Capítulo 2.- Reencuentros
La chica del cabello rubio cenizo a media melena leía sonriente una novela inglesa, sentada cómodamente en un sillón del salón de su casa. Su madre había salido por trabajo y no volvería por todo el fín de semana. Yui, después de haber superado todos los problemas relacionades con los viajes espacio-temporales, se había convertido en una universitária que avanzaba en el camino de licenciarse. Esa era una de las razones por las cuales se tomaba los fines de semana como un tiempo de descanso. Por eso no esperaba que la calma de aquella noche del sábado pudiera ser interrumpida por algo o alguien. Pero...
El teléfono inalámbrico que tenía en la mesita empezó a sonar. Con toda la calma, la chica se quitó las gafas de leer y descolgó el aparato.
- ¿Sí, diga? -preguntó- Residéncia Hongo.
- ¿Yui? -preguntó una alterada voz conocida.
- Ah, buenas noches, Taka -dijo la chica con una sonrisa, poniéndose en pie y mirando por la ventana- ¿cómo os va a Miaka y a tí?
- Ha ido todo de maravilla...hasta ahora -la voz del chico sonaba nerviosa.
De repente, un sonido chirriante se transmitió a través de la línia. Yui se apartó el auricular del oído, con miedo a quedarse sorda, mirando el aparato con visible desconcierto. Después, la voz de Taka resonó con fuerza al otro lado.
- ¡NO, YA BASTA...! ¡¿PERO SE PUEDE SABER QUÉ HACES! ¡SÓLO ESTÁN MIRANDO...!
- ¿Taka...? -preguntó Yui con miedo- ¿Ocurre algo? ¿Con quién estás?
- Yui...por favor...júrame que si te lo cuento vas a creerme... -dijo la voz del chico como en una súplica.
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Taka estaba dentro de la cabina de teléfono de enfrente del parque donde esa misma mañana él y Miaka llevaran a jugar a Hikari. Trataba de hablar y al mismo tiempo controlar a sus compañeros que, simplemente...habían estallado de emoción. Hacía apenas unos segundos, unas estudiantes de secundária habían pasado por el lugar y, al ver tan curioso grupo, habían empezado a murmurar y a reírse a media voz. Por supuesto, Tasuki había estado a punto de freírlas con su abanico, pero Taka le detuvo y se disculpó con ellas inventando absurdas excusas para las vestimentas de los chicos que le acompañaban.
- ¡¿Quééé! -retumbó la voz de Yui al otro lado de la línia.
- Te lo aseguro, yo he reaccionado prácticamente igual -dijo Taka rascándose nerviosamente los cabellos.
- Pero...¿cómo es posible que ellos estén aquí? -dijo la rúbia sin dar crédito aún a lo que percibían sus oídos- El libro desapareció la última vez...
- ...pero ahora lo llevo yo en la mano, Yui -dijo Taka- debemos aceptarlo: todo esto aún no ha acabado.
La chica se llevó una mano a la frente, cerrando los ojos unos instantes. No la seducía demasiado que digamos la idea de tener que enfrascarse de nuevo en aventuras en obras de la literatura de la época antigua. Pero...
- ¿Y...para qué me llamas a mí y no a Miaka? -dijo extrañada.
- Es que...verás... -empezó Taka nervioso- estamos más cerca de tu apartamento y...bueno, van llamando mucho la atención...por si no lo recuerdas, van vestidos como hace más de quinientos años. Y para colmo, antes Tasuki ha tratado de carbonizar a dos chicas de instituto por reírse de su aspecto.
- Típico de Tasuki... -murmuró Yui para sí- Bueno, será mejor que os paséis por aquí. Veremos qué podemos hacer...
- Mil grácias, Yui -dijo Taka sonriendo- llegaremos enseguida.
Colgó el auricular con un suspiró de pesadez. De repente, una risa aguda y estridente, muy conocida, se hizo oír muy cerca. Taka miró alrededor y sólo dió de sí para soltar un grito de alerta.
- ¡¿PERO QUÉ HACES SUBIDA AHÍ! -gritó con todas sus fuerzas.
