Capítulo 3.- Lucha en las calles de Tokio
Miaka tardó unos instantes en asimilar lo ocurrido, pero cuando su cabeza procesó la información, se incorporó lentamente. Por suerte para ella, apenas se había hecho un par de rasguños superficiales con los cristales de la ventana. Tras incorporarse , vió una flecha clavada en la moqueta del suelo.
"Una flecha negra..."
Buscó alrededor, tratando de descubrir qué habia sido de quien la había salvado. No tardó en descubrir a la pequeña Nuriko tendida en el suelo, tratando de levantarse.
- Nuriko -exclamó Miaka alarmada- ¿estás bien?
La ayudó a incorporarse, pero entonces sintió algo húmedo en la mano derecha, con la cual había incorporado a su compañera. Se miró los dedos temblorosos y los descubrió manchados de sangre. Con un miedo creciente dentro de sí, examinó el cuerpo de Nuriko, descubriendo un gran manchón escarlata a la altura del brazo derecho. El proyectil la había alcanzado tras tirarla al suelo para salvarla.
- ¡Nuriko...! -exclamó- Estás sangrando.
- No es nada, Miaka... -dijo Nuriko en un susurro, llevándose una mano a la herida- estoy bien...
Miaka vió entonces que la niña tenía diversos cortes en la cara por culpa de los cristales. Los gritos de Miaka habían alertado a los demás, que se habían despertado en sobresalto. Tasuki había empezado a gritar de puro histerismo, ya que solía alterarse mucho si le despertaban de repente. Taka corrió a toda prisa hasta Miaka, agachándose a su lado con preocupación.
- Miaka -dijo rápidamente- ¿estás bien?
- Yo sí -dijo Miaka asustada- pero Nuriko está herida...
- ¿Qué os ha pasad...? -empezó Taka.
- ¡Silencio! -ordenó Chichiri de repente.
El silencio les sumió en su poder por unos instantes, en los cuales todos agudizaron los sentidos, tratando de percibir algún sonido anormal. Sí...se oía algo. Era como...un rugido, un murmullo que rompía la uniformidad de la noche de Tokio. De repente, el edificio entero se sacudió, como si un repentino temblor se hubiera apoderado de sus muros. Los muebles se desplazaron unos centímetros y todos tuvieron que luchar por mantenerse en pie. Entonces, las luces se apagaron y quedaron sumidos en las sombras.
- ¿Qué ha sido eso? -preguntó Tasuki alarmado.
- Hay una preséncia maligna muy cerca... -dijo Chichiri muy serio.
- Mirad -exclamó Taka mirando por la ventana- las luces de la ciudad...todas se han apagado.
Trató de vislumbrar algo en las tinieblas en las que había quedado el exterior nocturno. Súbitamente, el chico vió algo que hizo que el alma se le cayera a los pies. Algo se movía en el exterior, vagando por la oscuridad de Tokio como un caminante del crepúsculo que acechara a sus presas en las sombras. Pero lo que más llamó la atención de Taka fue el hecho de que parecía flotar por los aires, desplazándose por las calles de la ciudad unos metros por encima del nivel del suelo. De repente, aquella criatura levantó ambos brazos y un nuevo terremotó sacudió la ciudad con violencia, provocando que las paredes de los edificios cercanos se resquebrajaran.
- ¿Qué es eso...? -preguntó Tasuki con los ojos como platos.
- No lo sé... -dijo Miaka muy seria- pero no podemos dejar que destruya la ciudad.
- Estoy contigo, Miaka -dijo Hotohori muy serio (hacía rato que había recuperado su forma infantil)- Debemos salir a luchar -añadió desembainando su espasa con rapidez.
- Tenéis razón -añadió Nuriko poniéndose en pie con facilidad. Sin ni siquiera un gesto de dolor, desgarró un lazo del vestido y se vendó rudimentariamente la herida- ya es hora de movernos un poco, chicos.
A una velocidad asombrosa, los seis guerreros de Suzaku salieron del apartamento y corrieron escaleras abajo, dispuestos a enfrentarse a un nuevo enemigo. Taka fue hacia Miaka y le puso las manos en los hombros.
