V- El Llanto de los Inocentes

Una alta figura salió de la mansión, y la luz de la Luna iluminó su pelo rubio y su expresión triste. Haruka caminaba lentamente, con las manos en los bolsillos y la mirada en el suelo, mientras sus pensamientos se centraban alternativamente entre cómo acababa de hacer el idiota ante Michiru y el significado de lo que ella misma había visto mientras bailaban en el salón.

Dio un paso más, vacilante, y paró. Alzó la vista al frente, sintiendo que su casa y su cama quedaban demasiado lejos, y ella estaba demasiado cansada como para llegar.

Volvió a mirar al suelo, mordiéndose el labio inferior. No, de hecho no quería volver a su casa. Giró a la derecha, hacia el lindero del jardín.

El Banco de las Lágrimas, con sus relieves de flores de lis. Ella le había puesto ese nombre, y en ese momento se preguntaba si sería cómodo para dormir. De todas formas, no sería la primera vez que pasaba la noche allí. Lo había hecho, años atrás, cuando la abandonaron. Sus padres, o quien quiera que fuese. Le daba igual.

Apretó los puños.

No pretendía ser una carga para nadie. Era mayor, madura (cuando quería) y podía cuidar de sí misma. Independiente y libre. Como el viento, había estado tentada de añadir. Pero a quién pretendía engañar. Jamás podría irse de allí, no podía dejar a Selena, a Rei y a Amy. Y en cuanto a Michiru… no, tampoco. No sería capaz de abandonarlas.

Dejó otra vez de andar, confundida. ¿Pero quién hablaba de marcharse? Estaba bien allí. Además¿adónde iría? Por lo que sabía, no tenía a nadie. Nadie cuidaba de ella, era ella quien cuidaba de los demás. De Selena, las chicas… incluso de Setsuna. Bueno, a veces.

Era fuerte, responsable.

Con esos pensamientos, le pareció repentinamente irónico que lo primero que habían notado de ella en la mansión había sido su llanto.

Llanto.

¿Llanto?

El corazón le dio un vuelco en el pecho. Alguien lloraba. Apretó el paso. Parecía venir del lugar adonde se dirigía. Su mente escaneó las posibilidades. ¿Selena tal vez, que había vuelto a soñar son su madre?

Se metió entre los arbustos, para acortar camino, y al salir tuvo la impresión de sumergirse en luz de Luna. Tragó saliva, y llegó hasta el claro.

"Oh Dios mío" No era Selena.

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Inspeccionó la almohada una vez más. Había quedado completamente plana, aplastada, debido, principalmente, al hecho de que había dormido abrazada a ella. A la almohada, claro, no a… bueno, eso. A la almohada.

Un golpeteo en la puerta hizo que Michiru se volviese bruscamente, sorprendida. Aún falta mucho para la hora del desayuno, fue lo que se dijo la chica mientras se dirigía a la entrada de su habitación. Dudó durante un momento, pero al comprobar que el golpeteo seguía, insistente, alargó el brazo con resolución y giró el pomo de bronce.

El acalorado rostro de Selena la recibió al otro lado. Michiru comprobó que parecía muy alterada.

"¿Qué ocurre?"

"… es Haruka… ella…" su respiración agitada, y el hecho de que llamase a la rubia por su nombre hicieron que Michiru se preocupara. Selena lo notó, y a falta de mejores palabras, añadió simplemente, "…acompáñame."

La rubia las guió atropelladamente por corredores y pasillos, y por la dirección Michiru supuso que se dirigían al patio interior.

Originalmente, la mansión en forma de media luna no había tenido patio interior, pero en la actualidad el semicírculo que ocupaba la parte trasera de la casa había sido cerrado por los edificios que constituían las lavanderías, caballerizas, o las residencias de los criados.

Lugar al cual iban, como comprobó Michiru cuando Selena, a la vista de dichas dependencias, convirtió su paso acelerado en una frenética carrera.

La puerta del edificio estaba rodeada de gente, y no habían dado ni tres zancadas cuando empezaron a oír gritos. Una discusión cuyo volumen aumentaba a medida que se acercaban al lugar. Selena se hizo paso entre el gentío, compuesto mayormente por lavanderas y un par de cocheros. No pasó mucho antes de que Michiru, que la seguía de cerca, viera lo que estaba ocurriendo. Y lo que vio no le gustó en absoluto.

