Capítulo 5. Te llamas ...

a.-

Quiero escuchar el motivo por el cual me hallo aquí, contigo.

Inmediatamente que la pregunta había arribado a su oído, la duda había asaltado a Draco Malfoy hasta estremecerlo. Arrugó con inconsciencia su servilleta hasta disminuirla a una minúscula bolita, la cual representaba todo lo que el rubio sentía dentro de sí.

Pero para disminuir aquella molestia, se levantó de la silla, dejó caer al suelo la tela arrugada y salió al exterior de la casa de campo. Su túnica negra volvió a relucir a mitad del camino, incomodando a la pelirroja que aún se hallaba en el mismo lugar, esperando el paso final de la cena.

Cuando se dio cuenta de que éste jamás llegaría ─al menos aquella noche─, siguió con decisión el camino que Malfoy había recorrido para llegar a una piedra tan oscura como lo eran sus palabras, sus explicaciones. Supo que el rubio se había parado frente a la piedra con la mirada fija en el único árbol que se hallaba frente a la pequeña construcción. Ginny sacudió con brusquedad los cabellos que habían quedado adheridos a su cabello a causa del viento que soplaba en esos instantes, y miró al rubio extrañada. Éste se sobresaltó molesto al escuchar de nuevo la misma pregunta.

─Es solamente una pregunta. ─ insistió la pelirroja mirando por descuido la fuerte espalda que poseía el rubio. Apartó con rapidez su vista de allí, y durante varios minutos, esperó a que el joven dijera tan sólo un "qué te importa", frase tan característica de él que había quedado bien grabada en su mente.

─¿Quieres saber eso?─ exhaló él furioso, volviendo su mirada hacia ella.

Ginny resopló enfadada. Y respondió.

─Sí.

Y él volvió a su estúpida maña de volverse a la casa de campo sin ofrecer ni siquiera una frase exasperante. La Weasley retomó el camino, sabiendo que, como en todas las ocasiones anteriores a ésta, acabarían igual. En un mutismo asfixiante, en una desesperación que parecía no morir.

La luz tan clara de la sala les dio en el rostro. Y fue entonces cuando supo que era allí donde debía hablar. Ella, tarde o temprano, sabría quién fue en alguna ocasión. Era lo único que se mantenía cimentado dentro de sí.

Ante todo, Eva permanecía cubierta por la pared frontal de la cocina, pendiente de cualquier dato que escapara de manos de su patrón. Supo esconder su rostro tas la angosta pared de madera: allí pensó en que debía mantenerse preparada ante cualquier interrogación a posteriori de la pelirroja, siempre tan insistente con ella. Sus labios se juntaron al grado de apretarlas enérgicamente, deseosa de escuchar alguna evidencia.

─Estás aquí por que te ... te hallé en un camino cercano a este lugar. Tan sola como lo estabas hace poco. ─ Las afirmaciones salían disparadas con frialdad. Pero eso no importaba. La atención de Ginny era tan grande casi al punto de hallarse pendiente hasta de cada respiración que Malfoy concebía. Pero éste interrumpió con brusquedad lo que estaba diciendo, para decir astutamente otra cosa.

─Si mal no recuerdo eso mismo lo mencioné mientras cenábamos¿no?─ La pelirroja, haciendo una rápida evaluación mental, encontró que lo que él decía era cierto. ¿Cómo pudo haber sido tan impulsiva?

─¿Verdad que sí?─ soltó él tan arrogante, tan insoportable. ─Ya lo entiendo, que por tu estado no pudiste recordarlo.─

¿Quieres que te diga que tienes toda la razón? Pues sí. ¿Y que más quieres? ─pensaba Ginny, no estando furiosa: deliraba de rabia contra él. Y mucho más cuando él la invitó de nuevo a la cena, tan tranquilo y tan sonriente, con aspecto de haber olvidado, literalmente, lo que había ocurrido. No tuvo más remedio que aceptar y fulminar en su mente cualquier estupidez que saliera de nuevo de él.

b.-

¿Cómo el viento cálido de una noche de verano puede colarse a través de las ventanas que despiden una inquieta nostalgia?. El viento desprendía un aire que invitaba a cualquier cansado de su existencia a meditar, sacar una sonrisa y olvidarse de su alrededor. Pero eso no podía ocurrir en aquella familia. Ésta se hallaba incompleta, parecía ser que habían perdido un elemento importante de su especie a punto de la extinción. El mal día no había acabado, a pesar de la sonrisa que las profanas tinieblas del universo desprendían descaradamente. El tiempo que había transcurrido sin ella era un delirio peligroso.

