Hola, una vez más hay otro capítulo...La verdad, ya tengo más, pero los iré poniendo poco a poco ;P.

Estoy emocionada, por fin alguien se ha dignado a dejarme un review! Ju-hu! (tirando cohetes, jejeje).

Akane-chan: Muchísimas grácias! A pesar de todos los capítulos que hay, no había ni un sólo review T--T. El tuyo ha sido el primero y me ha hecho mucha ilusión. Jeje, no te preocupes, yo también adoro a Suboshi (y a Yui, y por tanto a la pareja XD). No sufras que yo me siento igual, les tengo mucho cariño. Y en cuanto a Tasuki...es simplemente genial, también le quiero mucho (babeando...XD). Yo también tengo el manga y creo que está mucho más trabajado que el anime. A por cierto, yo tembién leo Genbu Kaiden y está genial (me gusta el personaje de Uruki, pero Tomite es el no va más...aunque Hikitsu tiene su punto...o más de uno XD). Lo repito: muchas grácias por leer...y comentar (no me lo tomé como una amenaza XD). Espero que sigas leyendo...pasarán muchas cosas! Dw XD.

Cielo y tierra enfrentados

Capítulo 11.- "¿Por qué no estás aquí?" La última llamada del dragón

Keisuke estaba agobiado. ¿Cuántas cosas podían pasar en aquél maldito libro en tan poco tiempo? Les habían atacado, torturado, encerrado y casi matado...y para ellos sólo había pasado un par de horas. Yui aún no había vuelto de su paseo. No creía que fuera nada preocupante, pero...

No podía evitar pensar en que Yui había estado extraña desde que apareciera por primera vez Suboshi en las páginas del libro. Recordó todo lo que había ocurrido, las muestras de amor que el elegido de Seiryuu había mostrado por ella desde la primera vez que la vió...Lo que él no sospechaba es que ella pudiera corresponderle, aunque fuera mínimamente. ¿Por qué si no estaba tan...distante desde que había leído los dos carácteres que formaban el nombre del chico? Pensó en Tetsuya. No le había dicho nada a su amigo, quizás no era necesário preocuparle...Pero no podía dejar de pensar en lo que sucedería con él si se enteraba de que Yui sentía algo por Suboshi...Tetsuya era un chico racional, pero desde que conoció a Yui la había amado profundamente. No estaría dispuesto a dejársela quitar por un personaje de un libro, además en tiempos enemigo declarado de Miaka y sus amigos. Aún recordaba con claridad las palabras de su mejor amigo cuando las dos chicas se vieron inmersas de nuevo en el Universo de los Cuatro Dioses.

"Si volviera a ocurrir algo...me gustaría entrar a mí también en el libro...para poder proteger a Yui..."

Sabía que no era una simple presunción de fuerza. Tetsuya había sido sincero y no dudaba en que haría lo posible por evitar que le quitaran a Yui. Pero...no todo era tan fácil. Habían pasado tantas cosas en aquél libro...y ninguno de ellos había podido hacer nada por cambiarlo. Antes de que su amigo volviera a sospechar, regresó a la lectura.

- Tras rescatar a Hotohori y Tasuki, las siete estrellas de Suzaku se dispusieron a adentrarse en la tierra de Kutô, dónde esperaban encontrar a las estrellas de Seiryuu que les faltaban...

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Debían ponerse de nuevo en marcha, aunque, claro, evitando los caminos y los pueblos. Ahora el enemigo sabía que estaban en el país, así que debían tratar de no llamar la atención. Miaka iba andando la primera, ya que les había tocado deshacerse de los caballos en la entrada de Kutô. A su lado iban los gemelos Amiboshi y Suboshi. Tasuki y Nuriko no dejaban sus trifulcas, sin dejar de pelearse por estupideces. Pero eso hacía reír a sus compañeros, excepto a Hotohori y Mitsukake, que les miraban con una gran gota en sus cabezas. Tamahome llevaba a Kurumi sobre el hombro. La niña aún no había despertado, pero según Chichiri se debía simplemente a que su energía mental estaba muy debilitada.

Después de un rato, Suboshi se acercó discretamente a Miaka, com si tuviera miedo de hablarle.
- Miaka... -susurró para llamar su atención.

