Parte 3. Infierno.
Capítulo 15.
No podía ser... No tenía sentido ni nada de lógica... No, tenía que ser una broma, o un mal sueño... Y sin embargo, el ataúd era demasiado real...
Taro Misaki no podía creerlo, pero estaba presenciando su propio entierro. Él no tenía ninguna duda de que el cuerpo que estaba dentro del ataúd color caoba era el de él; después de todo, Misaki recordaba el accidente de una manera tan vívida que resultaba macabra... El día era tan parecido a la vez en que enterraron a Eiki y a Enory que Misaki se preguntó si no estaría reviviendo otra vez ese día en lugar de estar viendo su entierro, pero él sabía que no era así, aunque lo hubiera preferido mil veces...
La misa había sido triste, trágica y demasiado insoportable. Taro no soportó ver a Eriko llorando desconsolada en los brazos de su hermano. Misaki se moría de las ganas de tocarla, de hablare, le decirle que no se había ido, pero era imposible... Él ya no estaba ahí, al menos no físicamente... La mujer estaba a punto de una crisis nerviosa, y no era para menos... En tan solo un año, ella había perdido a su esposo y a sus hijos...
- No puedo estar muerto.- murmuró Taro.- ¡No estoy muerto!
Pero nadie lo escuchaba, ni siquiera Lily, la cual estaba parada a un lado de Eriko y de Genzo, con la cabeza gacha. Ella, igual que los otros dos, estaban vestidos de negro y sus caras mostraban la tristeza que embargaba sus corazones. Misaki hubiera hecho lo que fuera por que alguien lo hubiese visto, o al menos escuchado, pero fue imposible...
Y en el cementerio no fue mejor. El ataúd que contenía el que había sido su cuerpo terrenal descendió lentamente a tierra y pronto fue cubierto por ésta. Fue entonces cuando Eriko se desmayó, y Genzo se apresuró a socorrerla. Lily comenzó a llorar entonces, Taro no supo si de pena, de lástima, de compasión, de tristeza, o de todo mezclado a la vez... Misaki siguió entonces a los dos Wakabayashi, Genzo cargó en brazos a su hermana hasta la pequeña capilla del lugar y la recostó en una banquita de cemento; Lily entonces le puso algo en la nariz a Eriko hasta que ella reaccionó...
- Lo maté.- murmuró Eriko, llorando desconsolada.- He matado a Taro... Yo lo maté...
- No digas eso, por favor.- pidió Genzo, sosteniendo la mano de su hermana.
- Si yo no le hubiera llamado, él no habría chocado.- musitó Eriko.- Es mi culpa que él esté muerto... Lo maté, así como maté también a Eiki y a Enory... Por mi culpa, toda mi familia se ha ido...
Taro quiso decirle que no era cierto, que no era verdad, que ella no había sido la causante de su muerte. Había sido descuido de Misaki el estar a media carretera justo después del accidente, debió haber sido más prudente y hacerse a un lado...
Pero Eriko no lo escuchaba. De la nada surgió un doctor y le inyectó a la mujer algo en el brazo, lo que la hizo a ella sumirse en una piadosa oscuridad... Taro hubiera querido quedarse con ella, pero de pronto sintió que algo lo jalaba con mucha fuerza hacia atrás, sumiéndolo en una completa blancura enceguecedora...
En un lugar en donde no existe el tiempo...
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Taro Misaki abrió los ojos. Se sentía muy extraño, y no tenía ni idea de cómo ratos había llegado ahí. No le dolía el cuerpo, no sentía ningún dolor, es más, no sentía nada... Taro se puso de pie. Estaba en un lugar envuelto por una especie de neblina nacarada, la cual era tan densa que Misaki hubiera podido sentirla entre los dedos; y sin embargo, no la sentía... ¿Qué estaba pasando ahí? ¿En donde se encontraba?
- Bienvenido.- dijo un hombre alto y joven, de raza negra y sonrisa franca.
