Bebidormiens, poción mal hecha

Bien, aquí vamos de nuevo, espero les guste el capítulo, el que debió haber salido, como pensaba, antes de navidad ya que iba a ser así, pero como no había tenido tiempo y con la muerte del DD de respaldo, he tenido que tratar de recordar qué era lo que decían los capítulos y lo único que recordaba era los títulos.

Por cierto, perdonen que no responda sus comentarios, ni siquiera sé hasta esta momento si los hay o no, pero a la otra los contesto ¿vale?

¿Cómo fue eso?

Harry se despertó con una grata sensación en el cuerpo, sin embargo, tenía frío en la espalda y en las piernas. Abrió los ojos y miró, estaba cubierto sólo en el trasero ¿a quién se le ocurría dormir así en Londres y en pleno invierno? Estiró el brazo y consiguió cubrirse la mayor parte del cuerpo, sin embargo, tenía algo que le impedía mover el otro brazo para cubrirse la espalda. En ese momento fue plenamente conciente de todo a su alrededor, incluso de si mismo. Lo último que recordaba era haber atacado a un hombre que iba a matar a su padrino en una especie de ritual de magia negra y que la magia lo había rodeado… de lo demás no recordaba mucho, pero se daba perfecta cuenta que estaba acostado sobre el pecho desnudo, igual de desnudo, de Draco, o al menos eso creía. Levantó la mirada y lo que mejor distinguió fue su cabello rubio, al menos no estaba con un extraño en su cama, si es que estaban en Grimauld Place. Pero sí era raro que ambos estuvieran en esa postura, así que trató de retirarse del rubio recostándose sobre su propia espalda, pero este no estaba dispuesto a dejarlo ir tan fácilmente, así que se fue con él cubriéndolo con su cuerpo.

- ¿Qué haces, Draco? – le dijo un tanto asustado por su reacción.

- Devolverte el favor – le dijo tomando sus manos poniéndola sobre sus cabezas mientras sus labios acariciaban el cuello del moreno.

- ¿El favor? – repitió preocupado – ¿cuál favor? – agregó sin voz

- Mm, el que me hiciste anoche ¿acaso crees que la marca de tus dientes en mi hombro llegó allí solita? – le dijo pasando la lengua suavemente por su oreja – yo también quiero conocer tu sabor – lo mordió con delicadeza.

- Draco – trató de liberarse pero el rubio no lo dejó – tenemos que…

- Nada, amorcito, simplemente disfruta de lo que te voy a hacer – le dijo al oído y comenzó a frotarse contra su león, vaya que era fácil despertarle las hormonas a Harry, quizás debió hacer eso desde un principio y no habrían perdido casi tres meses para ser pareja de verdad, se sonrió sintiendo al moreno gemir. Si, debía ser directo y agresivo, como le dijo su antepasado.

James se sentó en el suelo con los pequeños a jugar con ellos mientras Remus y Sirius subían a Snape al sillón ya que los niños lo miraban con curiosidad.

- Papi – le dijo Alcius abrazándose a su cuello.

- No papi – le dijo James seguro – papá.

El mayor miró al niño asombrado ¿qué quería decir con eso?

- Creo, Cornamenta, que este chico ya se dio cuenta de la verdad – le dijo Canuto divertido – si desde un principio él sabía que no era un perro normal.

- Ah, un chico listo – le sonrió divertido – hola, soy James Potter – le dijo tendiéndole la mano en un gesto amistoso.

- No, yo – le dijo este molesto mirándola dudoso.

- Vaya – se rió Lunático – él sabe que es James Potter.

- Son demasiado listos para tener menos de un año – dijo este pensativo – y dicen muchas más palabras de las que dicen los niños de más edad ¿no creen?

- Debes tener en cuenta que se saltaron el embarazo y que son magia pura – le dijo Canuto levantando al pequeño James – quizás maduren mucho más rápido que muchos chicos de su edad.

- ¿Qué habrá pasado con los bellos durmientes? Aún no se aparecen.

- Bueno, deben estar cansados, teniendo en cuenta todo el ejercicio que hicieron anoche – le dijo Sirius riendo – de seguro pasan de largo un rato más.

- Qué asco – dijo una voz a sus espaldas y los tres se voltearon a ver al hombre que se enderezaba del sillón molesto – no quiero saber más al respecto.

- Eso te pasa por ser tan imaginativo, Severus – se burló Remus.

- Eso no importa, lo que quiero saber es cómo esos dos – señaló a James y a Sirius – están vivos, es imposible, no hay magia que pueda hacer algo semejante.

- Bueno – dijo Sirius agachándose con el pequeño James en sus brazos – el velo de la muerte no es una muerte en sí, quedas atrapado entre este mundo y el otro y casualmente fui librado de él el día que Harry y Draco se casaron.

- Con respecto a mí, ni idea, anoche no era más que una simple sombra mágica y a cada minuto que pasa me vuelvo más sólido, algo le pasó a Harry que me expulsó de su cuerpo y me está dando uno propio.

- Debe haber sido culpa del ritual ese – dijo Remus pensativo – si Harry absorbió una gran cantidad de magia negra, obviamente esta se chocó con la magia blanca que tú proyectabas sobre Harry al querer adueñarse de él y te echó fuera para tratar de seguir con su trabajo en su cuerpo.

- ¿De qué estás hablando, Lupin?

- Desperta mortem – le dijo el licántropo – por lo que nos dijo Hagrid había muchos brujos negros en ese lugar, iban a sacrificar a Siber, así que Harry atacó a quien presidía la ceremonia y ellos desaparecieron, sin embargo la magia trató de atacar a Harry y este se desmayó en el proceso.

- Ellos convocaron una magia muy poderosa – le dijo Snape – y por haber sido un animago el objeto para el sacrificio, estaba muy fortalecida. Potter es, de momento, el mago más poderoso del mundo, sea de quien sea esa magia, obviamente iba a intentar apoderarse de él para regresar a este mundo.

- Mi pobre hijo, todo le pasa a él – suspiró James agachándose pero una ráfaga azul lo rodeó y lo manó al fondo de la estancia con violencia.

- ¡James! – saltaron Sirius y Remus ayudando al hombre que ahora parecía más humano que antes – ¿estás bien?

- La única forma de purificar una magia negra dentro de un brujo blanco es con amor – recitó Snape – eso significa que cada vez que esos dos – hizo un nuevo gesto de asco – lo hagan, más magia llegará al Potter de aquí.

- Firence le dijo a Harry que escuchase sus voces interiores – recordó James enderezándose – y él mismo admite que dentro de él habitan muchas y que incluso allí batalla la magia que Voldemort trató de traspasarle para adueñarse de él en la última batalla, pero Harry absorbió esa magia, incluida su varita, la asimiló y la volvió buena ¿por qué debería salir ahora? – dijo mirando a Snape.

- Quizás esa magia quiso despertarse con la negra y no pudo – le dijo.

- ¿Qué tratas de decir con eso? – le dijo Sirius molesto.

- Pues es bastante simple – dijo poniéndose de pie comenzando a pasearse bajo la atenta mirada de los merodeadores – la magia del Señor Oscuro nunca pudo tocar a Potter hijo debido a la magia conjurada en el sacrificio de Lily Potter, así que la magia invocada por amor es mucho más fuerte que la conjurada por odio o por ambición, lo que quiere decir que esa escasa magia negra que quedaba dentro de él fue purificada cuando este – señaló a James – salió de su cuerpo.

- Pero al principio era una sombra plateada, algo así como el patronus pero con una figura humana, no de siervo – le dijo este – y ahora soy muy sólido.

- Tú mismo has recordado que dentro de tu hijo hay muchas otras voces.

- Dentro de Harry habita la magia de todos los Potter que murieron protegiéndonos para evitar que Voldemort llegase a nosotros cuando Harry era bebé – dijo pensativo – siempre he conocido esas voces, incluso está la voz de mi padre que le gritaba a Harry cada vez que alguien intentaba dominar su mente, quizás por eso jamás pudo cerrar su mente hacia ti como lo pudo hacer contra Voldemort.

