EL PRINCIPIO DE UNA AMISTAD

16 – Marcado

Le odiaría, sabía que lo haría, pero todo eso lo estaba haciendo por ella. ¿No se daba cuenta¿No se daba cuenta de que lo hacía por ella¿Porque la quería? No era tan difícil darse cuenta de ello. La quería y Draco estaba seguro de que Hermione lo sabía, había estado demasiado expuesto frente a ella. Y a partir de ese momento sería un mortífago, y Hermione querría separarse de él.

La mano de su padre sujetó con fuerza su muñeca, apretándola entre sus largos y delgados dedos. Y la varita de Lucius presionó contra su antebrazo, clavándose allí y haciéndole daño, parecía que se estaba hundiendo en su piel. De repente, un dolor lacerante, más espantoso del que nunca hubiera sentido. Su brazo ardía como si tuviera un hierro candente apretado contra él. Gritó, gritó fuerte, mientras sentía como su padre le marcaba. A partir de entonces… no sabía qué demonios ocurriría con él, pero estaba seguro de que no sería nada bueno, lo sabía con certeza.

Hermione le odiaría por traicionarla, Blaise y Pansy le odiarían por unirse a causas que habían rechazado juntos apenas un año antes, y su madre habría muerto en vano. Tanta lucha para nada, ya ves, solo sufrir y hacer daño a las personas amadas. Estaba seguro que Dumbledore no podría ayudarle después de tomar la marca, ya no habría nada que hacer. Nada. Y él se sentía como basura.

.–Hermione… –murmuró en un susurro doloroso, quebrándose su voz por el esfuerzo de retener las lágrimas que contenían sus ojos. Y, a pesar de haberlo dicho en el más bajo de los tonos, su padre le escuchó.

.–Sí… Hermione… tu querida sangre sucia no podrá ayudarte ahora, hijo. Ni siquiera querrá verte –espetó duramente. Draco ahogó un sollozo al tiempo que se mordía el labio con fuerza inusitada.

.–Eres un monstruo… –dijo en voz más alta y firme.

.–Sí, lo soy… y tú también lo eres… lo sabes.

Finalmente su padre le soltó y él se desapareció de inmediato y fue a aparecerse en casa de Tonks. No había nadie allí. Se arrastró como pudo, sujetándose el brazo marcado, hacia la habitación que había compartido con Hermione; se dejó caer en la cama precariamente y, una vez allí, dio rienda suelta a sus lágrimas. Hermione… solo había cabida para ella en su mente, al menos en ese momento. Lamentaba tanto haberse unido a su padre… Sin embargo, habría tenido que hacerlo por obligación si quería volver a ver a "su chica" tan espléndida como la había visto esos días. Lo sabía. Si no se hubiese unido a él, su padre la habría matado sin dudarlo.

Cuando el cansancio le venció se dejó arrastrar por Morfeo, mas no por eso descansó lo que hubiera querido. Le acechaban pesadillas de cómo sería a partir de entonces su vida. Sin Hermione. No… no podía imaginar nada sin Hermione, no quería imaginar nada sin Hermione.


Una melena castaña se desparramaba por la blanca almohada, llenándola de rizos desordenados. Hermione Granger yacía en la cama de una habitación en San Mungo, aún inconsciente, mientras Harry esperaba por los resultados de los exámenes. Al fin, la medibruja que la había atendido anteriormente apareció por la puerta.

.–¿Qué tiene? –preguntó el moreno de inmediato, apartando la vista de su amiga, bruscamente, para posarla sobre la mujer.

.–No tiene nada grave, pero parece algo confusa. Y está embarazada –agregó la mujer–. Felicidades.

.–¿Felicidades? –preguntó Harry, confundido–. Yo no soy el padre. ¿Y cómo que está embarazada?

La sanadora se quedó unos instantes paralizada, y luego habló con rapidez.

.–Y si usted no es el padre¿quién lo es? –preguntó confusa.

Harry no dijo nada. No tenía ni idea. ¿Quién diablos podría ser el padre de ese crío?


