Bebidormiens, Poción mal hecha

Lamento la demora, estaba el capítulo lo bastante avanzado cuando al DD se le ocurrió hacerme la gracia del siglo ¡Se murió!, así que se perdió todo aquello que no estaba respaldado, o sea, todos los fics inconclusos y algunos otros que pensé no era necesario salvar. A Dios gracias, casi todo está en la red, así que podré recuperar mis historias, sin embargo, el comenzar de nuevo este capítulo significa que no salió ya para año nuevo.
Disculpen las molestias que mi Pc ha ocasionado y sigan leyéndome y dejando sus cometarios.

En familia

Dos largos meses habían pasado de largo, sin pena ni gloria, mientras sus hijos crecían y se volvían cada día más inquietos, sin que Draco pudiese concretar siquiera una medida de conquista con su despistado esposo, cada vez que se ponía cariñoso de más con él, o Harry encontraba una excusa para escapar o alguien venía y los interrumpía, cosa que en la mayor parte de los casos se debía a sus hijos. Pero lo peor de todo no era eso, sino que le parecía que hasta el perro se reía de sus malogrados intentos de hacerle el amor a su esposo, que de seguir así iba a terminar violando antes de navidad.
- He conseguido una empresa especializada en limpieza mágica de mansiones abandonadas para Grimauld Place – le dijo Harry complacido sacándolo de su ensimismamiento – claro que esto ha significado hacer unas modificaciones al sistema de protección mágico del lugar y que tendremos que poner otros conjuros para proteger nuestra intimidad…
- Como si la tuviéramos – dijo el rubio entre dientes mientras intentaba evitar que James se comiera sus deberes de encantamientos.
- Y algunos otros para evitar que los niños se desplacen por las escaleras cuando no haya nadie vigilándolos – dijo sin haberlo escuchado.
- Me parece bien – dijo Draco consiguiendo guardar al fin todos sus útiles en el baúl – espero que ellos nos dejen hacer nuestros deberes de vacaciones.
- No creo que ellos sean mayor problema, si tranquilizamos a James podremos dejar a los otros jugando en la sala sin que causen desastre alguno.
El animago miró a su ahijado sorprendido, Harry bien podía ser un chico muy listo, pero en cuanto a su familia era muy miope, si ni siquiera veía las intenciones de su enamorado esposo ¿cómo iba a notar que cada uno de sus hijos era capaz de asumir el cargo de cabecilla de los demás, ya que cada uno era un heredero de los merodeadores en potencia? Al parecer iba a tener que vivir en carne propia las travesuras de los mini merodeadores antes de descubrir la verdad acerca de ellos, se dijo apoyando su cabeza en las patas delanteras.

Dos días pasaron mientras esperaban la respuesta de los encargados de aseo de la casa, claro que sólo el día anterior les había dado la fecha de salida de vacaciones, cosa que se haría válida ese sábado, en vez de ir a Hogsmeade se irían a Grimauld Place número 12 desde la oficina de la directora. Harry le había explicado que era para que nadie supiera a donde iban, pero Draco sospechaba que era para mantener una cierta distancia con Snape, que no había dejado de lanzarle pullas a su esposo durante la última clase.
El ulular de una lechuza lo sacó de sus pensamientos y vio a la negra ave revoloteando a su alrededor con lo que parecía ser una nota en su pata. Se le hizo familiar, al parecer era una de las tantas que había en su casa.
- ¿Será una respuesta de los encargados del aseo de mi casa? – le dijo Harry.
Draco se adelantó y el ave se posó en su brazo permitiéndole tomar la nota, después se echó a volar por la misma ventana por la que había entrado.
- Tiene el escudo de mi familia – le dijo preocupado – al parecer es una nota de mi padre – abrió la nota y leyó:

"Haz hecho una muy buena jugada, te felicito"

Vaya que los Malfoy sabían ser parcos en sus palabras, se dijo Harry, pero le extrañó el posible significado de ellas. Entonces, notó la palidez que tomaba la piel de su esposo y por poco evitó que diera con sus huesos en el suelo al detener su caída.
- ¡Draco! – dijo espantado recordando que sus hijos estaban allí – Por Merlín, despierta – le pidió recostándolo en el sofá – tiene que haber sido la nota, ese Lucius – se volvió hacia los niños que lo miraban preocupados por su ma – Dobby ¿puedes decirle al Profesor Snape que venga, que algo le pasó a Draco?
- Claro, amo, lo que usted ordene – le dijo haciendo una inclinación y desapareció.
- Winky ¿puedes hacerte cargo de los bebés mientras dejo a Draco en la habitación? – le dijo a la elfina que los miraba preocupada y ella asintió – no se preocupen, amorcitos, dejaremos dormir un rato a su ma en la habitación y vendré a leerles un cuento ¿si? – les dijo cargando con mucho cuidado a Draco.
- De seguro Lucius le echó algún maleficio en la nota que se activaba con su sangre – le dijo Siber llevando la nota en el hocico antes de recuperar su forma humana – siempre ha sido un pésimo perdedor.
- ¿Qué crees que signifiquen sus palabras?
- Creo que se ha enterado de vuestro matrimonio – le dijo – y está molesto.
- Pero Draco es su hijo, su sangre, no veo la razón para dañarlo a él.
- Bueno, para mí tampoco es comprensible, por muy enojado que estuviera jamás le haría daño a mi propio hijo y menos de esa manera – dijo molesto – parece que Snivellus llegó volando – agregó recobrando su forma perruna.
- ¿Qué le has hecho a Draco ahora? – le dijo furioso.
- ¿Por qué siempre piensa lo peor y me echa la culpa a mí? – le replicó de vuelta – fue esta nota que le mandó su padre la culpable que esté así – se la mostró – de solo leerla Draco se desmayó.
- ¿Y se puede saber qué significan estas palabras?
- ¿Importa mucho lo que signifiquen? – le replicó molesto, para él era más importante la salud de su esposo que lo demás – Puede no ser nada, no fueron ellas las que lo dejaron así – señaló al inconsciente rubio.
- Investigaré qué diablos le mandó Lucius, pero podría tomar tiempo.
- Despedazaré a Lucius Malfoy – dijo molesto – si eso atacó a Draco, bien pudo atacar a uno de los bebés y hacerle daño.
- A Lucius le importa poco ese tipo de cosas – le dijo encogiéndose de hombros.
- ¡Aún tratándose de su propio hijo! – dijo escandalizado – lo voy a convertir en trozos tan pequeños que ni los gusanos los van a encontrar – dijo furioso perdiendo la paciencia – lo voy a matar tan lentamente que…
Snape lo miró asombrado, había escuchado decir que a principio del semestre Potter se le había echado encima a Draco convertido en león, pero pensaba que eran exageraciones de los estudiantes menores de su casa, al parecer cuando este se salía de sus casillas o lo dominaba una emoción violenta, se transformaba en ese animal, vaya muchachito exhibicionista.
Un ladrido desconcertó a Harry y se dio cuenta de lo que le había pasado, regresando a la normalidad avergonzado.
- Parece que algo siente por Draco, Potter, pero debería controlarse.
- Si no quiere ser parte de la cena, encuentre el conjuro que despierte a Draco – le dijo amoscado desviando la mirada.
- Que genio, se parece a su padre – le dijo burlón y escuchó los llantos de los bebés – parece que allá afuera lo necesitan.
- ¿Por qué no se va a hacer lo que tiene que hacer? – casi le ladró - Lo podría dejar en detención por su insolencia, Potter – lo amenazó saliendo.
- No creo que a Draco le agrade pasar todas las vacaciones solo con los niños – le replicó pasando por la cortina – ya, amorcitos, su papi les leerá un cuento mientras su ma duerme ¿de acuerdo? Así que quedémonos calladitos.

