Nota: Por todo el tiempo que he tardado en actualizar, pondré un pequeño resumen del segundo capítulo, para que no se pierdan:

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Draco Malfoy ha sido asignado al puesto más cercano del Señor Oscuro. Pero antes de siquiera pensarlo, revolvía su pensamiento una cita misteriosa.

Ginny Weasley caminaba hacia el cercano monte de Stoasthead, cautiva en su inocente fe. Amaba a Harry, él la amaba. ¿Qué más? Sí: Declararían sus sentimientos de manera definitiva. Pero no contó con el clímax ...

¡Qué poder tiene un Obliviate para robarle hasta el más mínimo pedazo de alma a quien caiga en sus redes! Ginny fue hechizada y secuestrada por el Slytherin. Más tarde, Draco siente arder la marca que lo distinguía de cualquier sangre-pura: La marca de un poder. La marca de la seducción.

En La Madriguera, los señores Weasley se preocupan por su hija menor. Como Harry regresaba del mismo lugar, le cuestionan sobre su hija. Él aclara que nunca la vio, lo cual inquieta mucho más a la pareja de pelirrojos. Entonces Harry cae en una cuenta y, desesperado, busca furtivamente su varita. Ron le cuestiona aquella acción. Harry le responde.

Y es el momento de dejarlos en el tercer capítulo.

Capítulo 3. Búsquedas.

Los pasos eran vacíos, igual que en el espacio exterior. Parecían no tener ningún peso ya que, aunque la marcha era veloz, no se sentían en el lugar, el cual era en cierto grado fascinante pero espeluznante.

La sala se hallaba completamente sucia: Era la cara de los privilegios que el nombrado Lord les otorgaba. La bebida, dulce y embriagante éxtasis. Naipes en correcta posición, blancos como filos.

Y la junta había dado comienzo. Draco corrió vertiginoso hasta encontrarse con la entrada al interior cerrada. Sus cabellos platinados brillaban rebeldes, y él furioso con sí mismo.

-Sí, Draco. Pasa. – La voz de su ahora jefe lo invitaba al momento. - Última vez que pasa. Te lo admito por que es la primera vez, pero es la última. ¿De acuerdo? – aclaró con tono de terrorífica advertencia.

El Slytherin tomó asiento y a la vez asintió.

-Bien. Ya que estamos todos congregados, les informo que hoy tendrá lugar un suceso que a decir mío, marcará uno de nuestros regresos definitivos. – Los presentes sonreían, sus ojos chispeaban igual si de Lucifer se tratara. – Solamente ustedes asistirán, y deberán derrocar a este enemigo a como dé lugar. El poblado será éste... –

Una vez ya indicadas las posiciones que los mortífagos tomarían, señaladas con placer en las láminas que desaparecían a la orden del Lord, se pusieron de pie, antes de que él les indicara algo:

-Recuerden que esto no es lo último. Habrá obstáculos, los cuales estoy seguro que sabrán pasar con astucia. Por eso fueron seleccionados para formar parte de mi círculo más cercano. Memoricen que el linaje indica quién es quién; esos sucios impuros no sabrán cómo enfrentárseles¿de acuerdo? – Soltó una sonrisa maquiavélica. Todos asintieron. Y con una orden más intensa, atajó: – Muy bien, a partir por una batalla ganada. –

Y corrieron tras la puerta, buscando el ambicionado poder, una gran aceptación por parte de su amo. Pero Draco Malfoy era la excepción auténtica mientras salía de la oficina. El hambre de poder le extasiaba más que conseguir la aceptación de su padre, el del Lord y del resto del mundo. El poder conformaba su ideal. Puro y complejo.

Supo que el lugar de ataque se hallaba tan cercano como un suspiro. Tras caminar muy pocos minutos con planeado sigilo, Draco conoció lo que era una variación extraña de arrepentimiento: Un bullicioso grupo de personas, el cual parecía ser una familia feliz, era el blanco de la diana. Al verlos su mirada intensa decayó, pero siguió a sus compañeros, dispuestos a continuar la batalla.

-Tres de esos hombres forman parte de la oficina de Aurores Especializados en Asuntos Bélicos y ayudan a la Orden del Fénix que comandaba el vejete chiflado de Dumbledore. Hay que acabar con ellos. Nuestra excelencia señaló que son poderosos. – Draco oyó decir a uno de sus compañeros, que por la fuerza descrita en su voz parecía ya ser un veterano en el asunto.

Observó a aquella familia: Sus risas se hacían presentes. Nunca vivirían para contar el único peligroso accidente de su vida ...

