EL PRINCIPIO DE UNA AMISTAD
15. Lo haré, me uniré a ti
Aparecieron en la mansión Malfoy y Harry fue el primero en hablar.
.-¿Qué demonios hacemos en tu casa, Malfoy? -preguntó en un susurro.
.-Tengo la sospecha de que mi padre no murió y de que tiene a Hermione encerrada aquí -respondió el rubio en igual tono, profundamente preocupado.
.-¿Entonces qué diablos hacemos aquí¡Vamos a buscarla! -sugirió Ron algo más alto.
Lucius Malfoy estaba sentado en una silla con un hombre arrodillado a sus pies, el rubio tenía una mueca de profundo asco, mientras que el hombre arrodillado temblaba del puro miedo que le inspiraba el patriarca Malfoy.
.-¿Encontraste a Granger? –preguntó Lucius con voz grave.
.-Sí, mi señor, está en mi habitación. Estaba en San Mungo, pero los muy imbéciles la dejaron sola. ¡Incluso el inepto de Draco!
.-Te recuerdo, Boot, que el inepto de Draco sigue siendo mi hijo, y yo soy superior a ti, así que ándate con ojo¿entendido? –el hombre se atemorizó seriamente con las palabras, siempre amenazantes, del nuevo Señor Tenebroso-. Cuando Draco se una a mí, tal vez puedas quedarte con ella, pero de momento no quiero que la toques, me toca a mí divertirme.
.-Como usted diga, mi señor –aceptó el joven mortífago, temeroso de la lujuria en los ojos de su amo.
.-Retírate.
Terry se levantó del suelo y comenzó a andar hacia atrás, sin apartar la mirada de los ojos de Lucius. Alguien le hizo la zancadilla y él cayó, provocando la cruel risa del hombre frente a él. La varita del rubio le apuntó y segundos después se vio gritando y retorciéndose por la maldición Cruciatus que el hombre le había aplicado. Nunca había sentido algo tan doloroso como aquello, pero supuso que ese era el precio que debía pagar por haberse unido a un asesino sin escrúpulos, aprendiz de Lord Voldemort desde los dieciséis años.
.-Bien, Crabbe –dijo el mayor de los Malfoy cuando el temeroso muchacho se había ido-. Que mi hijo no encuentre muchos obstáculos al llegar, no tardará mucho.
.-Como ordene, mi señor –y sin más palabras salió de la sala y cerró la puerta tras de sí. Lucius esbozó una sonrisa tenebrosa, disfrutando placenteramente de lo que le haría sentir a su "queridísimo" hijo en esa noche de Invierno.
Draco, Harry y Ron decidieron entrar por los túneles que había debajo de la mansión. Harry llevaba un pergamino en sus manos, regalo de navidad de Hermione. Era exactamente igual al mapa de los Merodeadores, solo que éste mostraba con exactitud la parcela mágica en que se encontraban, fuera cual fuese, y las personas que se encontraban allí. La chica había conseguido elaborarlo con la ayuda de Sirius y Remus, que le explicaron el funcionamiento del mapa que habían usado durante sus años de estudiantes.
.-Vosotros dos id por aquí, los calabozos son éstos –dijo Draco, arrebatándole el mapa al moreno y mirando en él, señalando un pasillo, sus ojos se deslizaron por el pergamino y, al no encontrar lo que quería en el lugar donde lo esperaba encontrar, se abrieron en demasía y recorrieron todo el mapa. Una mueca de terror apareció en su rostro cuando localizó a quien buscaba antes de hablar con voz ronca y algo asustada-. Un momento… Hermione no está en los calabozos… está en ésta habitación, con… ¡mierda¡Está con Boot!
Ron le tapó la boca con una de sus grandes manos.
.-¡Cállate! Nos van a oír –reprendió Harry, temeroso aun así por lo que podría sucederle a su amiga mientras ellos estaban allí.
.-No te preocupes Potter, mi padre ya sabe que estamos aquí, al menos sabe que yo estoy aquí –dijo el rubio con voz preocupada.
.-En ese caso, será mejor que nos larguemos –dijo Ron avanzando por el lóbrego pasillo, también temeroso por Hermione.
.-Está bien –Draco le arrebató el mapa a Harry, al que se lo había entregado apenas segundos antes, y volvió a mirarlo. Esta vez su rostro se contorsionó por la furia. Si la tocaba… le mataría con sus propias manos, se juró antes de decirles a Potter y Weasley de quién estaba acompañada la chica en ese momento-. Mi padre también va con Hermione… Mierda, mierda, mierda…
.-Pues démonos prisa Malfoy –repuso Ron con el entrecejo fruncido, pues, por su frenético mirar en el mapa, el que más atrasado iba era el rubio.
.-No, vosotros quedaros, si hay algún problema os haré una señal¿de acuerdo? –los dos chicos no parecían muy satisfechos pero con una mirada del rubio, que a ambos les sonó a "no tenemos tiempo", aceptaron, a regañadientes claro está.