- Miaka -dijo muy serio- Tú coge a Hikari y escondeos en el sótano, donde está el aparcamiento. Cuando todo haya acabado, vendremos a buscaros.
- ¿Y si ocurre algo? -gimió Miaka asustada- ¿Y si...?
- No morirá nadie, Miaka -dijo Taka muy serio. Ante aquel sentimiento, el carácter del demonio volvió a brillar con luz roja en su frente- Te lo prometo. Y ahora márchate.
Miaka se abrazó repentinamente a Taka, quedándose unos instantes muy cerca de su pecho. Sólo deseaba con todas sus fuerzas...que todos volvieran pronto, felices y victoriosos. Taka le dirigió una última sonrisa y salió corriendo escaleras abajo, dispuesto a enfrentarse al mundo por proteger a su família.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Las siete estrellas de Suzaku corrían lo más deprisa que les permitían sus piernas por la desierta y parcialmente destruida avenida de Tokio, a la búsqueda del que sabían con certeza que era su enemigo. Se detuvieron tras unos minutos de carrera, en el lugar en el cual le vieron por primera vez. El silencio y la oscuridad lo cubrían todo, como queriendo encerrarlos en una prisión invisible de la cual no pudieran escapar. Tasuki empuñó el abanico con fuerza, atento a cualquier movimiento. Hotohori mantenía la espada en alto, ojo avizor a la aparición del enemigo. Chichiri sostuvo su báculo en el aire, tratando de notar la preséncia en la oscuridad.
- ¿Y este silencio...? -susurró Hotohori.
- Es...como si toda la ciudad estuviera muerta... -susurró Nuriko intimidada.
- Hace frío... -dijo Mitsukake, apretando a Chiriko contra su pecho.
De repente, tras unos instantes de absoluto silencio, algo empezó a oírse. Era una voz. Reía. Primero fue sólo un murmullo...pero después se hizo más estridente. Los muchachos se quedaron confundidos, puesto que la voz parecía surgir de todas partes y de ninguna al mismo tiempo.
- ¡¿Quién eres! -gritó Tasuki furioso.
- Vosotros sois...las siete estrellas de Suzaku, ¿no es cierto? -preguntó la voz, que sonó grave y masculina.
- ¿Dónde está...? -preguntó Chichiri tratando de encontrar un objetivo.
- No es necesario que me busquéis... -dijo la voz- yo mismo me mostraré ante vosotros...y acabaré con vuestras vidas...para siempre.
Un fuerte y repentino viento frío se levantó en aquel espacio oscuro, zarandeándolos con brusquedad. En la confusión que reinó, apareció una sombra danzante en la penumbra en la cual se encontraba la calle. Pareció esfumarse unos instantes, para despuer volver con mayor nitidez. Cada uno de los siete de Suzaku sintió que se encontraban ante su peor enemigo.
A simple vista, su aspecto era tétrico y tenebroso. Era un hombre, de apariencia jóven e, fuera como fuera, atractiva. Sus cabellos extremadamente largos eran de un negro brillante muy suave. Por ojos tenía dos iris de un color azabache intenso, profundo...como dos pozos negros de los cuales no se puede escapar. El atuendo era muy parecido al de los generales de los ejércitos, pero la armadura era de metal completamente negro, con los ropajes blancos.
- ¿Y tú quién eres? -preguntó Tasuki con desprecio.
- Mi nombre es Hokai -dijo el hombre con una malévola sonrisa- pero no sabréis nada más porqué moriréis.
- Vaya, vaya... -dijo Tasuki por lo bajo, al oír aquel nombre- veo que los malos no perdéis el tiempo en buscaros nombres mejores...
- No reirás tanto cuando os destruya a todos -dijo el sujeto ahora serio- Phobos -llamó.
De repente, una sombra fugaz apareció flotando al lado de Hokai. Reconocieron de inmediato que era femenina.
- ¿Llamásteis, señor? -preguntó una voz de mujer.
