Capítulo 11: Sólo tengo ojos para ti. Dame una señal.
Harry, Ron, Hermione, Draco e incluso Lisle bailaban, reían y en general, disfrutaban o por lo menos así se veía. Lisle trataba de aparentar que estaba bien pero no lo conseguía, aun se sentía triste y deprimida por la muerte de su hermano.
Cerca de las diez de la noche apareció donde antes estaba la mesa de los profesores instrumentos y en menos de diez minutos apareció un famoso grupo conformado por tres mujeres y dos hombres, los cuales comenzaron a tocar y cantar.
Para desgracia de más de la mitad de los presentes la profesora McGonagall acompañada por los jefes de casa se llevaron a todos los que no fueran de séptimo. Para no arruinar el momento de sus amigos, Lisle decidió salir del comedor y retirarse a la torre de Ravenclaw.
Hermione temiendo que Lisle se fuera, la buscó entre la multitud y la encontró saliendo con los rezagados de quinto así que la siguió hasta alcanzarla.
–Lisle –gritó Hermione.
Lisle se detuvo y esperó a Hermione.
–¿Adónde crees que vas? No te puedes ir tan temprano –la regañó.
–Herm, no puedo estar así, no me siento bien.
–Sé que es difícil pero tienes que seguir con tu vida, además somos amigos y no me gusta verte así y a Luke de seguro tampoco le gustaría. Es la última vez que vamos a estar todos aquí reunidos, hay que disfrutarlo.
–Lo sé, pero se me hace difícil poder continuar sin él ¿cómo puedo continuar si él era parte de mí?
Entonces Hermione recordó parte de las palabras que Dumbledore había dicho unos momentos antes de morir...
–Un día a la vez... –Lisle la miró desconcertada– Dumbledore, él nos dijo eso antes de... ya sabes. Nos dijo que te apoyáramos y que podrías continuar un día a la vez.
–Tal vez tengas razón... –contestó entre sorprendida y agradecida con el director y con Hermione–. De acuerdo, voy un momento a mi sala común y regreso.
–Te quiero en el comedor en máximo veinte minutos si no quieres que vaya y te saque de tu sala.
Lisle asintió y se fue. Hermione dio media vuelta dispuesta a regresar a la fiesta pero alguien la detuvo.
–Ay, me asustaste.
–Lo siento. Te quería proponer algo.
Hermione miró al chico bastante extrañada.
–Es sobre Ron y Lisle y como hacer que por lo menos intercambien algo más que un hola.
Ambos sonrieron y regresaron al salón. Hermione esperó que Lisle volviera, por suerte lo hizo, así que se ahorró el lío de ir por ella hasta la torre de Ravenclaw. Estuvieron platicando un rato mientras llegaba el momento propicio para que Ron y Lisle hablaran.
Las canciones movidas llegaron a su fin cuando el grupo se marchó cerca de la una, entonces, melodías suaves y tranquilas inundaron la atmósfera del comedor.
–Invítala –insistió Harry al ver a su amigo observar a Lisle– te la van a ganar –dijo consiguiéndose una fulminante mirada de parte de Ron.
En ese instante Draco se acercó a ella para bailar. Lisle miró a Hermione como pidiéndole permiso, consejo...
–Anda ve con él –animó la castaña.
Cuando Ron los miró estuvo a punto de irse sobre el Slytherin a no ser porque Hermione que después de detenerlo se dirigió con él a la pista de baile.
A mitad de canción Draco intercambió pareja con Ron dejándolos a él y a Lisle solos para que hablaran.
–Muy buen plan –observó Hermione.
–Claro, yo siempre hago buenos planes –contestó el Slytherin.
–Y además modesto.
Ambos rieron perdiéndose en los ojos del otro.
–Creo que mañana no podremos levantarnos –rompió el momento el rubio.
–¿Cómo sabes? –inquirió la chica– podríamos no dormir.
–¿Lo soportarías? –preguntó sonriendo.
–No, ya estoy cansada...
No muy lejos de ahí estaba Harry observando a Hermione, como había estado haciendo toda la noche, así que decidió dejar de ser pasivo. Se dirigió hacia donde la pareja bailaba e invitó a Hermione. El rubio no tuvo más remedio que ir a sentarse intercambiando una última mirada con la chica y dejando a la pareja de Gryffindors bailando solos...
–Herm –comenzó a hablar el ojiverde– no había querido decirte nada, quería que fuera sorpresa pero... al fin voy a dejar de vivir con los Dursley –a la chica se le dibujó una sonrisa en el rostro.