- Ese muchacho jamás pudo concentrarse lo suficiente como para…

- No, lo que hacías al abrir su mente con el hechizo de Legimens era abrir su curiosidad, él quería saber las cosas que las voces dentro de él guardaban, cosas que en la última batalla salieron por sí solas – lo miró – despertaste su curiosidad y por eso no practicó a cerrar su mente, pero sí tenía el poder necesario para entrar en la tuya ¿se te olvidó lo poco que consiguió ver? – miró a los niños – yo vivía en Harry, sé lo que él sabe y siente, pero yo no soy él, Snivellus.

- ¿Qué quieres decir con eso? – lo miró sospechoso.

- Eso, Snape – dijo agachándose a la altura de sus nietos – sólo te pido que lo tengas en cuenta ya que fue Harry el que hizo la promesa, no yo.

Harry abrió los ojos, estaba agotado, pero debía de hacerse cargo de sus hijos. Se movió hacia la orilla contraria a la que descansaba su desvergonzado esposo y tomó sus anteojos de la mesilla antes de tomar el reloj y mirar la hora. Se sentó y volvió a mirarla una vez más ¡las 10 de la mañana! Y de seguro sus hijos estarían afónicos de tanto gritar y ninguno de sus papás había aparecido por allá. A toda velocidad se vistió con lo primero que encontró y corrió al cuarto de los bebés. Allí estaba todo silencioso, cosa que le sorprendió muchísimo, sus hijos solían dormir sólo hasta las siete, cuando mucho hasta las ocho, pero nunca hasta esa hora. Caminó hacia la cunita del más escandaloso de sus hijos y se quedó de una pieza ¡no estaba! Miró en las otras y notó que tampoco estaban sus hermanos. Corrió de regreso a su habitación ¿dónde estarían? ¿Por qué ni Dobby ni Winky los habían despertado? Debían de estar desesperados y escondidos por allí.

- Draco, despierta – lo remeció pero el rubio trató de atraparlo para volver a besarlo – no, levántate, los niños no están en su habitación.

- ¿Qué? – gritó saliendo del sueño totalmente – ¿y los elfos?

- Anda, debemos ver a los niños – ordenó saliendo de la habitación y comenzó por mirar en las habitaciones de ese piso, allí estaba la estancia de los juguetes, pero sus hijitos no estaban – espero que no los hayan sacado de la casa – le dijo a Draco al comenzar a bajar la escalera con el rubio igual de preocupado que él.

- Amo, hemos preparado el desayuno para todos los señores – le dijo Winky Servicial – si usted les avisara, están en el salón grande con los niños.

Draco arrastró a Harry al mencionado salón preocupado, uno de los señores debía ser Remus Lupin, pero ella mencionó a varios, así que abrió la puerta y se quedó de una pieza al ver a los cuatro adultos con todos sus hijos de pie.

- ¡Ma! – gritó Alcius caminando tambaleante y a pacitos cortos hacia él.

Draco se agachó frente a su hijo con un nudo atorado en la garganta, su pequeño caminaba hacia él ¡caminaba! Y las lágrimas comenzaron a caer.

Harry observaba la escena con orgullo y ternura, pero luego volvió la mirada hacia los "señores", como los había llamado Winky, y se sorprendió, no tanto de ver a Remus y a Sirius, sino que allí estaba Severus Snape en persona y, con su pequeño hijo de ojos bicolor en brazos, ni más ni menos que a su propio padre.

- ¿Papá? – dijo caminando hacia él como quien ve visiones, ya antes se había imaginado ver a su padre frente a él cuando en tercer año se salvó y salvó a Sirius de los dementores junto al lago negro, pero ahora no podía ser así.

- ¡Papi! – lo saludó su revoltoso hijo tendiéndole los brazos y en un gesto automático lo cogió pero sin quitar la mirada del hombre tan parecido a él.

- Si, Harry, soy yo – lo abrazó con niño y todo con fuerza.

- Papá – dijo al fin llorando apoyado en su hombro.

- Que escenita más conmovedora – dijo el oscuro profesor haciendo un nuevo gesto de asco – creo que me voy, si sigo aquí voy a terminar devolviendo…

- Winky dijo que el desayuno estaba listo – dijo Draco cargando a Alcius orgulloso – así que vayamos a eso mientras los elfos se encargan de vestir a los niños.

- Sí, es cierto, así nos podrán explicar todo – dijo Harry soltando a su padre limpiándose las lágrimas con la manga del polerón verde que sin pensar se había puesto sobre los pantalones de pana negra – y podré presentárselos a mi esposo.

- Pues yo quiero saber cómo es eso y cuando fue – les dijo Snape molesto – ni siquiera tuvieron la decencia de comunicármelo, me tuve que enterar por la prensa – le reclamó a Draco mostrándole la primera plana del profeta.

- Es una buena foto, quizás debiéramos pedírsela al periodista – sonrió el rubio.

- Y estás muy tranquilo casado con… - vio la mirada asesina de James y Sirius – Harry Potter ¿Qué creías que tu padre no iba a leer el diario mientras se paseaban a vista y paciencia de todo el mundo por el callejón Diagon?

- Me temo que eso no fue para él, sino para los jueces y jurados que nos toquen cuando su petición de custodia llegue a tribunales, porque él sabía de antes que nosotros estamos casados – dijo Draco encogiéndose de hombros – pero me gusta la foto – se volvió hacia Harry – que me dices ¿se la pido?

- Lástima que no repita lo que me dijiste en ese momento – le dijo ruborizado.

- Pero eso te lo puedo decir yo en cualquier momento, esposo mío – le coqueteó.

- Basta – les dijo el profesor y escuchó la risita de los merodeadores mayores.

- ¿Podemos ir a desayunar? – dijo Sirius divertido entregándole a Dobby al otro Sirius que lo miraba con curiosidad – no solemos hacerlo tan tarde.

- Y podremos planear una verdadera navidad en familia – dijo James pensativo – quién iba a decir que iba a ser abuelo siendo tan joven, cuando debería estar pensando en tener más hijos…

- Papá, por favor – le dijo Harry divertido viendo la cara de Snape.

- De acuerdo, de acuerdo – sonrió – no lo molesto más – dijo abrazando a Snape que se quedó de piedra – siempre que él cambie de actitud.

- Potter – le advirtió por un colmillo y este lo soltó riendo – un día de estos…

- Que genio – se rió de nuevo – quizás por eso te has quedado solo.

- Papá, por favor – le repitió Harry ahora más serio y su padre lo miró en silencio y con un guiño asintió – vayamos a desayunar.

Por la tarde había llegado un montón de cartas, en la mayoría de los integrantes de la orden del Fénix, en que los felicitaban y les hacían recomendaciones para el cuidado de los niños, incluso más de un libro y revistas para padres primerizos estaban en su poder repartidos por la mesa de estudio junto con otros libros de magia en los que andaban investigando el ritual que Harry había detenido y sus posibles consecuencias al atrapar a un mago dentro de él, sin embargo, ninguno de los posibles resultados daba con lo que le había pasado a Harry y el regreso de su padre al mundo de los vivos, siempre señalaba que era imposible.

- James, no muerdas eso – le dijo Harry a su pequeño que había cogido uno de los libros de su bolso y le mordía el lomo – toma, muerde esto – le entregó la goma masticable que había obtenido en Honeydukes antes de salir de vacaciones.

- ¿Qué libro estaba probando? – le dijo Remus divertido mientras el pequeño caminaba hasta los pies de Draco y se sentaba a masticar la goma.

- El Gran libro del Druida – suspiró – había olvidado que lo tenía.

- Quizás allí salga algo que te sirva – le dijo su padre mientras leía un artículo en la revista Padres Principiantes – después de todo ese libro llegó mágicamente a ti, por algo debe de haber sido ¿no crees, Canuto? – este leía una de las revistas.

- Lo que me asombra es la gran cantidad de recomendaciones que vienen en estas revistas para los padres primerizos, pero nadie piensa que un mago pueda tener más de dos hijos a la vez – le dijo este sin prestarle mucha atención.

- ¿Dijiste el Gran Libro del Druida? – le dijo Remus sorprendido – ese libro se perdió hace cinco siglos de la biblioteca del ministerio en un gran incendio que hubo, se creía que no había más copias existentes y se dice que no muchos magos eran capaces de tener su sabiduría, ya que este venía de tierras lejanas.

