4 - Honoris Causa

Definitivamente, pensó Michiru, el desayuno de esta mañana debe de haber sido digno de ver. La chica comía en un rincón del comedor, mientras un grupo de criadas se afanaba por limpiar lo que, aparentemente, había sido una encarnizada batalla entre pasteles de nata y tostadas con mermelada.

Atragantándose, tuvo que reprimir una carcajada cuando vio que una de las tostadas había quedado pegada en el techo. Una criada joven le echó una mirada furiosa, y la chica disimuló estar bebiendo té inocentemente.

Una vez terminado su tardío desayuno, Michiru fue conducida a la biblioteca, y una vez allí se encontró con un marco bastante peculiar.

Presidiendo la inmensa habitación, en una gran mesa rectangular, estaba sentado un anciano bigotudo, que fingía no dormir pero que no engañaba a sus tres alumnas, sentadas en otra de aquellas grandes mesas rectangulares.

Amy, decidió Michiru, era la chica que leía tranquilamente, mientras que Rei debía ser la que estaba sentada enfrente. Y por eliminación, Selena solo podía ser la pálida joven que intercambiaba dolorosas patadas en la espinilla con Rei.

Observó la escena unos segundos, hasta que decidió carraspear ligeramente para que notaran su presencia. Inmediatamente, el intercambio de patadas cesó, así como la tranquila lectura. Los ronquidos no.

Tras un momento de vacilación, Amy le hizo una señal para que se acercara, y Michiru recorrió la habitación para sentarse a su lado.

"¿Qué hay que hacer?" preguntó en voz baja.

"Es nuestra hora de lectura libre" respondió Amy "coge un libro cualquiera y ven."

"¿No debería avisarle?" dijo Michiru mirando al anciano durmiente.

"¡Oh no!" exclamó Rei "Es su forma de dar clase."

La violinista parpadeó, cogida por sorpresa.

"No te preocupes, pronto terminaremos." Empezó Selena "En cuanto que llegue Tito Ru…"

"¡No uses ese nombre!" Interrumpió Rei.

"¿Por qué no?" Inquirió enfadada la chica.

"¡Porque es estúpido!"

"¡Me dijo que podía usar el nombre que quisiese!"

"¡Y tú eres estúpida también!"

"¡Idiota!"

Nuevo intercambio de patadas.

Michiru las miró sorprendida, y tuvo la certeza de que una de ellas estaba en el bando de los pasteles y otra en el de las tostadas.

"¿Siempre están igual?" le susurró a Amy.

"No. A veces usan los libros también."

Riendo suavemente, Michiru se acercó a una de las estanterías y cogió un pesado volumen. Leyó el título, Geographica, y juzgó que sonaba lo suficientemente científico. Volvió a la mesa.

"Por cierto, me llamo Michiru."

"Yo soy Amy"

"Rei"

"Selena"

Se miraron con una sonrisa, y Michiru supo que no tendría ningún problema para conseguir su amistad.

"Pareces mayor" decidió Rei.

"Tengo diecisiete años." Contestó la violinista.

"Oh" las chicas la miraron con reverencia, y por un instante Michiru tuvo el impulso de sentirse importante. Pero lo desechó. Era demasiado infantil, pensó.

"Te lo pasarás muy bien aquí" le explicó Selena muy emocionada. "Setsuna es muy simpática…"

"… aunque poco divertida." Puntualizó Rei.

"… y Tito Ru nos enseña un montón de cosas, a veces nos despierta de noche para ver las estrellas…"

"… aunque Tito Ru no sea su nombre." Volvió a puntualizar Rei.

"¡Oh, cállate!"

Reanudación de las hostilidades. Amy suspiró.

"¿Quién es Tito Ru?" preguntó Michiru.

"Bueno" dijo Amy. "Es…"

Fue interrumpida cuando la puerta de la biblioteca se abrió, y una nueva figura entró en la habitación.

"¡Tito Ruka!" gritó Selena, que se arrojó corriendo a sus brazos.

