Cielo y tierra enfrentados

Capítulo 9.- Relámpagos, una fuerza insospechada

- ¡Maldita sea! -gritó Tasuki fastidiado- ¡¿Por qué nos tiene que pasar esto a nosotros! ¡¿Por qué!

Tres días después de haber dejado la montaña de Reikkaku, justo cuando ya estaban cerca de Kutô, una terrible tormenta les había pillado de imprevisto, obligándoles a cruzar el bosque a la carrera. Pero nada podía evitar que fueran víctimas de la incleméncia del clima. Aún no había cruzado ni la mitad de la zona boscosa y no llegarían a la frontera antes del día siguiente. Debían encontrar un refugio o acabarían mal. Chichiri estaba preocupado por aquel clima cambiante, que no le gustaba nada.

- Esta tormenta es muy extraña... -dijo en voz lo bastante alta como para que le oyeran- Quizás se deba a la cercanía de Kutô...

Sus pensamientos más preocupados se los guardó sólo para él. La última vez que se enfretaron a una tormenta así, habían estado a punto de morir, y era causada por un Seiryuu. El grito de Tamahome le sacó de su ensimismamiento.

- Aquí hay una cueva -dijo el chico señalando un lugar a su derecha.

Entraron apresuradamente, sin prestar atención al lugar en el cual se encontraban. La gruta era oscura como la boca de un lobo, pero seca. No había ni una pizca de humedad. Tasuki sacudió el agua de su cuerpo y levantó su abanico.

- ¡Fuego! -dijo con decisión.

Un destello de llamas iluminó la oscuridad con luz rojiza. Era lo bastante grande como para que estuvieran todos cómodamente. Tasuki miró alrededor.

- Hará falta leña para encender el fuego... -dijo.

- Vuelvo enseguida -dijo Nuriko con un gesto de compañerismo, saliendo al exterior.

En un minuto regresó con una montaña de troncos que ni siquiera todos los demás juntos hubieran podido llevar. La dejó orgullosamente a los pies de Tasuki, mientras se llevaba las manos a los cabellos y se escurría la trenza con facilidad.

- Creo que hay suficiente... -dijo guiñándole el ojo.

- Pero si está toda mojada... -dijo Tasuki levantando una ceja.

- ¡¿Pero tú eres tonto! -exclamó Nuriko golpeando su cabeza- ¡Está diluviando! ¡¿Cómo quieres encontrar leña seca!

- Vale, no te pongas así... -dijo Tasuki valorando como encender la hoguera- Prenderá de todos modos. ¡Llamas de cólera!

Tras tres intentos, la madera prendió, llenando la cueva de un agradable calorcito que todos agradecieron. Pero aún no estaba todo solucionado. Todos seguían completamente empapados. El silencio se hizo el amo por unos segundos. Al final, Tasuki se sentó sobre el suelo. Desató el nudo de su camisa y se la quitó rápidamente.

- Será mejor dejar secar la ropa... -dijo- Si no acabaremos resfriados.

Los chicos se miraron de solsayo, pero al final todos hicieron los mismo y se quitaron la ropa (N/A: la parte de arriba, eh, malpensados/as XD). Miaka no pudo evitar enrojecer y darse la vuelta de repente, tras el choque de tener a nueve hombres medio desnudos ante sí. Tasuki y Nuriko la miraron, para después dibujar una risita divertida en su rostro. Pero, de inmediato, recibieron un impacto que les proyectó contra la pared de enfrente.

- ¡¿De qué os reís vosotros dos! -gritó Tamahome enfadado.

Después, se acercó a Miaka y, con ternura, puso la manta que había utilizado para dormir sobre sus hombros. La chica le miró por unos instantes, pero después esbozó una gran sonrisa en su rostro.

- Grácias...Tamahome... -susurró.

La chica se quitó la camisa y después se cubrió con la manta que había recibido de su esposo. Miaka se dió la vuelta y miró a los demás con una expresión de lo más seria.

- ¿Quién prepara la cena?

- Miaka, ¿no piensas en nada más o qué? -preguntó Amiboshi con resignación.

Las risas inundaron la gruta durante un rato, mientras Nuriko y Mitsukake preparaban la cena. Realmente estaban muy animados a pesar de todo...