Aquella reacción se debía a que había visto a Nuriko...subida a un árbol de ocho metros que había a las afueras del parque. Aún no daba crédito al hecho de que, aún conservando el alma del Nuriko de siempre, pudiera comportarse de un modo tan infantil. La niña, pero, miró alrededor, cautivada por la vista de los edificios y las luces de la ciudad de Tokio por la noche, aparentemente ausente al hecho de que la gente que circulaba por la acera se la quedaban mirando con curiosidad.
- Qué bonito... -susurró.
- ¡Ya verás la bonito que es como te caigas de ahí arriba! -gritó Taka llevándose las manos a la cabeza- ¡¿Desde cuando eres tan cabra, Nuriko!
- No pasa nada, Taka -dijo Nuriko cruzándose de brazos, sentada tranquilamente en la rama más alta- En Konan siempre me he subido a los árboles y no ha ocurrido nada.
Con una seguridad que sólo la orgullosa Nuriko podía poseer, la niña se puso en pie y saltó con total firmeza de lo alto del árbol. Aterrizó ágilmente, sin sufrir siquiera un rasguño. La gente de los alrededores observaron atónitos. Taka se inclinó a su lado y la estiró del brazo.
- Venga, seguidme y no llaméis más la atención -dijo. Todos obedecieron sin rechistar. El chico dirigió una mirada reprobatória a la niña- y contigo ya veremos, pulga.
- Oye...sólo quería divertirme -dijo Nuriko- Por si no los has notado, aún soy una niña -dijo fingiendo inocéncia.
- A mí no me engañas...Cuando quieres no eres tan pequeña -dijo Taka, suspirando con pesadez. Se sentía como una madre regañando a su hija de diez años. Tan sólo deseaba que aquella noche terminara pronto.
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- Bueno...creo que es de vuestra talla -dijo Yui con una sonrisa, cuando los tres chicos salieron del cuarto.
- ¿Ah sí...? -dijo Tasuki con nerviosismo, mirando en el espejo el atuendo que llevaba.
Tanto él como Chichiri llevaban vaqueros y camisetas normales, con jaquetas habituales en aquella época en la cual aún refrescaba por las noches. Taka les miró unos instantes, tratando de resistirse, pero no pudo evitar estallar en una fuerte risotada. Tasuki le miró por encima del hombro con cara de pocos amigos.
- ¿Quieres que te deje sin dientes? -amenazó.
- No, en serio... -dijo Taka recuperándose- sólo es que...me ha chocado veros vestidos así...es...muy curioso...
- No creía que os fuera tan bien -dijo la rubia con una sonrisa- es ropa de Tetsuya. Se la dejó el otro día que...
La chica enrojeció visiblemente, aunque no era necesario. Todos sabían que estaba empezando a ír en serio en su relación sentimental con Tetsuya. Ya solían pasar juntos la mayor parte del día, entre cenas a la luz de las velas, paseos, noches juntos frente al fuego...Un amor sencillo e inocente forjado con confianza y afecto.
Yui dejó el tema por su própio bien y miró a los cuatro niños que estaban sentados juntos en el sillón.
- Lo siento, pero para vosotros no tengo nada que os vaya bien... -dijo tratando de pensar- aunque...
Clavó sus ojos intensamente verdes en Nuriko, maquinando algo en su mente. La niña la miró sin entender aquel comportamiento, pero acto seguido Yui se puso en pie y la cogió suavemente de la mano, poniéndola en pie y llevándosela a su habitación.
- Ven conmigo -dijo con una sonrisa de oreja a oreja- creo que sí tengo algo para tí...
Los otros se miraron sin entender nada, solamente Tasuki murmuró algo entre dientes que sonó a "mujeres...". Al cabo de unos minutos, Yui salió con una enorme sonrisa, llevando de la mano a Nuriko, que no paraba de mirarse por todos lados, aunque visiblemente complacida. La niña llevaba un vestido blanco con algún que otro adorno rosa ¬¬. Cualquier chica la vería adorable, pero...Tasuki y Taka estallaron en risotadas que se oyeron por todo el edificio. Por supuesto, dos segundos más tarde, ambos tenían la cara undida en la pared de enfrente, mientras Nuriko se sacudía las manos con una expresión de enfado. Tratando de ignorar aquella escena, Hotohori miró alrededor con preocupación.