"¡No puedes hacer eso!" gritaba Haruka en ese momento. La chica presentaba un estado lamentable. Sus pantalones estaban rasgados a la altura de su rodilla derecha, y a través del rasguño podía apreciarse una herida. También tenía un corte en la mejilla del mismo lado, que sangraba profusamente.

"Claro que sí, es lo mejor." Setsuna, por su parte, era la viva imagen de la calma y la paciencia.

"¡Es injusto!"

"Al contrario, sería una injusticia no hacerlo. Debemos considerar la posibilidad de que sus padres…"

"¡No seas idiota¡La han abandonado¿Acaso crees que…?"

"Haruka" interrumpió Setsuna, en un tono que no admitía réplica. "Aquí nadie te está gritando. Vigila tu tono."

La rubia respiró profundamente, con la cara tan roja y tan crispada que daba la impresión de que se había atragantado con la ira.

"Lo mejor sería que se quedara con nosotros." Finalizó, con una voz en la que se apreciaba su conflicto interno por tranquilizarse.

"Te comprendo, Haruka. Pero debes entender que hemos de descartar que haya sido secuestrada." Y dando la discusión por zanjada, Setsuna se alejó a paso firme de allí, hacia el edificio principal. Haruka permaneció quieta, con la vista fija en sus zapatos, aunque era evidente que sus pensamientos estaban en otra parte. El gentío comenzó a dispersarse entre cuchicheos, y algunos le daban palmaditas en la espalda al pasar.

Cuando todo el mundo se hubo ido, Michiru se dio cuenta de que Amy y Rei también estaban allí.

"¿Qué ha pasado?"

"Bueno, verás" comenzó Rei, gesticulando exageradamente con las manos "…no tengo ni idea." Se oyó el ruido sordo de un libro al golpear la cabeza de Rei, seguido de un leve "'¡Ouch!"

"Al parecer Haruka ha encontrado un bebé" dijo Amy. Michiru observó por el rabillo del ojo como Selena asentía.

"Pero… ¿por qué…¿Cómo…¿Qué tiene que ver Setsuna?"

"Déjame seguir" prosiguió la chica con tono conciliador. "La trajo aquí, porque sabía que aún habría gente despierta, y bueno, no sé muy bien como ha sido, pero alguien debió decírselo a Setsuna, ya que vino temprano para dejar al bebé al cuidado de la gente de la mansión, y… no sé, Haruka se enteró y se puso hecha una fiera… creo que porque Setsuna le dijo que llevaría al bebé al pueblo para buscar a sus padres… pero Haruka dice que lo han abandonado y… no sé." Amy se rascó la cabeza, confundida. Michiru parpadeó.

"Y… ¿quién le ha hecho esas heridas?"

"Nadie" las chicas centraron su atención en Haruka, que las miraba intensamente "Tropecé." Bajo la mirada de la rubia, Michiru recordó los eventos de la noche anterior y se ruborizó, avergonzada. Intentó apartar esos pensamientos y concentrarse en la situación. Ya se disculparía después.

"Y… ¿estás bien?" Inquirió Rei, notando que los pequeños hilillos de sangre que se descolgaban de sus mejillas habían empezado a empapar el cuello de su camisa.

"No" respondió secamente Haruka. "No he dormido, estoy dolorida, empapada, tengo hambre y para colmo Setsuna se está comportando como una… una… inconsciente." Las chicas tuvieron la certeza de que esa no era la palabra que había querido decir. "Voy a ir a verla y…" Haruka se cortó a sí misma, y bajó su mirada hasta Selena, que se había agarrado al brazo de la chica.

"Hay que curarte las heridas…" musitó sin elevar la vista. Haruka la observó unos instantes, cerró los ojos y suspiró.

"Está bien…"

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Hay experiencias de las cuales la amistad emerge más fuerte aún que antes. Intentar salvar a Haruka de los cuidados médicos de Selena es una de esas experiencias. Para cuando Amy había terminado de desinfectarle la herida de la mejilla, Haruka estaba pálida (no se sabe si del susto o de la pérdida de sangre), pero seguía bastante alterada.