Después de haber leído las palabras que horas antes se habían escrito en el viejo pergamino, dobló la hoja y la escondió echándola bajo caja fuerte. Enseguida sintió una sacudida: Era como si ese acto matara de nuevo la perpetua esperanza de hallarla. Tocaban la puerta. Molly dejó caer su chal, después de un soplo de indiferencia, y abrió la puerta que detenía el silencio que le había acompañado. Allí, se encontró con el rostro de su marido. Un rostro que no necesitaba ningún otro lenguaje más que el de sus ojos. En un silencio compartido lo invitó a ingresar y él obedeció, masajeando con una media curva el hombro de su mujer.

Se quedaron de pie, mirándose, antes de que alguien dijera algo.

─No dicen nada más.─ predijo la mujer aparentando acomodar los sacos que su marido solía mantener lejos del más estricto orden. Arthur inspiró profundamente, asintiendo a la vez. ─Me lo suponía.─

─No supones, es así. Desde que ella desapareció ... ─ Quiso continuar, pero un remolino extraño irrumpió en su garganta, impidiéndole articular alguna otra frase. Expresó todo lo que sentía en su rostro, mientras tomaba asiento en la dura cama.

Y Molly no pudo consolarle. No podía. ¿Cómo?

¿Soltar una trivialidad como "no pierdas la fe. Él la hallará" mientras que con un manojo de nervios desordenaba la habitación?. ¿Llamar a sus gemelos para despejarse un rato?.

Arthur Weasley estuvo a punto de gritar en forma de un lamento abatido. De esconder su rostro entre sus manos, abrir su boca ... y gritar. Sólo gritar. Despedir la angustia que vivía dentro de sí mismo. La angustia de no tenerla cerca. De no tener cerca a su niña. Pero se resignó a esconder su cara, casi dándose por vencido. Su mujer lo acompañó durante los siguientes minutos, acercando sus manos juntas a su rostro, y comenzó instantáneamente a susurrar una larga plegaria.

Mientras, el mismo viento cálido chocaba contra sus espaldas, ondeando las cortinas. Entraba indiferente a las emociones que se respiraban en aquélla habitación.

c.-

La cena sí había tenido fin. Ginny volvió a equivocarse en aquélla predicción. Mientras Eva recogía los platos y los echaba a la bandeja móvil que se encontraba al lado de la mesa, la pelirroja había adoptado una expresión desesperada: quería retirarse de allí a como diera lugar. No soportaba encontrar a cada instante aquellos túneles grises, no soportaba la idea de volver a perderse en ellos.

Malfoy murmuraba alguna frase a la sirvienta, quien solamente subía y bajaba la cabeza rápidamente. Parecía tan idiota, tan sumisa, mientras que, con la cara mirando al suelo, echaba a andar junto con la bandeja móvil, de un color tan gris como él.

Con inconsciencia se paró de la silla, sin cuidar cómo había quedado después de la violencia empleada para levantarse, y se iba a su habitación. Pero un ruido seco y siseante la detuvo. ¿Cómo pudo?. Maldita sea él. Regresó de nuevo y la voz le había ordenado que tomara asiento de nuevo. La joven articuló una mueca, que indicaba una impaciencia desesperada.

─¿Qué es lo que está pasando contigo?─ Malfoy trató de inquirir escuetamente.

Ella bufó, perdiendo su vista en un rincón vacío de la estancia. Volviendo su mirada, encontró que el diseño de la sala era precioso, y comenzó a maravillarse de los objetos que la conformaban. Después de todo la casa de campo de aquél rubio no era tan desagradable.

La voz siseó de nuevo la misma pregunta, espantándola. La razón era que el dueño de esas palabras se hallaba detrás de su espalda. ¿Hasta cuándo?. ¿Qué Malfoy no se cansaba de fastidiarla?

No dijo nada: al fin de cuentas, el que calla otorga.

Pero no, no parecía: Nunca se cansaba de hacerle sentir incómoda. Pero seguía mirando la sala de la casa de campo, despejando su mente. Pero una sombra de una repetitiva tonalidad oscura irrumpió su vista.

─¿Qué miras? ─ ¿Sería algo que le importara, acaso?. No se veía obligada a mirarlo, así que se levantó de la mesa y, mirando el mismo punto, respondió.

─¿Por qué si tú eres como eres tienes esta clase de cosas aquí?. ─Señalaba una lámpara de colores cremosos. Él caminaba a espaldas de ella, sin cambiar en ningún momento la mueca de su cara. ─¿Esto cómo se llama?─ preguntaba la pelirroja señalando unas hojas de textura rasposa.

