No sé si estén de vacaciones o qué pasa pero es triste ver que nadie me deja un review, pero bueno aquí les dejo el siguiente capítulo espero que les guste y me dejen un review.
Nos vemos en el próximo capítulo. Espero que se la pasen super en estas fiestas así que FELIZ NAVIDAD y si no puedo actualizar antes, FELIZ AÑO NUEVO...
Capítulo 9: La esperanza debida
Al día siguiente todo estaba como siempre, los alumnos no tenían clase así que no había muchos en el comedor muy temprano. Lisle acababa de finalizar su desayuno cuando entraron Ron y Hermione, se levantó de su asiento y se dirigió hacia ellos.
–Hermione ¿crees que podamos hablar?
–Claro te veo en media hora en...
–En la entrada ¿te parece? –cortó la Ravenclaw.
Hermione asintió y Lisle se fue dirigiendo una mirad fugaz a Ron.
–No quiere hablar conmigo –Sentenció tristemente el pelirrojo.
–Dale tiempo, voy a hablar con ella a ver que tiene que decir.
Snape y McGonagall se acercaron a Draco, después de intercambiar unas palabras los tres salieron del comedor y del castillo, abordaron uno de los carruajes para salir de los límites de protección de Hogwarts y poder aparecerse en San Mungo. En menos de veinte minutos estaban en la recepción del hospital preguntando por la señora Malfoy.
Snape y Draco se dirigieron a donde ella se encontraba mientras McGonagall se dirigió a donde Harry.
Harry estaba sentado en la cama de la habitación. Se encontraba bien, acababa de desayunar. Su habitación estaba repleta de flores, globos, tarjetas y dulces, pero Harry ya quería salir de ahí, no tenía más de cuatro horas conciente pero ya no soportaba estar acostado en ese sitio.
–Los sanadores dicen que estás estable y recuperándote rápidamente, pero aún estás algo débil, sin embargo, si lo deseas puedes regresar a Hogwarts pero permanecerás en la enfermería por algunos días.
–Sí, lo que sea, no me gusta estar aquí en San Mungo.
La profesora McGonagall sonrió ante la cara que puso Harry de piedad.
–Muy bien –dijo– entonces voy a ver qué podemos hacer.
Draco entró por la puerta y caminó hasta donde se encontraba su madre. Ella se encontraba sentada en un pequeño sofá de tamaño individual mirando hacia a la ventana. Su cabello brillaba con el sol, su vestido azul caía suavemente sobre el sofá, mientras que su mirada estaba perdida en la nada.
El chico se hincó frente a ella.
–Mamá... –la llamó. Ella giró la cabeza– ¿cómo te sientes?
Narcisa se limitó a observarlo detenidamente, como tratando de reconocerlo. Draco tomó una de las manos de su madre entre las suyas pero ella la retiró asustada.
–Yo no te conozco –dijo suavemente– ¿quién eres?
–Soy Draco, tu hijo.
–Yo no tengo hijos –sentenció– el único que tenía murió por traidor.
A Draco se le heló la sangre, su madre lo recordaba como un traidor, bueno no a él exactamente.
Hubo un momento de silencio.
–Te pareces... a mi esposo –continuó hablando, lo que le dio al chico una pequeña luz de esperanza de que se acordara de él– quisiera que él estuviera aquí pero tuvo que hacer un viaje muy largo y no sé cuando regrese... pero ¿quién eres tu? –volvió a preguntar la mujer haciendo que Draco perdiera esa pequeña luz.
–Soy amigo de la familia –contestó.
–¿Eres pariente de Lucius? Te pareces mucho a él.
–Eh... sí, somos parientes.
–Mi esposo no está pero puedes venir cuando quieras, el verano está cerca y mi hijo también estará, es más chico que tu pero sé que encontrarán de que hablar.
Draco asintió, besó la mano de Narcisa y se retiró. Un sentimiento de desolación lo había inundado: su madre no lo reconocía, primero decía que había muerto y luego que volvería en el verano. Pero entendía lo que había pasado: Voldemort había cumplido su palabra, su padre había muerto y su madre había perdido la razón a causa del hechizo que había usado para tratar de mantenerlo a raya.