- ¿Bienvenido a dónde?.- quiso saber Misaki, poniéndose de pie.- ¿En dónde estoy?
- En un lugar en donde no existe el tiempo.- respondió el hombre.- Muchos prefieren llamarlo "limbo".
- ¿Quiere decir que sí estoy muerto?.- Taro se sorprendió, aunque ya se lo esperaba.
- Bien muerto.- respondió el hombre.- Comprendo su reacción, a nadie le gustaría enterarse de eso.
"No, debo estar soñando...".
- ¿Cómo le hago para salir de aquí?.- preguntó Taro, mirando a todos lados.
- Amigo mío, no hay salida.- suspiró el hombre.- Una vez cruzado el umbral, no hay regreso...
- Debo volver, debo regresar.- insistió Misaki.- ¡No puedo quedarme aquí! Mi esposa me necesita... Así que, mejor me dices cómo rayos salir de aquí... Eh, como quiera que te llames...
- Otelo.- respondió el hombre.- Mucho gusto.
- Quisiera decir lo mismo.- gruñó Taro.- Por favor, Otelo, dime cómo salir de aquí...
- Ya se lo dije, no hay salida ni regreso.- suspiró Otelo.- Al menos no de manera física...
- ¿No de manera física?.- Taro tuvo una esperanza.- ¿Quiere decir que puedo volver de forma espiritual?
- El mundo de los espíritus está más conectado con el mundo real de lo que la mayoría quiere creer.- respondió Otelo.- Es por eso que las almas de las personas muertas pueden volver cuando lo desean...
- Entonces quiero volver.- Taro estaba decidido.- Necesito ver a Eriko.
Otelo suspiró. Así eran los nuevos, siempre, se negaban a aceptar que estaban muertos e insistían en volver al lado de sus seres queridos. Siempre pasaba, no había ni una sola alma que aceptara la muerte como algo sin remedio, hasta que la persona se daba cuenta de que les hacía más daño a sus seres queridos molestándolos como almas en pena y entonces regresaban al mundo de los muertos...
- Como guste, señor Misaki.- dijo Otelo, al fin.- Puede volver con su esposa en el momento en que desee, simplemente tiene que desearlo y ya.
- Muchas gracias, Otelo, y perdona las molestias.- Taro se preparó.
- Hasta pronto, señor Misaki.- dijo Otelo.
- No hasta pronto, hasta nunca.- Taro estaba convencido de que nunca iba a volver.
Taro cerró los ojos y deseó con toda su alma el estar a un lado de Eriko... Él sintió que una fuerza sobrehumana lo jalaba nuevamente y lo transportaba a otro lugar...
Misaki se encontró de pronto en su departamento, pero por un momento, pensó que se había equivocado. Las cosas habían cambiado demasiado, ya no se encontraban los cuadros que él había pintado, ni sus trofeos ni medallas ganados en el sóccer, ni sus objetos personales... Hasta la pintura de las paredes era distinta. ¿Qué había pasado? Parecía que hubieran transcurrido varios meses y no tan solo unos cuantos segundos...
Taro se paseó por el que había sido su departamento en el último año, dándose cuenta de que todo había cambiado. En el dormitorio, había desaparecido la cama matrimonial que ocupó con Eriko y en su lugar había una cama individual... La ropa de Taro también había desaparecido, al igual que todas las fotografías...
De pronto, la puerta del baño se abrió y por ella salió Eriko. Se había cortado su largo y hermoso cabello y ahora lo traía muy corto, al estilo de Charlize Theron. Y sus ojos, sus hermosos ojos oscuros habían perdido su brillo... La mujer se dirigió a la recámara y comenzó a vestirse. Taro la miraba sin poder creerlo. ¿A dónde había regresado? ¿Por qué todo estaba tan cambiado?
El timbre sonó y Eriko se apresuró a abrir. Taro suspiró de alivio al ver que era Lily la que estaba en la puerta. La mexicana entró y le dio un abrazo a Eriko.
