LA SALA OLVIDADA
El sol brillaba de manera particular durante las primeras horas de aquella mañana de fines de agosto. La actividad dentro del antiguo edificio londinense escondido de la vista de los muggles, había comenzado temprano. Sin embargo, a decir verdad, no nunca llegó a cesar. La guerra no permitía el lujo de interrumpir las actividades durante el horario nocturno.
El mundo mágico no se encontraba en su momento de mayor plenitud. La guerra, aunque las autoridades ministeriales no lo reconocieran, no auguraba buen resultado. La amenaza mortífaga era constante, tanto como las muertes que se sucedían día tras día.
En este marco tan devastador, la resistencia comenzaba a flaquear. Los aurores no resultaban suficientes con los mortífagos reproduciéndose como insectos. Tampoco eran gran ayuda los cambios continuos en la oficina ministerial. En lo que iba de la guerra, más de diez magos habían ocupado el cargo de Primer Ministro y ninguno vivía para contar su experiencia en el poder. Además, la alta tasa de mortalidad era una traba a la hora de aceptar tamaña responsabilidad.
La vida cotidiana en la comunidad mágica tampoco ofrecía una mejor perspectiva. Muchos magos y brujas habían decidido exiliarse en el mundo muggle, abandonado todo contacto con la magia en búsqueda de una esperanza de salvación. Pero aún así en muchos casos no resultó suficiente, ya que lord Voldemort tenía decidido por esos tiempos dominar al mundo entero, descubriendo que resultaría más fácil ganar la guerra, si primero tomaba el control del mundo de los muggles.
Movido por su objetivo, el Señor de las Tinieblas, como sus súbditos lo llamaban, había confiado esa tarea a los dementores que, invisibles a los ojos de los humanos comunes, azotaban día y noche en busca de toda la felicidad. Como efecto colateral, las grandes ciudades se encontraban cubiertas de una espesa neblina que no permitía distinguir el día de la noche. Por supuesto que lord Voldemort nunca tuvo intenciones de privar de tal experiencia al mundo mágico pero, debido a que sus esporádicas presencias en los ataques le bastaban para acabar con la felicidad de los magos, a esas alturas, los dementores le resultaban innecesarios.
Tal vez era eso lo más particular de aquélla mañana. Hacía años que el sol no brillaba con tal intensidad. Tal era la claridad matinal que no había rastro de esas espesas nubes.
Sin embargo, un sector muy particular del ministerio permanecía privado de aquél espectáculo natural. Una Sala sin ventanas y aislada de todos las demás, hacía cientos de años que no era visitada por algún humano. Igualmente, su aislamiento no la privaba de luz, ya que el lugar era cubierto por una luz brillante de color rojo que, por momentos, cegaría a cualquiera. Incluso a su único ocupante de no ser porque se hallaba inconsciente.
Frente al joven mago, un antiguo cuadro todo desvencijado, aguardaba despreocupado su despertar.
Poco a poco su cuerpo comenzó a moverse y, de pronto, abrió los párpados. Sus ojos no alcanzaban a divisar nada debido a la potente luz que emanaba de las paredes. Pasados unos segundos sus pupilas se acostumbraron a la potente luz y comenzó a divisar su alrededor. Notó asombrado que no conocía el lugar donde se encontraba y que además estaba desprovisto de ropas. Alcanzó a divisar en el suelo, a pocos pasos de él, sus lentes. Al colocárselos dio un grito ahogado. Un cuadro todo deteriorado se encontraba colgado del aire, en medio de la sala. La figura de un anciano lo ocupaba; uno que le era muy familiar.
- ¿Profesor?… -no pudo hacer otra conjetura mientras su cabeza seguía dando vueltas para lograr entender todo lo que en segundos le había ocurrido. El rostro del anciano le sonrió y acomodó sus lentes.
- Te equivocas de persona Harry Potter. Yo no soy Dumbledore. Él estaba muerto en tu antigua realidad y, en lo que respecta a mí, nunca he nacido. –La forma enigmática de su discurso le borraba la poca claridad mental del joven.- Soy una representación de lo que se encuentra en esta sala; de un poder que tu conoces y del que no te deberías olvidar tan fácilmente. -Harry se recostó sobre una de las paredes pues estaba sumamente cansado.– Tomé esta figura de tu mente, de una persona que quisiste mucho y que fue muy importante para ti.
- ¿Dónde Estoy?... y ¿qué es usted? – Harry no comprendía y había abandonado toda posible conjetura. En realidad, no entendía nada de lo sucedido.
- Sí que sabes donde te encuentras. El hombre al que represento te habló hace tiempo de esta sala. Esa es la segunda razón por la que lo escogí.
De pronto, Harry comprendió a lo que se refería el anciano. Dumbledore le habló hace tiempo de ese lugar, luego de revelarle la profecía tras la muerte de Sirius. Si no estaba equivocado, se encontraba en la sala donde se guardaba el poder mencionado en la profecía.
- Estás en lo correcto, Harry Potter. –El retrato parecía leer sus pensamientos- Soy una representación del amor en estado puro. Solo aquellos magos que me valoran conocen de mi existencia, y debo decir que lamentablemente quedan muy pocos. Como supondrás, soy más que este cuadro y estas paredes. –Hizo un breve pausa sin dejar de observar al joven mago- Debo confesar que te esperaba hace mucho tiempo Harry, aunque el tiempo aquí sea muy relativo.