-¡Avada Kedavra! – La maldición de la muerte alcanzó a los tres hombres con la enorme facilidad que caracteriza al hechizo. La verdosa luz les dio de lleno en el pecho. Los niños gritaban asustados, buscando algún refugio paternal. Las mujeres sollozaban ...

Y todo fue eterna oscuridad para ellos.

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Un toc toc demasiado quedo, incluso en la pasividad de la media noche, crujió en la entrada de su habitación. Con temor, alcanzó a susurrar que pasaran.

-Hola. ¿Puedo? – Una mujer de edad mediana, de aspecto humilde, pedía con entorpecimiento, apenas asomando parte de su cuerpo a la entrada.

La pelirroja sólo asintió, más asustada. Por la apariencia de la adulta parecía ser que era mala, una bruja malvada como la que pareció que le contaron alguna vez. Alguien capaz de lo inimaginable. Ella pudo comprender a medias el sentimiento que la muchacha tenía descrito en su mirada marrón.

-Puedo saber que por mi aspecto – lo señalaba con sorna. –, te puedo inspirar miedo y confusión. No temas. Me llamo Eva – Tocó de una confiada palma la entrepierna de la chica. –¿y tú? –

Una lágrima fue la única respuesta. No podía saber cómo se llamaba, cuál era su origen...

-¿Qué es lo que te hace sentir esa congoja? – La mujer tomó el rostro pecoso de la pelirroja y lo alzó con sus grandes manos, rodeadas por dedos regordetes. Limpió las lágrimas que siguieron corredizas a la primera.

-No sé... quién... soy... –

-No sabes. – miró hacia un punto perdido en la habitación, como si creyera que le estuvieran jugando alguna broma. – Me parece totalmente extraño. El joven Malfoy lo debe saber, él la trajo hasta aquí... –

-¿Malfoy? –

-Sí, mi patrón. – Añadió después de una pausa. –Él la trajo, usted estaba algo así como dormida ... – Hubo otra, en la cual parecía divagar de nuevo, pero con la mirada fija en su idea. La pelirroja surcaba las pestañas entre sus ojos, liada. – Disculpa, debo retirarme. Mejor deberías acostarte, mañana podrías aclarar varias cosas, claro, si él gusta, por que es una persona sumamente difícil... – La muchacha estiró su brazo juntándolo al de la sirvienta con un dejo de súplica y ella lo trató con indiferencia. Supo quitárselo de encima y retirarse con suma prisa.

Cuando la oscuridad la cubrió por completo entre su manto, se envolvió en sí misma cubriendo su confusión, y la expresión de su rostro era de desorden total. Malfoy, Malfoy... cómo ese nombre viajaba en su mente... tan lleno de misterio...

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-No puedo hacer nada más que felicitarlos. La misión fue un éxito total. – celebró Voldemort a su círculo más próximo de servidores. El manto negro del cual se hallaba cubierto su cuerpo brillaba, igual las encendidas rendijas que adornaban el centro de su mirada de serpiente. Los mortífagos aplaudían y murmuraban entre ellos.

Pero Draco permanecía lejos, oculto tras las espaldas de sus compañeros que orgullosos anotaban para sí un triunfo. Y a pesar de todo, en su rostro no existía pizca de sentimiento. Para él era una pelea más. Un juego más de a los que estaba acostumbrado. Lo único que gobernaba su mente era la figura de aquella pelirroja que tanto le gustaba. Aquella traidora a la sangre que logró infiltrarse en su pensamiento sin proponérselo, tras ese duelo que había tenido lugar meses antes...

-¡Draco! – Lo llamó aquella voz por detrás de su nuca. Resonaba en un fuerte eco.

Y pudo captar la razón del fenómeno: Nunca se dio cuenta de que su amo les había dado la orden inmediata de salida. Todo por estar perdido en su orbe.

-¿Qué sigues haciendo aquí?. Dije que salieran. – inquirió molesto.

-Ah, sí. Perdone, mi lord – hizo una reverencia. – No quise importunarlo. – Se estremeció al pensar en la reacción del hombre.

-Última vez que ocurre. – Lord Voldemort era más que predecible. Cómo no, a muchos les había ido fatal por errores como aquellos. Lord continuó: –En mi círculo no admito a quien esté perdiendo el tiempo como tú. – El lord se alejó de Malfoy, molesto. Tomó una pausa. – Prepárate para el siguiente combate. – Esta vez fue con un dejo de orden más intenso.

Y el joven, sin haber prestado atención a la indicación de su amo, salió de la habitación con una cosa en su mente: Ya que tenía a la Weasley en su poder y sin recordar nada, haría hasta lo imposible por tenerla detrás de él. Estaría más cerca de ella para seducirla y hacerla suya.

