Capítulo 7.- Recuerdos. Confesiones

El viento frío comenzó a soplar, removiendo los ramajes de los árboles. Aquél susurro dió una apariencia tétrica al ambiente imperante.

La escena era sobrecogedora. Ante sí solamente veía a aquella mujer que a primera vista le había parecido tan amable, con una sonrisa acogedora...blandiendo una afilada hacha con la hoja manchada de su própia sangre. Le dolía el brazo, inevitable con la profunda herida...pero más le dolían sus palabras.

Byakuren...se había jurado no pronunciar nunca más aquél nombre...Pero ahora aquel dolor volvía a la superfície, pugnando por salir de las profundidades de sus recuerdos...abriéndose paso como punzadas letales en su ya de por sí dañado espíritu...

Con esfuerzo, se incorporó lentamente, apoyándose en la pared de detrás para conseguir ponerse en pie. Sin quitarse la mano del hombro herido, miró a Reiko, que aún tenía sus vacíos ojos negros fijos en él.

- ¿Qué...qué quiere decir...? -susurró.

- ¡No finjas! -gritó la mujer con ira- ¡No me niegues que Byakuren murió por tu culpa...!

- No lo niego... -susurró Nuriko tratando de hacerla entrar en razón, con las manos temblándole violentamente- Pero si permite que se lo explique todo...

- Te he reconocido... -dijo la mujer en un escalofriante murmullo- Jamás podría olvidar esos ojos...

Sin apenas darle tiempo para tomar aire, la chica levantó de nuevo el arma y arremetió contra él con todas sus fuerzas. Nuriko fue capaz de reaccionar aquella vez, apartándose rápidamente de la trayectória, pero el filo del hacha le produjo un corte superficial en la mejilla derecha. ¿Qué hacía...? Podía quitarsela de encima con facilidad...pero podría herirla, y era lo último que deseaba. La chica se dirigía de nuevo a él, blandiendo el arma.

- ¡¿Por qué la mataste, desgraciada! -gritó- ¡Querías su puesto, ¿verdad!

- Se equivoca... -dijo Nuriko horrorizado- Déje que se lo explique...

- ¡Silencio! -gritó la mujer con los ojos desorbitados de rábia.

Con una rapidez sobrehumana, Reiko se lanzó sobre él y le acertó el golpe en el abdomen. El muchacho se quedó sin respiración, con un insorportable dolor a la altura del diafragma. Por suerte, la fúria enloquecida de la chica no le había permitidido apuntar, por lo que el impacto fue con la cara frontal de la hoja, produciendo una herida leve. Aún así, la hoja empezaba a clavársele en el cuerpo, haciéndole sangrar aún más. Ahogó un gemido. Dolía, no sabía cuanto. La mujer, pero, se le acercó lentamente, hasta estar tan cerca que su aliento alterado le removió unos mechones castaños.

- Jamás te perdonaré... -dijo- Tú mataste a mi hermana...

Nuriko trató de hablar, pero le era imposible. La intensa hemorrágia le estaba haciendo perder fuerzas. Fue resbalando lentamente hasta quedar sin fuerzas sobre el suelo. Levantó la vista nublada por el sudor para ver a aquella chica llena de odio que iba a convertirse en su verdugo.

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Chichiri levantó la cabeza rápidamente cuando una fugaz e intensa sensación golpeó su poder mental. Se dió la vuelta de repente, tratando de adivinar qué era. Tasuki se sorprendió del comportamiento de su compañero y se dió la vuelta, dejando en el suelo la bolsa que había estado ordenando.

- Chichiri, ¿qué te pasa? -preguntó.

- Está pasando algo -dijo el chico cogiéndose su vara- Hay una preséncia extraña...

- ¡¿Otra! -exclamó Tasuki.

Pero Chichiri ya había sacado su pañuelo mágico e iba a desaparecer con él.

- Nuriko está en peligro -fue lo único a lo que alcanzó a decir el monje antes de esfumarse en la nada.

Sus compañeros se miraron sin entender nada, pero después Tasuki levantó el abanico y salió corriendo escaleras abajo, seguido de Hotohori con su espada en la mano y todos los demás. Miaka sintió que el corazón le daba un doloroso salto. Aquella situación le era demasiado familiar...No podía soportar la idea de que Nuriko podía morir de nuevo.

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Nuriko ya no tenía fuerzas para ponerse en pie. Apenas sí conseguía mantenerse consciente. Había perdido demasiada sangre. Y aquella arma mortífera ya descendía con rapidez en el aire, dispuesta a arrebatarle el último aliento de vida. Contempló aquél instante, resignado a morir por segunda vez. En el último segundo, cerró los ojos, sin saber en qué pensar...más bien decidió vaciar su cabeza, para evitar aquel terrible sentimiento que tanto odiaba: el miedo.

Pero el golpe que esperaba no llegó. Abrió los ojos lentamente, aunque veía borroso al frente. Distinguió una silueta que se interponía entre la mujer y él. No pudo distingirle bien, pero sintió el conocido sonido metálico de los anillos de la vara.

- Chichiri... -consiguió susurrar.

- Algo la manipula -dijo Chichiri deteniendo el hacha con su vara, repeliendo el ataque de Reiko.