Salió de ahí. Afuera lo esperaba el profesor Snape, ya juntos se dirigieron a buscar a la profesora McGonagall, ella se encontraba con Harry. Después de un rato más los cuatro pudieron volver a Hogsmeade y de ahí tomar el carruaje a Hogwarts. Ninguno dijo nada en todo el camino.
Cuando llegaron el profesor Snape se fue a su despacho mientras que McGonagall checó que Harry quedara instalado en la enfermería y dio las instrucciones de los sanadores a madame Pomfrey.
–En cuanto vea al señor Weasley y a la señorita Granger les avisaré que estás aquí para que vengan a verte.
–Gracias, profesora.
McGonagall sonrió levemente para después salir de la enfermería. Fue entonces cuando Harry (N/A: y yo también) se percató de la presencia de Draco. El Slytherin estaba apoyado en el marco de la puerta mirándolo sin expresión alguna. De pronto se dibujó en su rostro una mueca que asemejaba a una sonrisa.
–Vaya, Potter, ahora más que antes eres el consentido.
–Y tu sigues igual de pedante –dijo sonriente Harry– ahora ¿podrías explicarme qué ocurrió?
–Qué te explico, Potter –se acercó y se sentó en una silla frente a Harry–. Ni siquiera yo sé aún qué pasó. Confórmate con saber que el Señor Tenebroso se fue gracias a tus amigos y a ti.
–Te olvidas de alguien, también tú cooperaste y te lo agradezco –extendió su mano hacia el Slytherin.
Draco se quedó sin palabras, nunca nadie antes le había agradecido algo. Después de unos segundos estrechó la mano de Harry. Justo en ese momento entraron por la puerta Ron y Hermione.
–¡Harry! –dijeron al unísono acercándose y sentándose en a la cama.
–McGonagall nos dijo que estabas aquí y corrimos para acá –continuó Ron.
–Que bueno que estás bien, al menos podrás ir a la fiesta de graduación –opinó Hermione.
–Es bueno estar aquí –sentenció el chico– con ustedes.
–Ya estás acompañado, me voy.
–Espera, antes que te vayas quiero que hagamos un trato.
–¿Un trato¿qué tipo de trato?
–Quiero saber si Ron y Hermione están de acuerdo en que los cuatro acordemos continuar con la amistad que tu iniciaste –dijo observando a Draco– aunque por otros motivos.
Los tres chicos se sorprendieron ante tal propuesta, intercambiaron miradas. Harry esperó paciente la respuesta pero al ver que nadie reaccionaba.
–Y bien, tengo que descansar así que apúrense –los cuatro rieron rompiendo un poco el ambiente tenso.
–Yo lo acepto –dijo Hermione para después mirar a Ron y a Draco.
–De acuerdo –aceptó el pelirrojo.
Entonces las miradas se centraron en Draco, el chico los miró de vuelta uno a uno y respondió:
–Está bien, también acepto.
Harry extendió su mano para estrechar la del Slytherin, Ron puso su mano sobre la de ellos y Hermione sobre la de Ron sellando así una verdadera amistad.
Madame Pomfrey llegó y echó de ahí a los visitantes, así que Harry no tuvo más remedio que tomar sus medicinas y dormir un poco. Aunque no se sentía cansado se quedó completamente dormido hasta cuando su estómago reclamó un poco de alimento. Adivinando su pensamiento, frente a él apareció Dobby con una bandeja de comida.
–A Dobby le complace ver que Harry Potter está bien.
–Gracias, Dobby –dijo Harry.
–Dobby creyó que Harry Potter tendría hambre así que trajo algo.
–Y no sabes cuánta hambre tengo.
–¿Harry Potter desea algo más?
–No, Dobby, muchas gracias.
Dobby hizo una pronunciada reverencia y desapareció. Harry se devoró todo lo que Dobby le llevó. Cuando terminó Madame Pomfrey le llevó la poción que tenía que tomar después de la cual volvió a dormir.