Llegó temprano a casa. Parecía que no había nadie. Hermione y Draco habrían salido a pasear. Sonrió. Desde que Hermione había perdonado a Draco por lo que fuera que éste hubiera hecho, eran inseparables. Más de una noche los había encontrado durmiendo juntos, destapados, abrazados y con la puerta abierta. Y ella se alegraba de que todo fuera así.

De camino a su dormitorio pasó por el de los jóvenes. La puerta estaba abierta, como de costumbre, pero en la habitación no se representaba la misma escena que todos los días. Draco estaba tumbado en su cama, bocabajo, y la cama de Hermione se encontraba vacía. ¿Dónde estaba ella?

El rubio tenía puesta ropa de salir, y Tonks se acercó a él para avisarle de que se cambiara. Sin embargo, no le habló. Su primo tenía el rostro más pálido de lo habitual, bañado en lágrimas, y un rictus de dolor se había formado en sus labios.

Le sacudió levemente y, con el más mínimo roce, consiguió despertarle.

.–¡Tonks! –exclamó con voz ronca nada más despertar. Gracias a Dios que alguien le había sacado de aquella horrible pesadilla.

.–Draco… ¿qué te pasa? –preguntó ella, preocupada–. Tienes un aspecto horrible.

.–Yo… yo… oh, Dios, Tonks… mi padre… mi padre… yo… –no pudo continuar, sus ojos se nublaron y cayó desmayado. La mujer le tocó la frente; ardía en fiebre.

Le tumbó mejor en la cama e hizo aparecer unos paños y un cubo de agua fresca. Humedeció uno de los trapos y se lo colocó en la frente, procediendo a esperar pacientemente a que la fiebre bajara.


.–Necesito hablar con alguien, volveré pronto. Solo necesito que alguien la vigile¿de acuerdo? –la sanadora asintió–. No deben dejarla sola en ningún momento¿está claro?

La medibruja asintió, sin embargo, habló de nuevo.

.–¿Qué le ocurre¿Por qué tiene que estar vigilada? –preguntó asustada.

.–Sólo manténganla vigilada. No puede quedarse sola bajo ninguna circunstancia. Su vida corre peligro¿entendido? –ella asintió fervientemente, y Harry corrió hacia la salida para luego tomar el autobús noctámbulo, que le llevaría a casa de Tonks.

Stan Shunpike bajó del autobús a su encuentro, su rostro aún cubierto de granos y su expresión bobalicona justo como la recordaba.

.–¡Harry Potter! –exclamó–. ¡Vaya, chico¡Es un placer verte de nuevo!

.–Gracias, Stan –dijo subiendo con rapidez al autobús. El joven lo siguió y le dijo lo de siempre. Once Sickles por el viaje, por trece una taza de chocolate y por quince una bolsa de agua caliente y un cepillo de dientes del color que eligiese. Patético. Él sólo quería hacer el maldito viaje lo más rápido posible.

.–¿Dónde quieres ir? –la joven celebridad le dio las indicaciones acerca de la casa de Tonks y se sentó en una de las sillas del vehículo.

El viaje fue tan aparatoso como siempre, e inmediatamente se arrepintió de no haber usado polvos Flu, los prefería cincuenta veces antes que eso. Suerte que el recorrido se le hizo corto —más que nada debido a la velocidad con la que el viejo autobús púrpura avanzaba—.

Cuando bajó del infernal cacharro les dio las gracias a Ernie y a Stan y avanzó hacia la puerta de roble de la casa de la auror. Tocó un par de veces a la puerta y, al rato, escuchó la voz, normalmente alegre, de la mujer, que en ese instante parecía preocupada. Cuando la puerta fue abierta ella le recibió con una mirada terriblemente asustada y los ojos anegados en lágrimas.

.–Te necesito, Harry –dijo–, no sé qué le pasa.

El moreno se asustó levemente, seguramente se refería a Draco, y él necesitaba urgentemente hablarle.

Siguió a la mujer hacia el interior de la casa y continuó tras ella el ascenso por las escaleras.

Sin embargo, cuando entró en la habitación, no se vio con valor para hablar con Draco de Hermione, y menos aún en ese momento.

