Capítulo 14.

Taro no se encontraba de buen humor. Y cómo estarlo, con la llamada recibida de Natalie. Él no podía creer que aun después de tantos años ella siguiera acosándolo, ¿qué no podía darse por vencida y dejarlo en paz? Claro, ella no era la única que fastidiaba, en una ocasión Eriko había recibido una llamada de Giancarlo, que en esos momentos ya debía de ser un ruco millonario; sí, millonario, pero también ruco, y en todo caso, a Eriko no le faltaba el dinero, primero por su fideicomiso y segundo por el dinero que ganaba con el modelaje, y tercero por el dinero que Taro había ganado jugando al fútbol. ¿Qué tenía que andar haciendo un empresario millonario, ruco y divorciado acosando a su mujer? Pero bueno, que las cosas se habían ido por la tangente, Misaki estaba molesto por la irrupción de Natalie y esperaba que ella nunca más lo volviera a llamar.

- ¿Te sientes bien, Misaki?.- preguntó el rector de la universidad.- Te noto molesto.

- No es la gran cosa.- Misaki trató de restarle importancia al asunto.- Una acosadora, nada más.

- ¿Te siguen persiguiendo las muchachas?.- el rector rió.- Genio y figura hasta la sepultura.

- Tengo ya varios años de haberme retirado, muy seguramente nadie debe recordar ya mi nombre.- replicó Taro.

- Nadie olvida a los famosos, Misaki.- contradijo el rector.- Y tú eres famoso, te guste o no.

Taro suspiró. Qué más daba, Natalie no lo acosaba porque era famoso, lo acosaba porque era una loca obsesionada. Misaki había leído que ella nunca se había casado pero sí había sido amante de varios famosos políticos, modelos, jugadores de sóccer y personajes similares. Natalie no tenía hijos, sin embargo se hacía cargo de una sobrina y Taro esperaba que la niña no fuese tan loca como ella...

- Por cierto, gracias por a invitación la exhibición de tu esposa.- dijo el rector.- Natsuko y yo estaremos ahí mañana.

- Gracias a tu por aceptar.- dijo Taro.- A Eriko le va a dar mucho gusto que asistan.

- Tu esposa hace vestidos maravillosos, solo espero que a Natsuko no se le antoje uno y me obligue a comprárselo... .- musitó el rector.- No te ofendas, pero esos vestidos no son nada baratos...

- Eso lo sé.- rió Misaki.- ¿De dónde crees que saca Eriko el dinero para sus trajes de miles de euros?

El rector rió con Taro. Ambos llevaban buena relación de amigos, Misaki invitaba al rector a las exposiciones de Eriko y a las suyas propias y el rector invitaba a la pareja a las presentaciones de sus hijos. Y si bien el hombre no había estado presente cuando fallecieron Eiki y Enory, el rector comprendía a Taro y lo apoyaba en cuanto podía.

- Bueno, será mejor que me vaya, Eriko debe estarme esperando ya.- Taro consultó su reloj.- Gracias por el café.

- Te veré mañana, Misaki.- dijo el rector.

- A las ocho en punto.- suspiró Misaki.- Aunque las estrellas del modelaje nunca son puntuales.

Los dos hombres echaron a reír y entonces Taro salió. En el camino se encontró con Noriko, la cual había comenzado a pintar un hermoso paisaje, el cual ella dijo que era en honor a los hijos de Taro.

- No sé que significa.- confesó la chica.- Ni tampoco sé por qué estoy pintando este paisaje, solo me nació hacerlo en cuanto me propuse pintar algo en honor a sus niños.

- Gracias, Noriko, es hermoso.- murmuró Taro.

Él estaba sorprendido. El paisaje que la chica pintaba le recordaba mucho al sitio en donde él le pidió matrimonio a Eriko, pero Taro dudaba que Noriko lo supiera... El hombre prefirió retirarse y pensar en lo del cuadro después. Quizás era solo una coincidencia...

Eriko ya estaba esperando a Taro a la entrada del edificio en donde trabajaba, llevando en los brazos varias fundas de plástico y una carpeta en las manos. La mujer subió al auto con una extraña expresión en el rostro.

- ¿Qué pasa, mi amor?.- preguntó Taro.- ¿Por qué esa cara?

- Estoy a punto de volverme loca.- suspiró Eriko.- Ahora sí que no sé que hacer. Simone tuvo la brillante idea de mandar a hacer los vestidos nuevos que habían diseñado, y me encantan más que los que hizo Jean.