- ¡Déjame! -gritó la mujer desesperadamente- ¡Voy a matarla! ¡Por su culpa murió mi hermana Byakuren!

- ¡Nuriko! -gritó una voz conocida.

Miaka salió corriendo de la casa, seguida por los demás y Amiboshi, que se quedó de piedra al ver a Nuriko tan malherido y a su madre blandiendo el arma que casi le había matado. Miaka corrió a toda prisa hacía su amigo y se arrodilló a su lado, con las manos temblándole violentamente.

- Nuriko... -dijo alarmada, completamente dominada por el pánico.

- Tranquila... -alcanzó a susurrar Nuriko, con una leve sonrisa- esta vez no me iré tan fácilmente...

Entretanto, Chichiri y Tasuki trataban de contener a la madre de los gemelos, que aún intentaba atacar de nuevo al pobre Nuriko.

- ¿Pero qué le ocurre a esta? -gritó asustado Tasuki.

- Hay algo que la manipula, seguro -dijo Chichiri- y no está lejos.

- ¿Pero qué hacemos para pararla sin hacerle daño? -preguntó Tasuki cuando la chica le propinó un codazo en el estómago- Tiene mucha fuerza...

Amiboshi dió un paso al frente y se llevó la flauta a los labios. Una dulce y relajante melodía empezó a sonar en el ambiente. Era muy diferente a la que habían escuchado hacía un rato. Aquella había estado cargada de poder, pero la que escuchaban en aquellos momentos era muy dulce...capaz de aturdir los sentidos y provocar un profundo sueño. Tal y como él había esperado, Reiko dejó de forjecear y de inmediato perdió el conocimiento, quedándo en un profundo sueño. Tasuki contempló sorprendido como lo que a ellos les había costado tanto esfuerzo apenas había suponido unas cuantas notas para Amiboshi.

- Necesito aprender a tocar la flauta... -dijo en un susurro.

- ¡Nuriko...! -gimió la voz de Miaka tras ellos.

Todos se acordaron de golpe y corrieron a hacer círculo alrededor de su compañero, gravemente herido. Miaka casi tenía lágrimas en los ojos, ya que Nuriko había perdido el conocimiento hacía unos instantes. Por la mente de todos paseaba el mismo miedo. Aquella escena les era demasiado familiar. Mitsukake se inclinó al lado de Nuriko y analizó las heridas.

- ¡Mitsukake, cúrale...! -gritó Miaka- ¡¿A qué esperas...!

- No puedo -dijo Mitsukake apenado- Hace apenas un rato he curado a Tasuki. No soy capaz de utilizar el poder sanador dos veces en un mismo día.

- Entonces... -dijo Miaka desolada- ¿qué pasará con Nuriko...? ¿Vamos a dejarle morir...otra vez...?

- No te preocupes -dijo Mitsukake desgarrando parte de su camisa para taponar las heridas del muchacho- no son profundas. Solamente debe dejar de sangrar y se pondrá bien.

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Deimos observó temblando de ira como todos entraban de nuevo en casa tan tranquilos. Aquel Suzaku viviría...Maldita sea. Estrujó entre sus dedos la gema negra que había utilizado para controlar a la mujer y la hizo añicos con facilidad. Había fallado de nuevo. Ahora veía quienes eran sus enemigos. Debía tener cuidado con el hechicero, Chichiri. Él había notado su preséncia y había hecho fracasar sus planes. Pero no ocurría nada. Muy pronto podría utilizar otra estratégia. Sin ningún tipo de esfuerzo, se transportó lejos de aquél lugar.

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- No hace casi ni un día desde que salimos de Eiyou y ya nos han atacado dos veces -dijo Tasuki fastidiado- Empiezo a estar preocupado por todo este asunto...

- No es para menos -dijo Chiriko sentado frente a la ventana- Van a por nosotros...Ya saben que estamos de camino a Kutô.

- Esto nos dificulta mucho las cosas -dijo Tamahome, recostado contra el alféizar- Por cierto, ¿dónde está Hotohori?

- Ha ido a asegurarse de que no hay nadie sospechoso por los alrededores -dijo Chichiri- Aunque no creo que encuentre nada. Ya no siento esa preséncia.

El chico de los cabellos azules se acercó a la única cama que había en la estáncia, observando con preocupación al chico que permanecía sin sentido sobre ella.

- ¿Cómo está Nuriko? -preguntó.

- Las heridas no le han llegado a ningún organo vital -dijo Mitsukake inclinado sobre el muchacho, poniéndole unos vendajes- solamente ha perdido mucha sangre y deberá descansar para recuperarse. Se pondrá bien pronto.

Miaka seguía sentada al lado de Nuriko, mirándole en silencio. Había sufrido tanto en verle de aquel modo...Se le hizo cruelmente familiar a aquella vez, cuando Nuriko había muerto luchando contra un Seiryuu. No se había despertado desde que le llevaran al interior de la casa, hacía casi media hora. Pero no tenía mal aspecto...Solamente estaba increíblemente pálido.

- No entiendo porqué una mujer tan amable le ha atacado de este modo... -dijo Miaka en un susurro.