Había sido casi una tarea titánica mantener a esos cinco en silencio mucho rato, si no era uno, era otro el que se acordaba de su ma y por más que les recordaba que este "dormía", ellos le llamaban o intentaban ir a la habitación a verle.
- Parece estar sufriendo, Potter – le dijo Snape burlón.
- Es que Draco es quien se encarga de hacerlos dormir la siesta, yo simplemente les leo un cuento y me dedico a mirarlos – suspiró colocando a Sirius en su cunita cubriéndolo con su manta, era el último siempre en dormirse. Vio a Snape dirigirse a la habitación y después de cerciorarse que los bebés dormían, lo siguió.
- Es extraño, revisé bien la nota y no tiene nada extraño…
- Maldito Lucius, pero ni que se le ocurra acercarse a nosotros o se las va a ver conmigo – gruñó Harry acariciando la frente del rubio.
- Y tampoco he podido localizarlo a él para que me dé esa información – ignoró su interrupción divertido por la actitud del muchacho.
- Pobre Draco, la laya de padre que te vino a tocar, pero nosotros tendremos una familia mejor – le dijo dándole un suave beso en la sien.
Snape miró a su ahijado asombrado, un simple beso lo había hecho recobrar el color en su rostro, eso podía significar una cosa ¿cómo no pensó en ese hechizo antes? Se dijo, pero la respuesta llegó a él de inmediato, era un hechizo que había inventado un muggle con tanta suerte que funcionaba, pero siendo Lucius quien era, jamás lo habría creído capaz de usarlo.
- Parece que es el hechizo de la bella durmiente – dijo al fin.
- ¿Qué? – dijo entre asombrado y preocupado. Claro que conocía la historia ¿qué chico en cualquier escuela muggle no había visto o leído ese cuento? Pero a la bella durmiente la habían despertado con un beso de amor de su príncipe azul, y el no lo era de Draco ¿verdad? Eso sólo podía saberlo el rubio, así que quizás ni siquiera le sirviera el antídoto, se dijo ruborizado - Creo que va a tener que besarlo, Potter – le dijo comprendiendo su dilema y divirtiéndose de antemano con ello.
Harry se inclinó nuevamente sobre Draco y rozó con suavidad los labios del rubio, pero este no abrió los ojos para nada.
- Eso no es un beso, Potter ¿acaso no sabe hacerlo?
- Nunca lo he hecho – le replicó molesto volviendo a inclinarse sobre Draco. Este en realidad había despertado con el primero, pero quería un beso de verdad, y las palabras de Harry habían puesto un delicioso calorcito en su corazón, era el primero al que le daba un beso de verdad, así que al sentir su cálido aliento sobre sus mejillas, separó sus labios permitiendo que los de Harry se hundieran en los suyos, haciendo el beso profundo, sensual, salvaje.
- Creo que se está pasando de la raya – le dijo Snape con asco, ello sacó a Harry del hechizo y se separó del rubio mientras este echaba pestes por dentro, claro que sin dejarlo traslucir, por haber perdido la ocasión de echarle los brazos al cuello para que disfrutar mejor del beso.
- ¿Estás bien, Draco? – dijo el moreno evitando la mirada burlona del animago.
- Si, creo que si – suspiró "pero estaría mejor si hubiese durado un poco más", agregó para sí lanzándole miradas cargadas de odio a su padrino que hacia gestos de estar aguantándose las ganas de vomitar – ¿y los niños?
- De momento, duermen – le sonrió ya más calmado – ahora podremos planear nuestras vacaciones a gusto – lo abrazó – me asustaste ¿sabes?
- ¿Y se puede saber a dónde van a pasar sus vacaciones? – dijo Snape asqueado por aquella demostración de amor.
- A un nidito de amor – le replicó Harry – y bien lejos de usted.
Snape estuvo a punto de replicar algo, pero se lo pensó mejor, de seguro el propio Draco se encargaría de hacerlo pagar por sus palabras.
- Así que se van a ir de juerga con cinco niños, les deseo suerte, entonces – les dijo y se retiró.
- Tenga cuidado o le puede pasar lo que le dije – le dijo entre dientes abrazando con fuerza a Draco.
Si, los leones eran terriblemente posesivos con los suyos y al parecer el pobre Draco había caído dentro de esta categoría para Potter. En fin, no había mucho que hacer si no quería que el verdadero león saliera a la luz y cumpliera su palabra de despedazarlo.
Una lechuza blanca entró por su lado, pero se guardó su curiosidad, no iba a caer tan bajo como lo hacían todos los Gryffindor.
- Hedwig – la saludo Harry escuchando que la puerta se cerraba, de seguro Snape ya se había ido – me traes buenas noticias ¿verdad? – la blanca lechuza pareció asentir – genial – le acarició la cabeza, tomó la nota y ella se marchó – es de los encargados del aseo – le mostró a Draco.

"Estimado Señor Potter:
Le informamos que hemos terminado de limpiar su casa, hemos eliminado todas las alimañas y los hechizos que pudiesen hacerle daño a cualquier pequeño, incluso hemos conseguido retirar de la parte alta de la escalera un retrato escandaloso que a cada rato profería insultos aduciendo que ella era la verdadera dueña de la casa, que no teníamos derecho, usted debe saber. También hemos repuesto los hechizos defensores que nos vimos obligados a romper, además de poner el que nos pidió. Con todo esto, la casa ha quedado habitable, pero algunos conjuros son temporales, deberá reforzarlos más adelante".

- Ahora sí nos podemos ir – le dijo dándole a Draco un suave beso en los labios que dejó al rubio con deseos de más, pero el moreno ya había salido de la habitación a ver a sus hijos, que seguían durmiendo.
- Quizás allá consiga seducirlo de verdad – se dijo mirando la nota de los del aseo ¿de quién sería el retrato escandaloso del que hablaban? Quizás de alguno de sus antepasados que no querían a Harry por no ser alguien de sangre limpia.
El animago miró hacia la cortina, así que al fin el retrato de su madre los iba a dejar en paz viviendo por una temporada en la que fuera la casa en Londres de los Black por muchas generaciones.

