Witt.- Hola-hola! Aquí estoy nuevamente con otro capítulo sobre Matt.
Matt.- Si-si... ¿Por qué tenías que escribir sobre esto? (se nota enojado, creo que me matará sino digo algo bueno pronto ') Es algo muy personal (se ve tan lindo cuando se enfada .).
Witt.- Bueno-bueno, perdóname por existir. Luego te recompensaré llevándote a comer carne asada.
Matt.- ¿carne asada? (se le hizo agua la boca, sabía que eso lo convencería).
Witt.- Bien, ahora que tengo el consentimiento de Yama-chan para continuar el fic todoestá solucionado (lo que puede hacer un simple platillo).
Matt.- ¿"Yama... chan"?Oye! Reconsideraré la posibilidad de matarte si vuelves a llamarme así. Lo que escribes es algo muy íntimo, no sé por qué te lo confié.
Witt.- Porque en en fondo te caigo bien -, Yama-chan.
Matt.- Ahora si, ya colmaste mi paciencia!
Witt.- Bien-bien, pues antes de que Matt me extrangule, sólo me queda decirles ¡Disfruten el fic!
Broken Family
By: Zoe Wittgenstein or "Witt"
Capítulo III
Verdaderos amigos
La Elemental de Odaiba, ese sería el nombre de mi nueva escuela. No era un colegio que impresionara a nadie, no tenía gran prestigio y no tenía las mejores instalaciones de la ciudad, era un edificio escolar común y corriente. Supe por algunos rumores en los corredores del pasillo, que días antes habían llegado nuevos alumnos, seguramente provenientes de Hikarigaoka, como mi fam… es decir, como yo.
Mi padre había arreglado todo para obtener una cita con la directora de la escuela. Él estaba seguro de que me aceptarían, después de todo tenía buenas referencias: era un chico con buenas calificaciones, no me metía en problemas y mi conducta era calificada como tranquila y pacífica. A decir verdad, ese era el yo de antes, antes de la separación.
Mientras mi padre tenía una entrevista con la directora para decidir mi ingreso a la escuela, yo estaba en la recepción, sentado en una banca alargada pegada a la pared. Estaba algo nervioso, vigilaba con detenimiento cada rincón y cada cosa que me rodeaba; jugueteaba con mis dedos para mantenerme tranquilo; estaba muy inquieto, incluso balanceaba mis pies. Aún era lo suficientemente pequeño como para no alcanzar el suelo.
De pronto escuché un pequeño grito un poco alejado de ahí. Miré en dirección a la ventana y me dirigí hacia ella para ver lo que estaba pasando. En el patio trasero de la escuela había dos niños, uno moreno de cabello castaño y alborotado, y una niña de cabello anaranjado y piel morena clara. El niño de cabello castaño corría riendo, tenía algo en las manos, pero no lo pude distinguir bien. Ella lo perseguía hasta que se tropezó con algo y calló al suelo; estaba sobre sus rodillas y se notaba que lloraba un poco porque su nariz y ojos estaban rojos.
El niño de cabello castaño, al darse cuenta de que la niña se había caído se acercó a ella y se puso en cuclillas, probablemente se había dado cuenta del mal que le había causado. Mientras tanto alguien se acercó a ambos niños, quien supuse que era una profesora.
—¿Qué es lo que pasa, Takenouchi? —alcancé a escuchar casi como un susurro.
—Es que… es que… —la niña intentó contener las lágrimas —, Tai-chan me quitó mi sombrero y cuando corrí para perseguirlo me caí al suelo y… —miró su rodilla, tenía un poco de sangre en ella.
—Ta… Takenouchi —miró preocupada la pierna de la niña.
—¿Yagami? —la profesora volteó hacia él con una mirada muy seria —¿por qué hiciste eso?
—Lo-lo siento señorita Yamada, no pensé que… —intentó disculparse el niño.