- Si Usted dice ser quien es o, mejor dicho, lo que es, me podrá informar qué hago aquí. –Había entendido adonde se encontraba. Sin comprender como fuera posible, pero lo había entendido. Lo inexplicable era el por qué.- Hace un momento me encontraba en los pasillos de Hogwards…
- Esa es una historia muy interesante, como también complicada –juntó las yemas de los dedos en una expresión muy propia de Dumbledore y dio un largo suspiro.– Alguien viajó en el tiempo y logró modificarlo. El mago llamado Tom Ryddle obtuvo cierta información sobre el pasado y el contenido completo de tu profecía. Con esa información, impidió tu nacimiento y ese es el motivo por el que nos encontramos conversando aquí, en este lugar privado de toda presencia humana durante siglos.
- Entonces, si no nací… cómo me encuentro aquí… ¿estoy vivo?. Harry, con el rostro perturbado, apenas pudo asimilar las palabras del cuadro. Todo su sacrificio en vano. Vodemort vivo y él muerto. Sorprendido, el anciano lanzó una carcajada que resonó en toda la sala y en el propio interior de Harry.
- No, no, chico… Voldemort no conoce el poder que yo represento. Es un mugroso ignorante. Aún con toda la información que le fue provista me volvió a sobreestimar; y a ti también. –A Harry le había sobresaltado esa risa tan potente y esa actitud tan confiada.- Verás, el sacrificio de tu madre fue más poderoso de lo que él cree, e impidió tu desaparición. Ella te volvió a salvar. Se agotó tu protección en el proceso, pero te salvó nuevamente. Voldemort jamás entenderá que hay cosas más maravillosas, poderosas y mortíferas que la muerte.
"Sin embargo, la historia fue modificada y todo se desarrolló sin tu presencia. Voldemort no perdió sus poderes y la guerra continuó hasta alcanzar lo que para ustedes, los humanos, es el presente. Debo confesar que, para mi tristeza, no va muy bien. Pero ahora todo puede cambiar pues regresarás y cumplirás tu destino nuevamente.
- ¿Volver a derrotarlo? –Murmuró el joven con un atisbo de desesperación- ¡eso es imposible!; ¡apenas pude la primera vez!. ¡No creo que pueda con él nuevamente, menos ahora que debe tener mucho más poder!- se tapó su rostro con las manos y lo frotó fuertemente.
De pronto, el anciano abandonó toda señal de calma y su rostro mostró una total seriedad. La habitación tomó un color diferente, más oscuro, y el aire más pesado, como si cambiara con su estado de humor.
- Puedes derrotarlo y lo harás. –El tono de su voz no se había elevado pero su frialdad era de temer- Voldemort tiene, tal vez, más poder que antes, pero también las mismas debilidades de antaño, aumentadas por su descomunal soberbia. La sangre de tu madre, si bien ya no te protege, tampoco corre por las venas de su mutilado ser.
"El me comprende mucho menos ahora que antes. Tampoco sabe que lograste sobrevivir; y en cuanto a ti¡debes empezar a valorarte mejor!. No estás solo en tu misión. ¿Tan pronto has olvidado lo que contiene tu corazón?. ¡Voldemort jamás te llegará ni a los talones, muchacho!.
- Muchas cosas ya no son lo que eran… yo no soy el mismo que antes. – el ambiente de la habitación volvió a tomar la calidez del principio y el rostro del anciano recuperó la sonrisa.
- Te equivocas, amigo… pronto lo descubrirás… ahora recoge tu capa invisible y la varita que tu tiempo corre. –De la nada y sin que Harry lo advirtiera la capa y su varita aparecieron en el suelo- me tomé el trabajo de salvarlas. Te aparecerás en el año 1997, o sea, mucho antes de tu recorrido por los pasillos del colegio…
- ¿Por qué antes? –Harry arrugó su rostro en señal de no comprender.
- Porque después de ese año te será imposible derrotarlo. Voldemort tomará control de todo el mundo mágico –lo dijo con tanta tranquilidad, como si comentara lo soleado que se encontraba el día.
- ¿EH? -Harry se incorporó de un salto, atónito por la revelación de su enigmático acompañante.
- No hay tiempo para escenas de desesperación. Te aconsejo que consigas ropa pues así obtendrás la indignación de muchos y la atención de demasiadas señoritas- esbozó nuevamente su sonrisa mientras, el joven mago, abochornado y un poco enojado, conjuraba con un movimiento amplio de su varita una túnica, cubriendo su cuerpo.
- Ahora ya estás presentable… bueno según para lo que quieras hacer. –su sonrisa se trasmitía a la atmósfera de la habitación, la cual desprendía de sus paredes una suave corriente cálida. Disimiló la tonalidad rojiza que había tomado Harry por los comentarios de su interlocutor.- Suerte Harry Potter, y no olvides que te estaré vigilado como siempre. -Se produzco un breve silencio. Harry no sabía qué hacer.
- ¡No te quedes allí parado chico, Albus Dumbledore te espera! – el anciano alzó los brazos y una cegadora luz roja lo cubrió todo. Harry desapareció. La luz disminuyó y el cuadro, convertido en polvo en un instante, se disipó en una sonora corriente de viento.
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Mientras el joven mago retomaba su destino; a kilómetros de distancia, exactamente en Escocia, un anciano mago contemplaba desde la ventana de su despacho el campo de Quiddich. Su asombrosa capacidad mental estaba concentrada por esos momentos en los particulares sucesos acontecidos durante la madrugada en los interiores del Colegio a su cargo.