Debí haberlo imaginado, fue lo que pensó Michiru cuando vio a Haruka. Llevaba una camisa con chorrera, cubierta por una chaquetilla de pico de terciopelo verde con botones dorados, y unos pantalones negros ajustados. Todo eso hacía aún más difícil distinguir su sexo, salvo por ciertas curvas que podían apreciarse cuando el pantalón… no, no era decente pensar en esas cosas. Michiru intentó alejar aquellos pensamientos.

Los ojos verdes de Haruka se encontraron con los suyos. La rubia sonrió.

"Me alegra ver que nuestra nueva estudiante nos honra con su presencia. Las escapadas al amanecer no son excusa para saltarse las clases." Michiru sonrió.

"Me sorprende usted, Tito Ru" Haruka se ruborizó. "Recepcionista, jardinero, guía, y ahora profesor."

"Soy una caja de sorpresas" dijo guiñándole un ojo. Se sonrieron.

"No sé por qué" le susurró Rei a Amy "pero tanto intercambio de sonrisas me parece sospechoso." Amy se encogió de hombros.

"¿Qué haremos hoy Tito Ruka?" preguntó Selena, que aún tenía los brazos alrededor de la cintura de Haruka.

"Tengo pensadas un par de cosas." Michiru no estuvo segura de si su sonrisa maliciosa presagiaba algo bueno o no.

Haruka las llevó a la sala de armas, que no era sino una gran estancia romboidal cuyas esquinas estaban adornadas con armaduras. En una de las paredes había un gran armario de madera. Haruka se acercó y lo abrió. Estaba dividido en varios compartimentos: En uno de ellos había algo que Michiru creyó eran gruesos palos de madera, en otro, pelotas de cuero cosido, y en el último, ropa blanca.

"Coged vuestras cosas y cambiaros" Se volvió a Michiru. "Aquí no hay nada para ti, espero que no te importe llevar uno de mis pantalones."

Michiru parpadeó. "¿Para qué?"

-----------------------------------

Rei cayó al suelo por enésima vez. Imprecando entre dientes, intentó incorporarse, pero Haruka se lo impidió, apoyando la espada de madera (que Michiru había confundido con un palo) en su cuello.

"Ya has caído demasiadas veces, mi joven aprendiz. Ahora tienes que pagar las consecuencias."

"¡No por favor!" Suplicó Rei.

Tarde. Haruka comenzó a pincharle las costillas mientras Rei se retorcía en el suelo llorando de risa.

Observando la escena estaban Amy y Michiru (Selena se limitaba a gritarle a Haruka "¡Pincha más fuerte, más fuerte!"). La violinista bajó la mirada hacia los toscos pantalones que le había prestado Haruka, sospechosamente parecidos a los que había visto llevar a la rubia más de una vez. Amy y las demás, sin embargo, vestían unas largas faldas blancas que habían cogido del armario, y que a pesar de las apariencias permitían más libertad de movimiento que los vestidos que llevaban normalmente.

"Quién iba a decirme que aquí practicabais esgrima." Amy sonrió.

"Setsuna cree que no es adecuado para nosotras, y por supuesto cuanto más se queja, más clases nos da Haruka."

Que propio, se dijo Michiru.

"Bueno" Haruka decidió que ya podía dejar de torturar a Rei, que por lo demás permaneció tirada en el suelo casi sin poder respirar. "Creo que hemos avanzado bastante por hoy." Michiru pensó ruborizada que lo único que ella había aprendido era a sujetar bien la espada. "Así que podemos pasar a lo siguiente… vamos a jugar a la pelota."

Selena exclamó, "¡Bien!", Rei gimió lastimeramente, y Amy se limitó a sonreír.

"¿Juegas tú también?" le preguntó la rubia a Michiru.

"Claro" respondió la violinista. Jugar a la pelota no hace daño a nadie.

Eso fue, precisamente, lo primero que tuvo que cuestionarse Michiru cuando Haruka explicó las reglas. Desde luego, allí se jugaba de forma diferente. Básicamente, el juego consistía en que dos equipos, cuyos campos estaban separados por una raya de tiza, debían lanzarse las pelotas unos a otros con todo menos delicadeza, hasta que uno de los equipos decidiera que ya estaba bastante magullado y se rindiera.

"Amy" dijo la rubia pasándole un brazo por los hombros a la chica. "Creo que entre tú y yo podremos con ellas¿no?" Amy asintió.