La profesora ayudó a la niña a levantarse, sin embargo, ella no podía sostenerse en pie.
—Parece que te has torcido el tobillo, hay que llevarte cuanto antes a la enfermería.
La profesora mandó llamar a otro profesor, supuse que era para llevar a la niña a enfermería, mientras tanto ella tomó del hombro al niño y lo condujo hacia el interior del edificio mientras lo reprendía fuertemente.
—¿Matt?
Escuché una voz familiar detrás de mí, al voltear me di cuenta de que se trataba de mi padre y me alejé rápidamente de la ventana.
—¿Qué pasa? —me preguntó al ver lo raro que me estaba preocupando.
—N-no, no es nada —balbuceé un poco —, sólo miraba el jardín.
—Muy bien, ya arreglé todo con la directora, mañana ingresas a tu nueva escuela —me dijo con una gran sonrisa —¿Qué te parece si después de que me indiquen tus tareas, nos vamos a comer hamburguesas.
—¿"Hamburguesas"? —repetí mientras se me hacia agua la boca, las hamburguesas eran uno de mis platillos favoritos.
Mi papá me tomó de la mano mientras nos dirigíamos con la secretaria de la directora, ella se encargaría de poner en orden mis papeles y sellarlos para ingresar al día siguiente a la escuela. De pronto vi como frente a nosotros aparecía una malencarada profesora junto con el mismo niño que había visto en el jardín.
—Espero que hayas pensado muy bien en las consecuencias de tus actos, Yagami.
El niño mantenía la cabeza baja, sin duda estaba muy arrepentido de lo que había causado.
—Respóndeme algo —le gritó la profesora al notar que el niño no evocaba ningún sonido de su boca —. Muy bien, ya veremos si no le respondes a la profesora Yamaguchi.
Yo volteé para continuar viendo a aquel niño, él y la profesora estaban a punto de entrar a la oficina de la directora cuando de pronto vi correr a alguien que pasó como un rayo a mi lado, se trataba de la niña pelirroja. Corrió desesperada para llegar donde la profesora y el niño.
—¡Alto, profesora Yamada! —gritó la niña aún cuando le faltaba el aliento, se agachó un poco y cerró los ojos, se notaba muy cansada.
—¿Takenouchi¿No deberías estar en la enfermería?
—Ah… s-sí —respiró con dificultad, incluso jadeaba —, el profesor Toriyama me llevó cargando a la enfermería, pero como usted dijo que llevaría a Tai a la dirección por lo que había hecho, decidí venir.
—Pero, Takenouchi, tu pierna está herida.
—No-no —negó rotundamente —. Mire —comenzó a saltar sobre su pie —¿lo ve? Estoy muy bien —de pronto se quejó un poco y estuvo a punto de caer al suelo de no ser por el chico moreno, quien la sostuvo al ver que había perdido el equilibrio.
—Lo-lo siento mucho, Sora —rogó el niño mientras la sostenía —. No quería hacerte daño.
Una vez más la niña se quejó, pero al ver a su amigo sonrió sincera y cálidamente. Sin duda ella estaba dispuesta a hacer lo posible por evitar que su amigo fuera reprendido por la directora. Mientras tanto, la profesora miraba conmovida a ambos niños, era obvio que se trataban de unos buenos amigos y que lo ocasionado había sido sólo un accidente a causa de un juego de niños.
Ver a esos niños me hizo pensar que mi único amigo era Tk, pero ahora que estaba lejos de mí¿quién sería mi amigo¿Quién sería capaz de hacer lo que hizo aquella niña por mí? Estaba sólo en un distrito desconocido, con una nuevo departamento, una nueva habitación, escuela… incluso vida. ¿Qué me depararía el destino a partir de entonces?… ¿Estaría solo por siempre?