Además, sabían que Draco quería enfrentarse a su padre y deshacerse de todos los fantasmas de su pasado. Ambos asintieron y el rubio salió del túnel en dirección hacia donde estaba la chica.
Al llegar a la habitación, un muy entusiasta Lucius Malfoy le recibió con los brazos abiertos, sonriendo con la malicia de quien ha logrado su propósito.
.-Hola, hijo, cuánto tiempo sin verte –le dijo, acercándose lentamente, con elegancia.
El rubio retrocedió unos pasos e interpuso una mano entre su cuerpo y el de su padre, haciendo que Lucius se parase sin perder su pose digna. Al joven le repugnaba ser tocado por la bestia que ahora era Lucius, además de que no quería perder más el tiempo, necesitaba recuperar a Hermione cuanto antes.
.-No me llames hijo, Lucius –dijo con ceño.
El patriarca Malfoy se encogió de hombros, dando a entender que no le importaba no hacerlo, y sonrió con lujuria.
.-De acuerdo entonces, mmm ¿Draco? Sí, Draco. ¿Qué te parece tu querida Granger? Es bella¿eh? –dijo maliciosamente. Draco miró a la chica y la descubrió atada de manos, tumbada en una elegante cama y con el rostro sangrante y sudoroso. Un escalofrío recorrió toda su columna vertebral y un nudo que cada vez apretaba más se asentó en su corazón. Intentó acercarse a ella, pero fue inmediatamente detenido por su padre, que colocó un brazo en su camino y amenazó a la chica con su varita-. Más te vale que no te acerques a ella, Draco, si no quieres que muera antes de tiempo –repuso el hombre con una mueca de odio incomparable. El joven se detuvo, quería a Hermione, pero la quería con vida. Deseaba decirle que la quería y amarla con locura, por lo que se detuvo temiendo por su vida. Las lágrimas pugnaban por salir, pero él las detendría todo el tiempo que fuera necesario, lo único que quería era rescatar a "su chica" y matar a esa bestia asquerosa a la que alguna vez había llamado "padre".
Volvió de nuevo la mirada hacia su padre y gruñó, era un monstruo, no podía llamársele de otra forma. Y le mataría, tarde o temprano, por todo lo que le estaba haciendo a Hermione.
.-¿Cómo puedes ser así Lucius? Te has convertido en una bestia, aunque antes, cuando pegabas a mamá, también lo eras. ¿Ya no recuerdas sus gritos, salvaje¿No los recuerdas? Aún tengo esas imágenes vívidas en mi memoria, trae un Pensadero y si quieres las revivimos juntos¿sí? Seguro que te produce placer ver a mi madre chillar mientras tú la sujetabas del pelo y la pegabas¿a que sí? Era muy divertido¿verdad? –dijo con voz firme, aunque por dentro se moría del miedo por lo que podría sucederle a Hermione.
Lucius se acercó a ella y la sujetó del pelo, del mismo modo que lo había hecho con Narcisa tantos años atrás. El joven rubio salió de su trance al escuchar el débil gemido de dolor de Hermione, que tenía los ojos levemente abiertos y enrojecidos por las lágrimas que había retenido, sin éxito apenas, y que ahora se deslizaban inclementes por su rostro.
.-¿Cómo cogía a tu madre, Draco¿De la misma manera que cojo ahora a tu querida sangre sucia¿La movía así? –dijo mientras movía la cabeza de Hermione de lado a lado, dañándola aún más de lo que lo había hecho hasta entonces. Draco ahogó el grito que pugnaba por salir de su garganta al sentir el sufrimiento de la chica en cada poro de su piel-. ¿La pegaba así?
Un fuerte puñetazo se estrelló contra el rostro de la castaña, y Draco creyó haber escuchado un sollozo ahogado salido de los labios de ella, que había vuelto a cerrar los ojos para no ver de nuevo el puño de Lucius impactando contra su rostro, seguido de un leve crujido. Draco quiso avanzar, quiso matar a su padre con sus propias manos por causarle ese inconmensurable dolor a Hermione, pero no pudo hacerlo, no era capaz de moverse. Estaba completamente paralizado por el terror de ver a su amada en esa situación.
.-¡DÉJALA! –gritó, furioso y sintiendo el dolor de Hermione en cada fibra de su ser, con pequeñas lágrimas deslizándose por su rostro y un nudo de increíble tamaño alojado en su garganta.
.-¿Debería hacerlo¿Debería dejar que mi hijo se junte con esta mugrosa? -preguntó el patriarca Malfoy. Estaba encolerizado, parecía haberse vuelto completamente loco en una facción de segundo. Draco seguía llorando silenciosamente, sin poder moverse, y Lucius, en medio de su furia, percibió las lágrimas de su hijo-. ¿Lloras por tu querida sangre sucia¿Eres capaz de llorar por una impura?
