Capítulo 6.- Música, trampa traicionera

Miaka abrió los ojos en la absoluta oscuridad de la noche. Qué extraño...Había soñado en los viejos tiempos...Se desperezó un poco, pero advirtió enseguida que aún faltaba mucho para la mañana. El cielo todavía estaba muy negro y sólo un puñado de estrellas salpicaban aquella oscuridad. Miró alrededor. La hoguera aún crepitaba y Tasuki, a quien le tocaba la guárdia, se había quedado dormido como un tronco. Con resignación, se acercó y lanzó dos troncos más a la pira, para evitar que se apagara. Todos estaban durmiendo aún, cada uno por su lado. Se veían muy cansados...suponía que aún no habían respuesto del todo su energía vital después de la lucha contra Hokai. Se sentó de nuevo en el suelo y se envolvió con la manta que había traído. A ninguno de sus compañeros parecía importarles demasiado verse obligados a dormir en a la intempérie y sobre el suelo, pero a ella le dolía todo...

Estaba sumida en aquellos infantiles pensamientos cuando algo llegó a sus oídos. Al principio lo escuchó absorta, sin ser capaz de identificarlo...Pero después su cerebro reaccionó. Era un sonido muy dulce, que flotaba en el aire como música celestial...música...eso era, música. Una encantadora y tentadora melodía...Y parecía...No podía creerselo, pero le resultaba tan familiar...

Inequívocamente se trataba del sonido de una flauta.

Su corazón dió un doloroso salto cuando relacionó la información en su mente. Sin perder tiempo, se inclinó a un lado y zarandeó a su compañero de al lado, que resultó ser Nuriko. El muchacho reaccionó muy agresivamente y, aún en sueños, le propinó un manotazo a Miaka que la tumbó contra el suelo. La chica se enfureció por aquella reacción y se acercó al chico, despertándolo con un tirón de orejas. Nuriko se despertó sobresaltado, despeinado y sorprendido.

- ¡Miaka...! -medio gritó- ¡¿Nunca encuentras maneras más "amables" de despertarme...!

- ¡Shhhh...! -advirtió Miaka con un dedo en los labios- Calla y escucha, Nuriko...

El chico dejó la trifulca y agudizó el oído. Percibía algo, una suave melodía que parecía flotar en el aire...hacia ellos. Estaba seguro de no equivocarse.

- Es...una flauta... -susurró.

- ¡Nuriko...! -exclamó Miaka lanzándose sobre él con los ojitos brillantes, dándole un susto de muerte- ¡Empezaba a creer que sólo yo podía oírlo...! Ahora entiendo que la otra vez sólo estábais todos medio sordos...

- ¡¿Quieres callarte...! -exclamó Nuriko entre dientes- ¡¿Acaso quieres despertarlos a todos...!

- Vale, vale... -dijo Miaka avergonzada. Recuperó la seriedad de repente- ¿Estás pensando...en lo mismo que yo...?

- Creo que sí... -dijo Nuriko en un murmullo. Incluso en aquella penumbra, Miaka distinguió la expresión pensativa de sus ojos cobrizos- ¿Crees que podría ser...?

- Amiboshi, ¿verdad? -dijo Miaka emocionada- Esa música es inconfundible...

- Si no recuerdo mal, cerca de aquí hay una aldea...Se llamaba Yukigase -dijo Nuriko- Posiblemente...esté allí.

- Qué suerte, ¿no? -dijo Miaka- Ya hemos encontrado a uno...Pero, si se trata de una estrella de Seiryuu, ¿por qué vive en Konan?

- Creo...que a Amiboshi nunca le hizo ninguna grácia luchar contra nosotros -dijo Nuriko con una ligera sonrisa- Aunque no os lo podíais imaginar, yo estuve allí cuando él te salvó de Tomo...A Amiboshi le iba mucho más ser de Suzaku...creo que jamás quiso ser nuestro enemigo...esa podría ser una buena razón...

- Cierto -dijo Miaka asintiendo con una sonrisa- Bueno, ¡buenas noches!

