EL PRINCIPIO DE UNA AMISTAD
18. ¿Alivio o dolor?
Despertó con las primeras luces del alba. Sentía una respiración suave que revolvía aún más sus cabellos, y no pudo evitar sonreír al recordar lo ocurrido la noche anterior. Había sido la mejor experiencia de su vida, muy distinta de todas las demás, para nada superficial y carente de sentimientos, como lo habían sido las anteriores.
Miró a su lado y se encontró con el rostro suave y tranquilo de Hermione, dormida. Estaba más hermosa que nunca. Sus preciosos ojos cerrados eran perfilados por sus pestañas negras, espesas y rizadas. Sus labios curvados en una sonrisa pacífica y suave, la más linda que le había visto hasta la fecha. El sol aún estaba saliendo, pero no tardaría mucho en iluminar la habitación con toda su luz.
Se incorporó un poco en la cama. La puerta estaba abierta. 'Así que Tonks ya se ha pasado por aquí' pensó mientras una sonrisa se formaba en sus labios. Pronto tuvo que volver a su posición inicial, pues unos brazos le reclamaban de vuelta en la cama. Hermione se había movido y recorría con sus manos el torso de Draco, buscando algún lugar donde aferrarse. El rubio sonrió cuando la chica encontró su cuello y le empujó de nuevo, inconscientemente, hacia abajo, devolviéndole a su lugar en la cama, para luego acomodar su cabeza en el lampiño pecho de su novio y seguir durmiendo plácidamente, sin inmutarse.
El mortífago rodeó la espalda de su novia con un brazo y con la mano del otro acarició su cabello y su mejilla. Miró hacia la mesilla para consultar la hora y se encontró con un post-it rosa pegado al reloj.
Buenos días, chicos:
Llegaré tarde a comer, así que os he dejado la comida en la nevera. Llamarme si necesitáis algo¿de acuerdo?
Espero que hayáis dormido bien (aunque es obvio que lo habéis hecho). Un beso,
Tonks
Sonrió. Esta Tonks… quitó el post-it de donde estaba y lo dejó sobre la mesilla, mirando la hora. Las ocho y media. ¿Por qué tenía el sueño tan ligero? Incluso en vacaciones se levantaba demasiado temprano, y eso no era normal. No al menos en un chaval de su edad. Volvió a acomodarse completamente en la cama y cerró los ojos, dispuesto a disfrutar de un plácido sueño bien merecido y más largo que el anterior. De nuevo los brazos de Hermione le acariciaron, pero esta vez sus piernas se unieron a la tarea, abrazándole y rozando una zona que le hizo mentalizarse de que seguía siendo un maldito adolescente hormonal y que eso no cambiaría en algunos años. Sonrió divertido y frustrado a la vez al notar que Hermione seguía rozándole sin querer. ¿Pero es que esa niña quería matarle? La respuesta, definitivamente, era afirmativa, pues la castaña utilizó ese preciso momento para colocar la cara contra el cuello de Draco y dejar que su aliento golpeara en ese sensible lugar que le robaba la cordura hasta límites insospechados.
'Para, Hermione, por Merlín, no me hagas esto, preciosa', pensó desesperado, con los dientes tan apretados que pareció que se le desencajaría la mandíbula.
Pero la chica, que no percibía el padecimiento del rubio, comenzó a abrazarle con más arrojo y, cuando finalmente, despertó cinco minutos después, Draco pensó que moriría al sentir la lengua de Hermione, que se lamía los labios, en su cuello.
.–Por Merlín, Hermione¿quieres matarme? –susurró al notar que ella había despertado.
.–¿Por qué lo dices, amor? –preguntó con cariño.
.–¿Cómo que por qué lo digo? Llevas por lo menos media hora tocando en ciertos lugares que…
La chica se sonrojó notablemente y susurró:
.–Lo siento, no me di cuenta.