Rei bufó. "¡Esta vez es diferente!"

"¿Ah, si?" preguntó Haruka con voz de suficiencia "¿Por qué?"

"¡Tenemos a Michiru con nosotras!" replicó Selena.

"¿Quién¿Yo?" la violinista las miró asustada. Haruka rió divertida.

"Ya veremos"

Amy y Haruka se dirigieron a uno de los campos, mientras que Rei y Selena, seguidas de Michiru, fueron al contrario. Una vez allí, Rei convocó a sus compañeras de equipo.

"No podemos dejar que nos ganen como las últimas veintisiete veces." Selena asintió.

"Tito Ruka es muy fuerte, hay que tener cuidado."

"Y Amy parece canija, pero…" Rei y Selena cogieron a Michiru de las manos y le dedicaron una mirada suplicante. "Contamos contigo."

"¿Conmigo?"

"Es más fácil de lo que parece" la animó Rei.

"Y somos una más" añadió Selena.

"Sólo tienes que lanzar con fuerza"

"Y proteger puntos vitales, como la cabeza."

Vale. Ahora comenzaba a asustarse. Desde el otro campo les llegó la risa de Haruka.

"Vamos, vamos. El almuerzo es en media hora, y tenemos el tiempo justo para ganar y lavarnos."

En ese momento algo despertó en Michiru, aparte del hambre. No iba a dejar que la ganase aquella maldita jardinera. Se iba a enterar…

"Vamos a pegarles una paliza" Selena y Rei le hicieron un gesto con el pulgar.

… aunque la última vez que había cogido una pelota tenía nueve años.

"Muy bien" empezó Haruka una vez que cada una de ellas sostenía un balón de cuero. "Michiru, como es la primera vez que juegas, si quieres podríamos darte venta…" ¡PAM! Y después lo único que se oyó en la habitación fue el ruido del balón de Michiru rebotando en el suelo tras golpear la cara de Haruka. "Muy bien. ¡ESTO ES LA GUERRA!"

Eso habría sido, desde luego, lo que cualquier persona que pasase por el pasillo en aquel momento habría pensado.

Lo único que Selena podía oír era el silbido de los balones que pasaban rozándola, y las exclamaciones de dolor de quienes eran golpeadas por dichos proyectiles. Los movimientos de apuntar y disparar se volvieron mecánicos, imprecisos. Sin embargo, todo pensamiento de seguir dramatizando la escena fue bruscamente interrumpido cuando vio que uno de los balones se acercaba peligrosamente, con toda la intención de impactarle, francamente hablando, en los morros. Su cerebro se bloqueó, y su cuerpo permaneció quieto, esperando lo inevitable. Pero entonces, como a cámara lenta, observó como Rei interceptaba el balón con el pecho, cayendo pesadamente al suelo.

"¡REI¡NO!" Exclamó mientras se arrodillaba junto a su compañera caída. La cara de Rei estaba contraída en una mueca de dolor. "¿Por qué lo has hecho?"

"No podía permitir…" jadeó Rei. "Seguid sin mí… yo… me rindo…" Su cabeza se ladeó a un lado, inerte.

Emitir un desgarrador "¡NOOO!" hacia los cielos había sido la intención de Selena, pero se lo impidió un balón que le dio en la cara, tirándola de espaldas. En el otro campo, Amy sonreía inocentemente.

Y si no hubiera estado demasiado ocupada esquivando los lanzamientos de Haruka, Michiru habría rematado a sus compañeras de equipo. Por payasas.

"No me extraña," masculló entre dientes "que siempre pierdan."

Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que se había quedado sin balones que lanzar, y levantó la vista para ver que Haruka la mirada sonriente, con un balón bajo cada brazo y otro bajo el pie.

"¿Y ahora qué, señorita¿Va a lanzarme sus zapatos?"

-----------------------------------

Michiru apoyó la espalda contra la pared y observó el campo de batalla. Las armaduras habían sido desmontadas por los balonazos, y más allá Amy llamaba a Selena y a Rei, que aún se estaba haciendo la muerta.

Había perdido, por supuesto, la puntería de Amy no parecía de este mundo. Además, le dolían prácticamente todos los miembros de su cuerpo, por no hablar de la marca roja y redonda que tenía en el estómago.