─Es una planta. Es la rama de un árbol que se llama sauce. ─ volvió a contestar él igual de sombrío. Y algo dentro de él dio un vuelco cuando la mirada de Ginny miraba directamente a sus ojos. Ella acariciaba la hoja por la que había preguntado su nombre.

─Sigo sin entenderte, Malfoy. ─Él mismo se sorprendió cuando ella pronunció su apellido. La pelirroja, después de una pausa momentánea, continuó. ─Sigo sin comprender lo que existe más allá de tus palabras y tus ojos. ─Malfoy diría algo pero fue interrumpido por ella, quien había tomado una pausa accidental. ─Quiero conocerte. ─

Él dejó escapar una sonrisa maliciosa. Ella no cambió en ningún momento su actitud.

─Cuando llegue el momento de conocerme, Weas ... ─Entonces se cayó casi rindiéndose ante el dolor que algo en su antebrazo provocaba. La pelirroja había dado un salto hacia atrás. Estaba real y paranoicamente asustada. Dos eran los motivos¿Por qué el rubio se derrumbaba por un dolor en el antebrazo. Y ... ¿Qué comenzaba a decir con las iniciales Weas?

Eva escuchó el alarido que la pelirroja profirió llamándola, y vio que, aunque Malfoy estuviera cayéndose de dolor, se iba de la casa de campo y se perdía en la niebla nocturna.

La pelirroja estaba desesperadamente preocupada, y nerviosa se volvió hacia la sirvienta:

─¿Por qué se va así?─

La mujer, mirando hacia el punto donde Malfoy se había revuelto con la oscuridad, solamente susurró dos palabras que congelaron a la muchacha.

─La Marca.

d.-

Todos en la Orden del Fénix habían caído prisioneros. Volvía su mirada hacia sus compañeros pensando en el cerebro de aquél frágil grupo. La mente que ya no existía: Albus Dumbledore. Y naturalmente, un cuerpo sin mente no funciona.

Pasó su mirada a Moody, distante, perdido en su Alerta Permanente. De allí a Ron, quien permanecía cabizbajo, moviendo sus dedos al compás de una nota mental. Su cabello, por costumbre de una tonalidad encendida, se había apagado acorde a las emociones que circulaban en aquél calabozo. Luego Molly y Arthur. Los dos dormían y las únicas ropas que traían puestas se hallaban rasgadas gracias a los trabajos impuestos por aquellos desgraciados. Eran los únicos Weasley que habían caído como rehenes. Y Hermione siempre con la frente en alto. A pesar de las ataduras, tanto físicas como mentales, se le admiraba el manejo de la situación. Si siempre se les hallaba sumisos, saldrían completamente librados de cargos. Pero él, Harry Potter, no lograba mantenerse obediente, a pesar de las réplicas de su mejor amigo. ¿Cómo era así? Encararía, sumiso o no, a Voldemort. Así lo marcaba la profecía.

Y Ginny estaba lejos de ellos. Desde las vacaciones para ingresar él a séptimo año no habían vuelto a saber algo de ella. Ni siquiera los mortífagos la mencionaban. De hecho parecía ser que se alegraban de tener alguien menos que mantener. Lo más curioso era que el competitivo Draco Malfoy no había hecho gala de presencia en aquél mísero calabozo.

Draco Malfoy, aparécete. Ven y escupe en mi cara tu orgullo. Éste era uno de los miles de pensamientos que rodeaban sus días, sus tardes, sus noches. Pero no sólo era literal: Gracias a una conversación de unos mortífagos que casualmente escuchó Molly mientras trabajaba, era porque él tenía a Ginny. A SU pelirroja.

Éste fue el sueño con el que Harry amaneció en aquella mañana de lluvia. La vislumbró cuando la ventana era golpeada por unas cuantas pero grandes gotas de agua. A través de ella vio cómo algunos transeúntes trataban de cumplir con su labor de rutina, corriendo con las varitas en alto o con los casco-burbuja sobre sus cabezas. Esto en la calle mágica que se veía en una de las dos ventanas que existían en su habitación. Y es que la lluvia era demasiado abundante.

Caminó mientras pasaba su mano por las plumas de su lechuza, quien había llegado con él la noche anterior. Habiéndola encontrado allí, se había arrepentido de mandar la carta tan temprano. Después de todo la noche no llegaba aún a su máximo punto de consolidación, y dudaba que los Weasley pudieran conciliar el sueño.