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Todos dormían, o al menos eso parecía. Amiboshi y su hermano estaban echados en el rincón más apartado de la cueva, uno al lado del otro, dándose calor mútuamente. Shiko se movió un poco, como inquieto, lo que consiguió despertar a su gemelo. Amiboshi miró al chico con preocupación en sus ojos azules. Realmente, aquellos últimos días trataba de parecer el de siempre. No quería que su hermano sospechara que había tenido una vida anterior.

- Shiko, ¿estás bien...? -preguntó en un susurro, com preocupación- ¿no puedes dormir?

- Estoy bien, hermano -dijo Shiko sonriendo. Pero sus ojos no le acompañaron en aquél gesto, algo que Amiboshi no pudo pasar por alto.

- Escucha, Shiko -murmuró- Si te ocurre algo...lo que sea...Siempre que tengas algún problema...yo te ayudaré...sea como sea...Te lo prometo.

Shiko le miró mientras su hermano le cogía una mano y le sonreía. Al final, el chico esbozó una expresión de calma.

- Lo sé... -susurró- Pero no me ocurre nada...

¿Cómo explicarle a Kuno que estaba viendo cosas que no recordaba haber vivido...? ¿Cómo decirle que la imagen de aquella chica de cabellos rúbios cenizo robaba cada uno de sus pensamientos...sus sueños...sus deseos...? No podía olvidarla...y ni tan siquiera sabía si era real. Pero quería averiguarlo...quería averiguar si alguna vez había tenido relación con ella...Y porqué sentía aquella opresión en el pecho cada vez que veía aquellos preciosos ojos verdes ante sí, como si fueran completamente reales...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Yui no pudo seguir leyendo. Las manos le temblaban violentamente. ¿Qué era aquella sensación...? El corazón le latía deprisa...muy deprisa...Miró de nuevo las letras. ¿Por qué cada vez que aparecía Suboshi se sentía de aquél modo...? Necesitaba aclarar sus pensamientos. Dejó el libro abierto sobre el sofá y se puso en pie. Keisuke, que estaba medio dormido, la miró sin entender.

- ¿Qué ocurre, Yui? -preguntó.

- Nada... -dijo ella fingiendo una sonrisa- Necesito...tomar el aire un rato. Vuelvo enseguida -añadió saliendo del apartamento y cerrando la puerta.

Keisuke no entendía nada, pero se sentó donde hubiera estado Yui para seguir leyendo. Ese movimiento despertó a Tetsuya, que estaba profundamente dormido en el sofá.

- ¿Y Yui? -preguntó.

- No lo sé... -dijo Keisuke cogiendo el libro- Estaba muy rara...se ha ido fuera un rato.

Después bajó la mirada para seguir leyendo. Sintió un salto en el corazón al leer aquella frase.

"Suboshi, guardián de las siete constelaciones de Seiryuu, recordaba de manera difusa a una chica que había sido importante en su vida...pero a la cual no conseguía recordar con claridad..."

Levantó la vista.

"No puede ser...¿Quizás Yui...?

- ¿Pasa algo, Keisuke? -preguntó Tetsuya preocupado.

- No...no -dijo el chico- nada...

Decidió saltarse aquél trozo, no quería que Tetsuya se preocupara innecesariamente.

- Mientras todos dormían, alguien se acercaba a la cueva en la cual permanecían...

-o-o-o-o-o-o-o-o-

Yui andó por la calle cercana a su casa. El frío era considerable, aún suerte que había cogido el abrigo. Se detuvo arriba de un puente que cruzaba la autopista interestatal que pasaba por Tokio. Suspiró pesadamente y se recostó en la baranda. Dirigió sus ojos a las estrellas que brillaban sobre su cabeza.

"¿Qué diablos me pasa? Creía que estaba convencida de mi amor por Tetsuya...Pero entonces...¿por qué pienso tanto en Suboshi...?"

Bajó la mirada, llevándose una mano a la cabeza. Recordó como si fuera el día anterior el beso que le había dado Suboshi a través del cuerpo de su hermano, segundos antes de morir por protegerla.

"Diós...estoy hecha un lío. No puedo creer...que aún sienta algo por Suboshi..."