Si bien pareciera no representarlo debido a su notable ancianidad, Albus Dumbledore era el último bastión del mundo mágico; el único mago de quien Voldemort sentía miedo y a quien jamás se había atrevido a enfrentar.
Sin embargo, la guerra no iba del todo bien y las fuerzas del Jefe de la Orden del fénix, para muchos magos, inagotables, comenzaban a demostrar señales de agotamiento. Aunque no lo demostrare, debido a su buen humor y absoluta tranquilidad de la que siempre supo hacer gala, Albus sabía que las oportunidades de victoria eran pocas.
Pero aquella madrugada, una nueva luz de esperanza, apagada hace muchos años, tomó fuerza otra vez, como los fénix al renacer de sus cenizas. Una nueva profecía de parte de Sibyll Trelawney, le daba nuevamente fuerzas. Tenía algunas ideas de lo podría ocurrir a partir de ese momento; y las ideas de Dumbledore siempre eran buenas.
Laespaciosa habitación circular, sede del despacho del director de Hogwarts, se llenó de forma imprevista de una fuerte y cálida luz roja. Los retratos de antiguos directores y directoras que se aglutinaban en las paredes, se cubrieron los ojos ante la potencia de la luz, y hasta algunos lanzaron sonoros insultos. El hombre que se encontraba tras el enorme escritorio de patas como garras, sonrió expectante y sin necesidad de cubrirse.
Un joven mago acababa de aparecerse en el medio de la amplia habitación, un hecho asombroso si tenemos en cuenta que es imposible aparecerse o desaparecerse en Hogwarts. Atónito por su hazaña, contempló el lugar y se quedó mudo ante aquellos ojos azules.
- ¿Supongo que tu debes ser el hijo de James Potter y Lily Evans, no? – Susurró Dumbledore irradiando una sonrisa como hace tiempo no demostraba. El majestuoso fénix despertó de su letargo y enfocó esos enormes ojos negros en el visitante. Los retratos de los antiguos directores soltaron gritos de asombro y ninguno disimuló estar dormido.
- ¿Profesor?... Usted… ¿cómo sabe?... – Le parecía increíble estar frente a una persona que había visto morir hace algunos años; más asombroso era que no supiera su nombre. Justo él que lo conoció todo acerca del "Elegido". No sabía por dónde empezar. Dumbledore, como siempre, parecía leer sus pensamientos.
- Te llamará la atención que no sepa nada más de ti si, como ahora estoy seguro, te conocí en algún momento. Pero no deberías sorprenderte pues, supuestamente, tú nunca naciste. Sin embargo debo confesar que te esperaba desde esta madrugada, pero no tan pronto. –Ante la parálisis momentánea del muchacho, Dumbledore le explicó.- Verás, una profecía anunció tu regreso hace algunas horas y…
- Sibyll Trelawney…- murmuró.
- Así que la conoces. -bajó levemente sus anteojos en forma de media luna- no me sorprende en lo más mínimo, pero sí me asombra que fuera ella. Nadie lo creería si se supiera la verdad. –Juntó las yemas de sus dedos en esa actitud tan suya y contempló a su ex alumno con serenidad- Todavía no sé tu nombre…
El joven se quitó la capucha que cubría su rostro, dejando visibles su indominable cabello negro y sus brillantes ojos verdes, tan parecidos a los de su madre.
- Harry, señor… Harry James Potter.
Dumbledore quedó enmudecido ante las facciones del muchacho, tan parecidas a la de sus padres. No hizo comentario alguno sobre ellas. Había cosas más importantes sobre las que conversar.
- Toma asiento, Harry. Estás en mi despacho, aunque creo que ya lo conoces. –Dumbledore estaba tan tranquilo como Harry solía recordarlo. Asimismo notó que este Dumbledore, si bien no tenía la mano chamuscada, estaba más agotado que aquél que supo conocer.
- Gracias, Señor…
A segundos de tomar su lugar en la silla, el majestuoso fénix de Dumbledore voló hasta su regazo y se apoyó en una de sus rodillas con sus poderosas garras. Instintivamente, Harry acarició sus plumas y volvió a sentir ese suave y reconfortante calor.
- Hola, Fawkes… hace tiempo que no te veía. –el fénix soltó una suave y hermosa nota.
- Por lo menos alguien te recuerda –Dumbledore le llamó poderosamente la atención el comportamiento de su mascota, ya que sabía que era reacio hacia los desconocidos. Bueno, este no era un caso común- Fawkes no suele olvidar un rostro, sobretodo si le es grato. –Hizo una nota mental del comentario final del muchacho-.
- Digamos que me salvó alguna vez la vida, profesor.- murmuró algo cansado mientras acariciaba su hermoso plumaje.
- Harry, puedo sospechar de dónde vienes –necesitaba abordar temas muy importantes antes que alguien más notara su presencia en el Colegio-, pero esperaré a que tú me lo confirmes. Mientras tanto, puedo decirte que he descubierto a lo largo de los años los motivos de tu asesinato; me refiero, claro está, no a la profecía (la cual deduzco que conoces) sino de aquéllos que cambiaron la línea temporal –Harry lo miró asombrado de que tenga tanta información.-Sé que alguien viajó en el tiempo y le informó a Voldemort –Dumbledore no se asombró que no demostrara miedo ante ese nombre- sobre el futuro y sobre el contenido de la profecía realizada aquella noche. Sé hasta quién fue. –Dumbledore supo que Harry no conocía ese dato, aunque era difícil distinguir eso ante su cara de total asombro- Me refiero claro está a Be..