- Dime -dijo la chica sonriéndole.

- ¿Cómo...está Yui? -preguntó tímidamente.

Miaka bajó la mirada bruscamente y le miró. ¿Quizás...? No, imposible...Habían pasado tantas cosas, tanto tiempo...Demasiado tiempo. ¿Era posible que Suboshi siguiera sintiendo lo mismo por Yui? Recordaba todas las locuras que el muchacho había llegado a hacer por el amor de su mejor amiga. ¿Y ahora cómo se lo decía...? ¿Cómo decirle que la persona a quién amaba había reecho su vida y tenía a su lado un hombre que la quería? Fingió una sonrisa lo mejor que pudo.

- Muy bien -dijo- Es feliz y está estudiando mucho. Aunque ahora debe estar preocupada por nosotros...No te preocupes por ella, te aseguro que está perfectamente.

- Me alegra saberlo... -dijo lentamente Suboshi con una triste sonrisa.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Una lágrima. Diós, ¿estaba llorando? Yui sacudió la cabeza y se quitó la gota caliente que resbalaba por su mejilla. ¿Qué le estaba ocurriendo...? Cuando cerraba los ojos, sólo veía aquel rostro de ojos azules y cabellos de tonalidad verde, con una sonrisa alegre en la expresión...Suboshi...¿Por qué algo que había ocurrido hacía tanto tiempo y en condiciones tan confusas le hacía sentir de aquél modo...? Jamás había llegado a sentir nada más que amistad por Suboshi...

Pero, en aquellos momentos, no estaba nada convencida de sus própios sentimientos. Miró de nuevo al cielo estrellado, al tiempo que un frío viento invernal, inmiscuido sin derecho en la primavera, removía sus cabellos rúbios cenizo. Una estrella destelló en el cielo, con un ligero brillo azul. Yui suspiró pesadamente, cansada de tantas cosas...

"Suboshi...Me gustaría aclarar lo que siento...pero...no puedo..." -añadió cerrando los ojos con fuerza.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Tamahome escuchó cerca de sí un leve gemido de confusión. Miró a su lado y vió que la pequeña Kurumi estaba despertando lentamente, aún aturdida. El chico sonrió y se detuvo para ayudarla a bajar al suelo. La niña se mantuvo en pie con bastante seguridad. Tamahome se inclinó a su lado y le puso una mano en la cabeza.

- ¿Cómo te sientes? -preguntó- ¿Te encuentras bien...?

- Sí... -dijo ella lentamente, cubriéndose el rostro con una mano increíblemente blanca- ¿Qué ha pasado...? -preguntó.

- Nada, pero, oye, Kurumi -dijo Miaka acercándose a ella- Vas a tener que venirte con nosotros...

- ¿Por qué? -preguntó la niña- ¿Por qué tengo que marchar de mi casa?

- Mira, Kurumi... -dijo Hotohori tratando de explicarse- estamos buscando a siete personas a las que llaman "las siete estrellas de Seiryuu"...y creemos que tú eres una de ellas...

Para sorpresa de todos, la niña de tragó la história y se quedó en silencio, andando pacíficamente al lado de Hotohori. Todos se miraron. Con lo vivaz que era aquella muchacha, hubieran esperado que los acribillara a preguntas, por eso les sorprendió comprobar que permaneció callada, como si no hubiera oído nada. Todos lo atribuyeron al hecho de que estaba aún confundida, así que no dieron más vueltas al asunto.

Pero si alguno de ellos hubieran siquiera sospechado lo que circulaba por la mente de la muchacha, estarían mucho más preocupados...

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Había salido bien, no sospechaban nada. Andando allí a su lado, pacíficamente, fingiendo ser la niña que había sido durante diez años, no haría que ninguno de sus "compañeros", por así decirlo, creyera en la mínima posibilidad de que recordaba algo...Pero ya era tarde, ya no era Kurumi, no en mente al menos...volvía a ser Soi. En aquel momento, cuando se había visto en peligro, había visto la luz...había vislumbrado en un efímero instante todos sus años como estrella de Suzaku en su anterior vida...Y su poder natural había acudido a ella con naturalidad, como lo había hecho siempre...

