─¿Ginevra soy yo, no es así? ─Eva ya huía, pero un brazo delgado la ató a una repetida frase.

─Malfoy no quiere ver a nadie. Obedécelo, por favor. ─Y aprovechando la delgadez pálida de la pelirroja, se soltó de ella y se fue.

La pelirroja la vio irse, pensó que no valía la pena pelear por algo perdido. Pero cuando se dio la vuelta para regresar a los terrenos cercanos a la casa de campo, un dejo de triunfo la invadió por completo: Al menos sabía que su nombre era Ginevra, y Malfoy se lo había ocultado.

Sonrió mientras un nuevo aire la cubrió, moviendo sus cabellos y sus ropas. Le daba la bienvenida a una nueva etapa. Malfoy no sabía quién era ella, la nueva Ginevra.

Y él ni querría imaginarlo nunca.

Capítulo 6. Gran presa de serpiente.

a.-

Habían pasado ya algunos días desde que había enviado una única carta a los señores Weasley recordándoles el principio de sus pesquisas, y recordó que debía ya ocuparse en la escritura de otra. Su mente se perdía en los hechos que podrían ser o no contados en ella, indicando la importancia que tenían o no. O simplemente preferir decirles en un formato telegrama: "Aún no hay nada. Esperen un próximo reporte". Pero así, aún siendo el más pesado mediodía del que había tenido conocimiento y el más caluroso desde que había comenzado la búsqueda de la menor de la familia Weasley, Harry Potter no sudaba. Al haber acabado la abundante lluvia que se había dejado aparecer en las primeras horas del día —y que correspondía a una fuerte temporada de lluvias que no encontraba fecha para acabar—, el sol se dejó aparecer entre las casi negras nubes que cubrían al mundo en ese momento, y el típico bochorno del verano, como era de esperarse, comenzó a hacer mella en los habitantes del Londres mágico.

Los dedos del joven se crispaban entre ellos, mientras él sentía una ansiedad urgente para encontrar por lo menos una huella que pudiera conducirlo a su pelirroja, la cual, a escasos seis días de su desaparición, añoraba como si su necesaria presencia no hubiera tenido lugar en su vida en muchísimo tiempo.

La gente que caminaba a sus lados por las banquetas de la gran avenida jadeaba molesta, cansada, sumamente inversa a la temporada que hacía. La gente pisaba y empujaba indiferente a quien se interfiriera en su camino. La gente corría y caminaba dando la impresión de que seguían a una meta que no existía, o bien que nadie podía ver.

Y allí fue cuando el pelinegro cayó en una de las muchísimas conclusiones que habrían de existir en su búsqueda¿De qué le serviría buscar en la agitada ciudad si allí las personas eran distinguibles y fáciles de localizar?. Algo le decía que allí no encontraría a Ginny, y si estuviera en ese lugar ya los dos estarían de regreso a La Madriguera. Y así fue como el pelinegro regresó al Caldero Chorreante y solamente avisó al encargado del negocio —su dueño, Tom— que partiría ya de allí. Sacó apresurado sus pertenencias y salió de la ciudad igual que como Luzbel fuera a atacar algún objetivo de su interés.

Pero un nuevo pensamiento arrastró su principal aflicción en esos instantes cuando ya fuera saliendo de la capital del país: los Horrocruxes. El Valle de Godric Gryffindor. Y con ellos... Voldemort.

De inmediato paró en seco, deteniéndose bajo las copas de un árbol, tomando asiento para descansar un poco. Recordó que alguna vez confió a la menor de los Weasley las preocupaciones que mantenía al conocer el poder que su mayor enemigo había adquirido y con el cual conservaba el mismo y más puro terror a la comunidad mágica, y conmocionada a la comunidad muggle.

Con una sonrisa melancólica en el rostro, sintió cómo su mente le dejó vislumbrar la imagen de la sonrisa pintando el rostro de su pelirroja, quien se detenía en sus cavilaciones para asegurarle que todo saldría bien y que ni el viento más brutal la obligaría a caer.

Y así era Ginny Weasley, tan optimista como la vida en sus principios. ¿Y en su soledad, ésa que nadie podía ver, la hubiera podido hacer flanquear?