Era raro volver a esa casa después de tanto tiempo, desde aquella última navidad que pasó con Sirius que no había vuelto a poner un pie en Grimauld Place, de sólo imaginarse allí había tenido pesadillas sintiéndose culpable por la muerte de su querido padrino, pero ahora resultaba que él estaba vivo, oculto nuevamente en un disfraz de perro, pero con él, ayudándolo a cuidar de sus desordenados hijos.
- Realmente son Potter – le dijo en voz baja luego que Draco se marchara con los elfos y los niños por la red de polvos Floo mientras él se hacía cargo del equipaje – es como ver a tu padre multiplicado por cinco.
- ¡Ay de mi! – se rió y activó el traslador que los llevó a la casona de los Black oculta bajo las mismas narices de los muggles con un hechizo especial – he visto todas las trastadas que hicieron ustedes en el colegio, así que no quiero ni pensar en lo que van a hacer ellos cuando les toque asistir.
- Pues si Snape sigue allí, es él quien más va a sufrir ¿no crees?
Harry se encogió de hombros al llegar a la sala de la casa, el sello que le había puesto Dumbledore estaba roto desde que el viejo director murió, sin embargo, Harry se había encargado de que nadie que no fuese invitado por él pudiese asistir a su casa sin permiso.
Un coro de llantos los recibió, al parecer a sus hijos no les había agradado el cambio de ambiente o quizás no les había gustado el viaje. Dejando las cosas donde cayeron, siguió el ruido del llanto de sus hijos escaleras arriba.
- Son bastante escandalosos esos hijos tuyos, Potter – le dijo el retrato de Phipneas Nigellus desde una pared.
- Pues ha de ser culpa del otro de sus padres – le dijo siguiendo su camino.
- ¿Y quién es su otro padre? – le dijo siguiéndolo a través de otros cuadros.
- Para estar en la oficina de la Directora, está mal informado – le replicó sin detenerse – es Draco Malfoy.
- ¿El hijo de Narcisa? Con razón son como son, ellas, me refiero a Narcisa y Bellatrix, eran las Black más escandalosas que ha tenido la desgracia de conocer esta casa, aunque todas las mujeres de la familia lo han sido de una forma o de otra, fueran por nacimiento o por matrimonio.
- ¿Por qué han tenido que heredar sólo las cosas malas de nuestras familias? – dijo abriendo la puerta dejando pasar al animago antes de cerrarla.
- ¡Papi! – chillaron ellos tendiéndole los brazos al verlo.
Harry se acercó a ellos y el griterío se apaciguó mientras les acariciaba los cabellos. Suspiró, al parecer estaban demasiado acostumbrados a tener a sus dos padres cerca y al no verlo, se asustaron, pero era lógico, después de lo que le había pasado a Draco con la nota de su padre.
- Dobby, Winky ¿pueden hacerse cargo del equipaje? Nosotros veremos que ellos se relajen antes de enseñarles un poco la casa.
- Claro que si, amo Harry – dijeron servicialmente los dos y desaparecieron.
- Bien, luego que ellos se calmen, te mostraré tu habitación – y Draco intentó no dejar traslucir su desilusión, "adiós seducción nocturna", se dijo con los dientes y los puños apretados evitando que Harry y los niños lo vieran.
- Espero que los conjuros estén en plena vigencia – dijo Harry ignorando el enfado de su rubio esposo, que hacía denodados esfuerzos por relajarse.
- ¿Qué conjuros eran esos que iban a poner en la casa? – preguntó al fin.
- Uno de ellos impedirá que nos niños circulen por las escaleras sin la vigilancia de alguien más grande que ellos – dijo – en especial si están arriba – suspiró – el otro es uno llamado Imán, que atraerá los hechizos de protección que mis seres queridos han puesto sobre mí.
- ¿Cómo cuáles? – lo miró intrigado, olvidado de su enfado.
- Bueno, está el que me puso mi madre, que evitó que la maldición asesina diese sobre mí, la magia de mi padre que fortifica la mía, la de Dumbledore que me hace invisible a los magos tenebrosos fuera del mundo mágico, el de mi padrino – tragó duro – que me permite hacer cierta clase de magia defensiva con cierta fuerza sin necesidad de tener la varita en la mano, un buen regalo de parte de sus abuelos paternos ¿no te parece?
Draco asintió, eso significaba que los niños estarían a salvo siempre que permanecieran dentro de esa casa.

Dos días más pasaron y Draco se paseaba por el corredor buscando nuevas ideas para seducir a Harry, las suyas estaban agotadas y no había podido poner en práctica las que había planeado para las noches porque el tonto de su esposo lo había dejado durmiendo en otra habitación aparte de la de él para que tuviera "mayor intimidad", le dijo.
- Idiota – dijo paseándose una vez más de un lado al otro – así no lo voy a conquistar nunca – gruñó.
- Para ser un descendiente de los Black, te veo poco decidido – le dijo Phipneas desde su marco mientras lo veía ir y venir – deberías tomar el toro por los cuernos.
- Si soy más directo, Harry me va a tomar por ofrecido.
- Oh, vamos, si con todo lo que te he visto hacer no lo piensa ya, no creo que lo haga nunca – se rió – es muy despistado.
- Tal vez – suspiró – pero mi orgullo Malfoy no me permite…
- Ah, pero el orgullo hay que dejarlo de lado cuando se quiere conquistar el amor.
- No lo sé, las ideas se me han agotado y no sé que más hacer.
- No te le insinúes, ve con él y dile lo que quieres, quizás así entienda las señales.
- Harry podría rechazarme – le dijo preocupado.
- El que no se arriesga, no cruza el río – le recordó.
El ulular estridente de una lechuza rompió el momento y Phipneas desapareció de su retrato. Se trataba de una lechuza blanca que reconoció como la de Harry, este la había enviado temprano con una nota para el abogado y al parecer este había tardado poco en replicarle a través de la misma.

"Estimado Señores Draco Malfoy y Harry Potter:
Considero mi deber informarles que, tal como se lo temían, el señor Lucius Malfoy puso la demanda por la custodia "temporal" de sus nietos y se ha encontrado con que no puede hacer gran cosas dado que ustedes están enlazados hace ya dos meses. Por supuesto, ha intentado revocarlo, pero como es totalmente legal, no ha pasado gran cosa. Sin embargo, ha ganado un punto a su favor, porque si bien este enlace limpia totalmente el expediente del joven Draco, ello lo favorece a él dado que elimina toda sospecha de su participación en la magia tenebrosa.
Por cierto, debo informarles que todo lo antes mencionado puede aparecer cualquier día de estos, publicado o en El Profeta o en Corazón de Bruja, para que no los tome desprevenidos"

Draco entro en la estancia donde Harry jugaba con los bebés, al parecer a ellos les agradaba ese lugar de la casa ya que casi ni se daban cuenta cuando uno de ellos se ausentaba, Draco sentía que necesitaba un respiro de sus hijos a ratos, por lo que tampoco habían montado nuevos escándalos desde el primer día.
- Harry, llegó la respuesta del abogado – le dijo sentándose en el sofá con la carta en la mano – era lo que sospechaba.
- ¿Acerca de qué? – le preguntó desconcertado mirando a su hijo Alcius que trataba de ponerse de pie y dar unos pacitos.
- Mi padre averiguó lo de nuestro enlace luego de poner la demanda por la custodia "temporal" de nuestros hijos, de allí su nota malintencionada.
- Seguramente trató de revocarlo y al ver que todo era legal, se vengó de ti dado que su magia no funciona en mi contra, como bien ha de saber.
- Tenemos que hacer algo, asegura que nuestro enlace, lo mismo que limpió mi expediente, limpió el suyo – dijo molesto.
- Quizás si nos apareciéramos por allí fingiendo ser una familia bien avenida, una pareja enamorada que está de comprar con sus cinco hijos, no sé, hacerles creer que todo está bien entre nosotros y que el abuelo no tiene necesidad de interferir en la crianza de ellos – le dijo Harry sentándose a su lado tomando la nota – eso obligaría a Lucius a desistir ¿no crees?
- Pues tendríamos ha hacer algo más que fingir, dudo que mi padre se tragara algo que simplemente parece estar bien.
- Bueno, quizás sólo bastara con que los otros nos crean enamorados – le dijo Harry abrazándolo mientras James le arrebataba el pergamino de las manos – deberíamos ir al callejón Diagon, les caeremos por allí para hacer nuestras compras de navidad con ellos, un poco acarameladitos y fin del asunto – miró a su hijo – No, James, eso no se come – se lo quitó y le dio una galleta – vas a terminar envenenándote, amorcito, no todo lo que llega a tus manos es comestible.
Draco sonrió recostándose en su pecho, quizás ahora sí pudiese aprovecharse del pánico y conseguir de Harry algo más que unos cuantos besos.
- Hagamos una lista de lo que vamos a necesitar mientras llegan Dobby y Winky – le dijo Harry atrayendo un pergamino nuevo, el tintero y la pluma.

