Broken Family
By: Zoe Wittgenstein or "Witt"
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Capítulo VI
La llamada
En los días subsecuentes las cosas no habían variado más de lo común, Sora-san y Taichi-kun seguían peleando como todo el tiempo: él le quitaba su sombrero, ella lo perseguía, gritaba e incluso lloraba, pero a diferencia de las ocasiones anteriores yo había aprendido a ver el lado cómico de las cosas, sabía perfectamente que a pesar de que cada riña tuviera ese tono lineal y homogéneo, tarde o temprano ocurriría una cosa extraordinaria que daría un jiro completo al resto del día. Y claro, éste no sería la diferencia.
En el almuerzo, Taichi-kun y Sora-san me invitaron a estar con ellos, los tres nos sentamos bajo la sombra de un árbol, los días eran bastante calurosos así que era muy agradable permanecer resguardados junto al gran roble. Ese día, papá había comprado especialmente para mí un paquete individual de sushi en el súper mercado, así que decidí llevarlo a la escuela para comer. Sora, había llevado unas deliciosas bolas de arroz que su madre preparó para ella.
—Oigan, ¿quieren una bola de arroz? —sugirió Sora mientras estiraba su brazo para acercarnos el pequeño contenedor de plástico en el cual llevaba su almuerzo —Mamá las preparó, espero que les guste.
—Yo… hmm… tengo un poco de sushi.
—Sí, hay que compartir nuestros almuerzos —dijo Taichi-kun con gran entusiasmo.
—Gran idea, Tai-chan —comentó Sora —. ¿Qué es lo que trajiste tú hoy?
Taichi-kun comenzó a husmear en una pequeña bolsa, de pronto, no se si sólo fui yo, pero empezó a percibirse un olor bastante extraño, el cual era muy parecido al atún, aunque con algo diferente.
—Un rico sándwich de atún, mamá lo preparó.
La gran sorpresa era ese sándwich, pero lo más extraño fue que unas cuantas moscas comenzaron a rodear el almuerzo de Yagami-kun. Sora-san y yo nos sorprendimos al ver aquel pedazo de pan que asemejaba un emparedado, que, a decir verdad no era lo más apetitoso que hubiera visto en mi vida, para ser más sincero y explícito, llegó a causarme náuseas con sólo verlo… ya no mencionemos el terrible olor.
—Yo paso… —dije mientras comía un poco de mi sushi.
—Yo… creo que las bolas de arroz serán suficientes para mí, Tai —dijo Sora —. Mi estómago es pequeño —sonrió.
—Y el mío muy sensible —susurré aún con comida en la boca.
Que Sora hubiera sido sutil para despreciar el sándwich de Taichi-kun no significaba que yo también tenía que hacerlo, además él era lo bastante tonto y distraído como para darse cuenta de lo que mis palabras significaban, así que nunca me preocupó herir sus sentimientos.
—Ah!!! Cómo quieran —dijo sin dar importancia a nuestras palabras —, más sándwich para Tai.
—Si fuera tú, no comería eso, Tai —le sugerí.
—Bah! Es sólo un delicioso… —mientras devoraba su almuerzo en un solo bocado —sándwich… —pero se detuvo mientras hacía una mueca horrenda que hacía evidente el enorme asco que le había provocado su emparedado.
—Yagh!!! —gritó Sora-san llena de horror.
—Tenía que ser, se lo trago todo —murmuré despreocupado.
—¿Estás bien, Tai-chan? —preguntó Sora-san muy preocupada por su amigo.
—¿Bromeas? —se levantó del suelo e hizo una pose bastante ridícula, como sintiéndose un gran héroe —Un tonto sándwich no podría vencer al gran Taichi Yagami —y luego, eructó —, ah! Jeje, lo siento.
Ahora llegamos al punto en que ustedes, como lectores, si es que me van siguiendo, se preguntarán: ¿Qué tiene que ver eso con las discusiones de Taichi y Sora-san y, más aún, con el sombrero de Sora? Pues ahora iremos casi directamente hasta esa parte.
En la clase de historia, una clase que en realidad no es muy de mi agrado, la profesora tenía la horrible costumbre de hacer tres preguntas al iniciar la sesión para saber si habíamos estudiado cosa que a todos los mantenía a la expectativa y con los nervios de punta. Al entrar, luego del almuerzo, la mayoría de los niños corría a tomar sus libros de historia y comenzaban a repasar los últimos capítulos que habíamos consultado en la escuela. Nunca sabías qué podía preguntarte, era como si se tratara de un examen, porque prácticamente cada una de nuestras palabras era tomada en cuenta como parte de la calificación para la materia.
Yo me había salvado dos veces, la primera porque Sora tuvo la amabilidad de decirme la respuesta en voz muy baja y la segunda porque tuve la suerte de que la respuesta a la pregunta que la profesora me hizo estuviera justo en la página del libro que yo mantenía abierta sobre mi pupitre. Y por ahora esperaba que la suerte me siguiera acompañando y que por ningún motivo la profesora me llegara a señalar en clase para ser víctima de una más de sus torturas.