Harry logró borrar estos pensamientos de su mente, y mejor se concentró en observar el paisaje que lo rodeaba: Pensó que, después de todo, las afueras de Londres no estaban tan mal como muchos nativos habían asegurado, quienes defendían sus argumentos gracias a la contaminación reinante por la constante actividad industrial. El Big Ben relucía arrogantemente de entre cualquier edificación aledaña, y vio que por el puente del río Támesis avanzaban automóviles con la velocidad que se ha convertido en un clásico en las horas pico, mientras el caudal del entonces brillante río —por los rayos de sol que se abrían paso de entre las nubes— corría en paz. Y así recordó que debía volver a la marcha, y en seguida tomó las pertenencias que casi olvidaba gracias a un impulso, y se perdió entre unos pocos árboles que en breves instantes encerraban el camino.

b.-

Una luz opaca, indicando la caída del Sol por infinita vez, logró filtrarse por la única ventana que había en la habitación de Draco Malfoy, en una solitaria casa de campo ubicada en las cercanías de los acantilados de Dover, en el sureste de Inglaterra. Cerró inmediatamente el ventanal: Igual que no le agradaba esa poca luz que se asomaba algunas veces, no soportaba la idea de que su descanso fuera interrumpido. Pero qué más daba si así ya había sucedido, y entonces, rompió el hechizo que rodeaba a su habitación aguardándolo de cualquier sonido que pudiera existir —Muffliato—. Después, se asomó tras la puerta, y viendo en la estancia una tranquilidad que no soportaba, llamó a una mujer.

─¿Cómo ha despertado, señor? ─inquirió Eva de forma ansiosa, comportándose como una criada cualquiera en una situación como aquella.

Malfoy sonrió con una mueca que destacaba un dejo de ironía, y comenzó a sisear cosas que, mientras eran dichas, mantenían a la mujer más trémula que en una situación comprometedora.

─Cómo se nota que llevas tan poco tiempo conmigo, so ingenua... ─Se burló el rubio─. Por si no lo sabes, los sirvientes cumplen únicamente una función: Servir. No llegan a una relación más allá de la que amo-criado, y así, como comprenderías... Amo y criado son diferentes: Uno es superior y otro... inferior. ─Eva agachaba la cabeza, mientras sus grandes brazos se perdían tras su ancha espalda, pareciendo ya haber comprendido lo que no sabía era el veneno que su patrón había pretendido que penetrara en sus paupérrimos y caóticos pensamientos.

Y es que era verdad: Aún no conocía del todo bien los modales de Malfoy, ya que había llegado unos tres o cuatro días antes de la llegada de Ginny.

─¿Cómo está Ginevra?. ¿Qué está haciendo? ─El rubio cambió de tema pareciendo olvidar lo que había ocurrido, mostrando un repentino interés en la pelirroja.

De forma sumisa, y también rápidamente desconociendo las anteriores actitudes de su amo, ella respondió.

─Está en los terrenos cercanos a esta casa...

─Tráela. ─interrumpió el rubio de forma altiva, despidiendo excesiva soberbia. ─Es una orden, piensa en que la pueden ver.

La sirvienta asentía asegurando el cumplimiento de la orden e inmediatamente salió de la casa. Draco esperaba molesto a las dos mujeres, y su túnica negra de dormir relució de nuevo en la estancia, esto viéndose desde el exterior.

─Aquí está. ─La joven de piel blanquecina llegaba con una mirada de cansado éxtasis. Y paradójicamente, no se ensució las ropas de mezclas repugnantes de arena y agua, como solía ver en muchas de las alumnas de Hogwarts, las cuales así dejaban sus vestidos después de perder sus mentes tan anárquicas recostadas en el pasto cercano al lago.

─Siéntate. ─indicó a Ginny con un dejo de orden. Y volviéndose a Eva, replicó como si ella se tratara de alguno de los elfos domésticos que tenía en la mansión de los Malfoy: ─Tú vuélvete a tus asuntos.

La Weasley dejó asomar en su rostro una mueca de pena cuando vio a la sirvienta obedecer la orden de su amo, sin decir nada ante el trato que le era ofrecido. Y desde luego la recién llegada no aceptó la invitación del desdeñoso rubio, cosa que lo encendió. Algo dentro de la muchacha se movía, como si un capricho tan anhelado y testarudo por fin se viera concedido.