Colocó su mano sobre su barbilla y pensó en el sueño. Se parecía tanto a aquellas pesadillas que solía tener en quinto año, con la diferencia de que Lord Voldemort no aparecía en éste último.

Pensó en el sueño mientras se cambiaba de ropa y bajaba a almorzar. Ginny no estaba allí, con ellos, hecha prisionera. Estaba con Malfoy ... ¿Por qué precisamente con Draco Malfoy?

El Profeta llegó a sus manos, y en primera plana vio la noticia de los aurores y sus familias asesinados por la maldición Avada Kedavra. Pero no se mencionaba al o a los responsables de aquél hecho. Y además era ése el rumor que volaba en el Caldero Chorriante, una de las causas que no lo dejaban comer en paz.

Vio a la gente antes de salir a la calle, dispuesto a reanudar su marcha. Y el sueño se repetía en su mente. Las imágenes pasaban frente a sus ojos, distrayéndolo. No, se dijo deteniendo su camino, no debía tomar en serio ese sueño. Al fin de cuentas, era una alucinación común, característica de un día ajetreado. El mismo que tendría a partir de aquél momento.

e.-

Los integrantes de la familia Weasley no se sentían con los ánimos suficientes para desayunar, y mucho menos de limpiar los jardines de la Madriguera habitados por los juguetones y albinos gnomos que las habitaban. De pronto, Fred y George anunciaron que su tienda se encontraría cerrada durante el tiempo que tardara Harry en encontrar a su hermana, para sorpresa de Arthur. Molly sólo escuchaba superficialmente. Ya no lloraba, eso no serviría para hallarla pronto.

Hermione leía el Profeta, y halló en la primera página ─que era la última que veía ya─ la noticia que, según Arthur, Harry mencionaba en la carta que les había enviado. Cerró de golpe el periódico, arrugándolo, y lo dejó en el sillón.

─Esto sí tiene que ver con los mortífagos. ─su enojo arribó veloz en la sala, sobresaltando a todos. Luna recobró el interés en lo que la Gryffindor decía.─ ¿Quiénes más pueden estar interesados en asesinar a unos aurores que tenían a su cargo parte del asunto de la guerra?. ¿Quiénes más están interesados en acabar con los miembros de la Orden del Fénix?─

─Lo sabemos, Hermione. Pero existe mucha gente que, siendo mortífaga o no, está muy interesada en acabar con aurores. ─intervino Arthur, tomándola del hombro. Ella no cambió en ningún momento su expresión, pues seguía convencida de su creencia. Y defendía su opinión basándose en los tiempos que se encontraban viviendo.

─Creo que Hermione tiene razón ... ─participó Ron con esta opinión, sonriendo con timidez a su castaña amiga. Ésta le devolvió el gesto, hasta que se enteraron que el jefe de los Weasley, con un pergamino en mano, debía regresar al Ministerio para discutir el futuro después de ese día. Aunque su mujer se oponía a que se fuera, no pudo hacer nada.

─¿Ya saben Bill y Charlie sobre la situación?─ preguntó Hermione asegurándose de que Molly Weasley hubiera entrado a su habitación para no incomodarla más.

─Supongo que papá ha de haberles avisado ─respondió Fred mientras se dirigía a la cocina─, y creo que Bill y Fleur ya llegarán. ─

Hermione rió después de que Fred hubiera mencionado a la francesa. Éste, junto a su hermano, la miró divertido. Inquirieron el motivo.

─Supongo que a Ginny, cuando vuelva, no le hará gracia encontrarla. Me contó que prefería irse de aquí antes que verla cerca de ella. ─ Hallaron lo divertido del asunto, y Ron y Luna acompañaron a los tres en su breve risotada. Después, la estancia volvió a su acostumbrada pasividad, a la espera de un nuevo comunicado de Harry.

─Gente, debemos retirarnos. ─anunció George estando junto a Fred en la puerta de salida de su casa. Una vez que Ron averiguaba a dónde se iban, éstos dijeron que enterar a los pocos clientes del Callejón Diagon y de Hogsmeade que no habría Sortilegios Weasley en un buen periodo. ─Entendieron por fin. ─zanjó la castaña para sí misma, con una sonrisa en el rostro, mientras acomodaba la sala al modo muggle.

f.-

Cuando la mañana ya hubiera aparecido, Draco Malfoy regresaba a la casa de campo. En esta ocasión, el dolor que en la noche anterior lo aquejaba ya no existía, pero sí había dejado rastro en su imagen; sus cabellos estaban dominados por un descontrol, y su cara afilada y de color albino dejaba entrever unos leves rasguños. Ginny lo había percibido mientras se encontraba en la sala, obsequiándole al joven la impresión de que había aguardado su llegada.