Por fin mi padre terminó todos los trámites para mi ingreso a esa primaria. Mientras tanto, parecía que los problemas de los niños se habían resuelto, la profesora había permitido que ambos se fueran a enfermería para que revisaran el pie de la niña. Ambos caminaron hacia la puerta de salida, yo estaba más o menos a un metro de distancia de esa puerta, cuando estuvieron frente a mí, ambos me miraron y ¿me sonrieron? Sí, me habían sonreído y continuado su camino, pero… ¿por qué me sonrieron ambos?
Antes de que me diera cuenta, los niños ya estaban fuera de aquella sala. Fue entonces cuando me di cuenta de la expresión de mi rostro: estaba sonriendo, sólo una leve sonrisa, pero eso demasiado para mí, después de todo no había sonreído sinceramente desde hacía cuatro semanas.
—¿Profesora Yamada? —la llamó la secretaría, tenía algo muy importante que decirle.
—Dígame, señorita Hiroki —se acercó a nosotros.
—Le presento a Ishida Yamato, será su nuevo alumno a partir de mañana.
—¿Uno más? —se agachó y me miró a los ojos con una sonrisa —Eres un chico muy apuesto, te esperaré mañana a las nueve —rozó mi rostro con su mano —, sé puntual.
Parecía ser una mujer amable, a pesar de lo fuerte que había reprendido al otro niño; quizá la había irritado el silencio.
A la mañana siguiente, mi padre preparaba el desayuno en la cocina, yo lo sabía porque lo escuchaba desde mi habitación. Era fácil averiguar lo que preparaba: huevos revueltos, pan tostado y jugo de naranja, lo único que sabía preparar sin que se le quemara o pegara en la sartén. Sé que era su primera semana como "padre soltero", pero ¿era muy difícil comprarle cereal a su hijo? Toda la semana me había dado de desayunar huevos revueltos, ya los odiaba.
Escuché sus pisadas por el corredor, se dirigía a mi habitación, seguramente ya había llegado la hora de levantarme.
—Matt, ya es hora de que te levantes —intentó sonar lo más cordial posible, últimamente yo me irritaba con facilidad —. Es hora de ir a tu nueva escuela…
—No quiero ir a la escuela —respondí cubriéndome completamente con la cobijas. Ese día amanecí furioso, quizá había tenido un mal sueño.
—Anda, no seas testarudo —insistió tratando de levantarme de la cama, sin embargo yo no hacía el más mínimo movimiento —. Matt, sé que estás molesto pero…
Me destapé la cara y la levanté por unos instantes, en mi rostro reflejaba enfado, me ardían los ojos, seguramente había llorado un poco por la madrugada.
—Odio este estúpido distrito —refunfuñé y justo al terminar mi frase volví a cubrirme el rostro —, lo odio.
—Ya basta. Debes entender Matt, tu madre y yo ya no teníamos nada en común, fue una decisión de los dos y…
—Tk y yo no tenemos ni voz ni voto, por eso los ¡ODIO! —grité furioso.
—Matt, sabes que no es cierto…
Aquí íbamos de nuevo, mi padre siempre empezaba así las conversaciones referentes a la familia, incluso yo lo había memorizado: "Matt, sabes que no es cierto, si tu madre y yo nos separamos fue por su bien, no deseábamos pelear más frente a ustedes. Sé que es difícil para ti, pero…" y terminaba con el clásico "cuando crezcas lo entenderás". Realmente quería evitarme el sermón y quería evitárselo a él, lo había repetido tantas veces que pienso que ya hasta él mismo se lo había creído.
—Creo que ya es un poco tarde —dije desganado —. Tengo que prepararme para ir a la escuela —me levanté de la cama, sería la única forma de evitar sostener una cordial conversación con mi padre.
Luego de terminar el desayuno, mi padre y yo subimos al auto con rumbo a la escuela. Durante todo el camino invadió el ambiente un silencio incómodo, ninguno evocó palabra alguna, todo estaba muy callado a excepción del motor del auto, el cual a causa de largos y dolorosos acontecimientos, no había sido verificado en mucho tiempo.