- Cuando nosotros tratamos de detenerla, dijo algo sobre que Nuriko había matado a su hermana o algo así... -dijo Chichiri pensativo.

- Es verdad, y eso me ha hecho pensar... -dijo Tamahome.

- ¿Pero te has creído eso? -exclamó Tasuki incrédulo, visiblemente enfadado porqué dudaran de uno de sus mejores amigos- ¿Cómo quieres que Nuriko haya matado a nadie? Está claro que es mentira.

- No es mentira... -susurró una voz débil tras ellos.

Todos salieron de su ensimismamiento y se dieron la vuelta rápidamente, sorprendidos por oír aquella voz. Nuriko estaba despierto, con los ojos cobrizos entreabiertos, mirándolos con una expresión perdida y más oscura y apagada de lo que le hubieran visto nunca.

- Nuriko, ¿nos estabas escuchando? -preguntó Tamahome.

- Lo siento, chicos... -susurró Nuriko débilmente- Ya hace mucho tiempo de esto...mucho tiempo desde que conocí...a Byakuren...

- ¿Qué? -exclamaron todos.

- ¿De verdad conocías a esa chica? -preguntó Miaka sorprendida.

Nuriko asintió lentamente y después fijó su vista en el techo, recostando su mano en la frente, conteniendo un gesto de dolor. Era consciente de que todos le miraban, así que no se andó con rodeos. Sólo aspiró profundamente para tomar aire...y valor.

- Pasó cuando yo tenía dieciséis años... -empezó Nuriko con voz casi inaudible- todos sabéis...bueno, que me apoderé, por así decirlo, de la identidad de mi hermana, haciéndome pasar por ella...Mis padres me querían mucho y Rokou también...pero a mi padre nunca le gustó que yo me travestiera...Tuve una fuerte discusión con él y decidí irme de casa por un tiempo...Vine a vivir aquí, a Yukigase. Estando aquí, oí que la corte del emperador buscaba muchachas en edad casadera para ejercer como damas de la corte en el palacio...Ese siempre había sido el sueño de Kourin, así que...

- ...a ver si lo adivino -dijo Tasuki burlonamente- ¿Te presentaste como candidata siendo un hombre?

- ¿Quieres que me levante y vuelvas a Eiyou de golpe y sin dientes? -preguntó Nuriko amenazante.

- Vale, vale... -dijo Tasuki atemorizado- sigue, sigue...

- Me presenté como candidata de esta aldea -dijo Nuriko lentamente- en aquél tiempo era una ciudad más que una aldea...se presentaron decenas de chicas. Nos pusieron las pruebas más difíciles, jamás había imaginado que las damas necesitaban saber tantas cosas...Pero al final sólo eligieron a dos: a Byakuren...y a mí. Nos llevamos muy fríamente desde el principio, ya que ambas éramos rivales...pero un día...

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FLASHBACK

"Andaba por el lindero del bosque cercano a la ciudad. Era un lugar magnífico y lo adoraba. Siempre había amado los espacios abiertos y con mucha vegetación. Su hermana hubiera amado aquél lugar, por esa razón ahora que él mismo era Kourin sentía adoración por aquél valle próspero. Allá, lejos del pueblo, solamente se oía el susurro de las ramas de los árboles y el trinar de los pájaros que en ellas anidaban. Pero aquél día algo rompió el silencio.

Un grito. Un grito de terror.

Reaccionando por instinto, echó a correr en la dirección en la cual había oído aquél lamento. Era una chica la que gritaba, y el sonido se alejaba por el interior del bosque. Sin dudarlo un instante, se adentró en la maleza y empezó a buscar. Corría tan deprisa como podía, esquivando troncos caídos y enormes árboles que aparecían en su camino. Aquel lamento cada vez parecía más cercano...con correr un poco más le alcanzaría. Llegó a un claro del bosque y observó la escena escondida entre los matorrales.

La chica que gritaba era Byakuren. Era bonita, tenía un precioso cabello castaño claro y unos tremendos ojos azules. Pero en aquél momento se encontraba en manos del ser más terrible que había visto nunca. Kourin había oído hablar de él. Se trataba de un monstruo medio humano medio animal, decían que era rapidísimo y muy fuerte, tremendamente feroz, pero que podía hablar. En los últimos años había atacado varias veces el pueblo de Eiyou, raptando siempre a chicas jóvenes que se suponía se llevaba al bosque para devorarlas.

Sin pensar un sólo instante en las consecuéncias que podía llevarle aquella locura, arrancó una rama afilada de un árbol cercano y, de un sólo salto, apareció en la periféria del claro.

- ¡Suéltala, monstruo! -gritó con fuerza.

El ser giró lentamente la cabeza, clavando sus espantosos ojos rojos en ella. Se intimidó un poco, puesto que el ser tenía un aspecto de lo más horrible. Pero se mantuvo firme, incluso cuando el espécimen se dió la vuelta y se encaró a ella, aún cogiéndo con fuerza a Byakuren entre sus garras.

- Otra víctima... -dijo en un susurro grutural y grave. Su rostro adquirió una perversa sonrisa- Estoy de suerte...