Y sin más, se dejó caer entre las sábanas, quedándose profundamente dormida al instante, roncando ruidosamente. Nuriko la miró con una expresión de total incredulidad (típica gota de sudor) y después se cruzó de brazos girando hacía otro lado.

- No la entiendo -dijo- ¡Primero me despierta a golpes y luego se duerme tan tranquila...!

Después, una suave sonrisa iluminó su rostro. Le alegraba saber que la Miaka que tan bien conocía seguía manteniendo aquél carácter infantil que le hacía reír tanto. Después de todo, Miaka tenía en aquellos momentos un año más que él...No había cambiado, y eso le alegraba.

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Mañana. Todos se levantaron con muchas ganas, desperezándose del entumecimiento de la noche. Regañaron a Tasuki por haber descuidado el fuego y Miaka y Nuriko se pelearon con los demás porqué necesitaban ir al río a peinarse y lavarse la cara. Lo de siempre. Pero, curiosamente, aquella rutina que creían que jamás recuperarían, tal cual la habían vivido en sus antiguas aventuras, les hacía a todos más felices.

Les explicaron a los demás el sonido de la flauta en la noche y hablaron al respecto, a medida que se acercaban a la aldea. Pasado el medio día, andaban ya muy cerca de su destino.

- Bueno, que se trate de un guardián de Seiryuu no significa que necesáriamente se reencarne en Kutô -dijo Chichiri sábiamente- Las estrellas son libres de elegir el lugar en el cual quieren nacer...

- Entonces hay posibilidades... -dijo Hotohori avanzando entre zarzas.

De repente, volvieron a oír aquél sonido. La música de una flauta, que danzaba en el aire, cada vez más cercana.

- Otra vez esa música... -dijo Miaka.

Entonces, Miaka sintió una energía conocida...encenderse en su bolsillo. Rebuscó con cuidado y sacó el espejo de Taitsu-kun. En la superfície aparecía en azul intenso la palabra "espíritus".

- Eso significa... -dijo Miaka sorprendida.

- La verdad, prefiero no encontrármelo ahora o me vendrán ganas de partirle la car... -empezó Tasuki echando a andar.

Pero no fue capaz de acabar la frase. En un instante, sin que ninguno de ellos supiero como, el chico del cabello rojo había quedado colgado cabeza abajo de la rama de un árbol, aparentmente cazado por una trampa preparada en el camino.

- ¡¿Qué demonios...! -gritó el chico- ¡Eh, ayudadme a bajar! ¡Como pille al que ha hecho esto...!

Algo más captó la atención de los presentes. Una voz aguda llamó desde algún lugar.

- ¡Ven, Kuno! -gritó- ¡He cazado algo! ¡Ha funcionado!

Entonces unos pasos accelerados se acercaron, atravesando la maleza. Ninguno de ellos estaba preparado para lo que verían sus ojos.

Ante ellos surgió de los zarzales un muchacho de apenas nueve años, de cabellos intensamente castaños y unos profundos ojos azules. Su piel era de un tono ligeramente más oscuro de lo habitual. En su mano derecha llevaba una flauta de madera caoba, atada con un cordel de terciopelo rojo. Inconfundible, no podía ser otra persona...

- ¿Amiboshi...? -preguntó Miaka con una gran sonrisa.

El chico retrocedió dos pasos, mirándoles sin entender.

- ¿Quiénes son ustedes? -preguntó- No les he visto nunca...Y mi nombre es Kuno.

- ¡Kuno, ¿qué es! -gritó una voz desde el árbol.

- Nada, Shiko -gritó el muchacho- Son unos viajeros...

Una silueta fugaz bajó del árbol y aterrizó al lado del chico. Ninguno de ellos podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Eran idénticos hasta el más mínimo detalle, indeferenciables entre sí...Era absolutamente increíble.

- ¿Quiénes son...? -preguntó el muchacho que respondía al nombre de Shiko, enrollando con una habilidad asombrosa un trozo de cuerda que llevaba en las manos.

- Ni idea -dijo Kuno alzando una ceja- Son muy raros, ¿no crees?