–Que bueno, pero ¿en dónde vas a vivir?
–He ahí la sorpresa, voy a vivir en la que fuera la casa de mis padres.
Hermione se alegró tanto que abrazó a Harry. Todo bajo la atenta mirada de sus amigos y compañeros, que esperaban de un momento a otro una reconciliación entre ellos.
–También quería que habláramos de lo que no pudimos hablar de lo ocurrido en el otro baile.
–Ah, eso ya no tiene importancia, ya quedó atrás, no hay nada de qué hablar...
–Falta que hablemos de ti y de m...
–¿Cambiamos? –interrumpió Lisle apareciendo de pronto al lado de ellos. Pero la canción llegó a su fin, algo que Lisle aprovechó para llevarse a Hermione hacia la mesa de bebidas ante la atónita mirada de Harry y Ron.
–¿Qué te pasa? –preguntó la Gryffindor.
–¿Fue tu idea? –Hermione la miró sin comprender– lo de cambiar de parejas.
–Ah eso, no, pero ¿funcionó? –la rubia negó con la cabeza.
–¿Qué te dijo?
–Nada, sólo me miraba como con compasión y todo el tiempo no abrió la boca para nada ¿Y tu? Te vi cuando abrazaste a Harry –le dijo haciéndole burla.
–No es lo que crees...
Hermione le contó todo lo que había platicado con el chico de ojos verdes.
–Es una buena señal, lo más seguro es que el se quiera reconciliar y continuar con lo que se quedaron... ojalá Ron hiciera lo mismo –suspiró.
–Yo le dije que te diera un poco de tiempo y espacio.
–Te juro que por algo más que un hola no me voy a sentir intimidada...
–¿Y por qué no tomas la iniciativa?
Lisle la miró encogiéndose de hombros pero no dijo nada al respecto.
–Bueno, entonces ¿qué con Harry? Le vas a decir que sí ¿cierto? –la Gryffindor no contestó– ¿Herm?
–No... no lo sé.
–Perdón pero ¿cómo dices?
–No lo sé, Lis, no lo sé... siento que cuando pasó todo aquello algo se rompió dentro de mí y ahora no sé qué decir ni qué pensar...
–¿Qué cosa se rompió?
–Algo, un algo que hacía que la relación funcionara. Cuando bailé con él fue diferente pero sé que lo sigo queriendo. Por otro lado, ay no sé –suspiró– son cosas que me imagino, invenciones mías...
–No lo creas, tu sabes las cosas aunque no las quieras ver...
Los graduados estuvieron disfrutando un rato más hasta que McGonagall los envió a dormir, algunos protestaron pero otros se fueron directo a la cama, después de todo tendrían que levantarse temprano para partir en el tren de regreso a casa. En cuanto pusieron la cabeza en la almohada se quedaron dormidos.
En la mañana la única persona que pudo levantarse temprano fue la premio anual, Hermione Granger, que optó por alistarse e ir a dar un último paseo por los terrenos de Hogwarts. Se veía hermoso desde la ventana de la torre de Gryffindor.
Una hora más tarde, ya que había amanecido sobre Hogwarts, regresó a la torre a despertar a sus compañeros. Se notaba bastante abstraída, como en las nubes; pese a eso hizo que sus compañeras despertaran después de vaciarles un vaso de agua encima.
Al poco rato todo era una algarabía en la torre, alumnos yendo y viniendo con sus cosas que llevaban a la entrada para después ir a desayunar.
–Buenos días, Herm –saludó su pelirrojo amigo, pero ella no contestó– Tierra llamando a Hermione ¿hay alguien?
–¿Decías algo?
–Buenos días –saludó Harry sentándose a la mesa.
–Hola –contestaron Ron y Hermione.
Los chicos empezaron a desayunar mientras Hermione casi terminaba. Tenía la vista perdida en la nada, de pronto se puso de pie y sin decir palabra fue tras Lisle que iba saliendo del comedor, después de susurrarle algo al oído y otras tantas palabras se fueron juntas.
–¿Qué le pasa a Herm? –preguntó el pelirrojo ante la actitud de su amiga– Amaneció muy rara, más de lo normal.
–¿Te has dado cuenta que ella y Lisle se la pasan juntas y secreteándose¿De qué tanto hablaran?
–De ustedes dos –contestó una voz frente a ellos.
–Ginevra Weasley –llamó Ron que al igual que Harry se sonrojó levemente ante la respuesta de su hermana.