El viaje a través de las redes Floo era divertido para los niños, como si eso de dar vueltas y vueltas a lo loco fuera lo más glorioso del mundo, pero a Harry lo mareaba sobremanera, pero era la mejor forma de viajar, ya que saldrían en la chimenea del Caldero Chorreante y no tendrían que pasearse por el Londres muggle con sus hijos, después de todos hasta para ellos debía ser extraño ver quintillizos en un cochecito múltiple ¿verdad?
Todos los que estaban allí estaban acostumbrados a ver salir magos de la chimenea a diario, sin embargo, se quedaron de una pieza al ver salir primero a Harry Potter con un coche lleno de bebés y luego a este volverse y tenderle la mano a alguien más, quien venía con un enorme perro gris, que resultó ser ni más ni menos que Draco Malfoy, a quien sacudía cariñosamente mientras este le sonreía y le decía en voz baja, pero perfectamente audible para todos.
- Ya, amor, mejor veamos a los niños ¿si? – y había un dejo de coquetería en sus labios, admirable, teniendo en cuenta que todo el mundo los miraba.
Harry se sonrojó violentamente, pero se dedicó a revisar a sus hijos, acababa de darse cuenta de algo, le gustaba eso de ser cariñoso con Draco, incluso hasta aprovecharse en esos momentos de acariciarlo y besarlo ¿sería que el rubio le gustaba montones y por eso se ponía así?
- Bienvenidos, Señores – les dijo Tom saliendo de su asombro – ¿se van a servir algo mientras están aquí? – ofreció servicialmente.
- Creo que no – dijo Draco aceptando la mano que Harry le tendía apoyándose en su hombro – hemos venido a comprar unas cuantas cosas, es todo.
Harry trataba de no pensar en su descubrimiento, esto le podía acarrear graves problemas si el rubio se enteraba… Pero una presencia allí lo distrajo, él conocía a esa persona en particular que los seguía con cierta avaricia en la mirada, era uno de los tantos periodistas independientes que escribía para la sección de chismes del Profeta y de Corazón de Bruja. Se quedó mirándolo un segundo, tenía una cámara a la mano, así que de seguro les querría sacar una foto ¿por qué no obtenerla de paso con un beso de Draco?
- Hay un periodista – le dijo a Draco como quien le roza la oreja a su amante. Draco sintió el cosquilleo en la oreja y estuvo a punto de agarrar a besos a Harry allí mismo, el gesto se le había antojado cargado de sensualidad, pero siguió su mirada – quizás nos sirviera de mucho si publicase una fotografía nuestra de tortolitos en familia ¿no crees?
- ¿Quieres decir que comencemos con el espectáculo? – susurró y Harry asintió – de acuerdo, pero que sea en un lugar menos concurrido ¿si?
Harry le sonrió y se dirigieron a la entrada del callejón Diagon pasando por su lado como quien no lo ha visto, Draco aferrado a la cintura de su esposo mientras este empujaba el cochecito con los pequeños.
- Tendremos que pasar a Gringotts a buscar un poco de dinero antes – le dijo Harry volteando apenas la cabeza, pero mirando de reojo al periodista que los había seguido – ¿Qué te gustaría que te regalara de navidad?
- Si a mí con un beso tuyo me basta – le dijo Draco echándole los brazos al cuello obligándolo a volverse hacia él para recibir un salvaje y sensual beso que les cortó la respiración a ambos mientras el periodista les sacaba una foto – ser tu esposo es el mejor regalo que me pudiste dar – le dijo audiblemente y el periodista desapareció, de seguro es noticia le valdría miles de galeones.
- Si que eres malvado, Draco – le sonrió y volvió a besarlo – venga, hagamos nuestras compras – sacó su varita y activó la magia que les permitiría entrar en el famoso callejón mágico – a Snape le va a dar un ataque cuando se entere que estamos casados, más cuando vea ese beso en primera plana.
- Si, bueno – sonrió divertido – si antes cuando me despertaste le dio asco.
- Lo que me preocupa va a ser la reacción de mis compañeros de casa, después de todo sólo Hermione y Ron saben que estamos casados, aunque a los demás les haya dicho que eres mi pareja.
- Y tus admiradores se van a sentir decepcionados – se burló.
- Importa poco lo que piense gente que realmente no me conoce – se encogió de hombros y volvió a tenderle la mano – sólo la gente que me quiere y que quiero.
- ¿Y yo puedo contarme entre ellos? – le preguntó esperanzado.
- Por supuesto que sí – le sonrió – y abrázame de nuevo, recuerda que somos una dulce pareja de tortolitos – y Draco se abrazó a su cintura mientras Harry le rodeaba los hombros con un brazo y con la mano libre empujaba el cochecito.

El paseo por el Callejón Diagon había sido muy divertido, todo el mundo se detenía a mirarlos, así que había disfrutado de muchos de esos deliciosos y apasionados besos que Harry le daba, en especial cuando había alguien que pudiese hacer circular un chisme acerca de ellos.
- ¿Qué tal si vamos a tomarnos un helado? – le dijo Draco mirando a sus hijos que se veían un tanto inquietos, pese a que Siber permanecía a su lado meneando la cola juguetonamente – de seguro deben tener un poco de hambre.
- Me parece bien, allí podremos sacarlos un poco, quizás es ello lo que no les gusta, tener que permanecer allí – les sonrió.
Subieron a la terraza de la fuente de soda y Harry transformó unas cuantas sillas, con el permiso del dueño, en un corralito para que ellos se tomaran una malteada en sus respectivas mamaderas mientras sus padres bebían café y comían galletas sentados a corta distancia.
- ¿Crees que ya hemos llamado bastante la atención? – le dijo Harry a Draco mirando a su alrededor, todo le mundo fingía hacer algo, pero estaban pendientes de ellos – no me gusta esto de ser una celebridad.
- Bueno, a mí tampoco me gusta mucho eso de ser esposo de una celebridad – le dijo poniendo su mano en la suya – pero no importa mucho mientras permanezcas a mi lado – le sonrió y el perro los lengüeteó a ambos.
- ¡Oye! – le dijo Harry molesto y Draco se rió.
- Venga, aún nos quedan cosas por comprar – le dijo el rubio divertido – si vamos a tener una fiesta, tenemos que comprar túnicas nuevas y adquirir unas para el quinteto de salvajes que tenemos por hijos.
- Me encantaría verlos con el uniforme de Gryffindor, rojo y dorado.
- Pues yo diría que, a como son, van a caer en Slytherin – le replicó divertido.
- Bueno, mi padre y sus amigos eran quebrantadores de normas y eran muy Gryffindor – le recordó – y creo que yo también lo he sido ¿sabías?
- Supongo que es cierto, siempre andas metido en líos.
- No puedo evitarlo, es mi herencia de merodeador – le sonrió tomado su mano nuevamente llevándosela a los labios – aunque espero que ellos no sean así.
- ¡Ay, Harry! – dijo Draco divertido.
"Sueña, Harry" se dijo Sirius divertido, esos chicos iban a ser merodeadores de verdad cuando les llegase el turno de pisar el colegio "ellos les van a causar más de un dolor de cabeza cuando sean adolescentes, me agradaría que James pudiese verlos, que pudiese verte haciendo de padre pese a no haber tenido jamás un ejemplo a seguir" dijo con cierta tristeza y no notó la presencia de un hombre que desde que entraron al callejón no les había perdido pisada.