.–Lo sé, cariño –tranquilizó Draco, y luego añadió con voz estrangulada–. ¡Pero aparta tus muslos de ahí si no quieres que haga algo que pueda parecer inmoral!
Y, a pesar de su inocencia, Hermione apretó más sus muslos alrededor del bajo vientre de Draco y le dijo al oído que en ese caso lo que habían hecho la noche anterior podría considerarse inmoral, y él le contestó que sí, pero que ahora sería aún más inmoral si lo hacían en esas condiciones porque él no iría despacio, sino que la tomaría con toda su fuerza y pasión. Ella no dijo nada, pero le incitó a hacerlo apretándose más contra él, y Draco acabó gimiendo y accediendo.
La hizo rodar sobre la cama y se situó encima de ella, sofocando los gemidos, que le provocaba el movimiento de las caderas de Hermione, contra su cuello y acariciando lujuriosamente todo el cuerpo de su novia, del mismo modo que no se había permitido hacerlo la noche anterior porque era su primera vez juntos y no quería que fuera superficial o sólo un escape para el desahogo sexual.
Ella gimió al sentir la dureza de su novio apretándose contra su vientre, pero le rodeó totalmente con sus piernas y dejó que la besara con una pasión desenfrenada. Sus lenguas se enredaron como si les fuera la vida en ello y ellos dieron vueltas por la cama sin dejar de besarse y acariciarse como locos.
.–Te quiero –susurró el rubio jadeando sin parar. Ella asintió, sin poder pronunciar palabra, y le besó de nuevo, inmersa en la pasión que ese beso le provocaba.
Draco besaba el cuello de Hermione cuando ella se levantó de golpe, haciendo que el rubio cayera de espaldas sobre la cama. La joven salió de la cama y corrió hacia el cuarto de baño, al final del pasillo. A pesar de la distancia, Draco pudo escuchar, aunque apagadas, las arcadas de su novia.
Levantándose rápidamente, se puso su bata y cogió la de la joven. Luego corrió hacia el baño.
Hermione estaba inclinada sobre la taza, devolviendo todo lo que había comido la noche y respirando entrecortadamente. El rubio se arrodilló tras ella y la recogió el pelo con una mano, sujetándola de la frente con la otra.
.–Shhh… tranquila… –susurró. Ella gimoteó y, cuando presintió que los vómitos habían desaparecido, se irguió ayudada por Draco. El rubio le puso la bata y la abrazó, haciendo que ella se sentase sobre sus rodillas. Sacando su varita del bolsillo de su bata, hizo aparecer un vaso de agua y se lo colocó a su novia en los labios, inclinándolo despacio para que ella bebiera tranquila–. ¿Estás mejor?
Hermione sólo asintió, asustada por lo que le había pasado y temblorosa por los vómitos. La sanadora Marcus le había dicho que era probable que sucediera algo así en las próximas semanas, pero no le dijo que fuera a ser tan pronto, apenas llevaba una semana de embarazo.
Draco se llevó a Hermione hacia la cama, cargándola en brazos, y la recostó suavemente en ella, acariciando su cabello y besando su frente para luego ir a tirar de la cadena al baño. Cuando estaba a punto hacerlo encontró algo que no esperaba, y corrió como alma que lleva el diablo hacia la sala, en busca de la chimenea.
.–¡San Mungo! –gritó asustado.
Una mujer le respondió suavemente.
.–Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas¿en qué puedo servirle?
.–Necesito hablar con la sanadora Marcus, de maternidad –dijo al borde de la desesperación.
.–Espere un momento, por favor –y entonces se escuchó la voz de la recepcionista amplificada por un hechizo–. Sanadora Marcus, se la reclama en Información, venga inmediatamente, por favor.
Unos minutos de espera en los que la mujer le tomó los datos de Hermione. Luego llegó la medibruja.
.–Sanadora Marcus, gracias a Merlín que la encuentro, necesito hablar con usted –dijo agitado–. Hermione ha tenido malestares y náuseas, y cuando ha vomitado, ha sido sangre lo que ha echado. Estoy preocupado.