- Pero ¿su magia no le pertenecía a los galos? – dijo Draco.

- Los galos no eran los únicos que tenían brujos druidas – le dijo James pensativo – si mal no recuerdo – se volvió hacia Sirius – ¿tú no tenías una genealogía de mi familia? Creo que uno de mis ancestros era un druida.

Sirius se puso de pie y se concentró en el libro que su amigo le pedía y este llegó a sus manos, que de inmediato le entregó a James.

- Gracias – lo abrió – hay muchas cosas especiales dentro de la genealogía de mi familia – le dijo a Harry y a Draco – hay criaturas mágicas, como las náyades y las mujeres águilas, pero también hay druidas y chamanes, como que nuestra genealogía aparece en Avalon un siglo antes que aparezca el mago Merlín en Camelot – le mostró – sí, aquí está, una mujer Druida poco antes de unirnos a la corte del rey Arturo y posteriormente a Gryffindor en Howgarts.

- Vaya – dijo Harry sorprendido mirando lo que señalaba – eso quiere decir…

- Que el gran libro del druida ha buscado a quien pueda calificar como druida.

- Perdone, suegro, pero ¿qué son los chamanes? – le dijo Draco

- No me llames así – le dijo mirándolo escandalizado – dime sólo papá y quedamos bien – agregó James divertido – los chamanes eran los médicos brujos en las tribus americanas, tenían grandes poderes mágicos y a la vez eran capaces de comunicarse con los espíritus de la naturaleza y de los muertos.

- Sólo que esos libros duelen estar escritos en gaélico – dijo mirando el libro que Harry tenía en sus manos – pero este no lo está – se lo mostró a Remus.

- Pues si eso no es gaélico, no sé qué será – le dijo el licántropo.

- ¿Qué dices? – miró el libro – yo lo leo perfectamente – movió la hoja – la magia blanca de un druida no debe ser usada para el beneficio de ambiciones desbordadas, aquel que es capaz de leer este libro debe saber que es una protección mágica para los seres que realmente ama y aprecia.

- Debe ser como el que yo pueda hablar parsel – le dijo Harry pensativo – ellos no entienden lo que dice, pero nosotros podemos hacerlo porque descendemos por sangre de un druida – tomó el libro – las letras cambian para ellos.

- Quizás una protección mágica para que el libro no caiga en malas manos – les dijo Sirius dejando a un lado la revista que leía – no sería raro.

- Pero allí vienen conjuros y muchas pociones extrañas – dijo Harry recordando lo que había leído – algunos de ellos hacen recomendaciones especiales cuando se les suministran a un mago y cuando a una persona no mágica.

- Los druidas vivían con los muggles sin problemas ya que no eran considerados brujos como nosotros ya que casi nunca usaban magia fuera de sus calderos – dijo Remus pensativo – sin embargo, ellos preferían casarse con magos de verdad y poco fueron absorbidos por nuestra sociedad, ya que se les consideraba magos de sangre pura dado que todos sus conocimientos se transmitían exclusivamente de padres a hijos en forma directa, sólo si tenias en tu sangre algo de druida podías ser instruido como tal, por ello se fue perdiendo su sabiduría.

- El último Druida, por lo que nos dijo Binns en su clase, desapareció hace unos quinientos años cuando comenzó lo que los muggles llamaron inquisición.

- Y es en esa época que este libro desapareció de la biblioteca del ministerio – dijo Harry – quizás se ocultó con la magia de aquel druida para mí.

- A Snivellus le va a dar un ataque – dijo James divertido – ese libro te va a ayudar mucho en pociones y en transformaciones, incluso te ayudará a controlar tu mal temperamento Potter para que puedas controlar tu transformación en león.

- Papi, ¿bachos fa vo? – le dijo a Harry Alcius afirmado del borde de la mesa.

- Estos niñitos deberían estar durmiendo la siesta – dijo Sirius levantado a su emulo del suelo, que le tiraba la túnica – normalmente lo hacen a esta hora ¿no?

- Si, pero ahora estamos sentados alrededor de una mesa – le dijo Harry tomando al pequeño que insistía que lo levantase – y para ellos eso significa que pueden curiosear por sobre ella o que los grandes están comiendo y les darán postre.

- Quizás lo mejor sería dejar esto para cuando el quinteto esté dormido – dijo Draco subiendo a James a su rodilla evitando que mordiera un libro – podríamos planear la fiesta de navidad y enviar las invitaciones a quienes corresponda.

- Tienes razón, aunque se suponía que no podían llegar a esta casa personas que no hubiésemos invitado expresamente y creo que Snape llegó sin esta ¿verdad? – miró a los tres hombres mayores y estos negaron con la cabeza – ¿será que esta magia no le afecta a aquellos que sabían cómo llegar a esta casa?

- Posiblemente, Harry – le dijo Remus – sea porque la casa lo recibió en muchas ocasiones cuando era el cuartel general de la orden, lo que quiere decir que hay otras personas que pueden llegar aquí sin problemas, como los Weasley.

- El único que me molesta es Snape – dijo Harry – pero supongo que no puedo hacer nada al respecto, si no quiero alterar las protecciones que se han activado.

Draco bajó a su hijo y se levantó a traer un trozo de pergamino nuevo y comenzó a anotar los nombres de las personas que iban a invitar a la fiesta, claro que les pedirían que confirmaran su presencia para saber cuantas personas cenarían con ellos en navidad.

Harry había mandado esa misma tarde las invitaciones por correo mágico, es decir, vía lechuza, pero para ello había tenido que ir al callejón Diagon, eran alrededor de treinta y se había cerciorado que todas tuvieran el hechizo especial que le permitiera al invitado llegar a Grimauld Place sin problemas. Pero al volver a casa se había encontrado con un desastre, uno de sus hijos andaba perdido y no habían podido hallarlo por más que habían puesto la mansión patas arriba, ni el olfato de Remus ni el de Sirius habían sido capaces de localizar a Alcius.

- El amito se me perdió a mí – se lamentaba Winky – y esta tonta elfina se va a tener que ir de nuevo – lloraba a mares.

- Oh, vamos, Winky – trataba de tranquilizarla Harry mientras revisaban la cocina por si acaso – no le puede haber pasado nada malo, recuerda que está protegido.

- Pero si el amito se salió de la casa y lo ha encontrado gente mala…

- Espera – dijo Harry escuchando un ruido extraño en la alacena superior – me parece que había un hechizo especial para que no hubiese ratones ni ratas – dijo pensativo, así que tomó una silla y abrió la alacena – ¡Alcius! – gritó sorprendido mirando a su hijo que trataba de abrir un frasco con galletas – Winky, ve por los demás y diles que ya encontré a Alcius – ordenó bajando a su hijo que no soltaba el frasco pese a lo intentos de Harry – debería castigarte – le dijo dejándolo sentado en la mesada – y quisiera saber cómo llegaste allá arriba.

El ruido de pasos apurados lo distrajo y su hijo dejó caer el frasco de vidrio al suelo, por lo que este se rompió y cayeron las galletas.

- ¡Ñaaaaaaaannnnnnnnnn! – lloriqueó con fuerza señalando el frasco.

- Reparo – dijo señalando con su varita el frasco que se reparó recogiendo las galletas de paso – venga, aquí hay una – se la dio y el pequeño se calló.

- Lo encontraste – le dijo Draco abrazando a su hijo – ay, amorcito, no hagas más esto, estaba tan preocupado por ti, no vuelvas a hacerlo ¿si?

- Papi – le dijo Lucius tirándole los pantalones y Harry se sorprendió ¿en qué momento el pequeño había llegado allí?

- ¿Quién bajó a Lucius? – Miró a su padre y a su padrino y estos negaron con la cabeza mirando sorprendidos al pequeño – ¿cómo llegaste aquí?

- Lu ama papi – dijo el pequeño – Quero ñam – señaló las galletas.

- Vamos a tener que vigilarlos más – dijo Harry pensativo – no creo que sea casualidad que hayan llegado abajo – levantó a Lucius y tomó el frasco de galletas – mejor les damos galletas a todos y evitamos que vengan a la cocina por ellas.