- Encárgate de los jóvenes -dijo Hokai- yo me ocuparé de los mayores -dijo enfrentándose cara a cara con Taka, Chichiri y Tasuki.
- Será un placer, señor -dijo la voz de chica.
La sombra se desvaneció por completo, para reaparecer tan sólo un instante más tarde tras el grupo, donde se encontraba Hotohori con los demás guardianes. La aparición se dejó ver, revelando a una chica de unos dieciocho, vestida al modo de una guerrera, de cabellos rubios extremadamente largos y unos ojos azules casi transparentes, vestida por completo de negro y rojo. Tocó con los pies al suelo, dirigiendo una sonrisa maléfica a los cuatro niños que la miraban fijamente, en alerta.
- Venga, criaturas -dijo con un falso tono dulce- vamos a jugar...
En un efímero instante, la chica sacó de la nada un arco y apuntó con una flecha negra en dirección a ellos. La saeta salió a toda velocidad del arco y, en el aire, se multiplicó en decenas. Mitsukake se lanzó de immediato al suelo, protegiendo a Chiriko. Hotohori tan sólo alcanzó a pasar un brazo por el cuello de Nuriko y echarla sobre el asfalto. La llúvia de flechas pasó de largo sin tocarles. Nuriko sintió que su sangre hervía de rábia y se puso en pie con rapidez.
- Has sido tú, ¿verdad? -gritó furiosa- Tú has atacado a Miaka antes. Has tratado de matarla con una flecha.
- Te equivocas, niña -dijo Phobos con orgullo en la voz- Ha sido otra persona. Pero tú lo has evitado, mocosa. Por eso voy a mataros a todos, para que no podáis volver a ayudarla nunca más -añadió tensando una nueva flecha mágica en el arco.
Tras esquivar una nueva llúvia de flechas, Nuriko miró a la chica sin entender nada.
- Entonces...si no has sido tú...¿significa que hay...otro enemigo más...?
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Miaka estaba atareada. Recogió de cualquier modo todas las cosas de Hikari que tenía en el salón, ya que no sabía cuanto tiempo tendría que pasar en el sótano. Quizás horas...su hijo necesitaría comer y otras cosas. Tras ponerlo todo en una bolsa, fue a toda prisa a cerrar todas las ventanas de la casa que estaban abiertas. Al fín, asegurándose de que lo había hecho todo, se dirigió a coger a Hikari. Mientras andaba por el pasillo, sintió una repentina corriente de aire frío en la cara. Se quedó pensativa. ¿De dónde venía? Todo estaba cerrado...Oyó llorar a Hikari. Se apresuró y entró en la habitación de su hijo. Pero algo la detuvo...se quedó completamente congelada, mirando al interior de la habitación sumido en las sombras. Había alguien más en aquel cuarto oscuro.
Una silueta tétrica se recortaba contra la ténue y casi inexistente iluminación del exterior. Una poderosa aura violácia le rodeaba. Parecía flotar en el aire. Miaka se aferró a la puerta con miedo.
- ¿Quién eres tú...? -susurró casi sin voz.
- Eso ahora no importa, sacerdotisa de Suzaku -dijo una intensa voz femenina- solamente he venido a cumplir órdenes.
Miaka hizo descender lentamente la mirada y sintió que el corazón se le detenía dentro del pecho, retomando su latido a un ritmo desbocado. Entre los brazos de aquel ser...estaba su pequeño Hikari. La chica no supo reparar en lo que sintió, un dolor imposible de describir en el pecho, un miedo y un pánico que le absorbían hasta el alma...Dió un paso adelante.
- ¿Qué piensas hacer con Hikari? -dijo- ¡Devuélvemelo!
- Lo siento mucho, sacerdotisa de Suzaku -dijo la chica, dejándose ver- pero no volverás a ver a tu niño...nunca.
La chica llevaba atuendo de guerrera, armadura dorada con ropas blancas. Sus cabellos a media melena eran de un rojo sangre intenso y los ojos, de un profundo violeta encendido, lanzaban destellos a cualquier lugar que mirara. Miaka no se impresionó por ese aspecto y, reaccionando por instinto, se lanzó sobre ella. No importaba que tuviera poderes o no, simplemente no dejaría que volviera a tocar a Hikari.