- ¡¿No me has oído! -gritó Kourin con fiereza- ¡Suéltala!

- ¿Crees que me das miedo, niña? -susurró el ser de un modo escalofriante.

- ¿Quién o qué eres? -dijo Kourin agudizando los ojos.

- Mi nombre es Ashitare -dijo el ser con una cruel sonrisa- Pero no sabrás nada más porqué tú también morirás.

El engendro soltó de golpe a Byakuren, que cayó con fuerza contra el suelo, y se enfrentó a Kourin, que mantenía bien alta la estaca, decidida a defenderse. Pero no fue capaz de prevenir la fugaz embestida del ser, que corrió a toda velocidad hacia ella y logró tumbarla sobre el suelo duro. Kourin no se rindió, sinó que trató de quitárselo de encima a base de patadas, cosa difícil, ya que el ser poseía una poténcia increíble. Ashitare levantó una de sus garras y trató de alcanzar a Kourin, pero esta levantó la vara, repeliéndolo de modo que el corte fue transversal. El arrañazo desgarró el cuello de su vestido, descubriendo parte de su torso. Ashitare se detuvo de repente, contemplando un signo rojo que estaba marcado sobre la piel de la muchacha.

- ¿Qué es eso? -preguntó sorprendido.

- ¿Quieres saberlo...? -dijo Kourin con una desafiante sonrisa.

El carácter resplandeciente brilló con toda su fuerza, mientras la chica se ponía en pie, lanzando a su oponente por los aires con una facilidad asombrosa. El monstruo se mostró sorprendido por aquella fuerza sobrehumana. Kourin se dió la vuelta y levantó un tronco caído de más de siete metros de alto y, sin esfuerzo alguno, dió un tremendo salto en el aire, descendiendo a toda velocidad para emprender a su enemigo. Este se apartó de la trayectória fugazmente, pero Kourin ya lo había previsto y giró 180 grados, dándole de lleno. Ashitare cayó con fuerza contra el suelo, lo que Kourin aprovechó para contraatacar. Con total poténcia, se lanzó sobre su enemigo con una poderosa patada, que le dió de lleno en el rostro, haciéndole sangrar. La chica aterrizó con gracilidad, mirando fríamente al monstruo.

- No vuelvas nunca más a atacar el pueblo -dijo- Si no, tendrás que vértelas conmigo.

Ashitare pareció pensar unos instantes, pero después se llevó una de aquellas manazas a la cara herida y salió corriendo a toda velocidad en dirección contrária, adentrándose en el bosque.

Kourin calmó su respiración de inmediato y miró a Byakuren, que la miraba con sorpresa. Caminó hacia ella lentamente y le estiró una mano para ayudarla a ponerse en pie. La chica le miró unos instantes con desconcierto, pero después se dejó caer de rodillas al suelo, alarmando a Kourin.

- ¡Eh, eh...! -exclamó- ¿Qué te pasa? ¿Te ha herido...?

- Grácias... -susurró- Te lo agradezco...Si no huviera sido por tí, ahora estaría muerta...

Kourin la miró, dándose cuenta de que era el primer halago que recibía en mucho tiempo. Apartó la mirada, con un ligero rubor en sus mejillas.

- No ha sido nada... -dijo lentamente- no hace falta que me lo agradezcas...

- He visto como luchas... -dijo Byakuren poniéndose en pie con una sonrisa de agradecimiento- Me pregunto qué tipo de dama de la corte puede tumbar a un mosntruo asesino con tanta facilidad...

- Eh, vengo de Eiyou -dijo Kourin con una gran sonrisa- allí incluso nos enseñan a luchar a las chicas...es muy fácil que te roben por la calle...

Se miraron se solsayo y estallaron en carcajadas. Volvieron juntas al pueblo, hablando animadamente. Realmente, aquello podía ser el comienzo de una bonita amistad..."

FIN DEL FLASHBACK

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- Entonces... -dijo Miaka de repente- ...tú ya habías luchado con ese Seiryuu...es el mismo que... -se detuvo, sin atreverse a seguir.

- ...que me mató, sí -dijo Nuriko mirando al techo- Al principio no le reconocí, pero después me lo tomé como algo personal...Pero esa vez me ganó, no pude hacer nada...

Todos le miraban en silencio, imaginándose el terrible sentimiento que debía sentir en aquellos momentos, recordando su muerte. Pero el chico hizo como que no se daba cuenta y siguió con su relato, con la vista perdida al frente.

- Después de lo ocurrido, Byakuren y yo nos hicimos muy amigas. Estábamos juntas todo el tiempo... -siguió, hablando de sí mismo en femenino- Creo...que en ella veía el recuerdo de Kourin. Se le parecía tanto...era tan cariñosa y dulce como mi hermana...Todo iba bien y esperábamos a que llegara el día de ir al palacio. Ella me comentó que siempre había sido su sueño, ir a la corte y servir al emperador...Estábamos impacientes por empezar...Pero...sucedió aquello...