- ¡Oye, mocoso! -gritó Tasuki furioso- ¡Como no me bajes ahora mismo te juro que te convierto en cenizas! -amenazó.

- Como quieras... -dijo Shiko saltando sobre la rama del árbol y deshaciendo fácilmente un nudo.

Tasuki cayó de bruces al suelo, sobreviviendo de milagro. Dejando de lado este hecho, Miaka no era capaz de reprimir su emoción tras haber encontrado por fin a Amiboshi e, indudablemente, a su gemelo Suboshi.

- Oíd, muchachos... -dijo muy confiada- ¿De verdad que no me reconocéis? Soy Miaka, la sacerdotisa de Suzaku...

- Oye, esta tía está un poco mal de la azotea, ¿no? -preguntó Shiko descaradamente a su hermano.

- Es posible -aceptó el muchacho.

- ¡¡¡¿Queréis escucharme! -gritó Miaka enfurecida. Después, suavizó la expresión- Escuchad, chicos...Sé que es difícil de creer, pero creo que vosotros sois estrellas del diós Seiryuu de Kutô.

- ¿Qué? -exclamaron ambos muchachos a la vez.

- ¿Por casualidad os aparece alguna letra extraña en el cuerpo cuando utilizais vuestras habilidades? -preguntó Chichiri.

- Sí, es cierto -dijo Miaka inclinándose- Oye...Kuno, ¿no? Cuanto tocas tu flauta, ¿no ocurre nada? ¿O cuando Shiko hace esas cosas con las cuerdas?

Los dos chicos se miraron, más serios que en ningún momento de la conversación. Como si se decidieran por telepatía, ambos levantaron las mangas de sus camisas para dejar al descubierto dos signos de azul luminoso marcados brillantemente en su piel, a la altura del hombro derecho e izquierdo respectivamente.

"Espíritus superiores" y "Borla". Les habían encontrado. Miaka sonrió triunfante.

- ¿Lo véis? -preguntó- Ésta es la prueba. Esas letras os designan como guardianes de Seiryuu.

- Aunque eso sea cierto...¿qué pintais vosotros en esto? -pregunto Shiko receloso.

- Nosotros somos los siete de Suzaku -dijo Chichiri- Y venimos a buscaros para evitar que estalle una guerra entre Konan y Kutô.

- ¿Gue...guerra? -murmuró Kuno.

- Si los de Kutô os encuentran, es muy posible que un terrible enfrentamiento afecte a Konan y Kutô -dijo Chiriko- Os hemos estado buscando para evitarlo.

Los muchachos no parecían demasiado convencidos. Pero tampoco tuvieron tiempo de recapitular en nada.

Unos gritos agudos de pánico desgarraron la calma imperante en el lugar y llegaron hasta ellos. El sonido de la confusión se extendió rápidamente por el bosque.

- ¿Qué...qué es eso? -pregunto Tamahome.

- La aldea... -dijo Shiko en un susurro.

- Mamá... -murmuró Kuno.

Antes de que pudieran detenerlos, los dos niños se perdieron entre la maleza, en dirección al pueblo. Todos se miraron y asintieron, siguiéndoles al instante.

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Lo que vieron les dejó petrificados. Un monstruo de más de dos metros de alto andaba a sus anchas por la villa, destruyendo casas y atacando a las personas. Parecía...un lobo, de pelaje blanco deslumbrante y ojos azul tan transparente que aterrorizaba. Parecía una béstia al acecho, dispuesta a lanzarse al cuello del primero que diera un paso en falso.

- ¿Qué demonios es esa cosa? -exclamó Tasuki sacando su abanico por instinto.

- Seguro que lo ha enviado Kutô... -dijo Chichiri- Siento una gran preséncia oscura que le manipula

- Miaka, no te acerques -advirtió Tamahome poniéndole una mano delante, mientras el signo luminoso aparecía en su frente.