- ¡Eres una...! -empezó en un grito de plena rábia.
- Detente -ordenó la mujer muy serena.
Miaka se detuvo, más por la impresión del grito que por el miedo própio. La muchacha le dirigió una mirada llena de firmeza, que no dejaba pasar ningún tipo de sentimiento, mientras mantenía una mano al frente, claramente impidiéndole acercarse.
- Desconozco la razón... -dijo- pero no puedo matarte ahora...no aún...ni tampoco a esta criatura...Eso significa...que nos veremos pronto, sacerdotisa de Suzaku.
Tan repentinamente como había aparecido, el ser se esfumó de la estancia, dejando solamente una corriente de aire helado. Miaka se quedó unos instantes petrificada, enmedio del silencio y la oscuridad que había dejado atrás la intrusa. Entonces, irremediablemente, su corazón de partió en mil pedazos. Se dejó caer de rodillas al suelo, con los ojos oscurecidos y la mirada clavada al frente. Tras un instante, en un sólo espasmo, estalló en lágrimas y un grito de desesperación quebró el silencio asfixiante que reinaba en la noche de Tokio.
- ¡Devuélvemelo, maldita! ¡¡¡DEVUÉLVEMELO!
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Sin pensárselo un sólo instante, Hokai levantó una mano con fuerza y el suelo que estaba bajo las tres estrellas de Suzaku se fragmentó en pedazos. Con la agilidad adquirida por tantas batallas, Tasuki, Chichiri y Taka saltaron al aire, esquivando la explosión por los pelos. Tan sólo aterrizar, Tasuki alzó su abanico mágico y gritó con poténcia:
- ¡Llamas de cólera!
Un poderoso remolino de fuego emergió del objeto y recorrió fugazmente los metros que le separaban de su enemigo. Las llamas absorbieron a Hokai, produciendo a su alrededor una impenetrable barrera ardiente que nada podía atravesar.
- ¡Ja! -exclamó Tasuki triunfante, con una sonrisa maliciosa- No eras tan bueno como parecías...
Ante aquellas palabras, el fuego se hizo negro unos instantes, para esfumarse después, quedando solamente polvo oscuro flotando en el ambiente. Los tres lo miraron atónitos.
- Imposible... -susurró Tasuki.
- Os comportáis como niños... -dijo Hokai con desprecio- nada de lo que hagáis podrá detenerme.
- ¡¿Ah, sí! -gritó Taka furioso, mientras el símbolo luminoso aparecía en su frente- ¡Veamos cómo paras esto!
Sin ningún tipo de esfuerzo aparente, Taka dió un increíble salto en el aire, concentrando su energía en el ataque que iba a realizar. Sin hacerle esperar, la luz roja envolvió sus manos y, con toda la poténcia que fue capaz de reunir, emitió un choque de energía que se dirigió a toda velocidad hacia su objetivo. Una fortísima explosión de poder estalló en aquel espacio, más Hokai quedó ileso, a pesar de la inmensa energía del ataque.
- No puede ser... -dijo Taka impresionado- no le ha hecho nada...
- Su aura es mucho más fuerte de lo que esperaba... -dijo Chichiri en un susurro.
No eran los únicos que tenían problemas. Hotohori y los otros empezaban a estar preocupados por los ataques de Phobos, que cada vez eran más certeros. Por enésima vez, cuando todos a la vez saltaron para esquivar la llúvia de proyectiles, Mitsukake se incorporó rápidamente.
- Debemos hacer algo o acabará con nosotros -dijo seriamente.
- Es débil por su retaguárdia -dijo Chiriko de repente, en un susurro, observador como siempre- nunca presta atención a su espalda. Se enfrenta con nosotros cara a cara. Podría servirnos para vencerla.
- Tiene razón -dijo Hotohori con mucha seguridad, levantando la espada en alto- Nuriko, cuando yo te lo diga...
