¡Hola a todos los lectores! Aquí os pongo el siguiente capitulo de la historia. No sé como me está quedando, así que estiraros y dejarme reviews ¡porfiiiiiiiiiiiiiiiiii!

LyoneesEvans¡Muchas gracias por tu review! Lo agradezco mucho, de verdad. Todavía no tengo muy claro a quién voy a emparejar porque todavía quedan personajes por aparecer, pero ya iremos viendo. ¡Un besin!

Y ahora sí, empiezo con el capítulo.


Era domingo a media noche. James estaba tirado en la cama de cualquier manera. Esperaba a que llegara Sirius, que no había vuelto aún de su cita. Remus estaba sentado en la mesa, con la varita en la mano, haciendo florituras y escribiendo su nombre en el aire con letras doradas. Bajó la mano y suspiró.

- Me pregunto cómo Padfoot aguanta los lunes por la mañana despierto en clase –dijo el licántropo en voz baja.

- Moony, recuerda que muchas veces no aguanta –contestó James con la vista fija en el techo. Necesitaba una mano de pintura, pensó tontamente.

En la cama de enfrente de la suya, Peter se dio la vuelta y siguió durmiendo (NDA¡Aprovechad a echarle un maleficio, amigos!).

- Ya va tardando mucho, James. ¿Le habrán pillado? –Remus parecía preocupado.

- Más le vale que no porque como Filch le confisque la capa... –James puso su mejor cara de asesino en serie.

En ese momento la puerta se abrió despacio, para volver a cerrarse un momento después. James y Remus se pusieron en pie uno junto al otro, como si fueran los padres de Sirius.

- ¿Qué horas son estas de llegar? –ese fue Remus, con tono de "me has decepcionado, hijo".

Sirius, que se estaba quitando la capa cuidadosamente, dio un respingo y se dio la vuelta.

- ¿Se puede saber que coño hacéis ahí de pie con la luz apagada¿Queréis matarme de un infarto o qué?

- No, querido amigo –James tenía una sonrisa pícara en la cara-. Queremos que nos cuentes con pelos y señales esa cita, que tuvo que salir bien para que hayas llegado tan tarde.

Sirius sonrió entonces con la sonrisa de las grandes victorias que tan bien conocían sus amigos.

- Pues verás, Prongs, hoy he triunfado en toda regla. Fíjate que ya tengo hasta pareja para el baile de Halloween... Alice es genial.

(NDA: Alice es la madre de Neville de joven¡mira tu con quién se jugaba los cuartos!).

- Todavía queda para Halloween –dijo Remus tumbándose en la cama-. Y además, todas las chicas con las que sales son "geniales", según tu.

- Sí, Padfoot, a mí ya me aburren tus cuentos de citas –ese era James, con todo el morro.

- ¡Pero si me preguntaste tu, idiota!

Los otros dos no hicieron ni caso. Sirius se encogió de hombros, dejó la capa de invisibilidad en una silla y se echó a dormir sin molestarse en desvestirse.

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Lo primero que sintió Sirius al despertarse fue frío, mucho frío. Se dio la vuelta refunfuñando y buscando su edredón, que parecía haberse desvanecido. Pero no, eran Remus y James, que llevaban un rato largo intentando levantar al animago sin resultado. A cierta distancia estaba Peter observando la maniobra, encantado de que por una vez el blanco no fuera él (NDA: Ya lo serás, ya).

- ¿Y si traemos del baño la jarra de agua fría, Moony?

La sugerencia de James tuvo la virtud de levantar a Sirius de un salto. El moreno miró a sus amigos con cara de pocos amigos (NDA¡Me ha encantado esta expresión!), como decidiendo a por quién ir primero pero miró el reloj y se dio cuenta de que tenía el tiempo justo para ducharse y bajar a desayunar.

- ¡Ya me vengaré luego de vosotros! –concluyó yendo hacia el baño.

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En la habitación de las chicas estaba teniendo lugar una escena parecida. Esta vez, la víctima era Lucy, pero eso no era una novedad porque la tía siempre se dormía. Sidney y Lily no se dedicaron únicamente a quitarle el edredón, sino que le estaban tirando una por cada pierna, y ni aún así conseguían que se moviera de la cama.

- Bueno, Lyls, me parece que vamos a tener que llamar a Frank –dijo Sidney con tono pesaroso.

Lucy se levantó de un salto (NDA: En esta escuela todos se levantan con una energía...).