La chica obedeció y cogió a Kuno y Shiko por los hombros, poniéndolos tras de sí. No podían permitir que les pasara nada a aquellos muchachos. Chiriko y Mitsukake concentraron sus poderes protectores, creando una barrera de energía alrededor de Miaka y los dos chicos. Aquella habilidad era realmente muy útil en casos así.

Mientras tanto, los demás se enfrentaban a su enemigo. El animal les vió y centró de inmediato su atención en ellos. Tasuki y Nuriko dieron dos pasos hacia atrás, aterrorizados.

- ¿Tenemos que luchar contra eso...? -preguntaron con voz temblorosa.

- Ahora no hay tiempo para dudas -dijo Hotohori desembainando su espada sagrada.

- ¡Rei! -gritó Chichiri alzando su vara al frente.

El ataque se materializó en forma de rayo de energía azul, que cruzó fugazmente los metros que le separaban de la béstia y dió en el blanco. La sangre manó abundantemente de la herida del monstruo. El chico sonrió triunfante, pero por poco tiempo. Instantániamente, la profunda herida se iluminó y se selló, dejando de nuevo el pelaje inmaculado.

- No puede ser -dijo Chichiri- Se regenera a sí mismo.

Ni siquiera un espectacular choque de energía de Tamahome consiguió abatirlo. El animal sangró por todos lados, pero de inmediato volvió a estar intacto.

- ¡Tasuki, tú y Hotohori atacad cuando esté inmóbil! -dijo Nuriko dirigiéndose a la béstia.

- ¡Nuriko, ¿estás loco! ¿Qué piensas hacer? -gritó Tasuki.

- ¡Hacedme caso! -gritó el chico entrando en el ángulo de visión del monstruo- ¡Eh, tú, estoy aquí!

Como un gato que quiere cazar a un molesto ratón, el lobo se avalanzó fugazmente contra Nuriko. Pero el muchacho no hizo más que esbozar una sonrisa de seguridad.

"Ya fallé una vez contra una béstia semejante...no me pasará de nuevo."

Cuando el ser saltó sobre él, Nuriko se ancló al suelo y detuvo el empujón del ser con aparente facilidad. Sin pensarlo un solo segundo, se escurrió por debajo de su hocico y se aferró a su cuello con toda su fuerza, provocando un lamento de dolor en el animal. Con el sudor brillando en su frente por el esfuerzo, el muchacho miró a sus compañeros.

- ¡Ahora...!

Los dos asintieron y corrieron en su dirección. Tasuki levantó su abanico, dispuesto a lanzar llamas por doquier. Hotohori alzó su espada, calculando el ángulo para cortar la cabeza de un solo golpe. Pero algo falló, en el último instante, el monstruo logró deshacerse de Nuriko, haciéndole caer al suelo, y por instinto atacó a su presa más cercana.

Tasuki no pudo hacer nada al ver que las fauces abiertas del animal se dirigían a él. Su rostró marcó la sorpresa, el reflejo efímero del miedo, justo antes de que apareciera el espantoso dolor, al sentir los colmillos del ser clavarse en su cuerpo. Se quedó inmóbil, incapaz de reaccionar, con la sangre rezumando sin parar de sus profundas heridas. Con un gemido de shock, el abanico le resbaló de entre los dedos y golpeó el suelo.

- ¡NOOO! -el grito de Miaka resonó en el pueblo, acompañado con sus profusas lágrimas.

Pero algo ahogó aquel sonido. Otro son más dulce...más conocido...Una música ligera y poderosa...Miaka hizo descender la mirada y vió a Kuno tocando la flauta con rapidez. Pero algo le llamó la atención. No tenía la expresión inocente que había visto hacía apenas unos minutos. Conocía aquella mirada...era la misma que en su otra vida hubiera utilizado Amiboshi para lanzar su fuerza vital a través de su melodía. El canto cada vez era más frenético, tan punzante que congelaba la sangre en las venas.

El monstruo ahogó un grito. Era un alarido de puro dolor, de sufrimiento sin igual. Aquella sensación le hizo soltar a su víctima, que cayó al suelo sin susteno. Nuriko corrió hacia él, sin prestar atención al monstruo que apenas estaba a unos metros, y con facilidad se llevó a su amigo lejos del peligro.