Pero no había servido de mucho, Harry se había ido a bañar cuando a Draco se le desapareció Barthy, el rubio se lo dijo por la puerta y cuando estaba por salir se encontró con su hijo sentado mordiendo una esponja todo mojado mientras se reía al ver las burbujas que flotaban a su alrededor.

- ¡Papi! – le dijo poniéndose de pie lleno de jabón.

Harry movió la cabeza ¿cómo entró si había dejado la puerta cerrada con pestillo? Draco no había podido entrar cuando le informó que el niño andaba perdido, así que no había forma que él pudiese hacerlo.

- Voy a tener que enjuagarte – le dijo resoplando acercándose a la puerta asomando la cabeza buscando a alguien – Dobby, ¿me puedes traer una muda de ropa para Barthy y decirle a Draco que está conmigo en el baño?

- ¡Por qué no me dijiste que estaba contigo cuando te dije! – le gritó Draco desde la escalera, estaba más que molesto, lo podía ver.

- Yo no sabía que estaba aquí – se defendió – o no estaría todo mojado y lleno de jabón, me acabo de fijar que está aquí, por eso quiero ropa para él, voy a tener que bañarlo.

- El amito es muy travieso – sonrió Dobby – como el amo Draco cuando bebé.

- Ya sabía yo que habían heredado sólo lo malo de nuestras familias – se quejó.

- Quizás tenga algunas cosas buenas de los amos – le dijo el elfo preocupado.

- Oh, sí, su facilidad para buscarse problemas – dijo Harry regresando al baño.

Para cuando Harry y Draco quisieron hacer las compras para la cena de navidad, ambos estaban que se tomaban de los pelos con sus hijos, los cinco tenían la facultad de desaparecer y aparecer en el lugar menos pensado. Al parecer habían aprendido a bajarse de sus cunitas, cosa que Harry comprobó la noche anterior al acostar a James en su cuna y encontrarlo luego sentado arriba de su cama, cuando regresó de haberse lavado los dientes. A media noche, cuando Draco se había acostado a dormir sobre su hombro, ambos se sorprendieron al sentir que algo se movía a los pies de su cama y se quedaron de una pieza al encender la luz y descubrir que se trataba de Sirius que estaba jugando con un muñeco de peluche que ellos le habían regalado ¿cómo había llegado hasta allí pasando por la vigilancia de su padre y Sirius? Nadie lo sabía, pero de todas maneras se aparecían por todas partes de la casa.

- Tengo la ligera sospecha que estamos pasando algo por alto – dijo James cansado de andar con cuatro ojos con sus nietos un día más tarde – no pueden aparecerse así como así en cualquier parte que ellos quieran, son muy pequeños para lograr semejante prodigio, por muy adelantados que sean.

- Bueno, de niño escuché decir que la casa estaba llena de magia oculta, quizás ellos descubrieron algo que ningún Black pudo encontrar – le dijo Sirius.

- Quizás debiéramos hacerles creer que están solos para saber cómo hacen para aparecerse por cualquier lado – dijo Draco.

- Voy por mi capa de invisibilidad – dijo su esposo – ustedes repártanse por la casa, quizás así podamos averiguar algo.

Los demás asintieron y salieron mientras Harry se quedaba en un rincón, cubierto con su capa, vigilando a los niños que al principio no se dieron cuenta de la ausencia de los adultos, pero luego se fijaron que estaban solos, no lloraron como Harry pensó que hacían, sino que soltaron los barrotes de sus cunitas y se bajaron al suelo, de inmediato se acercaron a la pared junto al closet donde estaba su ropa y una especie de túnel pequeño se abrió para ellos y entraron ¿a dónde iban? Se agachó a averiguar, pero este desapareció de inmediato. Pero lo que más le sorprendió fue ver aparecer a Lucius del otro lado del cuarto confundido.

- Papi – dijo molesto acercándose de nuevo al lugar y entrando en el túnel volviendo a aparecer en el cuarto – no, papi – insistió, pero Harry lo tomó de la mano quitándose la capa – papi – sonrió.

- De esto sí que no tenía idea – le dijo levantándolo – busquemos a tus hermanos.

Bajaron al primer piso y Harry no se sorprendió de ver a su padrino con Alcius sentado en su regazo mientras este intentaba descifrar lo que el bebé le decía en su extraña jerigonza, sí que era a eso a lo que se refería Barthy cuando les dijo que él los había bajado, ese enano era quien había encontrado la forma de llegar a donde quisieran.

- No te entiendo nada, amorcito – le dijo el animago y notó la presencia de Harry – quizás tú me puedas decir cómo es que se salen de su cuarto.

- Creo que hay una serie de túneles mágicos que los llevan a donde ellos quieren estar – le dijo sentándose con Lucius a su lado – él quería estar con su papi y regresaba una y otra vez al cuarto, sólo que no sabía que yo seguía allí.

- Este niño vive por las galletas – llegó reclamando Draco que traía a Barthy.

- Pues he encontrado a estos dos en el baño – dijo James con el pequeño Sirius y el pequeño James bajo los brazos pataleando para que los bajara – menos mal que no alcanzan las llaves o estarían todos mojados.

- Hay que evitar que sigan usando esos túneles o no vamos a llegar a Navidad – dijo Harry – tendremos muchos problemas.

¿Cómo no iba a ser divertida esa cena de navidad? Se dijo James mirando a sus dormidos nietos, cada cual en su respectiva cunita. Cada uno de ellos era un desastre en potencia, en especial desde que descubrieron los secretos de Grimauld Place. Es día sí que había sido agotador y memorable, le daba risa recordar a Draco corriendo por la casa desesperado buscando a tal o cual bebé que en un segundo que lo perdió de vista apareció en otro rincón de la casa, a Merlín Gracias que no pudieran salir de la casa o quién sabe dónde se aparecieran luego.

Pero esa mañana sí había sido el acabose, Harry no había pensado en preparar una cena tan grande, pensó que sólo confirmarían su visita los Weasley, pero todas las personas a las que habían invitado tenían curiosidad por los niños y eran por lo menos treinta personas, así que la fiesta sería como en los mejores tiempos de los Black, según Sirius que no dejaba de reírse por la cara de su ahijado.

- Quizás debiéramos contratar una empresa especializada en banquetes, como hacen los Muggles – había dicho Harry y su rubio esposo había puesto el grito en el cielo ante la idea, por sobre todo estaba el orgullo de su casta, vale decir los Malfoy y los Black, por lo que habia terminado desistiendo de la idea – entonces, ¿cómo alimentamos a tanta gente? – le dijo el moreno cruzándose de brazos muy molesto con su esposo por anteponer su orgullo a las necesidades inmediatas.

Draco se había dado varias vueltas a la estancia sopesando la respuesta, si pudiera pedirle a su madre un par de elfos prestados, pero de seguro ella diría algo luego y los dejaría en vergüenza con todo el mundo.

- Creo que podemos llamar a un par de elfos de mi casa – les dijo James divertido – de seguro estarán muy felices de volver a servir a los Potter como siempre lo hicieron desde que llegaron a nuestro hogar.

- ¿Tenemos elfos domésticos? – le dijo Harry pensando en lo que diría Hermione.

- Los Potter siempre hemos tenido elfos, en casa había casi tantos como en el colegio ¿verdad, Canuto? – había mirado a su compadre sonriendo.

- No seas exagerado – le dijo el mencionado divertido – pero sé que había bastantes, en especial porque tu familia siempre recibía a los elfos que habían sido liberados o que ya no tenían hogar, recuerdo a uno en particular, pero debe estar muy viejito ya – sonrió con nostalgia.

- Si, casi todos nuestros elfos fueron como Dobby y Winky.

- ¿Puede llamar algunos? – le dijo Draco esperanzado.

- Si – cerró los ojos y centró su magia en sus manos – Yo, James Potter, necesito la presencia de los elfos de mi propiedad para que vengan a ayudar a mi hijo con su banquete de navidad... – ni bien había terminado de hablar cuando cinco elfos se había aparecido ante él y lo abrazaron con fuerza antes de decirle que el joven amo debía decirles que hacer y en un abrir y cerrar de ojos ellos tendrían todo listo para sus honorables invitados.