- ¡NOOO! –gritó-. ¿Queréis que me vea con esta facha¿Pero qué clase de amigas sois vosotras?

Las otras se miraron sonriendo. Lucy estaba loca por Frank casi desde el primer día. Sidney, que era la experta en amores del grupo, decía que el chico parecía interesado, pero Lucy, que era una tozuda de tomo y lomo, decía que ni de coña. Así que ya la habían dejado por imposible.

- Venga, Lucy, yo creo que a Frank le vas a gustar igual -¿He dicho que la habían dejado por imposible? Miento, Sidney seguía igual de pesadita con el tema.

- No empieces otra vez, que entre que os peleáis y no no nos da tiempo a bajar a desayunar y estoy que me muero de hambre –dijo Lily, que siempre hacía de pacificadora entre las dos (NDA¿Os suena de algo? Ron y Hermione siempre traen frito a Harry, se ve que de tal palo tal astilla).

Lucy se apresuró a meterse en la ducha, porque si había algo que se comparase a su afición a dormir era su afición a comerse un mínimo de cinco bollos en el desayuno. La verdad es que nadie sabía dónde los metía porque no engordaba ni un ápice.

Pero si Lily pensaba que la discusión iba a acabar ahí estaba equivocada, porque Sidney siguió dándole la murga a Lucy desde la puerta del cuarto de baño, y la otra replicaba desde la ducha (NDA: Imaginaros el panorama, si es que qué afición a la discusión tienen estos pequeños magos).

- ¡Que me dejes en paz, Syd! –la voz de Lucy sonaba amortiguada por el agua.

- ¿Por qué¡En el fondo sabes que tengo razón pero pasas de mi! –replicaba Sidney como si estuviera en Salsa Rosa informando de la crónica social.

Lily escuchó pacientemente diez minutos (NDA: Hay que decir que sus compañeras de cuarto tardaban más en ducharse que los Merodeadores, ahí es nada), y acto seguido decidió bajar a desayunar ella sola, dejando a las dos contertulias con sus asuntos.

Por el camino se encontró a Remus. Era el único Merodeador que podía aguantar, porque era prefecto también y esos cargos unen mucho (NDA: Sí, claro, sobre todo a Ron y a Malfoy, que se hicieron de un amigo cuando los nombraron prefectos...). La pelirroja estaba dudando de si sonreírle o no, porque todavía se acordaba de los puntos que le había quitado unos días atrás (NDA¡Qué rencorosa es nuestra Lily cuando le das en los puntos!), pero la duda quedó resuelta cuando él se le acercó.

- ¿Qué tal, Evans? –saludó el chico-. ¿Por qué bajas con esas ínfulas?

- He dejado a las dos marujas de mis compañeras discutiendo como posesas en la habitación, y yo me he bajado porque tengo hambre y esos bollos con azúcar glas que ponen los elfos me encantan, espero que no se hayan acabado –la prefecta dijo todo esto de un tirón.

- ¡Bueno! Entonces igual que yo. Sirius y James están peleándose arriba, y decidí bajar yo solo –comentó Remus con una sonrisa-. Peter quería venir conmigo pero le dije que vigilara que no se sacaran los ojos (NDA: En realidad fue porque con lo gordo que es se comería su desayuno y el de Remus). Además, James siempre me quita los bollos con chocolate, que son mis favoritos (NDA¡NO¿En serio?).

- ¿Te importa si desayunamos juntos? Porque dos prefectos son mejor que uno, y si viene Lucius Malfoy a dar la plasta podemos quitarle el doble de puntos –sugirió Lily.

- Me encanta la idea.

Por el camino se encontraron a Frank, que saludó a Lily con un beso en la mejilla y a Remus con una palmada en la espalda. Se llevaban muy bien, porque obviamente si hay unos tíos en tu equipo de quidditch que se ocupan de que no te den las bludgers asesinas comienzas a cogerles cierto cariño.

- ¿Os importa que os acompañe a desayunar? –preguntó el cazador-. Es que mis compañeros de habitación se me comen todos los bollos de azúcar glas.

Al oír esto, Lily echó a correr hacia el Gran Comedor. Frank miró a Remus interrogante.

- Creo que vas a volver a quedarte sin bollos, majo –le dijo este último, mientras Longbottom echaba a correr tras la pelirroja.

Remus sonrió mientras los veía alejarse. Pero no le dio tiempo a relajarse porque dos torbellinos se pararon a su lado.

- ¡Hola Moony! –le dijo alegremente James-. Tengo tanta hambre que me comería un hipogrifo.