- ¿Cómo estás, Eri?.- preguntó Lily.
- Te mentiría si te dijera que estoy bien.- suspiró Eriko.- Pero al menos ya puedo pasar más de una hora sin llorar...
- Eso es porque sigues viviendo en este departamento, todo aquí va a recordarte a Taro, no importa cuántos cambios le hagas y cuánto te esfuerces por deshacerte de todas sus cosas. Taro sigue estando presente...
Así que era eso lo que había pasado. Eriko se había deshecho de todo lo que le recordaba a Taro para poder seguir adelante. Misaki se sintió descorazonado, pero no culpaba a su esposa. Ahora era viuda y sin hijos, algo tenía que hacer ella para no volverse loca...
- Hago todo lo que puedo para no volverme loca.- confesó Eriko.- Trato de distraerme en otras cosas, pero no puedo. Taro no abandona mis pensamientos...
- Lo sé.- murmuró Lily.- Y en parte es porque sigues aquí... Deberías hacernos caso, vende el departamento y ven a vivir con nosotros. Sabes que Genzo y yo te aceptaremos con gusto.
- No puedo.- negó Eriko.- Tengo que salir adelante yo sola, es lo que Taro hubiera querido...
¡No! Taro quiso gritar. Eriko no estaba sola, ¡Taro estaba con ella! Él había regresado para estar a su lado, ella no tenía que deshacerse de todo, podían seguir juntos si querían... Lily siguió hablando con Eriko, y pronto cambiaron el tema a otras cosas, como el trabajo de Eriko. Al parecer, ahora Lily era también su socia, pero a Misaki no le interesaba nada de eso... Él suspiró; se dio cuenta de que lo que para él fueron unos cuantos minutos en el limbo, para los habitantes de la Tierra fueron varios meses, los suficientes como para que Eriko ya estuviera más tranquila y hubiese aceptado su muerte... Misaki se preguntó si ella ya habría conocido a alguien más...
- Por cierto, Genzo me pide que te insista que acudas a la cena del sábado.- dijo Lily.
- Gracias, pero no sé si iré.- suspiró Eriko.- No tengo ni medio año de viuda y ya sus amigos andan acosándome... Como si alguno de ellos me pudiera hacer olvidar a Taro...
- Aunque no lo creas, Genzo ha hecho todo lo posible por que te dejen en paz.- Lily también suspiró.- Pero parece que no entienden...
- Por eso no quiero ir.- murmuró Eriko.- No quiero interesarme en ningún hombre, ni ahora ni nunca. Taro Misaki será al único hombre que amaré en mi vida.
Misaki quiso abrazar a su esposa y besarla como nunca, pedirle que no lo olvidara, pero por más esfuerzos que hacía, no consiguió llamar su atención... Lily se marchó al poco rato, repitiéndole a Eriko que en el momento en que lo quisiera, las puertas de su casa estaban abiertas para ella... Eriko suspiró y se dirigió a una mesa de trabajo que no había estado ahí antes y comenzó a escribir algo en un diario. Taro leyó por encima de su hombro; su mujer había escrito algo similar a lo siguiente:
"Lily ha vuelto a visitarme y a pedirme por quien sabe cuanta vez me ha pedido que me vaya a vivir con ella y con Genzo. Ninguno de los dos se ha dado cuenta de que sin Taro, ya no quiero seguir viviendo...".
Todo el diario estaba escrito con frases similares, cosas que daban a mostrar que Eriko era muy infeliz. Ella escribió después un "te amo, Taro, te extraño tanto...", cosa que le provocó a Taro unas ganas inmensas de llorar... Él hizo el intento de tocarle la mano con la que ella escribía y de pronto Eriko comenzó a sentirse rara... Ella no comprendía el por qué sentía que Taro estaba parado junto a ella, ni por qué su mano temblaba con deseos de seguir escribiendo aun cuando Eriko no lo deseaba, ni por qué el viento le susurraba al oído un "te amo, estoy contigo"en la voz de Taro...