Kuno seguía tocando, cada vez más rápido, con más ira. El monstruo seguía retorciéndose de dolor ante ellos, gritando entre aullidos. La flauta del muchacho empezó a brillar con un ténue resplendor azul, mientras su energía se introducía en el cuerpo del animal y la destruía por dentro. Al final, con un ruido seco, su cuerpo se desplomó y cayó inerte. Estaba muerto, vencido por algo tan simple como un instrumento de música.

Kuno despegó los labios de la flauta. La calma regresó tras unos instantes. De inmediato, Miaka recuperó el sentido de la realidad y corrió hacia Tasuki, que estaba en el suelo, sangrando abundantemente. Nuriko había tratado de detener la hemorrágia, pero era inútil. Tasuki había perdido el conocimiento y seguía sangrando.

- ¡Tasuki, aguanta! -gritó Miaka, viendo que el chico estaba muy malherido.

- No te preocupes, Miaka -dijo Mitsukake arrodillándose a su lado- se pondrá bien.

Con tranquilidad, éste levantó su mano izquierda sobre el malherido cuerpo de su compañero. El signo de Suzaku apareció en su palma, dejando manar la conocida mágia verde. Todos vieron como las profundas y letales heridas de Tasuki se cerraban. Incluso las manchas de sangre se esfumaron en la nada. El chico abrió los ojos al cabo de unos instantes, un poco confuso.

- Oíd...¿ha pasado algo? -preguntó en un susurro.

- Ya decía yo -dijo Nuriko con una sonrisa maliciosa- La mala hierba nunca muere.

- ¡¿Qué has querido decir con eso! -gritó Tasuki incorporándose fugazmente y golpeando con un puño la cabeza de su amigo de cabellos violetas.

- Sí, definitivamente está bien -argumentó Tamahome sonriendo.

Kuno y Shiko estaban contemplando la escena en silencio, pero de repente el segundo pareció recordar algo y salió corriendo a toda prisa.

- ¡Mamá! -gritó- ¡Que no le haya pasado nada...!

El muchacho desapareció en una de las calles, tan desprisa como le permitían sus cortas piernas. Kuno, en cambio, se quedó de pie, mirando el lugar por donde había desaparecido su hermano. Miaka se asombró por este hecho.

- ¿Tú no vas a ver a tu madre? -preguntó.

- Miaka, no quiero que Suboshi se vea involucrado en esto -dijo el muchacho claramente.

La chica dio un salto de sorpresa, al igual que sus compañeros que se habían quedado de piedra. El chico les miró a todos con firmeza, una mirada que recordaban demasiado bien...Miaka parecía muy feliz.

- A...Amiboshi...¿lo...lo recuerdas...? -preguntó ansiosa.

- Por supuesto -dijo Amiboshi entornando los ojos- Después de usar mi flauta para matar a ese animal, ha sido como recuperar la memória...lo recuerdo todo...Y no quiero que Suboshi se meta en esto...

- Pero, Amiboshi -dijo Tamahome, visiblemente sin rencor alguno- Kutô os está buscando, a vosotros y al resto de los de Seiryuu. En cuanto os encuentren, habrán dado un paso más en la guerra entre Konan y Kutô. ¿Quieres que ocurra eso?

- No... -dijo Amiboshi- Por fín hemos conseguido una vida apacible...No quiero que acabe de nuevo en una guerra.

- Entonces debéis venir con nosotros -dijo Miaka- Buscaremos al resto de Seiryuu y los shinjazos. Evitaremos la destrucción de los dos reinos convocando a Suzaku.

- Pero...Suboshi aún no ha recuperado sus recuerdos -dijo Amiboshi- aunque viniera con nosotros, nada podría hacer...Últimamente ha dicho cosas que deben ser recuerdos de su vida anterior...pero no es consciente de ello. Sólo ha despertado plenamente su habilidad con las bolas meteóricas. Se las fabricó él mismo, y eso significa que empieza a recordar algo...

