Capítulo 20.

Genzo y Lily llegaron tarde a la mansión y todas las luces estaban apagadas; se suponía que Jazmín y debía de haber llegado y Daisuke regresaría hasta la mañana siguiente, pero aun así tanta quietud no era normal...

- Algo me dice que esa niña no ha llegado aún.- gruñó Genzo.- Voy a matar a ese Schneider en cuanto lo vea...

- Tranquilo, Mijael es un buen muchacho.- rió Lily.- Prometió traer a Jazmín antes de las diez. Además, recuerda que es hijo de Eli y que ella no lo dejará propasarse con nuestra hija.

- Pero también es hijo de Schneider y con eso te lo digo todo.- gruñó Genzo.

- Iré a ver a Eriko.- Lily no podía contener la risa.- Tal vez quiera tomar un té.

- Es tarde ya, quizás se durmió.- comentó Genzo.

- Puede ser, pero aun así quiero ir a ver si se encuentra despierta.- replicó Lily.

Genzo dijo entonces que subiría a cambiarse de ropa y que después alcanzaría a su esposa. Lily salió entonces al jardín, rumbo en dirección de la casa de muñecas. Genzo se cambió de ropa y se sirvió un vaso con leche ("Tengo que dejar de comer tanta grasa", pensó él) y después salió en busca de su hermana y de su esposa y entonces supo que algo andaba mal. Todas las luces de la cabaña de Eriko estaban encendidas y no se escuchaba ningún ruido proveniente, cosa que era de admirarse ya que cuando Lily y Eriko platicaban se escuchaban hasta Europa. Genzo empujó la puerta, que se encontraba entreabierta, y no encontró a nadie. El hombre comenzó a tener un mal presentimiento y comenzó a llamar a voces.

- ¿Lily?.- preguntó.- ¿Eriko?

Pero Genzo no tuvo respuesta. Él entonces se dirigió hacia la habitación de su hermana y encontró la puerta abierta de par en par y a Lily inclinada sobre Eriko, intentando reanimarla. Las sábanas estaban llenas de una sustancia sanguinolenta, como si Eriko hubiese estado vomitando sangre, y en el suelo había un plato roto que contenía los restos de una sustancia gris. Genzo no tuvo que pensarlo mucho para sacar sus conclusiones...

- Llama a una ambulancia.- pidió Lily.- No le encuentro el pulso...

Ella se veía serena, pero su tono de voz delataba lo mal que se sentía. Genzo no lo pensó dos veces para llamar al teléfono de emergencias y pedir ayuda. Sin embargo, algo le decía a Genzo que su hermana ya había dejado su mundo atrás...

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Taro no lo podía creer. No, debía de ser una broma... Eriko no podía estar muerta, ¡no podía haberse suicidado!

- Tienes que estar bromeando.- suplicó Taro.- Por favor, dime que es una broma...

- Ojalá lo fuera.- suspiró Otelo, bastante afectado por la noticia.- Pero no lo es...

- Está muerta.- Taro tenía que repetirlo para convencerse.- Eriko está muerta.

- Mamá... .- murmuró Enory.

Entonces por eso el sauce estaba llorando. De alguna forma o de otra le había avisado a Taro que Eriko ya había cruzado la barrera. De momento, la idea de pensar que Eriko estaba muerta le nubló a Taro la razón, pero después se puso a pensar que eso solo podía significar que podría volver a verla...

- ¿En dónde está?.- preguntó Taro.- ¿Cuándo podré verla?

- Nunca.- replicó Otelo.

- ¿Qué?.- Taro creyó no haber escuchado bien.

- No podrás ver a Eriko, jamás.- musitó Otelo.- Jamás...

- No me gusta que bromees con cosas como ésas.- musitó Misaki.- Por favor, no me hagas esto...

- Te estoy diciendo la verdad.- Otelo tenía la cara desencajada.- No puedes ver a Eriko. Ella se suicidó, y los que se quitan la vida no pueden pasar a este lugar...

- ¿A dónde van entonces?.- quiso saber Taro. Iría a buscar a su mujer al último lugar del mundo.

- Al infierno.- respondió Otelo, muy serio.

¡JA! ¡Tenía que ser una broma! ¿No había cielo pero sí existía el infierno?

- Me dijiste que no existía el cielo.- reclamó Taro, enojado.

- Nunca dije eso.- negó Otelo.- Nunca te dije que no existiera el cielo, simplemente dije que tu mundo no era el cielo.

- Y sí existe el infierno...

- Si existe el cielo, debe existir el infierno...

- ¿Y por qué Eriko fue a él? ¡No lo comprendo!.- Taro ya no sabía ni qué pensar.

- Porque se quitó la vida. Y ésta no nos pertenece, a nadie, Misaki, por eso nadie tiene derecho a matarse y quienes lo hacen sufren las consecuencias... .- murmuró Otelo.

No, no podía ser cierto. Taro se paseó de un lado a otro, desesperado, mientras Otelo agachaba la mirada y Enory sollozaba por lo bajo.