Así transcurrió el día siguiente. Harry despertó con los primeros rayos de sol. Madame Pomfrey no tardó mucho en llevarle el desayuno y la poción que tenía que tomar. Hermione, Ron y Draco pasaron a saludar a Harry antes de ir a clases.
Las clases eran meramente pláticas y orientaciones sobre las materias en niveles más avanzados, incluso los profesores recomendaban escuelas por si querían tener una mayor preparación. Hermione y Draco fueron a platicar con McGonagall y Snape respectivamente después de ir a cenar.
Ron se encontró con Hermione cuando ella salía del despacho de la profesora y ya juntos fueron a ver a Harry.
–¿Cómo te has sentido? –preguntó Hermione.
–Bien, de hecho ya me siento mucho mejor.
–Y como no, si te la pasas durmiendo.
–Son las pociones que me da Madame Pomfrey –se defendió.
Los tres rieron.
–No hemos podido hablar y me gustaría que me contaran que ha pasado con Lisle –dijo mirando a Ron– Dumbledore ni McGonagall han venido a verme.
Hermione y Ron intercambiaron miradas nerviosas
–¿Qué sucede?
–Pues Dumbledore... eh... pues... murió.
Harry se sorprendió mucho y sus ojos se cristalizaron.
Ron junto con Hermione le explicaron todo lo que había pasado desde el momento en que perdió la conciencia en la caverna donde estaban, le contaron de Dumbledore, sus últimas palabras de aliento, la ceremonia en homenaje a los caídos en batalla y por ultimo la noticia de Luke.
–Pero ¿cómo? Se suponía que para eso eran los amuletos que nos dieron, para protegernos.
–Sí –afirmó Hermione– pero recuerda que Bellatrix atacó a Lisle y Luke se interpuso por salvarla. El hechizo no lo dañó como debería porque dio en el amuleto fragmentándolo.
–¿Cómo sabes eso? –preguntó Ron.
–Lisle me lo contó –contestó–. El caso es que cuando tuvimos que concentrar toda la energía afectiva que nos unía, bueno que nos une de alguna forma u otra contigo –observó a Harry– el amuleto no lo soportó y terminó por romperse ocasionando que en lugar de usar la energía afectiva usara la energía vital y pues su cuerpo no lo soportó... en otras palabras su vida se consumió con el ataque.
Harry y Ron se quedaron en completo silencio no sabían qué decir. Analizaban cada palabra que Hermione les acababa de decir.
–Y ¿cómo está Lisle?
–Está triste, Luke era lo único que tenía, imagínate cómo se siente.
–Señor Potter, es hora de su poción.
–Ni modo, Harry, otra vez a dormir –se burló Ron tratando de romper la tensión de hacía unos momentos– ¿Cuándo va a poder salir de aquí?
–Es posible que mañana, todo depende si se toma o no las pociones. Despídase y tómesela– ordenó.
–Yo me encargo –aseguró la chica.
Poppy miró a Hermione y volviendo sobre sus pasos entró a su despacho.
–Ya oíste, si quieres salir mañana, tómate esto.
–Sí, mamá –contestó Harry mirando a la chica con cara de niño obediente y bebiendo la poción.
Hermione tomó el vaso mientras Harry se recostó un poco adormilado.
–Ahora si le creo que son las pociones –comentó el pelirrojo con una sonrisa en los labios.
La chica lo miró parándose de la cama.
–Vámonos.
Pero algo la detuvo. Harry la tenía agarrada de la manga de la túnica así que se volvió, tomó la mano del chico hizo que la soltara, se inclinó sobre él dándole un beso en la frente y susurrándole un buenas noches al oído. Sin darse cuenta que estaba siendo observada por Ron y de un chico de ojos grises que iba pasando por ahí.
Hermione y Ron salieron de la enfermería encontrándose con Draco.
–¿Espiando, Malfoy?
–Alucinas, Weasley. Vengo de ver a Snape.
–¿Te interesó algo de las escuelas de las que habló?
–Tal vez.
Caminaron por los pasillos hasta que cada uno se desvió a su propia torre.
PLEASE DEJEN REVIEWS QUE SEA MI REGALO NAVIDEÑO
