EL PRINCIPIO DE UNA AMISTAD
20. Te quiero
Blaise no dejó de besar a Pansy en ningún momento, no quería separarse de ella. Sin embargo, por lo visto ella sí quería separarse de él, pues puso una mano sobre su pecho para alejarle y le obligó a quitarse de encima de ella, levantándose después de que lo hiciera y cogiendo su ropa.
–Debemos volver a Hogwarts —dijo. Blaise la miró con dolor en sus ojos, pero ella se negaba a devolverle la mirada.
–¿Por qué te has separado¿Por qué ahora me saltas con que tenemos que volver a Hogwarts? —preguntó alterado.
–Porque es lo que debemos hacer, Blaise, simplemente —repuso ella.
–Pero… ¿y lo que ha pasado entre nosotros, Pansy? —preguntó él dolido.
–No ha pasado nada, Blaise. Nos hemos besado, punto. No volverá a suceder —el chico sintió que su corazón se partía en mil pedazos, pero rápidamente se recompuso y se colocó su máscara de indiferencia, levantándose con rapidez de la cama y cogiendo su ropa para ir al baño a lavarse y a vestirse. La chica sólo le vio marchar con una mirada triste y perdida. Luego negó con la cabeza y dejó que una lágrima se deslizase por su mejilla. Sabía que le había hecho daño, y eso le dolía por sobre cualquier otra cosa, pero tampoco podía hacer nada por remediarlo. Había terminado con Harry hacía nada, y no quería que su relación con Blaise fuera igual que la de Harry, aunque ella siempre había sentido por su amigo algo que sobrepasaba la amistad, por eso le había respondido al beso; pero no quería que Blaise saliera lastimado de todo eso.
Cuando Blaise y Pansy bajaron de la habitación apenas había pasado media hora desde que les habían dejado solos, pero, al ver sus caras, comprendieron todo perfectamente.
Hermione vio que Pansy mantenía la cabeza gacha, triste y pensativa, y aunque no pudo notar nada raro en Blaise aparte de su seriedad, Draco sí lo hizo, descubriendo el dolor en los ojos de su mejor amigo.
Pansy se acercó a la chimenea sin mirar a nadie y cogió un puñado de polvos Flu. Hermione se acercó a ella y le preguntó si volvía a Hogwarts. La rubia asintió, y Hermione sólo miró a Draco y a Blaise, que hablaban en susurros al otro lado de la habitación. Draco miró a su novia al sentir una mirada sobre ellos y sonrió.
-Ir yendo vosotras, ahora os alcanzamos —dijo mirando a Pansy. Luego miró a la Gry y sonrió ampliamente al ver sus ojos emocionados-. Te espero en la entrada a la sala común de Gryffindor en una hora —dijo sonriendo. La chica corrió hacia él y se arrojó en sus brazos, temblando de emoción por ver a sus amigos. Las clases ya habían comenzado, pero Hermione y Draco no volverían hasta la semana siguiente a la escuela, permiso especial de Dumbledore.
-Te quiero —dijo Hermione. Le besó en la mejilla, muy cerca del oído, y dijo—: Gracias.
-Ya —bromeó el Malfoy, también susurrando—, sólo me quieres cuando te dejo hacer lo que te da la gana. Pero yo también te quiero.
Se besaron brevemente en los labios y luego ella corrió junto a Pansy, que miraba hacia las llamas para no tener que observar la tierna escena que protagonizaba su amigo.
Cuando las chicas desaparecieron, Draco se quedó allí mirando a Blaise, haciendo que poco a poco su máscara cayera y él llorara abrazándose con desesperación al rubio. Éste le acarició la espalda y los lacios cabellos, y le susurró palabras tranquilizadoras al oído, pretendiendo que su amigo se calmase.
-Tranquilo, Blaise, tarde o temprano se dará cuenta de lo que está haciendo y volverá a ti como loca. Ya sabes como es Pansy. Es capaz de enamorarse locamente por un beso, y apuesto porque el tuyo se le ha clavado muy profundo —dijo el rubio.
-No hace falta que mientas para hacerme sentir mejor, no lo haces —rebatió el italiano.
Draco gruñó suavemente.
-No pretendo, si quieres sentirte como un asqueroso saco de mierda allá tú, no voy a impedírtelo.
Y, con las palabras de Draco, Blaise se dejó llevar, dejó que las lágrimas corrieran por su rostro sin control y se abrazó a Draco clamando por un cariño y una dulzura que en ese momento necesitaba, cariño y dulzura que, aunque nunca se enterara nadie —y ése era el plan— Draco le concedió sin reparos.
Llegaron al colegio una hora más tarde que las chicas, y cada uno se fue por su camino. Blaise a su dormitorio, pues quería estar solo, y Draco en dirección a la torre de Gryffindor, en busca de Hermione.
La chica aún no estaba en la puerta, pero no tardó mucho en salir, acompañada por Harry y por Ginny.
La castaña se lanzó a sus brazos en cuanto le vio y le besó en los labios con abandono, inconsciente de que Draco la había arrinconado contra una pared y la besaba como si no fuera a tener más oportunidades.