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FLASHBACK

"Volvían de comprar las cosas para la comida. En aquellos días de frío hivernal apetecía un guiso bien caliente. Iban hablando animadamente, cuando algo llamó su atención. En la plaza principal del pueblo había un gran corrillo de gente reunida entorno a algo. Un llanto estridente retumbaba con fuerza en los muros de las casas cercanas, mientras la gente murmuraba insistentemente. Se miraron con preocupación. Kourin se subió con facilidad a una estátua que había al otro lado de la plaza y observó la escena con el corazón latiéndole con fuerza.

Había una mujer arrodillada en el centro del círculo, llorando con fuerza. Y no era para menos. Entre sus brazos había un niño de unos diez años, cubierto de sangre. Al parecer estaba vivo, pero muy malherido. La mujer gritaba sin cesar, seguramente era su hijo. Muchos hombres se acercaron y se llevaron al pequeño, convencidos de poder curarle. Kourin se preguntó qué había ocurrido, mientras bajaba de la estátua, cuando escuchó unas voces acusadoras.

- ¡Allí están!

Hizo descender la mirada y vió a un hombre que las señalaba con un dedo. Miró a Byakuren, que le devolvió la mirada de desconcierto, pero acto seguido un hombre cogió a la chica de los brazos, provocándole un sonido de sorpresa.

- ¡Byakuren! -gritó Kourin asustada.

Pero sintió también unas manos fuertes y masculinas que le aferraban los brazos por la espalda, tratando de inmobilizarla. Sin pensarselo una sola vez, dió una patada por su espalda, haciéndo caer a su agresor cinco metros más allá. Pero no le sirvió de nada. De inmediato sintió una mano alrededor del cuello, que le oprimía con fuerza, y una voz que le amenazaba.

- No te muevas, bonita.

Obedeció. No por la impresión que le diera, si no por el cuchillo que el hombre tenía sobre su abdomen. A ambas las llevaron al centro de la plaza, obligándolas a arrodillarse sobre el suelo, a la vista de todos. Pero Kourin protestó con obstinación.

- ¡¿Qué hemos hecho para que se nos trate así! -gritó para que todos la oyeran- ¡No hemos hecho nada!

- Lo sabemos -dijo un hombre de los que la habían aprisionado- pero no tenemos otra opción...

- ¿Qué está ocurriendo? -gritó Kourin.

El hombre suspiró con pesadez, visiblemente molesto por aquella situación.

- El demonio del hielo ha atacado la ciudad de nuevo -dijo- Casi ha matado a aquél muchacho...hemos llegado a tiempo de impedir que lo devorara, pero el ser ha dicho que quiere el sacrificio de una de vosotras dos...a cambio de no volver a atacar la aldea.

- ¿Y pensáis hacerle caso? -exclamó Byakuren.

- ¡No tenemos otra opción! -gritó el hombre- ¡O morís una de vosotras o atacará el pueblo constantemente!

- ¡Pero no es justo...! -gritó Byakuren- ¡¿Qué hemos hecho nosotras para merecerlo!

El hombre miró a las dos muchachas con firmeza y señaló a Byakuren.

- Ella será sacrificada -dijo simplemente, apartando la vista con pesadez.

Kourin miró a su compañera con horror. ¿Quién había decidido eso por ellas...? ¿Por qué...por qué ocurría aquello? Byakuren no dijo nada, no se debatió. Simplemente bajó la mirada y permaneció inmóbil, con las lágrimas amenazando por manarle de los ojos.

Kourin no supo porqué lo hizo, sólo que las palabras salieron de su boca sin consultar con su cerebro.

- Yo iré en su lugar -dijo bastante alto como para que la oyeran.

Todos enmudecieron ante su decisión. Kourin bajó la mirada y la clavó en el suelo, tratando de ignorar los brillantes ojos de Byakuren que veía de reojo"

FIN DEL FLASHBACK

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FLASHBACK 2

"El frío era espantoso, tan terrible que sentía que cientos de agujas de le clavaban en la piel. Cada respiración era una tortura en sí misma, a causa de la temperatura del aire. Cada expiración provocaba que una suave nube de vapor se elevara en la oscuridad. Kourin apretó con fuerza las cadenas que la retenían, aunque sin intención de romperlas. Esperaba lo que vendría sin poder hacer nada. Estaba atada en una roca vertical cercana al bosque, con los brazos encadenados a la espalda. Antes de que la ataran en aquél lugar, había tenido que vestirse con su mejor vestido, purificando todo su cuerpo. No entendía aquél ritual, pero los aldeanos insistían en que debía presentar su mejor aspecto. Además, le habían dado a beber algo muy extraño...no sabía porqué, pero sospechaba que algún tipo de droga...había notado que su fuerza estaba muy mermada. El panorama era terrible. Tras de sí se extendían los campos nevados que llevaban al pueblo...pero delante de sus ojos solamente el bosque oscuro y lleno de sonidos, bañado en blanco por la nevada. Un viento frío provinente de las tinieblas le golpeó la cara y removió sus largos cabellos violácios. Sintió un involuntário escalofrío en la espalda.

Ya venía. El demonio se acercaba.