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Miaka se despertó sobresaltada, mirando alrededor con confusión. No entendió qué la había sacado de su sueño, pero lo entendió cuando sintió una conocida energía rozando su piel. Puso la mano en la ropa y sacó el espejo de Taitsu-kun. Lo miró confundida, contemplando el carácter azul, "ángulo", que aparecía en la superfície.

- Aún estoy muy dormida... -susurró con un enorme bostezo- veo cosas que no son verdad...

Sin reparar en el posible significado de aquella letra, Miaka se durmió de nuevo, completamente despreocupada.

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Hotohori abrió los ojos lentamente en las tinieblas de la noche. Agudizó el oído, había dejado de llover. Observó la cueva con ojos desacostumbrados a la penumbra. La hoguera se estaba apagando. ¿Quién diablos tenía la guárdia a aquella hora? Eso no importaba, necesitaban leña. A pesar de que el amanecer parecía estar cercano, aún hacía frío. Se puso en pie, sin soltar su espada, con la que había dormido toda la noche. Decidió no despertar a Nuriko para que le ayudara a traer la madera, puesto que había comprobado que el chico tenía muy mal carácter cuando le despertaban. Salió al exterior, mirando alrededor, tratando de encontrar aquello que buscaba. Vió un montón de ramas por el suelo, y se puso a recogerlas con presteza.

Pero un sonido chasqueante llamó su atención. Detuvo su respiración, escuchando los sonidos del bosque. Lo oyó con claridad. Unos pasos rápidos se acercaban más y más a él. Soltó la leña recogida y empuñó su espada, desembainándola de inmediato. La mantuvo en alto, ojo avizor a cualquier movimiento. De nuevo el silencio. Pero, entonces, captó un movimiento de reojo. Con una rapidez increíble, giró sobre sí mismo y apuntó a la cara de la persona que había tras él.

Un gemido agudo resonó en el bosque. Hotohori se quedó mirando con sorpresa, sin bajar el arma, que estaba apuntando a una niña de apenas sí diez años. La chica estaba muy asustada, a juzgar por las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.

Hotohori se apresuró a apartar la hoja de la espada del rostro de la niña. La miró detenidamente. La niña tenía unos largos cabellos violácios, recogidos en un peculiar peinado. Sus ojos eran de un precioso azul cian. Aún así, llevaba el vestido lleno de desgarrones e iba llena de moretones. La chica temblaba, visiblemente asustada por aquél hombre que había tratado de matarla. Hotohori, pero, esbozó una sonrisa amable, tratando de calmarla.

- No temas nada, muchacha -dijo con una sonrisa- no voy a hacerte daño...Dime, ¿qué haces a estas horas en el bosque?

- Salí de casa para ir a buscar agua...pero antes de llegar a la fuente me persiguió algo...creo que un lobo de los que hay en esta zona...

- ¿Un lobo...? -murmuró Hotohori, empuñando de nuevo la espada.

La niña asintió lentamente. Entonces, un sonido cercano la hizo estremecer. Asustada, se aferró a la ropa de Hotohori, buscando protección. El chico levantó su arma con habilidad, preparado para atacar.

De repente, algo saltó de entre la maleza, directo hacia él. Sin titubear lo más mínimo, Hotohori levantó su espada sagrada e hizo una hábil estocada. La sangre fresca manchó la hoja de la espada, mientras el cuerpo sin vida de la fiera caía a sus pies. Lo miró, efectivamente era un simple lobo. Había temido que pudiera trastarse de algún ser enviado por Kutô.

Después, se dió la vuelta y se inclinó al lado de la chica, cogiéndola entre sus brazos. La chica se sentía cansada después de la carrera por huír del lobo, así que se dejó llevar por aquél desconocido, que por otro lado le inspiraba mucha confianza.

- ¿Cómo te llamas? -preguntó Hotohori mientras la llevaba a la cueva.

- Kurumi -dijo la chica en un susurro.

- Bonito nombre -dijo Hotohori sonriendo- ¿dónde vives?

- En el pueblo que hay al otro lado de la frontera con Kutô -dijo Kurumi simplemente.

- ¡Hotohori! -gritó resonó la voz conocida de Tasuki en el ambiente.

Hotohori se dió cuenta de que ya había llegado a la cueva donde habían hecho noche. Tasuki y Chichiri estaban en el exterior, al parecer buscándole.