─Una cosa he de indicarte, y no lo hago por gusto, ya que considero que deberías saberlo ─Ginny volvió su mirada desobediente a las abismales pupilas del rubio, casi no queriendo saber con qué otra estupidez le salía. Así entonces, el joven disparó con un elevado orgullo─: En este lugar todo se realiza como yo lo disponga: Cuando veas los pocos o muchos decorativos que veas son porque yo así lo dispuse. Cuando notes algo diferente en este lugar, es porque fue gracias a mí. ¿Está entendido?

La pelirroja sonrió irónica, e inmediatamente rió despacio. Luego rió normal. Y al final rió fuerte, tan fuerte que su carcajada, la cual se reía de las disposiciones que su compañero de casa repartía a ella, pudo haberse escuchado hasta el más recóndito y oscuro confín del mundo.

─¿Y sabes? ─Malfoy le molestaba de nuevo, interrumpiendo su diversión, pero esta vez acercando su afilada y maldita mirada a la de ella, inquietando su tranquilidad, no por ello desapareciendo su mirada sarcástica.─ Nadie, por más o menos que valga, se burla de alguien como yo, de un Malfoy. Y espero... no, te debe quedar más claro que nada. ─Momento. Se salvó de soltar lo que claramente decía "y mucho más por quién eres".

Y entonces aprovechó para disparar una última arma.

─... Aprovechando tu estado, que se te quede grabado siempre. ─Y así pues, despejando su mente de las mismas preguntas que la chica solía hacer y las mismas respuestas que él le ofrecía ─que eran mínimas─, dibujó una sonrisa en su gesto triunfal, celebrando la precavida pronunciación de la frase mortuoriamente peligrosa para él...

... Pero la duración de aquel triunfo no fue mayor a lo que esperaba.

─Tengo entendido que si tú lo dices no me vendría bien. ¿Así que debo volver a actuar como lo hacía los primeros días?. ¿Pedirte una nueva explicación de esto y otro, solamente porque aún no te he comprendido? ─Mal, hizo mal en decir algo semejante. Mal, muy mal. Draco Malfoy se burlaba, y ella se golpeaba internamente por ello.

─Pelirroja... ─La manera en que esa persona le había mencionado uno de sus atributos la sintió peligrosa, e involuntariamente se echó a unos cuantos pasos atrás, mientras Malfoy, mostrando aún sus blancos dientes en forma de una sonrisa tan burda, movía con lentitud la cabeza.─ No, es inútil seguir tratando contigo.

─¿Y por qué sería inútil? ─Ginny tuvo ganas de aventurar con una pregunta testaruda por la personalidad del rubio, quien, no haciéndose el tonto, había logrado darse cuenta de que la actitud de su retenida no era similar a la primera vez en que estuvo en ese lugar. ¿Por qué crecían sus sospechas de que algo tramaba, a pesar de lo risible que podría resultar esa idea?

Éste sonrió de la misma forma en que ella odiaba que sonriese, captando la indirecta que la pregunta traía consigo.

─¿Es una necesidad repetírtelo? ─Sostuvo una pausa─. Ya veo, que por tu estado mental así es ─Y habló contestando casi lo mismo, reteniéndola aún más contra el muro de la estancia con la intención de que sus pupilas chocaran al compás de la danza de las palabras despedidas, con una labia impresionante─. Por tu estado, es difícil que comprendas ciertas cosas. Y por lo tanto, creo que deberías callarte en esos casos. ¿Está entendido?

La chica lo fulminaba con la mirada, alejándose de la pared sobre la que estaba recargada, mientras dejaba a un Draco Malfoy con la palabra en la boca. A pesar de que ella ya no hubiera querido escucharlo, él fue tras su presencia, esperando terminar de una vez con todas con las aclaraciones que apenas comenzaban a salir. Porque si un Malfoy quiere acabar un asunto que le interesa, quien sea debería dejarlo. Y estando ella así, habiéndoselo dejado más claro que el viento, debería recordarlo a todo momento.

─Déjame. ─Ginny soltó esto al salir de la casa, sumamente harta de ese ser que había hecho de los pocos días que llevaba en ese lugar de una tortura a la cual no se dejaba ─ni dejaría─ habituar.