Las compras en la tienda de Madame Malkin habían sido bastante accidentadas, ya que si bien los niños estaban acostumbrados a que otras personas los tomaran, siempre habían sido gente como sus padres, gente que reconocían por el uniforme del colegio, en cambio allí las dependientas vestían de una forma diferente y habían comenzado a gritar a cajas destempladas, por lo que Harry había tenido que cargarlos uno a uno para que les tomaran las medidas y les hicieran las pequeñas túnicas que lucirían en sus primeras navidades.
- Phipneas tiene razón – le dijo Harry al oído al rubio mientras le entregaba a Sirius – su herencia Black los hace unos escandalosos.
- ¿Por qué le echas la culpa a la herencia Black? – le dijo un tanto molesto.
- Bueno, él me dijo que tu madre y su hermana eran las más escandalosas de la familia, aunque todas las mujeres de esa familia lo fueron.
- ¿Y quién nos dice que las mujeres de tu familia no lo hayan sido?
- Bueno, eso es algo que nunca sabré, la perdí a toda – dijo con tristeza.
- Oh, Harry – le dijo Draco abrazándolo acomodando a su hijo en un brazo, no había sido su intención poner esa fea sombra en sus ojos – perdona ¿si? – agregó dándole un suave beso en la mejilla.
- No te preocupes, toda mi familia vive en mí, mientras no los olvide ellos, seguirán siempre a mi lado ¿sabías que mi padre se manifiesta en mi patronus?
- Me pregunto cómo eres capaz de sonreír después de todo lo que has vivido.
- Supongo que el dolor me ha hecho más fuerte, quizás por ello he sido capaz de superar las pruebas, porque jamás he dejado de tener a quien amar.
- ¡Ma! – chilló Alcius desde el cochecito, era el único que se había dejado tomar, así que ya estaba listo, pero se le notaba aburrido.
- Me pregunto qué sería de ustedes si su abuelo consiguiera aunque fuera un día su custodia – le dijo Harry agachándose frente a él.
- De seguro nos los devolvería en menos de lo que canta un gallo – se rió Draco – a veces pienso que mi padre no tiene paciencia ni con él mismo – agregó colocando s Sirius de regreso en el cochecito.
- Sus túnicas están listas – le dijo la dependienta y Harry se dirigió al mesón a pagar la cuenta mientras Draco terminaba de acomodar a sus hijos que estaban bostezando, al parecer estaban por quedarse dormidos.
- Están peleando con el sueño – le dijo a Harry mientras salían a la calle – de seguro en un rato más, si buscamos un lugar tranquilo, se duerman.
Harry asintió y se dirigieron a la librería Flourish y Blotts, allí casi nunca había mucha gente, excepto cuando iniciaba el año escolar, así que ellos se podrían dormir tranquilamente allí mientras él buscaba un regalo para Hermione.

Ya era hora de regresar a casa, pero aún no habían visitado la tienda de bromas de los gemelos, así que Draco tuvo que hacer de tripas corazón y seguir a Harry que lo mantenía cogido de la mano acariciando sus dedos inconscientemente, cosa que le tenía los nervios más que alterados. En conjunto, podía decir que no había sido un día perdido, al contrario, Harry había estado muy efusivo con él, pero se preguntaba qué tanto sería actuación y que tanto, verdad.
Como siempre, los gemelos recibieron a su socio capitalista, como ellos preferían llamar a Harry, con un intento de broma, pero el moreno ya había previsto aquello y había puesto un hechizo escudo tan fuerte que esta rebotó hacia ellos y los dejó bañados en una extraña mezcla multicolor fosforescente que hizo reír a los niños, cosa que los adultos no parecieron notar.
- ¡Hola, Harry! – le dijo uno de los gemelos sonriendo, era de esperarse que el salvador del mundo mágico fuese capaz de repeler una broma, después de todo ¿no era acaso en mago más poderoso del mundo?
- Hola, Fred – se sonrió – y no trates de confundirme diciendo que eres George, recuerda que los diferencio perfectamente.
- Ok, ok, no te exaltes – le dijo su gemelo divertido – pero mira quien te acompaña – dijo fijándose en el rubio que mantenía su prudente distancia de ellos – y estás un pelin nervioso, Malfoy.
- Fred, George, yo le prometí que no lo molestarían – les dijo Harry – ahora es mi esposo ¿sabían? – los gemelos se voltearon hacia el moreno con la boca muy abierta, caminaron hacia él, lo rodearon, le pusieron una mano en la frente y luego negaron con la cabeza.
- Eso no puede ser cierto – dijo Fred incrédulo.
- Estás de broma ¿verdad, Harry? – dijo su gemelo en el mismo tono – estábamos seguros que ibas a casarte con Ginny cuando terminara la escuela.
- Pues Harry eligió alguien mejor por pareja – le dijo Draco amoscado.
- Desdícete – le dijeron apuntándole con sus varitas furiosos.
- Basta, van a despertar a los niños y no quisiera tener un coro de llantos inconsolables – intervino Harry interponiéndose entre los gemelos y el rubio que los miraba desafiante por encima del hombro del moreno, pero ellos seguían molestos, tanto que apenas repararon en sus palabras.
- ¿Despertar a los niños? – dijo George comprendiendo al fin las palabras de Harry – ¿un coro de llantos inconsolables? – repitió.
- Harry y yo tenemos cinco hermosos hijitos – les dijo Draco adelantando el coche donde estos parecían dormir tranquilamente desde que salieron de la librería – vaya, al final ¿no estaban dormidos ustedes? – dijo al verlos con los ojos bien abiertos, aunque hacía habían reído, le parecía.
- ¡Ma! – chilló Alcius y los demás lo siguieron.
- Ya decía yo que era mucha maravilla – dijo Harry divertido mientras el rubio trataba de calmar a los gritones – calma, ya regresamos a casa – les dijo tratando de ayudar a su esposo.
- Y eso que los Malfoy siempre han dicho que no se deben tener tantos hijos – se burló Fred – y tú eres padre de cinco.
- Hablaba de tener los hijos que no se pueden mantener – le dijo el rubio sacando del coche a Alcius – calma, amorcito ¿qué te pasa?
- Espero que no quiera un cambio de pañal – suspiró Harry y notó algo raro, faltaba alguien de su familia – oye¿acaso Siber no estaba detrás de nosotros? – dijo buscándolo con la mirada – ¿dónde se habrá metido?
- Creo que es eso lo que ha alterado a los bebés – dijo Draco frunciendo el ceño mirando a James que estaba más inquieto que de costumbre – Harry, ve a buscarlo, no creo que se haya alejado de nosotros así como así, es un animal demasiado listo para hacer algo así en un lugar que no conoce.
- Fred, George ¿pueden ayudar a Draco con mis hijos mientras yo busco a nuestro perro? – les pidió y ellos asintieron – gracias.
Salió del establecimiento y anduvo un par de cuadras, el animago no se veía por ninguna parte, así que sacó su varita y buscó su aura, pero no la sentía, eso significaba o que no se encontraba ya en el callejón o estaba inconsciente. Temiendo lo segundo, expandió su magia hasta detectar su magia terriblemente debilitada en el callejón Knockturn, al parecer allí se estaba llevando a cabo un extraño rito y su padrino iba a ser el animal para el sacrificio.
- ¡No! – gritó y se echó a correr a todo lo que le daban las piernas siguiendo el rastro que su propia magia había dejado al buscar al animago – ¡Expeliarmus! – gritó entrando a la oscura barraca en que se hacía el ritual desarmando al jefe a cargo, de inmediato todos los magos y brujas que allí estaban desaparecieron al reconocer al joven mago, un aura negra rodeó a Harry y este se desmayó en los brazos de alguien que lo había seguido.