Cuando arribó a su casa de campo, pudo al fin confirmar que Maurice se había ido. Un punto y bien para él. Llegó a su habitación y el sueño ganó la segunda batalla a la cual se enfrentaba en el día.

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-¿Cómo que mi hermana?. ¿Qué demonios pasa con ella? – Ron tomó la túnica que colgaba de su tan andrajoso perchero, cubriéndose con ella.

Harry cerró de un golpe violento el cajón de la mesa de noche. Sostenía su varita con una fuerza tal que hubiera podido incluso quebrarla. Y parecía que no había puesto atención en la pregunta de su mejor amigo, ya que salió sin más ni más de la recámara. Para no despertar preocupaciones de forma anticipada, pasaba por las escaleras con cuidado. Pero al pelirrojo no le preocupó eso: corría tras de su amigo suplicándole que respondiera. El airecillo que surgía gracias al movimiento de la gorra del gran suéter del pelinegro le daba en su rostro, el cual a cada pasar del tiempo se enredaba en una nube de desconcierto.

-¿Sabes por qué no te contesto?. ¿Acaso no lo llegas a predecir? –

Su nombre se dibujó en sus delgados labios. -Ginny... – Y pasó por su mente el momento en que ella aseguraba que saldría hacia el monte. Titubeó antes de hablar: - Estás jugándome una mala pasada... –

No podía creer que su amigo dijera eso. Detuvo su marcha bruscamente y se volvió hacia su mejor amigo.

-¿Tú crees que utilizaría una cosa de este tamaño para jugarte una broma? – Y reemprendió su ruta sin agregar algo más.

Ron se mantuvo en su lugar, sin dibujar una nueva mueca, sin manifestar emociones. Sus cabellos permanecían en su lugar, encendiendo la llama perdurable del desasosiego. Todo tuvo lógica en su mente. Todo concordó. Los últimos acontecimientos, la oscuridad y el peligroso misterio envolvente a la colina ...

-Señores Weasley: No sé cuánto deba recorrer. No sé cuánto tenga que hacer, pero traeré a Ginny esta misma noche. –

-¿Ginny?. ¿Estás hablando de ella? – Un largo bostezo, anuncio de un mal descanso, provocó que Hermione obtuviera una respuesta tardía. Su despereza fue provocada por los indiscretos pasos del pelirrojo.

Harry salió de La Madriguera sin devolver alguna mirada al interior. Y Ginny era ya su nuevo asunto. La figura del pelinegro se perdió en la espesura de la colina mientras intentaba encontrar algún rastro de la pelirroja, quien había afirmado que iría a Stoasthead. E inesperadamente, no lo halló. Recorrió los alrededores con varita en alto. De hecho, daba igual si era de lado del terreno mágico, daba igual si era en el pueblo muggle que se hallaba al otro lado, daba igual si algún mortífago lo reconocía. Con tal de recuperar ese destello sano y salvo, nada importaba ya.

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Sí, el inquietante Sol alumbraba de nuevo al mundo. Aquel astro que le transmitía el total rechazo había hecho su aparición. Y los rayos que escurrían de él daban de lleno en su mirada tan pálida. La cubrió al instante de abrir sus ojos vacíos, los cuales poseían como expresión el cansancio que por demás indicaba una gran y constante permanencia.

Se destapó, se calzó y arribó hacia la puerta. Cuando fue abierta, pudo hallar que la de su nueva compañera se encontraba totalmente desplegada. Y en la cama no existía algún rastro de ella.

Las sábanas se envolvían entre ellas, lo pudo comprobar al ingresar a la habitación, la cual se hallaba casi vacía por completo. Tal vez era por que no tenía habilidad de ornamenta y decidió solamente dejar un delgado dosel y un lecho frío. Las tomó entre sus manos y aspiró de poco el olor que desprendían: Simplemente a ella.

En su mente divagaba la imagen del momento en que podría tenerla entre sus brazos, acariciarla, llenar su cuerpo de su dulce fragancia y saciar su hambre. Por que la verdad, tenía hambre de Ginny Weasley.

-¿Y tú? – Su olor, delicado y puro, tomó lugar en el ambiente. Dejó las sábanas a un lado sin cuidado alguno y se reincorporó, extendiendo sus brazos tras su espalda.

-¿Yo qué? – Dijo mirándola sin expresión alguna.