El rubio estaba tumbado bocabajo en la cama, y susurraba el nombre de Hermione como un mantra. Parecía estar sufriendo lo indecible, y Harry sintió inmediatamente compasión por él. Parecía desdichado. Tonks se acercó a él e intentó ponerle boca arriba de nuevo pero, al ver que no podía, dirigió su mirada hacia Harry, que seguía mirándole como hipnotizado. La auror se acercó al moreno y le tiró levemente de la mano, a lo que el joven salió de su extraño trance. Se acercó al rubio junto a ella y le dio la vuelta, dejando al descubierto su rostro, que había estado oculto por la manta. El joven mortífago seguía susurrando el nombre de Hermione desesperadamente, pero tenía la voz ronca y los ojos cerrados.

.–Está delirando, Harry, lleva dos horas con fiebre y hora y media repitiendo su nombre. ¿Le pasa algo a Hermione? –preguntó ella preocupada.

.–Está en San Mungo –respondió el moreno. Se acercó al que había sido su enemigo durante siete años y colocó su mano, suavemente, sobre su frente, alarmándose–. ¡Está ardiendo en fiebre, Tonks! –exclamó seriamente preocupado.

.–¿Cómo¿Qué hace en San Mungo¿Se puede saber qué está pasando? –preguntó la joven mujer.

Harry procedió a contarle lo que había ocurrido en la noche, y ella no pudo evitar cubrir su boca con la mano. ¿Cómo había podido ocurrir todo eso? Harry se lo explicó cuando formuló esa misma pregunta.

.–¿Recuerdas a Terry Boot¿El chico que estaba enamorado de Mione? –ella asintió, aún sin comprender–. Es un mortífago, y Lucius Malfoy el nuevo Lord Oscuro. Boot la secuestró con el propósito de que Draco fuera a buscarla y Lucius pudiera sobornarle para que se uniera a él. Malfoy hizo lo que estaba previsto, pero apareció con Ron y conmigo, aunque todo ocurrió como su padre quería. Ron murió salvando la vida de Hermione y Malfoy fue convertido en mortífago, de ahí la marca en su brazo.

Tonks se había quedado paralizada. ¿Así que eso era¿Lucius no había muerto?

.–Oh, Dios mío, Harry¿qué vamos a hacer ahora? –preguntó asustada. No podía imaginar que el reinado de terror que se había vivido con Voldemort volviera a atormentarles.

.–Acabar con Malfoy… o morir en el intento –dijo éste.

Draco se removió y abrió los ojos bruscamente; estaban desenfocados. Se incorporó repentinamente y miró a las dos personas junto a él. Habló con voz rasposa, vacía.

.–¿Dónde está Hermione? –preguntó.

.–Tranquilo, Malfoy, ella está bien. El que debe descansar eres tú –dijo Harry.


Finalmente tuvieron que llevar a Draco a ver a Hermione, pues se negaba a descansar antes de verla.

Transformaron un bote de coca-cola, que estaba en la basura, en un traslador, y se aparecieron en el hospital. Ayudaron torpemente al joven Malfoy a alcanzar la habitación de la castaña y, cuando llegaron allí, el rubio se quedó mirándola como estupidizado. Se acercó a trompicones hasta su cama y acarició su mejilla. La chica estaba despierta, y le miraba con los ojos llenos de lágrimas y preocupación.

.–Draco… ¿qué te pasa? –preguntó con voz temblorosa. El rubio no contestó. Siguió acariciando su mejilla y la besó en la frente, en las mejillas y en la punta de la nariz. Hermione miró a Harry, ahora asustada–. Harry… ¿qué le pasa?

.–Está delirando, Hermione, tiene muchísima fiebre –dijo.

.–¡Y qué hace aquí¡Llevarle a que le curen, por Merlín! –Draco sonrió sin ser consciente de lo que ocurría a su alrededor y miró a los ojos de la chica.

.–Te quiero, Hermione, te quiero mucho –dijo con voz pastosa–. No quiero que me odies. No quiero que pienses que voy a ser mortífago por siempre. Me quitaré esta maldita marca aunque tenga que cortarme el brazo. No creo que seas una sangre sucia, Hermione, te quiero. Me crees¿verdad?