- "Hala, se acabaron los bollos para mi" –pensó Remus tristemente.

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Evan Rosier se aburría. Y mucho. Las reuniones de prefectos eran lo peor del mundo. Aún no sabía porqué había aceptado el cargo. Pensándolo bien, no sabía porqué se lo habían ofrecido. No era el mejor estudiante ni de lejos, ni tampoco era especialmente brillante en nada. Y ahora tenía que aguantar a la sangre sucia Lily Evans exponer su idea para el baile de Halloween. Y lo peor de todo era que después de oír las ideas disparatadas de los de Hufflepuff y las siniestras de Slytherin, oír algo decente para variar era hasta gratificante. Sin embargo, se sintió obligado a llevarle la contraria a la Gryffindor.

- Pues a mí me parece una idea absurda.

Sintió encima de él la mirada iracunda de la pelirroja. Tenía que reconocer que le daba bastante miedo. Con las maldiciones que le intentaba echar a James Potter que era de su misma casa, con él seguro que se esmeraba el doble. Y la verdad que no quería acabar con las piernas de gelatina, con las orejas gigantes o con tentáculos en vez de cara, que era un maleficio que Lily tenía dominado.

McGonagall también le miró irritada. No le gustaban nada las interrupciones y Rosier era un especialista en ese campo.

- Señor Rosier, deje que su compañera termine y luego ya opinará –le dijo con mirada severa-. ¿O es que su idea de pescar manzanas en el Lago Negro le parece muy lograda?

- Pescar manzanas es un juego muy típico de Halloween, profesora –contestó Evan bastante picado (NDA: Este niño no sabe que las manzanas se pescan en un barril de agua, debe ser que un lago y un barril no son muy distintos en su mente).

McGonagall suspiró.

- Prosiga, Evans.

Lily le dirigió una mirada de suficiencia a Rosier y terminó de contar su plan. Los otros siete prefectos (dos por cada casa) se miraron unos a otros. Era una buena idea no saber tu pareja hasta el día del baile. Y lo de los disfraces era también original. En la votación final salieron cinco votos a favor (los de Slytherin votaron en contra y Lily, muy elegante ella, se abstuvo).

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- ¿Ha ganado mi idea! –Sidney se puso a dar saltos encima de la cama-. ¡Ya os dije que era genialísima!

Lucy la miró con los ojos como platos. La francesa se había puesto a saltar encima de la cama de Lucy, que ya había tenido que ser arreglada unas cuantas veces.

- Syd, yo que tu tendría cui...

No le dio tiempo a decir más. La cama se desplomó en una nube de polvo y serrín (NDA: Lo que da una idea de lo mucho que limpia Lucy debajo de su cama).

- ¿Hace cuánto que no limpias tu zona de la habitación, Lucy? –preguntó Lily (que está de acuerdo con la narradora) tosiendo y agitando las manos-. Aquí hay más polvo que en el Sáhara.

Lucy sacó su varita y lo arregló todo con un simple movimiento de varita.

- Con lo fácil que es ese encantamiento y lo que te cuesta hacerlo –esta era Sidney, que estaba sacudiéndose la túnica de quidditch-. Además¡por tu culpa llego tarde a entrenar!

Y salió de la habitación a toda prisa.

- Bueno, Lyls, así que ganaste¿no? –Lucy retomó el tema-. ¿Cuándo es el sorteo de los disfraces?

- La semana que viene. Antes no da tiempo, con la cantidad de alumnos que somos hay que inventarse un montón de disfraces –contestó la pelirroja, que ya se estaba empezando a estresar.

- ¿Los prefectos os vais a ocupar de todo? –preguntó la rubia, que estaba rezando porque no le tocara a ella.

- Tranquila, Johns, que no te va a tocar poner ni una sola calabaza –dijo con sorna la prefecta-. ¡Dios mío, Lucy, que sólo quedan tres semanas para Halloween¿Cómo me voy a arreglar para hacerlo todo?

- ¡Tu lo has dicho, Lily, tres semanas, vais a ir sobrados de tiempo!

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Mientras, los Merodeadores se dirigían al campo de quidditch, hablando también de Halloween. Sirius no hacía más que repetir que él ya tenía pareja, y James y Remus le decían que se callara, por favor, que lo sabían de sobra y que además no se podía escoger pareja.

- Pues haré trampas para que me toque con Alice –el moreno seguía a lo suyo.