- ¿Y cuál es el problema?.- cuestionó Misaki.

- Que no puedo quedarle mal a Jean.- repuso Eriko.- Quisiera usar mis modelos, pero no puedo...

- Vaya que a las modelos les encanta complicarse la vida.- rió Misaki.- ¿Y por qué traes los vestidos entonces?

- Porque quería modelártelos.- Eriko sonrió, muy coqueta.

- Ah, que eso me va a encantar...

Taro miró a su esposa con admiración. A pesar de sus más de cuarenta años, Eriko seguía siendo hermosa, y no aparentaba su edad. Apenas unas cuantas arrugas se le notaban alrededor de los ojos y en la comisura de la boca, pero eso aumentaba la sensualidad de su rostro. Y si bien había una que otra cana surgiendo por ahí, el cabello negro de Eriko seguía siendo negro, brillante y hermoso. Ella notó su mirada y lo besó con suavidad en los labios, aprovechando un semáforo en rojo. Después, Eriko comenzó a contarle a Taro sobre la agencia de adopciones.

- Simone ha hablado muy bien de nosotros allá.- dijo Eriko.- Y dice que tenemos muchas posibilidades de adoptar a un niño. Quizás podemos ir la próxima semana para ver a qué niño podríamos tener en nuestra familia.

- Eso me encantaría.- aceptó Taro.- Tú dime cuando puedes, a mí no me cuesta trabajo el salir más temprano de la universidad.

- Pasando la exhibición todo será más fácil.- respondió Eriko.- Por eso digo que quizás la próxima semana estará bien. Por cierto. ¿te gustaría que adoptáramos un bebé o prefieres un niño más grande?

- La verdad, me gustaría un bebé.- confesó Taro.- Sería lindo cambiarle los pañales y enseñarle a jugar fútbol.

- Lo último también puedes hacerlo con uno más grande.- rió Eriko.- Ah, hombres, solo piensan en fútbol...

- Bueno, si quieres lo enseño a pintar.- rió Taro.

- Cualquier cosa será hermosa, si se la enseñas tú.- sonrió Eriko.- Vamos a quererlo mucho, ¿cierto?

- Por supuesto.- Taro también sonrió.

Eriko se veía entusiasmada por lo del bebé, de manera que Taro optó por no decirle nada sobre Natalie. Después de todo, si la francesa insistía en molestar, tendría que hablar con la policía, pero Misaki confiaba en que no tuviera que llegar a eso. Esperaba que Natalie se diera por vencida y lo dejara en paz por fin. Una vez en casa, Eriko se puso los vestidos nuevos y se los modeló a Taro. Mientras él la miraba, se dio cuenta de que tenía mucho de no mirar a su mujer con deseo y supo que después de que ella modelara el último vestido, le haría el amor como nunca lo había hecho antes. Eriko se sorprendió un poco cuando Taro se levantó y la tomó por la cintura y la besó con intensidad. Ella se dejó conducir hacia el dormitorio, entre risas, besos y abrazos...

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Lily se probaba el vestido que le había enviado Simone. Era de un color rojo oscuro y ajustado al cuerpo. Cualquier mujer treintañera a punto de llegar a los cuarenta se habría paralizado ante la posibilidad de usar un vestido así, pero no la señora Wakabayashi. Lily se había mantenido en forma, como buen modelo que era, y su cuerpo aun conservaba su buena figura, de manera que el vestido le quedaba perfecto. Genzo la miraba desde la entrada al dormitorio, con ojos de lobo feroz, sin que ella se diera cuenta. Lily modeló el vestido frente al espejo y se miró desde todos los ángulos.

- No me gusta este vestido.- comentó Lily, al fin.- Demasiado recargado.

- Pues a mí me gusta.- habló Genzo al fin.- O si quieres, quítatelo.

- No cambias nada.- rió Lily, ruborizándose.- Si los niños te escucharan...

- ¿Qué? Solo sabrían que su padre sigue amando con locura a su madre.- replicó Genzo.- Eres deliciosa, ¿sabías?

- Ni que fuera un skimo.- Lily volvió a mirarse en el espejo.- No sé, algo tiene este vestido que no me gusta. Me agradan más los modelos que hace tu hermana.

- No sé por qué Eriko no quiere usar sus bocetos, son mucho mejores.- comentó Genzo.

- Creo que no quiere quedarle mal a Jean.- comentó Lily.- Da igual...

- Pues a mí me gusta todo lo que te pongas, o si no te pones nada pues mucho mejor.- murmuró Genzo, abrazando a Lily por la cintura.