El lápiz comenzó a tambalearse. Eriko, sin desearlo, escribió una línea en el cuaderno, con una caligrafía que era idéntica a la de Taro...
"No llores Eriko, no estás sola. Estoy contigo".
Eriko arrojó el lápiz a un lado y se soltó a llorar amargamente. Taro se dio cuenta de que su presencia la había lastimado más que ayudado, por lo que él cerró los ojos. Y por un momento, deseó no estar ahí...
Otra vez la neblina nacarada que todo lo envolvía. Pero en esta ocasión, Otelo le sonreía con afabilidad. Taro suspiró. Sin duda, había regresado.
- ¿Qué tal el viaje?.- preguntó Otelo.- ¿Fue placentero?
- ¿Te burlas de mí?.- Misaki estaba enojado.- ¿Por qué no me dijiste que el regresar lastimaría tanto a mi esposa?
- Porque no me hubieras creído.- respondió Otelo, tuteándolo.- Por eso no te lo dije. Solo tú mismo te hubieras convencido de eso.
- Ya.- gruñó Taro.- ¿Qué eres tú? ¿Un Ángel o algo así?
- Soy un ánima, un alma, igual que tú.- Otelo se encogió de hombros.- Soy algo así como tu guía.
- ¿Mi guía?
- Sí. ¿O acaso crees que tú solo podrás encontrar tu lugar aquí?
- Supongo que no.- suspiró Taro.- Por cierto, ¿Otelo es tu verdadero nombre?
- No realmente.- el hombre sonrió, mostrando sus dientes blancos en su cara morena.- Sería demasiada coincidencia, ¿no? Saqué el nombre del personaje de Shakespeare.
- ¿Y también sus celos posesivos y la manía de asesinar a las esposas?.- se burló Taro.
- No, solo el nombre y la apariencia física.- Otelo no se inmutó.
- ¿Apariencia física?.- Taro enarcó las cejas.
- Sí. Algo que pronto aprenderás es que en este lugar puedes tomar la forma física que quieras, conservando tu esencia.- respondió Otelo.
- ¿Cuál es tu nombre y tu verdadera apariencia?.- a Taro lo invadió la curiosidad.
- Te lo diré en algún momento, pero no ahora.- replicó Otelo.- Primero, vayamos a conocer tu mundo.
Misaki estuvo a preguntar sobre ese "mundo", pero entonces el ambiente cambió. De estar en medio de la neblina pasó a encontrarse en un sitio extraño que parecía una paleta de pinturas.
- ¿En dónde estamos?.- preguntó Taro.
- Ya te lo dije, en tu mundo.- replicó Otelo.- ¿Qué se te antoja tener? ¿Un cielo despejado?
- Pues sí... .- Taro no estaba muy seguro de haber entendido.
Otelo miró hacia arriba, hacia lo que sería el "cielo" y de repente éste tomó una coloración azul increíblemente hermosa. Misaki se quedó con la boca abierta.
- ¿Cómo hiciste eso?.- preguntó.
- ¿Qué más deseas?.- Otelo no dejó de sonreír.- ¿Un campo verde? ¿O prefieres montañas con un lago? ¿O las tres cosas?
Y antes de que Taro respondiera, apareció frente a él un enorme campo verde, con un hermoso y cristalino lago y al fondo unas montañas. Taro no había abierto la boca, pero era como si Otelo le hubiese leído la mente...
- Fue en un lugar así en donde le pedí matrimonio a mi esposa.- murmuró Taro.- Y fue en ese mismo lugar también a donde llevé a mis hijos de vacaciones... ¿Cómo supiste que...?
Pero Otelo miraba a Taro de una manera muy curiosa, como si él supiera un secreto que Misaki no conociera. Taro supo que lo mejor era dejar de hacer preguntas y dejar que Otelo le enseñara lo que tenía que enseñarle...
Notas:
- Jeje, ahora sí me enfocaré en la película como tal. Espero que no me falle la narrativa...