- ¿Y qué se supone que debemos hacer ahora? -preguntó- De acuerdo, hemos venido a parar a este mundo. ¿Pero ahora qué?
- Creo que lo primero sería ir a ver a Miaka -dijo Chiriko sentado en brazos de Mitsukake- después de todo...creo que ella es la razón por la cual hemos llegado aquí.
- Os acompaño -dijo Yui más seria, cogiéndo su chaqueta.
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Las calles de Tokio estaban ya muy oscuras y solitárias a aquella hora. El frío provocaba que los cristales de todos los comercios se empañaran y que una nube de vapor se escapara con cada exhalación que hiciera cualquiera de ellos. Yui dirigió los ojos hacia Chichiri y los demás, visiblemente preocupada por todo lo que estaba ocurriendo.
- Pero...¿cómo habéis podido venir a éste mundo? -preguntó- En circunstáncias normales, sólo Taka podía salir y entrar del libro...
- No sabemos mucho más que vosotros -dijo Hotohori con la cabeza gacha- fue...muy extraño...primero nos reunímos por una razón que desconocíamos...sólo cuando estuvimos todos juntos pudimos acceder al templo...Entonces apareció Suzaku...nos dijo algo sobre reencontrarnos con Miaka...y en un instante estábamos aquí...
- Han salido de los Cuatro Dioses del Cielo y la Tierra -dijo Taka. Inconscientemente, puso la mano en su bolsillo y rozó el libro con los dedos- Creo que no ha sido casualidad que fuera ese el libro que yo encontrara...el pergamino se ha encendido y...han aparecido aquí.
Yui suspiró con pesadez y contempló el negro cielo estrellado de la noche de Tokio. Creía que todo había acabado, pero se equivocaba completamente. No le gustaba demasiado recordar sus tiempos como sacerdotisa de Seiryuu. Eran cosas que prefería olvidar...pero ahora las siete estrellas de Suzaku se habían reunido de nuevo...y eso sólo podía significar que algo se acercaba...y que Miaka estaría involucrada. De repente, una luz se encendió un su cabeza.
- Un momento... -dijo deteniéndose de repente, dándose la vuelta para mirar a todos ellos- ¿cómo es posible que seáis así?
- ¿A qué te refieres? -preguntó Chichiri sorprendido.
- Se supone que el tiempo pasa de modo diferente en el mundo del libro y aquí -dijo Yui pensativa- allí transcurre mucho más deprisa...pero vosotros estáis igual...
- ¿Pero qué dices? -preguntó Tasuki- Sólo ha pasado un año desde que Taka se fue la última vez.
- ¿Qué? -exclamó Taka- eso es imposible. Aquí ha pasado un año. Por lo tanto en el libro deberían haber pasado...ocho...más o menos.
- Sólo hay una explicación -dijo Yui echando de nuevo a andar- El tiempo entre ambos mundos se ha igualado.
- Pero...¿por qué? -dijo Taka en voz baja.
- Creo...que eso debemos descubrir -dijo Hotohori mirando al suelo.
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Todos siguieron caminando por las calles desiertas, aparentemente ajenos al hecho de que eran observados. Si solamente uno de ellos hubiera mirado al callejón oscuro que dejaban atrás en aquel momento, hubiera visto una sombra que se escurría en las tinieblas, para seguirles de modo imperceptible.
- Seguro...ellos son los siete de Suzaku...la energía que emanan es inigualable...a la que no identifico es a la chica que va con ellos...no obstante...siento en ella otra energía distinta...casi muerta, latente...pero existe...
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Miaka se sentó a ver la televisión con aburrimiento. Hacía apenas unos minutos que había acostado al pequeño Hikari, que ya debía dormir como un tronco. Miró el reloj de la sala con nerviosismo. Taka hacía más de dos horas que había salido y aún no regresaba. Empezaba a estar preocupada. Por esa razón sintió que su corazón se aligeraba cuando escuchó el timbre. Se puso en pie con una sonrisa de alivio y corrió a abrir la puerta.