Por lo que había oído de labios de los Suzakus, algo estaba ocurriendo. Los guardianes de ambos dioses se estaban reuniendo de nuevo, ¿por qué si no tenían tanto empeño en encontrarlos a los siete? Reconocía a los dos gemelos, eran Amiboshi y Suboshi. Sus dos antiguos compañeros habían sido descuidados: suponiendo que ella no les reconocería, habían utilizado sus nombres de guerreros de Seiryuu. Graso error. Ahora tenía mucha más información de la que podía necesitar, y ya sabía qué debía hacer...

Según aquel guardián de Suzaku, Hotohori, estaban buscando a las estrellas de Seiryuu. Y ella esperaría sin desvelar su secreto a que encontraran a la única persona que podía ayudarla en aquel momento...y por la cual aún suspiraba de amor...

"Nakago..."

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

La luz de la estáncia era ténue. Solamente dos personas llenaban el vacío que habría existido de no ser por su preséncia. La chica de los cabellos rubios permanecía arrodillada en el suelo. Una intensa expresión de culpa y preocupación cruzaba sus densos ojos azules. Frente a ella yacía otra muchacha, muy parecida a ella, pero sus cabellos eran de un color violeta intenso. Su cuerpo estaba lleno de heridas, magulladuras, golpes, huesos rotos, contusiones...Habían temido por su vida. La lucha que la había dejado insconsciente tres días aún era un misterio para ellos. Phobos solamente sabía que su hermana había sido encontrada en un terrible estado, casi muerta. La ira había inundado su ser en aquellos momentos. Solamente quería venganza...contra aquellos Suzaku que habían atacado a su hermana. Les vencería...ahora estaba lista.

- Deimos... -susurró acariciando la frente de su gemela- te juro...que me vengaré de ellos...les mataré uno por uno...no descansaré hasta destruirles...

Creía que estaba sola, pero, por supuesto, no vió la sombra que se escurría tras una rendija de la puerta, observando cada unos de sus movimientos.

El emperador de Kutô avanzó por el corredor que se alejaba de los aposentos de sus guerreras. Todo estaba funcionando a pedir de boca. Se detuvo unos instantes más tarde, al ver a dos personas más esperándole, recostadas contra el muro del pasillo. El emperador sonrió complacido.

- Venid -dijo echando a andar de nuevo.

Los dos individuos asintieron y le siguieron un rato en silencio. Pero muy pronto las preguntas bulleron en sus seres.

- Decídnos, ¿qué está ocurriendo? -preguntó Tomo con agudez.

- Los Suzakus se mueven; ya han atravesado la frontera de Kutô y, para nuestra desgrácia, no sabemos dónde se encuentran -dijo el emperador- Son más escurridizos de los que creíamos.

- No será un problema dar con ellos -dijo Miboshi con una sonrisa maléfica- Pero, ¿cuáles son sus intenciones? ¿Por qué están en Kutô?

- Conocen nuestros planes de invadir Konan...y el miedo les ha hecho reaccionar -dijo el emperador sonriendo burlonamente- Quieren invocar a Suzaku para proteger su imperio...y de paso impedir que nosotros podamos convocar a Seiryuu. Estan buscando a las estrellas de Seiryuu, al parecer alejándolas para evitar que puedan ser útiles en la guerra. De momento tenemos conocimiento de que han encontrado a dos...aunque no descartamos que hayan dado con un tercero. También buscan los shinjazos de los cuatro dioses...sospechamos que ya han encontrado uno, precisamente el de Seiryuu. Pero...

Llegaron ante una sala de puertas de madera oscura. El hombre empujó los portales, dejando que un fino rayo de luz iluminara la estáncia ombría. Avanzó con decisión y, con un gesto de la mano, ordenó a una sirvienta que se retirara. Los tres llegaron al extremo de la sala. Allí había una mecedora cubierta de sábanas blancas. En su interior, durmiendo plácidamente, había un bebé precioso. Unos cabellos verdeazulados caían sobre su rostro blanco, confiriéndole un aspecto divino.

- ¿Quién es este niño? -preguntó Miboshi mirándole.

- Se trata de el hijo de la sacerdotisa de Suzaku y Tamahome, uno de sus guardianes -dijo el emperador- Y, por lo tanto, ha adquirido el poder de Suzaku.