"No me puedo creer… es que no me lo puedo creer… aunque encontrara a sus padres, si ya la han abandonado una vez volverán a hacerlo, o algo peor…"

Rei, Selena, Michiru y Amy se miraron entre ellas con expresión de alarma.

"¿'La'¿Es una niña?" Haruka asintió, débilmente, a la pregunta de Amy.

Se hizo un silencio incómodo, no sabiendo ninguna de ellas qué decir.

"Quiero verla" dijo entonces Selena. Las demás se giraron para mirarla. "¿Qué? Si Tito Ru" Rei hizo una mueca "tiene razón, entonces es una de nosotras. Somos compañeras¿no? Nos ayudamos."

Amy tomó una de las manos de Selena entre las suyas, y sonrió. Rei por su parte soltó un bufido, pero dijo,

"Estoy de acuerdo contigo… cosa que me asusta."

"¡Rei, idiota!" gritó Selena mientras abrazaba a sus dos amigas.

Haruka y Michiru observaron el intercambio divertidas, y se miraron con una media sonrisa. Pero entonces la sombra de lo ocurrido la noche anterior cruzó sobre sus cabezas, y apartaron la mirada rápidamente, cada una de ellas pensando que la otra debía estar enfadada.

Haruka carraspeó disimuladamente, y se incorporó diciendo,

"¡Entonces decidido¡Haremos que Setsuna cambie de opinión!"

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Con toda probabilidad, hubieran conseguido su propósito, de haber encontrado a Setsuna, claro. Y, sin embargo, se decía Haruka aburrida, aquella frustrante mujer parecía desaparecer en los momentos en que se la buscaba. Un coro de varios ''¡Oooh!" hizo que su atención se desviara hacia el grupo de cuatro chicas que rodeaban la cuna colocada provisionalmente en la habitación de Setsuna.

"¡Ha abierto los ojos!"

"¡Qué grandes¿De qué color son?"

"¡Violetas!"

Nuevo coro de "¡Oooh!". Haruka puso los ojos en blanco y se dedicó a estudiar los objetos del cuarto. La superficie sobre la que estaba sentada se hundió ligeramente cuando Michiru se sentó a su lado en la cama.

Momento incómodo. La rubia comenzó a balancear las piernas sobre el borde del colchón (a pesar de que le llegaban al suelo). Michiru parecía interesada en el estudio de una pequeña mancha de césped en sus zapatos. Al cabo de unos segundos miró de reojo a Haruka, solo para descubrir que la otra chica estaba haciendo lo mismo. Momento más incómodo aún.

"…"

"…"

"… ¿te sigue doliendo la rodilla?"

"No…"

"Me alegro." Silencio incómodo. Coro de "¡Oooh!".

"… oye… lo de anoche… quería disculparme, creo que hice un poco el idiota…"

"…yo… también… fui un poco brusca. No es verdad que me des miedo…" Haruka frunció el ceño.

"¿Ni siquiera un poquito?" Michiru la miró extrañada.

"No."

"Pues deberías temerme."

"¿Por qué?" preguntó la violinista imitando el tono juguetón de Haruka.

"Porque" la rubia apoyó los puños en las caderas "soy la temible Haruka Tenoh, azote de las cocineras y las… ehm… violinistas."

"No me digas" rió Michiru. "Eso no da miedo."

"Si que da."

"No."

"¡Aaarrrrgg!"

"¡No¡Qué tengo cosqui…¡HARUKA!"

Tomada por sorpresa, una criada que pasaba cerca de la habitación de Setsuna sacudió la cabeza divertida ante las risas y los "¡Oooh!" que se oían desde el pasillo.

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El primer sueño completamente apacible que Michiru había tenido desde que llegó a Halfmoon Hall se echó dramáticamente a perder cuando el sonido de un llanto hendió la quietud de la madrugada. Sin embargo, permaneció unos instantes con la mirada fija en el techo antes de decidirse a salir de su habitación.

Para cuando lo hizo, Rei, Amy y Selena se encontraban ya en el pasillo, observando con cara somnolienta el interior del cuarto de Setsuna. En el suelo de este había un amasijo de sábanas, dispuestas a guisa de cama.