Tragó saliva, un poco impresionada. Se puso en alerta. Lo oyó. Algo avanzaba a toda velocidad en su dirección, apartando la maleza y tumbando árboles. Miró al bosque entrecerrando los ojos, tratando de distinguir algo en la oscuridad. Entonces lo vió. Una enorme silueta que atravesaba la vegetación y se dirigía hacia ella. Vió a aquella cosa dejar atrás el bosque y correr por la pendiente que llevaba a él. A unos metros, el ser saltó, provocando una sombra fugaz en el aire, y aterrizó delante de ella.

Kourin no supo qué le impidió gritar de puro terror, pero el hecho fue que abrió la boca sin emitir sonido alguno. El demonio se incorporó y la miró con unos terribles y espantosos ojos rojo encendido. Era imposible describir qué era...Simplemente su piel era completamente blanca, con unas fauces enormes llenas de dientes afilados, con unas garras capaces de atravesar su cuerpo en un sólo instante. Sus pupilas se contrayeron, por el puro horror de lo que estaba viendo ante sí. Supo que había más, porqué aquél ser la hubiera matado al instante si solamente deseara su vida. Lentamente, el demonio levantó una de sus enormes garras. Kourin sintió como la piel escamosa del ser rozaba su mejilla, lo que él debía considerar una carícia. Ella permaneció inmóbil, incapaz de moverse un solo centímetro. El demonio cogió entre sus uñas unos mechones violetas de sus cabellos. Lentamente, se inclinó y olió su aroma. Después, abrió los ojos y miró a la muchacha, dibujando una cruel e inhumana sonrisa en su perverso rostro.

- Hueles bien... -dijo con una voz grutural, tan grave que era claro que no era humana- ...y eres preciosa...Esta vez han acertado...Eres la más bonita que he tenido hasta ahora...

Con sólo aquellas desalentadoras palabras, el ser rompió las cadenas de un sólo y certero golpe y, con rapidez, la atrapó por la cintura antes de que aterrizara. De inmediato, el ser emprendió la carrera a través del bosque. La chica apenas podía resistir el contínuo movimiento del monstruo. Seguía encadenada a la espalda y el demonio la sostenía por la cintura, apretándola contra su enorme cuerpo. Sólo pensamientos oscuros llenaban su mente. ¿Qué le haría aquél ser...? Tenía miedo, ¿para qué negarlo? El que había vencido hacía un par de meses no era nada comparado con aquél. Pensó en sus padres...en su hermano Rokou...cuanto sufrirían al saber de su muerte...Cerró los ojos con fuerza. No se dejaría intimidar. Si iba a morir, moriría con honor.

En aquellos pensamientos notó que el demonio se había detenido. Sólo sintió el fuerte golpe cuando éste la lanzó contra el suelo. Sintió aquél conocido sabor metálico, el de su própia sangre, cuando se le partió el labio inferior en la caída. Consiguió incorporarse con la respiración alterada y miró alrededor. Por lo que había podido ver en su fugaz travesía, estaban muy lejos del pueblo. Diría que estaba más cerca de Eiyou, la capital, que estaba al otro lado, que no del pueblo. Trató de incorporarse, pero sintió una fuerza sobrehumana que la levantaba del suelo y le daba la vuelta. Cayó de nuevo con fuerza, de espaldas. El demonio se inclinó sobre ella, lanzándole su aliento a la cara. Sintió un escalofrío. Su respiración era tan fría como el hielo. Lentamente, el espécimen levantó una de sus uñas y, tomándose su tiempo, acarició su cuello. Acto seguido, Kourin sólo sintió dolor, el que le produjo el corte superficial que el demonio le hizo en el lateral del cuello. El se lamió las garras, impregnadas de su sangre, y una mueca de triunfo apareció en su horrendo rostro.

- Está dulce... -sonrió con crueldad- disfrutaré devorándote...

Kourin sintió que un destello de rábia la recorría. Maldito engendro, solamente estaba jugando con ella...Eso no le permitiría. Con un grito de cólera y rábia, utilizó todas su fuerzas para romper las cadenas que inmobilizaban sus muñecas. Las partió en un santiamén y, con rapidez, golpeó con el pie el horrible rostro del demonio, que se retiró de inmediato por la impresión. Kourin se puso en pie con una agilidad sorprendente y se dispuso a contraatacar. El demonio se recuperó del choque de que una víctima se revelara y saltó en el aire dispuesto a atacar. Kourin rodó sobre la nieve que cubría el suelo para esquivar el golpe, arremetiendo a toda prisa con un puño. Error garrafal. El ser giró para esquivarla y atacó con sus garras.

Dolor. Fue lo único que fue capaz de pensar Kourin cuando cayó al suelo, sangrando a causa de la herida en el abdómen. Trató de incorporarse, pero era imposible. Le dolía demasiado. Se llevó una mano a la zona lastimada, respirando con dificultad, y miró al demonio, que la miraba sin compasión alguna en aquellos ojos rojos.

- No creas que será tan fácil... -dijo en un espeluznante susurro.

Acto seguido, se lanzó sobre ella, aplastándola contra el suelo con todo su peso. La chica forjeceó con todas sus fuerzas, pero ni siquiera su anormal fuerza era capaz de detener a aquel demonio ávido de muerte. Con dificultad, alargó una mano, tanteando sobre la nieve fresca, tratando de encontrar algo...lo que fuera, para tratar de defenderse. La otra vez le había funcionado, quizás aquella vez...sus dedos palparon algo, quizás una simple rama caída...pero aún así...era mejor que no tener nada...Fue en vano. El monstruo levantó una de sus enormes garras y le arremetió un terrible corte en la mano, obligándola a retirarla de inmediato.