- Bellatrix Lestrange…- murmuró entre dientes. Apretó su puño hasta clavarse las uñas.
- Eres bueno haciendo deducciones. -le sonrió- También sé que Voldemort mandó a Peter Pedrigrew para que te asesinara antes de nacer, cuidando de no matar a tu madre… -Harry se puso pálido y el director detuvo su relato.
- ¿Mi madre… está… viva? – murmuró casi sin voz. Le era imposible creerlo. Toda la situación le resultaba ya imposible de asimilar desde que perdió el conocimiento en los pasillos de su antiguo colegio. Pero parecía ser que ya todo lo superaba.
- Sí, ella al igual que tu padre están vivos. –Le contestó ya no con una sonrisa sino perplejo por la angustia de su desconocido amigo- Siempre estuve seguro de que ese era un dato importante; ahora lo confirmo.
Harry dejó de acariciar al fénix, quien retomó vuelo hasta ubicase en su percha. Se puso de pié y caminó hasta alcanzar la ventana, evitando así esos tristes ojos azules. No podía creer esa información. En realidad no era capaz de asimilar nada de lo ocurrido desde su pérdida de conocimiento.
- Hasta ahí llega mi información, Harry. Luego, todo lo demás, lo sabes tú.- se produzco un largo silencio. Dumbledore supo que no debía forzar al atormentado muchacho.
- Es una historia muy larga, profesor… -seguía contemplando el gran ventanal del despacho. Era una mañana de radiante sol.-
- Dispones de todo mi tiempo y de mi, perdona la falta de modestia, asombrosa capacidad de atención.
Harry volvió a tomar asiento y a contemplar esos penetrantes ojos azules que tanto supo extrañar. Dando un largo suspiro y tomando tantas fuerzas como aquella vez que tuvo que hablarle sobre lo sucedido en el cementerio, Harry comenzó a contarle todo: La fatídica noche de Halloween de hace 18 años, el sacrificio de su madre y la poderosa protección que le brindó; la muerte de su padre y la traición de Peter; cómo Voldemort había perdido su cuerpo y sus poderes manteniéndose vivo; sobre el terrible destino de su padrino, así como también la decisión que él había tomado para protegerlo: entregarlo a su tía.
Hizo un alto en su relato y volvió a mirar a su profesor. El rostro de Dumbledore, más agotado y triste que de costumbre, no había dejado de observarlo. Su profesor lanzó un largo suspiro.
- Continua, por favor…
Harry le contó los años en Prime Drive. Describió su primer encuentro con Hagrid y cuando se enteró de que era un mago. Sobre cómo conoció a sus amigos Ron y Hermione, pues los consideraba importantes en su historia y en su vida. Le contó la manera en que impidió, junto con sus amigos, que Voldemort hiciera uso de la piedra filosofal.
Llegó a su segundo año: el diario de Ryddle, la cámara secreta y el basilisco. Le habló sobre cómo había conocido a su padrino y a Lupin. Habló sobre el retorno de Voldemort. Todo era a grandes rasgos. No supo por qué pero se salteó la muerte de su padrino. Al llegar a su sexto año hizo un nuevo alto en su relato. Dumbledore, notando su perturbación, le brindó una ayuda.
- No debe faltar mucho en tu historia para mi muerte, si no me equivoco, Harry –El joven se asombró nuevamente, pues su profesor nunca dejaba de sorprenderlo.- Lo noté por lo perturbado de tu rostro al verme por primera vez. Parecías observar a un muerto. También cuando Fawkes llamó tu atención.
Harry movió levemente su cabeza en señal de asentimiento. Le comentó sobre sus visitas al pensadero, sobre la información que recolectó y nombró por primera vez a los Horcruxes. De pronto un Dumbledore pálido y asombrado se puso de pie con una rapidez que lo asustó.
- ¿Horcruxes?...- murmuró pálido e indignado el director. Parecía irradiar esa fuerza tan similar a una hoguera.
- Si, profesor, Horcruxes… en plural, algo que según usted, ningún mago había realizado antes.
- El diario…- volvió a murmurar, asombrado de su propio genio.
- Si, profesor, el diario… -tras un alto, Harry le sonrió tristemente como no lo había hecho hasta ahora- lo extrañé mucho profesor… me hizo falta.
Le siguió hablando de los otros recuerdos, ante un cada vez más asombrado y atento Dumbledore. Le comentó cómo habían deducido los otros Horcruxes; le habló de la serpiente, del medallón, del anillo de Solvolo y de la copa de Helga Hufflepuff; Comentó brevemente y sin muchos detalles su muerte, la muerte que lo había cambiado todo; de cómo él y sus dos amigos fueron en búsqueda de los 4 horcruxes conocidos y del faltante; de cómo le había tomado casi tres años destruirlos; del sexto horcrux faltante: la varita de Rowena Ravenclaw; y de las incontables muertes y peligros que pasaron ante sus ojos. Finalmente, llegó al enfrentamiento final con Voldemort y a su milagrosa victoria.
Sin embargo, Dumbledore no pudo dejar de notar lo poco emocionado que contaba el final del más peligroso mago tenebroso de todos los tiempos. No tuvo tiempo para hacérselo notar, pues Harry siguió hablando.