La chica tenía los ojos rojos y silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas.

.–Te creo, Draco, pero, por favor, descansa¿vale? –le dijo con cariño, acariciando su mejilla con suavidad.

.–Dime que me quieres, Hermione, dime que me quieres, por favor –suplicó el rubio, dejándose caer de rodillas bruscamente. Debió hacerse algo en las rótulas al caer de ese modo, pues habían hecho un sonido espantoso al chocar contra el duro suelo de cerámica.

.–Te quiero, Draco, pero ahora vete a descansar¿sí? Por favor –dijo ella, besándole levemente la frente.

El rubio se levantó como pudo y se acercó a la puerta. Justo cuando entraba una medibruja, el rubio se desplomó nuevamente, desmayado.

.–¡Oh, por Morgana! –exclamó la mujer–. ¿Se puede saber qué le pasa a este joven? –preguntó preocupada. Fue Harry el que contestó.

.–Tiene fiebre –dijo–, mucha.

La enfermera le miró mal, frunciendo el entrecejo y con los ojos transformados en dos rendijas amenazadoras.

.–¡Y se puede saber por qué no me lo han llevado antes? –preguntó enfurecida.

Tonks fue la que respondió esta vez, sus mejillas bañadas de lágrimas.

.–No quiso descansar antes de ver a Hermione –repuso, señalando la cama de la chica.

.–Está bien, ya la ha visto¿no? Pues ahora se va a quedar ingresado –movió la varita murmurando unas palabras ininteligibles para los ocupantes de la habitación y dos enfermeros aparecieron corriendo por la puerta–. Pónganlo en esa cama –ordenó, señalando la que estaba situada a un costado de Hermione.

Cuando el trabajo estuvo hecho, los dos hombres se fueron de nuevo, tan rápido como habían llegado, y la mujer se acercó al rubio, procediendo a examinarle.

.–¿Delira? –preguntó. Tonks asintió tristemente, acomodada al otro lado de la cama de Draco–. ¿Cuánto tiempo lleva así?

.–Dos horas y media ardiendo en fiebre, y dos horas delirando –dijo avergonzada. No se le había pasado por la cabeza la idea de llevarle a San Mungo, tan asustada como estaba.

.–¡Pero están locos¿¡Por qué diablos no me lo trajeron antes? –preguntó la sanadora.

.–No lo pensamos –dijo Harry esta vez, colocándose junto a la auror.

La mujer bufó.


Hermione ya podía andar por los pasillos del hospital, aunque tampoco era aconsejable que se alejara mucho de su habitación. Aun así, la castaña no salía de allí, estaba casi todo el día con Draco, sentada en la silla junto a su cama. El rubio aún no había despertado, a pesar de que había pasado una semana desde su ingreso, y Hermione estaba preocupada. ¿Qué diablos le estaba ocurriendo?

Se había pasado toda esa semana pensado en lo que le había dicho cuando estaba delirando y preguntándose si era verdad. ¿La querría¿La amaría?

La medibruja le había dicho que estaba embarazada, pero ¿desde cuando? Decía que llevaba apenas un par de días de gestación, y ella no se había acostado con nadie desde Harry, y eso había sido a principio del curso.

El rubio se removió un poco en la cama y la chica dejó sus cavilaciones y centró toda su atención en él. Aún no había abierto los ojos, pero sus labios se separaron para formular una sola palabra:

.–Hermione…

La chica le miró y, entonces, él abrió, muy lentamente, los ojos. Parpadeó un par de veces, despacio, acostumbrándose a tener los párpados levantados, y la miró con las pupilas algo dilatadas. Esta vez su susurro fue menos tembloso.

.–Hermione –luego sonrió, aunque su sonrisa se borró en segundos y una lágrima se deslizó por su rostro–. M-me odias¿verdad?

.–¡Claro que no! –exclamó ella–. ¿Por qué debería hacerlo?

.–S-soy un m-mortífago –confesó, Hermione asintió.

.–Sí, lo sé. Pero lo que importa no es lo de aquí –dijo dando una suave palmadita en su frente–, sino lo de aquí –esta vez colocó la mano en su pecho, con suavidad.