En cambio, Ginny y Harry sí se dieron cuenta, y el moreno carraspeó sonoramente para sacarles de su mundo. La pareja se separó sonrojada y jadeante, notando la mirada de algunos alumnos detrás de los dos Gry.
Draco miró a los alumnos cotillas detrás de los otros dos y frunció el ceño, acercándose a Hermione y susurrando en su oído:
-Esto puede considerarse voyeurismo.
La chica soltó una sonora carcajada y se abrazó a Draco sin dejar de reír. Fue en ese momento que se dio cuenta de que sus piernas rodeaban la cintura del rubio, pero no se molestó en separarse. Se sentía cercana a Draco, y eso le gustaba.
El rubio no tenía plan de quejarse, claro está. Se sentía demasiado bien así, con las piernas de Hermione rodeándole la cintura, sus pechos apretándose contra su cuerpo, sus manos en las nalgas de la leona. Y no pensaba apartarlas de allí, al fin y al cabo era su derecho.
-Bueno, vámonos de aquí, que no me gusta cómo te miran esos depravados —ella sólo se rió, asintiendo. Se despidió de sus amigos con un movimiento de su mano mientras Draco se la llevaba casi a rastras hasta la sala común de premios anuales.
-Hacía mucho tiempo que no estábamos aquí —dijo ella.
-Sí, la última vez que estuvimos estabas enfadada conmigo —rió Draco, apretando aún más las nalgas de la leona y, por consiguiente, haciendo que ella se pegase aún más a él—. Dios…
Hermione sólo rió. Sabiendo que estaba despertando sensaciones demasiado placenteras en Draco por el hecho de estar tan unida a él en su estrecho abrazo. Se acercó aún más al rubio y le besó detrás de una oreja, donde luego susurró:
-Te quiero…
-Mione… —advirtió Draco, excitándose demasiado rápido para su gusto.
Ella le sonrió inocentemente y le besó suavemente en la oreja, provocándole. Deslizó su lengua desde el lóbulo hasta el principio del cuello y lamió con suavidad, soplando luego la piel húmeda y haciendo que Draco gimiera estremecido.
-No hagas eso, bruja… —lloriqueó el rubio. Ella sólo rió. Y volvió a repetir la operación, esta vez más abajo, justo debajo de la oreja—. Mione…
-¿Qué? —rió ella suavemente, sin dejar de besar el cuello del chico, descendiendo cada vez más hasta llegar a la clavícula, la cual descubrió un poco para dejarla a su alcance. Draco gimió, maldita mujer, sabía de sobra que le volvía loco cuando besaba ese lugar, y aun así no paraba. Le estaba provocando y era consciente de ello.
-Eres… eres… oh… —no pudo evitar gemir ante un mordisco juguetón y ahí perdió el control. Afirmó sus manos en torno a las nalgas de Hermione y se dirigió a su habitación, dispuesto a terminar con el trabajo que la castaña había comenzado. Abrió la puerta como pudo y la cerró a sus espaldas con el pie, ocasionando un sonoro portazo que sin embargo no detuvo a Hermione en sus exploraciones. Se acercó a la cama y tumbó a la castaña suavemente, sin separase ni un centímetro de su cuerpo. Las piernas de Hermione no dejaron de rodearle, y él se acomodó mejor para no aplastar a su leona y poder explorar a su vez ese cuerpo que tan loco le volvía—. Ahora te vas a enterar —dijo comenzando a desabrochar los botones de su camisa muy despacio, haciendo a la chica suspirar ante la lentitud.
Hermione no dejó de besar la clavícula de Draco, pero se desplazó hacia su hombro desprendiéndole completamente de la camisa. El rubio se estremeció, pero no dijo nada. Se dedicó a seguir desabrochando los botones de la camisa de su amante, despacio, sin prisas, desesperándola.
Ella gimió suavecito, haciendo que el cuerpo de Draco se revolucionara. Le encantaba escucharla gemir así, le volvía loco y no podía evitar el besarla con locura, como si no hubiera nadie a parte de ella en su vida. Algo que era relativamente cierto.
-Te quiero —le dijo, besándola suavemente en los hombros desnudos, haciendo que ella riera suavemente, provocado por las cosquillas que la respiración de Draco le producía en ese sensible lugar.
Se separó de ella y besó su estómago con cariño, desnudándola con cuidado, con amor, más suavemente de lo que había tratado a nadie antes que a ella. La ropa de la joven voló por la habitación hasta aterrizar en un lugar desconocido para ambos.
Los labios del rubio se desplazaron hacia los pechos de la chica, y allí repartieron besos, lametones, mordiscos y pequeñas succiones que estremecían a la joven irremediablemente. Draco no perdió tiempo, refugió la cabeza entre las piernas de su pareja, llevándola al orgasmo varias veces antes de abandonar su lugar y ascender para besarla en los labios, uniendo su cuerpo al de ella para demostrarle sin lugar a dudas lo mucho que la deseaba.