- Taka -dijo alegre- ¿cómo es que has tard...?
No acabó la frase, ya que vió a alguien más en el portal con su pareja. Yui le dirigía una mirada intensa, pero eso no fue lo que más le sorprendió, sinó las seis personas que les acompañaban. Aunque sólo se fijó en dos. Aquellos dos chicos...los conocía tan bien. No pudo evitar que las lágrimas se derramaran de pura emoción. Se cubrió la boca con las manos para ocultar su sorpresa, pero era inútil. Para nadie fue un secreto que estaba profundamente sorprendida.
- Chichiri...Tasuki...¿cómo...? -empezó, pero no le salían las palabras.
- Vaya, Miaka -dijo Tasuki con su habitual seguridad- Esperaba que nos recibieras con los brazos abiertos.
Pero Miaka no fue capaz de responder. Simplemente no pudo contenerse por sensaciones...sentimientos...aquellas maravillosas emociones que creía que no volvería a sentir jamás. Sin ni siquiera tiempo a dejarle respirar, dió un salto al frente y se aferró al cuello de Tasuki, abrazándole con fuerza, dejando que las lágrimas resbalaran por sus enrojecidas mejillas.
- Tasuki...¿Eres Tasuki de verdad...? -preguntó con voz entrecortada.
- Pues claro -dijo el chico con una sonrisa- ¿Quién crees que podía ser?
- Nadie... -dijo Miaka con una sonrisa de profunda felicidad, quitándose una lágrima de los ojos- no hay otro como tú, Tasuki.
- Siento interrumpir -dijo Taka poniendo las manos en los hombros de Mitsukake y Hotohori y empujándolos ligeramente- pero deberíamos entrar. No es conveniente que alguien os vea por aquí. Hablarían demasiado.
Una vez todos estuvieron dentro, Miaka miró atónita como sus amigos de tanto tiempo atrás se acomodaban en su casa. Diós santo...era completamente real...Estaba segura de no estar soñando. Y eso la hacía aún más feliz. De repente, como si fuera la primera vez, reparó en los cuatro niños que les acompañaban. Tres niños y una niña, todos con edades menores a doce años, que parecían encantados de verla. Miró a Taka, Tasuki y Chichiri con visible confusión.
- ¿Quienes son estos niños? -preguntó perdida,.
- ¿No me digas que no los reconoces? -dijo Tasuki divertido, con una risita.
La niña del cabello violácio se adelantó y se plantó frente a Miaka, con una sonrisa de oreja a oreja.
- Me alegro de verte, Miaka -dijo guiñándole un ojo alegremente- veo que te las arreglas bien sin mí.
La aludida miró a la niña con sorpresa, ya que ésta practicamente no le llegaba más que a la cadera. Pero...había algo que le resultaba muy familiar de aquella chica. El pelo de aquel color...recogido de aquel modo...esa expresión tan vivaz...aquellos ojos rosáceos tan profundos...Era imposible, pero no veía otra posible causa de que se pareciera tanto a...
- ¡Nuriko! -gritó señalándola con una dedo.
- Vaya... -dijo la niña ladeando la cabeza con una sonrisa dulce- empezaba a pensar que no me reconocerías...
Miaka se agachó en el suelo y, sin ser capaz de reprimirse, abrazó a Nuriko con fuerza entre sus brazos, con imparables lágrimas manando de sus ojos. Esta se quedó unos instantes inmóbil, pero después correspondió a aquel gesto, cerrando los ojos y dejándose abrazar por Miaka. La chica se separó de ella y la miró con una gran sonrisa. Sin poder reprimirse, acarició la mejilla de la niña, haciendo que esta la mirara con los ojos agrandados de desconcierto.
- ¿Sabes, Nuriko...? -susurró- eres una monada...
La niña le sonrió agradecida, con una adorable sonrisa en aquel rostro angelical. Después, Miaka se dió la vuelta para contemplar a los demás. Le llamó de immediato la atenció la belleza del mayor de los muchachos. Era demasiado atractivo para ser otra persona. Los ojos dorados...el cabello gris...no podía ser nadie más que Hotohori.
