Broken Family

By: Zoe Wittgenstein or "Witt"


Capítulo V

Favor, con favor se paga

Luego de unos días después de mi ingreso a la primaria Odaiba, por fin me acostumbré a esa escuela y también a la vida en este Distrito, la verdad es que no odiaba el lugar, es sólo que me sentía incomodo al saber que nunca volvería a tener una familia feliz, sin embargo, a mis siete años había madurado mucho, mejor dicho, me había forzado a madurar.

Incluso logré tomar con mayor calma mi nueva rutina y la aprendí: levantarme de la cama; caminar casi a rastras para ir al baño a tomar una ducha con agua tibia para despertarme por completo; desayunar un poco de cereal que mi papá por fin se había dignado a comprar en vez de su horrible desayuno de antes; lavarme los dientes y fingir que escuchaba todo lo que decía papá de camino a la escuela. Cuando llegábamos a la puerta de entrada, todo terminaba con una frase: "Hiromi-san vendrá a recogerte a las tres, dile que pida algo para la cena" y arrancaba el auto camino hacia la televisora Fuji.

Yo sólo caminaba por el patio principal de la escuela, mi único objetivo era llegar al salón y permanecer sentado en mi pupitre y lejos del contacto con mis demás compañeros. Me había convertido en un niño solitario y antisocial, evitaba cualquier relación con la gente, los niños de mi clase ya lo sabían, muy pocos eran quienes se atrevían a dirigirme la palabra pues la mayoría de las veces yo respondía con gritos y desagrado.

Mientras permanecía en mi asiento, me gustaba ver por la ventana, la escuela tenía jardines amplios y arbustos muy verdes, también veía el cielo azul con unas graciosas nubes de algodón moviéndose lentamente al ritmo del viento. Había unas cuantas aves anidando sobre un gran árbol de cerezo, me gustaban esas avecillas, eran libres y corrían con el viento, eso me recordaba a la canción que tocaba con mi harmónica "corre con el viento" (Run with the Wind), siempre suspiraba al recordar mis sueños de libertad, algo que me costaría mucho tiempo conseguir.

Todos los días, a la hora del receso, yo me dirigía al mismo lugar, debajo del árbol a comer algo de lo que había sobrado de la cena de la noche anterior, esta vez habían sido unas cuantas bolas de arroz y de beber una soda sabor limón. Como siempre, muchos niños jugaban fútbol en la cancha, algunas niñas saltaban la cuerda, unos comían sus almuerzos en otro lugar del patio y otros jugaban un remedo de voleibol; todos ellos estaban acompañados al menos por uno o dos amigos o compañeros de clase, yo era el único que siempre estaba solo y así quería estar.

—¡Deja mi sombrero, Tai!

Escuché un gritito con reclamo un poco alejado de mí, la voz me parecía conocida y sin duda la situación también lo era. Ya que había terminado mi almuerzo, así que decidí acercarme a ver qué estaba ocurriendo, porque algunos niños no me dejaban ver. Al legar a aquel lugar, no me sorprendí al notar que, una vez más, Yagami-kun tenía en sus manos el sombrero de Takenouchi-san. Muchos niños estaban alrededor suyo, sus pequeñas riñas por el sombrero les parecían muy cómicas, aunque para mí ya era algo aburrido y monótono; siempre lo mismo: Yagami-kun le quitaba el sombrero a Takenouchi-san y las peleas siempre terminaban en tragedia.

Afortunadamente Takenouchi-san se había recuperado pronto del esguince que sufrió por culpa de su amigo, pero eso no quería decir que esta vez no ocurriría una desgracia, como todas las demás ocasiones. La semana pasada, Yagami-kun se golpeó la cabeza con una escoba; en otra ocasión a Takenouchi-san se le pegó una goma de mascar en el cabello; hace tres días, ambos rodaron por las escaleras y golpearon a la profesora más anciana de la escuela, la señorita Itachi y la tragedia más reciente fue cuando un pequeño pajarito hizo "sus gracias" justo en la frente de Yagami, la más cómica de todas y aún así, no entiende.

—¡Tai-chan! Dame mi sombrero ahora —pidió Takenouchi-san.