Le relató sobre cómo se sucedieron los hechos a partir de allí y, aunque evitó mencionar la muerte de Ron, le habló sobre cómo se desmayó en los pasillos del colegio y de amanecer en una sala del ministerio con la compañía de un rostro similar al suyo pero pintado en un cuadro. A partir de allí ya no tuvo fuerzas para seguir; miró nuevamente hacia el campo de quidditch y notó que ya debía ser mediodía. Sin ni siquiera notarlo había hablado durante horas.
- Parece ser que mi teoría ha sido confirmada nuevamente… -le sonrió al cansado muchacho.
- Si profesor, parece ser que usted estaba en lo cierto. –Lo volvió a mirar y casi con desesperación- Pero ahora todo es distinto. Debemos comenzar de nuevo y no creo poder…
- Harry, la fuente de tu poder no tiene límites, como tampoco enemigos dignos de ella. No te conozco como antes, pero sí a la fuerza que reside en tu corazón. Reconozco que las cosas son muy difíciles ahora, ya que llevamos demasiados años de guerra y su poder es muy grande, pero lo es aun más su ignorancia. Si te sirve de algo, en todos estos tristes años jamás, Harry, escúchame bien, jamás he perdido la esperanza. No puedo negar que muchos días dudé sobre nuestro éxito, pero siempre supe que Voldemort no puede ni debe triunfar. –Dumbledore lo miraba con esos brillantes y penetrantes ojos azules, cargados de orgullo hacia Harry.
Hubo otro largo silencio. Harry se incorporó y recorrió lentamente todo el despacho del director, con los ojos cerrados y concentrado en el silencio.
- Debemos comenzar cuanto antes, pero ser a su vez muy cautelosos. –Harry retomó la palabra, inspirado por su profesor- Voldemort no debe sospechar de mi existencia ni de cuanto sabemos sobre sus Horcruxes. Tampoco es conveniente que nadie más sepa de esto, incluido los miembros de la Orden de Fénix.
- Me perece muy sensato, Harry.
- Claro que es sensato, profesor… fue idea suya.
Sin embargo el brillante plan ya había comenzado con el pie izquierdo. Tras la puerta y sin que ellos lo supieran, alguien más había escuchado todo el relato de Harry. Atónita y con los ojos en blanco debido al estado de shock, la mujer no había podido ni siquiera abrir la puerta. Tras el silencio del interior del despacho, despertó de su letargo y de golpe la abrió para quedarse aún más en blanco. Harry giró su cabeza tan rápido que pareció hacerse daño.
Ante ella se encontraba de pie un joven con sus mismos ojos y el rostro de James, que la miraba embelesado y hasta asustado. Lily Evans no pudo hacer otra cosa más que desmayarse sobre el suelo de la Oficina del Director de Hogwards.
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Una única mujer ocupaba las camas de la Enfermería de Hogwarts. En estado inconsciente, era vigilada muy de cerca por dos magos de muy diferente edad. El más joven de los dos, tenía el rostro tan pálido como la paciente.
- No debes sorprenderte de su reacción. No quisiera ser insistente pero te pareces increíblemente a tu padre, salvo por tus ojos, que son los de ella. -Estaban los dos de pie frente a una Lily dormida. Madame Pomfrey había sido hartamente insistente en que la dejaran sola, que el shock, fuera lo que fuere, había sido demasiado fuerte para su últimamente debilitada salud. Sólo la presencia de Dumbledore la convenció. Pero también influyó su mudez repentina ante los ojos de ese desconocido joven.
- ¿Es profesora en Hogwarts? – le preguntó tímidamente sin apartar la vista de ella.
- Sí, es nuestra profesora de Pociones. –Percibió la inquietud en el aura del muchacho- tu padre es auror del Ministerio. El joven lo miró anonadado por la información.- Entró en el ministerio tiempo después de tu muerte, junto con Sirius Black, al que me informaste conocer.
Sin tener demasiado tiempo para asimilar la información, Harry se acordó del comentario de la enfermera.
- ¿A que se refirió Madame Pomfrey, con "su delicado estado de salud"? –preguntó no pudiendo esconder su tono de preocupación
Dumbledore lo observó por un momento sin decir nada, como si dudara la de la forma de encarar el tema.
- Verás, Harry, tu madre nunca pudo superar tu muerte. Aquella noche en que Peter Pettigrew la atacó con esa magia tan oscura, le dejó secuelas, tanto físicas como psíquicas. Fue un antes y un después para ella, como también para tu padre. –Harry lo miraba tristemente ante el relato de las consecuencias de tu muerte.- Creo que lo único que la salvó fue Susan…
- ¿Quién es Susan? –Harry sintió como una corriente eléctrica recorría todo su cuerpo. Tenía un fuerte presentimiento.
- Ah, me había olvidado. Creo que la vejez me ha afectado finalmente.-Albus le sonrió- Susan Catherine Potter es, como podrás deducir, tu hermana menor. –Harry se sentó abruptamente en la cama más cercana. Era imposible¿una hermana?.-Ella llegó milagrosamente un año después de tu muerte. Fue inesperado, pues ella creía no poder volver a quedar embarazada. Pero el destino se apiadó de ella.
- ¿Dónde está?-
- Ella pasa las vacaciones en la casa de tu padre -Harry lo miró extrañado- Lamentablemente tus padres están separados. Tu muerte causó muchos cambios. Si bien, en un principio, Susan pareció traer otra vez la felicidad tu madre jamás logró superar tu muerte. Respecto a James, nunca pudo perdonarse.- Dumbledore lo miraba tristemente.
- ¿Perdonarse qué?.
