La Melodía de la Luna

Capitulo 17: La infancia de Zelda.

-¿Seguro que no te duele?- le pregunto por décima vez Radames a la herida Zelda quien yacía en la cama de Luna mientras Amanda ajustaba los vendajes que se habían aflojado cuando Zelda trato de caminar.

-Estoy bien, en serio, tengo que irme- respondió insistentemente Zelda.

-Nada de eso, señorita- le recrimino Amanda- Usted no sale de mi casa con esta pierna en tal estado, además el doctor ya dijo que debes reposar por lo menos cuatro semanas.

-Por eso, me voy a reposar, pero a mi casa- insistía Zelda.

-No creo que puedas ir sola- comento Radames- Yo te llevaría pero tu no nos quieres decir donde vives.

-Si Zelda vive lejos- dijo Amanda- No es de Temuco, ella me lo dijo... listo, ahora si te vuelves a sacar el vendaje te amarro a la cama, voy a preparar el almuerzo.

-Yo tengo que volver al taller- dijo Radames- Pero si necesitan algo llámenme, si esos gorilas vuelven a aparecer.

-¿Gorilas?- pregunto Zelda.

-Si, en las noticias dijeron que unos gorilas se escaparon del zoológico, supongo que son esos, aunque nunca he visto un gorila de cerca.

-Claro Radames- afirmo Zelda, mientras no tuvieran idea de lo que en verdad eran a ella no le importaba que pensaran.

Radames se marcho y Amanda se fue a la cocina, Zelda quedo completamente sola en la habitación, inmovilizada en la cama. Estaba tan aburrida que comenzó a mirar hacia todos lados, los peluches en los estantes, las fotografías en las paredes, todo tan ordenado y en su lugar, como si la muchacha que la habitaba anteriormente nunca se hubiera marchado y nunca hubiera muerto hace un año como Amanda le contó. Zelda estaba algo cansada así que se recostó tratando de dormir.

La habitación de Zelda quedaba en el primer piso a un lado de la entrada por lo que podía escuchar con claridad si alguien estaba por entrar o si alguien estaba por salir, por eso la atractiva rubia se alarmo al escuchar que alguien venia, pues quien podría venir a ver a una mujer tan solitaria como Amanda, Radames acababa de irse y no podía ser que volviera tan pronto.

-Mamá, mamá!- se escucho la voz de un joven gritando desde la entrada y corriendo hasta la cocina.

-Límpiate los zapatos antes de entrar- se escucho después, era la voz de un hombre adulto el cual entro lentamente a la casa.

Zelda no podía ver quien era pues la puerta de su habitación se lo impedía, pero se quedo mirándola fijamente como si en verdad pudiera ver algo o presintiera algo, de repente la puerta se abrió lentamente ante la mirada de Zelda.

El hombre que entro era el mismo de la foto al que Amanda nombro como su esposo, el sujeto entro a la habitación con una mirada nostálgica en la habitación pero quedo impactado al mirar a la cama y verla ocupada de nuevo por su hija.

-¿Bichito?- dijo el hombre impresionado al ver a Zelda.

-¡Sofanor, espera!- Amanda llego corriendo junto con el muchacho, que Amanda reconoció en las fotos como el hermano menor de Luna- Ella no es...

-¡Luna!- exclamo el muchacho al verla- ¡Lunita!

Como si fuera un niño pequeño el muchacho corrió hacia Zelda y la abrazo con fuerza como si fuera alguien que no ve hace tiempo sin siquiera darse cuenta del dolor que le causaba a Zelda en su herida pierna.

-¡Romildo , bájese de la muchacha!- le ordeno Amanda sacando al muchacho de una oreja- No ves que tiene la pierna fracturada.

-¿Quién es ella? Amanda.

-Esta muchacha se llama Zelda, esta herida así que debe quedarse reposando, no se puede mover todavía, nos conocimos en la mañana.