—No, nunca —respondió Yagami-kun mientras saltaba de un lado a otro tratando de huir de su amiga.

Takenouchi esta vez sí que estaba enfadada con su amigo, si a eso se le podía llamar amigo, así que decidió tomar una pequeña piedra del suelo y estaba dispuesta a lanzársela a la cabeza si era necesario para que él soltara su sombrero.

—Tai-chan, suelta ahora mismo mi sombrero o te lanzaré esta piedra —advirtió mientras fruncía el seño y apretaba con fuerza la piedra en su mano.

Sin embargo, Yagami-kun se negó y seguía corriendo por todas partes, de seguro no creía capaz a su amiga de lanzarle una piedra, pero se equivocó. Takenouchi-san lanzó la piedra tan fuerte y con tal precisión que golpeó a Yagami en la mano que sostenía el sombrero, este objeto comenzó a flotar en el aire, casi como si volara y, de un momento a otro, apareció un ave de la nada y tomó el sombrero de Takenouchi con el pico, confundiéndolo con su nido, quizá. ¿Qué es esto, una serie cómica? Eso sólo pasa en las películas¡qué ridiculez! En serio, esto no podía estar pasando.

El ave colocó el sombrero sobre una rama que estaba muy, pero muy alta. Todos los niños miramos al pobre sombrero colgando de la punta de la frágil rama.

—¡Tai-chan! —gritó Takenouchi-san entre un sollozo —. Tú tuviste la culpa —señaló mientras se cubría sus ojos —, ahora ve por mi sombrero.

—¿Estás loca? —reclamó Yagami —Ese árbol es enorme y tu sombrero está muy arriba.

Takenouchi comenzó a llorar con mayor fuerza, quizá ese sombrero era una posesión muy importante para ella y ahora estaba jugando el papel de adorno para el gran roble. Los niños comenzaron a irse, la riña entre los niños había terminado en tragedia, como siempre, y ya no había más que ver ahí.

—Discúlpame Sora —susurró Yagami —, no pensé que esto terminara así.

En mi antigua escuela, en Hikarigaoka, yo era un experto para trepar los árboles, incluso en la casa de mi abuela, en un pequeño poblado, pasaba horas enteras en su jardín saltando de una rama a otra ¿por qué habría de ser diferente aquí? Me acerqué al gran roble, en verdad era muy grande; suspiré profundamente al ver lo alto que se encontraba el sombrero y me dispuse a subir.

Me tomé de una rama, luego de otra y otra más, en realidad seguía siendo muy fácil para mí subir a los árboles, por fin llegué a la rama en donde se encontraba el sombrero de Takenouchi-san, en realidad era una rama muy delgada y frágil, pero tenía que arriesgarme, así que tomé una pequeña barita de madera que estaba suelta cerca del tronco y estiré lo más que pude mi brazo tratando de alcanzar el sombrero. Lo tomé con dificultad y lo guardé en mi bolsillo para evitar que se cayera, luego comencé a bajar lentamente por el tronco. Sin embargo, justo cuando estaba más o menos a un metro y medio de distancia del suelo, resbalé y caí.

—¡Ishida-san! —corrieron hacia mí Takenouchi-san y Yagami-kun, quienes después de tanto drama, ni siquiera se habían dado cuenta de que ya había subido y bajado del árbol —¿Te lastimaste?

—No, estoy bien —respondí fríamente mientras miraba un raspón en mi rodilla izquierda.

—¡Uy! Esa herida está profunda —comentó Yagami-kun casi horrorizado.

—¿Quieres que te acompañemos a enfermería? —preguntó Takenouchi.

—No, gracias —respondí entre dientes —, ya les dije que estoy bien —me levanté del suelo y me sacudí el polvo de la ropa, luego recordé por qué había subido al árbol y saqué el sombrero de mi bolsillo —. Toma —le extendí la mano a Takenouchi-san y le entregué su tan preciado sombrero, causante de tantas riñas y problemas escolares, luego caminé alejándome de ellos un poco —. Favor, con favor se paga —dije con la intención de que ella me escuchara —, estamos a mano.