- El nunca pudo superarlo, a pesar de mis insistencias. Piensa que esa noche no debió dejar a tu madre con Peter. Además, no logra comprender cómo no se dio cuenta de la traición de su amigo hacia la Orden. El golpe fue muy duro en alguien tan valiente pero, a la vez, tan orgulloso como tu padre. Estoy seguro que se siguen amando como siempre y que tu madre no lo culpa, pero así se sucedieron las cosas.
Harry miraba al suelo sin poder creerlo. Sus padres vivos pero alegados. Su padre con sentimiento de culpa y su madre en una depresión absoluta. Y si fuera poco una hermana.
La puerta de la enfermería se abrió de improviso y la mujer que entró por ella tuvo que sostenerse de la pared al ver al muchacho sentado en una de las camas. Ella estaba al tanto de todo lo sucedido aquella mañana. Si bien nunca dudó del sano juicio de Albus, no lo creyó hasta que ver el rostro del hijo de su colega.
- Lo buscaba, Profesor. Veo que está acompañado. –la mujer de cabello negro y lentes, de rostro severo y estricto, tenía los ojos fijos en Harry.
- Harry, te presento a mi profesora de Transformaciones, Minerva McGonagall…
- La conozco…Buenas tardes profesora. -Harry la miró sonriente.
- Buenas tardes… Señor Potter –murmuró extrañada aunque, tras un breve silencio retomó su ya famoso carácter.– Sr. Director, Hagrid todavía no ha vuelto y no puedo dejar de mencionarle que comienzo a preocuparme. Lleva ya tres días de retraso.
- No es de preocupar, Minerva. Hagrid sabe cuidarse, aunque vigilaré eso.
- Profesor Dumbledore, sepa que he tolerado esta situación sólo por Usted. Pero le pediría que no abuse de mi paciencia y bajen el tono o se retiren. Mi paciente necesita descansar. – una enojada Madame Pomfrey lo observaba asomada desde su escritorio.
- No se preocupe Madame, -Dumbledore le hizo una leve inclinación y bajando el tono de su voz- ya nos retiramos.
- ¿Profesor, debo poner en aviso a James y a la Srta. Potter?- Minerva fijó su severa mirada en Madame Pomfrey por su atrevimiento de retar al director.
- No creo que sea necesario por el momento. Dejemos que las cosas se den con calma para ambos. –Dumbledore le dirigió una breve mirada cómplice a Harry. –Bueno es conveniente que nos retiremos; Harry tu quédate y hazle compañía. –Harry se había puesto de pie para seguirlo pero, ante la propuesta, decidió sentarse en la cama de su madre.
- Acompáñeme por favor a mi despacho, profesora. Mi hermano Aberforth me obsequió un paquete de caramelos de limón que son estupendos. Debo reconocer que la bolsa tiene un suave olor a cabras, pero el contenido está intacto. Si me buscas Harry, los escarabajos con crema me encontrarán.
McGonagall alzó los ojos al cielo en búsqueda de misericordia, aunque no rechazó la invitación. Había mucho que hablar con el director y demasiados asuntos pendientes. El inicio del ciclo escolar a tan sólo a tres días. Ambos se retiraron. La enfermera se encerró en su despacho.
Harry se quedó contemplando a su madre, mientras su cabeza daba vueltas más rápido que una Bludger alocada. Tan sólo ayer había luchando contra Voldemort, ante una masacre anunciada, y hoy todo eso se había borrado de un modo más tan fácil como murmurar "Evanesco".
Él, muerto antes de nacer. Voldemort más fuerte que nunca y sus padres… vivos. Eso era lo más increíble y hasta por momentos alocado de la situación. Sin embargo, Lily no había sobrevivido del todo, pues supo notar que algo de su madre había muerto junto con él. Dumbledore (otro resucitado) no la describió como aquella mujer alegre y valiente que todos le habían retratado. Había sufrido mucho, tal vez más que él mismo. Su padre atormentado por algo que él sabía que no era su culpa. Voldemort siempre actuaba como un cobarde y despiadado ser. Pero si su padre se parecía tanto a Sirius, sabía que, al igual que su padrino, no se lo perdonaría jamás.
Su padrino, otro tema delicado. Según lo que le había dicho Dumbledore, él seguía vivo aunque técnicamente ya no fuera su padrino; el jamás había nacido. Ni siquiera su madre tuvo tiempo de ponerle un nombre.
¿Y sus amigos¿y los Weasley¿seguirían todos vivos después de tantos años de guerra?.
Todo eso lo llevaba a una única conclusión. Si Voldemort seguía teniendo el mismo estilo, debía ser muy precavido con su identidad. Tom Ryddle siempre ataca los eslabones más débiles de sus enemigos y no permitiría que la historia se repitiese, sobre todo, con sus padres y amigos.
Ya había un contratiempo, su madre lo conocía. No es que no se alegrara, pero sabía que eso la colocaba en el mismo peligro que en el pasado le costó la vida. Ahora su padre también se enteraría. ¿Y su hermana¿sabría de su existencia?. En cuanto a ella, solo conocía su nombre y su edad. Nada más.
Si eso fuera todo habría consuelo, pero no era así. El mundo mágico era un absoluto caos, y eso lo sabía sin tener demasiados datos. Era de suponer que tantos años de terror enloquecerían a cualquiera. No sabía si los horcruxes se encontraban en el mismo lugar. Por lo menos el diario no.