─¿Tú qué haces allí? ─aventuró él mientras dejaba su varita en la gran mesa. Para colmo suyo, ella no contestó. Solamente lo miraba.

Resolvió mejor dejarla como estaba y regresar de nuevo a su habitación. Necesitaba más el consuelo que en aquella jornada nocturna era imposible conciliar que una simple e innecesaria mirada de pena.

Pero no calculó que ella estaría persiguiéndolo de nuevo. ¿Hasta cuándo la curiosidad de esa pelirroja se acabaría?

─Necesito hablar de nuevo contigo, Malfoy. ─

Éste estaba más ocupado en abrir el picaporte de la puerta de su habitación que en atender esa mentada pregunta. Así que, como consiguiente, no prestó mayor atención a la respuesta.

─Malfoy¿escuchaste? ─inquirió ella otra vez.

─¿Qué necesitas? ─Definitivamente, para poder descansar, debía primero atenderla. Definitivamente.

─Creo que dejamos una cosa pendiente antes de que te fueras. ─

─Por favor, Weas ... ─volvió a repetir su nombre. Volvió a equivocarse.

Para cuando ella ya lo hubiera acorralado, él estaba dentro de su habitación, mirando hacia la ventana que dejaba mostrar un día nublado. Quería escaparse por ella, saltar y perder en el viento todas las molestas preguntas de la pelirroja. Pero se equivocó. Ahora no tenía salida, ni siquiera la ventana. Había pronunciado su apellido.

─¿Weas?. ¿Así me has llamado?. ¿Qué es lo que quiere decir? ─

─Vete, por favor. Vete al lago que está cerca, pero sal de mi habitación. Ahora no quiero verte. ─¡Maldito Malfoy, se había salido con la suya! La pelirroja pensó que era mejor salirse, pero eso no mataría la desesperación que la atormentaba. Salió de la casa, se sentó en las escaleras de madera de color ocre que había al frente de la entrada, y vio el cielo nublado que cubría el lugar: se sintió enteramente identificada con él. Tanta niebla en su vida impedía ver lo que habría más allá de las palabras del rubio...

Una vez que se aseguró de que la Weasley ya hubiera salido de la residencia, Draco, severamente exhausto, llamó a la sirvienta.

─Mira Eva ─ Unos momentos después de haberla llamado, ésta sintió el alto volumen de la voz de su patrón. Comprendía cómo se encontraba, pero pensaba que no era conveniente hablar fuerte─, necesito demasiada paciencia por parte tuya. Y no es un favor. ─La mujer asintió. ─Quiero que cuides a Ginevra como cuando rodeas a esta casa con los hechizos de invisibilidad. ─

─¿Ginevra? ─Malfoy no respondió la duda, ni siquiera prestó atención a la pregunta. Estaba harto de todo. Lo único que anhelaba era descansar. No pensar, no soportar nada. Y así, se dio la media vuelta para volver a su fría habitación. Después de cerrarla, se escuchó un susurro dentro de ella y después siguió el helado silencio.

─Ginevra, Ginevra ... ─Eva divagaba por ese nombre, el cual sonaba tan extraño tratándose de una desconocida. Por el nombre de aquella muchacha desesperada.

Un halo de color rojo encendido se encontró súbitamente frente a ella, una sirvienta común, como si esperaba algo.

─¿Ginevra soy yo, no es así? ─Eva ya huía, pero un brazo delgado la ató a una repetida frase.

─Malfoy no quiere ver a nadie. Obedécelo, por favor. ─Y aprovechando la delgadez pálida de la pelirroja, se soltó de ella y se fue.

La pelirroja la vio irse, pensó que no valía la pena pelear por algo perdido. Pero cuando se dio la vuelta para regresar a los terrenos cercanos a la casa de campo, un dejo de triunfo la invadió por completo: Al menos sabía que su nombre era Ginevra, y Malfoy se lo había ocultado.

Sonrió mientras un nuevo aire la cubrió, moviendo sus cabellos y sus ropas. Le daba la bienvenida a una nueva etapa. Malfoy no sabía quién era ella, la nueva Ginevra.

Y él ni querría imaginarlo nunca.


Y es una nueva etapa en el fic. Si quieren verla lo más pronto posible (ya que tengo escrito parte del siguiente capítulo) manden sus reviews. Todo tipo de comentarios son bienvenidos, que no les tiemble la mano al ver el botón GO.

Saludos.