-Sí, tú qué haces... –

-¿Qué hago yo en tu habitación? – Completó la frase con un raro sentimiento de diversión. Se puso de pie y deleitó su vista con la imagen que la pelirroja poseía: Parecía ser un hada salida de su lago encantado, con el rojo pasión entintando la ternura de sus ojos avellana. Su tacto se llenó de las caricias quedas que le proporcionó en la mejilla, la cual tornaba al rubor en un pestañar. Ella lo miraba, dudando.

-Oye¿qué haces? – inquirió ella asustada, apartándose de poco del rubio.

-Nada, solamente verte. – Separó sus manos de su tersa mejilla y se volteó quedando a espaldas de una confundida Ginny. No hacía nada con su mano, solamente titubeaba en si contarle quién era o correrla sin más ni más. Su rostro se perdía en el vacío lugar, sus ojos glaciales bajaban la guardia.

Unos pasos se alejaban de la recámara limpia, bien acomodada a pesar de su vacío, adelantando su cuerpo.

-Espérate. – Dijo Draco fríamente.

Se detuvo y volvió su mirada para encontrarse con la de él. Separó su vista de ahí, como si le hubiera dado algún tipo de reacción negativa. ¿Por qué no podía verlo a los ojos?. ¿Qué era lo que estaba pasando?

El rubio anduvo hacia la salida sin mirarla de nuevo. Esta vez salió sin titubear y no volvió a la casa de campo, pensando en que probablemente la pelirroja no le insistiría de nuevo en algún tiempo. No tenía ánimos de cargar, por el momento, con un asunto más.

-Él es el joven Malfoy. – Eva le hablaba por detrás de su espalda. Parecía ser que se escondía para no ser reprendida. La Weasley volvió su mirada contra la de ella. – Difícil muchacho¿no crees? – Ginny se quedó en blanco. No sabía qué agregar.

Pero sí pensaba, porque era lo único para lo que su extraviada mente daba. ¿Con que él era el célebre Malfoy, el tan mentado que la llevó hasta ese lugar? Había una cosa de ese Malfoy que no le agradaba en absoluto, aunque al primer vistazo que lo observó sintió una sensación anómala dentro de sí.

Salió de la habitación, dejando a una desconcertada Eva varada en medio del lugar. La sirvienta no sabía qué pasaba con la muchacha. No entendía por qué reaccionaba como si no supiera nada de lo que le estaba ocurriendo. Al final, terminó por desaparecer de vista, volviendo a sus obligaciones.

Del cuerpo de la Weasley pendía ese vestido a punto de la transparencia que usaría para confirmar al hombre que tanto amaba sus sentimientos, pero ella ya no lo sabía. De hecho, sus sentimientos se hallaban como secos. Ella desprendía una indiferencia difícil de tratar. De su rostro caían esos cabellos encendidos capaces de abrasar de admiración a cualquiera que pusiera su vista frente a ella. Sus ojos castaños se entrecerraban para observar a quien la había llevado hasta allí.

Caminó de poco en poco, posando su vista frente al cercano lago que él observaba.

-¿Por qué te fuiste? – aventuró a curiosear. – Necesito hablar contigo. –

Draco actuó como si no la escuchara. Se sostenía por el pasamanos de la escalera que se ubicaba frente a la entrada de la construcción.

-Oye, necesito hablar. – Esta ocasión, le preguntó por detrás de su espalda, aventurando si salía de su ensimismamiento de una vez.

-¿De qué quieres hablar? – preguntó él con sequedad, sin mirarla. Se paseó un poco por la madera que conformaba el suelo de la casa de campo, propiciando pequeños ruidos, sintiendo cómo sus opacos cabellos rubios caían en su rostro. Pero seguía sin mirarla.

Ella lo notó enseguida.

-¿Por qué no me miras?. –

Él se quedó en silencio. Y se introdujo de nuevo en la casa, evadiéndola.

Ella lo seguía. Quería saber el motivo por el cual él no hablaba.

-¿Por qué te vas sin decirme nada? – Decididamente, fastidiaba tener tras las espaldas de uno a alguien necio. Pero¿hasta cuándo se puede aguantar en silencio a la persona que tanto anhelas? Y así, solamente pudo actuar como su instinto se lo había marcado en ese momento ...

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Draco y Ginny comienzan ya. Y ella no será la clásica niña que sufre. No. ¿Quieren seguir viendo qué pasa? Esperen próxima y pronta actualización.

-¡Hey! – Toma la palabra un cuadrito que pinta de un tono gris violáceo. Parece estar desesperado.

-¿Mande? – responden varios lectores, después de terminar su lectura. - ¿Qué deseas? –

-¡Ser apretado y que mi espacio sea ocupado! – respondió con avidez.¿Estamos de acuerdo? –