Qué lejos está el hogar

Del corazón abandonado;

No lo sueñes esta noche,

Ya lo habrás olvidado.

Borrará el Sol las estrellas

Cuando despunte en el Este,

Y se llevará también,

El llanto de los Inocentes.

VI- La Dama Blanca y la Cripta de la Torre

"Cuida de ellas por mí¿de acuerdo?" El agradable golpeteo de los cascos de los caballos contra el empedrado del camino comenzó a oírse tras estas palabras. Michiru apenas tuvo tiempo de asentir vigorosamente a las palabras de Setsuna.

Sin embargo, en cuanto el carruaje se perdió de vista, la solemnidad del momento fue rota por un coro de voces que gritaban "¡Libres¡Libres!" y cuando la violinista se dio la vuelta, se encontró con un corro formado por Haruka, Selena y Rei, que bailaban una especie de danza de la victoria. Ami era la única que permanecía al margen, aunque su sonrisa parecía más ancha que de costumbre.

desde luego… son como niñas chicas…


"Me aburro" La voz de Selena sonó mecánica e inanimada en la habitación, aunque lo suficientemente alta como para que Hotaru dejara de dormir y parpadeara somnolientamente.

"¿Qué?"

Haruka suspiró con irritación. Se encontraban todas en el salón, Michiru con Hotaru en brazos, y Ami leyendo, mientras que Rei y Selena estaban tumbadas en el sofá mirando al infinito. En cuanto a la misma rubia… bueno, ella había estado observando al bebé dormir. Nótese: al bebé, no a la violinista sobre la que dormía. Que conste.

"¿Y qué propones que hagamos?" murmuró Rei, también con tono de fastidio.

"Ehm… esto…" Selena le dirigió a Haruka una mirada suplicante. Ésta esbozó una media sonrisa.

"Esta es una oportunidad única en la vida de hacer lo que no podríamos hacer si Setsuna estuviese aquí." La chica observó que la atención de Michiru estaba ahora centrada en ella, y su sonrisa se hizo más grande. "Propongo que subamos a explorar las Torres"

Un coro de grititos ahogados, y el ruido que hizo el libro de Ami al caer hicieron que Michiru frunciera el cejo, extrañada.

"¡Pero está prohibido subir!" exclamó Ami.

"Oh, vamos" se burló Haruka. "Por eso precisamente es por lo que tenemos que subir."

"Espera un momento" interrumpió Michiru. "¿Por qué está prohibido ir a las Torres?" Ahora que lo pensaba, desde su llegada a Halfmoon Hall no había subido a ellas ni una vez, ni había visto a nadie hacerlo. Claro que las caracoleadas escaleras que llevaban a las mismas no habían llamado su atención hasta entonces.

"Bueno" explicó Rei con mirada pensativa. "Se supone que el suelo de las torres es de madera, pero está podrido, así que es peligroso subir a ellas." Michiru se volvió a Haruka.

"¡¿Estás loca¿Cómo se te ocurre proponer una cosa así?" La rubia le sacó la lengua.

"¿Asustada, Kaioh?" El comentario cogió a Michiru por sorpresa.

"¡Por supuesto que no! Pero si no está permitido subir, entonces no hay nada que hacer." Algo le dijo a Michiru que la risa de Haruka no presagiaba nada bueno.

"Pero" comenzó la chica "Está anocheciendo… cuando los criados se vayan a sus cuartos, estaremos solas en la mansión… y Setsuna no vuelve hasta mañana."

Una exclamación entusiasmada de Rei cortó en seco el pretendido comentario de Michiru. Haruka se puso de pie y se dirigió teatralmente a las chicas.

"Entonces¿quién viene conmigo?" Rei levantó animadamente la mano, pero Ami y Michiru permanecieron dudosas. "Venga¿quién dijo miedo? En el nombre de la ciencia¡es nuestro deber explorar hasta el último rincón de la casa!" Ami sonrió divertida a la afirmación, y Michiru finalmente se rindió ante el entusiasmo de la rubia. Sin embargo una voz suave pero firme las sorprendió a todas.

