Capítulo 19.

Taro estaba muy callado y Julieta no lo culpaba. La barca se movía suavemente por el agua, como por parte de magia. Bueno, no era de sorprenderse dado el sitio en donde se encontraban. Entre toda aquella gente vestida a la antigua, de vez en cuando aparecía alguna mujer, joven o grande, vestida con alguno de los trajes que había diseñado o modelado Eriko, cosa que tenía a Misaki a la expectativa. ¿Qué pasaría ahí después? Si Taro hubiese tenido corazón, le habría latido a más de mil por hora al ver a una mujer joven y hermosa que se parecía mucho a Eriko por la época en la que Enory tendría unos nueve años, ("Eriko es más hermosa, sin duda", pensó Taro, al ver bien a la muchacha), vestida con un traje imponente, el vestido negro de escote hasta el ombligo por delante y de espalda por detrás con abertura a medio muslo, el mismo vestido negro que Eriko usó en aquella pasarela de beneficencia en Múnich, y que había vuelto a usar en una fiesta de Año Nuevo, una fiesta en donde Eiki y Enory bailaron toda la noche y se quedaron despiertos hasta el amanecer, comiendo uvas con su madre en una banca del parque de la Torre Eiffel. Taro no soportó más la curiosidad, invadido por los recuerdos.

- ¿En dónde estamos?.- preguntó.- ¿De quién es este mundo?

- Mío.- respondió Julieta, sonriendo.- ¿Te gusta?

- Es solo que me trae recuerdos.- musitó Taro.- Muchos recuerdos...

- Me imagino.- Julieta miró hacia el cielo.

Siguiendo un impulso, Misaki metió la mano en el agua, la cual se la dejó pintada de azul.

- Entonces sí es acuarela.- comentó Taro.

- Es uno de mis artes favoritos.- comentó Julieta.- Es muy fácil de corregir cualquier error con acuarela, simplemente le echas más agua a la pintura y se pueden crear efectos hermosos.

- También eran las favoritas de Enory.- suspiró Misaki.- Aun recuerdo cuando le regalamos su primer estuche, pintó todas las paredes de la casa y sí que nos costó trabajo quitar las manchas. Mientras más agua echábamos, más se corría la pintura. Recuerdo incluso que Eriko comentó que era un trauma el tener a dos pintores en la familia. Ella era una gran artista.

Julieta sonrió con cierta ternura y miró hacia el cielo. Las personas que paseaban en las barcas saludaban a la muchacha y Taro se dio cuenta de que quizás ellos eran los personajes que Julieta había creado para no sentirse sola, lo que le hizo a Misaki recordar...

Enory estaba terminando una especie de diorama, pintado con acuarelas. Se notaba que la chica se había llevado mucho tiempo y dedicación haciendo las figuras en cartón y pintándolas con sus colores predilectos. Y sin embargo, Enory no se veía feliz...

- Es hermoso, querida.- había dicho Eriko.

- Usé los vestidos que vimos el otro día en el libro de las modas pasadas.- explicó Enory.- Me gustaron mucho.

- Y te quedaron preciosos.- sonrió Eriko.- Pero creo que hay algunos vestidos que están un poco fuera de lugar, ¿no crees?

- Son tus diseños, mamá.- Enory sonrió levemente.- Quería incluir mis favoritos.

- Ya veo.- Eriko le sonrió a su hija.- Me da mucho gusto que hagas eso, mi amor.

Enory abrazó a su madre y sollozó un poco. Eriko trató de no alarmarse, pero quería saber qué le estaba pasando a su hija.

- ¿Qué te ocurre?.- preguntó Eriko.- ¿Te sientes mal?

- No, mamá.- Enory soltó a su madre y se secó las lágrimas.- Es solo que de repente me entró la nostalgia...

- ¿Por qué?

- Por nada, mamá. De verdad.- Enory sonrió y arregló uno de los vestidos de sus personajes.