Sí, los elfos de su familia eran muy cumplidos, tanto así que habían dejado los salones como espejo antes de ir a preparar la cena.

Los problemas los causaban los quintillizos, el ver a tanta gente los había vuelto loquitos, más de una vez los encontraron encaramados arriba de algún estante o en las vitrinas tratando de subirse al adornado arbolito que brillaba con sus luces mágicas para tomar alguna figurita, o metidos en las alacenas de la cocina tratando de robar las galletas de los frascos de loza que allí estaban guardados. Recordaba haber visto llegar a la estancia a uno de los elfos con uno de los amitos aferrado a uno de esos frascos, lo habían encontrado en la alacena sentado tratando de destapar el frasco.

- Son hermosos así dormidos ¿verdad, Cornamenta? – le dijo Sirius a su lado riendo en voz baja, por nada iba a despertarlos como para que hicieran otro desastre como el que causaron con el ponche en la cocina.

- Mi padre me dijo que la pagaría una vez, si no con mis hijos, con mis nietos, y vaya que son intranquilos, nos ganaron con mucha ventaja.

- Me gustaría saber qué hizo Harry para conseguir que se durmieran así.

- Simple, padrino – le dijo este entrando en la habitación – no se preocupen, no se van a despertar hasta alrededor de las diez.

- No les habrás drogado o hechizado para que durmieran ¿verdad?

- Bueno, lo que pasó fue que Alcius se subió a la mesada siguiendo el aroma de la leche con especias que hervía lentamente, así que les pregunté a los elfos si les haría mal probarlo para que no siguieran curioseando en la cocina, ellos me dijeron que lo único que podría causar era dormidera dado que aún no contenía alcohol, así que les di a cada uno una mamadera con un poco de ella y allí los tienes, dormidos como angelitos hasta que se les pase el efecto.

- ¿Estás seguro que no les pasará nada?

- Claro que no, sólo están cargando baterías para la noche – suspiró pensando en aquello – por lo que pude averiguar, lo más probable es que con todo lo que van a descansar es que después no se quieran dormir de nuevo.

- Un arma de dos filos, entonces, teniendo en cuenta que si bien no están estorbando en la preparación de la fiesta, van a querer participar de la fiesta en sí – suspiró preocupado James.

- Y que van a estar doblemente inquietos para cuando despierten – le dijo Sirius divertido, eran demasiado inquietos para su propio bien.

- Ni me lo recuerdes, ya que no podemos dejarlos solos en ningún momento, creo que tuve razón en haber odiado tu casa desde un principio – le dijo Harry – esos túneles son...

- Bueno, eso te pasa desde que tu ojo interior se quedó callado – le dijo James pensativo – me pregunto si se estará guardando para algo más grande o grave que las travesuras de estos enanos.

- Dios no quiera que así sea – dijo Harry moviendo la cabeza – de todas maneras yo venía a preguntarles si van a venir a tomar el té o si se van a quedando vigilando a mis bellos durmientes.

- Vamos contigo, después de todo, ellos no van a despertar hasta las diez ¿verdad? – dijo Sirius pensativo – me preguntaba si voy a tener que aparecer disfrazado de perro o si puedo ser yo.

- Creo que está bien que aparezcas como humano, será una gran sorpresa para todos, en especial para los que te quieren.

Harry estaba de pie ante la puerta recibiendo a sus invitados con su túnica de gala recién puesta preguntándose si la dosis suministrada a los bebés no sería demasiada, ya que casi era la hora señalada y los pequeños no daban señales de querer despertarse, temía que pasaran de largo y luego fuesen ellos los que no pudiesen dormir debido a la intranquilidad de sus hijos.

- ¿Cuando conoceremos a tus hijos? – le dijo Molly Weasley siguiéndolo hacia el salón – Ginny me ha dicho que son muy bonitos.

- Son un dolor de cabeza – le dijo Harry – Draco los está cambiando y los bajará cuando estén listos, es mejor no hacerlo antes, aunque creo que de todas maneras luego aparecerán por aquí.

- Fred y George nos dijeron que los llevaste a su tienda – le dijo el Señor Weasley.

- Se han puesto muy intranquilos en esta casa – suspiró – descubrieron una serie de pasadizos mágicos que ellos controlan a su antojo y se mueven por toda la casa, al mínimo descuido y no sabemos donde están.

- ¿En serio? – le dijo Hermione preocupada.

- Oh, si, hemos bloqueado en parte los accesos, pero no los podemos cerrar todos aún, ya que sólo ellos saben con exactitud dónde y como funcionan, si son capaces de aparecerse hasta en el baño si me buscan a mí o a Draco, o en las alacenas de la cocina si quieren galletas.

- Al menos tienes ayuda con ellos – le dijo Molly compadeciéndolo – a mi los gemelos me volvían loca, aún lo hacen.

- Pero eran sólo dos, no cinco – suspiró Harry.

- Hola, Harry, te vez un poco pálido – lo saludó Remus – hola, Molly, Artur, Hermione, Ginny – saludó a los demás – ¿y los otros varones de tu familia? – preguntó buscando a los pelirrojos.

- Ah, los chicos fueron a esperar a la estación a Charlie, Bill no pudo venir porque la mamá de Fleur está enferma, pero Gabrielle les mandó un regaló a los niños de Francia – dijo Molly entregándole un montón de paquetes a Harry que de inmediato colocó debajo del árbol, en donde quedaron ocultos por un hechizo especial, para que los bebés no los vieran antes de tiempo.

- ¿Y los otros señores? – le dijo Remus buscando con la mirada a sus amigos.

- Están ayudando a Draco con los niños, o al menos eso me dijeron – le respondió Harry como diciendo "vaya a saber si es cierto".

- Entonces, iré arriba – le sonrió y salió rumbo al dormitorio de los niños.

- ¿Los otros señores? – repitió Hermione sospechosa.

- Es una sorpresa para todos, bajarán con los niños dentro de poco - se escuchó el ruido de la puerta – que bueno que los del aseo se pudieron deshacer del retrato de la madre de Sirius o si no... – resopló y abrió la puerta recibiendo a la profesora McGonogall, a Hagrid y al profesor Absurbual – Adelante, gracias por venir – dijo sonriendo imitando la cortesía que Draco le dijo debía tener un gran señor, en especial si era de una buena familia.

- Ah, Molly querida, ya están aquí – saludó la profesora sonriendo mientras Hagrid sacaba de sus bolsillos un montón de cosas de regalo para los niños, aunque Harry pensaba que algunos de ellos iban a tener que pasar por la inquisición de la Señora Weasley antes que los tomaran sus hijos. Regresó a la puerta y le sonrió a Tonks y a Kingsley invitándolos a entrar. Estaba por cerrar la puerta cuando sintió un suave jalón en la túnica.

- Este Lucius – suspiró levantándolo y se topó con el hombre rubio – eh, hola, señor Malfoy – dijo entornando los ojos ¿no había dicho Draco que sus padres habían rechazado la invitación? No, había dicho que su madre se negaba a ver la antigua casa de los Black tan degradada – adelante.

- Vaya, vaya, así que este niño tiene el honor de llevar mi nombre – le dijo observando al pequeño que lo miraba con gran curiosidad.

- Harry, se me ha perdido... – llegó diciendo Draco – padre – terminó mirando al hombre que fijaba su mirada gris en su hijo.

- Supongo que ya encontraste lo perdido, Draco – le dijo - deberías cuidar mejor a tus retoños – le dijo con la sonrisa torcida.

- Sé cuidar a mis hijos – le dijo acercándose a Harry – venga, amorcito, debes ponerte tu túnica para que vengas a la fiesta.

- No, papi – dijo aferrándose al cuello de Harry.

- Lo llevaré arriba, tú atiende a nuestros invitados – le dijo el moreno divertido, ese era uno de los más caprichosos de sus hijos.

- Mm, se aparecerán los otros por aquí buscando a su ma – dijo Draco mirando el techo, aunque ya sólo me faltaba cambiar a Lucius.

- ¿Estaba alguno de los chicos cerca del suelo? – le dijo preocupado.