La besó en los labios y ella rodeó de nuevo su cintura con las piernas, rogando porque la llenara. Él no se lo pensó dos veces, se afirmó en sus caderas y, con cuidado —como siempre— se introdujo lentamente en ella, haciéndola suya como nunca, con más cariño que las escasas veces anteriores, rogando porque aquella primera vez en la torre fuera inolvidable.
Hermione gimió, sintiéndose mejor que nunca, y arqueó su espalda, uniendo su cuerpo al de Draco y haciendo que éste gimiese al sentir los senos de su amante tan pegados a su pecho. La separó de él y la besó en los labios con pasión, haciendo que sus lenguas se unieran con pasión, dejándole anestesiado por la intensidad de los besos y los movimientos que poco a poco tomaba su acto. Cada vez más rápido, cada vez más pasional, cada vez con más locura.
-Dios… te quiero —gimió Draco cerca del final. Había esperado muchísimo por estar así con Hermione, y ahora que tenía pleno derecho y la oportunidad iba a aprovecharla cada vez que le fuera posible—. Eres… maravillosa.
Hermione se sonrojó, pero besó a su novio con más intensidad que antes, haciéndole gemir guturalmente, provocando que pequeños estremecimientos recorrieran su espalda de arriba abajo. Y entonces todo terminó, Draco se derrumbó sobre Hermione, cuidándose de no aplastarla con su cuerpo, y ella se relajó bajo él, dejando de rodearle con su cuerpo y respirando fuerte y profundamente en su oído.
-Te quiero, Draco —susurró, siendo correspondida por un suave beso que el rubio depositó en su sien.
Blaise se encerró en su dormitorio, sin querer ver ni hablar con nadie. Sólo que no esperaba encontrarse con lo que se encontró.
Pansy estaba tumbada en su cama, con el uniforme puesto, la falda un poco por encima de lo normal, el pelo desparramado en la almohada, acurrucada y dormida. Sabía que había estado esperándole, pero no sabía por qué. Simplemente las cosas le habían quedado claras esa tarde. No quería nada con él, aún estaba enamorada de Potter, o lo que fuera que sintiese por el cara rajada, que no era lo mismo que sentía por su mejor amigo, así que prefería olvidarlo. Simplemente dejarlo pasar, olvidarse de sus sentimientos y cuidar de su amiga.
Se sentó junto a ella y acarició su rubio cabello suavemente, haciendo que suspirase complacida, aún entre sueños.
-Dios, Pansy… lo que daría porque tú me quisieras como yo te quiero a ti… —susurró junto a su oído, inclinándose para oler su cabello… olía a canela… como siempre, como a él le gustaba.
Merlín, la quería, la quería con locura, y no creía poder soportar que ella no le quisiera de igual manera, le resultaba insoportable el sólo pensamiento de que no fuera así.
-Blaise… —susurró ella en sueños.
Una lágrima escapó de sus ojitos cerrados y el corazón de Blaise se encogió como un puño de hierro, sintiendo que el mundo se le caía encima y que el sufrimiento de Pansy se hacía suyo también. Era una sensación horrible.
Depositó un suave beso en sus labios y sonrió con tristeza. Ella lo sintió y abrió sus ojos despacito, sintiendo cómo se llenaban de lágrimas al verle y ver su sonrisa triste.
-Blaise, yo…
Se vio interrumpida por los labios de su amigo, y no fue capaz de rechazarle, no dos veces. Era demasiado intenso lo que sentía. Al diablo Harry y el daño que había sufrido junto a él, tal vez la vida le estaba dando una nueva oportunidad, y no pensaba desperdiciarla.
Blaise se separó lentamente de ella y la miró a los ojos. No la dejó hablar, fue él el que dijo todo lo que había que decir.
-No pienses, Pansy… sólo siente —la besó brevemente en los labios—. Pero si no sientes nada… házmelo saber.
Esta vez fue ella la que le besó, y Blaise correspondió al beso con el corazón lleno de mil sensaciones que no sabía cómo interpretar.
Ala, aquí está el chap. Ahora arrancarme la cabeza, descuartizarme y todo lo que queráis, sé que me lo merezco ;; pero es que mi inspiración no venía a mí… la muy bruja (o debería decir el muy cabrón) se fue de parranda con el muso de aykasha-peke y no se dignaba a aparecer ¬¬' así que ahí lo tenéis.
Espero que os haya gustado y eso y… nada más, despedirme, que a este paso no termino nunca de todas las disculpas que tengo que pedir ;;
Muchas gracias a todos aquellos que dejaron rr's en el chap. anterior, y a los que no también.
Vamos con las contestaciones:
Zephyrpotter: Ola nena!!!!! Me alegra que te haya gustado Actualicé tan pronto como pude, siento la tardanza, de verdad. Me alegra que te haya gustado lo de Pansy y Blaise. Besos y gracias por leer y escribir. Muackkkk
Besos a todos!!!!!!!
Reviews?? Los merezco?? Sé que no, pero tener piedad… que soy una pobre chica incomprendida… ;;
Yeire