Ella se echó a reír. Genzo la hizo girar y besó a la mujer con ternura en los labios y después le fue imprimiendo pasión, hasta que Lily se quedó sin aire para respirar.

- Vaya que andas desatado hoy.- rió Lily.

- Hoy y siempre.- Genzo abrazó a su esposa.- ¿Sabes? No tiene nada que ver, pero recibí un email de Andrea.

- ¿En verdad?.- se sorprendió Lily.- ¿Qué te dice?

- Que le está yendo muy bien en España.- respondió Genzo.- Abrió la academia que quería y su hija le ayuda a administrarla. Te manda saludos.

- Se los respondes de mi parte cuando le escribas.- pidió Lily.

Ella volvió a abrazar a su esposo y lo besó. Claro que habían tenido que pasar por muchas cosas para que al fin pudieran estar juntos, pero lo habían conseguido...

El siguiente paso de Andrea para intentar separar a Lily y a Genzo consistió en comunicarse con la familia del portero e informarle que él tenía una relación con una extranjera. Obvio era que a los Wakabayashi no les cayó en gracia el enterarse de esto, ya que ellos deseaban que él se casara con una japonesa, alguien de su "categoría". El padre de Genzo no tardó en hablarle a su hijo y amenazarlo con desheredarlo si seguía su relación con Lily Del Valle. Genzo no cedió ante la presión, él le dijo a su padre que estaba enamorado de Lily y que no iba a dejarla, ya que quería casarse con ella. Akira Wakabayashi decidió entonces acercarse a la causa del problema... Lily se sorprendió mucho cuando recibió la visita de un hombre de cabello canoso y muy distinguido, que tenía un enorme parecido con Genzo...

- ¿Cuánto dinero quiere para que deje de ver a mi hijo?.- fue la pregunta que Akira le soltó sin más preámbulos.

Lily le estampó la mano en la cara. Indignada, corrió a su "suegro" del lugar e inmediatamente le llamó a Genzo para romper su noviazgo. Andrea no podía estar más feliz, hasta que ella vio lo deprimido que se encontraba él. Genzo le contó que no entendía quién les había contado todo a sus padres; el portero en verdad amaba a Lily y en verdad quería casarse con ella, él quería que sus padres lo comprendieran y lo apoyaran... Andrea tuvo entonces una crisis existencial y le confesó a Genzo que había sido ella quien le contó todo a su familia. Por un momento, Genzo tuvo la intención de no volverle a hablar nunca más a Andrea, pero entonces ella le pidió perdón y le explicó que lo había hecho porque no había querido aceptar su noviazgo con Lily, pero que en esos momentos se había dado cuenta de que ellos se amaban más que ninguno y que no debía interferir... Genzo decidió dejar todo para después y se lanzó en busca de Lily, esperando que le diera la oportunidad de explicarse. Sin embargo, ella deseaba que él en algún momento regresara a explicarle todo, así que permitió que Genzo hablara.

- Andrea le contó todo a mis padres.- explicó Genzo.- Ella sabía que ellos nunca estarían de acuerdo en que yo me case con una extranjera, pero nada de eso me importa. No me importa lo que hizo Andrea, no me importan mis padres, no me importa mi herencia. Mira como se opusieron con el matrimonio de mi hermana, no dejaré que pase lo mismo conmigo. Te amo, Lily, quiero casarme contigo...

- ¿Y la herencia?.- cuestionó Lily, aun dudando.

- No me importa, ni la necesito.- replicó Genzo.- Si el problema es el dinero, pues asunto arreglado. Tengo suficiente dinero ahorrado de lo que me han pagado por jugar sóccer como para hacerte feliz por el resto de nuestras vidas.

A Lily tampoco le interesaba el dinero, solo quería saber lo que Genzo pensaba con respecto a la herencia, pero en vista de que a él tampoco le importaba, ella no dudó en volver a él... Dos meses después de este hecho, Genzo y Lily se casaron en una boda que clasificada como muy exclusiva. Sin embargo, no fue sino hasta después del nacimiento de Jazmín cuando los padres de Genzo al fin aceptaron esa unión...

¿Y Andrea? Después de la luna de miel de Lily y Genzo, la mujer buscó a Lily para ofrecerle disculpas por su manera de tratarla. Andrea había conocido al fin a un muchacho que la hacía muy feliz, y en verdad que estaba arrepentida de haberse comportado de esa manera con la pareja. Lily y Genzo no tuvieron ningún reparo en perdonarla y en aceptar su amistad...