Fui el único que se atrevió a subir por ese árbol para recuperar el sombrero, simplemente lo hice para devolverle el favor que me había hecho el primer día de clases con los ejercicios de matemáticas, no me gustaba deberle nada a nadie y devolverle su sombrero era la única manera de mantener las cuentas claras.

—¡Vaya¡¡Qué grosero! —gritó Yagami mientras yo me alejaba.

Caminé con un poco de dificultad hasta el baño, era urgente que lavara mi herida o se infectaría. Una vez ahí abrí la llave de agua y con ayuda de mi mano comencé a enjuagar mi rodilla. "Maldición", susurré, esto sí que ardía. Eso me pasaba por andar devolviendo favores, no lo volvería a hacer.

Algo que en verdad odiaba eran los estúpidos raspones, pero más que eso la horrible sustancia que me ponían en casa cuando las tenía, era peor que alcohol y más aterradora que limón sobre una herida, casi sentía cómo quemaba la piel; así que tendría que esconder esta herida de papá, es decir, no más pantalones cortos, al menos hasta que la herida sanara.

La hora del almuerzo había terminado, era hora de continuar con las clases y, como pude subí por las escaleras con el fin de llegar a mi salón de clases.

—¿Cómo sigue tu pierna, Ishida-kun? —me preguntó Yagami, quien caminaba al lado mío mientras subíamos las escaleras.

—Fue sólo un raspón —gruñí, debía pensar en una forma mejor de demostrar mi desagrado, al menos una con la cual no pareciera un perro sarnoso —, sobreviviré —respondí con ironía.

Fue en ese momento cuando resbalé con algo que había sobre las escaleras y casi caigo al suelo, si no ha sido porque Yagami-kun me sostuvo del brazo izquierdo justo antes de estrellarme contra el suelo.

—Ten más cuidado —me dijo con una tonta sonrisa —, podrías haberte roto algo.

Genial, ahora debía otro favor.

—Como sea —susurré enfadado mientras apartaba mi brazo de Yagami-kun —, te lo agradezco de todos modos.

—No hay de qué —respondió él.

Llegamos juntos al salón y nos sentamos en nuestros respectivos asientos, nuestra profesora había tardado en llegar, así que todos mis compañeros prolongaron un poco la hora del almuerzo, aunque fuera en el aula de clases. Puse mis brazos sobre mi pequeña mesita y recargué mi barbilla en ella, estos días de escuela habían sido un poco cansados y me gustaba tanto descansar que se había hecho casi rutinario que durmiera un poco en la escuela. Mis ojos estaban a punto de cerrarse cuando de pronto alguien puso de golpe un objeto frente a mi rostro.

—Te fuiste tan rápido que no tuve tiempo de agradecerte.

Miré a aquella persona, se trataba de Takenouchi-san, tenía una amplia sonrisa y el objeto que había dejado sobre mi mesa era algo que parecía ser un chocolate.

—¿Pe-perdón?

Takenouchi-san se sentó en su pupitre, pero volteando hacia mí.

—Que no pude agradecerte por haber recuperado mi sombrero —aclaró —, por eso te traje este chocolate como muestra de mi gratitud.

La miré con desagrado, tomé el chocolate y luego lo extendí hacia ella.

—Lo del sombrero lo hice por el favor que te debía, es todo —respondí cortante —, no es necesario que me des nada.

—Como quieras —lo tomó —, pero es un chocolate delicioso¿verdad Tai-chan? —miró a su amigo, quien se encontraba a nuestro lado derecho.

—Sí, en verdad es de los chocolates más ricos que he probado en mi vida.

Y al parecer, no había vivido mucho, esos chocolates se veían ricos, en serio, pero no valían mi dignidad.

—Anda, acéptalo —me pidió la pelirroja —, no te quitan nada, al contrario. Por favor, sólo quiero que me digas qué tal saben, mi mamá y yo los preparamos ayer por la tarde y me gustaría saber tu opinión acerca de su sabor.

—De acuerdo —susurré tomando el chocolate, después de todo casi nadie le dice "no" a una golosina.

—¿Y bien, qué te parece? —me preguntó Takenouchi-san, se notaba ansiosa por saber lo que pensaba.

—Sabe bien —respondí seco mientras envolvía el resto de la pieza de chocolate y la guardaba en mi bolsillo —, no es la gran cosa.