-Pero... es idéntica- dijo Sofanor acercándose lentamente a Zelda, su mirada de nostalgia seguía fija en ella y algunas lagrimas estaban pro brotar de sus ojos, sin embargo cuando estuvo a punto de acariciar a Zelda en la cabeza la muchacha le sujeto la mano, como si no quisiera que la tocara- Perdone, señorita, no fue mi intención- se disculpo Sofanor al notar que había puesto nerviosa a Zelda.

-Descuide... ¿este es el hombre que te dejo por otra, Amanda?- pregunto Zelda.

-Si... si, el es mi exmarido, Sofanor, se me olvido decírtelo, Zelda, se supone que ellos hoy día venían a visitarme.

-Es que no podía pasar tanto tiempo sin mi madrecita- dijo Romildo abrazando a Amanda- Y ahora que esta mi hermanita vengo con mas razón.

-Yo no soy tu hermana.

-Mejor dejen sola a Zelda- les pidió Amanda- Ella necesita descansar, acaba de romperse una pierna y necesita reposo.

Romildo y Sofanor salieron de la habitación mientras Amanda le pidió disculpas a Zelda por la actitud de los dos.

-No se preocupe, es comprensible- respondió Zelda- pero que no me vuelvan a confundir ni mucho menos que ese señor crea que yo soy su hija.

-Si, esta bien, yo voy a hablar con ellos, pero no te enojes, es decir, ella era igual a ti, confundirse es fácil.

-Tu no lo hiciste- dijo Zelda.

Amanda se fue dejando a Zelda sola nuevamente en su habitación, mas bien en la habitación de Luna, pensando en lo extraño de esta familia, al menos estaba segura de que no se atreverían a hacerle daño, algo de lo que no podría estar segura cuando era niña con su propia familia.

Mientras tanto, en un oscuro rincón de la torra mas alta y olvidada del castillo de Hyrule, una bella y arrogante niña rubia lloraba inconsolablemente, le dolían los golpes recibidos pero mas le dolía el corazón, de que nadie le creyera lo que ella sabia era inevitable y debía ser sabido para la seguridad del reino, finalmente se tranquilizo al ver que la única persona en la que podía confiar plenamente la encontraba.

-Princesa Zelda¿esta usted bien?- le pregunto Impa.

-... – Zelda no respondió, ya había llorado mucho y ahora, estaba conteniendo su llanto, no le gustaba que nadie la viera llorar.

-¿El rey hizo esto?- le pregunto al verla con algunos moretones en sus brazos- El rey... ¿la golpeo otra vez?

-Dijo que debo dejar de decir disparates... que seré la reina de Hyrule, y debo comportarme como tal... y dejar de inventar historias de sueños locos.

-Princesa sus sueños son lo que en verdad ocurrirá si no hacemos algo.

-Pero para él no- dijo Zelda llorando nuevamente- Creo que todo esto es un gran error, que es una chifladura mía.

-Mi pequeña princesa- dijo Impa abrazándola con cuidado- No deje que la incredulidad de su padre le perder su esperanza, sin usted ni los chicos Hyrule estará perdido, no crea que todo es mentira, no pierda su don.

-¿Entonces que hago?¿Qué hago Impa?

-Luche, princesa, luche por lo que cree. Usted debe resistir, usted es la Princesa del Destino, la que guiara a Hyrule por el camino de la salvación, sus sueños son la respuesta.

-No se si pueda resistir mas.

-Debe hacerlo, por el bien de este mundo, por el bien de este reino, por los que mas quiere... y por ultimo, por la promesa que le hizo a Cristóbal dándole su palabra de Princesa.

Tras oír estas palabras Zelda recordó haberle dicho a Cristóbal que encontraría a Yadira antes de que él volviera con las tres gemas sagradas, mas todas las expediciones que había enviado a la búsqueda por todo Hyrule habían vuelto sin noticias.