Estaba perdida...iba a morir. El demonio abrió sus terribles fauces, dispuesto a devorarla. Cerró los ojos con fuerza, esperando sin poder hacer nada su própia muerte.

Pero esta no llegó tan pronto como esperaba. Una piedra lanzada por no se sabía quién golpeó con fuerza la cabeza del engendro, distrayendo su atención. El demonio dejó a su víctima y giró sobre sí mismo para ver quién interrumpía aquél triunfante momento. Kourin logró incorporarse con mucho esfuerzo, ahogando un sonido de dolor, y miró al frente, tratando de ver a través de la capa vaporosa que cubría el suelo del bosque.

Imposible...¿qué hacía ella allí? En un sólo instante, deseó que el monstruo la hubiera matado cuando se lo proponía.

- Byakuren... -consiguió susurrar.

- ¡Deja en paz a Kourin, engendro! -gritó Byakuren lanzando una piedra contra el ser.

Esta rebotó en la cabeza del demonio, sin que éste se moviera lo más mínimo. Lentamente, el ser giró todo su cuerpo para clavar sus ojos rojos en la recién llegada. Presa de la desesperación, Kourin se incorporó rápidamente y levantó una mano para advertirla.

- ¡Márchate, Byakuren...! -consiguió gritar aún a pesar de su debilidad- ¡Vete, huye...!

- No puedo... -dijo la chica con decisión- Me habían elegido a mí...pero te entregaste en mi lugar. No puedo permitirlo...

- ¡Tú también morirás...! -gritó el demonio lanzándose sobre ella.

La chica de cabellos castaños sólo pudo contemplar sin hacer nada como el ser se dirigía a ella a toda velocidad, con las garras en alto.

- ¡NO...! -gritó Kourin horrorizada.

Pero nada pudo hacer por evitar la cruel escena que tuvo lugar ante sus ojos.

Todo había sucedido tan rápido que no había podido darse cuenta. Byakuren permaneció unos instantes mirando al frente, con los ojos vacíos. Después, pero, bajó lentamente la mirada...para ver las garras de aquél monstruo atravesando su cuerpo. Ahogó un sonido vacío, como un preludio de muerte, mientras sentía que la vida se le escapaba de entre los dedos.

Kourin contemplaba la escena desde el suelo. Miraba al frente con los ojos desorbitados por el horror. Ni siquiera había advertido que las lágrimas resbalaban profusamente por sus mejillas. Sin poder evitarlo, un grito de desesperación, dolor y muerte se alzó en la noche oscura del bosque.

- ¡BYAKUREN! -gritó con todas sus fuerzas.

El demonio soltó a la malherida muchacha y se enfrentó a Kourin, mirándole con una mueca cruel. Pero la chica de cabellos violetas sentía un nuevo sentimiento despertar en su interior. Una ira...una rábia terribles...capaces de hacer estremecer el bosque entero con una sola mirada. Se puso en pie firmemente. Sus puños se apretaron tensamente, temblándole de puro odio. Se inclinó y recogió la estaca que había tratado de alcanzar en aquellos angustiosos momentos. Sus ojos marrones arrasados en lágrimas se encendieron en ira, mientras clavaba aquella cobriza mirada en el ser que tenía delante. Con una mano que le temblaba violentamente, separó los retazos del ya destrozado cuello de su vestido, para mostrar el carácter rojo fuego que aparecía en su piel, brillando con intensidad.

- No te lo perdonaré... -dijo entre sollozos. Al tiempo, una fina pero visible aura roja rodeó su cuerpo, removiendo sus largos cabellos violetas- ¡No te lo perdonaré nunca!

Un destello de energía envolvió a la chica, mientras, con un desgarrador grito de guerra, se lanzaba sobre su enemigo con toda su poténcia.

La lucha no duró mucho. El demonio sólo pudo ver con espanto como una simple mujer rodeada de luz roja le propinaba un mortal ataque, lanzando desde aquella distáncia una estaca que atravesó su cuerpo al instante.

Un desgarrador lamento de dolor rompió la tranquilidad de la noche, perdiéndose rápidamente en el oscuro y todopoderoso silencio.

Kourin relajó las espaldas, hasta que el aura roja se desvaneció. Con la respiración alterada, contempló el cuerpo inerte de su enemigo, al que tanto le había costado abatir. Se llevó una mano al costado herido y corrió sobre la nieve. Cayó de rodillas al lado del cuerpo malherido de Byakuren, quién permanecía completamente inmóbil. Con las lágrimas manando imparablemente de sus ojos, se inclinó sobre ella.

- Byakuren... -susurró.

La chica respiró pesadamente, señal de que aún vivía. Con sumo cuidado, Kourin quitó los retazos de su vestido, observando la herida. Le dolieron los ojos del destrozo que vió ante sí.

- Oh...diós... -murmuró abatida. Aquella herida era incurable. A Byakuren no le quedaba mucho.