- ¿Hotohori? -dijo con una ligera sonrisa- Eres tú, ¿verdad? Ya sabía...que de pequeño debías ser una preciosidad.
- Tú, Miaka, sigues siendo tan atractiva como la última vez -dijo el niño con una voz lo más masculina posible.
- Oye, no te pases, que yo estoy aquí, ¿eh? -dijo Taka con una mirada acusadora.
- Vamos, Taka -dijo Miaka con una sonrisa- Mira que estar celoso de un niño...
Después, la chica miró a los otros dos niños, que habían permanecido callados en todo momento. Una gran sonrisa iluminó su rostro. Se acercó a ellos a toda prisa, observándolos atentamente.
- Y vosotros debéis ser Mitsukake y Chiriko -exclamó feliz.
- Me alegro de verte, Miaka -dijo Chiriko sonriendo jovialmente.
- Vaya, Chiriko -dijo Miaka infantilmente, cogiéndolo en brazos- eres monísimo... -dijo como quien mira un osito de peluche. Después dirigió sus ojos hacia Mitsukake- vaya, ¿quién iba a decir que de pequeño tendrías un aspecto tan tierno, Mitsukake?
El aludido bajó la mirada, avergonzado, y un ligero rubor de verguenza apareció en sus mejillas. Miaka se dió la vuelta para mirarlos a todos. Ninguno pasó por alto que la sacerdotisa de Suzaku estaba profundamente emocionada.
- Chicos...no sabéis cómo me siento de veros aquí...tengo miedo de que esto sea sólo un sueño...y al despertar me dé cuenta de que no estáis...
- No te preocupes, Miaka -dijo Hotohori con una gran sonrisa- no es un sueño.
De inmediato, el rostro del anterior emperador de Konan se endureció, por el cual todos creyeron ver en la expresión de aquel niño el reflejo del hombre que fuera una vez Hotohori.
- Debemos decidir qué hacer a partir de ahora... -dijo muy serio- hemos llegado a este mundo por una razón que desconocemos...y estamos más perdidos que nunca...
En pocos minutos, las siete constelaciones pusieron al corriente a Miaka de todo lo ocurrido desde que se reunieran esa misma mañana en el mundo del libro hasta aquel preciso instante. La chica se puso en pie después de oír todas las explicaciones y miró a través de los empañados cristales de las ventanas. Su mente vagó lejos...hasta el punto que nadie podía alcanzarla. Lo imaginaba...en el fondo de su ser, sabía que no todo había acabado. Tenía la sensación de que la historia de los Cuatro Dioses del Cielo y la Tierra ya formaba parte inevitable de su própia história...o de hecho era todo lo contrario, su vida entera eran apenas unos cuantos capítulos de aquel misterioso volumen. Algo estaba pasando...lo intuía. Quizás era su subconsciente como antigua sacerdotisa...pero en su ser se despertaba el miedo, las dudas...el pánico por lo que podía ocurrir en el mundo del libro. Las siete estrellas se habían reunido de nuevo y eso sólo podía significar que algo se acercaba...y que ya estaba cerca. Se dió la vuelta para mirar a sus amigos.
- Ahora es muy tarde -dijo casi en un susurro- mañana hablaremos de ello. Más nos vale descansar un rato a todos para aclarar nuestra mente...y decidir qué debemos hacer.
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Despertó en la casi total oscuridad de su cuarto. Apenas un fino rayo de luna se filtraba por los resquicios que la persiana permitía. Miaka suspiró confundida, hasta que tomó conciencia de dónde estaba realmente. Sintió un movimiento a su lado. Taka se dió la vuelta en sueños, dándole la espalda. Estaba nerviosa...el desvelo no le permitiría dormir hasta el día siguiente, estaba segura. Sin apenas hacer ruido, se quitó de encima las sábanas y se sentó en el borde de la cama. Andó descalza hacia la salida de la habitación, con cuidado de no despertar a Taka, cerrando la puerta tras de sí. Se dirigió a la habitación de al lado. Hikari estaba profundamente dormido en su cuna. Sonrió ligeramente, pensando en que al día siguiente le presentaría a sus amigos. Estaba segura de que su hijo se llevaría con ellos tan bien como ella.
