La Melodía de la Luna

Capitulo 20: Abre tu corazón.

-¡¡¡AAAH!!!

Un potente grito de mujer proveniente del interior de la casa saco a todos de sus casillas, era Zelda, quien se encontraba junto a Malon cocinando.

-¿Qué ocurre?- dijo Link agitado por apresurarse junto a los demás en llegar.

-¡Me corte!- grito Zelda llorando mientras mostraba su dedo que parecía perfectamente sano.

-¿Dónde?- dijo Impa examinando a la pequeña princesa.

-Aquí en el dedo, pero si te estoy mostrando mi herida.

-¿En el dedo?- Impa se acerco al dedo índice de Zelda y efectivamente tenia un leve corte provocado por el cuchillo con el cual estaba pelando tomates- Pero si no es nada.

-¡¿Cómo que no es nada?!- se quejo Zelda retorciéndose de un falso dolor- Esto me pasa por querer hacer las actividades de un campesino.

-Disculpe, princesa- se disculpo Malon- No debí dejarla pelar los tomates.

-No te pases, Zelda- le reclamo Cristóbal- Ni siquiera sangras.

-¿Cómo te atreves a insultarme? Acaso debe sangrarme para que me duela?

-Pues si.

-Es lo mínimo- agregó Navi.

-Me siento traicionada- dijo Zelda sollozando.

-Tranquila, Zelda, no es para tanto, estas bien- trato de animarla Link.

-Si gusta puedo llevarla a su cama, princesa- dijo Impa tratando de calmarla.

-Esta bien- dijo Zelda quien salió de la cocina acompañada por Impa.

-Vaya que Zelda es una niña sobreprotegida y mimada- se quejo Navi.

-Toda su vida a sido criada así- dijo Link- No la culpo pero debería aprender a tratar mejor a los que la rodean y la quieren.

-Puedo ayudarte, Malon- dijo Yadira ofreciendo su ayuda.

-Gracias Yadira¿podrias terminar de pelar los tomates que dejo la princesa?

-Será un placer.

-¿Qué miras?- le pregunto Link a Cristóbal.

-A ellas, nada mas míralas- le dijo señalando a Yadira y Malon- son exactamente iguales.

-Una es rubia y la otra pelirroja- le dijo Navi tratando de demostrarle que no eran iguales físicamente.

-Eso ya lo se- siguió Cristóbal- pero no me refiero a eso, ambas son atentas, serviciales, educadas y corteses... es como ver a dos Yadiras- dijo Cristóbal mirando con cara de idiota enamorado pero una extraña pestilencia lo saco de su trance.

-Ya volví, mi querido Cristóbal- dijo Ruto mientras entraba a la casa con una bandeja llena de algas marinas, almejas, ostras, cochayuyos y cuanta porquería comestible se encuentra bajo el mar, de todo menos pescado.

-Volviste, Ruto- le saludo Malon- Oh, pero no trajiste el pescado... pensé que los zoras eran expertos nadadores y no seria problema para ti.

-Si lo somos y mira todas las almejas y ostras que les traje- dijo enseñando el balde- No me pidas pescado, no puedo atrapar pescado, yo soy pescado ¿insinúas que soy caníbal?

-No nada de eso- se disculpo Malon.

-Esta bien- dijo Cristóbal tratando de calmar las cosas- De todas formas no puedo comer pescados ni mariscos, soy alérgico.

-Pero siempre salías de pesca con tu abuelo- dijo Yadira dejando de pelar tomates.

-Si pero jamás comía, siempre pasábamos por una porción de pollo frito camino a la casa, jeje.

-Yo despellejare y freire a una cucko por ti, Cristóbal- dijo Ruto arrojando el balde al piso mientras salía corriendo de la casa al establo.

-¡Espera Ruto!- le siguió Malon- No vayas a matar a una de mis cuckos ponedoras.

-Hablando de niñas sin remedio¿eh?- dijo Link compadeciendo a Cristóbal.

-Se nota que te quiere mucho- le dijo Yadira sonriendo.

-No, no es eso...

-¡AAAH!- Cristóbal trato de hablar pero otro potente grito lo hizo callar, nuevamente de Zelda, esta vez provenía del segundo piso

-¿Es Zelda otra vez?

-¿Qué le paso ahora?¿se habrá visto en el espejo?- bromeo Cristóbal.

Al llegar a la habitación donde dormirían las niñas encontraron a Zelda gritando mientras Impa trataba de calmarla.

-Pero princesa, no es para tanto.

-¿Cómo que no¿Acaso esperan que duerma en eso?- dijo señalando la cama que Malon le había preparado con frazadas y sabanas en el suelo de la habitación, al igual que a Yadira, Ruto y Malon, puesto que la única cama en esa habitación era la de Malon pero la amable niña se la había cedido por esta noche a Impa.