Sin notarlo, su madre abrió los ojos y miró desconcertada hacia a todos lados, como si despertara de un sueño. Pero, al observar a su hijo, saltó de su cama y lo abrazó. Ni siquiera tenía fuerzas para hablar, y lo único que pudo hacer es llorar desconsoladamente de emoción.
Harry no supo que hacer, se quedó atónito. Jamás había experimentado algo semejante, pero su corazón y cada fibra de su cuerpo se llenaron de una emoción desconocida. Sin poder contenerse, se abrazó fuertemente a ella, como si temiera que se le escapare. Lloró también, aunque no como Lily. Tenía miedo que le hiciera mal ante su estado, así que trató de tranquilizarla.
- Tranquila… mamá, estoy aquí y no pienso irme. Trata de tranquilizarte. –Sentía como su madre temblaba.
- ¡Eres real… no un sueño!. –Se abrazó más fuerte- Te extrañé tanto… -de pronto se soltó y tomo con sus manos su rostro; era igual al de James, salvo por sus ojos, escondidos detrás de un par de anteojos.- ¿Harry, no?... –preguntó con inocencia y en un murmuro. Su hijo asintió levemente cerrando sus párpados y ella no pudo contener una risa de felicidad mojada por sus lágrimas.
No hizo falta nada más. No eran necesarios ni "por qué", ni reproches. Tampoco cuestionarios a completar con los datos faltantes. Lily miraba a su hijo vivo y no necesitaba nada más. Había sufrido tanto que esta alegría era demasiado para ella. Pero no le importaba. Desde el fondo de su corazón volvía a sentir esa felicidad por muchos años muerta. Claro que estaba Susan. Ella la amaba más que a nadie. Le había salvado la vida. Pero aunque le doliera admitirlo sabía que no le era suficiente.
- Espera a que lo sepa tu padre…y tu hermana, porque tienes una tan hermosa como tu.
- Lo sé, Dumbledore me lo contó…casi ni me lo creo.
- Ella se alegrará mucho de conocerte… -besó su frente levemente, y no notó esa cicatriz en forma de rajo, en medio de su frente.
- ¿Qué es eso?.- Preguntó asustada.
- Nada –le apartó la mano instintivamente y cubrió la cicatriz con su pelo- pertenece al pasado y no tiene importancia. En cuanto a lo de Susan…
- Me alegro que hayas despertado Lily. Te debes haber dado un buen susto- Madame Pomfrey, volvió a entrar en la sala y le sonrió a su paciente.- Debiste avisarme que hace días que no duermes, si no fuera por Minerva que te tiene vigilada, no sabría de ti…
- Poppy, te presento a mi hijo, Harry… -Estaba radiante de felicidad y pensaba compartirlo con todos. Harry, en tanto, estaba perturbado con el comportamiento de su madre. No era su intención revelar su identidad a todo el mundo mágico.
Poppy la miró extrañada y alarmada por su comportamiento. Harry, para que no creyera que estaba loca y consciente que el daño ya era irreparable pero se podía controlar, asintió con la cabeza en dirección a la enfermera. Está tomó una tonalidad blanca, como si observara a un cadáver y dejó soltar una de las botellas que traía en sus manos.
- Todo tiene una explicación, señora… -pero Harry no tenía ni las fuerzas ni las intenciones de explicarlo todo otra vez. Le dejaría la tarea a Dumbledore. Mientras tanto, Lily seguía feliz y ajena a toda otra situación.
- Espero una buena –murmuró, mientras que con su varita limpiaba los restos de la poción- Lily debes tomar esta poción para dormir sin soñar. Tu cuerpo y tu mente necesitan descansar.-
- Ni lo sueñes, si quieres, tómatela tú… -no tenía intenciones de dormir.
- ¡No es un pedido, Lily Evans… es una orden y no te conviene discutir conmigo!- La observaba autoritariamente.
- Tranquila mamá, ya te dije que no me voy a ningún lado. Hazle caso a Madame Pomfrey. Es una poción muy efectiva y te hará bien.
No pudo negarse a un pedido de Harry, así que de mala gana le arrebató la poción que se había salvado y se la tomó de un trago. Inmediatamente cayó agotada por el cansancio.
Miró brevemente a su madre y se giró hasta divisar a la enfermera.
- Voy a ver al Profesor Dumbledore.
- Lo encontrarás en su despacho que queda…
- No se preocupe Madame, que conozco el camino de memoria. –sin decir nada más y dejándola con la palabra en la boca, salió de la enfermería.
- Que joven tan extraño.
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Y otra vez volvía a vagar por los pasillos de su querido colegio, inalterable como siempre. Al toparse con la gárgola, custodia del despacho del director, notó que había llegado sin darse cuenta.
- ¡Escarabajos con crema!. -La gárgola se movió y dejó aparecer una escalera que comenzó a elevarse. Ante la puerta golpeó dos veces.
- Adelante… -Harry entró tranquilo al despacho, como si se tratare de su propia casa
- Harry, te esperaba… tu madre¿despertó?. –Harry asintió levemente- Me alegro, pasa y toma asiento, por favor. La profesora McGonagall acaba de irse. Creo que tenía que intercambiar unas palabras con Madame Pomfrey.
Harry le obedeció ante esa manera tan dumbledoriana de dar órdenes. Hablar con tranquilidad y buenos modales.
- Bueno Harry, si mis cuentas no me salen mal, tu dejaste Hogwarts en sexto año, así que no conozco ningún inconveniente para que retomes tus estudios.