Draco sintió el pinchazo en el pecho pocos minutos antes que el semigigante entrara en la tienda de bromas cargando a un inconsciente Harry sobre un hombro y un inconsciente perro bajo el otro.
- ¡Merlín! – dijo asustado viendo como los gemelos los guiaban a la trastienda, colocaban un sillón yficio – dijo colocando al animago con cuidado sobre la alfombra – al parecer pensaron que la mascota de ustedes era la adecuada, después de todo su dueño es un gran mago.
- Pero Siber está bien ¿verdad? – dijo mirando al animal.
- Si, pero al parecer Harry absorbió la magia negra que ellos estaban invocando, lo mejor sería llevarlo a San Mungo.
- ¡No! – dijo Draco espantado – si lo llevamos allí se armaría una locura total, es Harry Potter, saldría en todos los diarios de mañana y eso nos daría más problemas de los que tenemos.
- Pero no podemos tenerlo aquí hasta que despierte – le dijo Fred.
- Debemos regresar a Grimauld Place – dijo – pero necesito ayuda para llevarme a Harry, a Siber y a los niños.
- Muy bien – dijo Hagrid – yo te ayudaré con Harry y Siber, hazte cargo de los niños, de seguro irán más tranquilos con su ma.
- ¿Tienen su chimenea conectada a la red? – miró a los gemelos y ellos asintieron – entonces, regresaremos por allí, no quiero que alguien más note todo esto – suspiró – tranquilos, amorcitos, verán que en casa su papi se pone buenito – les dijo a los bebés que balbuceaban su preocupación.
- ¿Vas a decir que eres la mamá de la familia? – le dijo Fred más asombrado que divertido mirando alternadamente a los bebés y a Draco.
- Bueno ¿y qué con eso? – le replicó el rubio agresivo.
- Nada, es sólo que jamás pensé que el orgulloso hijo de Lucius Malfoy fuese a hacer de la pareja femenina de alguien y menos de Harry Potter – le dijo George – cuida bien a Harry, merece ser feliz ¿entiendes? o nosotros iremos a darte una buena sacudida.
- Lo que me preocupa es la reacción que va a tener Lupin cuando se entere – suspiró – porque si no se lo digo yo, es capaz de aparecerse en la casa y hacerme quién sabe qué por no decirle.
- Quizás sea mejor que le manden una lechuza de inmediato – le dijo Hagrid – quizás el nos pueda ayudar a despertar a Harry, por algo Dumbledore le permitió ser profesor de DCAO.
- Apenas llegue a casa le enviaré una – asintió.
- Nosotros tenemos una aquí, si quieres la mandas de inmediato – le ofreció Fred silbando, de inmediato apareció una lechuza parda y George le entregó un trozo de pergamino para que escribiera la nota.

"Estimado señor Lupin:
Mientras estábamos de compras ocurrió un incidente que, comprenderá no puedo detallar por medio de la presente, pero necesito su presencia lo antes posible en la casa de los Black en Londres, Harry me dijo que usted sabía como llegar allí.
Draco Malfoy".

- Bien, pequeña, llévale este mensaje a Remus lo antes posible – le dijo Fred amarrando el mensaje a su pata y ella se alejó volando – ella sabe donde está él, no se preocupen.
- Genial. Ahora vamos a casa a poner a Harry en un lugar decente para que descanse – dijo sacando de su bolsillo un saquito de polvos Floo – nº 12 de Grimauld Place – dijo con voz clara y desapareció.
Al llegar a la casa le pidió a Winky que preparara una enorme jarra de té y a dobby que se encargara de los niños, luego se quedó a esperar que garrid llegase con Harry y el perro. Al llegar este lo llevó hacia la habitación de Harry y lo ayudó a acomodarlo contra las almohadas mientras Garrid colocaba con el mismo cuidado al animal a los pies de la cama.
- Espero que Remus esté cerca – dijo el hombre mirando a Harry – debe ser difícil para ti verlo en semejante estado ¿verdad?
- Creo que me voy a poner viejo antes de tiempo – suspiró – entre el quinteto de dolores de cabeza y mi esposo, las voy a ver negras antes de llegar a los veinte.
- Pero tienes más de los que muchos tienen – le dijo este divertido.
- Se la pareja de Harry Potter no es fácil – le dijo sentándose en la cabecera junto a su esposo – y más cuando tienes cinco hijos que reclaman tu atención a cada rato y no te dan más respiro que cuando están dormidos.
- Y supongo que para entonces estás cansado que ganas de nada más tienes.
- Podría decirse que sí, o al menos es Harry quien no las tiene – se lamentó.
Un ruido se escuchó en la planta baja y al poco rato alguien llegó corriendo y abrió con estrépito la puerta de la habitación de Harry, no era otro que Remus Lupin que al ver al que consideraba casi su cachorro se angustió mucho.
- ¿Qué le ha pasado a Harry? – dijo asustado.
- No estamos muy seguros – dijo Hagrid sentado en un ancho taburete – sólo sé que lo seguí al callejón Knockturn, en donde hacían un ritual usando de sacrificio al perro, que Harry atacó al celebrante y que la magia que estos habían invocado mediante este rodeó a Harry y se desmayó al absorberla.
Remus se acercó al perro, desde que lo vio la primera vez sintió que no se trataba de un animal común, quizás era un animago, pero el hechizo se rompería al quedar desmayado, así que debía ser como el gato de Hermione, un animal excepcional. Puso su mano en la cabeza, sacó su varita y recitó un conjuro que le devolvió la conciencia de inmediato.
- El ritual debió Desperta mortem – dijo el licántropo preocupado – se necesita de un mago muy poderoso o de, al menos, 20 magos adultos y calificados para realizarlo – suspiró frunciendo las cejas tratando de hacer memoria – necesita de un perro de color gris y ojos celestes para el sacrificio y que de paso le pertenezca a un gran mago.
- Eso no explica por qué esa magia atacó a Harry – dijo Draco acariciando a su esposo – ni por qué lo desmayó.
- No sé la magia de quien pretendían despertar – le dijo Remus – pero ciertamente dentro de Harry está la magia de su padre muerto, así que quizás este hechizo haya viajado hacia él a buscar esa magia sin necesidad de llevar a cabo el sacrificio dado que Harry es el mago más poderoso que hay.
- Qué mala suerte tenemos, amorcito – le dijo en voz baja – pudimos haber terminado este día de una forma espectacular y ahora estás aquí, inconsciente.
- Ya veremos que resultados obtiene ese ritual – dijo Remus pensativo – después de todo la magia de James jamás fue negra.
- Perdone, amo – dijo tímidamente Winky – los bebés están llorando y lo llaman a gritos – agregó retorciéndose el delantal.
- Está bien, voy para allá – suspiró. Realmente iba a llegar a viejo antes de tiempo, se dijo dándole un beso en la frente a Harry antes de salir acompañado de Hagrid y Remus mientras Siber vigilaba a Harry esperando que aquella magua no le hiciera daño a su ahijado.

