HOLA sigo aquí (creo) siento haberme demorado pero luego se presenta cierto síntoma que me dice no hagas nada y pues yo que lo obedezco pero aquí está el siguiente capitulo.
Capítulo 7: Fe, esperanza y olvido–Ahora o nunca –dijo Harry caminando y parándose en el centro cara a cara con Voldemort y con sus amigos atrás de él listos para atacar...
Se colocaron en formación, unos al lado de Harry y otros tras él. Sólo hubo una persona que dudó en moverse a su sitio: Draco Malfoy. No sabía que ocurriría con sus padres cuando atacara a Voldemort, estaba indeciso de hacerlo.
Un roce en su mano lo hizo salir de sus cavilaciones. Hermione lo había tomado de la mano embargándolo de una calidez tan reconfortante que lo motivó, sin siquiera dudarlo un segundo más, a moverse y tomar su sitio dispuesto a pelear aunque otros tuvieran que sufrir y más tarde tuviera que enfrentar las consecuencias de sus actos.
–¡Nunca podrán derrotarme, nunca!
–¡Nunca digas nunca, Voldemort! –apuntó Harry levantando su varita, de la cual salió una intensa luz verde que chocó con otro haz que provenía de la varita de Voldemort.
Dumbledore se desplazó hacia el grupo que precedía Harry mientras una nueva luz ahora roja se unía a la de Harry. Uno a uno fueron levantando sus varitas saliendo de ellas diversas luces de colores, amarilla, rosa, violeta, azul, naranja, que se fueron concentrando en uno solo volviendo cada vez más poderoso el desprendimiento de energía.
–No lo derrotarán, no lo permitiré –sentenció Bellatrix saliendo de su estupefacción.
Pero antes que pudiera conjurar algún maleficio cayó al suelo sin vida. El efecto de tres diferentes hechizos sobre la bruja ocasionaron que su corazón se detuviera (N/A: Creo que lloraré una semana, espero que se note el sarcasmo) Fue entonces cuando la atención de los adultos se centró en los siete adolescentes y Voldemort.
Exactamente en el punto donde hacían coalición los rayos de luz, empezó a formarse una burbuja cada vez más y más grande de una cegadora luz blanca. Justo en ese momento se alcanzaron a distinguir tres diferentes siluetas, la de dos hombres y la de una mujer, que también apuntaban con sus varitas a Voldemort y se encontraban tras él.
A Harry se le iluminó la vista y el corazón le comenzó a latir aún más rápido al reconocerlos y verlos apoyándolo ahí.
"No estás solo, nunca lo estarás, Harry, recuérdalo"
–Mamá.
"No te dejes vencer, Harry, juntos pueden contra esta maldad"
–Papá.
"Siempre te apoyaremos, aunque no físicamente, estaremos ahí"
–Sirius.
–Ellos te apoyan y nosotros también –puntualizó Ron que estaba a su lado.
–Pase lo que pase siempre estaremos juntos –sentenció Hermione.
–Todos unidos –concretó Neville que se hallaba tras él.
La luz blanca y cegadora comenzó a envolverlos a todos, incluyendo a Remus, Snape y Dumbledore. El tiempo se detuvo, no supieron si fueron segundos, minutos u horas lo que tardó en extinguirse el resplandor, cuando pudieron abrir nuevamente los ojos frente a ellos sólo había un montón de prendas exactamente en el lugar donde había estado parado Voldemort. Se miraron extrañados unos a otros hasta que una voz rompió el silencio.
–Se ha ido, después de tantos años al fin murió –dijo Dumbledore con voz cansada.
–Entonces... ¿Nunca más volverá? –inquirió Harry agitadamente.
–Nunca digas nunca, Harry. Por lo que respecta a Voldemort podemos estar tranquilos, ahora si está muerto.
–Que bueno –respiró tranquilo Harry antes de desplomarse sobre el suelo.
Hermione corrió hacia él.
–Está exhausto, tenemos que llevarlo a San Mungo.
–No es el único –pronunció Luke antes de caer al suelo inconsciente.
–¡Luke! –Lisle corrió en su ayuda. Vio que sobre su pecho estaba el amuleto que les habían dado, pero no estaba íntegro– Por Merlín –murmuró antes que varios aurores entraran.