-Es cierto- Zelda se puso de pie y limpiándose las lagrimas y aguantando el dolor volvió a sujetarse el cabello con forma de cola y a adquirir su aspecto de mujer fría e indiferente que a Impa no le gustaba nada para una niña tan pequeña- Ellos deben estar por llegar, enviare otra tropa de búsqueda.

-No creo que sea lo mas apropiado en este momento- se apresuro en decirle Impa- El clima extrañamente cambio, el sol radiante que nos cubría fue cubierto por una gran cantidad de nubes negras, debe estar por llover.

-Lo haré cuando se disipe la lluvia entonces- respondió Zelda quien decidió asomarse por la ventana, desde aquella torre podía ver todo su reino y mucho mas, pero solo esperaba volver a verlo a él, a su hylian rubio vestido de verde que le creyó todo lo que le dijo sin dudarlo la primera vez que la escucho.

-"Mi pequeña princesa"- pensó Impa mientras la veía- "Se que te convertirás en una gran mujer, solo desearía que no fueras tan dura contigo misma, eso te hace ser dura con los demás"

-¿Qué es eso?- la pregunta de Zelda saco a Impa de sus pensamientos.

-¿Qué ocurre, princesa Zelda?

-Algo viene allá, a lo lejos, a gran velocidad.

Impa se asomo y a lo lejos logro ver lo que parecía ser una gran caravana de extrañas criaturas que se acercaban a gran velocidad a la ciudadela liderados por un horrendo ser con aspecto de ogro y cerdo.

-¡Ganon!

-¿Ganon?... ¿el verdadero Ganon?

-Princesa creo que su sueño se esta cumpliendo, esas criaturas atacaran Hyrule, debemos salir de aquí rápidamente.

Mientras Impa y Zelda comenzaban a bajar por las enormes escaleras de la torre el ejercito de criaturas, liderados por Ganon y Kai entraban a la fuerza a la ciudad, los guardias que las vieron llegar trataron de cerrar las puertas pero los dodongos las derribaron y unas extrañas criaturas con forma de lagartijas con espadas y armaduras se deshicieron de ellos sin piedad.

Llegaron hasta el centro de la ciudad donde la gente corrió aterrorizada de un lugar a otro sin saber a donde ir a la vez que eran aniquilados rápidamente uno a uno por las hordas de criaturas.

Ganon y Kai no perdieron tiempo, junto a un gran numero de criaturas siguieron su camino hasta el castillo dejando muerte y destrucción a su paso, la barrera de contención creada por los guardias reales no fue suficiente y todos perecieron ante el malvado Rey del Mal y su nieto.

Cuando trataron de entrar al castillo fueron recibidos por guardias y hechiceros cuya magia no fue suficiente para contener la de Ganon, el anulo sus hechizos y los uso en contra de ellos para aniquilarse mientras que Kai se entretuvo asesinando a los guardias por su cuenta con la nueva arma que le entrego su querido abuelo.

Ganon se abrió paso por los corredores del castillo hasta llegar al Salón del Rey, donde aun estaban la madre y el padre de Zelda, la invasión fue tan rápida y repentina que no se les había dado tiempo de escapar.

Impa y Zelda finalmente llegaron al primer piso, el ver el corredor principal completamente destruido les dio una mala señal y rápidamente corrieron hasta el salón del rey, sin embargo, antes de entrar en el vieron desde afuera a todas las criaturas dentro de el, esto no detuvo a Zelda quien quería salvar a sus padres a como de lugar. Pero antes de entrar algo la dejo congelada, no pudo ver nada pero desde el exterior logro escuchar los últimos gritos de dolor de su madre y su padre quienes eran asesinados por Ganon.

Zelda quedo sin aliento y casi sorda debido a los gritos de dolor y desesperación de sus padres, Impa tuvo que reaccionar rápidamente, tomo a Zelda y se la llevo hasta los establos donde abandonaron el lugar en un caballo blanco, la expresión de Zelda no cambio, no expresaba nada, Impa llego a creer que la pequeña había entrado en shock pero no había tiempo para verla, necesitaban salir del reino cuanto antes.

Continuara...