Pronto supo quien había estado durmiendo allí, cuando vio que Haruka paseaba nerviosamente de un lado a otro de la habitación con un bulto en brazos, cantando en voz baja.

¿Haruka había estado durmiendo en el suelo para cuidar del bebé? Que… tierno, se dijo Michiru sorprendida. El resto de las chicas parecían estar pensando lo mismo, y se miraron sonriendo.

Un suspiro de alivio salió de las gargantas de todas las presentes cuando el llanto de fue calmando hasta finalmente desaparecer.

"Soberbio" susurró Amy en tono de admiración.

Michiru se acercó silenciosamente hasta Haruka, que en ese momento colocaba suavemente a la niña en la cuna. Las dos chicas se miraron, y la violinista hizo un gesto de aprobación. Haruka se disponía a sonreír cuando una voz a sus espaldas las sobresaltó.

"Buenas noches" dijo Setsuna, que observaba la escena desde el marco de la puerta, junto a Selena y las demás. "Me alegra ver que estáis cuidando de ella."

Michiru vio con el rabillo del ojo como Haruka hacía un gesto de impaciencia.

"Te hemos estado buscando toda la tarde." Le reprochó la rubia.

"Tenía que arreglar ciertas cosas, y dejar listos los preparativos para el viaje de mañana."

"De eso precisamente te quería hablar."

Setsuna asintió. "Lo suponía." Y añadió, dirigiéndose a Michiru y al resto. "¿Os importaría esperar fuera?"

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"Deberíamos ponerle un nombre." Comentó Rei después de cinco minutos mirando la puerta de la habitación sin llegar a verla. No podía oírse nada, lo cual era buena señal. Haruka gritando como una posesa no hubiese sido un buen augurio.

"Natsuki" propuso Amy en tono distraído.

"Shizuru"

"Nenene" todos los rostros se volvieron hacía Rei. "¿Qué? A mi me gusta."

"Hotaru" sugirió Michiru.

Selena se encogió de hombros, tan distraída como Amy. "Habrá que esperar a ver que dice Tito Ru"

Tras esa última frase volvió a imperar el silencio. Las cuatro chicas permanecieron con la espalda apoyada en la pared frente al dormitorio de Setsuna. El ruido del pomo al girar fue como el detonante de un ataque de nervios. La alta mujer salió de la habitación y las miró a todas con una media sonrisa.

"Mañana iré al pueblo a hacer averiguaciones. Pero teniendo en cuenta las circunstancias, dejaré a Hotaru a vuestro cuidado." Un suspiro de alivio inundó el pasillo.

"¿Hotaru?" inquirió Selena.

"Así es como la ha llamado Haruka." Michiru avanzó unos pasos, y ensanchando su sonrisa, Setsuna se apartó para dejarla pasar.

Haruka permaneció erguida, de espaldas, con ambas manos agarradas en torno a la barandilla de la cuna. La violinista se acercó tímidamente.

"Lo has conseguido¿no? Lo que ha dicho Setsuna induce a pensar que Hotaru se quedará con nosotras."

La rubia se encogió de hombros, y en vez de responder, estiró los brazos hacia atrás buscando a ciegas a Michiru. Esta se dio cuenta y le cogió las manos. De un tirón, Haruka acercó a la violinista hacia sí, rodeando con los brazos de la chica su propia cintura, hasta que la barbilla de Michiru estuvo apoyada en su hombro.

"¿Haruka?"

"¿No crees…" comenzó la chica, sin dejar de mirar al bebé que dormía apaciblemente "… que en cierto modo somos iguales?"

A pesar del temblor en su voz, Michiru no pudo asegurarse de si Haruka estaba llorando de verdad. Apretando el cerco en torno al cuerpo de la rubia, bajó la mirada hasta Hotaru e intentó no pensar en nada más.

Nota de la autora: Un capítulo algo flojo, lo sé, pero necesario para continuar la historia. El próximo será más… interesante, jejeje. Siento haberme retrasado tanto, y muchas gracias a todos los que dejaron reviews en el otro capitulo. He estado bastante agobiada con los estudios, pero estas navidades voy a pasarme un poco ás por aquí.

La autora,

West.

Próximo Capítulo: La Dama Blanca y la Cripta de la Torre