Salió de la recámara, cerrando la puerta, y andó hacia la sala. No pudo evitar una sonrisa calmada cuando vió a sus amigos durmiendo, tan tranquilos, tan felices y ajenos a todas las preocupaciones...Chichiri estaba recostado contra la pared, por lo que alguien podía pensar que estaba en vela, pero ay, aquel monje tenía una capacidad de relajación sorprendente...una vez Miaka le había oído decir que era capaz de dormir mientras andaba. No le extrañaba lo más mínimo: una rareza más no iba nada en desacorde con aquel curioso compañero. Tasuki estaba echado en el suelo, durmiendo a pierna suelta, en una posición grotesca que casi la hizo reír. Roncaba ruidosamente, como era costumbre en él. Mitsukake se había quedado dormido en el sillón, con una expresión de lo más adorable en su carita infantil. Entre sus brazos sostenía al pequeño Chiriko, que dormitaba plácidamente sintiendo su protección. Miaka ya había observado que Mitsukake no se separaba de Chiriko y que le vigilaba en todo momento. Ambos se llevaban tan bien que parecían hermanos. Hotohori...bueno, sólo decir que el muy orgulloso se había peleado con Tasuki, amenazándole con la espada, para poder quedarse con el sofá-cama para él solito. Debía reconocerlo: le gustaría que Hotohori no fuera tan prepotente. Entonces advirtió algo que no había visto hasta entonces. Hotohori no estaba solo. Se escondió tras la puerta para observar la escena sin ser vista.
Nuriko estaba sentada en una silla, justo al lado de Hotohori. Le contemplaba en silencio, bajo un rayo de luna. Incluso en aquella penumbra, podía distinguirse la expresión de los ojos de la niña. Aquella profunda mirada cobriza estaba fija en su emperador. Estaba quieta, immóbil, sólo mirándole, como si acercarse más fuera un pecado, una profanación que se castigara con la própia muerte. Miaka no supo como expresarlo...pero aquellos ojos reflejaban una extraña tristeza, la misma mirada de alguien que hubiera sufrido mucho y por mucho tiempo...Era una mirada ardiente, fuerte, dominante, rebosante de sentimientos...y al mismo tiempo fría, latente, casi muerta...de alguien que había probado en carne própia el dolor de amar sin ser correspondido. Entonces cayó en la cuenta de como de equivocada había estado con respecto a Nuriko todo aquel tiempo.
"Yo creía...que el apego de Nuriko por Hotohori era un simple capricho pasajero...como el de cualquier estudiante adolescente que sueña con conseguir un nóvio atractivo y atento...Pero estaba equivocada...Nuriko...de verdad le ama...¿Por qué si no le hubiera buscado aún después de reencarnarse...?"
Recordaba lo que le había contado Taka después de la última crisis. Nuriko había renacido siendo una niña e instintivamente había buscado a Hotohori. Porqué él era el único hombre capaz de hacerle perder la cabeza por completo. En realidad...siempre había visto a Nuriko como una chica, no importaba cual fuera su apariencia física...el alma de Nuriko era frágil como el cristal, débil a los sentimientos, muy sensible...como la de una mujer. En su lado femenino, Nuriko amaba a Hotohori...y sabía que era algo que la estrella no podía evitar.
Dejó de lado aquellos pensamientos cuando sintió movimiento. La pequeña Nuriko levantó una mano y, titubeando, como si temiera algo, acarició suavemente la mejilla de Hotohori. En su rostro se reflejaba una expresión de ternura, de afecto...de un amor inocente pero férreo que había tratado de enterrar en lo más profundo de su ser. Sólo entonces Miaka cayó en la cuenta de lo que percibían sus ojos. Nuriko...volvía a ser él. Creyó que estaba soñando...pero ante sí estaba el Nuriko adolescente que tan bien conocía. No pudo evitar un sonido de sorpresa.
Ante aquel desgarro en la paz que había imperado, Nuriko sonrió mientras entornaba los ojos.