–¿Qué? No sé si hablen de eso pero es una opción –sonrió y continuó desayunando.
Poco a poco los carruajes fueron partiendo rumbo a Hogsmeade para abordar el tren. Ya arriba Lisle y Hermione estaban platicando y se les unieron Ron, Ginny, Harry y Draco.
El ojiverde les contó a todos lo que ya le había dicho a Hermione.
–Pueden ir cuando quieran. Remus dijo que la red flu la instalan en estos días, pero pueden llegar en el autobús Noctámbulo o aparecerse.
–Tal vez vaya a visitarte, Potter –comentó Draco.
–Cuando quieras, Malfoy.
–Tengo cosas que hacer en San Mungo –todos lo miraron con extrañeza– ¿recuerdan que Voldemort me amenazó con hacerle daño a mis padres? –todos asintieron– pues cumplió su palabra, mi padre está muerto y mi madre está internada en San Mungo, perdió la razón.
Ninguno dijo nada, se hizo un silencio tenso por lo que acababan de oír.
–Como sea –dijo Draco– trataré de ir.
–Estoy pensando en organizar una reunión –comentó Harry– pero todavía falta por arreglar y acomodar varias cosas, así que no nos vendría mal una mano...
–Eso no se oyó –dijo Ron.
Todos rieron.
En el trayecto acordaron que visitarían a Harry la siguiente semana y le ayudarían con lo que faltaba en su casa.
Pronto llegaron al anden y cada uno tuvo que irse para su casa. Ron y Ginny se despidieron y se alejaron con sus padres. Draco tomó sus cosas para luego desaparecer con un sonoro "PLOF".
–Herm –llamó Harry– ¿vas a ir? Recuerda que tenemos una plática pendiente.
–Eh... pues... sí, yo creo que sí podré ir...
–¿Te sientes bien?
–Sí. Tengo que irme, mis padres me deben de estar esperándome. Nos vemos.
–Enviaré a Hedwig –gritó– para ponernos de acuerdo –finalizó casi en un susurro ya que la chica había atravesado la barrera volviendo al mundo muggle.
Remus hizo acto de presencia y junto a Harry desaparecieron para llegar al patio de una casa de dos pisos.
Harry no podía creer lo que veía frente a él. La casa en la que había vivido con sus padres estaba reconstruida, según Lupin, casi igual a la original. El chico caminó lentamente tratando de memorizar cada detalle y al mismo tiempo queriendo recordar aunque no lo lograba. Remus abrió la puerta para que Harry pasara. Dentro estaba la sala del lado izquierdo, del derecho se encontraban las escaleras al primer piso y frente a Harry se extendía un largo pasillo que llevaba a una puerta de cristal corrediza y ésta daba paso al patio trasero. Después de la sala se encontraba el comedor y la cocina; entre ambos había un arco con una barra para desayunar en lugar de usar el comedor.
Los muebles ya se encontraban en su sitio pero había cajas sin abrir.
–En las cajas hay adornos, cuadros, cosas para decorar, pero eso lo dejo a tu elección, para que escojas el sitio donde van a quedar.
–Gracias, Remus, gracias por todo.
–Todavía falta que vayamos allá arriba.
Harry asintió y se encaminó a las escaleras. Arriba había tres habitaciones, un baño y un pequeño solario que daba hacia la parte de enfrente de la casa.
–Elige tu habitación, hay tres.
–¿Cuál era la mía?
–Ésta –contestó el licántropo abriendo la puerta de una de ellas.
Dentro estaba una cama, un par de buroes y un librero.
–Cambiamos la cuna por la cama, pensamos que te quedaría un poco pequeña.
Harry rió.
–Acá está la recámara principal.
Harry siguió a Remus a la habitación contigua.
–Esta me gusta, creo que me quedaré en ésta ¿y tu¿vivirás aquí conmigo? Porque a mi me encantaría.
–Sí, tal vez.
Harry convenció a Remus de mudarse con él. Juntos pusieron en orden las recámaras que ocuparían.
La desvelada, la desmañanada y el cansancio hicieron mella en el muchacho que no dudó en ir a descansar aunque sólo fueran las siete de la noche.
A partir de ese día Harry tendría una nueva vida con muchas alegrías, nuevas experiencias y la libertad que no había tenido, pero sobre todo rodeado de las personas que más quería y dentro del mundo que él más amaba y que le había dado tantos momentos gratos, aunque también tristes... y lo que faltaba por venir...