- No creo que eso sea oportuno, profesor. No tengo ni el tiempo no las ganas para otro curso. En verdad, tampoco es necesitarlo. –Harry estaba preparado para enfrentarse a esa mirada tan convincente.
- Yo, en cambio Harry, pienso todo lo contrario. Tienes razón cuando dices que Voldemort no debe saber que existes, pero tampoco considero conveniente para ti que vivas apartado del mundo mágico. Hogwarts es el lugar más seguro para ti. Aquí, muestro enemigo no te encontrará.
Había algo de cierto en su razonamiento pero no iba a dar el brazo a torcer.
- No tengo tiempo para estudios, profesor. Tengo que encontrar esos Horcruxes y luego matar a Voldemort. Nadie puede ayudarme.
- Harry, no entiendes mi punto. Estoy seguro que has llegado a un nivel de magia por el cual te es innecesario estudiar un último curso. Pero, sin embargo, y perdóname si soy imprudente, necesitas algo que hay aquí –guardó un momento de silencio.
- No sé a qué se refiere.
- Me refiero a un poder que reside en tu interior. Un poder que viste esta mañana en esa sala del ministerio. Un poder que posees de manera sublime pero demasiado oculto por estos días. Un poder que encontrarás en tu familia y amigos –Dumbledore no parecía acusador- no quiero poner en duda tus razones para ese sufrimiento y esa pena, pero en estas condiciones tienes las mismas posibilidades de vencer a Voldemort que Gilderoy Lockhart, que cuando estuvo frente a él hace dos años, se murió de un infarto.
- Ese poder…
- Tú no has dejado de amar nunca, así que no intentes engañar a una persona tan vieja como yo. Sé que en este colegio tus heridas sanarán.
- ¿Y que hay de los horcruxes?... no creo que todos se encuentren en el mismo lugar. Muchas cosas han cambiado.
- Tendrás tiempo para ellos. No te voy a quitar la misión porque sé que te corresponde por derecho. Por supuesto, te ayudaré en lo que pueda. Sin embargo, no te debes olvidar que este mundo mágico es más complicado y Voldemort está alerta con sus horcruxes. Debemos ser muy precavidos y cautelosos en esto. La paciencia nos dará buenos frutos.
En lo referente a Hogwarts, estoy seguro que no será un gran desafío para ti. No dudo que te has convertido en un autodidacta.
- Estuve en Griffindor.- Harry comprendió al fin que su profesor era imposible.
- Lo supuse… entonces el sombrero seleccionador no será necesario. Les diremos a todos que ya pasaste por él. Irás mañana al Callejón Diagon y luego, vendrás en el Expreso Hogwarts el 1 de septiembre para comenzar tu último curso como todos los demás. Eso te hará bien.
Harry guardó un obediente silencio.
- Ya que quieres mantener tu identidad a salvo diré que has sido autodidacta. Que tus padres, ahora fallecidos, te mantuvieron apartados del mundo mágico por temor a Voldemort y que ellos mismos te enseñaron, en parte por supuesto. En cuanto a mí, diré que en persona te examiné y decidí colocarte en séptimo año. No te preocupes… me las arreglaré.
- Es inevitable que mi padre se entere, pero mi hermana no debe saber… es por su seguridad. Nadie más conocerá mi identidad. Y esto no lo negocio, profesor. –lo miró seriamente y sin achicarse ante esos ojos.
- Muy bien, Harry, eres mayor de edad y libre en lo referente a tus decisiones. No las comparto, pero las respeto.
Harry iba a replicarle pero alguien golpeó la puerta dos veces.
- Adelante…
Un hombre de pelo negro y grasiento hasta los hombros y de expresión pálida, entró al despacho. Se quedó extrañado ante Harry. En cambio, la reacción del joven mago fue incontenible. Después de todo su viejo amigo seguía dando segundas oportunidades hasta el hartazgo. Con una mirada de asco y furia, tomó su varita entre sus manos y se puso de pie, echando chispas.
- QUE HACE ESTE ASESINO AQUÍ.
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¡¡¡Perdón por la demora!!!, pero tengo mucho trabajo y debo darle prioridad porque sin varita, la comida se paga. Además no tengo ni el talento ni el dinero de nuestra amada Rowling. Ahora estoy de vacaciones y es por eso que pude volver a escribir.
Espero que les guste y que me dejen reviev, buenos o malos. Todos valen.
Este cap, es un poco largo y monótono pero tenía que hacer las presentaciones oficiales (aunque faltan) y lleva tiempo. Me fue difícil aunque me gustó mucho más que el anterior.
En el próximo cap. (que espero que venga pronto):
1) Veremos quién sale vivo de su encuentro con Snape, y sabremos algo de su historia (no mucho, que se acaba la intriga)
2) Harry irá al callejón Diagon (sí, no se preocupen que sale vivo de su encuentro con Snape)
3) Conocerá a su hermana y se encontrará con su padre. También con los merodeadores restantes. (Salvo uno)
4) Tendrá algunas discusiones inesperadas con sus padres.
5) Volverá a ver a sus amigos… ¿vivirán todos?
6) Y por supuesto habrá algo (espero que mucha) acción.
Ni se fijen en los errores que ni tiempo tuve de corregirlos. Me voy a dormir y mañana puede que no pase por la PC. Quería publicar ante todo. Perdón si hay alguno.
Nos vemos…. mucha suerte… Y TRATARÉ DE ACTUALIZAR MAS RAPIDO…