La medibruja, aparentemente, también lo estaba.
.–¿Puede abrirme inmediatamente la conexión? Tengo que observar a la señorita Granger.
El rubio no dudó un minuto en hacerlo, y la mujer entró por la chimenea y siguió a Draco escaleras arriba, hasta el dormitorio que ambos compartían.
.–Voy a hacerla un chequeo, mientras tanto, usted dígame qué es lo que le ha pasado y qué comió ayer durante todo el día –dijo la sanadora.
Un par de horas más tarde, Draco vigilaba el sueño de Hermione mientras las lágrimas corrían por su rostro. Estaba preocupado por Hermione, la medibruja no le había querido decir nada, pero se había ido a San Mungo con expresión preocupada, y eso no auguraba nada bueno. Sabía que algo malo pasaba con Hermione, pero no sabía el qué, y eso le preocupaba aún más. Si no pasase nada malo la sanadora se lo habría dicho, pero no había sido así, entonces… ¿qué debía pensar¿Pasaría algo malo con su embarazo? No lo sabía, pero necesitaba hablar con alguien, así que se levantó de la silla que ocupaba y, dejando sola a su novia, se acercó a la chimenea del salón.
.–Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, sala común de Slytherin –dijo desganado. Frente a la chimenea había un par de niños, seguramente de primero, jugando al Snap explosivo–. Eh, niño –dijo, dirigiéndose al más cercano al hogar–¿están Pansy y Blaise ahí?
.–No lo sé, Sr. Malfoy –dijo el chiquillo–. Iremos a buscarlos –los dos críos desaparecieron de su vista y minutos después volvieron a aparecer–. No están, Sr. Malfoy. Lo siento.
.–¿Cómo que lo sientes¡Id a buscarlos¡Vamos! No andarán muy lejos –reprendió el rubio, cada vez más abatido. Miraba al vació cuando una chica rubia se arrodilló frente a la chimenea y le miró escrutadoramente.
.–¿Draco? –preguntó–. ¿Qué haces aquí?
.–Les he dicho a esos dos incompetentes que… –entonces cayó en la cuenta de con quién hablaba–. ¡Pansy¿Dónde está Blaise?
.–¡Blaise¡Mira quién está aquí! –Entonces un chico moreno con ojos color aceituna se arrodilló junto a la rubia.
.–¡Hey, Draco¿Qué tal estás, amigo? Nos enteramos por Potter de lo que pasó¿Granger se encuentra bien? –el rubio negó lentamente con la cabeza y dejó escapar un par de lágrimas, preocupando a sus dos amigos–. ¿Qué ocurre?
.–Necesito hablar con vosotros, os espero en casa de Tonks –dijo, y desapareció.
Cinco minutos después sus dos amigos se sentaban junto a él en la sala. El chico rubio les había contado ya todo lo que pasaba, pero no había querido que su voz sonase tan destrozada como lo hizo. Como si quisiera morirse y, francamente, así lo quería. Deseaba cambiar el padecimiento que estaba sufriendo Hermione por el suyo, pero no sabía cómo.
Los tres Slytherin subieron a la habitación dónde Hermione dormía, y Draco se sentó en la cama junto a su novia al tiempo que sus dos amigos se sentaban en la otra cama del dormitorio.
El rubio acariciaba ausentemente el cabello de su novia mientras ella dormía —según parecía plácidamente— y sus amigos le observaban con curiosidad.
.–Lo que más me preocupa es que la sanadora Marcus no me ha dicho qué ocurre. Sólo se fue con cara de preocupación y dijo que volvería, y no sé si es que a Hermione le está pasando algo, si al niño le está pasando algo o por qué vomitó esta mañana toda esa sangre –la voz del rubio denotaba una profunda preocupación y desesperación–. No sé si preocuparme porque va a volver o no hacerlo, no lo sé.