- ¿Quiere decir que éste bebé es el shinjazo de Suzaku? -preguntó Tomo excéptico.

- Exacto -dijo el emperador- Fue lo primordial...secuestrar al pequeño. Fue la primera derrota de los Suzakus...Pero eso ahora no viene al caso. Necesito vuestra ayuda para derrotar de una vez por todas a esos...entrometidos -dijo mirándoles- Por supuesto, algunos de ellos deben vivir para encontrar los shinjazos, ya que, por desgrácia, no poseemos pistas para encontrarlos. Además, debemos encontrar a los Seiryuu que quedan...

- Y, ¿qué ganaremos a cambio? -preguntó Miboshi agudamente.

El emperador sonrio con superioridad. Ya esperaba aquella pregunta tarde o temprano.

- Puedo ofreceros poder -dijo- Si Seiryuu es convocado, mis poderes junto con los de las siete estrellas serán invencibles. Conquistaremos Konan...después Hokkan, Sairo...y, finalmente, el "otro mundo"...Todo estará en nuestras manos. Y, además...recuperaréis vuestros cuerpos.

Dos sonrisas complacidas cruzaron los rostros de los dos Seiryuus. Era un buen trato. Poder, un cuerpo decente...era una oferta que no podían rechazar.

- Entendido -dijo Tomo sonriendo con altivez- Y...¿nuestro siguiente paso?

- Hay...una pista para dar con otro Seiryuu -dijo el emperador complacido por la colaboración de ambos- Se trata de un niño de una aldea cerca del mar, con una naturaleza de lo más...agresiva.

- Sabemos quién es... -dijo Miboshi con seguridad. Su mente pareció recordar algo de repente- Pero...¿y la sacerdotisa...? Necesitaremos una para convocar a Seiryuu...

Una malévola sonrisa se esbozó en el rostro del emperador, confiriéndole un aspecto de los más tétrico.

- No os preocupéis por eso... -dijo complacido- Está todo preparado...Muy pronto llegará a este mundo...traída de manos del ser que la ha esperado durante mucho tiempo...Deberíamos preparar su recibimiento.

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Mirando aquellas estrellas que tantas veces había contemplado, preguntándose cual era su orígen y su destino...De aquél modo se había pasado las tres últimas noches, observando desde la oscuridad de la tierra aquellos puntos brillantes que regían su vida, de los cuales él mismo formaba parte...Desde que dejaran la aldea dónde había vivido con su hermano Amiboshi, no había dormido ninguna noche. Los mismos pensamientos confusos, las mismas dudas...los mismos anhelos inundaban su corazón, impidiéndole respirar...Sus ojos azules de posaron en la luna, que les obsequiaba aquella noche con su preséncia.

- Yui...no puedo... -dijo lentamente, casi en un susurro, que cada vez iba intensificando más- lo siento...no puedo dejar de pensar en tí...a pesar del tiempo...de la distáncia...de estar separados por la barrera de los mundos...no soy capaz de olvidarte...¿por qué...no estás aquí...?...Yui...quiero verte...

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En otro lugar muy lejano, de hecho en otro mundo, una muchacha de cabellos rúbios cenizo levantó bruscamente la vista, mirando hacia las estrellas del firmamento. Sus pupilas se dilataron por unos instantes, mientras trataba de asimilar en su mente todo lo que estaba sintiendo.

- ¿Su...Suboshi...?

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El chico abrió mucho los ojos. Aquella palabra retumbó con fuerza en su cabeza, haciéndole reaccionar...Se incorporó rápidamente, mirando al cielo estrellado, desde donde le había parecido oír aquel maravilloso sonido...una voz que, aún a pesar del tiempo transcurrido, no había logrado olvidar.

- Yui...¡Yui...! -exclamó.

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- Suboshi... -susurró Yui, oyendo la voz y los pensamientos del chico sonar en su mente- ¿De verdad eres tú...?

- Yui...¿cómo...? -la voz del chico, demostrando sorpresa.

- He oído tu voz... -dijo Yui con una ligera sonrisa- me estabas llamando...¿verdad?

- Aquí estoy, Yui... -dijo Suboshi sonriendo, más feliz que nunca en su vida- Por favor, vén...quiero hablar contigo...quiero verte...