Pero parecía ser que Draco estaba acostumbrado a siempre realizar todo lo contrario a lo que le se le mandaba, y entonces la alcanzó tomándola con furia del brazo, la giró para que sus rostros quedaran fijos uno en el otro... y la besó con la misma rebeldía con la que ella actuaba.

Las mismas sensaciones de sorpresa e incredulidad se hacían presentes en ella, pero esta vez se dio el lujo de corresponder la acción. Varios impulsos la indujeron a tomarlo de los hombros, y recargarse en él, y de allí pasar a tomar sus cabellos platinados y aprisionarlos entre sus blancas manos, disfrutando del momento.

No había pasado mucho desde su primer contacto y este instante lo había ansiado enormemente, solamente que, acordándose de quien era, lo escondía tras sus actitudes. Aprovechando, retuvo con fuerza la cintura de la pelirroja y la chocó contra su cuerpo, queriendo no quitárselo de encima en mucho tiempo. Pasó uno de sus brazos hacia la espalda, sintiendo que la tenía bajo un control que unos días antes habría sido imposible imponer en ella.

Pensó en ese olor a flores de un suave campo, que siempre disfrutó en el colegio, que aún no parecía querer esfumarse de la pelirroja. Comprendió allí que ella poseía una propiedad similar a la de un imán: atrayendo siempre lo que puede asemejársele... o a los polos opuestos.

Separó sus labios de los de ella, y terminando de recuperar en su mente los instantes antes ocurridos, sonrió mostrando sus dientes. Y la miró, sonriendo de nuevo, lamiendo por dentro el deseo satisfecho.

¿Por qué?

¿Por qué?

¿Por qué cuando lo tenía tan cerca sentía estremecerse y derrumbarse cada parte de su cuerpo?. ¿Por qué ella tenía que sonreír de aquella forma cuando su rostro afilado y el brillo gris de sus pupilas se tornaban tan cerca de ella y cuando debería mejor retarlo?. ¿Por qué cuando la tomaba por sus cabellos y él conseguía enredarlos entre sus dedos, deseaba que ese momento se quedara estampado ─como una fotografía muggle─ y que de esa forma no terminara?

Pero no podía, a pesar de las sensaciones que exploraba en momentos como ése. No debía seguir con el roce que ya había ocurrido, que aún había muerto allí.

Y observando con poco detenimiento esa sonrisa que tanto la perseguía en sus momentos de soledad, lo alejó de su cuerpo. Y corrió, dándole instantáneamente la espalda. Y llegó a la casa, y se encerró en su habitación.

Y lo supo. De hecho, casi lo predijo: Malfoy fue tan predecible que ingresó veloz a la pequeña residencia, y comenzó a restallar contra su puerta, exigiendo con esa soberbia tan especial que saliera de la habitación. La madera que formaba la puerta era golpeada de tal forma que parecía que caería pronto, y así, el rubio logró destrozar buena parte de ella con una gran cantidad de hechizos, los cuales provocaron que varias astillas volaran en mil y una direcciones, ensuciando los alrededores de la habitación. Y a él le importaba tan poco la carta que el desequilibrado e inútil Ministerio de Magia le enviara por el uso de magia fuera del colegio. ¿Al fin del cabo qué? Pertenecía al grupo de mortífagos exclusivos a Lord Voldemort, y podía garantizar su poder desde ese momento... Pongamos una pausa a esta perorata. Mejor continuemos con la situación.

Y con la cantidad de palabras tan extrañas que Draco le dirigiera, no importara si a ella o a la puerta que la cubría, la pelirroja solamente se limitaba a seguir su propio plan, que era el de callar y no seguir lo que él, involuntario, le había marcado momentos antes como peligroso.

Pero contra lo que en realidad era con lo que luchaba, resultaba ser con la más débil parte de su subconsciente, que era lo que le atormentaba tanto, y evadiendo con agilidad murallas hasta ese momento intactas de su alma, ganó.

Para cuando estuviera completamente consciente de lo que estaba ocurriendo, el rubio ya la mantenía aprensada dentro de sus brazos, acorralada en la pared, haciéndola estremecerse tanto por dentro como por fuera. La respiración de la pelirroja no logró engañar al Slytherin, quien volvió a sonreír, pareciendo querer adelantarse a un triunfo que aún no obtenía.

