Hola Iki! que gusto saber de ti. Que bueno que te guste la historia y pues está casi terminada.
Sé que haypersonas que nos les gustaría que Hermione se quede de Draco pero quien sabe que podría pasar y creanme cuando digo QUIEN SABE.
Les dejo elcapítulo para que lo disfruten y espero no me asesinen después y pofitas dejen Reviews.
Capítulo 12: Un nuevo amanecer. Sospechas confirmadas.
Hacía ya una semana que Harry despertaba y veía el brillante sol asomarse por la ventana de su habitación, y ese día no era la excepción. Abrió los ojos y recorrió con la mirada desde el techo hasta las paredes con fotos que habían sido enmarcadas y cuyos personajes lo saludaban alegremente. También había carteles de quidditch y en una repisa había varios trofeos que había traído de Hogwarts y un par de libros sobre su escritorio al lado de su baúl.
Al fin tenía una vida como la que siempre había deseado. Al fin se había podido ir de la casa de sus tíos y ahora estaba en la casa que había pertenecido a sus padres y en la cual él sólo había disfrutado por poco más de un año y de la cual no tenía recuerdos ya que era sólo un bebé; pero ahora sería diferente.
La casa era amplia de dos pisos, ideal para un matrimonio con su pequeño hijo y en futuro para alguien más. Lupin había colaborado mucho para la reconstrucción ya que él dio los detalles para que fuera casi igual a la original.
El fin de semana estaba por llegar y con eso una fiesta en la casa Potter, en principio por la derrota de Lord Voldemort, en segundo como festejo de la graduación de Harry y sus amigos de Hogwarts y tercero por la inauguración de la nueva casa Potter.
Después de una ducha y vestirse, Harry bajó las escaleras rumbo a la cocina para desayunar. Remus ya se hallaba ahí desayunando.
–Buenos días, Remus.
–Buenos días¿qué tal¿cómo te has sentido esta semana?
–No tengo palabras para explicártelo.
–Entonces dime ¿cómo va todo para la fiesta?
–Hermione, Lisle, Ginny y Ron son los que han estado organizando, lo más seguro es que vengan esta tarde.
–Siéntate a desayunar –invitó Remus señalando el asiento de al lado.
Desayunaron tranquilamente conversando de cosas triviales para después continuar acomodando las cosas que faltaban. Pasando la una de la tarde sonó el timbre, anunciando la llegada de sus amigos: Ginny, Ron y Hermione.
–Hola, Harry –saludó Ginny.
–Hola, Gin, Ron. Hola Mione –respondió el chico dando un beso en la mejilla a Ginny, estrechando la mano de Ron y dando un beso en los labios de Hermione, un beso que ella no esperaba–. Pasen.
Los cuatro se dirigieron a sentarse a la sala.
–Pues al parecer ya está casi terminada la casa –comentó Ron observando a su alrededor que todos los muebles ya se hallaban en su sitio.
–Tú lo has dicho: casi; faltan colgar algunos cuadros y no sé que pienses tú pero siento que también falta un toque femenino –opinó mirando a Hermione y a Ginny que estaban sentadas frente a él.
–No te preocupes, nosotras nos haremos cargo de esos detalles –aceptó Ginny mirando a Hermione esperando una respuesta por parte de ella.
–Seguro, sólo dinos qué falta por acomodar.
–Unas cosas están en el comedor, decidan dónde se colocan y qué es lo que más les gusta.
Ginny y Hermione se pararon dirigiéndose al comedor que estaba justo atrás de la sala.
–¿Qué piensas hacer? –preguntó Ron en tono confidencial a su amigo.
–Pues hablar con ella y pedirle que volvamos ¿y tú?
–Yo no quiero presionarla, mejor amigos hasta que se sienta más segura.
–Ron¿puedo preguntarte algo?
–Ya lo hiciste, pero si puedes hacer otra pregunta.
