de vez en cuando les echaba un vistazo a su marido y a su mejor amigo, como para asegurarse de que ellos seguían ahí. Taro suspiró. ¿Qué iría a pasar después?

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Regresando de la luna de miel, Taro recibió la más grande sorpresa que un hombre pudiera recibir: Iba a ser papá. El joven estaba feliz, iba al fin a formar una verdadera familia con la mujer que amaba.

Y por el contrario, Eriko estaba siendo presa del pánico. ¡Iba a ser madre! Dios, ella era una súper modelo, una estrella de las pasarelas, ¡no una ama de casa! Bueno, no se tiene que ser ama de casa para tener un hijo, pero aún así… Eriko no estaba segura de poder traer una vida al mundo, de cuidar a una criatura que por mucho tiempo necesitaría completamente de ella… La joven estaba en pánico, no le importaba el tener que perder su talla y su cintura de avispa, le daba terror el no poder saber como alimentar al bebé o cambiarle los pañales…

Un día, Misaki llegó a la casa que rentaban momentáneamente mientras encontraban algo mejor y encontró a Eriko vomitando en el baño. La joven se arqueaba, pero Misaki sospechaba que no era por el vómito, sino por el miedo… Eriko temblaba y Taro la sostuvo, al tiempo que le limpiaba la cara.

- ¿Qué sucede, amor?.- preguntó Taro, con suavidad.

- No pasa nada.- Eriko movió la cabeza de un lado a otro.

- ¿Estás segura?.- insistió Misaki.- Vamos, Eriko, déjame ayudarte… Eres mi esposa y te amo…

Eriko no podía resistirse mucho tiempo a Taro. Suspirando, le confesó uno a uno todos sus temores… Cuando ella terminó, Misaki la miraba con una expresión de ternura en el rostro.

- Mi amor, todos tenemos miedo de ser padres, es una responsabilidad muy grande.- murmuró Taro, besándole la frente.- Nadie nació sabiendo criar a un bebé…

- Sí, pero yo sé menos que todos.- gimió Eriko.

- Pues entonces aprenderemos juntos.- sonrió Taro.- Mira, este bebé no vas a tenerlo tú sola, vamos a tenerlo los dos. Los dos lo cuidaremos, los dos lo criaremos y lo regañaremos si se porta mal, pero sobre todo, vamos a consentirlo y a quererlo mucho porque es nuestro bebé. Y lo hicimos con mucho amor…

Eriko no pudo evitar sonreír; le echó después a su esposo los brazos al cuello y se dejó querer por él. Claro, no sería fácil cuidar al bebé, pero sí sería algo maravilloso…

Por su parte, Genzo iba dando progresos notables en su relación con Lily. Si bien ella aun no lo aceptaba por completo, al menos ya no huía ni hacía intentos por correrlo. Genzo ardía en ganas de pedirle a Lily que fuera su novia oficial, pero conociéndola, lo mejor era esperar a que ella se sintiera más cómoda… Si es que Andrea no metía su cuchara en el asunto…

Notas:

- Bueno, soy despistada, olvidé decir que Jazmín Wakabayashi, Daisuke Wakabayashi, Aremy Wakabayashi y Jean Lacoste son personajes creados por Lily de Wakabayashi, aunque ya lo deben de saber o suponer XD.