- No puedo... -dijo Yui apretando los puños sobre la baranda metálica- Ahora mismo...yo también...quiero estar allí...cerca de tí...Pero no puedo entrar de nuevo en el libro...

La chica le hablaba al cielo, al parecer ausente al hecho que los viandantes que circulaban por el puente se la quedaban mirando sorprendidos y alarmados, murmurando a sus espaldas. Debían pensar que había perdido el juicio...pero ella se sentía más lúcida que nunca en su vida.

- Por favor, Yui... -dijo el chico con frustración- necesito...que estés aquí...te he estado esperando desde que te fuíste...desde que morí...en mi vida y en mi muerte...¿por qué no estás aquí...? Vuelve...te lo ruego...

- ¡No...no puedo...! -gritó Yui, conmovida por las palabras del chico, con las lágrimas pugnando por salir de sus ojos. Trataba de pensar en Tetsuya, pero sobre su rostro se sobreponía el de Suboshi, tal y como lo recordaba- ¡Suboshi, no puedo volver a Kutô...no puedo...!

Pero, de repente, una voz más potente, grave y suave a la vez, resonó en su mente, provocando un fuerte escalofrío en todo su cuerpo.

"¿Quién ha dicho que no...? Tu tiempo de sacerdotisa de Seiryuu...no ha terminado...Yo te abriré las puertas...a Kutô..."

Aquella voz...Ya la había oído antes, desde su mismo interior...hacía tres años. Lo sabía, jamás podría olvidarla...

El mismo Seiryuu la estaba llamando.

En ese instante, una fuerza insoportable, como un destello eléctrico de energía y poder, estalló en su interior, produciéndole una sensación mágica...casi divina, que solamente había sentido dos veces en su vida. Un viento frío removió sus ropas y sus cabellos, mientras una fina pero intensa aura azul surgía de su misma piel. Asustada, entendió lo que estaba ocurriendo.

Volvía. Volvía al interior del libro.

Hizo lo único que tenía sentido. Deslizó sus dedos en el bolsillo, sacando una cadena dorada que llevaba en él, de la cual pendía un colgante en forma de corazón. Lo apretó con fuerza entre sus manos, con miedo a separarse de él. Sintió que su cuerpo quemaba por dentro, que una llama azul se encendía en su ser, llevándola a un estado el cual no conseguía controlar...Después, solamente un vacío luminoso, sin pensamientos.

La gente de la calle no pudo evitar un grito de sorpresa cuando una muchacha de dieciocho años desapareció sin dejar rastro, envuelta en una poderosa luz azul, que se extinguió instantes más tarde, como si nunca hubiera ocurrido.

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Keisuke sintió un escalofrío en su cuerpo, como si algo malo hubiera ocurrido. Sintió una extraña fuerza bajo sus dedos, una energía que manaba del libro que estaba leyendo. De repente, las páginas se iluminaron con un destello azulado, que se desvaneció segundos después. Respirando entrecortadamente, abrió los ojos, que había cerrado para protegerlos de la luz.

- ¿Qué rayos ha sido eso? -exclamó Tetsuya, tras él, sorprendido.

- No lo sé... -dijo Keisuke volviendo a la lectura.

Pero las palabras que captaron sus ojos le hicieron quedar petrificado, completamente helado...con una opresión en el pecho que casi le cortó la respiración. Su amigo, al ver que estaba más pálido que un fantasma, se acercó a él por detrás y le insistió.

- Keisuke, ¿qué ocurre? -exclamó- ¡¿Qué ha pasado en ese maldito libro!

- Llamada por una estrella de Seiryuu, uno de los que fueran una vez sus guardianes, la muchacha de otro mundo elegida por el diós dragón atravesó las barreras del espacio y el tiempo, volviendo al mundo en el cual volvería a ser irremediablemente la Sacerdotisa de Seiryuu...

El corazón de Tetsuya se detuvo por unos dolorosos instantes, reprendiendo su marcha de nuevo de un modo desbocado, tanto que le dolió hasta el alma. El chico ahogó un gemido y, en un gesto brusco, se quitó las gafas oscuras que siempre llevaba puestas y las lanzó al suelo.