-Zelda ya basta, para tus niñerías- dijo Cristóbal enojado por la falsa alarma.

-Mejor me regreso a preparar la cena- dijo Yadira quien volvió a la cocina acompañada por Cristóbal.

-Si gustas... puedes dormir en mi cama- dijo Malon tímidamente entrando en la habitación- aunque ya se la había cedido a la señorita Impa.

-Por mi no hay problema- respondió la guerrera sheikah- Lo único que importa es la comodidad de la princesa.

-Que bueno- dijo Zelda dejando de llorar y recostándose lentamente sobre a suave y tibia cama- Mucho mejor.

-Cuidar a Zelda resulta algo molesto¿no?- le pregunto Link a Impa una vez solos en el pasillo del segundo piso.

-Solo me gustaría que la princesa fuera menos consentida.

-Entiendo que ella a vivido así siempre, pero ella debería cambiar su actitud.

-Pues... pienso que será mas fácil vencer a Ganondorf y a Vaati antes de que ella llegue a cambiar.

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Mientras tanto, en Temuco, ya son las 10 de la noche, faltan solo un par de horas para el vuelo de Amalia que la llevaría a Italia, su familia había preparado una pequeña despedida el día anterior para que hoy se fuera relajada, sin embargo la hora había llegado y su padre la esperaba para llevarla al aeropuerto mas ella no bajaba.

-Me pregunto que estará haciendo esta niñita- decía su madre preocupada.

-Debe estar arreglándose, ya sabes como son las mujeres- respondió su esposo.

-No, no lo se¿por qué no me lo dices, bebé?- le exigió Mónica desafiándolo de broma.

-Pues... veras...

-Yo iré a ver que le ocurre- dijo Link subiendo las escaleras pero Mario lo sujeto del brazo.

-¿No le habrás dicho algo, verdad?- le pregunto en voz baja.

-No se lo he dicho- le respondió Link- Pero talvez deba saberlo- dijo soltándose y siguió subiendo la escalera.

-Amalia ¿estas bien?- pregunto Link entrando en la habitación de la joven, la habitación estaba a oscuras pero se podía ver a Amalia sentada sobre su cama iluminada por la luz de la luna llena que entraba por la ventana.

-Estoy bien... mejor que nunca- le respondió ella sonriendo pero con sus ojos llenos de lagrimas.

-Amalia¿qué ocurre? Todos te están esperando abajo.

-No tienen a quien esperar... no voy a ir a ningún lado.

-Pero... Amalia, ya habíamos hablado de esto.

-Lo se, y llegue a creerlo, pero no puedo, no puedo marcharme sin tener noticias de mi hermano, lo intente y no pude, no puedo irme sabiendo que el sigue perdido en alguna parte yo... no puedo, talvez tu entenderías si el fuera tu hermano.

-Cristóbal no es mi hermano... pero lo quiero como si lo fuera.

-Tu ni siquiera lo has visto, no lo conoces.

-Si lo conozco, lo conozco desde niño.

-¿Qué dices?

-Amalia, necesito decirte algo, necesito decirte la verdad sobre mi.

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-Ok, Zelda hoy te leeré un cuento súper entretenido que se llama "Tloz: The Newcomers"... no se que significa Tloz pero tampoco se ingles así que da igual porque el resto del cuento esta en español.

-Romildo, ya te dije que no es necesario que me leas mas, estoy coja no ciega, además no tengo ganas de escuchar mas cuentos.

-Zeldita¿no te has puesto a pensar que si sigues con esa actitud nunca vas a conseguir marido?

-Y para... para que quiero un marido- dijo Zelda sonrojándose.

-No si se que ahora no quieres, pero cuando quieras que alguien sea tu marido.

-Eso es ridículo.

-Yo diría que ridículo se ve Radames trayéndote flores todos los días para que te mejores- le dijo señalándole las margaritas y jazmines puestos delicadamente en un florero con agua en la repisa de Zelda.

-Eso... eso no es nada.

-A mi se me hace que te gusta Radames.

-Eso es ridículo a mi no me gusta...

-Buenos días- Radames entraba por al puerta de la habitación para visitar a Zelda con una cálida sonrisa en su rostro.

-Radames- dijo Zelda esbozando una sincera sonrisa en su rostro ante la sorprendida mirada de Romildo- Que sorpresa.

-Quise venir a ver como estabas y te traje estas flores- dijo mostrándole un ramo de rosas rojas.

-¿Y donde las vas a dejar?- le pregunto Romildo enseñándole la repisa llena de flores donde no cabía nada mas.