–Tu que has estado un poco más con Hermione¿sabes qué es lo que le pasa? Es que anda como ida, ausente, no sé si me entiendas.
–Claro que te entiendo, yo también lo he notado pero no sé que le pasa –meditó un segundo y luego agregó–. Talvez Ginny sepa algo, le voy a preguntar y luego te digo.
–Gracias.
Ding dongSonó el timbre, Harry fue a abrir la puerta y se encontró con Draco Malfoy en el umbral de la puerta de su casa.
–Malfoy.
–Potter.
–Pasa y ayúdanos.
–No puedo tengo que ir a San Mungo a ver a mi madre, ya sabes.
–Sí, lo lamento.
–Sólo venía a traerte esto –dijo dándole una bolsa–. Te lo manda la profesora McGonagall, dice que es para que completes tu álbum y decores la casa.
–¿No va a venir?
–No lo sé.
–¿Y tú?
–Tal vez. Tengo que irme, nos vemos.
Harry cerró la puerta y se dirigió al comedor junto con Ron.
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–Vamos a ver que hay por aquí –dijo Ginny sacando figurillas, portarretratos y otras cosas que había en una caja sobre la mesa.
–¿Qué hora es?
–Son las dos ¿tienes algo que hacer?
–No, bueno... sí, voy a ir con... eh, Lisle. Quiero saber cómo está.
–Por cierto¿mañana puedes llegar aquí a las once? Para adornar y acomodar las mesas y todo eso.
–Sí, claro.
–¿Qué te parece si ponemos esto, esto y... este en la repisa de la chimenea?
–Mejor el florero lo ponemos en la mesa de centro o en la mesita del pasillo y estas figuras en la chimenea.
Ding dong–¿Quién será?
–Ambas chicas se asomaron a ver quién había tocado. Ginny y Hermione intercambiaron miradas sorprendidos al ver a Draco parado en el umbral de la puerta. Pero regresaron a revisar el resto de cosas que contenía la caja. Sin poder evitar desviar de vez en cuando la mirada hacia la puerta.
–¿A qué crees que vino? –preguntó Ginny.
–No sé, creo que a traer algo.
–Que buena vista –elogió su amiga.
Hermione sólo sonrió continuó separando las cosas y acomodando unas cuantas ahí mismo en el comedor. Dio un respingo cuando al voltearse Harry se encontraba mirándola muy de cerca.
–Me gusta –Hermione lo miró confusa– Te dije que faltaba el toque femenino.
–Y me imagino que falta en toda la casa –se alejó de Harry y tomó unas figuras de porcelana para ponerlas en la chimenea.
Harry la siguió e hizo que se asustara de nuevo.
–Si quieres que mañana venga a la fiesta, deja de asustarme de ese modo.
–¿Me podrías acompañar un momento arriba? Quiero que mires algo y tal vez me ayudes a acomodar esto.
–O.K. vamos –accedió dudosa.
Subieron las escaleras y Harry la hizo entrar en la tercera puerta de la derecha.
–Vaya, enmarcaste varias fotos –observó la pared de su izquierda donde colgaban varios cuadros.
–Sí. Mira, McGonagall me mandó estas fotos y estos objetos.
–Éste se vería bien en el buró –dijo colocando un bonito reloj de arena al tiempo que se sentaba en la cama.
–Y esto se vería muy bien en tu habitación –Harry sentándose igualmente sobre la cama a espalda de la chica, pasó, por sobre la cabeza de ella, un portarretrato con una foto en movimiento de ellos dos, Ron y Lisle en San Valentín y que sabía había roto cuando terminaron con su relación.
Hermione observó la foto y luego a él por encima de su hombro muy nerviosa al estar consciente de la situación, de la cercanía del chico tras ella y de lo que él pretendía; después de todo lo conocía muy bien. No sabía que decir, no sabía cómo actuar.