Lily descansaba recargada contra el pecho de Genzo. Él le acariciaba el cabello y contemplaba el ocaso a través de la ventana. Sí, los dos habían pasado por muchos problemas y dificultades, lo cual incluía la muerte de Aremy, pero aun así, Lily y Genzo seguían estando juntos...

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Era el día de la presentación. Elieth Schneider y Lily Wakabayashi ya se encontraban en el sitio en donde se realizaría la exhibición, luciendo los vestidos que Jean Lacoste había diseñado para ellas. Las demás modelos también estaban listas y todas se veían hermosas, y sin embargo, Eriko estaba muy estresada...

- No sé que voy a hacer, Simone.- murmuró Eriko.- Esto no va a funcionar, va a ser un completo desastre...

- Tranquilícese, madame.- pidió Simone.- Todo se ve precioso.

- Sí, se ve precioso, más no divino.- murmuró Eriko.

La mujer se paseaba de un lado a otro. Taro aun no había llegado, en esos momentos se dirigía al aeropuerto a recoger a su padre, el cual llegaría tarde porque se había retrasado el vuelo. Si él estuviera ahí, quizás Eriko se sentiría mucho más tranquila... Ella no lo pudo evitar y entonces tomó su celular y le marcó a Taro...

- ¿Hola?.- Misaki contestó el teléfono con la mano derecha, al tiempo que sostenía el volante con la izquierda. Se le había olvidado el "manos libres"

- ¿Taro?.- dijo Eriko.- No sé que hacer...

- ¿Qué pasa?.- se sorprendió Misaki.

- Esto no va a funcionar, Taro, estos diseños no son lo que quiero.- musitó Eriko.- Quise hacerlo por no despreciar a Jean, pero no es lo que busco...

- Tranquilízate, amor.- pidió Misaki.- Piensa con calma. ¿Qué es lo que quieres en realidad?

- Mis bocetos.- contestó Eriko, inmediatamente.- Mis diseños. Pero los dejé en casa...

- Iré por ellos y te los llevaré.- ofreció Taro.

- ¿Estás seguro?

- Sí, mi padre aun no llega o ya me habría hablado, tengo tiempo de sobra.- asintió Misaki.

- Te lo agradeceré el resto de mi vida.- sonrió Eriko.- Eres un encanto.

- Eso lo sé, pero si me pagas de la misma manera en como me pagaste en la tarde, mucho mejor.- rió Taro.- Te amo.

- Y yo te amo, Taro Misaki.- dijo Eriko.

Taro colgó el teléfono, sin saber que ésas serían las últimas palabras que él escucharía de su esposa... Misaki se distrajo un poco para arrojar el teléfono a un lado, y eso bastó para que perdiera la distracción y no se fijó que el auto de adelante había frenado bruscamente, de manera que Misaki chocó contra él. No fue un golpe serio, a decir verdad, pero aun así Taro se bajó del auto para ver como se encontraban los otros pasajeros. En cuanto Misaki se bajó, el coche que venía detrás chocó contra su automóvil.

- ¿Están bien?.- preguntó Taro a las dos personas que iban en el coche de adelante, abriendo la puerta del lado del conductor.

- Solo un poco asustada.- respondió la ancianita que iba manejando, la cual estaba muy pálida.- Necesito tomar aire...

Taro ayudó a la mujer a bajar. Se encontraban a media carretera, ya que no había más lugar para parar, pero nadie creyó que hubiera problemas ya que los demás autos comenzaban a detenerse. Sin embargo, no falta el urgido que intenta pasar a como de lugar, y un conductor hizo caso omiso de los coches detenidos e invadió el carril contrario, justo donde estaba parado Misaki...

Misaki solo vio que una luz potente se dirigía a toda velocidad a él y que algo lo investía con una fuerza descomunal... Lo siguiente, y último, que Taro recordó fue que estaba tumbado boca arriba en el suelo, con un chorro de sangre escurriendo por la boca. Él contemplaba las estrellas y ya no sentía ningún dolor...

- Resista, por favor.- le pidió un hombre joven.- La ambulancia viene en camino...

Pero Misaki sabía que la ambulancia jamás llegaría a tiempo, así como también sabía que nunca más volvería a ver a Eriko... Taro recordó el rostro hermoso y la impactante sonrisa de ella, poco antes de cerrar los ojos y exhalar su último suspiro...

Notas:

- Aquí ha terminado la segunda parte del fic. Falta la tercera y última parte de la historia.