- Eres una pesadilla, Padfoot –concluyó James-. ¡Cielos, mirad qué hora es! Si no os importa me adelantaré, sería muy maleducado que el capitán del equipo, es decir yo, llegara tarde al entrenamiento.

- ¿No le odias cuando dice esas cosas? –dijo Sirius, mirando alejarse a su amigo.

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La semana pasó volando, y antes de que chicos y chicas se dieran cuenta, llegó el día del sorteo. Para variar, nadie tiró bombas fétidas, ni se lanzaron conjuros entre las mesas de Slytherin y Gryffindor. Todos fueron muy formales mientras cenaban y esperaban a que Albus Dumbledore anunciara cómo iba a ser el sorteo (NDA: Viejo chiflado... A ver qué hace para amargarles el baile a sus pobres alumnos... ¡Muajajaja!).

- ¡Queridos alumnos! –gritó de repente el director.

Algunos se atragantaron con lo que tenían en la boca porque estaban en medio de la cena. El muy traidor de Albus lo había hecho aposta a ver si se asustaban y ahora estaba tomando nota mental: "Tengo que hacerlo más veces. Me ha gustado el saltito de Snape en la silla. Pero tendré que tener cuidado porque Lupin se ha asustado y está dejándolo todo perdido de migas...".

- Como ya sabéis algunos, este año la fiesta de Halloween será un poco diferente. Nada de las tonterías de pedir a alguien que sea vuestra pareja –el director estaba disfrutando de lo lindo-. ¡Este año todo será un misterio hasta el día del baile!

Eso ya lo sabían todos, por lo que nadie aplaudió. Dumbledore se enfurruñó y les miró a todos por encima de sus gafas de media luna.

- Pues ya que sois todos tan sabihondos, ahora ya no os cuento el chiste que os iba a contar. ¡Y que conste que es muy bueno!

Los alumnos se miraron unos a otros. Estaban ansiosos por saber el disfraz que les había tocado. Algunos esperaban conocer sus parejas antes del baile.

- Ahora aparecerán a vuestro lado unos sobres. Dentro está el disfraz que os ha tocado. El sorteo ha sido limpio y sin trampas (NDA: Contigo de por medio no nos lo creemos, Dumbly). ¡Abrid los sobres! –dijo el director-. ¡Y no se vale decir lo que os ha tocado –añadió como un niño pequeño.

Todos abrieron sus sobres y por supuesto hicieron caso omiso de Dumbledore. Se pusieron a comparar sus disfraces. Alguno que otro se quejaba. Goyle, por ejemplo, decía que no era justo, que él no se quería disfrazar de calamar.

- ¿Qué os ha tocado, chicas? –preguntó Sidney-. A mí de gitana. Ya tengo pensado el traje y todo.

- A mí de pirata –dijo Lucy, encantada de la vida porque era un disfraz muy fácil de hacer.

- ¡Y a mí de princesa! –Lily no parecía muy contenta-. ¿Por qué siempre me tocan las ñoñerías a mi?

Había un gran revuelo en el Gran Comedor. Los Gryffindor estaban levantados y paseaban por las mesas ajenas preguntando a todo lo que se movía de qué se disfrazaban. Los Ravenclaws hacían porras y apuestas de posibles parejas. Los Hufflepuff eran los únicos que estaban sentados, pero estaban agobiados por los pesaos de los Gryffindor. Los Slytherin hablaban entre ellos y se hacían cambios disimuladamente. Goyle, haciendo honor a su fama de tonto, le cambió su disfraz de calamar a Crabbe, que le cedió el suyo de racimo de uvas (NDA: Ya os dije que Dumbledore le iba a amargar la vida a más de uno con los disfraces).

Poco a poco, el comedor se fue vaciando, y el barullo se trasladó a las salas comunes. Lily y Sidney estaban sentadas en el sofá de la sala. Lucy se había ido ya a dormir, argumentando que estaba muy cansada.

- ¡Lyls! –Frank Longbottom se acercó a las chicas-. ¿Alguna de vosotras tiene el disfraz de pirata?

- Lo tiene Lucy –dijo Sidney con una sonrisa en la cara-. ¿Te ha tocado de eso?


Bueno, pues hasta aquí este capítulo. No he puesto todos los disfraces porque quiero tener algo de misterio para el siguiente. En él conoceremos los disfraces de los Merodeadores y tendrá lugar el gran baile. Estoy pensando en las parejas pero aun no las tengo claras del todo así que si queréis dejar vuestra opinión ya sabéis. ¡Dejadme reviews!

Hasta la próxima vez se despide

Merodeadora Lu