"Yo no voy" Rei miró a Selena como si estuviese loca. "Setsuna me dijo que nunca subiera, y voy a hacerle caso."

"¡Pero serás idiota!"

"Rei, déjala" repuso Haruka. "Está en su derecho si prefiere quedarse. ¿No te importa que vayamos, o prefieres que me quede contigo?"

Michiru volvió a asistir una vez más a la patente manifestación del lado tierno de Haruka, que nunca dejaba de sorprenderla. Selena sacudió levemente la cabeza y sonrió.

"No hace falta. Estaré bien"

"Muy bien entonces. ¡Vamos allá!"


Si algo tenía claro Rei, desde hacía mucho tiempo, es de que no tenía la mejor suerte del mundo en cuanto a jugar a Piedra, Papel, Tijera se refiere. Está verdad universal recorrió fastidiosamente su mente por enésima vez mientras veía las siluetas de Haruka y Michiru (esta última con Hotaru en brazos) disolviéndose en el océano de sombras del inmenso corredor, en dirección a la Torre Oeste. Cuando se propuso que se dividieran en parejas para explorar las torres, Rei había tenido la esperanza de acabar con la rubia, pero en vez de ella era Ami quien estaba a su lado, y el rostro de la chica poseía la misma mueca de incertidumbre que la suya.

Además, se dijo con una mueca de enfado, les tocaba subir a la Torre Norte, la cual se encontraba más cerca del salón. Ambas chicas tenían la certeza de que Haruka lo había hecho a propósito, por si sentían la necesidad de salir corriendo.

Pero eso no iba a ocurrir. Era solo una escalera de piedra que llevaba a un montón de madera podrida. ¿Qué había de siniestro en ello?

A pesar de todo, cuando Rei y Ami empezaron a ascender por la escalera de caracol, sus manos estaban agarradas fuertemente.


Mientras, en la curva galería que giraba en dirección al poniente, Haruka se enfrentaba a un curioso dilema moral. Desde luego, no era la primera vez que hacía trampas en un juego, y no es que fuera muy difícil engañar a la cabeza dura de Rei, pero sí que era la primera vez que hacía tal cosa para estar con alguien.

No es que ella tuviera un especial interés en Michiru, entendedla. Es solo que desde que la violinista había llegado a la mansión cualquier momento que pasara sin ella parecía tener... bueno, poco sentido.

Lo dicho, ningún interés especial.

Pero ninguno.

"Ehm... ¿Haruka?... ¿estás?" La vacilante voz de la chica en la que estaba pensando hizo que Haruka pegara un bote.

"¿Eh?"

"Te decía que si es aquí"

Oh, maldita sea.

Cuando Haruka alzó la vista, los afilados bordes de lo que parecían ser varios millones de escalones de piedra laceraron su vista. Desde una posición más baja, concretamente desde los brazos de Michiru, un par de ojos violeta contemplaron las escaleras con igual aprensión, y una pequeña cabecita de pelo negro decidió que no quería estar allí. Cuando Hotaru empezó a llorar, Haruka volvió a pegar un respingo.

"Ssshh, no pasa nada" Michiru comenzó a acunar al bebé con ternura, mientras acariciaba con el dedo índice los diminutos rasgos de su rostro.

"Ven, déjame que la coja yo"

Allí, en la semioscuridad del umbral de la Torre, con la niña en brazos, Haruka representaba una estampa que, por un momento, Michiru creyó haber visto antes. En ese instante, la chica apoyó la cabeza en el hombro de la rubia, con los ojos medio cerrados. Ésta la miró.

"¿Subimos?" el susurro de Haruka llegó apagado a sus oídos.

"Por supuesto"

Llevaban apenas unos escalones, seis, siete, ocho... y al noveno tuvieron la sensación de que las paredes estallaban a su alrededor.


"¿Eso ha sido un trueno?" Inquirió Rei, tratando sin mucho éxito disimular el miedo en su voz.

"Eso parece" comentó Ami, tranquila. "Parece que ha empezado a llover."