- Espero que no, había cuatro pares de ojos vigilándolos, pero de todas maneras Lu se escapó llamando a su papi, ni caso de controlarlos a los cinco, pese a toda la ayuda que he tenido.

- Los tienen demasiado consentidos – sonrió Lucius malicioso.

- Ya quisiera tenerlos cinco minutos a su lado – dijo Harry entre dientes – en menos de lo que se imagina me los mandaría de vuelta, se lo aseguro – suspiró subiendo al segundo piso y entró en la habitación de los bebés.

James se paseaba por el cuarto con su emulo montado sobre su lomo, ya que estaba transformado en ciervo, tratando de calmarlo un poco mientras Sirius hacía lo propio con Alcius y Barthy, mientras Remus mecía a Sirius que se aferraba a su cuello como quien ha visto algo feo, los cuatro llorando y gritando a cajas destempladas, ni que los estuvieran torturando.

- ¿Qué ha pasado? – les dijo preocupado caminando hacia ellos.

- ¡¡Papi!! – gritaron los cuatro tirándole los brazos.

- Empezaron a llorar apenas Draco salió de la habitación – le dijo su padre – y no sabemos qué es lo que les pasa, simplemente se dieron cuenta que uno de sus papis se iba, y aquí los tienes.

- Amorcitos – les dijo acercándose a ellos mientras le entregaba el bebé a Dobby que lo miraba preocupado – no lloren así, apenas Lucius esté listo podremos bajar todos a conocer a gente nueva ¿si?

- Papi – insistió Alcius tendiéndole las manos y Harry lo tomó.

- Ya, tranquilos, estamos listos – sonrió al ver a Lucius con su túnica nueva - espero que se comporten – le dijo a su padre – me temo que hay alguien con quien yo no había contado allá abajo.

- ¿Vino Snivellus? – dijo Sirius divertido.

- No, son el papá de Draco – suspiró – y mi jefe de casa.

- Bueno, no creo que sean mayor problema – dijo Remus y vio a Draco entrando pálido a la habitación – pasa algo malo ¿verdad?

- Harry, el ministro de magia está aquí y quiere hablar contigo.

- ¡¿El ministro de magia?! – dijo Remus preocupado – no le gusta mi compañía.

- Dios, esto es culpa de tu padre, recuerdo que mandé dos invitaciones a tu casa, pero no regresaron, pese a que me dijiste que tu madre la había rechazado – suspiró Harry – y no puedo retener a los niños mucho más aquí y sería terriblemente descortés de mi parte echar al ministro de magia de mi casa.

- Sin embargo, los señores tendrían que quedarse aquí arriba, se suponía que la sorpresa iba a ser sólo para los amigos y los cercanos – le dijo Draco molesto.

- Preguntarán por qué Remus no baja a cenar con nosotros, porque los Weasley ya lo vieron – señaló Harry.

- Creo, hijo – dijo James recobrando su figura humana – que es mejor que nos presentemos todos allá abajo, sé que a muchos les sorprenderá mucho vernos a Sirius y a mí vivos, pero más temprano que tarde iban a tener que enterarse todos de todas maneras ¿no te parece?

- Tienes razón, pero no quería que fuese de esta manera.

Los cinco adultos bajaron con los bebés en brazos en un absoluto silencio, cada cual temiendo alguna reacción desfavorable en tormo a los dos adultos que ahora estaban "vivos", siendo que todo el mundo mágico los creía muertos.

La sorpresa no la habían causado los niños principalmente, sino que dos de aquellos que los cargaban, Sirius y James cargaban a los bebés del mismo nombre mientras estos gimoteaban que querían que su ma o su papi los cargaran. El ministro de magia había dicho que aquello era verdaderamente imposible, en especial porque James Potter llevaba dieciseis años de fallecido, o al menos eso era lo que creía el mundo mágico, y en cuanto a Sirius, nadie sabía con certeza que había detrás del velo de la supuesta muerte en el departamento de misterios.

- Pues ciertamente James sigue tan guapo como siempre – le sonrió Molly – se nota que los años no le han pasado por encima.

- Y vaya que es cierto – dijo el profesor de transformaciones prácticamente babeando por el moreno que le sonrió apenas.

- Bueno – dijo Lucius recobrando el aplomo mejor que los demás, después de todo un Malfoy no puede tener cara de bobo por mucho rato, era cuestión de orgullo – se suponía que izamos a ver a los niños ¿no?

- Cierto – sonrió Harry agradeciendo en silencio la interrupción del rubio mayor, nunca se imaginó tener que ver a su profesor de transformaciones en semejante estado por la presencia de su padre, si era casi como Snape con él – se presentarán solitos ¿verdad? – le dijo a los bebés sonriendo orgulloso, cada cual conocía su nombre, aunque no lo pronunciaran de corrido aún.

- Si... rius - dijo el morenito, Harry había notado hacía pocos días que sus ojos pasaban de verde a gris según su estado de ánimo, y ahora estaba contento, así que eran grises, cuando estaba enojado o con miedo eran verdes como los suyos.

- Ja... mes – dijo el rubio de ojitos bicolor mostrando sus dientes.

- Lu... cius – sonrió el rubio de ojos celestes.

- Bar.. thy – sonrió el rubio de ojos verdes sonriendo.

- Al... cy – sonrió el último rubio, el de ojos pardos.

- Potter-Malfoy – sonrió Harry al ver la mirada asesina del mayor de esta última familia – nuestros cinco dolores de cabeza.

- Papi – le reclamó Lucius que era quien él cargaba.

- Bien, espero que no repitan el escándalo de la tienda de Madame Malkin si alguien los carga – los amenazó Draco sentando a Alcius en el suelo mientras los demás hacían lo mismo con los otros – y, James, no vayas a morder a nadie ¿sí?

- Es bastante tarde para que los niños pequeños anden en pie – dijo Tonks agachada mirando a los niños – hola, bonitos.

- Durmieron toda la tarde - le dijo Sirius – vaya a saber a que hora van a dormirse esta noche, si logramos mantenerlos controlados – suspiró agarrando por la cintura a Lucius volviendo a sentarlo con sus hermanos que mordían sus gomas masticables como quien quiere romper algo con los dientes.

- No creo que hagan un gran desastre estando rodeados de grandes – dijo Molly acariciando la cabeza morena del pequeño Sirius.

- Se nota que no los has visto en acción, Molly – le dijo Remus – compadezco al maestro que les toque cuando sean grandes y a Harry y a Draco cuando alcancen la adolescencia.

- Ni que fueran tan terribles – dijo Tonks.

- Cuidado – le dijo apartando la mano del rostro de James – este enano muerde absolutamente todo lo que llega al alcance de su boca – le dijo el licántropo divertido – incluidas las varitas mágicas.

- Papi – dijo Lucius poniéndose de pie apoyado en sus brazos.

- Papi está ocupado ahora, pero vendrá dentro de un rato – le dijo Sirius - ¿quieren conocer a las visitas? – les sonrió – ella es Nyphandora Tonks – ella les hizo una cara cómica y ellos rieron – ella es Molly, la mamá de su tío Ron, ey, vengan para que los niños los conozcan – les dijo a los otros adultos – este es Arthur, el papá de su tío Ron, él es Kingsley Shacklebolt, es auror – este les guiñó un ojo – ya conocen a Hermione y a Ginny, él es Artemius, ya lo conocen del colegio ¿no? Igual que a Minerva y a Hagrid, él es Elphias Doge, ella, Hestia Jones y Sturgis Podmore ¿quién me falta? Ah, Lucius, no seas estirado, después de todo son tus nietos – lo jaló de la capa y lo puso ante los niños que lo miraban atentamente – Lucius Malfoy, el papá de su ma.

- Espero que no me vaya a decir abuelo – dijo este entre dientes manteniendo una digna distancia con ellos.

- Mal... foy – dijo James – ficil – movió la cabeza.

Harry miró divertido a sus hijos, el ministro de magia los había apartado para hablar con él y con su padre, pero de todas maneras había mantenido un ojo sobre sus hijos, pese a toda la atención que tenían a su alrededor. Escuchó el sonido de la puerta y asintió cuando Draco le indicó que él iba a atender a las nuevas visitas que llegaban.