Yo miraba por el espejo a mi padre, su rostro se notaba algo raro. Yo lo sabía, era por eso que se notaba tan preocupado: tenía mucho miedo de cometer un error en la educación de su hijo mayor. Seguramente se sentía muy solo, pero yo también me sentía así. Incluso, para deshacerme de mis preocupaciones, comencé a jugar con el interruptor de la ventanilla: arriba, abajo, en medio, arriba…
—Matt…
—Sí, papá —respondí al tiempo en que dejaba de jugar con el interruptor, me sentía algo preocupado así que me aferré con fuerza a la mochila que sostenía sobre mis piernas.
—Ya llegamos a la escuela¿deseas que te acompañe hasta la puerta?
—No —bajé del auto algo apresurado —iré yo solo.
Cerré la puerta, mi padre me miró y sonrió un poco. Evadí su mirada, no tenía ganas de compartir uno de esos momentos de "padre-hijo" con él; mi papá lo comprendió y arrancó el auto. Suspiré profundamente y me dispuse a continuar con mi camino, era hora de enfrentar la realidad, fuera de las cuatro paredes de mi habitación.
Mi papá me había indicado que permaneciera fuera del salón de clases hasta que la profesora Yamada me lo indicara. Tenía mucha curiosidad por ver a mis compañeros de clase, así que, por unos instantes, me asomé discretamente por la puerta. Y ahí estaban, los mismos niños con quienes me había encontrado el día anterior. Una vez más estaban peleando por el sombrero de la niña pelirroja, ambos tiraban con fuerza del sombrero.
—Deja mi sombrero Tai —le pidió.
—Sora, no seas así, préstamelo un momento —rogó con la mirada, al parecer no había aprendido la lección.
—No, Tai-chan —se sentó en una banca exhausta y suspiró mientras que el niño se sentaba en la banca de adelante volteando hacia su amiga recargando su barbilla en el respaldo de la banca —. Pensé que después de tanto tiempo me había librado de ti —dijo cansada.
—¿A qué te refieres? —le preguntó el niño.
—A que después de mudarme de Hikarigaoka hacia Odaiba, pensé que jamás te volvería a ver —dijo Sora recargándose en el respaldo y poniendo sus brazos sobre su cabeza.
—¿Te molesta mucho?
La niña le sonrió, le guiñó el ojo y negó con la cabeza.
En ese momento sentí que alguien me rozaba el hombro con su mano, al voltear hacia arriba me di cuenta de que se trataba de mi nueva profesora, la señorita Yamada Kaede. Ella me miró y me guiñó el ojo, luego me tomó de la mano y me condujo al interior del aula de clases.
—Buenos días niños —saludó la profesora mientras se adentraba al salón de clases junto conmigo.
—Buenos días, profesora Yamada —saludó todo el grupo casi al unísono.
—Les presento a su nuevo compañero de clases, él viene de Hikarigaoka como algunos de ustedes y su nombre es…
Dando pie a que yo continuara con mi presentación, pero yo tenía pavor.
—Bu-buenos días —titubeé —. Mi nombre es Ishida Yamato —comenté en voz baja.
Me sentía como un extraterrestre siendo analizado por decenas de miradas de doctores, científicos e investigadores psicópatas. Ninguno de los chicos apartaba su vista de mí, miraban mi rostro, mi ropa, mi mochila… todo. No me gustaba ser observado, no era un espécimen animal en exhibición, sólo un niño.
Continuará…
Witt.- Hola! Bueno, espero que les esté gustando el fic… a partir de ahorita ya estoy escribiendo el siguiente capítulo. Agradezco a quienes han escrito reviews, sé que han sido pocos pero consistentes y me han sido de gran ayuda. Espero no defraudarlos,hago un pequeño intento por complacerles.
Si tienen alguna duda háganmelo saber mediante sus comentarios.
Matta ne!
Zoe Wittgenstein or "Witt"