El momento había llegado, la profesora había entrado a la clase y con una mirada muy fría nos observó con detenimiento a todos y cada uno de sus alumnos. De pronto levantó su mano y estiró su dedo índice hasta terminar por apuntarle a Taichi, mientras salía de su boca el nombre de él: "Yagami, es tu turno", dijo.
Tai pareció haberse quedado congelado, el color de su rostro había empalidecido, incluso llegaba a notarse un pequeño tono verduzco que resultaba ser bastante grotesco a la vista. Entonces él se levantó y dio unos cuantos pasos al frente con sus piernas temblorosas. Ahora estaba justo en frente la maestra y al lado izquierdo de Sora, quizá esperaba que estando ahí ella le soplaría la respuesta como alguna vez lo hizo conmigo.
—Bien, joven Yagami, dígame: ¿quién fue el emperador de Japón durante los años 1318 a 1339?
Hubo un silencio total, al parecer nadie de los presentes, salvo la profesora, quiero suponer, sabía la respuesta a esa pregunta tan rebuscada. Tai se puso aún más pálido, sus piernas apenas podían sostenerlo y temblaban como si fueran gelatina, se escuchó que tragó saliva y comenzó a balbucear un poco.
—Profesora, ¿me… me… permite ir al baño?
Todos comenzaron a reír al suponer que lo único que tramaba Taichi-kun era zafarse de la pregunta que le había hecho la profesora, era de esperarse, porque él no era el estudiante más brillante de la clase y no se le caracterizaba por ser un chico muy pertinente.
—¿Cómo? —preguntó la profesora —, No, claro que no, cuando responda a la pregunta que le hice lo pensaré, ahora sólo dígame, ¿quién fue el emperador de Japón en los años de 1318 a 1339?
Todos estábamos a la expectativa, esperábamos que, como siempre, Taichi-kun comenzara a reír como un tonto e inventara una excusa tonta como: "Tengo una hermana pequeña que a veces ensucia mi libro de historia" o "Ayer de camino a casa, unos chicos de la secundaria robaron mi libro de historia porque querían aprender más de la cultura japonesa", pretextos que obviamente nadie creía, pero que frecuentemente llegaban a sacar de sus cabales a la profesora hasta permitir que él se fuera a su asiento si le prometía no abrir más la boca en toda la clase.
—En serio… nece… sito… ir al… baño —dijo bastante nervioso.
—Taichi, no voy a dejarte salir de este salón hasta que no respondas mi pregunta.
—¡¡SORA!! —gritó mientras tomaba con sus manos el sombrero de Sora-san y lo llevaba hasta su boca para… para…
Sí, adivinaron: vomitar.
Muchos gritos comenzaron a escucharse en el salón, mientras la mitad de éste salía corriendo, probablemente al baño, contagiados por aquella escena tan asquerosa y desagradable que todos habíamos presenciado. Pero ni los gritos de todos los niños pudieron opacar el alarido que dio Sora con horror al darse cuenta de lo que había ocurrido con su amado sombrero.
—¡¡¡TAI!!! —gritó demasiado enfadada, era difícil verla de tal modo, casi siempre era una chica muy ecuánime —¿Cómo pudiste hacerme esto? —comenzó a llorar.
Y entonces la profesora tuvo que intervenir para evitar que Sora-san ahorcara a Taichi-kun, entonces ella se encargó de llevar a Tai a la enfermería, mientras pedía refuerzos para regresar a todos los alumnos al aula de clases.
De hecho, el escándalo que se había ocasionado sirvió como pretexto para dejarnos libres de las clases durante toda la tarde. Sí, pobre Taichi-kun, pero yo le advertí que no comiera ese sándwich podrido.
Al llegar a casa, me dediqué a ver televisión, Hiromi-san (mi niñera), como la mayoría de las veces se encontraba hablando por teléfono, hasta que alguien tocó el timbre del apartamento y decidió bajar, pues se trataba del repartidor de pizzas. Sé que no es muy saludable una pizza para la cena, pero en verdad era deliciosa.
De pronto, sonó el teléfono, hice una mueca de enojo porque estaba a punto de pasar la parte más interesante de mi programa de televisión favorito, pero decidí levantarme para ir a contestar.
—¿Hola…? —saludé sin ánimos.
—Matt… —escuché una voz aguda que balbuceaba mi nombre, en ese instante la reconocí.
—¿T… Tk, eres tú?
—Hemano —dijo con su tierna voz mientras hacía que mi corazón se detuviera por la emoción —¿Cómo tas?
—Tk, yo estoy bien… tú, ¿cómo estás? —dije un poco alterado, porque me asusté al pensar que algo malo pudiera estarle ocurriendo a él… o a mamá.
—Te estraño —me confesó —, ¿cuándo estaremos todos en casa de nuevo?
En ese momento escuché la voz de mamá al otro lado, apenas podía percibir lo que decía.
"Tk, te he dicho muchas veces que no juegues con el teléfono"
E inmediatamente después la llamada se cortó.