- No tenemos otra opción -dijo Tamahome- a todos nos gustaría tener una vida pacífica, pero es lo que hay. Está en nuestras manos no hacer nada o, en cambio, dar lo que podamos para evitar la guerra.

Amiboshi se lo pensó sólo unos fugaces instantes.

- De acuerdo, iremos con vosotros -dijo- Pero debéis prometerme que no dejaréis que le ocurra nada a Suboshi. Yo...no podría soportar que nos separáramos de nuevo.

- No te preocupes -dijo Miaka con una sonrisa- Todo irá bien.

El chico la miró y, después, le dirigió una dulce y sincera sonrisa. Para ninguno existieron las dudas de que tenían ante sí a su antiguo y temporal compañero Amiboshi, al cual era tan fácil arrancarle una sonrisa. Acto seguido, les ofreció pasar la noche en su casa, ya que les aseguró que su madre estaría encantada.

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Una sombra observaba la escena desde la copa de un árbol. Sus uñas se clavaron en la madera. Maldición, su cachorro había fallado. Ni siquiera había conseguido matar a uno de los Suzakus. Tenía órdenes de eliminar al menos a cuatro de los siete Suzakus. A la sacerdotisa ni tocarla. Eso les dejaba con suficiente capacidad para encontrar los shinjazos pero mermados e incapaces de defenderse en caso de necesidad. Por otro lado, había ganado algo. La muerte de su mascota había provocado el descubrimiento de uno de los Seiryuu. Eso la complacía. Deimos se preparó para la siguiente estratégia, aunque la trampa ya estaba preparada. Alguien de aspecto de lo más inocente mataría con sus própias manos a uno de los Suzakus...y para siempre. Con una sonrisa cruel, levantó ante sus ojos una cadena plateada de la cual pendía una joya negro azabache. La apretó entre los dedos, triunfante.

"Maestro..." dijo en una señal mental.

"Te escucho, Deimos" repondió la voz de Hokai en la oscuridad.

"La estratégia ha fallado..." susurró "Pero han encontrado a un Seiryuu, un muchacho que responde al nombre de Amiboshi, según la sacerdotisa. Sospecho que su hermano gemelo también se trate de uno de las siete estrellas..."

"Muy bien" respondió la voz de su maestro "¿Y...cuál es tu siguiente paso?"

Una sonrisa maléfica se reflejó en su rostro.

"Grácias a las habilidades mentales que me concedísteis, he podido localizar a alguien que podría serme muy útil para eliminar a un Suzaku en concreto...Teníais razón, señor...Manipular los sentimientos es muy divertido..."

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Era una casa de lo más humilde, en el lado exterior del pueblo, pero a todos les pareció acogedora. Kuno, es decir Amiboshi, les invitó a entrar sin ningún reparo. Llamó a su madre con una gran sonrisa. Una mujer joven salió de la cocina, con Shiko tras ella, también sonriendo, visiblemente aliviado al comprobar que su madre estaba a salvo. Era muy guapa, quizás no tenía más de treinta años. Largos cabellos castaños y unos ojos azules preciosos. Sonrió afablemente.

- Bienvenidos -dijo- Shiko me ha contado que habéis salvado a la aldea. ¿Es cierto que sóis el séquito de Suzaku?

- Así es, señora -dijo Tamahome- Y, si no fuera una moléstia, nos permitiría pasar la noche aquí, ¿por favor?

- Por supuesto -dijo la mujer con una sonrisa- Es lo mínimo que puedo hacer para agradeceros que hayáis salvado a mis dos hijos.

- Muchísimas grácias, señora -dijo Nuriko con una encantadora sonrisa- Es usted muy amable.

La mujer borró de repente aquella sonrisa, fijándose en el muchacho que le había hablado. En un lugar lejano de su mente, encontró familiar aquellos cabellos violácios y aquellos ojos cobrizos...Pero no mostró aquella sorpresa. Dibujó de nuevo aquella expresión acogedora.

- Shiko, Kuno, ¿queréis mostrarles a nuestros invitados su habitación?

- Sí -asintieron con una sonrisa los dos gemelos.