–Tenemos que salir de aquí –informó uno de ellos– el laberinto comienza a derrumbarse.
–Muy bien –habló Dumbledore visiblemente cansado– Remus, encárgate de los señores Potter y Binder, llévalos a San Mungo. Los demás iremos a Hogwarts. Severus, por favor.
–Síganme, aquí está el traslador.
Remus ayudado por uno de los aurores pusieron a Harry y a Luke sobre una camilla.
–Yo quiero ir con mi hermano –espetó Lisle.
Snape miró impaciente a Lisle, pero ésta miraba a Dumbledore.
–Que vaya –opinó.
Remus junto con Lisle, Luke, Harry y dos aurores desaparecieron justo antes de que temblara la construcción y comenzara a derrumbarse la cámara en la que se hallaban.
–Debemos darnos prisa, tomen el traslador.
Todos tomaron el zapato que había hecho aparecer Snape y en poco tiempo todos se encontraron tirados en el frío piso de la enfermería.
–Por Merlín. ¿qué es todo esto? –dijo Madame Pomfrey al verlos llegar cansados, sucios, con las túnicas rasgadas y con varias heridas.
–Poppy, atiéndelos –pidió Dumbledore.
–Profesor Dumbledore ¿está usted bien?
–Sí, sólo que ya no estoy para estos trotes –contestó débilmente.
–Acuéstese, profesor, deje que lo revise. Ustedes, esperen por allá.
El profesor Dumbledore obedeció y se recostó en una de las camas de la enfermería con ayuda de madame Pomfrey y Snape.
Mientras, afuera el sol comenzaba a brillar intensamente dando paso a un nuevo día.
–Déjalo, Poppy, yo sé lo que tengo, es la edad, el cansancio, lo que único que me quedaba por hacer ya lo hice, ahora puedo descansar.
–No diga eso, profesor.
–Es la verdad... trae a los muchachos... –pidió.
Madame Pomfrey hizo una seña para que se acercaran. Los chicos a paso lento se acercaron y rodearon la cama donde yacía el director.
–Neville, Hermione, Ron... y Draco, estoy orgulloso de ustedes, se han convertido en unos grandes magos y una excelente bruja... han tenido que enfrentarse a muchos peligros a su corta edad... además han tenido que afrontar difíciles decisiones sin importarles las consecuencias y estoy seguro que les esperan muchas cosas más por hacer y por pasar... Siempre tengan fe, y guarden una esperanza que los aliente desde el fondo de su corazón. Hermione, Ron, díganle a Harry que todo estará bien, que lo hizo excelente, ni siquiera yo lo habría hecho mejor. Apoyen a Lisle, está pasando momentos muy difíciles díganle que todo quedará en el recuerdo y podrá continuar un día a la vez.
Hermione, Ron y Neville tenían los ojos nublados, sabían a la perfección lo que Dumbledore les estaba diciendo: se estaba despidiendo.
–Vayan a que Poppy los revise.
Los chicos se alejaron y fueron a sentarse en una banca.
McGonagall entró corriendo a la enfermería y se dirigió inmediatamente a la cama del director.
–Minerva, que bueno es verte, de aquí en adelante tu serás quien se haga cargo de la dirección del colegio.
–Albus, te pondrás bien –sollozó.
–Sabes que esto es inevitable, Minerva –hizo una pausa– Severus, el odio no es bueno, corroe el corazón y sé que no eres así. Hay que aprender a perdonar y a olvidar –Snape sólo desvió su mirada al suelo–. Anuncien a los alumnos toda la verdad... ah, y no quiero ser el culpable de que se pierda la celebración de los graduados o de la derrota de Voldemort... Discúlpenme con Harry por no haber podido despedirme de él... –Dumbledore dio un respiro profundo y cerró sus ojos para no volverlos a abrir, pero sabiendo que había ayudado a cumplir un destino que hubiera sido muy pesado para un muchacho de diecisiete años.
potter5: espero no tardarme en el siguiente acabo de empezar a escribirlo así que ya veremos...
Espero también que les haya gustado y no me odien como hizo Faby (una amiga) cuando leyó este capítulo.
Dejen REVIEWS y nos vemos pronto (I hope so)
Saludos Mariana