- ¿Cuanto tiempo más piensas pasarte mirando, eh, Miaka? -preguntó en un susurro.
Miaka surgió de entre las sombras, con una risilla nerviosa, avergonzada por su comportamiento pueril. Nuriko le sonrió significativamente y palmeó una silla que había a su lado, invitándole a tomar asiento. La muchacha aceptó y se sentó al lado de Nuriko. El chico seguía mirando a Hotohori en silencio, con aquella inalterable sonrisa.
- ¿No crees...que merece lo mejor del mundo...? -dijo en un susurro- es tan bello...
Miaka no pudo evitar mirar a Hotohori y cual fue su sorpresa al encontrarse al Hotohori adulto durmiendo plácidamente. Aquella tez tan blanca y de rasgos distinguidos...y sus largos cabellos grises atados por una cinta casi al final de aquellos brillantes mechones...Realmente su belleza impactaba a simple vista.
- ¿Sabes...? Yo no lo recuerdo bien...pero Taka me contó que cuando sólo era una niña normal...cuando no tenía mis recuerdos...les hice atravesar muchos montes por verle a él...Y después pienso ¿cómo es posible que, sin tener recuerdos de mi anterior vida, le recordara de aquel modo...?
- Nuriko... -susurró Miaka emocionada.
- Ni siquiera me entiendo a mí mismo...siempre me he sentido como una chica...pero viniste tú y despertaste aquel instinto de protección que sólo poseen los hombres...aún así...desde que llegué al castillo, cuando sólo tenía dieciséis años, ya sentí este calor en el pecho...la primera vez que le ví...no me sentí distinto a todas aquellas chicas que servían en palacio...yo traté de que se fijara en mí...pero era un sueño imposible...estoy empezando a pensar que el amor no está hecho para mí...para alguien como yo...que aún no ha decidido dónde está su corazón...no puede existir una história de amor...
Miaka pensó que Nuriko lloraría o algo parecido, ya que solía ser bastante voluble y sensible a las emociones. Pero, en lugar de eso, el chico le dirigió una sonrisa alegre.
- Por eso quiero protegeros a todos...porque os quiero mucho... -dijo sinceramente- no importa si os quiero con amor o con amistad...no dejaré que mis seres queridos sufran...es una promesa -añadió juntando dos dedos de un modo muy infantil.
Miaka no dijo nada, pero esbozó una gran sonrisa en su rostro. Al menos Nuriko no parecía sufrir por los múltiples desengaños amorosos que había tenido. Antes de poder advertirlo, estaba sonriéndole a la Nuriko niña, que había vuelto a su nuevo cuerpo. Se quedaron un rato hablando...
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...hasta que una extraña vibración sacudió el aire. Ambas lo sintieron y se pusieron en alerta. Nuriko se bajó de la silla como pudo y permaneció en silencio, tratando de oír algo a su alrededor. Un extraño murmullo inundó el ambiente, como si algo se acercara...
- ¿Qué es eso...? -preguntó Miaka con miedo.
- Shhh -dijo Nuriko llevándose un dedo a los labios.
Permanecieron unos instantes en silencio, por la cual cosa pudieron sentir aquel palpitante y fugaz sonido que se acercaba, intensificándose por segundos. Miaka miró por la ventana con inquietud...justo a tiempo de ver algo afilado y brillante que venía volando hacia ella a toda velocidad. Se quedó petrificada por el miedo. El objeto partió en pedazos los cristales de las ventanas e iba a alcanzarla...pero...
Una sombra fugaz se interpuso en el camino del proyectil. Miaka sintió unas manos muy fuertes que la echaban a un lado, aprovechando la inércia de aquella persona. Acto seguido, golpeó contra el suelo, bajo una llúvia de cristales rotos que cayó sobre ella.
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Ay, es la primera vez que dejo notas, creo...
En primer lugar, decir que me considero una absoluta fan de Fushigi Yugi (y de Nuriko o cayéndome la baba). Empecé a escribir este fanfic porqué no podía soportar que la história se acabara...
Si os gusta, dejad rewieves, lo agradeceré mucho .
Grácias a los fans de esta magnífica série por no olvidarla.