- Hotohori, ¿dónde demonios te habías metido? -preguntó Tasuki- ¿Y quién es esta niña?

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Tras entrar de nuevo a la gruta y despertar a los demás, Hotohori les contó como había encontrado a aquella niña, Kurumi. Todos empezaron a hablar sobre como llevarla de nuevo a su casa. Realmente era una niña adorable. Pero Amiboshi no parecía nada contento, que digamos. No le quitaba el ojo de encima a la niña, mirándola siempre con expresión casi de enfado.

- ¿Qué te ocurre, Amiboshi? -le dijo Miaka tras verlo de aquél modo.

- Hay algo extraño en ella... -dijo el chico pensativo- no sé, pero...es como si la conociera de antes...

- ¿Qué quieres decir? -preguntó Miaka perdida.

- Yo también lo siento -dijo Chichiri, que había escuchado la conversación- hay un poder muy fuerte dentro de ella...Esa fuerza la conozco. Estoy casi seguro...de que es uno de los guardianes de Seiryuu.

- ¿En serio? -exclamó Miaka, mirando a la niña de reojo- ¿Y quién...?

- Esa tormenta que ha habido antes... -dijo Chichiri- se parecía mucho a la que nos atacó cuando íbamos en barco hacia Hokkan...

- ¿Quieres decir que esa niña es...Soi? -preguntó Miaka entendiendo.

- Es muy posible -dijo Chichiri- Esa aura...me es conocida. Pero no podemos saberlo con seguridad.

- ¡Eh, escuchad! -gritó Tasuki- ¡Esta niña dice que vive al otro lado de la frontera de Kutô!

- ¿De verdad? -exclamaron Miaka y Amiboshi a la vez.

Kurumi asintió, sentada elegantemente sobre el suelo de roca.

- Sí -dijo- Me escapé sin que me vieran...Desde que buscan a unas personas a las que llaman los guerreros de Suzaku, han triplicado la vigiláncia de la frontera...Hay guárdias armados en las tres entradas a Kutô. Incluso ofrecen una alta recompensa por quien entregue a esas personas...

- Diós mío... -dijo Tasuki para sí- ahora resulta que somos las personas más buscadas del imperio...

- Para cruzar la frontera se necesita un permiso especial -dijo Kurumi seriamente- cualquiera que no lo tenga, es encarcelado en el palacio.

- ¿Y...tú como has salido? -dijo Miaka yendo directa al asunto.

La chica hizo la primera sonrisa que le habían visto, que resultó ser maliciosa.

- Hay...una entrada secreta... -dijo ella- Sólo la conocemos los niños de mi ciudad...creo. Está cerca de la puerta norte, escondida tras unos matorrales que dan al bosque del otro lado...

- Oye, Kurumi -dijo Miaka- ¿Crees que nos la podrías mostrar...? Verás, somos viajeros que venimos de Konan, pero no tenemos el permiso. Solamente venimos a ver a unos parientes...Pero si nos pillan los guárdias...

La chica agudizó la mirada, al parecer nada convencida de la história que le había contado Miaka.

- ¿Seguro que sóis viajeros? -dijo, mirando de reojo a Tasuki- ¿Sabes? No es normal ver gente con el pelo rojo en Kutô...

Tasuki levantó un puño, aunque tuvo que contenerse mucho las ganas de estrellarlo contra la cabeza de la niña.

- Mira quién habla... -dijo en un susurro- habló la niñita del pelo violeta...

- Bueno, supongo que podría enseñárosla... -dijo Kurumi pensativa, mirando a Hotohori con una sonrisa- Después de todo, tengo que agradeceros que ma hayáis ayudado...

- Anda, que lista nos ha salido la niña... -dijo Tasuki viendo los ojitos que le hacía Kurumi a Hotohori.

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Al cabo de un rato se pusieron en marcha. Al llegar al linde del bosque, vieron la ya conocida muralla que servía de frontera entre Kutô y Konan. Vieron que, efectivamente, había guárdias armados en las tres entradas. Comprobaron que efectuavan controles a todo aquél que se acercaba a veinte metros del muro. Por suerte, nadie vió como se dirigían a la puerta norte, escondidos entre la maleza. Cuando llegaron al punto en dónde estaba la entrada, vieron que estaba desierto. No había nadie vigilando.