Hundió el rostro entre sus manos y su amiga se acercó a tranquilizarle. Miró a Blaise con preocupación, puesto que Draco no solía ponerse así por lo que les sucedía a otras personas, pero en cambio por ella se preocupaba profundamente, lo que demostraba que de verdad la quería.
.–Tranquilo, mi vida, ya verás como tarde o temprano todo pasará y ella estará perfectamente. Ahora sólo mantente cerca y cuida que no le pase nada –Blaise miró sorprendido a su amiga. Nunca la había oído hablar así, y eso demostraba que, aunque en el fondo, era una buena persona.
.–Pansy tiene razón, Draco –dijo Blaise, acercándose a su amigo también y quedándose de pie frente a ambos–, tan solo dale tiempo, pronto todo pasará.
.–No lo sé, chicos, no lo sé. No sé si seré capaz de aguantar lo que viene –les contó que Hermione estaba embarazada de su padre y que él había dicho que se haría responsable del niño, y luego continuó–. Pero no sé si podré. No sé si podré ver como mi hijo a mi hermano, al resultado de la asquerosa acción de mi padre. No lo sé.
Ambos chicos se quedaron callados, lo cierto es que no sabían qué decir, pues no se habían visto nunca en una situación así. Jamás con Draco Malfoy.
La sanadora Marcus llegó esa mañana antes de comer. Hermione ya había despertado, y se abrazaba a su novio mientras escuchaba las anécdotas de Pansy y Blaise. El rubio estaba sentado en la cama, con la espalda contra el cabecero, mientras rodeaba a la castaña con uno de sus brazos y le acariciaba el cabello con la otra. Ella estaba tumbada a su lado, con la cabeza apoyada en su pecho y le rodeaba con sus brazos, cerrando los ojos cada cierto tiempo, apaciguada por las caricias de su novio. Blaise y Pansy estaban sentados a los pies de la cama, mirándoles con una brillante sonrisa e intentando apartar a Draco de sus preocupaciones al tiempo que hacían reír a Hermione.
La Gryffindor nunca había visto a esos dos Slytherin comportarse de esa manera. Reían divertidos y la divertían a ella con las anécdotas del colegio. Lo que no entendía era por qué su novio no reía con ellos. Había comprobado que era un chico divertido y amable, pero ¿por qué no parecía en absoluto divertido en ese momento? Se giró hacia él y le miró. Tenía los ojos rojos y expresión triste, y ella no entendía por qué.
Cuando el rubio advirtió la mirada de su novia contra él sonrió tristemente, intentando —en vano— aparentar que no pasaba nada.
.–¿Qué te pasa, Draco? –preguntó preocupada. Él negó con la cabeza, dándole a entender que no pasaba, pero ella no le creyó–. Algo debe pasar, amor, nunca te había visto así.
.–No pasa nada, Mía, de verdad. No te preocupes –Blaise y Pansy le miraron con pena, su voz había sonado tremendamente desdichada, y Hermione se dio cuenta, al igual que sus amigos, de ello.
.–No me mientas, Draco –dijo–, por favor.
.–No te miento, preciosa, de verdad –el rubio miró suplicante a sus dos amigos, rogando porque le sacaran de ese aprieto.
.–No te preocupes, Hermione –dijo Pansy–, Draco es así, estará pensando en su madre, siempre que lo hace se pone así –Blaise corroboró el comentario de su amiga asintiendo con la cabeza.
.–¿Estás segura? –preguntó la castaña, desconfiada.
Pansy asintió, y le pidió con los ojos que no hiciera más preguntas. Hermione accedió y miró de nuevo a su novio, besándole suavemente en los labios antes de recostarse de nuevo contra su pecho.
Pansy recibió un silencioso gracias de Draco y entonces éste se quedó mirando un punto fijo por encima de su hombro. Blaise se giró y, siguiendo la mirada del moreno, Hermione miró hacia la puerta también.
.–Sanadora Marcus¿qué hace aquí? –preguntó sorprendida, puesto que cuando, horas antes, la medibruja la había atendido, ella estaba profundamente dormida.