Draco tenía que admitir que su dignidad de Malfoy lo mantenía tranquilo, pero también que la presencia de su padre lo había hecho recobrar el aplomo, de seguro habría tenido un ataque de nervios de no haber percibido su mirada constante sobre él. Abrió la puerta y sonrió tensamente ante el grupo de pelirrojos que estaban frente a él, los gemelos Fred y George, Charlie y Ronald Weasley que venían cargados de paquetes, detrás de ellos venía Alastor Moody y Severus Snape, además de varias otras personas que no conocía, pero que debían serlo de Harry o no estarían esa noche allí.

- Adelante, gracias por venir – le dijo con graciosa cortesía acompañándolos hasta el salón en donde los pelirrojos corrieron a dejar los paquetes bajo el árbol para que los bebés no los vieran antes de dirigirse hacia ellos para poderlos ver mejor.

- Hay una magia diferente en esta casa – dijo Ojo Loco mirando a su alrededor – antes no estaba aquí.

- Hemos hecho bastantes modificaciones – le dijo Harry luego de saludarlo tranquilamente, su presencia parecía haber calmado la ansiedad del ministro de magia – como habrá notado, aquel retrato escandaloso por fin pudo ser retirado.

- Lo que me extraña es aquellos pequeños rastros de magia que se perciben en las paredes, parecen estar esperando que alguien les llame para aparecerse – dijo vigilando con su ojo mágico.

- Deben ser los túneles mágicos que descubrieron mis hijos – le dijo Draco de pasada – nos han causado más de un dolor de cabeza en estos últimos días, si de por sí son inquietos, con su ayuda son una locura.

- Lo peor es que es magia que sólo ellos controlan, espero que sea sólo aquí, en el colegio no sabríamos qué hacer para controlarlos, es mucho más grande y hay muchas posibilidades que aparecieran en un lugar nada de adecuado – dijo Harry.

- Supongo que es herencia de los Malfoy – le dijo Lucius padre divertido uniéndose a ellos, le parecía ridículo ver a un montón de adultos supuestamente racionales haciéndole morisquetas a los niños – claro que sólo se activó aquí porque has anulado toda clase de magia negra que pudiese existir en este lugar y puesto otros hechizos que nunca fueron propios de los Black – miró a su hijo que ahora conversaba con Snape – Draco tenía esa facultad siendo bebé, la tuvo hasta que cumplió los dos años, por eso tuvimos que hacer un conjuro especial en Malfoy Manor para evitar que se saliera a los jardines o se apareciera en lugares "inconvenientes", como la cocina o donde estábamos preparando alguna poción o realizando alguna magia peligrosa.

- Insisto ¿por qué heredaron sólo lo malo de ambas familias?

- Quizás sólo sea que ahora manifiestan esas cosas y más adelante empiecen a manifestar lo bueno de las familias – le dijo Ojo Loco sonriendo, Harry esperaba que los niños no lo vieran hacer ese gesto, de seguro se asustaban – quizás sean geniales cuando grandes.

- Tendrían de donde sacarlo - suspiró Lucius – cinco chicos muy guapos, ricos, inteligentes y terriblemente inquietos, casi como eran los merodeadores en sus buenos tiempos – dijo mirando a James padre que estaba apoyado en la repisa con una copa en la mano mientras Artemius Asbursual lo miraba con adoración.

- Papá – dijo un bebé abrazándolo por el cuello arrodillado y subido en la alacena distrayéndolo de lo que hacía.

- ¿Cómo llegaste aquí, Alcy? – le dijo sorprendido.

- Eco – le dijo señalando una figura en las ramas del árbol que rozaban la repisa un poco más allá, sólo que no había podido llegar allá porque su "papá" le tapaba el paso hacia este.

- No, el árbol no es para subirse, amorcito – le dijo haciendo que lo soltara para bajarlo – después de la cena podrás tomar las figuras.

- No deberías consentirlos tanto, Potter, después serán insoportables.

- Creo, Snivellus, que no eres el indicado para dar esa clase de consejos – le replicó este molesto – nunca has sido padre.

- Tú tampoco – le replicó de vuelta.

- Pero al menos yo si tuve un buen ejemplo – le dijo entre dientes colocando a Alcius con sus hermanos.

Harry miró a su padre y luego a Snape que estaba a punto de replicarle algo cuando llegó uno de los elfos informando que la mesa estaba servida, nunca había agradecido tanto la interrupción, si se armaba una pelea, era más que lógico que los Slytherin iban a salir perdiendo, en especial si había tantos que iban a favorecer a su padre.

La cena había sido tensa, en especial porque Snape se había dedicado a decirle cosas a su padre, pese a que los sentó bastante separados, aunque Harry admitía que su padre no se quedaba atrás diciéndole pesadeces al oscuro profesor, para él había sido un error invitarlo, pero como era el padrino de Draco, no podía dejarlo fuera. Menos mal que Lucius Malfoy se había comportado y no había dicho nada contra los Weasley, quizás fuera por la presencia del ministro, no lo sabía, pero de todas maneras agradecía su silencio.

- Te noto algo pálido – le dijo Remus en voz baja.

- Me temo que mi padre no vaya a contener por mucho más y le vaya a decir a Snape lo que piensa de él delante de Sirius, podría armarse una nueva guerra dentro de mi casa – le dijo Harry en el mismo tono.

- Te aseguro que James mantendrá su lengua en su sitio – le sonrió.

- Papi – le dijo Barthy apoyado en sus piernas y Harry lo sacó de debajo de la mesa notando que los demás también estaban allí.

- Veo que quieren sentarse a la mesa con los adultos – les dijo y los sacó transformando una silla para cada uno de manera que quedaran a la altura de la mesa mezclados entre los adultos para poder vigilarlos un poco mejor – no causen desparramos ¿si?

- Con el caso que suelen hacer – suspiró Draco alejando de las manos de James una ensaladera – toma, come puré.

- Ñam – le reclamó molesto.

- Este enano te va a dar guerra – le dijo James padre acercándose a ellos – venga, cómete el puré y después podrás tomar el postre.

- No, ñam – insistió.

- James, si quieres galletas, me vas a hacer caso o si no te voy a ir a dejar allá arriba castigado – lo amenazó entregándole la cuchara.

- Es muy pequeño para que te entienda – le dijo Molly.

- El entiende perfectamente lo que le digo – se sentó en su asiento y todos vieron asombrados que pese a tener los ojitos llorosos, el pequeño de ojos bicolor se comía el puré como le decían.

- De haber sabido que así se controlaba a Draco – dijo Lucius y recibió una mirada asesina de su hijo – habría pagado con gusto por la información.

- Padre – le dijo este realmente molesto.

- Padre – repitió el pequeño Sirius – puré – le entregó la cuchara.

- ¿Se puede saber qué es lo que pretendes? – le dijo este sorprendido.

- Que le des de comer – le dijo el otro Sirius del otro lado de la mesa mirando al morenito que le tendía la cuchara, esperanzado.

- No va a perder su dignidad de Malfoy alimentando a su nieto – le dijo Harry divertido.

- Genial, como si alguna vez hubiese hecho el intento – dijo tomando la cuchara comenzando a alimentar al pequeño que sonreía abiertamente, pero se lo comía todo.

- Vamos, Lucius – se rió James – al menos los niños consiguieron una manera de llamarte: "padre" – se burló – y no es tan difícil ¿verdad?

- Me pregunto por qué no hay una cámara a mano cuando uno las necesita – dijo Draco mirando a su padre entre divertido y extrañado – no todos los días se ve al gran Lucius Malfoy alimentando un bebé.

Pero de repente un flash dio sobre la mesa y todos se volvieron a mirar el lugar donde había iluminado la luz, pero aquel ser que lo había activado no estaba.

- Este sí que va a ser un gran recuerdo de navidad – se rió Arthur Weasley divertido viendo a Lucius que siguió como si fuese un trabajo de todos los días atender a un niño pequeño, pero molesto al fin y al cabo, si ni siquiera había atendido a su hijo a ahora debía hacerlo con su nieto, aunque debía admitir que sentía algo extraño en que el pequeño pusiese su confianza en él para alimentarlo.