Tamahome se aseguró de que no había nadie y, al final, todos descendieron por la pendiente. Kurumi buscó con rapidez y apartó unos matorrales que crecían pegados al muro. Vieron una obertura lo suficientemente grande como para que pasara el más robusto de los guardias de Kutô. Mientras Tamahome vigilaba que no se acercara nadie, los demás fueron entrando. Cuando ya sólo quedaban él y Tasuki, el chico de los cabellos rojos se golpeó la cabeza al tratar de pasar mientras estaba distrído e, inevitablemente, soltó una maldición.

- ¡Maldita sea! -exclamó.

El eco les jugó una mala pasada. El grito de Tasuki reberveró con fuerza contra los muros cercanos. Entonces, al cabo de unos segundos, unas voces masculinas se hicieron oír muy cerca.

- ¿Qué ha pasado ahí?

- ¡Corre...corre! -exclamó Tamahome empujando a Tasuki por el agujero de la pared.

Cuando Tasuki acabó de pasar (mucho más rápido que la primera vez), Tamahome se coló tras él, pero sintió una mano que se cerraba alrededor de su tobillo izquierdo, haciéndole perder pie y resbalar. Uno de los soldados le había cogido, tirando de él hacia fuera. Tasuki le miró alarmado.

- ¡Eh, Tamahome! -gritó.

Se lanzó sobre él y le cogió de un brazo, tratando de salvarlo de las manos de sus perseguidores. Pero Tamahome no necesitaba esa ayuda para salir de aquella situación. Con facilidad, golpeó el rostro del soldado, que se retiró con un sonido de dolor. Los dos chicos se pusieron en pie y corrieron para alcanzar a los demás.

- ¡Eh, nos han descubierto! -gritó Tamahome alrmado.

- ¡Tasuki, ¿qué has hecho esta vez? -gritó Nuriko, mientras todo el grupo echaba a correr.

- ¡¿Por qué tengo que ser yo! -exclamó el chico de los cabellos rojos.

- ¡Porqué siempre eres tú! -exclamó Nuriko.

- ¡Mirad, allí están! -gritaron unas voces acusadoras tras...y frente a ellos.

Todos se detuvieron de golpe, dándose cuenta de que estaban rodeados. Había por lo menos unos cuarenta hombres cerrando un círculo entorno a ellos, todos armados y uniformados con armaduras de Kutô. Tasuki hizo una sonrisa maliciosa, mientras cogía su abanico con seguridad.

- Bueno, chicos...ha llegado la hora de movernos -dijo empuñándolo.

- Buena notícia -dijo Tamahome con complicidad, mientras el signo del "demonio" aparecía en su frente- empezaba a aburrirme.

Entonces empezó una auténtica batalla campal, en la cual hubo enfrentamientos por todos lados. Tamahome, como siempre, disfrutaba de lo lindo enfrentándose a diez hombres él sólo, teniendo éxito como siempre. Tasuki lograba detener a muchos con su ataque de llamas mágicas. Hotohori se defendía a golpe de espada de sus adversarios, batiéndolos de inmediato. Nuriko evitaba que los que huían despavoridos llegaran demasiado lejos, dándoles una buena tunda de pasada. Mitsukake también se defendía a base de puñetazos, siempre cubriendo a Miaka y a los pequeños. Incluso Amiboshi y su hermano se ocuparon de una decena de ellos. En apenas un par de minutos, todos los guardias que les habían venido al encuentro estaba medio insconscientes por el suelo, la mayoría heridos. Nuriko sonrió jovialmente, alzando un puño en señal de triunfo.

- Qué bien sienta esto -dijo sonriendo.

- Sí, mucho -dijo Tamahome moviendo los hombros para desentumecerse- pero será mejor que nos marchemos de aquí antes de que ocurra algo más...

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Eran observados de nuevo. Deimos, la inbatible cazadora seguía ojo avizor, esperando cualquier oportunidad para atacarles. Y esta había llegado. Se habían confiado, eso no era bueno. Con una sonrisa, cogió una de sus flechas mágicas, con la punta de un color muy distinto al habitual, y apuntó la distáncia. Era un truquito que había aprendido de su maestro Hokai. Ni siquiera su hermana Phobos lo conocía. Agudizó la vista, buscando el blanco. No le interesaba que alcanzase a uno de ellos...solamente debía alcanzar un radio justo. Disparó. La flecha se clavó en el suelo, enmedio de los chicos que huían. Sonrió triunfante.