//Caminaba por un camino brumoso, era tan densa que apenas se veía las manos y de las rodillas para abajo no podía distinguirse, gracias a Merlín que el camino era parejo o quien sabe cuantas veces se habría caído. Se detuvo un segundo al escuchar voces bastante familiares, estaba seguro de haberlas escuchado antes ¿no lo acompañaban siempre, desde que era un niño pequeño?
Avanzó hacia donde le llegaba el sonido y se detuvo ante una puerta, al parecer allí había una fiesta, porque reían alegres, también había quienes cantaban y hacían chocar sus copas. Rodeó el lugar y se asomó por una ventana ¿Dónde estaba? Se notaba que era una fiesta de navidad, pero ¿cómo era posible si todas esas personas estaban muertas? Dijo retirándose, pero una risa diferente llamó su atención de regreso al interior del lugar, era tan distinta y a la vez tan parecida a una que él conocía. Se asomó de nuevo y se asustó al verle allí, riendo de lo lindo con las bromas de ¿su padre?//

Un fuerte ruido asustó a Draco, se había quedado dormido cuidando a los bebés en la habitación de estos, ellos habían estado bastante intranquilos desde que vieron a Harry inconsciente, pero los había calmado llevándolos a ver a su papi que parecía dormir tranquilamente, así que no le costó tanto dormirlos, pero ciertamente estaba agotado. Se enderezó del sofá en que se había dormido, se estiró y se levantó, iría a ver como seguía Harry y luego averiguaría qué había sido ese ruido extraño que lo despertó tan bruscamente.
Haciendo el menor ruido posible, entró en la habitación de su esposo, quizás lo mejor fuera dormir a su lado, así aprovecharía de descansar bien, le hacía falta su calor desde que dejaron el colegio, se había acostumbrado con demasiada facilidad a dormir con sus brazos rodeando su espalda ¿Cómo olvidar sus dulces besos en la sien antes de dormirse entre sus brazos?
- Draco – lo llamó y el rubio se sentó a su lado.
- Aquí estoy, Harry mío – se recostó a su lado y el moreno de inmediato se apoyó en su pecho rodeándolo con sus brazos – para ti siempre.
Sirius sonrió divertido, no era la primera vez que su rubio sobrino se aprovechase del pánico con un Harry totalmente dormido.
- Dejémoslos solos – dijo una voz suavemente a su lado – se necesita amor para revocar los daños de la magia negra.
- Quisiera saber quién eres – le dijo el animago – y cómo sabes que no soy perro.
- Ah, Canuto – dijo divertido – esa magia negra me despertó del corazón de Harry, así que supongo tienes una buena idea de quien soy.
- ¿Cornamenta? – le dijo sorprendido una vez que estaban en el pasillo.
- En estos momentos soy una sombra mágica – le dijo divertido – pero supongo que sigo siendo Cornamenta.
- A Remus le va a alegrar mucho volver a verte, ha estado más bien deprimido.
- Lo sé. Quizás lo hemos cargado demasiado con eso de ser el último de los merodeadores decentes en este mundo.
- Pero ¿qué va a pasar contigo cuando Harry elimine la magia negra?
- No tengo idea, no conozco el ritual que mencionó Lunático.
Y ambos, una sombra plateada muy parecida al Patronus y un perro parlante, se alejaron por el pasillo entrando en la habitación de los bebés para cuidarlos.

Draco se despertó a media noche sintiendo que algo extraño se movía por su vientre, y además notó que estaba completamente desnudo ¡él se había acostado con ropa! Pero ese algo se seguía moviendo hasta encontrar su objetivo y dio un respingo al identificar aquello como la mano de Harry que había tomado su miembro dormido obligándolo a despertar comenzando a frotarle ociosamente.
- Harry – gimió tratando de evitar levantar la voz, le agradaba lo que le estaba haciendo, pero ¿desde cuando Harry le hacía estas cosas?
El moreno ignoraba lo que le hacía al rubio, sólo sentía que debía desahogar su alma de aquello que lo atenazaba, lo apretaba y la única manera de descargarlo era acariciando a la persona que estaba a su lado, le gustaba tanto su aroma, su calor, que no pudo resistirse a darle una pequeña mordidita, era verdad, su Draco sabía a gloria, se dijo pegándose más a él.
- ¡Ah! – medio se quejó al sentir que Harry mordía su hombro, pero no pudo evitar estremecerse cuando sus labios siguieron un sendero de besos por su cuello, llegando a su oído bajando luego por su cuello hasta tomar un pezón sin dejar de frotar suavemente su miembro excitado – Harry – dijo sintiendo que el placer le comenzaba a marear y que algo duro se apretaba contra su muslo. Bajó su mano por el brazo de Harry lentamente, disfrutando de la caricia, sintiendo a ratos que miles de luces de colores estallaban en su interior, hasta tocar eso que le molestaba un poco, lo que provocó que Harry gimiera sobre su piel.
- ¿Me dejas hacerte el amor? – le dijo Harry en apenas un susurro y el sí de respuesta se escapó en un profundo y ronco suspiro de placer, al que le siguieron muchos más mientras se perdían en el delirio del amor…

Aún no amanecía cuando Remus volvió a entrar en Grimauld Place, no era que le agradara mucho regresar a ese lugar, desde que murió Sirius pensar en sólo poner un pie allí le dolía ¿por qué tuvo que perder a todos sus amigos de una forma tan trágica? A James y a Lily, los había asesinado Voldemort, Peter se había entregado al miedo y a Sirius lo había empujado contra el velo de la muerte la malvada Bellatrix, al menos a este último había podido vengarlo matando con su propia varita a la mortifaga, pero eso no evitaba que siguiera doliendo.
Subió en silencio las escaleras y visitó primero a los bebés, ellos dormían plácidamente, cada cual en su propia cunita, todos desparramados, le recordaban a James cuando estudiaban en Howgarts, a veces hasta amanecía en el suelo. Miró hacia el rincón y vio al perro dormido sobre sus patas delanteras y a alguien que dormía entre las sombras, tenía un ligero tinte plateado, pero se veía con aspecto humano. Sorprendido, se acercó hacia ellos y se quedó de una pieza al reconocerlo, no podía ser, él estaba muerto y los muertos no reviven, no había magia que lo hiciera posible ¿verdad?
- No me mires con esa cara, Lunático – le dijo en voz baja.
- ¡James! – exclamó en silencio abrazando a su amigo con fuerza echándose a llorar en su hombro, cosa que sorprendió al hombre ya que, cuando salió con Sirius de la habitación de su hijo era poco más que un fantasma y ahora era sólido – estás de regreso con nosotros, eso significa que…
- Silencio, vas a despertar a mis nietos – le dijo – yo tampoco lo entiendo.
- Ese hechizo se usa para despertar magia negra – dijo en voz baja sentándose a su lado – pero al pasar por la magia blanca de Harry, se transformó y te despertó a ti que has estado guardado en él por todos estos años.
- Pero era poco más que un espectro anoche, cuando Harry me sacó de él.
- Es extraño, es cierto, pero al despertar con magia negra a la magia de un mago muerto se necesita del sacrificio de un animal para que este pueda usar su cuerpo hasta adaptarlo a la vida humana. Ciertamente, esta parte del ritual no se cumplió ya que Harry los interrumpió, pero la magia despertada dentro del mago más poderoso del mundo es blanca, quizás eso explique todo.
- Bueno, mejor vayamos a ver cómo sigue Harry, aunque lo dejamos en buenas manos anoche – sonrió remeciendo un poco a Sirius que bostezó sentándose, recuperando su forma humana ante los ojos asombrados del licántropo.
- Por Merlín – dijo Remus cayendo sentado de culo al suelo.
- Je, je – se rió Sirius – no sabía que estabas aquí, Lunático – se disculpó.
- Lo siento, se me olvidó que él no sabía que tú eras el perro Siberiano de Harry.
- Ustedes sí que saben sorprender a la gente – dijo Remus aceptando la mano que le tendía James poniéndose de pie – pero alguien se va a morir cuando los vea – dijo divertido, pensando en Snape que andaba indagando dónde estaba alojado Draco y su familia, al parecer no había considerado ese lugar.
- Pues más de un ataque va a tener si ve a esos dos juntos, después de lo que pasó anoche – dijo Sirius divertido en voz baja mientras salían del cuarto del los bebés – por lo que pude escuchar, se la pasaron en grande.
- Pues lo que me preocupa es esto – sacó del interior de su capa un periódico y ellos se rieron al ver la foto de primera plana – Snape va a enfurecer.