- Ko...Kourin... -susurró Byakuren abriendo aquellos preciosos ojos azules.

- No digas nada... -dijo Kourin en voz baja, sin poder parar de llorar, mientras la incorporaba con cariño- no te fuerces...

- No debes...llorar... -dijo Byakuren con mucho esfuerzo- por favor...sólo...sólo te tengo a tí ahora...no quiero...que sufras...

- No puedes morir... -dijo Kourin entre lágrimas- te lo ruego...no...

- Escucha... -llegó a decir Byakuren débilmente- debes ir...a palacio...y convertirte...en la mejor...dama de la corte...que haya habido jamás...¿lo harás...por mí...?

- Sí... -dijo Kourin cogiendo su mano y manteniéndola cerca de su cara- lo juro...

Byakuren dió una última sonrisa a aquél hermoso rostro.

- Bien...todo está bien pues... -suspiró sin dejar de sonreír, mientras cerraba suavemente los ojos- oye...Kourin...sé muy feliz...por las dos...

Un espasmo sobrevino en el corazón de Kourin. Había sentido enfriarse el cuerpo de Byakuren. No le temblaban las pestañas...no sentía el latido de su corazón...ella había...No podía aceptarlo...¿por qué...?

- Byakuren... -la llamó en vano- Byakuren...¡Byakuren...!

No recibió respuesta alguna.

El dolor era imposible de describir. Tan agudo y cruel que creía que moriría por su causa. Cubrió su rostro con sus manos. Permaneció mucho rato en aquél lugar, llorando sobre el cuerpo sin vida de la chica que tenía entre sus brazos. Con la misma desesperación, se puso en pie, levantando su cuerpo con suavidad y ternura, y empezó su camino.

No fue fácil. Empezó a nevar al cabo de poco. El frío era absoluto, completamente terrible. Sus heridas eran graves también, e iba debilitándose a cada instante. Pero no cesó. Siguió, atravesando el bosque, resistiendo el dolor, sin poder detener su própio llanto. Sus fuerzas menguaban...Hubo ratos en los cuales casi se vió obligada a ir de rodillas. No podía más...pero...algo movía su cuerpo, algo que venía directamente del corazón...

A la mañana siguiente divisó el pueblo. Por suerte, sus habitantes aún dormían, nadie notó su preséncia. Caminó lentamente por las calles desiertas, hasta detenerse finalmente en la plaza. Con suavidad, dejó el cuerpo de Byakuren sobre las losas del punto de reunión del pueblo. La miró unos instantes en silencio, incapaz de creer que ya no estubiera allí...Mientras contemplaba la que había sido su única compañia desde hacía meses, juró solemnemente cumplir la promesa que le había hecho a su amiga: iría a palacio, sería dama de la corte.

Sin nada más, tan silenciosamente cómo había llegado, Kourin se fue de aquél lugar, sin intención de volver. No podía quedarse allí...la gente le haría demasiadas preguntas. Almenos la ciudad estaba salvada, no volverían a atacarles nunca. La único que podía hacer era ir a Eiyou, la capital. Antes de irse solamente pasó por la casa en la que habían vivido, para recoger el permiso para entrar a palacio. El dolor era aún demasiado vivo en su corazón...Ni siquiera curó sus própias heridas. No perdería tiempo. Llegaría a Eiyou...y cumpliría el sueño de Byakuren..."

FIN FLASHBACK

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Nuriko entornó los ojos, advirtiendo que estaba llorando. Las lágrimas le quemaban cruelmente las mejillas. Ahogó un lamento de dolor, mientras giraba el rostro hacía otro lado, para que no le vieran llorar. Per ninguno de sus compañeros había podido dejar de notarlo. Temblaba, se estremecía, aquél recuerdo era demasiado cruel para él. Miaka lloraba silenciosamente a su lado, al igual que Chiriko. Tamahome apartaba la mirada, con un atisbo de llanto en los ojos. Chichiri y Mitsukake tenían los ojos cerrados por la lástima. Tasuki lloraba estridentemente con la cara contra el cristal de la ventana.

Pero ninguno sufría más que Nuriko...ni siquiera las palabras era capaces de salir de sus labios. Las lágrimas le atrapaban sin compasión. Al cabo de unos instantes, empezó a llorar con fuerza, desconsoladamente. Miaka se inclinó sobre su amigo y le abrazó suavemente, tratando de darle el consuelo que tanto necesitaba. Al cabo de unos interminables minutos, el llanto de Nuriko cesó, mientras trataba de calmar su respiración. Miaka sólo sintió unas suaves y débiles palabras al oído.

- Lo siento...no puedo evitarlo...porqué...Byakuren...fue...mi primer amor...

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Este fragmento del pasado de Nuriko está basado en una história complemento del manga publicada por Yuu Watase . Solamente leí un resúmen de cinco líneas en una web en inglés (no he podido encontrado entero nn). Yo solamente la he desarrollado a mi gusto. Para más información de la história original, ver Fushigi Yuugi Gaiden 3 Yukiyasha Den.

Espero que os guste (a mí sí, este capítulo es de mi querido Nuriko o).