Miró significativamente a la niña y esta asintió de inmediato. Nuriko era el complemento perfecto para Hotohori en las batallas. El chico dió un paso al frente y levantó la espada con un gesto amenazante, dirigiéndose a su enemigo con poténcia y toda la velocidad que era capaz de adquirir. La mujer hizo una sonrisa malvada y se quedó a esperarlo.
- No me hagas reír... -dijo con aburrimiento- tienes una cara muy mona, no querría tener que destrozarla...
- ¡No sabes de lo que soy capaz! -gritó Hotohori haciendo un corte transversal con la afilada hoja.
La chica, con una habilidad increíble, cogió una de sus flechas negras y detuvo con ella la espada sagrada de Hotohori. El chico, pero, no cesó en su empeño. Siguió tratando del alcanzarla, con todas sus fuerzas, sabiéndo lo peligrosa que era. Sin soltar la espada, le dirigió una mirada significativa a Nuriko. La niña entendió al instante y se acercó a la acera de la calle. Aferró el tronco del árbol que allí crecía y, después, tiró. Nadie que no fuera ella sería capaz, aunque...tuvo que reconocer que le costó más esfuerzo del que esperaba. Aún estaba desentrenada...Por suerte para ella, las pulseras, regalo de Taitsu-kun, actuaron justo en el momento más adecuado. Tomaron la forma de unas muñequeras de metal, que amplificaban su fuerza dependiendo de su estado de ánimo. Con aquel empujón, la chica arrancó el árbol con raíces incluidas en un santiamén. Con una facilidad asombrosa, dirigió su "nueva arma" en dirección a su enemiga. Ésta, pero, seguía concentrada en Hotohori. El chico empezaba a tener problemas con contenerla. El sudor había aparecido en su frente y le temblaban las manos, pero no podía soltar la espada. Entonces vió su salvación.
- ¡Ahora, Nuriko!
Antes de que la desprevenida enemiga pudiera darse la vuelta, Nuriko arremetió contra ella, golpeándola con el árbol con una facilidad única. Hotohori rodó sobre el asfalto para escapar del impacto, que consiguió tumbar a su enemiga. Sin perder tiempo, Chiriko y Mitsukake unieron sus poderes y crearon una barrera de parálisis alrededor de la chica. Esta a duras penas consiguió incorporarse, aunque se vió incapaz de siquiera ponerse en pie. Y, antes de que pudiera advertirlo, se encontró con la espada sagrada de Hotohori apuntando a su garganta. Mantuvo el contacto visual con el muchacho durante unos interminables instantes.
- Tu error ha sido subestimar a tus adversarios... -dijo Hotohori en un susurro- aunque no lo parezca, nosotros llevamos más años luchando que tú, criatura inconsciente...no importa que tengamos cuerpo de niños: nuestra alma es de guerreros.
Phobos maldijo a aquello críos que la habían humillado. Aunque la ayuda que necesitaba no tardó en llegar.
Hokai vió que su vasalla estaba acorralada. Y en aquella situación vió la oportunidad perfecta para doblegar a aquellos muchachos. Casi mentalmente, con apenas un leve movimiento de sus manos, el suelo se resquebrajó y unos lazos negros surgieron de bajo el asfalto, rodeando a los pequeños de Suzaku.
- ¡¿Qué es esto! -gritó Nuriko sorprendida.
Pero no fue capaz de decir nada más, ya que los ligamentos se enredaron alrededor de su cuello y empezaron a asfixiarla. Lo mismo ocurrió con Hotohori y Mitsukake, que pronto se vieron inmobilizados por unos lazos negros de energía.
- ¡NO! -gritaron a unísono Taka, Chichiri y Tasuki.
Pero nada pudieron hacer para evitar que sus más jóvenes compañeros quedaran suspendidos en el aire, completamente atrapados por unos lazos negros que cada vez les oprimían más y más. Taka se dió la vuelta para mirar a Hokai con rábia.
- ¡¿Qué haces! ¡Déjalos ir! -gritó furioso.
- ¡Llamas de cólera! -gritó Tasuki, alzando el abanico en dirección a sus compañeros.