Eriko quería seguir insistiendo, pero entonces Taro le anunció que alguien le hablaba por teléfono. La mujer suspiró, pero lejos de sentirse derrotada, le dirigió una mirada a Misaki pidiéndole que hablara con Enory. Taro asintió y se acercó a ver el diorama de su hija.

- Quedó hermoso.- sonrió Taro.- Eres toda una artista.

- Lo heredé de ti, papá.- Enory sonrió con modestia.

- No, lo heredaste de tu abuelo.- suspiró Taro.- Yo realmente no tengo la habilidad de ustedes dos...

Enory soltó una risilla y agarró un figurín que traía puesto un vestido rojo, uno que Eriko había usado en la última fiesta de aniversario de ella y Taro. Él notó que la niña particularmente se ponía triste al retocar las figuras con los vestidos de Eriko.

- ¿Qué te pasa, corazón?.- quiso saber Misaki.- ¿Por qué estás tan triste?

- No estoy triste.- replicó Enory, con un tono de voz que demostraba todo lo contrario.

- Claro que lo estás. Has pasado mucho tiempo encerrada en tu cuarto y al parecer solo has hecho este diorama. Le has dedicado mucho tiempo, lo que me parece bien, pero eso me hace pensar que lo haces para ocultar algo.- comentó Taro.

- Es solo que estoy haciendo amigos nuevos.- respondió Enory, sin mirar a su padre a la cara.

- ¿Y eso por qué?

- Quiero a alguien que no me deje sola en ningún momento.- murmuró Enory.

Fue en ese momento cuando Misaki comprendió. Los últimos meses, Taro había estado muy ocupado siendo entrenador del PSG, Eriko se la pasaba en el modelaje y Eiki no dejaba de jugar fútbol, por lo que la tímida Enory, la cual no tenía muchos amigos por su nateraleza un tanto retraída, debía de sentirse sola... Tan sola, que se creó un mundo con amigos que nunca la abandonaran...

- Perdóname, hija.- Taro abrazó a Enory.- Lo lamento de verdad. Hemos estado tan ocupados que no nos hemos detenido a ver cómo te sientes... Pero te amamos, como a nadie en este mundo. Eres muy importante para nosotros, una parte esencial de nuestras vidas...

- Me siento muy sola, papá.- murmuró Enory.- Los extraño a ti, a mamá, a Eiki. Ya casi nunca los veo, es como si viviéramos en mundos diferentes... No soy tan talentosa como ustedes, no sé que hacer para poder alcanzarlos con las alas tan débiles que tengo...

- No vuelvas a decir eso nunca más, Enory Misaki.- Eriko había regresado y miraba a su esposo y a su hija desde la puerta de la habitación.- Tus alas son tan fuertes como las de el que más. Y eres la más talentosa de esta familia, tan es así que todos nos sentimos que no estamos a tu altura.

Enory volvió a sollozar. Eriko se acercó e hizo que Taro la soltara para abrazarla ella.

- Lamento mucho si te hicimos sentir que estabas sola, no fue ésa nunca nuestra intención.- murmuró Eriko, acariciando el cabello de su hija.- Creo que todos nos metimos demasiado en nuestros propios mundos, pero aunque no lo creas, no dejamos de pensar en ti en ningún instante. Eres una bendición, Enory, el que nacieras fue la otra cosa más maravillosa que me ha sucedido...

- Claro, porque yo fui la primera.- comentó Eiki en esos momentos.- Ay, hermanita, te pasas de babosa si crees que no te queremos o que eres menos que yo. Como mamá lo dijo, eres la mejor de esta familia, la que nos hace sentirnos a todos orgullosos de ser Misaki.

Enory seguía llorando, pero esta vez era de felicidad. La chica entonces soltó a su madre para abrazar a su hermano y después abrazó a su padre. Taro sostuvo a su hija con fuerza y le murmuró que nunca más volverían a dejarla sola. Fue a partir de ese momento que tanto Taro como Eriko le bajaron a su ritmo de trabajo (como si fuera tan fácil decirlo) y Eiki procuraba pasar al menos dos horas al día al lado de Enory...