─Has estado tan rara... ─Ella resoplaba rogando que se alejara, entre más pronto fuera, mejor.─ ¿Por qué no, pelirroja, solamente te limitas a hacer lo que yo te diga y aguardas tus actitudes? ─Y en este momento, despidió una provocativa pero pasiva caricia a la pecosa mejilla de la retenida.

Draco Malfoy parecía haber comprendido, sorpresivamente tan rápido, qué era lo que provocaba a la pelirroja Ginevra Weasley a actuar de esa forma cuando él estuviera cerca de ella. Y así, soltó lo que zanjaba completamente el asunto. La dejó libre de la pared, soltándola de las muñecas, y se fue de la habitación con una sonrisa en el rostro, pensando en el marcador final hasta ese momento, imaginándolo al mero estilo del quidditch:

Un Malfoy: 2 hasta el momento. Un(a) Weasley: 0.

c.-

─Veamos si podemos pasar entre toda esta gente... ─Un par de pelirrojos, poseedores de unas mentes y miradas siempre inquietas y contagiosas de algarabía, se abrían paso entre varias personas, la mayoría de ellas de edad adolescente, que se aglomeraban a la entrada del negocio nombrado Sortilegios Weasley, el cual, como se había explicado anteriormente, permanecía cerrado sin razón lógica para sus clientes habituales. La gente, amontonándose cada vez más entre ellas, pedía a grititos la explicación que les había sido desconocida hasta ese momento. El hambre de travesuras de verano crecía al paso de los días, y sin material de juegos era imposible realizarlas.

El negocio, de un claro color ocre con matas rojas en el techo, si de por sí llamaba la atención por los colores de los que estaba pintado, era el más vistoso del Callejón Diagon por lo que estaba ocurriendo. Toda actividad que se realizara cerca de allí se había parado, esperando que la tranquilidad reinante allí ─por lo menos algunos días. En este caso había tenido lugar─ llegara a como diera lugar. Y los únicos que podrían traerla de regreso eran los pelirrojos, quienes, después de sobrepasar a sus clientes, por fin se vislumbraban de entre todo el gentío.

El bendito silencio llegó cuando George ─encerrados entre el montón de gente no podía saberse a ciencia cierta quién de los dos hablaba─ alzó las manos pidiendo paz, y cuando hablara ya:

─Muy bien gente... Buenos días ─Muchos bufaron, sintiéndose indignados por solamente, hasta ese momento, recibir un trivial saludo matutino, o más bien de hora meridiana. El alto pelirrojo siguió contraponiéndose ante los aullidos de la enfadada clientela:─. Pues mi hermano Fred y yo, dadas las circunstancias que están tomando lugar en estos momentos y por cuestiones personales, muy difíciles, por cierto, hemos decidido cerrar el establecimiento ─Muchos chillidos de protesta, sobretodo de los púberes del género masculino─, hasta nueva noticia.

Algunas palabras y frases como "¡No!", "¡No es posible!" y "No nos importa. ¡Queremos Sortilegios Weasley para el verano!" se habían convertido en insoportables trivialidades en tan sólo unos minutos. Fred y George no sabían cómo hacer menos tenso el ambiente que se les había adjuntado como responsabilidad.

─Si explicamos qué es en realidad lo que ha ocurrido quizás podamos lograr que comprendan el porqué del cierre. ─sugirió Fred mirando alternadamente a su público y a su socio y hermano. Éste negaba lentamente, pensando en que si sería conveniente dar a conocer el hecho que los había orillado a tomar esa catastrófica decisión. Y vaya que la tomaron:

─¡Gente!. ¡Por Merlín, tan sólo un minuto!

─O Sortilegios Weasley muere aquí. ─George vislumbró primero el asustado pero convencido semblante de su hermano para recuperar el orden, y después a la multitud, la cual, como si les hubieran advertido algo importante, callaron sus voces dispuestos a dejar hablar a los corpulentos pelirrojos.

─Gracias...

─La razón que nos ha obligado a tomar esta determinación...

Casi todos en el Callejón Diagon escuchaban atentos al par de jóvenes, quienes adquirían al paso de los segundos una expresión más tensa. En verdad era difícil para los dos dar a conocer la razón.

