Aquí está el segundo capítulo, ojalá que les guste REVIEWS, porfa. ENJOY IT!
CAPITULO II
El salón estaba alborotado. Todas las chicas conversaban sobre qué ropa ponerse para la fiesta. Rhonda había repartido las invitaciones a todos.
-¿Vas Arnold?
-Eh, no creo, Lila.
-Pero, Arnold, ¿por qué? –dijo indignada.
-No lo sé, no tengo ganas.
-Ah, bueno. ¿Y tu, Gerald?
-Sí, sí voy, ésto no me lo pierdo por nada-y mirando a su amigo- vamos, viejo, ¡anímate!
-No, Gerald, no tengo ganas, ni ropa, ni dinero.
-La fiesta es mañana, verás que hoy encontramos algo par que uses.
-Bueno, ¿y el dinero?
-Hmmm... déjame preguntar.
Gerald caminó hacia el fondo del salón, donde Rhonda escribía en su laptop rosa, la música que el DJ, debía poner.
-Ho..hola Rhonda...
-Ah...hola Gerald -dijo mirándolo de pies a cabeza.
-Bueno, eh...una pregunta... ¿Tenemos que llevarte regalo, obligatoriamente?
Rhonda rió fuertemente, haciendo sonrojar a Gerald, y todos quedaron en silencio. Aprovechando eso, añadió en voz altísima:
-Para mañana TODOS lleven un muy buen regalo, por favor... ¡SON MIS 17! Agradezcan que esta vez invité a todos... ¿te quedó claro, Gerald?
-Sí, Rhonda- respondió con cara de pocos amigos, y aún avergonzado fue donde estaban Arnold, Lila y Phoebe.
-¿Lo ves? -dijo Arnold a Gerald, sin mirarlo -No quiero ir por eso, porque se trata de: Rhonda.
-Vamos, Arnold, anímate, verás que nos divertiremos, además para mí es muy importante tu presencia.-dijo Lila, con un tono rosa en sus pecosas mejillas.
Gerald y Phoebe se miraron con ojos cómplices.
Al finalizar las clases, Gerald corrió hacia Arnold, para intentar convencerlo una vez más:
-Viejo, tenemos que hablar.
Arnold alzó la mirada y con la cabeza asintió.
-¿En tu casa?
-En mi casa, Gerald.
Fueron hacia la casa de huéspedes, entraron rápido y subieron las escaleras hasta llegar a la habitación de Arnold. Tiraron sus mochilas en el sillón, y Gerald se sentó en la silla del escritorio...Arnold en su cama.
-¿Qué te pasa, viejo? -comenzó Gerald.
-Nada, no me pasa nada, no me pasa absolutamen...
-¡No!-interrumpió- a mí no me engañas, te conozco desde siempre y sé que a ti te pasa algo.
-En serio, Gerald...
-No, te digo que no, a ti te pasa algo...no será que...
-¿Qué?
-¿Que sigues pensando en ella, verdad?
-En quién- dijo Arnold con una sonrisa imperceptible.
-En...Helga.
Arnold lo miró con ojos culpables, y su amigo lo notó
-Viejo, ¡¿Te has vuelto loco? No puedes extrañar a esa niña, ¡caramba! Recuerda todo lo que te hacía, no puedo creerlo, hace ya cinco años que se fue.
Arnold con voz calmada dijo:
-Tú no sabes lo que pasó.
-¡¿QUÉ NO LO SÉ?-exclamó Gerald, dirigiéndose al armario de Arnold -¡Por favor, si toda la escuela lo sabe!
-¡¿QUÉ?
-¡Pero, claro!
A Arnold el corazón le latía muy deprisa, y el sudor comenzaba a asomarse por su peculiar rostro.
-Co… ¿Cómo es eso?
-Por favor, Arnold, todos lo saben, no entiendo tu sorpresa.
Arnold no lo podía creer.
-¡Arnold! todo el mundo sabe que Helga te molestaba día y noche. Todos saben las humillaciones que te hacía pasar, que te hacía la vida miserable.
Arnold JAMÁS se había sentido tan aliviado.
-Ah, bueno, Gerald.
-Por eso me parece estúpido que pienses en ella, ¡que la extrañes!¿Acaso no tienes memoria? Eres increíble, viejo. Te espero mañana en la fiesta- y tiró sobre su cama la ropa que había sacado del armario, y un billete de 20 dólares.
El portazo que dio Gerald al salir hizo reaccionar a Arnold. Lo que su amigo decía, era cierto. Él jamás había molestado a Helga, y sin embargo ésta lo hacía siempre. Harto, y con voz decidida, exclamó:
-¡Se acabó, Miss Pataki. Ya no más. Lo de la medalla fue una estupidez, jamás volveré a pensarla de nuevo, no tengo por qué extrañarla, usted ya habrás encontrado a otro idiota a quien hacerle la vida imposible.
Y con mano firme, descolgó de su cuello una medalla de oro, y la tiró al tacho...en la parte posterior de ésta aún se podía leer: Helga.