.–Hola, Hermione, veo que ya despertaste –dijo la mujer. Hermione asintió, confundida–. ¿Qué tal te encuentras?
.–Bien, perfectamente –dijo la joven, algo desorientada. ¿Qué hacía la bruja en su casa? Y lo más importante¿Por qué le preguntaba que qué tal se encontraba?
.–Hola, Sr. Malfoy –dijo dirigiéndose al rubio junto a su paciente–. ¿Ha vuelto a ocurrir?
La chica miró a su novio. ¿Qué había ocurrido que ella no supiera?
.–No, sanadora Marcus, no ha vuelto a ocurrir –dijo el chico.
.–Bien.
.–¿El qué es lo que no ha vuelto a ocurrir¿Se puede saber qué es lo que pasa? –preguntó la chica, levantándose ya enfadada. Blaise se levantó también cuando Hermione se mareó y estuvo a punto de caer, pero el joven Sly la cogió a tiempo.
.–¡Hermione! –se asustó el rubio.
.–No se preocupe, Sr. Malfoy, es absolutamente normal que pase –dijo la sanadora en tono tranquilo–. Ha pasado toda la mañana descansando, no tiene fuerzas aún para levantarse, y menos aún tan bruscamente.
.–Sanadora Marcus… ¿qué me pasa? –preguntó Hermione, confundida y con todos los huesos del cuerpo adoloridos.
.–Aún no lo sé, Hermione, pero si te acuestas podré examinarte.
La chica hizo lo que la medibruja le pedía y se tumbó en la cama con la ayuda de Draco, que la sujetaba por la espalda para que no se dejase caer bruscamente, y con la de Blaise, que la agarró de los pies para tumbarla completamente en la cama. Cuando terminaron ambos dejaron espacio a la medibruja junto a la joven.
.–¿Podríais dejarnos solas, chicos?
Media hora después la medibruja les llamaba de nuevo a la habitación, al principio solo a Draco, que entró con el corazón en un puño, asustado.
Hermione tenía los ojos llenos de lágrimas derramadas, y la sanadora le miraba con profunda pena.
.–¿Qué le ocurre, sanadora Marcus? –preguntó acongojado.
.–Tengo una mala noticia, Sr. Malfoy…
El rubio sintió que su corazón latía con furia en su pecho y en todas sus extremidades. Se sentía profundamente asustado. ¿Y si le pasaba algo a Hermione¿Y si era su hijo el que estaba en peligro? Esas preguntas martilleaban fuertemente en su cabeza; y de repente sintió que su mundo se venía abajo al escuchar las siguientes palabras de la mujer, y las lágrimas pugnaron en sus ojos como dagas afiladas, igual que en los de Hermione.
Bueno, qué, os gustó? Sé que lo he dejado algo mal, pero todavía no sé seguro qué hacer con estos dos, la verdad. Bueno, me pondré dentro de poco con el siguiente chap. e intentaré actualizar antes, pero no prometo nada. Perdón por la tardanza! Besos a todos!
Reviews?
Los merezco?
Vamos con las contestaciones a los rr que me dejasteis en el chap. anterior:
Mikito: Ola! Me alegra que te guste Lucius, a mí también me encanta, pero tenéis razón todos los que me decís que en este chap. es un cabronazo, porque lo es, jeje ;) Y la próxima actualización… uff, no lo sé, me voy en agosto todo el mes y no creo que pueda escribir nada allí, porque no tengo ordenador, y mucho menos internet, jeje ;) Bueno, pos nada, espero que te guste este chap. y que no te enfades conmigo por tardar tanto. Besos!
Ichi Granger: Ola! Muchas gracias por leer, y me alegro que te guste. Besos! Bye!
Kaoru: Ola! Me alegro que te gustase, tanto la historia como el chap. Muchas gracias por leer y escribir. Besos!
·PaddyPau·
Miembro de muchas órdenes