Actuar, esa era la palabra. Era lo que venía haciendo desde hace una semana o quizá desde antes, desde mucho antes. Ahora estaba ahí a su espalda; el miedo con el que no se quería encontrar y mucho menos enfrentar, un miedo que la paralizaba y no la dejaba pensar claramente.
–¿Qué hora es? –preguntó buscando un reloj.
–¿Por qué lo preguntas? –preguntó a su vez Harry– Hermione quiero que hablemos –dijo con un leve tono de súplica.
–Lo siento, Harry, pero tengo que irme: quedé de pasar a ver a Lisle. Hablamos luego ¿de acuerdo? Adiós.
Harry se quedó parado viendo cómo Hermione desaparecía por la puerta dejándolo preocupado y desconcertado ¿qué ocurría¿Por qué Hermione se comportaba como lo hacía¿Por qué lo rechazaba y se alejaba como lo hacía?
Hermione bajó casi corriendo las escaleras, se despidió a toda prisa de Ron y Ginny, tomó su bolso y salió de la casa casi chocando con Remus que llegaba.
–Remus, lo siento no te vi.
–No te preocupes ¿ya te vas?
–Sí, voy a ver a Lisle y voy un poquito tarde.
–Bueno, entonces nos vemos mañana.
–Hasta mañana –se despidió la chica.
Remus entró en la casa y miró a Harry que bajaba las escaleras bastante cabizbajo, luego intercambió miradas con Ron y Ginny como pidiendo una explicación pero sólo consiguió que se encogieran de hombros.
–¿Qué pasa, Harry¿qué tienes?
Harry no contestó. Se dirigió a la sala y se acomodó en uno de los sillones.
–Es Hermione ¿no es cierto? –preguntó Ron.
–Sí, no sé que le ocurre, se pone muy nerviosa y cuando intento hablar con ella cambia de tema o sale corriendo... ¿No sabes nada, Ginny?
–No, conmigo se porta como siempre, hay veces que se pierde en sus pensamientos pero hasta ahí.
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–Hola, Lis.
–Mione ¿qué tienes? Te ves alterada.
–Tengo todo: estoy deprimida, preocupada, nerviosa, tengo ganas de llorar, gritar... no creo poder aguantarlo más tiempo –sollozó.
–Tranquila –la abrazó tratando de reconfortarla– cuéntame.
Pasaron a la casa y subieron hasta la habitación de Lisle para poder hablar tranquila y cómodamente. Hermione se sentó en el sillón que había en la recámara y Lisle se acomodó en un puf frente a ella.
–Lisle, lamento venir con mis problemas en este momento...
–Mione, eres mi amiga, la mejor, y aquí estoy para escucharte; además tengo que pensar en otras cosas, no me puedo dejar vencer por lo que pasó, tengo que seguir, así le hubiera gustado a Luke. Tu misma lo dijiste.
–Gracias.
–Cuéntame, es acerca deee... –dijo observándola significativamente.
–Sí, es lo que me tiene así... y contigo es con la única que puedo platicar de eso.
–Me imagino. Pero ¿qué es exactamente –recalcó– lo que te preocupa?
–¿Tu que crees? Hablar con ya-sabes-quien.
–¿Cuál el uno o el dos?
–El uno.
–¿Entonces es aceptado el dos? –cuestionó la trigueña sorprendida.
–Sé que piensas que todo es una locura.
–Tienes que decírselo o será peor.
El silencio invadió la habitación por varios minutos hasta que Lisle lo rompió e hizo que Hermione saliera de sus cavilaciones.
–¿Qué paso con la fiesta de mañana?
–Si quieres puedes ir a ayudar, llega a las once.
–Claro que sí ¿quiénes asistirán?
–Irá Ron, si es lo que te interesa.
–Creo que estoy igual que tú.
–Ron te quiere, y mucho, sólo está dándote espacio y tiempo.
–¿Cómo lo sabes?
–Él me lo dijo.