"La Familia Potter – Malfoy en el callejón Diagon.
En la tarde de ayer han llegado al afamado callejón Harry Potter y su ahora esposo Draco Malfoy con sus cinco hijos a hacer las compras de navidad, se puede ver que están muy enamorados, pese a su numerosa prole, ya que no han dejado de prodigarse cariñitos mientras compraban.
Nos han informado que los niños tienen casi nueve meses, lo que quiere decir que han sabido ocultar muy bien su relación, pero que sólo hace dos meses han podido formalizar su relación…
Sigue en la página 3"

- Bueno, estaba todo premeditado – le dijo Sirius riendo al imaginarse la cara que iba a poner el oscuro profesor – resulta que Lucius ha intentado quitarle los niños a ellos y por eso han provocado un poco de publicidad para que el mundo los vea como una familia bien avenida.
James abrió con cuidado la puerta y se sonrió malicioso, a parecer Sirius tenía razón, esos dos se la habían pasado en grande ya que estaban hechos un lío de brazos y piernas, con la ropa de cama revuelta a su alrededor, tapándoles apenas las partes pudientes de sus cuerpos, era una imagen muy sensual y erótica, si no fuera porque uno de ellos era su propio hijo.
- Vaya – dijo Sirius mirando por encima del hombro de su amigo, pero este evitó que siguiera mirando – esos dos al fin se han desinhibido.
- Creo que Harry se contenía porque, sin saber, estaba yo presente y al sacarme fuera, todo aquello que ponía freno a sus bajos instintos desapareció.
- Entonces, cuando despierte, ninguno de los dos va a poder sentarse siquiera – se sonrió Remus divertido – ya decía yo que esos dos se amaban sin saberlo.
- Mejor regresemos con los niños – dijo Sirius divertido – aún es temprano y quizás podamos evitar que ellos despierten a sus padres por un rato más.
- Siempre se despiertan llamando a su papi o a su ma – le recordó James.
- Pero aquí tenemos a alguien que puede hacerse pasar por su papi – le dijo Remus divertido y James lo miró como diciendo ¿quien? – ya sabemos a quien le sacó Harry lo despistado – se rió – tú, James, eres igualito a él.
- Ellos, son listos, de seguro me reconocen de inmediato.
- Eso sería en el caso que te vieran bien – le dijo Sirius.
- De acuerdo, de acuerdo – suspiró – supongo que puedo hacerlo.
- Oh, vamos, hazlo por tus amados nietos – le dijo Remus.
James se quedó mirando a los bebés, lo que pasaba era que no quería hacerse ilusiones, a él Harry muy pocas veces lo llamó papá y ahora tenía la oportunidad que sus nietos lo llamasen papi ¿se sentiría dolor si regresaba al lugar al que pertenecía desde hacía 16 años?

Amanecía y los merodeadores se sobresaltaron al escuchar un ruido violento en la entrada, una voz estridente interrogando a alguien con una voz chillona y luego algo así como un vendaval subiendo por las escaleras hacia el segundo piso.
- Snape – dijeron los tres a coro mirando a los bebés que aún dormían.
- Iré a hablar con él para que no despierte a los bellos durmientes – dijo Remus saliendo de la habitación sin hacer ruido – Severus – le dijo cortándole el paso.
- ¡Debí sospechar que tú estarías aquí, protegiendo a Potter!
- No necesitas gritar, tengo un oído muy fino – le dijo con calma y vas a despertar a todo el mundo con tus gritos, esta no es tu casa ¿sabías?
- No me vengas con eso de los buose en su camino.
- Hazte a un lado – le ordenó molestos cruzándose de brazos.
- Severus, entiende razones, los muchachos están cansados…
- ¿Qué sabes tú que no me quieres decir, Lupin? – dijo sospechoso.
- Los chicos fueron de compras ayer, lo dice el periódico – le recordó, pero al parecer fue un error porque los ojos del profesor se oscurecieron de nuevo – venga, si cuidar de un niño es complicado, hacerlo con cinco es peor.
- Hazte a un lado – le dijo empujándolo de la puerta – nada de lo que me digas… - pero se cayó al abrir la puerta, ante él estaba la misma imagen que unas horas antes presenció James, Draco de espaldas con Harry apoyado sobre su pecho con los brazos alrededor de su pareja ambos totalmente desnudos con solo las partes indecentes tapadas, las piernas enlazadas, las mejillas teñidas de carmín, sus cuerpos cubiertos de sudor por causa del ejercicio – ¡Draco!
- ¡Cállate! – le dijo tapándole la boca con una mano arrastrándolo lejos de la habitación de los durmientes, de seguro estaban demasiado cansados y por eso no lo escucharon, ni siquiera cambiaron de posición del rato en que ellos los vieron – no vas a despertarlos ¿entendiste?
- Tú lo sabías – volvió a recriminarlo asqueado.
- Bueno, traté de advertirte sin tener que presentarse una imagen que de seguro iba a ser desagradable para ti – se encogió de hombros arrastrándolo hacia el primer piso – y te aseguro que Harry no violó a Draco.
- De eso me di perfecta cuenta – le dijo asqueado – se veía muy tranquilo como para haber sido abusado por el idiota de Potter.
- Harry no es un idiota – le dijo una voz molesta desde atrás de ellos – es despistado, pero jamás será idiota.
- Ja – le respondió con sarcasmo – si no lo fuera se habría dado cuenta desde un principio de lo que pretendía Draco de él.
- Pues yo pienso que el idiota estás siendo tú en estos momentos – le dijo otra voz desde el otro lado de la habitación – estás metido en un gran lío, Snape.
Snape volteó la mirada, esas voces se le hacían familiares, pero hacía tanto tiempo que no las escuchaba que no podía identificar quienes eran sus dueños.
- ¿Papi? – dijo una voz pequeñita desde el suelo jalando la túnica de uno de los hombres – ¿papi? – repitió.
- ¿Cómo llegaste aquí abajo, Barthy? – le dijo agachándose ante él – oh, todos están aquí abajo, pero ¿cómo? Dobby no los ha bajado ¿verdad?
- Alcy baja – le dijo caminando hacia su hermano.
- Merlín, estás caminando – dijo asombrado – cuando ellos los vean…
- ¡Eres James Potter! – dijo Snape y se sintió un golpe, el imperturbable profesor se había desmayado de la impresión al comprender quien era el dueño de la otra voz y por qué estaban tan enojados.
- Je, se desmayó – dijo Sirius divertido acercándose a los niños.
- Me gustaría saber como estos bribones llegaron hasta aquí.
- ¡Papi! – insistieron ellos y James sonrió, era mejor que aprovechara de disfrutar a sus nietos mientras tuviera ese cuerpo, ya verían que pasaba después.

Continuará…

Lamento haber tardado tanto en actualizar, como ya dije tuve un percance con mi PC, se me murió el disco de respaldo, así que he tenido que reescribir todo, al menos algunas cosas estaban respaldadas en papel.
Por cierto, he hecho tantas locuras ya en este fic, que resucitar a James, mi merodeador favorito, ha salido por arte de magia. El caso es que había pensado seguir la línea de los libros, pero no he podido resistir la tentación de hacer sufrir a Snape con los merodeadores todos juntos, espero que me perdonen sus admiradoras. Además, creo que me voy a desviar otro poquito del tema antes de regresar a lo que verdaderamente importa. Un regalo para todos los que han apadrinado a mis niños, yo tenía previsto decir quienes eran los beneficiados, pero como los nombres estaban en el disco, será para el siguiente, Nos vemos y muchas gracias por leer y dejar sus comentarios.
Shio Chang.