Julieta tosió suavemente y Taro volvió al presente. Era el momento de hacer las preguntas...

- ¿Y por qué creaste un mundo con acuarela?.- preguntó Misaki, como quien no quiere la cosa.

- Ay, Misaki.- suspiró Julieta.- De verdad que Otelo tiene razón, eres demasiado lento para aprender...

Otra vez esa frase. Solo dos personas habían tenido el descaro de decirle eso a Taro...

- ¿Sabes?.- murmuró Julieta.- Ésta no es mi verdadera forma...

- No sé por qué, pero me lo sospechaba.- suspiró Taro.- Aquí todos cambian de forma...

- Hace mucho tiempo.- Julieta continuó narrando.- Mi padre, al que adoraba y aun adoro, dijo que le parecía que las chicas latinoamericanas eran muy hermosas. Él admiraba mucho a la esposa de su cuñado, que era mexicana, y a la esposa de un conocido suyo, la cual era la madrina de mi prima; esa mujer era brasileña y pelirroja, y recuerdo que mi padre decía a cada rato que su nombre era hermoso: Julieta.

Misaki se quedó callado. Algo le decía que una sorpresa muy grande se avecinaba...

- Mi padre amaba mucho a mi madre, pero admiraba a mi tía y a la madrina de mi prima.- continuó Julieta.- Y por eso quise tener la forma física de la última y su nombre para que cuando mi papá me volviera a ver, le regresaran los recuerdos de todo lo que alguna vez nos unió.

Taro contempló entonces el mundo de acuarela, el cual en ese momento se le hizo una copia exacta del diorama de Enory. Una lluvia de flores de cerezo cubrió entonces a Julieta, y cuando pasó, la chica que apareció detrás era una jovencita de doce años, cabello castaño y ojos negros, que le sonreía a Misaki con timidez y algo de esperanza...

- Enory.- murmuró Taro, conteniendo apenas las lágrimas.

- Papá.- murmuró Enory, lanzándole a los brazos de Misaki.

Padre e hija se abrazaron con fuerza, al tiempo que ambos derramaban lágrimas de felicidad...

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Eriko volvió a tomar su diario. Lo necesitaba. Ya no había nada que la tranquilizara, ni siquiera el pintar... Ella ya había terminado el cuadro y sentía que necesitaba ir para allá, algo le decía a Eriko que era ahí en donde Taro se encontraba... Era imposible, pero de alguna forma o de otra, Eriko tenía que ir ahí, y la mujer pensó que solo había una manera...

- Ya no puedo más con esto.- escribió Eriko.- No puedo con el peso de tanto dolor. Tenía una hermosa familia, los mejores hijos, el esposo perfecto, y lo arruiné todo. Taro debió dejarme morir cuando podía...

Eriko miró las cicatrices de sus muñecas. Después, agarró un poco de la masa gris que tenía en un plato a un lado y se la comió. Era de noche y se encontraba sola, Jazmín había salido con Erick Levin, Daisuke estaba de campamento y Genzo y Lily habían ido a una cena de caridad a la cual Eriko se negó a ir. Ella ya tenía todo planeado y esa noche lo llevaría a cabo...

- No puedo seguir viviendo así. Sé que Genzo va a decepcionarse de mí, es algo que me entristece, pero creo que ya no puedo seguir decepcionándome a mí misma... No lo toleraría...

Eriko continuó comiendo la pasta gris. El estómago le dolía y comenzó a sentir muchas náuseas, pero no le interesó. Era el momento de darle fin a todo...

- Solo espero que Genzo pueda perdonarme.- escribió Eriko al final.- Y también Lily. Los dos han sido muy amables conmigo y creen ciegamente en mí, por eso me duele defraudarlos, pero espero que no me odien...