La alzó de la cama y, sin soltar su pelo, la fue acercando a su hijo, hasta dejarla a escasos tres metros de él. La pegó fuertemente en la mejilla y, con un brusco tirón hacia delante, hizo que cayera frente al rubio, de rodillas. Draco se arrodilló también, recuperando levemente la movilidad de sus miembros. La abrazó con ternura infinita, sin dejar de llorar, y la estrechó contra su pecho, intentando no hacerla daño en su desesperado abrazo. Enterró el rostro en el cabello ensangrentado de ella y besó su cabeza suavemente.
.-Muy bien, Draco, llévatela. Pero no antes de que la mate –la apuntó con la varita y, con el rostro contorsionado por la rabia y la decepción, exclamó, sin asomo de compasión, las palabras fatales que acabarían con la vida de la joven hija de muggles-. ¡Avada Kedavra!
Sin embargo, el verde rayo salido de esa varita no golpeó contra el dañado cuerpo de la muchacha, aún abrazada por Draco y levemente atontada por los golpes y la humillación. Un cuerpo mucho más fuerte y varonil se interpuso entre ella y la maldición, un cuerpo que no fue el de Draco Malfoy, a pesar de que él se había volteado, protegiendo el cuerpo de Hermione con el suyo propio, y había cerrado los ojos aguardando su muerte.
.-¡RON! –gritó Harry Potter entrando en la habitación. Era Ronald Weasley el que yacía muerto entre Lucius y Draco Malfoy, era él el que había recibido la muerte a cambio de la vida del hijo que había maltratado a su amiga. Y lo había hecho porque sabía que, sin él, Hermione nunca sería feliz, sabía que si Draco moría esa noche ella, estaría condenada a sufrir y a culparse de por vida. Y él no quería una existencia miserable para su gran amor.
Sin dudarlo, Draco gritó y cometió el error más grande que podía haber cometido en esos momentos, se puso de pie y dejó a Hermione sola en medio de la sala.
.-¡STUPEFY!
El Malfoy mayor esquivó e hechizo haciéndose a un lado y derribó a su hijo, que se hizo un corte en la mejilla al chocar contra el filo de una mesa y quedó tumbado por unos segundos en el suelo, aturdido.
Cogiendo de nuevo a Hermione del pelo, la puso de pie y la acercó a él. La sujetó del pelo con una mano, mientras con la otra la mantenía amenazada a punta de varita. Draco entonces alzó la cabeza, con sus pupilas dilatadas por el aturdimiento y sus ojos inundados de terror y enrojecidos por las lágrimas que había derramado.
.–Muy bien, Draco –dijo suavemente, la ira impregnando cada palabra salida de sus labios. El rubio le miró aterrorizado, temiendo que algo malo pudiera pasarle a ella–. Tú decides, o te unes a mí, o muere. De ti depende la vida de esta mugrosa.
El rubio batallaba interiormente. Quería salvar a Hermione con todo su corazón, pero no quería unirse a su padre, y era el precio que debía pagar por la vida de la chica. Caviló un buen rato sobre las posibilidades que tenía de salir de allí, con vida y con Hermione, si rechazaba la propuesta de su padre, pero finalmente aceptó que no tenía ninguna. Así que aceptó la más fácil. La única que se le presentaba posible sabiendo la suerte que correría Hermione si se negaba, y él la amaba por encima de todo.
.–Lo haré –dijo–, me uniré a ti. Pero déjala.
Lucius empujó fuertemente a Hermione, y la chica fue a caer a los pies de Harry, que la miró preocupado y la alojó entre sus brazos de inmediato, agachándose inmediatamente y ayudándola a levantarse. Lo único que la chica pudo decir, en medio de su desesperación y antes de que las fuerzas se le fueran finalmente fue:
.–¡DRACO, NO!
El rubio la miró, preocupado y asustado al verla inerte en los brazos de Harry, pero no se echó atrás, por mucho que le doliera no acercarse a ella y abrazarla suavemente. Caminó despacio hacia su padre, asustado, rodeando el cuerpo de Ron, y se paró frente al Malfoy mayor, que sonrió arrogante mientras Draco se moría de terror.
.–Alza el brazo –ordenó el hombre, en su voz demostrando que no aguantaría una negativa.
Su hijo así lo hizo y esperó, pensando que Hermione le odiaría después de ese momento y que él se moriría si eso llegaba a ocurrir, la marca tenebrosa.
Hola! Os gustó. Bueno, sé que tardé mucho en actualizar, y lo siento, pero es que no he podido ponerme más pronto. De todas formas, aunque no prometo nada, espero poder actualizar antes el próximo capítulo. Muchas gracias por leer!
Reviews?
Muchas gracias por los reviews. Besazos a todos!
·PaddyPau·
Miembro de muchas órdenes