¿Cuándo estaremos todo juntos en casa de nuevo? Lo mismo me preguntaba cada día desde el momento en que mi familia abandonó Hikarigaoka yendo por caminos distintos. Y volví a llorar, aunque no quería hacerlo.
Una vez más, después de varias semanas, había escuchado la voz de mi hermano menor, él me extrañaba y me necesitaba. Sentí un terrible ardor en el pecho y mi garganta se había cerrado sin darme la posibilidad de hablar, mucho menos podía gritar.
Entonces Hiromi-san abrió la puerta con la pizza en las manos mientras me decía entre una sonrisa: "Mira, Yama-chan, lo que traigo: Peperoni, tu favorita". Pero como era de esperarse, ya no tenía ganas de probar bocado, entonces sólo corrí hacia mi habitación sin importarme que en medio del camino se encontrara ella y tuviera que empujarla para apartarla de ahí.
Cerré la puerta y hundí mi cabeza en la almohada esperando que el sonido de mi llanto no pudiera traspasar fuera de las plumas de ganso. Hiromi-san me había seguido hasta la habitación, entonces, tras la puerta, mientras daba pequeños golpecitos con sus dedos, quiso saber el por qué de mi actitud. Pero, como siempre, no encontró respuesta en mí.
Quizá una hora más tarde mi padre por fin llegó a casa, escuché unos leves murmullos desde mi habitación.
—No probó bocado —dijo Hiromi-san.
—Pero, ¿está bien? —expresó mi padre notándose en su voz un tono de preocupación
—No lo sé, lo seguí hasta la habitación, pero no quiso abrirme.
—Gracias Hiromi-san, cuídate.
Y escuché cómo se cerraba la puerta y luego silencio total.
Mientras tanto yo decidí voltear mi cuerpo boca arriba para mirar el techo con la luz apagada parecía estar todo completamente vacío y en mi mente visualicé el rostro de Tk y el de mi mamá, tratando de no olvidar ninguno de sus rasgos ¿y si llegaba a olvidarme de ellos?
Entonces escuché pisadas recorrer el pasillo que conducía a mi habitación, acto seguido tocaron a mi puerta.
—¿Matt? Ábreme la puerta, dime, ¿qué es lo que te pasa? Por favor.
Pero yo no le contestaba, no quería verlo, no quería ver a nadie.
—Matt, estoy preocupado por ti, sólo quiero saber que te encuentras bien.
No me pregunten por qué, pero un impulso hizo que me levantara de la cama para abrirle la puerta a mi papá, pero inmediatamente después me lancé a la cama para sentarme en ella.
—Gracias Matt, mira —dijo mientras me acercaba un plato —te traje un poco de Pizza, Hiromi-san me dijo que no comiste nada. Anda pruébala, la calenté en el horno de microondas.
Estiré mi brazo y tomé el plato para comenzar a comer, mi apetito había despertado al fin. Mientras tanto, mi papá sólo se quedó mirándome con detenimiento, como si hubieran pasado días desde la última vez que me vio. Y decidí confesarle mi secreto.
—Llamó Tk —dije hablando con la boca llena.
Mi papá se notó muy interesado en la conversación.
—No sé cómo ni por qué, pero llamó aquí. Me dijo que me extraña y que quería que todo fuera como antes. Pero, al parecer mamá no sabía que estaba hablando conmigo y cortó la llamada.
—Sé que esto es difícil para ti, Matt, pero…
—No —lo interrumpí —, no lo dije para que me consueles, sólo necesitaba decírtelo.
Mi papá suspiró, se acercó a mí mientras me daba un beso en la frente y me retiraba el plato de las manos mientras susurraba un "Buenas noches" y salía de la habitación.
Mientras tanto yo me arropé y continué mirando hacía el techo como lo había hecho minutos antes, a decir verdad, me sentí muy bien cuando le confesé a mi padre lo que había pasado, fue una forma de liberarme y fue la única forma en que logré que aquel ardor en mi pecho se apagara. Fue entonces cuando recordé lo que había pasado en la escuela aquella tarde, lo ocurrido con Taichi-kun había sido tan absurdo que me hizo reír.
Reí como en mucho tiempo no lo hacía, me sentía feliz, absurdo, pero feliz. Escuché la voz de mi hermano Tk y lo sentí tan cera como antes, me alegraba que aún me recordara, aunque me preocupaba que él pudiera sentir lo mismo que yo, aunque continuaba riendo como un impulso, como si a mi cuerpo le hiciera falta esa sensación de felicidad.
Ese sería un día que jamás olvidaría.
Continuará…
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Witt: Ah!! T-T Dios mío, sí me conmoví, qué cosas…
Matt: Hasta que por fin haces que ría.
Witt: Sí!! Y te ves tan adorable que quiero dos para llevar!!
Matt: Q-qué??
Witt: Ejem lo siento, no lo pude evitar pero es que… detiene la cinta justo en la expresión de Matt mientras ríe alegre MÍRATE!!! Cualquiera querría uno como tú en casa T-T
Matt: n.nU jeje
Witt: Bien, espero que les haya gustado la continuación de este fic, àra cualquier queja o sugerencia diríjanse a "submit review" Matta ne!