Takenouchi permaneció callada durante algunos instantes, quizá le había sorprendido mi respuesta.

—Entonces creo que tengo que mejorar la receta —comentó entusiasmada.

No entendí por qué había reaccionado así, yo estaba haciendo casi mi máximo esfuerzo para sonar grosero y ella lo tomaba con sumo optimismo.

—Aprecio mucho tu sinceridad, Ishida-kun, me alegra mucho que digas lo que piensas realmente —sonrió —, eso me ayudará a mejorar, te prometo que pronto traeré unos chocolates que sí sean de tu total agrado.

En realidad el chocolate sabía muy bien, es sólo que no quería admitirlo porque me había recordado el sabor de los chocolates que preparaba mi mamá en épocas navideñas, con figuras de regalos y árboles decorados, esa receta se la había enseñado mi abuela y era casi una tradición familiar preparar chocolates para noche buena. Todo lo relacionado con mamá me deprimía algunas veces y, otras, me enfurecía en verdad, lo peor de todo es que, hasta el más insignificante detalle me hacía recordarla, a ella y también a TK.

Agaché mi rostro, no quería que Yagami y Takenouchi me vieran así, yo sentía como ese líquido tibio y salado quería salir de mis ojos. No lo permitiría, no aquí, en ninguna parte, por favor. Apreté mis puños con fuerza, me valdría de todos los medios posibles para evitar que salieran lágrimas de mis ojos, "¡No salgan!", rogaba por dentro, "no quiero que me vean así, no soy un niño débil, no lo soy", imploraba desesperado, pero no pude evitarlo; una pequeña gotita se asomó por mi ojo derecho, estaba perdido. "Se burlarán de mí" pensé, entonces fingí un gran bostezo, sería el único modo de disimular esa humedad en mi rostro.

—¿Ishida-kun? —me miraron Yagami-kun y Takenouchi-san.

—Es sólo que tengo un poco de sueño —fingí una pequeña risita y tallé mis ojos, por fin me había tranquilizado.

—Es la primera vez que te veo sonreír —comentó Yagami-kun.

—No se burlen de mí, no es gracioso.

—No, no nos burlamos de ti —aseguró Takenouchi —, es sólo que queremos ser tus amigos.

¿"Amigos", ellos querían ser mis amigos, pero… ¿por qué?

Me limité a sonreírles, esta vez era sincero, a decir verdad ambos habían sido buenas personas conmigo y sin pedirme nada a cambio. No había necesidad de pedirles un favor, ellos lo harían, estaba seguro de eso y ni siquiera sabía por qué, ellos habían dejado de ser unos desconocidos para mí y a partir de aquel día dejé de llamarlos Takenouchi-san y Yagami-kun, ahora se habían convertido en Sora-san y Taichi-kun, mis primeros amigos en Odaiba.

Continuará…


Witt.- Hey¿Cómo están? Les agradezco mucho sus comentarios, en verdad me han sido de gran ayuda y me dan aliento para continuar escribiendo. T-T quiero decirles que odio hacer llorar a Matt, pero es muy necesario para hacer creíble la historia, sobretodo por la lucha entre el "llora" y el "No, no lo hagas".

Matt.- Sí, cómo no, ahora resulta que odias hacerme llorar, si hasta lo haces con saña, incluso te veo disfrutar hacerme llorar cuando escribes.

Witt.- Yo sería incapaz, sé lo que se siente y para nada que jugaría con eso¿qué, no confías en mí?

Matt.- Confío en ti, pero dudo mucho que puedas tomar algo en serio.

Witt.- Gracias, amigo ¬¬' eres terrible, no sé por qué pierdo mi tiempo escribiendo sobre ti.

Matt.- Lo mismo me pregunto.

Witt.- Ay! No vuelvo a compadecerme, para el próximo episodio voy a hacerte llorar enfrente de toda la escuela y mojar tus pantalones de la vergüenza!

Matt.- ¿Q-qué? x.x ¿Estás loca? o.O

Witt.- Neh! No podría hacerlo, sólo quería ver esa expresión en tu rostro xD. Hasta la próxima! Y no olviden pasar al departamento de Reviews para mandar sus quejas y sugerencias! Matta ne!