Quedaron en silencio un rato más, mientras Hermione acariciaba el cabello de Draco y éste la miraba con ojitos enamorados. Luego, Hermione rompió el silencio.

.–Draco… –él pareció salir de su trance y parpadeó confundido, mirándola aún–¿es cierto lo que dijiste ayer¿cuando tenías fiebre¿es cierto que me quieres?

Draco abrió los ojos en demasía e intentó incorporarse, pero el dolor se lo impidió. ¿Cuándo coño había dicho él eso? Se llevó las manos al rostro y se cubrió con ellas, avergonzado. Oh, Dios… qué diablos he hecho, pensó. Luego apartó sus manos de su cara y la miró de nuevo, tenía una expresión triste, y Draco no sabía si era por lo que le había confesado o por la reacción que había tenido al saberlo. Pero decidió que ya no podía estar ocultándoselo más, tenía que decirlo.

.–Mione… yo… yo … –no le salían las palabras. Era la primera vez que se trababa y, para ser sincero, ahora que la conocía, odiaba esa sensación–. Sí, es cierto. Te quiero…

La chica no dijo nada, sólo le miró unos segundos, algo aturdida, y luego se acercó y le abrazó, siendo correspondida por él, mientras húmedas lágrimas se deslizaban por el cuello de Draco en su desesperada huida de los ojos de la joven. Entonces ella respondió, con voz aguda y llorosa.

.–Yo también te quiero, Draco, mucho –dijo sin dejar de abrazarle, las palabras retumbando en los oídos del chico.

El joven Malfoy no cabía en sí de felicidad. Abrazaba a Hermione con todas sus fuerzas y la besaba en el cuello, con el corazón palpitando dolorosamente en su pecho, sintiendo los latidos del de Hermione también. Se sentía como si le hubieran concedido todos sus deseos y, sin duda alguna, así había sido. Hermione le abrazaba con arrojo, poniendo su alma en ese acto, igual que él, y dejándose llevar por las sensaciones que recorrían su corazón.

.–Te quiero, te quiero, te quiero… –susurró Draco con suavidad, llorando ya de pura felicidad y alegría.

Tomó la cara de Hermione entre sus manos, enredando sus dedos en los rizos que rozaban contra ellos, y la separó de su hombro para mirarla a los ojos y contemplar ese brillo de felicidad que seguro él también tenía. Sus orbes castañas, que siempre habían sido hermosas, aún lo eran más debido a ese brillo especial que tanto le gustaba ver al mirarla. La acercó a él y, sin previo aviso y habiéndolo deseado durante muchas noches en vela, la besó. Un beso como nunca antes le había dado. El beso más hermoso y con más sentimiento que había compartido con alguien. Sus labios sólo se posaron sobre los de ella y, en ese primer contacto, se mantuvieron así. Sólo unidos, disfrutando de su contacto.


Bueno, qué, os gustó? Es el capítulo más largo que he escrito en todo el fic! Guau! Jejeje. Espero que os haya gustado. Por cierto, a partir de éste chap. —inclusive— todos los demás estarán reeditados, ok? Así que me imagino que tardaré algo más en actualizar. Sorry!

Mil bikos y gracias por leer!

Contestemos a los rr:

Mikitoooo: Ola! Por qué odias a Lucius? Sólo es un viejo deprimido y solo que no tiene otra cosa que hacer que tocar los coj… eso, jeje A mí me gusta solo que… a alguien había que poner de malo, no? Jajaja xD El primero que se me ocurrió fue mi rubito querido, pero en el fondo (muy en el fondo, de hecho) es adorable, o no? xD Nuse… no le odies. Lo mismo nos sorprende y se vuelve bueno (aún no está confirmado pero es una opción xD) Me matan si hago eso . Será que soy masoquista o algo xD Bueno, repito, que me enredo mucho: No odies a Lucius, en el fondo es un viejo aburrido que se aburre y busca formas de entretenimiento crueles. Jajaja xD Mil bikos y gracias por tu rr! Creo que me extendí un poco, no? Besos!

Reviews?

·PaddyPau·