─Es que...

─Hemos sido víctimas de la primitiva guerra que se está levantando ahora. ─Sonriendo por el tacto que su hermano había mostrado y por dar a conocer tanto lo que en raras ocasiones se puede lograr en pocas palabras, Fred siguió a la frase final.

─Eso es todo. ─Y desaparecieron de allí, no estando ya dispuestos a ver más rostros demandantes y testarudos. A los pocos segundos, ya estaban de regreso en la Madriguera, donde todo andaba con el mismo paso de hacía perpetuos días. Hermione leía con la clara intención de distraer su mente y olvidar a través de las letras del libro que leía su realidad, y Luna hacía lo mismo pero con una edición ya vieja de "El Quisquilloso", revista algo bizarra, siendo su padre el director de ella. Al sentir nuevas presencias, despegó sus brillantes ojos azules para ver a los gemelos, que, con un rostro lamentable, regresaban del asunto que habían prometido solucionar.

─No más Sortilegios Weasley. ─reaccionó la castaña Granger al advertir el gesto que Luna le había transmitido. ─Supongo que eso fue... una magnífica idea, la verdad.

─No esperábamos otra respuesta de parte de alguien de esta casa. ─susurró Fred con una mirada lúgubre, recordando que, tanto para ella como para su madre, la creación de ese negocio donde habían puesto lo mejor de sí mismos era un error rotundo.

La Ravenclaw no tenía nada qué comentar, por eso se mantenía en silencio. Y esto no pasó inadvertido para los tres jóvenes que se encontraban cerca de ella, cuestionándole ese hecho.

─El mundo volaría en pedazos sin Sortilegios Weasley. ─La pasiva voz de la rubia muchacha fue la clave para disimular lo que estaban comentando, ya que salía una muy arruinada Molly Weasley de su habitación.

Tan contraria a los días anteriores, la mujer era poseedora a una expresión entre trémula y vaga; su cabello podría ser ya bien comparado con el de la mejor amiga de su hija y su cuerpo ya no llenaba el holgado vestido que llevaba puesto. Su mente estaba en blanco, y su mirada hacia el suelo. Y si el mundo se acabara en ese instante, para ella pasaría inadvertido. Nada tenía sentido si no estaba su niña con ella.

Inadvertidos fueron los jóvenes para ella, quien se dirigía hacia los soleados jardines de la solitaria y maltrecha construcción, con la idea puesta en mente de que, al levantar su rostro, estuviera allí la mujercita que había criado para ello.

d.-

Patética, insípida, y todo sinónimo o adjetivo que se le pareciera, era la vida en ese lugar tan tétrico. No por el color o textura de las paredes, no por la vitalidad que le transmitía el sauce que se acomodaba con soberbia en la estancia. Cuando ese nombre se hacía escuchar, todo buen sentido se arruinaba por completo. Quizás, sin él, la vida allí, teniendo o no un pasado por añorar, sería más fascinante...

Cerró los ojos y éstos chispeaban al haber sido descubiertos, cuando la palabra pasado cruzó tan verosímil sus pocos recuerdos, todos girando alrededor de un mismo punto. Del mismo desgraciado punto.

Y volvió a cerrar los ojos de nuevo, abriéndose a la oscuridad que desde la puesta de sol reinaba la vida, presionando a su mente a destapar el cofre que contuviera esa vida anterior a la que ahora estaba rotundamente negada...

¿Qué?. ¿Qué era lo que pasaba?. ¿Por qué el aire del exterior había dejado de circular en su habitación?

A mitad de su comprensión, un cuerpo pesado se balanceó arriba de ella... Y cuando logró comprenderlo todo, la mirada de Draco Malfoy sobresalía de entre las tinieblas que la cubrían, posando de nuevo sus labios sobre los suyos.


Me encantó escribir el final de este capítulo. Sorprendente, rápido, anormal... ¿Qué os parece? Así, espero vuestros reviews con la esperanza de continuar más rápido¿eh?. Recuerden que éstos son los que animan al autor a seguir con mayor velocidad, con mayor inspiración y menor espera por una actualización. Y por cierto¡feliz año atrasado a todos:D Un saludo a todos.