- ¡Yui...! -exclamó, saliendo por la puerta como alma que lleva al diablo.

- ¡Eh, Tetsuya, espera...! -gritó Keisuke cerrando el libro y corriendo tras su amigo.

Pero el chico no obedecía a órdenes o palabras. Simplemente corría como poseso, sin detenerse. Yui...¿por qué? Le prometió que no se iría nunca más a aquel maldito mundo, que no le dejaría de nuevo...Y ahora Seiryuu se la llevaba...sin previo aviso. Al menos sabía dónde había estado su amada.

Llegó al puente, jadeando por la corrida. Era su lugar, en el cual se encontraron las primeras veces. En aquellos momentos había allí una gran multitud, que formaba un coro entorno a algo. Empujando a la gente, llegó al centro del círculo.

Nada, solamente vacío. Escuchó las voces de los presentes. Decían algo de una chica que había desaparecido.

Con un dolor más grande de lo que jamás podría imaginar, se arrodilló en un punto al lado de la baranda, con las miradas de todos puestas en él.

Sobre el asfalto había un pañuelo blanco de seda, con las letras Y H bordadas. Era de ella, un detalle que le hizo una vez. Lo recogió, sin que aquél nudo en su garganta desapareciera. Lo apretó entre los dedos de la mano derecha, mientras trataba de retener sin éxito un grito de dolor y desesperación.

- ¡YUI...!

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Suboshi permaneció unos instantes inmóbil, al sentir que se rompía irremediablemente el contacto con Yui. Escuchó unos instantes, pero solamente el silencio llegó a sus oídos. Respirando entrecortadamente, trató de ordenar sus confusos pensamientos. Algo le había ocurrido a Yui...lo sabía, lo presentía...Entonces, como si fuera la primera vez, sintió algo que le quemaba a la altura del hombro izquierdo. Molesto, levantó la manga de su camisa y vió que su carácter brillaba con intensa luz azul.

¿Qué significaba...? Diós, qué confundido estaba...Alzó de nuevo la vista a las estrellas, contemplando el cielo oscuro de arriba.

- Yui...contéstame... -dijo- ¿Estás ahí...? ¡Yui..!

- ¡¿Quieres callarte de una vez...! -replicó en la oscuridad la voz molesta de Tamahome, que estaba de pie bajo el árbol- ¡Son las tantas de la noche!

¡Duérmete...!

Pero la voz de Tamahome se quebró cuando vió los ojos arrasados en lágrimas del muchacho que le miraba desde las alturas, como si sólo fuera una sombra de sí mismo.

- Tamahome... -susurró Suboshi- Yui...está en peligro.

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Yui abrió los ojos pesadamente, desorientada y perdida. Sintió todo su cuerpo dolorido, con las articulaciones entumecidas. Se incorporó a duras penas, con mucho esfuerzo, llevándose una mano a la cabeza al sentir un punzante e intenso dolor. Miró alrededor, con los ojos desacostumbrados a la penumbra. Lo que vió ante sus ojos la hizo paralizar.

Se encontraba en una enorme sala, hecha por completo de piedra azul grisáceo. Unas largas y entrelazadas columnas sostenían el alto techo sobre su cabeza, perdiéndose en la oscuridad. Fuentes de agua imparable y cascadas transparentes rezumaban por todos lados, confiriendo un aspecto mágico a la estáncia. Giró sobre sí misma, sintiendo que un escalofrío recorría su espalda. No quería que estubiera allí...si era así, significaba que...había regresado.

Sus pupilas se contrayeron cuando, ante sí, erguida en un altar como siempre había estado, a la luz de un centenar de velas...se levantaba la gigantesca estátua dorada de Seiryuu, el diós guardián, observándola atentamente con sus ojos hechos de zafiros.

Yui no pudo soportarlo. Sus piernas empezaban a temblar, mientras una série de escalofríos recorría sus brazos, obligándole a llevar sus manos a los labios para cubrirse la boca en una expresión de terror.

- No...no puede ser... -susurró- Estoy...en el templo de Seiryuu...

- Exactamente, esto es el templo de Seiryuu -dijo una voz aguda tras de sí.

La muchacha ahogó un sonido apagado y, rápidamente, se dió la vuelta, mirando a dos personas que permanecían en la penumbra, envueltas en sombras. Distignuió a un muchacho de cabellos negros y a una niña de pelo blanquecino.