- Ahora es el momento... -dijo.

A su orden, unos cincuenta soldados enmascarados salieron de las sombras, dispuestos a atacar a aquellos que consideraban intrusos de Konan.

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Tamahome echó a correr al lado de Miaka, pero no pudo recorrer mucho trecho. Se detuvo bruscamente. Sentía una fuerte presión en el pecho, una incapacidad para llenar los pulmones de aire que le cortó la respiración. Trató de seguir adelante por unos instantes, pero cayó de rodillas al suelo, vencido por una fuerza a la que ni podía resistirse. No fue el único. Uno a uno, todos sus compañeros fueron desplomándose sobre el suelo, con aquella opresión en el cuello, que les hacía arder por dentro.

- ¿Qué es esto...? -consiguió articular Tasuki.

- Parece...un gas venenoso... -dijo Tamahome. Ya había sido víctima de una trampa semejante en una ocasión.

- No puedo...respirar... -dijo Miaka forzadamente.

Fue entonces cuando aparecieron los guárdias de Kutô, dispuestos a reducirlos de inmediato. No tuvieron ningún tipo de problema. Las máscaras les protegían del gas que desprendía aquella flecha clavada en el suelo. En pocos segundos, los guardianes de Suzaku estaba atrapados por los soldados, a pesar de los fallidos intentos de estos por escapar de sus perseguidores. Miaka sintió unas manos fuertes que la cogían por los tobillos, haciéndola caer de bruces al suelo.

- Quieta, mujer -dijo el soldado- ¿o quizás prefieres que te mate?

- ¡Tamahome...! -alcanzó a gritar Miaka dominada por el pánico.

- Miaka... -dijo el chico con esfuerzo, pero acabó tosiendo violentamente a causa de la eséncia mortal que flotaba en el ambiente.

Uno de los soldados trató de coger a Amiboshi, pero Shiko reaccionó violentamente, utilizando con sus últimas fuerzas las bolas meteóricas, hiriendo al agresor en un hombro.

- ¡No toques a mi hermano...! -gritó con fúria.

- ¡Cállate...! -gritó otro hombre, golpeando al muchacho con todas su fuerzas.

El golpe fue tal que le partió el labio al muchacho, dejándole insconsciente. Entretanto, Hotohori atravesó a unos cuantos con su espada, aunque al final el gas venenoso acabó afectándole, haciéndole ir cada vez con movimientos más pesados. Uno de los guárdias le golpeo con su lanza en la parte trasera de la cabeza, dejándole insconsciente en el acto.

Con una sonrisa cruel, dos soldados se acercaron por detrás a Kurumi, mientras la niña trataba de huír. Esta ahogó un grito de terror cuando los hombres la estiraron hacia atrás, haciéndola caer de cara arriba frente a ellos.

- Vaya, que niña tan bonita... -dijo uno complacido.

- Sí. No veas como será cuando sea una mujer... -dijo otro perversamente.

Kurumi cerró los ojos con fuerza, como si aquella escena ya la hubiera vivido antes. Un pánico desbordante inundó su mente, mientras la lágrimas manaban con fuerza de sus ojos. Sintiendo una repentina energía en su interior, la niña gritó con fuerza:

- ¡Rayo azul que rompe el cielo!

Chichiri no pudo creer la inmensa energía que sintió. Con esfuerzo, logró incorporarse y miró hacia el cielo antes raso. Unas nubes grises y negras se arremolinaban sobre ellos, mientras los estallidos de los truenos retumbaban con fuerza.

- No puede ser... -susurró.

Sintió el peligro de inmediato. Estaba a punto de caer una descarga eléctrica sobre ellos, en forma de rayo. Debía hacer algo o todos sus compañeros serían carbonizados.

- ¡Kurumi, para esto...! -gritó.

Pero la niña no le escuchaba. El retumbar de la tormenta se acercaba, mientras los rayos empezaban a caer a su alrededor. Hotohori se lanzó sobre la chica, defendiéndola como pudo de los dos guárdias, al igual que Tasuki, que trató de ayudar a su compañero.