El fuego sagrado se dirigió a los ligamentos negros, pero nada pudo dañarlos.
- No puede ser... -susurró el chico, viendo que su ataque era inútil. Frustrado por ese hecho, miró con los ojos encendidos a Hokai- ¡Suéltalos!
- Creo que no -dijo el aludido con una malvada sonrisa- nadie nunca había podido derrotar a mi arquera...eso me ha sorprendido. Pero no pienso dejar que lo hagáis de nuevo. ¡Vosotros tres, arrodillaos ante mí!
- ¿Pero qué dice este tío? -dijo Tasuki indignado.
- ¿De verdad crees que vamos a hacerlo? -dijo Taka firmemente.
Sin ni siquiera esbozar una expresión en aquel cruel rostro, Hokai levantó una mano en dirección a los otros Suzaku, provocando al instante que los lazos se apretaran más su alrededor. Los niños no pudieron evitar soltar un sonido de dolor.
- Siempre consigo lo que quiero -dijo fríamente- y si tengo que matar a alguno de esos niños para conseguirlo, no dudaré en hacerlo.
Al instante, una mueca maléfica apareció en su rostro mientras sus ojos se clavaban en las caras llenas de terror de los tres chicos.
- ¿Que os parece si empiezo por la chiquilla? -preguntó con una enorme y tenebrosa sonrisa.
- ¡No te atrevas...! -empezó Tasuki.
- Inconscientes -fue la única palabra de Hokai.
Sus dedos hicieron un imperceptible y siniestro movimiento. De inmediato, los ligamentos que envolvían a Nuriko se apretaron a su alrededor. Esta ahogó un gemido, tratando de contener sus ganas de gritar.
- ¡No, Nuriko! -consiguió gritar Hotohori.
Aún así, la que fuera un antiguo guerrero de Suzaku no desistió y siguió soportando. De todos modos, cuando los ligamentos se enredaron alrededor de sus brazos, oprimiendo la herida aún abierta, la guerrera de Suzaku conoció el verdadero dolor. Trató de resistir, pero era inútil. Aquel cuerpo infantil era demasiado sensible al dolor. Empezaba a asfixiarse, sentía una imparable opresión en el pecho...casi no podía respirar...todo se volvía neblinoso alrededor...caía...en las sombras...
Pero una voz resonó en aquella inmensidad de oscuridad.
- Maestro, le tengo.
Tan súbitamente como habían aparecido, los lazos desaparecieron bajo el asfalto resquebrajado. Los cuatro niños se precipitaron al vacío, a punto de estrellarse contra el suelo. Pero Chichiri fue más rápido y alzó dos dedos a la altura de sus ojos.
- ¡Rei! -gritó cruzándolos de un modo especial.
La caída de los cuatro chicos fue amortiguada por una fuerza mágica muy poderosa, por lo cual flotaron en el aire hasta caer suavemente sobre el suelo. Mitsukake, sin dejar de coger a Chiriko entre sus brazos, se puso en pie lentamente, tratando de recuperar el aliento. Grácias a él, el más jóven de los guardianes no había sufrido daño alguno. Hotohori se llevó una mano al cuello, tratando de compensar la opresión que había sentido. De inmediato, se puso en pie con las piernas aún débiles y corrió hacia Nuriko, que permanecía tendida en el suelo, immóbil. Taka y los demás observaban con temor, pero no bajaron la guárdia por su enemigo, que aún parecía acechante. Mitsukake dejó a Chiriko en brazos de Hotohori, se apresuró a arrodillarse al lado de Nuriko y, cogiéndo su muñeca izquierda, comprobó su pulso. Se incorporó con una expresión de alivio.
- Tiene pulso...sólo está aturdida -dijo de un modo profesional muy típico de él- se pondrá bien.
Taka suspiró, más tranquilo, y miró de nuevo a su enemigo, sólo para descubrir que había otra de aquellas arqueras a su lado. Se parecía sorprendentemente a su compañera, diría que eran hermanas gemelas. La chica le dirigió una mirada triunfante a su señor.
- No he tenido problemas para conseguirlo, Alteza -dijo con respeto.