Todos marcharon escaleras arriba, pero Nuriko sintió una mano que le detenía. Se dió la vuelta y se encontró con una sonrisa de la mujer, que le estiró suavemente hacia la puerta.

- Muchacho, pareces tener buenos músculos -dijo- ¿Podrías ayudarme a traer la leña para la chimenea?

- Con mucho gusto, señora... -sonrió el chico acompañándola al exterior.

- Reiko -dijo ella.

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La mujer cortaba los troncos con destreza con un hacha de lo más afilada. Nuriko, mientras tanto, contemplaba las montañas en silencio, absorto. Era una zona muy bella. La conocía bien, de hecho...había estado un tiempo en aquél lugar. La chica no le había permitido cortar la leña, alegando que sólo le necesitaba para llevarlos al interior. El hacha descendió y partió un enorme tronco.

- Chico, ¿eres de por aquí? -preguntó amablemente- ¿Al menos de por esta zona?

- Nací en la capital, Eiyou -dijo Nuriko sonriendo- Pero sí, viví aquí en Yukigase un tiempo. Pero de eso ya hace mucho tiempo...Ha cambiado mucho...Antes era una ciudad mucho más poblada...

Reiko partió de nuevo un tronco, con más fuerza que el anterior. Nuriko la miró, sorprendido de aquella poténcia física, extraña en una mujer tan delgada.

- ¿A qué debe esa pregunta?

La muchacha dejó el hacha en su mano. El silencio se hizo eterno, sólo la respiración calmada de Nuriko y el susurro de las hojas de los árboles rompían el insorportable silencio. La chica arqueó la espalda, como si la tensión se acumulara en sus hombros.

- Veo que no quieres darte cuenta, Kourin -dijo tajantemente la mujer.

Nuriko sintió un doloroso salto en el corazón al oír el nombre de su difunta hermana, el que él mismo había utilizado por muchos años. La miró con los ojos desorbitados sin entender nada. La mujer alzó el hacha y, con una rapidez tremenda, le emprendió un contundente golpe...que el muchacho en su estado de parálisis tanto mental como física no pudo evitar

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El chico se quedó petrificado, simplemente mirando al frente con los ojos vacíos. Había sentido la afilada hoja del hacha romper la tela y herir su hombro izquierdo. Sintió el punzante e insoportable dolor recorrerle la extremidad, también la sangre fluida y profusa resbalarle por el cuerpo, empapando su ropa. Pero no fue capaz de reaccionar, simplemente siguió encarado al frente, con la mirada perdida, incapaz de defenderse. Simplemente ningún músculo de su cuerpo quería responder. Ni siquiera sentía llegarle el dolor, que cualquiera hubiera considerado insoportable. Reiko tenía los ojos vacíos, negros, sin rastro de aquel precioso azul de minutos antes. Una mueca de rábia, de odio implacable se reflejaba en su rostro.

- ¡Maldita seas! -gritó con todas sus fuerzas- ¡Tú mataste a Byakuren! ¡Tú la mataste! ¡Asesinaste a mi hermana...!

La mujer retiró el hacha, haciéndole volver a la realidad de golpe, al sentir el desgarrador dolor. Lentamente, se llevó una mano temblorosa al hombro herido, mirando al frente mientras trataba de contener la hemorrágia. Simplemente se dejó resbalar hasta tocar al suelo, hundido y derrotado por un dolor mucho superior al físico. Su corazón amenazaba por detenerse a cada latido, cada uno más doloroso que el anterior.

"Tú mataste a Byakuren..."

"Asesinaste a mi hermana..."

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- Je -dijo una voz burlona desde un árbol- Esto se pone interesante...Veamos cómo te enfrentas a esto, Nuriko, guerrero de las siete constelaciones de Suzaku...

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"Bolas meteóricas" es tal como se llaman las armas de Suboshi en el doblaje de Cataluña, región de España donde vivo. Creo que en latinoamérica se les llama Ryuuseisiu o algo así...(lo siento ).

Espero que os guste . Dejad Reviews XD.