- ¿Qué sucede cuando alguien va a al infierno?.- quiso saber Misaki.- ¿También pueden crear su propio mundo?

- Hasta la pregunta es idiota, Misaki.- gruñó Otelo.- Por supuesto que no. El infierno está creado para sufrir, lo que significa que Eriko no tendrá oportunidad de elegir nada de lo que suceda a su alrededor.

- ¡Ah!.- la expresión de Taro lo dijo todo.

- El infierno no es como siempre nos lo enseñaron en el la vida.- continuó Otelo.- No hay calderas de aceite hirviendo, ni llamas alrededor, ni vapores de azufre, ni miles de demonios aplicando crueles tormentos guiados por un diablo mayor. El infierno real es mucho peor y más tenebroso... Las almas que son condenadas a vivir en él repiten su "vida" pasada en la forma de su peor pesadilla. Esas almas no tienen esperanza, ni alegría, ni ningún motivo para continuar, con el dolor de saber que eso nunca acabará. Y sin embargo, las almas del infierno no saben que están muertas y condenadas a sufrir toda una eternidad. Eriko tendrá su peor pesadilla en carne propia y no podrá salir jamás de ella...

- Tengo que sacarla de ahí.- dijo Taro.- No puedo permitir que ella sufra...

- Ahora sí que te volviste loco.- suspiró Otelo.- No puedes ir al infierno.

- ¿Por qué no?.- quiso saber Taro.- ¿Está prohibido?

- En realidad, no.- negó Otelo.- No está prohibido ir al infierno, cualquier alma puede entrar en él; sin embargo, la salida no está garantizada. Las almas que entran al infierno olvidan todo lo que eran. Sus esencias son saturadas de la tristeza del lugar y del dolor de las demás almas. Con unos cuantos segundos ahí, todos olvidan quienes eran y no pueden salir porque no recuerdan que en algún momento tuvieron su propio mundo en donde podían ser felices.

- Entonces puedo ir.- Misaki no pareció escuchar los contras.- ¿Puedes llevarme?

- ¿Para qué quieres ir?.- preguntó Otelo.- ¿Qué no me escuchaste? No podrás salir de él.

- No me importa si no puedo salir de él.- replicó Taro.- Me basta con que Eriko salga.

Otelo bufó, exasperado. De veras que Taro podía llegar a ser muy terco. Enory simplemente se estrujaba la mano y miraba constantemente a los dos hombres.

- ¿Qué parte de lo que te dije no entendiste?.- preguntó Otelo, más calmado.- Las almas del infierno no saben que existe otro sitio aparte de en donde están. Para ellos no existe la esperanza ni la felicidad. Por tanto, no reconocerían a las personas a quienes amaron en vida aun cuando ellas mismas se encontraran también en el infierno, sufriendo junto a ellas. Eriko no te reconocerá cuando te vea, no sabrá quien eres y no podrás por lo tanto sacarla de ahí.

- ¿Y si consiguiera hacer que me ella me reconozca, Eriko podría irse?.- quiso saber Taro, sin hacer caso.- ¿Si Eriko recupera sus recuerdos y su esperanza, podrá salir del infierno?

- Creo que sí.- suspiró Otelo.- ¿Pero cómo podrías hacerlo?

- Con mi amor.- replicó Taro.- Haré que con mi amor ella recuerde todo.

Otelo movió la cabeza de un lado a otro, sonriendo amargamente. Al parecer con nada podría convencer a Misaki de no hacer lo que quería hacer. Otelo miró entonces a Enory, quien escuchaba todo atentamente.

- Trata de convencerlo.- pidió el hombre.

- No podría, y lo sabes.- negó Enory.- El lazo que hay entre mis padres es más fuerte que cualquier otra cosa. Nadie podrá convencer a mi papá de que no vaya a salvar a mi mamá.

- Llévame, por favor.- insistió Taro.- O dime como llegar hasta ahí...

Otelo suspiró derrotado. No le iba a quedar otro remedio...

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El diagnóstico fue muy claro. Eriko se había suicidado con una pasta hecha a base de cianuro, la sustancia gris que había visto Genzo en el plato roto. Obvio era que ni Lily ni nadie hubiese podido hacer algo, el cianuro mata en cuestión de segundos, y era obvio que Eriko ya tenía todo planeado… Escogió el día en que no habría nadie en casa, porque hasta Mine y James, el ama de llaves y el mayordomo, habían salido por tener días libres…

- ¿Por qué fui tan idiota y no me di cuenta?.- se recriminaba Genzo.- ¡Ella me estaba pidiendo ayuda a gritos y no le hice caso!

- Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance.- murmuró Lily, queriendo consolar a su esposo.- La trajimos a vivir con nosotros, le ayudamos con el trabajo, la apoyamos para ir con el psicólogo y tratamos de nunca dejarla sola… Pero Eriko ya no deseaba seguir viviendo sin Taro…

Genzo sabía que en parte eso era cierto. Su hermana había perdido parte de su brillo desde la muerte de Misaki, y Genzo no culpaba a su hermana. Él se habría sentido igual si Lily hubiese fallecido… Y sin embargo, el ex portero sentía que era su responsabilidad el cuidar de su hermana…

- No sé que haré ahora, fui un pésimo hermano.- murmuró Genzo.- No ayudé a Eriko cuando más me necesitaba…

- No digas eso.- pidió Lily.- Hiciste lo que pudiste, pero no te corresponde a ti el ayudarla a ella…

- ¿Ah, no?.- Genzo se puso serio.- ¿Entonces a quién?

Lily contempló el cuadro famoso del paisaje de Eriko y Taro. La mexicana sabía que a su cuñada le había regalado el lienzo una de las alumnas de Misaki y que Eriko quería terminarlo. Y lo había hecho, pero había una zona del cuadro que tenía la pintura corrida, como si alguien hubiese llorado sobre ella. Lily se acercó al lienzo y lo tocó suavemente.

- Llámame loca.- murmuró Lily.- O tonta, pero creo que ahora, solo Taro podría salvar a Eriko…

Genzo volteó a ver a su esposa, ya que no le pareció una buena broma; sin embargo, él se sorprendió al darse cuenta de que ella lo había dicho muy en serio. Lily siempre había sido muy receptiva, era cierto, pero eso era demasiado…

- No sé si haya un lugar que se encuentre más allá de los sueños.- dijo Lily.- No podría afirmarlo pero tampoco negarlo. Pero si existe, ten por seguro que será ahí en donde Taro salvará a Eriko…

Genzo contempló también el cuadro… Y supo entonces que su esposa tenía razón…

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Taro estaba decidido y nadie iba a hacerlo cambiar de opinión. Al final, Otelo había aceptado en llevarlo hasta el infierno mismo, después de solicitar el permiso correspondiente… Misaki tenía la curiosidad de preguntar a quién le iba a informar, pero prefirió no preguntar… Enory estaba muy nerviosa y no era para menos, pero ansiaba con toda su alma el que su padre pudiera rescatar a su madre…

- Enory, si no regreso, quiero que sepas que el volver a verte es el milagro más grande que me han concedido.- le dijo Taro a su hija, con ternura.- Y que me alegra de todo corazón el saber que estás con bien…

- Papá, cuídate mucho, por favor.- pidió Enory.- Y trae a mamá de regreso contigo…

- Entonces tú sí crees en que regresaré.- sonrió Misaki.

- Claro que lo creo.- asintió Enory.- El amor entre mamá y tú es demasiado grande… Ese sauce me lo dice…

Enory también lo presentía. Misaki suspiró, más relajado, y después sonrió, al tiempo que abrazaba con fuerza a su hija menor.

- Tú podrás hacer reaccionar a mamá.- murmuró Enory, abrazando a su padre.- Solo recuérdale cuanto la queremos y la necesitamos…

- Lo haré.- Taro besó la frente de su hija.

En ese momento, Otelo regresó en compañía de un hombre ya canoso, pero se veía que era experimentado. El hombre miró de arriba abajo a Misaki, sin sonreír.

- Misaki, él es Teobaldo.- presentó Otelo.- Es el barquero que nos llevará al infierno.

- ¿Barquero?.- se sorprendió Misaki.- Bueno, mucho gusto, soy Taro Misaki.

- Lo sé. Hay que atravesar el Mar de los Lamentos antes de llegar a él.- respondió Teobaldo.- Vaya, pensé que este hombre sería más fuerte, al menos físicamente hablando. Bien podrías cambiar de apariencia, muchacho, por alguien que tenga más oportunidades de sobrevivir en el infierno.

¿Quién se creía ese Teobaldo para tratar de esa manera a Misaki? ¿Y qué acaso todos ahí usaban nombres de personajes de Shakespeare? Vaya imaginación… Y parecía que Teobaldo era un gruñó, estaba por decirle algo más a Taro cuando Otelo se llevó a Teobaldo aparte, un tanto alejados de Misaki.

- Déjelo en paz.- susurró Otelo, en voz muy baja.- Este hombre es alguien excepcional, créalo.

- Pues eso espero.- replicó Teobaldo.

Taro se sintió conmovido. Otelo, después de todo, sí confiaba en él… Teobaldo echó entonces a andar, mirando apenas a Taro. Él lo tomó como una señal de que debían partir y entonces volvió a abrazar a Enory y siguió al hombre. Sin embargo, Misaki se sorprendió cuando vio que Otelo iba con él.

- ¿A dónde vas?.- preguntó Taro.

- ¿Pues a donde crees?.- Otelo puso cara de "hello con tu hello".- Al infierno. No puedo dejar que vayas solo, todavía no sabes cuidarte.

Taro sonrió. Realmente, su guía se había convertido en un gran amigo…

Notas:

- Teobaldo es personaje de la obra de Shakespeare: "Romeo y Julieta".

- Bueno, si no me fallan los cálculos, me faltan solo dos capítulos para el final, a lo mucho. Y si me equivoco, qué más da XD.