Rei se revolvió, incómoda. No tenía ningún problema con las tormentas. De hecho, le encantaba contemplarlas mientras se arrebujaba confortablemente en una cálida manta. Sin embargo, presenciar una tormenta mientras se hallaba en una Torre húmeda y potencialmente inestable era harina de otro costal. Ami no pudo menos que notar su incomodidad.

"Rei¿tienes miedo?"

"¿Q-Qué?" La chica la miró con indignación. "¡Por supuesto que no!"

"Vale, vale. No hace falta que te pongas así."

La conversación duró unos minutos, haciendo que se olvidaran de la tormenta mientras continuaban subiendo, y una vez llegaron arriba hizo que no se dieran cuenta de un pequeño detalle que habría hecho que sospecharan que algo no encajaba.


"Maldita sea" se quejó Haruka por enésima vez. El inicio de la tormenta las había pillado cerca de una ventana rota, por lo que de repente una inmensa tromba de agua las había golpeado de lleno, y habían subido corriendo hasta llegar al final de la escalera. A su lado, Michiru envolvía a Hotaru en su chal. "Oye, Kaioh. Estás empapada."

"Si pretendes que me quede con tu chaqueta" comenzó Michiru, "lamento decepcionarte. Estoy a cargo de vosotras, y no voy a permitir que te mueras de una pulmonía por hacerte la noble."

"¡Uch!" exclamó Haruka llevándose una mano al corazón, como si el comentario le hubiese dolido. "Capto la indirecta."

Michiru la miró con una sonrisa. Al parecer aquel incidente la había puesto de buen humor. Fue entonces cuando, a diferencia de Haruka, y de Rei y Ami unos centenares de metros al norte, la violinista se dio cuenta de algo.

"Haruka..."

"¿Mmm?"

"... la razón de que no se pudiera subir... era que la madera del suelo estaba podrida¿verdad?" la chica observó a Haruka asentir. "Pero... el suelo es de piedra también."

La rubia miró a sus pies. Michiru tenía razón. Las chicas se miraron. Entonces¿por qué estaba prohibido subir?

...¿querían descubirlo?


Ami apretó fuertemente la mandíbula para que sus dientes dejaran de castañear. Realmente no podía decir que tuviese frío, pero sin embargo no dejaba de temblar. A Rei, que caminaba junto a ella, parecía pasarle lo mismo.

"Oye, Rei" su voz no era más que un susurro, y hablaba con el cuidado de quien teme despertar a un padre especialmente malhumorado. "¿Adónde vamos exactamente?"

Su amiga se encogió de hombros. Por lo que sabían, ambas torres tenían varias habitaciones, y ellas estaban a punto de entrar en la tercera. Ya debía de faltar poco para que hubieran recorrido el perímetro en su totalidad, y lo más interesante que habían visto había sido una silla. Menudo timo.

Cuando Ami rozó el pomo de la puerta, el frío de éste pareció calarle los huesos. Girándolo con suavidad, abrió.

Uno, dos, tres golpes a sus espaldas. Un grito que parecía venir de todas partes y que sin embargo había salido de sus gargantas. En una precipitada carrera, sin saber de qué huían, las chicas recorrieron la habitación hasta la cuarta (y última) puerta.

Apenas se se dieron cuenta u oyeron nada cuando se cerró tras ellas, dejándolas encerradas con aquel momento estático que las embargó de repente, y que les hizo sentir que habían entrado en otro mundo, completamente ajeno al cual se encontraban unos instantes atrás. Ambas chicas contuvieron la respiración.

Frente a ellas se hallaba una mujer. Bueno, la estatua de una, al menos. Sus brazos se hallaban extendidos, y sus manos parecían sostener una luz de cristal. El pálido rostro de mármol guardaba un doloroso parecido con el de cierta adolescente que habían dejado sola en el salón de la planta baja. A sus pies había una inscripción.

Serena Serenity

La voz ahogada de Rei resumió sus pensamientos.

"Eso es... eso es..."

Una tumba.