- Bienvenida, sacerdotisa de Seiryuu -dijo el muchacho con una sonrisa maliciosa.

- ¿Quiénes sois...? -exclamó Yui en alerta.

- Tomo y Miboshi, estrellas de Seiryuu -dijo la niña inclinando levemente la cabeza- Siempre para serviros, sacerdotisa.

- ¿Qu...qué...? -dijo Yui dándo dos pasos hacia atrás.

Los ojos de los dos guerreros se enciendieron, mientras una sonrisa aparecía en sus rostros. Tomo se adelantó, mirándola fijamente.

- Por fín volveréis a ser nuestra sacerdotisa, Yui -dijo- Y nosotros, tres de vuestras estrellas, os guiaremos hasta la victória.

La mirada de Yui se oscureció de repente, sin entender nada.

- ¿Tres...? -preguntó inquieta.

Con una sonrisa de satisfacción, ambos guerreros se separaron, para dejar ver tras de sí a una tercera persona, que seguía en la penumbra. Esta avanzó hasta que su rostro fue iluminado ténuemente por la luz de las velas.

Ante ellos apareció un muchacho de unos once años, de cabellos oscuros y piel quemada, de un color pardo suave. Llevaba un kimono de combate y, en su cinto, colgaban dos armas de lo más temibles, con cinco puntas cada una, imitando a la perfección unas garras.

Cuando el muchacho levantó la mirada, Yui sintió un involuntário estremecimiento. Los ojos de él eran completamente rojos, como el de una béstia al acecho. En el momento en el que él sonrió agudamente, mostró dos colmillos anormalmente punzantes.

- Ashitare, guerrero de Seiryuu -dijo con una voz que tenía un ligero tono inhumano- Para serviros.

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En una ladera de nieve extensa e inacabable, en la cual soplaba un viento enfurecido que levantaba pequeños copos helados, tres personas caminaban infatigablemente cuesta arriba, como si escalaran una montaña. Al llegar a la cumbre, las tres figuras se detuvieron. Desde allí nada podía verse, solamente un puñado de nubes que lo cubrían todo a su alrededor. El silencio lo inundó todo por unos instantes, mientras los tres escuchaban atentamente. Un viento fuerte removió sus ropas, aunque ellos ni siquiera se inmutaron por el frío. Al final, un chico de unos doce años, de cortos cabellos negros y aspecto inquieto, rompió el silencio.

- ¿Qué? -preguntó- ¿Aún lo sientes?

- No es tan fuerte... -respondió el muchacho de su misma edad, de los largos cabellos rúbio pálido- pero se nota un gran estremecimiento en el este...y se extiende por el sur...

- ¿Y qué significa? -preguntó el muchacho moreno, acariciando con los dedos un arco que llevaba en la mano derecha.

- No lo sé del todo... -respondió el otro.

Posó sus ojos en el tercero, que no había dicho nada en todo el rato. Sus ojos simplemente estaban clavados en la lejanía.

- Tú también lo sientes, ¿cierto? -le preguntó.

El muchacho silencioso se dió la vuelta y clavó en ellos sus ojos oscuros.

- El viento habla... -susurró- Creo...que debemos empezar a buscarla...y encontrarla cuanto antes.

Los otros dos se miraron, pero de inmediato asintieron con decisión. El tercero avanzó un poco más hacia el borde del desnivel. El viento lo envolvió, protegiéndolo como siempre, zarandeando sus cabellos de un castaño claro atados con una cinta.

- Algo se acerca...y quizás sea más fuerte que nosotros...

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Weno, otro más pa la lista. Me he animado a subir enseguida el siguiente xq recibí un fantástico review. Grácias de nuevo, Akane-chan.

De la história...buff, bueno, Yui ya ha vuelto al libro...y parece que lo de Suboshi va más en sério de lo que la mayoría creería...(me da un poco de pena el pobre Tetsuya, que también me cae muy bien T--T).

Y...¿quién serán esos tres que salen al final...? En realidad se ve a kilómetros, pero por si alguien no cae, lo dejo en spolier XD.

Espero que alguien siga leyendo. Hasta la próxima XD.