- Quizás hubiese sido bueno para Lucius el tener más hijos – dijo James sonriendo con un cierto dejo de ternura – le sienta bien hacer de padre ¿no crees, Sirius?

- Habría sido un desastre – le dijo Lucius – uno no es igual con los hijos que con los nietos.

- Y Narcisa no habría querido tener más hijos para no tener una oveja negra, como le pasó a todos los Black – dijo Sirius pensativo – siempre los hijos mayores "destiñeron" de alguna forma.

- Oh, no creo que haya sido por eso – le dijo Lucius dejando la cuchara en la mesa luego de terminar de alimentar a su nieto – Narcisa me reclamó todo el embarazo que su figura se había arruinado, que ella no iba a salir a la calle en semejantes condiciones, que apenas el niño naciera se iba a poner a dieta para recobrar su hermosa figura de reloj de arena, y un montón de cosas más, así que ni mencionar la idea de tener otro hijo, creo que primero me hubiese matado, cosa que no creo le hubiese sido muy difícil teniendo en cuenta la época en que vivíamos y de quien era hermana ¿no? Y mucho menos mencionar la posibilidad que fuese una niña, porque debía tener a la primera el heredero que necesitaba y exigía mi familia.

- Mala – dijo Alcius convencido mientras Remus lo alimentaba.

- No, loca, como todas las Black – dijo Lucius.

- Eso no es justo – dijo Tonks molesta – mi madre también es una...

- Tu madre es la oveja negra – le recordó Sirius divertido – así que ella no cuenta entre las locas, aunque admite que lo estaba si se casó con tu padre – le recordó.

- Pero yo también soy en parte una Black – le dijo ella.

- Tonks - le dijo Remus divertido – dime que estás cuerda de estar enamorada de un hombre lobo – y ella se sonrojó hasta el mismo cabello antes de quedarse en el más absoluto de los silencios.

- Me gusta el color de tus cabellos – le dijo Ginny – hay veces que me gustaría cambiar el mío, soy muy vistosa.

El tema comenzó a variar, al parecer el que James padre hubiese regañado al pequeño James había servido para calmarle los ánimos a los otros que se quedaron tranquilos mientras los adultos cenaban y conversaban exigiendo atención en contadas ocasiones y rompiendo temas cuando comenzaban a ponerse densos o pesados.

- Son casi las doce – dijo Draco – es hora del postre ¿ordeno que lo sirvan aquí o pasamos a la sala? – ofreció como buen anfitrión.

- Es mejor que nos lo sirvamos aquí y después vayamos al salón a brindar – dijo Scrimgeour pensativo – me fijé que los bebés querían coger algo del árbol y si tienen la facultad de aparecerse en donde ellos quieran, al menor descuido el árbol estará en el suelo.

- Creo que Rufus tiene razón – dijo Ojo Loco, era el único que se tomaba esas libertades con el ministro – esa magia que tienen puede ser peligrosa si no les ponen atajo cuanto antes.

- Pues lo veo difícil – dijo Lucius – bloquearla significa poner alrededor de ellos una gran cantidad de barreras mágicas como las que tiene Hogwarts o anular su magia hasta que ellos cumplan los dos años y vaya a saberse qué clase de daños les estarían provocando.

- ¿Qué hiciste tú en el caso de Draco? – le dijo James pensativo, con razón la magia había aparecido hasta ahora, como el colegio tenía cientos, sino miles, de hechizos protectores, ellos no habían podido hacer uso de esa clase de magia, el colegio la anulaba tan pronto asta aparecía ya que ningún humano podía aparecerse allí, pero eso no contaba en Grimauld Place.

- Amarras mágicas – suspiró – pero sólo funcionaron los primeros meses, después de un tiempo aprendió a controlar su magia y, como era magia activada por un Malfoy, la anuló con cierta facilidad, así que tuve que ponerle una restricción a su magia o nos habría vuelto locos.

- Por eso los muggles dicen que con los hijos se pagan las maldades de la infancia – suspiró Harry – pero yo no tengo maldades que pagar.

- Tú no, pero tu padre sí – dijo Remus divertido y este desvió la mirada hacia la pared suspirando.

- Si, cuando estábamos en Howgarts no había semana que no mandaran alguna lechuza a mi casa a causa de mi mal comportamiento, mi madre me regañaba mucho, pero no solía obedecerla muy seguido.

- Papá – exigió el pequeño James su atención - postre.

- Cierto, pequeño, estamos siendo demasiado densos y nos hemos olvidado de lo verdaderamente importante, el postre – le sonrió.

Luego de haberse servido el postre, el reloj marcó la media noche, y aunque Harry hubiese preferido entregarle los regalos a los niños cuando estos se despertaran por la mañana, pero no parecían dar señales de querer dormirse de nuevo, ya más de una vez los habían bajado de las repisas o encontrado intentando subirse al árbol para tomar los angelitos de adorno, a cada segundo que pasaba se ponían más inquietos.

- Bueno – dijo James sentándose en el suelo – creo que es el mejor momento para que entreguemos los regalos ¿no les parece? – los adultos asintieron y Harry convocó un montón de asientos para que se ubicaran todos alrededor del árbol mientras los bebés se sentaban en el suelo frente a su "papá" – a quien llame, vendrá a buscar su paquete – se inclinó hacia la base de árbol y sacó un paquete – Sirius Black – dijo divertido y su amigo se acercó a él tomándolo – Alcius Potter – y su nieto se puso de pie abrazándolo antes de tomar el regalo – Lucius Potter – este imitó a su hermano pero fue a sentarse a los pies de Harry con el paquete sobre sus piernas – James Potter – sonrió – soy yo – dijo al comprender que su nito iba a ponerse de pie dejándolo a un lado – James Potter-Malfoy – sonrió mirando a su nieto de ojos bicolor que lo miraba feo pero de todas maneras imitó a sus hermanos – Ronald Weasley – el pelirrojo sonrió y tomó el pesado paquete – Sirius Potter – sonrió cuando este tomó la caja luego de darle un húmedo beso en la mejilla – Barthemius Potter – este lo miró feo, al parecer no le gustaba que le dijeran su nombre completo, pero fue por su regalo haciendo lo mismo que sus hermanos – Harry Potter – este lo abrazó con fuerza como lo hicieran sus hijos – Lucius Malfoy.

- Espero que no pretendas que haga lo mismo que los bebés – le dijo este molesto tomando el regalo regresando a su asiento.

- Severus Snape – lo tomó – está pesado, espero que no sea una bomba – se rió – Hermione Granger, Ginny Weasley, Fred Weasley, Charles Weasley, George Weasley, Minerva McGonogall... – siguió mencionando a los demás, pero se detuvo un segundo un tanto alarmado – Harry, aquí hay algo muy pesado ¿me ayudas a sacarlo?

Harry retiró el hechizo que mantenía los regalos ocultos y ayudó a su padre a sacar el enorme paquete de debajo del árbol, ese no era un regalo que ellos hubiesen puesto allí y no les parecía haber visto a alguien poniendo un regalo de esas dimensiones, a no ser que este estuviera hechizado para tomar su tamaño real hasta la media noche.

- ¿Papí? – dijeron los niños mirando a Harry que compartía una mirada extrañada con su padre antes de leer para todos en voz alta la tarjeta.

- Bebés Potter-Malfoy, de A. Dumbledore – dijo este mirando a su padre aún más sorprendido, eso era aún más imposible, el viejo profesor no podía haber enviado un regalo a los niños porque estaba muerto.

La palidez de los presentes parecía confirmar el estado de estupefacción de todos, los únicos que tenían curiosidad eran los bebés ante un paquete tan grande...

Continuará…

:P Esto no salió como pensaba, nunca las cosas salen como las planeo, pero bueno, está saliendo al fin y al cabo. Están pasando cosas muy raras en este fic, no digo que el viejito chiflado esté vivo, ni siquiera yo estoy muy segura de lo que sigue, aún no tengo planes para el siguiente capítulo, el que podría tardar un resto en salir, de todas maneras espero les guste, cuando en el fic lleguen al año nuevo diré quienes son los padrinos y madrinas de los bebés.

Shio Chang