- Buen trabajo, Deimos -dijo Hokai complacido.
Sin perder tiempo, cogió entre sus brazos aquello que le tendía su seguidora. Lo contempló sin decir nada y, después retiró la sábana que lo cubría. Una mueca de triunfo absoluto apareció en su rostro.
Taka sintió que todo se derrumbaba a su alrededor. Caía en las más profundas tinieblas. El corazón de le detuvo unos instantes, para retomar su ritmo instantes después, latiendo de un modo tan desbocado que le dolió hasta el alma.
- No...puede ser... -gimió con los ojos dilatados de terror- Hi...¡Hikari!
- ¡¿Qué! -gritaron Tasuki y Chichiri.
Hokai sonrió maléficamente, complacido de la reacción de la estrella de Suzaku. Levantó al bebé con una sola mano, en señal de victória, con una expresión de éxtasis total en aquel rostro perverso.
- ¡Exacto, estúpidos guardianes de Suzaku! -gritó- ¡Toda esta batalla sólo ha sido una distracción para poder conseguir esto! ¡Por fín el shinjazo de Suzaku es mío!
- No...no puede ser... -susurró Tasuki aterrorizado.
Las dos arqueras escoltaron a su señor, mientras empezaban a desaparecer. Taka no pudo soportar aquella visión y la fúria aumentó en su interior. Sin que apenas pudiera darse cuenta, una poderosa e intensa aura de un rojo brillante rodeó su cuerpo. Sus cabellos se alzaron, removidos por una brisa imparable y poderosa...sus ojos se encendieron en ira retenida, mientras el signo de su frente lanzaba explosivos destellos rojizos.
- ¡No te lo permitiré, maldito! -gritó con todos sus pulmones.
Sin reparar en nada, dejando de lado cualquier precaución, Taka dió un increíble salto en el aire, alzando el puño en dirección a Hokai, que le miró con indiferéncia.
- Estúpido -murmuró alzando una mano.
Una impenetrable barrera de fuerza rodeó a Hokai y a sus guerreras. Pero para Taka fue demasiado tarde. Chocó brutalmente con el escudo, recibiendo una letal descarga eléctrica que le produjo un dolor insoportable por todo el cuepo. Cayó al suelo, con un grito ahogado de dolor, aunque por suerte Tasuki amortiguó la caída con los brazos. Taka abrió los ojos débilmente, aún temblando por el repentino ataque. Sus ojos violácios se clavaron en su enemigo. Este le sostuvo la mirada con una malvada sonrisa.
- Jamás volverás a ver a tu hijo, Tamahome -dijo complacido- Nos veremos pronto, estrellas de Suzaku. Esta vez os perdono la vida...si sois medianamente inteligentes, huiréis antes de que nos volvamos a encontrar y os mate de la forma más dolorosa posible.
Dichas estas palabras, Hokai desapareció en la noche de Tokio, devolviendo la calma a aquella ciudad. La oscuridad se dispersó y las estrellas y la luna volvieron a iluminar las calles. Pero la cruel risa de Hokai quedó flotando en el aire, como un tenebroso augurio de la destrucción.
--------------------------
Taka permaneció unos instantes inmóbil, con la vista fija en el suelo. Pero rápidamente la desesperación hizo mella en él.
- Hikari... -susurró.
Apretó los puños que tenía sobre el asfalto, arrodillado como estaba. Entonces, un terrible escalofrío de cólera restalló en su cuerpo. Un grito de rábia, dolor y desesperación quebrantó la noche mientras el chico golpeaba el suelo con tanta fuerza que sus nudillos sangraron a mares.
- ¡HIKARI! -gritó con las lágrimas resbalando profusamente por sus mejillas.
-O-O-O-O-O-O-O-O-O-
Sí, es lo que estáis pensando...Se han llevado el niño, ¿y ahora qué? En realidad se vé a kilómetros ¬¬.
Ahora empieza a complicarse todo...Me quedan los capítulos un poquillo largos, pero es que me encanta describir!
Reviews? Felicitaciones? Amenazas de muerte? XD