-Vaya...- dijo Radames impresionado, no recordaba cuando le había traído tantas flores.

-Damelas- dijo Romildo recibiéndolas- Yo les buscare un buen lugar- acto seguido sale de la habitación dejándolos solos.

-Y... ¿cómo esta tu pierna?

-Bien... bien, mejorando.

-Ojala sane pronto... es decir, no para que te vayas... tu sabes... yo.

-Si, si se- sonrió Zelda- Pero también hay cosas que quiero hacer, por otro lado la señora Amanda a sido tan buena conmigo, me gustaría devolverle el favor de alguna forma.

-Ella siempre a sido una buena persona, por eso no la deje sola tras la muerte de Luna.

-Nunca nadie me había tratado tan bien... no recuerdo que alguna vez mis padres hayan...

-¿Tus padres¿dónde estas?

-Ellos murieron cuando era pequeña.

-Lo lamento en serio.

-Pese a ser una prince... es decir, pese a que los tenia a mi lado nunca sentí el cariño que los demás niños decían tener con sus padres.

-Pero puedes sentir ese cariño ahora... puedes sentir ese cariño con nosotros, conmigo- le dijo Radames acercándose lentamente.

-Yo no se si...- Zelda comenzó a imitarlo acercándose a el hasta que sus labios se encontraron en un beso lleno de pasión y amor que ni Romildo pudo detener al entrar repentinamente en la habitación, prefirió dejarlos solos y salir silenciosamente dejando a los dos enamorados.

-Entonces... me estas diciendo que vienes de un juego.

-No, Hyrule es real, ese sujeto es quien creo un juego basado en mi mundo.

Link le había contado a Amanda toda la verdad y trataba de hacerle entender que no era una broma, que Cristóbal y Yadira en estos momentos luchaban por salvar Hyrule.

-... Y Cristóbal y Yadira están allá.

-Así es- afirmo el rubio hylian- Y debes entender que están bien, que nada les pasara mientras tu y tu familia dejen de buscarlos, de esa forma no aparecerán en Hyrule en el momento menos oportuno.

-Esto es difícil de creer... sobre todo que mi abuelo venga de ese mundo, me hace sentir tan extraña.

-Pero se que tu si me crees, por eso te lo conté, porque necesitas saberlo y porque se que me creerás.

-Ellos se enfrentan a un gran peligro y tu dices que estarán bien.

-Lo estarán, ellos aun siguen con vida y seguirán y volverán a este mundo si ustedes no interfieren.

-... – Amalia se levanto, dio un gran suspiro y se volteo a mirar a Link- Esta bien, Link... creo que te creo.

-Me alegra oír eso... y aun estas a tiempo de seguir tu sueño.

-Pero quiero que tu me acompañes a Italia.

-Si... ¿qué?- pregunto Link confundido.

-Quiero que me acompañes, esa Zelda podrá encargarse de que mi familia no llegue a Hyrule.

-Si pero...

-Además me dijiste que yo también aparecí en Hyrule ese día, ahora estamos torciéndole la mano al destino, yo debería quedarme en Chile pero viajare a Italia... contigo.

-Amalia... yo ya te conté la verdad- dijo Link desanimado- No quiero fallarle a Cristóbal, lo lamento pero... no puedo ir.

-Pero Link...

-Vete ya, tu padre te esta esperando allá abajo.

-Pero te necesito, tu siempre me apoyas, desde que te conocí... en Italiaestare rodeada de extraños y te necesitare mas que nunca.

-Lo lamento, Amalia, pero no puedo.

Amalia se entristeció de oír eso, no quería irse y mucho menos sin su amado Link, pero al parecer no había manera de hacerlo cambiar. Amalia viajo hasta el aeropuerto y allí espero hasta que llego la hora de abordar, se despidió de su padre y abordo el avión, unos momentos después volaba por los cielos sin poder contener su tristeza.

-Disculpe, señor, debe permanecer sentado- escucho decir en el pasillo a una azafata.

-Ya lo se, estoy buscando a mi novia- esa voz le pareció familia, se pregunto si podría ser el- Allí esta.

-¿Link?- Amalia no podía creer lo que veía, frente a ella se encontraba el amor de su vida, no se pudo resistir y salto del asiento para darle un gran abrazo.

-No puedo quedarme solo sin ti- le dijo Link sonriendo.

-Eres un tonto, tonto, tonto- le dijo Amalia mientras brotaban sus lagrimas de alegría y termino propinándole un apasionado beso en presencia de todos los pasajeros que decidieron aplaudir a la feliz pareja mientras la azafata insistía en que se sentaran.

Continuara...