Sin embargo, todo su dolor mereció la pena cuando vio la cara de Haruka. Tenía ambas mejillas completamente rojas, como si se hubiera maquillado para hacer de payaso en una fiesta de cumpleaños. Una de ellas estaba así por un balonazo. La otra por la suela de un zapato.

"¿Qué?" le dijo la rubia bruscamente, al darse cuenta de que la estaba observando.

"Nada, nada. Evaluaba la carnicería." Y se echó a reír mientras que Haruka se frotaba la mejilla indignadamente.

-----------------------------------

Habían llegado tarde al almuerzo, y después habían estado hablando, aunque Haruka no apareció en toda la tarde. No es que a Michiru le importara, claro. Simplemente quería disculparse con ella por haberle lanzado el zapato. Tal vez se había pasado un poco. Un poco.

Se sentía extrañamente lúcida, despierta, a pesar de que la cena había sido hacía ya bastante tiempo. Rindiéndose a aquella repentina inquietud, salió de la cama, y tras dudar entre si ponerse o no una bata, se decidió por lo segundo, y abandonó la habitación. Era una noche cálida.

La oscuridad que reinaba en los pasillos era vagamente perturbada por la luz de su vela, lo que resultaba un tanto inquietante. No es que ella tuviera miedo. Bueno, no mucho.

Bajó las escaleras, y desviándose del vestíbulo principal, se dirigió a uno de los grandes salones que ocupaban prácticamente la totalidad de la planta baja. Al entrar, se quedó sin respiración.

El marco que ofrecía aquella enorme estancia con su cristalera abierta a la luz de la Luna era, a falta de otra palabra mejor, hermoso. El suelo de mármol blanco parecía ahora hecho de luz, y las paredes casi repletas de espejos multiplicaban esa impresión.

Michiru avanzó algunos pasos tímidamente, sintiéndose fuera de lugar. Apoyó las yemas de los dedos en la superficie de la cristalera, con cuidado de no dejar marca, y dejó que sus ojos se perdieran en la inmensidad de la Luna, a la que le faltaban pocos días para mostrarse llena.

Y, como no puede ser de otra forma, fue en ese momento cuando oyó aquella voz, y el aliento de su dueña le hizo cosquillas en la oreja.

"¿Cree que es prudente vagar por aquí de noche? Podría haber fantasmas…"

Otra de las cualidades de aquel salón era su espléndido eco, como pudo comprobar Michiru cuando su grito se multiplicó, rebotando en las paredes. Al girarse, se encontró con la sonriente cara de Haruka, que tenía la barbilla y la punta de la nariz cubiertas de… ¿chocolate?

"¿Fantasmas¡Lo único que me asusta de este lugar eres tú¿Por qué siempre acabo encontrándome contigo?" Haruka se limitó a encogerse de hombros, aún sonriendo. "¿Qué estás haciendo aquí?"

"¿Yo? Me disponía a subir a tu habitación, sentarme al borde de tu cama, y…"

"¡NO!" Michiru alzó una mano, mientras cerraba fuertemente los ojos, como si aquel gesto pudiera evitar que oyera las palabras de Haruka, mientras que sus mejillas alcanzaban un artístico rojo carmín.

"… contarte un cuento." La sonrisa de Haruka se ensanchó aún más. "¿Qué creías que iba a decir?" Al ver que Michiru apartaba la vista y murmuraba un par de palabras incoherentes, añadió "En realidad, estaba haciendo una visita a mis amigas cocina y despensa." La violinista la miró.

"Pero, la cena tampoco ha sido hace tanto…"

"Estoy en edad de crecer" repuso Haruka defensivamente. Michiru suspiró frustradamente, y se fijó en las manchas de chocolate. Con un gesto de enfado (fingido), sacó su pañuelo y se lo tendió. La rubia la miró sin entender, y al ver que no lo cogía, la chica comenzó ella misma a limpiarle la barbilla. La sonrisa de Haruka tembló un poco, para luego desaparecer. Su voz no era más que un susurró cuando preguntó, "¿Crees en el destino¿En la reencarnación?"