–Eres una tramposa.
Ambas comenzaron a darse de almohadazos y reírse.
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–Creo que ahora sí quedó la decoración hogareña –comentó Remus.
–Pues después de una semana, ya era hora –repuso Harry.
–Ahora a comer que ya es bastante tarde –intervino Ron– y me muero de hambre.
Los cuatro se sentaron a la mesa a disfrutar de una merecida cena-comida. Habían estado muy ocupados y hasta que terminaron alrededor de las siete pudieron sentarse a comer. Platicaron cosas sin sentido, anécdotas e historias. A las nueve de la noche los hermanos Weasley se retiraron a su casa viajando por la red flu.
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–¿Te vas a quedar a dormir o piensas irte a esta hora?
–Si me dejas hablar por teléfono, me quedo.
–¿Y qué esperas? Ya sabes dónde está.
Hermione y Lisle habían pasado la tarde platicando; cuando tuvieron hambre fueron a prepararse algo para comer y se sentaron en la sala a un poco de tele.
La castaña llamó a sus padres para decirles que se quedaría a dormir en casa de Lisle y que regresaría por la mañana pero no contaron con que de tan tarde que se durmieron, a la mañana siguiente se les pegaron las sábanas.
Eran diez y media cuando un rayo de sol, que se logró colar, que daba directamente en los ojos de Lisle la despertó. En ese preciso momento fue cuando miró su reloj y se dio cuenta de lo tarde que era.
–¡AH¡Hermione! –se paró de un salto y se dirigió a la habitación donde su amiga estaba aún dormida– Hermione, despierta son las diez y media.
–¿Qué! Es tardísimo.
–No me digas teníamos que estar en media hora en casa de Harry.
–Si no quieres llegar más tarde, apúrate.
–Sí... ¿y tu?
–Me visto y me voy a cambiar a mi casa, te veo al rato.
Lisle asintió y salió casi corriendo a tomar un baño. Hermione se quitó el pijama que le prestó Lisle y se puso su ropa para ir a su casa y cambiarse para la fiesta.
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En la casa de Harry, Ron y Ginny llegaron a tiempo y empezaron a colocar decoraciones y demás.
–Son cuarto para las doce y no llega –comentó Harry, preocupado.
–Lo más seguro es que se le atravesó algo, pero de que llega, llega –lo tranquilizó Ginny.
–Tampoco llega Lis –se quejó esta vez Ron.
–Otro –Ginny rodó los ojos y decidió mejor alejarse de ellos que seguir escuchando que las chicas no llegaban.
Harry y Ron se quedaron con cara de "¿Y yo qué dije?". Para suerte de Ron, Lisle llegó unos minutos después disculpándose por llegar tan tarde.
–¿Y Hermione? –preguntó Ginny.
–Me dijo que la veía aquí.
–¿Adónde iba o qué¿Por qué no vino contigo? –interrogó Harry.
–A su casa –todos la miraron con cara de no entender –. Anoche se quedó a dormir en mi casa y pues después de levantarnos tarde se fue corriendo a su casa a arreglarse.
Harry más tranquilo siguió con su trabajo. Lisle y Ginny comenzaron a preparar la comida, las botanas y todo lo relacionado con la cocina. Hermione llegó después de la una de la tarde junto con la familia Weasley, sólo que ella no llegó por la red flu, llegó caminando encontrándose con Draco a la entrada de la casa.
–Ya llegó Hermione junto con Draco –anunció Remus quien abrió la puerta–. Pasen.
Harry salió y vio a Hermione al lado de Draco, ambos con una sonrisa y saludando a todo mundo. Por un momento Harry se enfadó y sintió celos ¿por qué Hermione había llegado con Draco¿Por qué con él sí sonreía y se veía feliz y con él, con Harry, no? tuvo un impulso y se acercó a ellos, saludó a Draco y de nueva cuenta trató de darle un beso en los labios a Hermione...