La primera habitación, que habían dejado atrás poco después de descubrir que la aparente razón por la que estaba prohibido subir no era tal, había sido simplemente un pequeño recibidor semicircular. Haruka caminaba lentamente, más que nada porque estaba obligada a seguir el ritmo de la chica que llevaba entre sus brazos. Michiru no había aceptado su chaqueta, pero después de que empezara a tiritar no había puesto objeciones a que la rubia la rodease con sus brazos.

Iban en un silencio al que incluso Hotaru contribuía. Todas eran conscientes del extraño ambiente que reinaba en aquellas estancias, una especie de calma agitada, o de quietud en constante movimiento. Sus pisadas parecían extenderse más allá de sus pasos, y entonces Michiru sintió la necesidad de romper el silencio.

"Seguro que ahora estás empapada tú también"

"No importa" rió Haruka. "Hotaru no me perdonaría nunca si dejara que murieras de frío"

Michiru se revolvió divertida en sus brazos, y ambas sonrieron (Hotaru también lo hizo, aunque no se dieron cuenta), pero en ese momento una penetrante intuición de destino hizo que se pararan en seco.

Fue Haruka la primera en verlo, aunque, como recordaría más tarde, no vió nada. Simplemente, reconoció.

La cuarta (y última) estancia no tenía puerta, aunque parecía haberla tenido en algún otro momento, alguna otra vida. Está habitación estaba sumida en una aparente bruma, que no era sino la más pálida de las luces, levemente desprendida por un curvo acero. Haruka sintió que la habitación se acercaba, pero pronto descubrió que era ella quien describía pasos vacilantes en dirección a la espada.

Porque era una espada, no le cabía la menor duda. Y ella ya la había visto antes, aunque no podía recordar cuándo.

Ni siquiera la llamada de Michiru a sus espaldas hizo que se volviera, tan inmersa como estaba en la contemplación del sable que parecía suspendido en una dimensión en la que no existía la gravedad.

"Haruka..."

La mencionada rozó el acero, la luz se apagó, la ilusión se perdió, el sable cayó pesadamente en sus manos y un grito lejano pareció hacer retumbar los cimientos de la mansión.


Rei se dejó caer pesadamente contra la pared del pasillo, mientras intentaba controlar su respiración y Ami, sentada a su lado, seguía temblando irremediablemente. La tormenta parecía haber aumentado en intensidad, y Halfmoon Hall estaba completamente sumida en las tinieblas.

"Por todos los dioses... qué demonios hacía eso allí..." 'Eso', porque su mente se negaba a explicar con palabras precisas lo que habían encontrado en la torre.

"Bueno...ahora..." jadeó Ami, "...ahora sabemos por qué estaba prohibido subir..."

Unos pasos apresurados hicieron que ambas se sobresaltaran, pero al levantar la vista vieron a Haruka, seguida de cerca por Michiru, que se acercaban rápidamente y con una expresión asustada en el rostro.

"¿Qué ocurre¿Por qué habéis gritado?" Rei y Ami se miraron, ninguna de las dos sabiendo muy bien qué decir. "...oh, da igual, olvidadlo. Vamos al salón, rápido, esto cada vez va a peor y Selena debe de estar aterrorizada."

A paso firme, cada una de las jóvenes reconfortada por la presencia de las demás, se internaron en cada uno de los oscuros corredores que llevaban al salón.

Pero, como no podía ser de otra forma, estaba desierto.

Selena había desaparecido.


Nota de la Autora:

Antes que nada, he de dar las gracias a todos aquellos que han leído mi historia, y sobretodo a aquellos que dejaron un review en el último capítulo. Éste está dedicado a todos ellos, con especial mención de chibidarkxiao , por su... perseverancia (¡cásate conmigo! xD).

Espero que os haya gustado. Aún faltan tres capítulos más, aparte del epílogo. Y antes de que se me olvide, deciros también que he empezado a escribir el tercer capítulo de Ángeles Ciegos. Sólo me falta algo de inspiración y tal vez lo publique antes de acabar con este fic.

Hasta la próxima,

West.

Siguiente capítulo: La Espada del Defensor