"¿Qué?" inquirió Michiru distraídamente, mientras terminaba de limpiarle la punta de la nariz. Haruka le agarró las manos, obligándole a mirarla.

"Hace unos meses, cuando paseaba por aquí una noche después de… cenar," En compañía de cocina y despensa, se dijo Michiru "tuve una especie de… visión."

"¿Qué viste?" preguntó descreídamente la violinista. Haruka la miró unos instantes.

"Ven, te lo enseñaré." Tomándola de la mano, la llevó al centro del salón, y entrelazó sus dedos con los de Michiru mientras posaba su otra mano en la cintura de la chica. Esta miró a la rubia sin entender. "Pon tu mano en mi hombro. Cierra los ojos. Tranquila, solo vamos a bailar, sigue mis pasos." Michiru hizo lo que le decía, y, liderada por Haruka, iniciaron una danza a ciegas en el inmenso salón. Se deslizaban sin ruido, ligeramente, tanto que hubiera creído que aún estaban quietas de no ser por el suave movimiento de su pelo.

Y entonces lo vio.

O, al menos, lo creyó ver. El salón estaba ricamente engalanado, y, alrededor de ellas, decenas de parejas se mecían al mismo ritmo, con una coordinación casi perfecta. Ya no llevaba su sencillo camisón, sino un traje de un aguamarina más real aún que el de su cabello, y sus manos estaban enguantadas.

Sin embargo, al levantar la vista, su pareja de baile seguía siendo Haruka. Solo que diferente. Parecía más mayor, y sus ojos eran más verdes aún. Los ropajes y la sonrisa le hacían parecer un príncipe plagiado directamente de un cuento de hadas.

Pero aquella visión se apagó rápidamente. Había abierto los ojos sin darse cuenta, y lo que había creído que eran más parejas se trataba en realidad de sus reflejos en los espejos del salón. Su camisón era el mismo, y el rostro de Haruka también.

Dejó de bailar.

"¿Lo has visto?" preguntó ansiosamente Haruka. Michiru sacudió la cabeza, mintiendo sin saber por qué. La rubia frunció el cejo. "No es posible. Sigamos bailando, tal vez…"

"¡No!" El tono de la violinista hizo que ella misma se sorprendiera. "¡No hay nada que ver!"

"Pero yo…"

"¡Fueron imaginaciones tuyas!" Intentó soltarse de Haruka, pero esta no se lo permitió. "Suéltame…"

"No te pongas así, no pretendía…"

"¡Suéltame!" la rubia lo hizo, y aguantó la mirada de Michiru. "Me das miedo."

Haruka permaneció allí, quieta, con la mirada fija en la misma dirección, hasta mucho después de que Michiru saliera corriendo y se esfumara de su campo de visión.

-----------------------------------

Una figura se recortaba en la noche, observando la Luna. Suspiró cansadamente, y murmuró para sí.

"Tengo que darme prisa. Están comenzando a despertar."

-----------------------------------

Nota de la Autora: ¿La cosa empieza a ponerse interesante? Aún no habéis visto nada. Y, bueno, que os voy a decir, que mandéis reviews si os gusta, y si no os gusta, que diablos. Que comentéis. :-D

Vuestra autora favorita (y que nadie se atreva a negarlo),

West

Próximo capítulo: El Llanto de los Inocentes.

Punto de Información:

Arg, he estado teniendo problemas con FF .net, no me dejaba subir documentos ni leer fics... T-T ya no me soportan ni en las webs...

Bueno, muchas gracias a todos los que dejaron review en el cap 3, aquí van algunos comentarios.

Latín? Yo no tengo ni idea de latín... pura imaginación señores

Primero, no, mi mala leche no va a disminuir en un futuro próximo, la necesito para hacer sufrir un poco a los personajes, como en Ángeles Ciegos, y aprovechando que sale el tema diré que, si se me ocurre una buena idea para el siguiente capitulo de AC lo actualizaré, por ahora estoy pensando en varias posibilidades.

Creo que poco más... este capitulo es más largo y espero que os haya gustado... y para acabar: SOY DEMASIADO JOVEN PARA ESCRIBIR UN LEMON! dejadme conservar la poca inocencia que me queda! TT-TT