Pero todo fue en vano. El rayo cayó con fuerza, dirigiéndose hacia ellos en apenas unos instantes. Pero la fuerza telepática de Chichiri había podido prevenirlo. Cogiéndo su vara con una mano, creó un hechizo circular, que abarcó a la mayoría de sus compañeros.

- ¡Rei! -ordenó desesperadamente.

Tanto él, como Miaka, Tamahome, Mitsukake, Chiriko, Nuriko y los gemelos desaparecieron del lugar, transportados a un sitio seguro.

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El trueno retumbo con fuerza, al estrellarse contra la tierra. Los pocos soldados que habían conseguido mantenerse al márgen de su ángulo de alcance, se acercaron instantes más tarde, viendo que la tormenta se esfumaba, aunque con aprensión. Lo que vieron les dejó de piedra.

Sobre la hierba carbonizada por culpa del rayo yacían sin sentido tres personas. El chico de los largos cabellos grises abrazaba protectoramente a la pequeña del pelo violeta. A su lado, el muchacho del pelo rojo empuñaba un abanico mágico, como tratando de darles protección.

Deimos bajó de un salto del árbol donde había estado oculta, observando a las tres personas que había en el suelo. Con el arco aún en alto, miró alrededor, buscando algun movimiento.

"Los demás no estan...no siento sus auras...maldito sea ese hechizero...me la ha vuelto a jugar. Él es al que debo eliminar ante todo..."

Su mirada descendió para fijarse en los tres que tenía a sus pies. Una sonrisa maliciosa se plasmó en su rostro.

- No importa...tengo el cebo preparado... -dijo con una cruel sonrisa.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Miaka respiró de nuevo, entonces sintió el aire limpio y puro. Ni rastro del gas venenoso. Tamahome la protegía con sus brazos, aunque ella no recordaba desde cuando. Abrió los ojos lentamente, sintiéndose aún un poco mareada. Miró alrededor. Chichiri estaba de pie frente a ellos, con la vara en las manos, como si hubiera utilizado un conjuro. Los demás estaban cerca, todos igualmente aturdidos. Miaka observó el paisaje y vió que estaban en un bosque desconocido, seguramente dentro de Kutô. Habían escapado por los pelos de los rayos.

- Estamos dentro de Kutô -dijo Chichiri, como leyendo su mente- a un par de kilómetros dentro del bosque desde el lugar en el que estábamos...

Miaka se puso en pie y miró alrededor, observando a sus compañeros. Un poderoso dolor se instaló en su pecho, latiendo al mismo tiempo que su corazón.

- ¿Dónde están Hotohori y Tasuki...? -preguntó casi sin voz. Tampoco veía a Kurumi.

Con los ojos amenazando lágrimas, se giró para clavar sus ojos en el rostro decaído de Chichiri, que se había quitado la máscara. Su expresión no dejaba lugar a dudas. Corrió hasta él, se arrodilló a su lado y le cogió por la ropa, gritando mientras le zarandeaba.

- ¡Díme que no se han quedado allí! -gritó- ¡Dime que los has traído contigo...!

- No he tenido otra opción... -dijo el monje con gran pesar- estaban demasiado cerca de Kurumi...si traía a la niña, el rayo hubiera caído sobre nosotros...no he podido hacer nada más...

Miaka empezó a temblar violentamente, mientras las lágrimas quemaban sus mejillas.

- ¡No...! -gimió- ¡Hotohori...! ¡Tasuki...!

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Weno, otro capítulo más de este fanfic, que se está haciendo muy larguito...jejeje. Ya sé que me enrollo mucho al escribir, pero a mí me gusta mucho como queda...

A partir de aquí empiezan a salir romances...Como ya se ve, entre Suboshi y Yui aún queda algo...(aix, como me gusta esa pareja XD).

Espero que los siguientes me queden más emocionantes.

Esperaré con ánsia los reviws, aunque de momento no hay ninguno T--T. Pero no me desanimo (bueno, un poquillo...), me gustaría saber si debo seguir con él o no.

Pero yo prometo acabarlo, que no hay que me dé más rábia que un fanfic a medias XD.

Atte y grácias por leer!