Eriko escribió después algunas indicaciones finales y después cerró la libreta. Ella se soltó el cabello y se lo cepilló; después se dirigió al baño y abrió las llaves del agua de la tina. Se daría una ducha y después se pondría el vestido blanco que había usado en el funeral de Eiki y Enory.

Blanco, el color de la muerte...

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Taro y Enory charlaron por largo rato. Ella le contó a él sobre lo difíciles que habían sido sus primeros días en ese lugar, pero que Aremy la había ayudado a adaptarse y a jugar con su mundo hasta dejarlo tal y como ella lo quería. Ahora, Enory ayudaba de vez en cuando siendo la guía de las almas nuevas, pero sobre todo a los niños pequeños.

- No quiero que se sientan solos.- confesó Enory.- No quiero que tengan miedo.

Misaki miró a su hija con mucha ternura. Ella seguía siendo la misma niña dulce de siempre. Después, Misaki le contó a Enory lo mucho que Eriko y él los habían extrañado a ella y a Eiki y que les había costado el adaptarse a vivir sin ellos.

- Dicen por ahí que uno no debería enterrar a sus hijos.- murmuró Taro.

- Pero ya estamos juntos otra vez, papá.- dijo Enory.- Extraño a mamá, pero verás que el tiempo aquí no se siente y pronto volveremos a verla. Para nosotros, han sido tan solo unos cuantos días el tiempo que hemos estado aquí.

- Insisto en que no sé como pueden saber eso si en este lugar el tiempo no existe.- suspiró Taro.

Enory volvió a reír. Ambos bajaron de la barca en la escalinata de mármol y entonces ella le dijo a Taro que era el momento de volver.

- Quisiera ir a ver a Aremy y después tengo que ir a ayudar a una nueva alma.- explicó Enory.- Pero te acompañaré. Quisiera conocer tu mundo.

- De acuerdo.- Misaki suspiró. ¿Él también podría ser un guía algún día?.- Lo malo es que no sé como volver…

- No te preocupes.- sonrió Enory.- Solo cierra los ojos e imagina algo de tu mundo…

Taro, sin poder evitarlo, pensó en el sauce. Él sintió una fuerte sacudida, a la cual ya se estaba acostumbrando, y al abrir los ojos vio su mundo frente a él… Pero algo había pasado… Las cosas no estaban como él las había dejado, algo había cambiado…

Justo en la zona en donde estaba el sauce, se veía como si estuviera lloviendo, como si alguien hubiese derramado agua sobre pintura fresca y ésta se corriera. Misaki tuvo un muy mal presentimiento, era como si Eriko hubiese vaciado su alma en lágrimas de pintura…

- ¿Qué pasa, papá?.- hasta Enory presentía que algo andaba mal.

- Tengo que ver a tu madre.- murmuró Taro.- Algo le pasó…

El sauce se lo decía, todo en ese mundo se lo decía. Eriko estaba mal, Taro podía sentirlo en todo su ser… Necesitaba volver a la Tierra, pero aun cuando Misaki lo deseó, no se movió de su mundo. Él volteó a ver a Enory entonces, pero ella tampoco sabía qué estaba pasando. En ese momento apareció Otelo; se veía muy serio y se le notaba demacrado, aun en su oscura piel. El hombre se dirigió directamente a Misaki, sin preámbulos.

- Taro, ha sucedido algo terrible.- dijo Otelo.

- Lo sé.- replicó Taro, al instante.- No puedo regresar a la Tierra… ¿Qué pasó?

Otelo suspiró. Sabía que la noticia que iba a dar iba a causar un fuerte impacto en Misaki…

- Taro… Eriko se suicidó… .- murmuró Otelo.

Si Taro hubiese tenido un corazón físico, muy seguramente se le hubiese detenido…

Notas:

- Bueno, ahora sí esperen el final del fic.